Parte III · Documento 95

Las enseñanzas de Melquisedec en el Levante

95:0.1ASÍ COMO LA INDIA dio origen a muchas de las religiones y filosofías del este de Asia, el Levante fue la tierra natal de las creencias del mundo occidental. Los misioneros de Salem se extendieron por todo el suroeste de Asia, por Palestina, Mesopotamia, Egipto, Irán y Arabia, y en todas partes proclamaron la buena nueva del evangelio de Machiventa Melquisedec. En algunas de estas tierras sus enseñanzas dieron fruto; en otras tuvieron un éxito desigual. A veces sus fracasos se debieron a la falta de sabiduría, y a veces a circunstancias fuera de su control.

1. La religión de Salem en Mesopotamia

95:1.1Hacia el año 2000 a. C., las religiones de Mesopotamia casi habían perdido las enseñanzas de los setitas y estaban en gran parte bajo la influencia de las creencias primitivas de dos grupos de invasores: los semitas beduinos, que se habían infiltrado desde el desierto occidental, y los jinetes bárbaros, que habían bajado del norte.

95:1.2Pero la costumbre de los primeros pueblos Adamitas de honrar el séptimo día de la semana nunca desapareció por completo en Mesopotamia. Solo que, durante la era de Melquisedec, el séptimo día se consideraba el de peor suerte. Estaba cargado de tabúes; era ilícito emprender un viaje, cocinar alimentos o encender un fuego en el nefasto séptimo día. Los judíos llevaron de vuelta a Palestina muchos de los tabúes mesopotámicos que habían encontrado ligados a la observancia babilónica del séptimo día, el Shabattum.

95:1.3Aunque los maestros de Salem hicieron mucho por refinar y elevar las religiones de Mesopotamia, no lograron llevar a los diversos pueblos al reconocimiento permanente de un solo Dios. Esta enseñanza predominó durante más de ciento cincuenta años y luego cedió poco a poco ante la creencia más antigua en una multiplicidad de deidades.

95:1.4Los maestros de Salem redujeron mucho el número de los dioses de Mesopotamia, y en un momento llegaron a reducir las deidades principales a siete: Bel, Shamash, Nabú, Anu, Ea, Marduk y Sin. En el apogeo de la nueva enseñanza elevaron a tres de estos dioses a la supremacía sobre todos los demás, la tríada babilónica: Bel, Ea y Anu, los dioses de la tierra, el mar y el cielo. Aún surgieron otras tríadas en diferentes localidades, todas las cuales recordaban las enseñanzas sobre la trinidad de los Anditas y los sumerios y se basaban en la creencia de los salemitas en la insignia de Melquisedec de los tres círculos.

95:1.5Los maestros de Salem nunca superaron del todo la popularidad de Ishtar, la madre de los dioses y el espíritu de la fertilidad sexual. Hicieron mucho por refinar la adoración de esta diosa, pero los babilonios y sus vecinos nunca habían dejado atrás del todo sus formas encubiertas de adoración del sexo. Se había convertido en una práctica universal en toda Mesopotamia que todas las mujeres se sometieran, al menos una vez en su juventud, al abrazo de extraños; se pensaba que esto era una devoción que Ishtar exigía, y se creía que la fertilidad dependía en gran parte de este sacrificio sexual.

95:1.6Al principio, la enseñanza de Melquisedec avanzó de un modo muy satisfactorio, hasta que Nabodad, jefe de la escuela de Kish, decidió lanzar un ataque concertado contra las prácticas generalizadas de prostitución en los templos. Pero el esfuerzo de los misioneros de Salem por realizar esta reforma social fracasó, y en la ruina de ese fracaso cayeron derrotadas todas sus enseñanzas espirituales y filosóficas más importantes.

95:1.7A esta derrota del evangelio de Salem le siguió de inmediato un gran aumento del culto de Ishtar, un ritual que ya había invadido Palestina como Astoret, Egipto como Isis, Grecia como Afrodita y las tribus del norte como Astarté. Y fue en relación con este resurgimiento de la adoración de Ishtar que los sacerdotes babilonios se volvieron de nuevo a la observación de las estrellas; la astrología vivió su último gran resurgimiento mesopotámico, la adivinación se puso de moda y durante siglos el sacerdocio se deterioró cada vez más.

95:1.8Melquisedec había advertido a sus seguidores que enseñaran acerca del único Dios, el Padre y Hacedor de todos, y que predicaran solo el evangelio del favor divino mediante la fe sola. Pero a menudo ha sido el error de los maestros de una verdad nueva intentar demasiado, intentar sustituir la lenta evolución por una revolución repentina. Los misioneros de Melquisedec en Mesopotamia elevaron una norma moral demasiado alta para el pueblo; intentaron demasiado, y su noble causa sucumbió a la derrota. Habían recibido el encargo de predicar un evangelio definido, de proclamar la verdad de la realidad del Padre Universal, pero se enredaron en la causa aparentemente digna de reformar los mores, y así su gran misión se desvió y quedó prácticamente perdida en la frustración y el olvido.

95:1.9En una generación llegó a su fin la sede de Salem en Kish, y la propaganda de la creencia en un solo Dios cesó prácticamente en toda Mesopotamia. Pero persistieron restos de las escuelas de Salem. Pequeños grupos dispersos aquí y allá mantuvieron su creencia en el único Creador y lucharon contra la idolatría y la inmoralidad de los sacerdotes mesopotámicos.

95:1.10Fueron los misioneros de Salem del período que siguió al rechazo de su enseñanza quienes escribieron muchos de los Salmos del Antiguo Testamento, y los grabaron en piedra, donde los sacerdotes hebreos de una época posterior los encontraron durante el cautiverio y luego los incorporaron a la colección de himnos atribuidos a autores judíos. Estos hermosos salmos de Babilonia no se escribieron en los templos de Bel-Marduk; fueron obra de los descendientes de los primeros misioneros de Salem, y contrastan de manera notable con las mezclas mágicas de los sacerdotes babilonios. El Libro de Job es un reflejo bastante bueno de las enseñanzas de la escuela de Salem en Kish y en toda Mesopotamia.

95:1.11Gran parte de la cultura religiosa mesopotámica llegó a la literatura y la liturgia hebreas por la vía de Egipto, mediante la obra de Amenemope y de Akenatón. Los egipcios conservaron de manera notable las enseñanzas de la obligación social que procedían de los antiguos mesopotámicos Anditas y que los babilonios posteriores, que ocuparon el valle del Éufrates, habían perdido en tan gran medida.

2. La religión egipcia primitiva

95:2.1Las enseñanzas originales de Melquisedec echaron en realidad sus raíces más profundas en Egipto, desde donde se extendieron luego a Europa. La religión evolutiva del valle del Nilo se veía acrecentada periódicamente por la llegada de linajes superiores de pueblos noditas, Adamitas y, más tarde, Anditas del valle del Éufrates. De vez en cuando, muchos de los administradores civiles egipcios eran sumerios. Así como la India en aquellos días albergaba la mezcla más alta de las razas del mundo, Egipto fomentó el tipo de filosofía religiosa más completamente combinado que se podía encontrar en Urantia, y desde el valle del Nilo esta se extendió a muchas partes del mundo. Los judíos recibieron de los babilonios gran parte de su idea de la creación del mundo, pero tomaron de los egipcios el concepto de la Providencia divina.

95:2.2Fueron tendencias políticas y morales, más que filosóficas o religiosas, las que hicieron a Egipto más favorable que Mesopotamia a la enseñanza de Salem. Cada jefe tribal de Egipto, después de abrirse paso hasta el trono a fuerza de luchas, procuraba perpetuar su dinastía al proclamar a su dios tribal como la deidad original y creadora de todos los demás dioses. De este modo los egipcios se acostumbraron poco a poco a la idea de un superdiós, un paso hacia la posterior doctrina de una Deidad creadora universal. La idea del monoteísmo osciló de un lado a otro en Egipto durante muchos siglos; la creencia en un solo Dios siempre ganaba terreno, pero nunca llegaba a dominar del todo los conceptos del politeísmo en evolución.

95:2.3Durante edades los pueblos egipcios se habían dedicado a la adoración de dioses de la naturaleza; más en particular, cada una de las cuarenta tribus separadas tenía un dios de grupo especial: una adoraba al toro, otra al león, una tercera al carnero, y así sucesivamente. Aún antes habían sido tribus totémicas, muy parecidas a los amerindios.

95:2.4Con el tiempo los egipcios observaron que los cadáveres colocados en tumbas sin ladrillos se conservaban —embalsamados— por la acción de la arena impregnada de sosa, mientras que los enterrados en bóvedas de ladrillo se descomponían. Estas observaciones llevaron a los experimentos que dieron lugar a la práctica posterior de embalsamar a los muertos. Los egipcios creían que la conservación del cuerpo facilitaba el paso de cada uno a través de la vida futura. Para que el individuo pudiera ser identificado debidamente en el lejano futuro, después de la descomposición del cuerpo, colocaban en la tumba una estatua funeraria junto con el cadáver y tallaban una imagen suya en el ataúd. La fabricación de estas estatuas funerarias produjo una gran mejora en el arte egipcio.

95:2.5Durante siglos los egipcios pusieron su fe en las tumbas como resguardo del cuerpo y de la consiguiente supervivencia placentera después de la muerte. La evolución posterior de las prácticas mágicas, aunque fue una carga para la vida desde la cuna hasta la tumba, los libró de manera muy eficaz de la religión de las tumbas. Los sacerdotes inscribían en los ataúdes textos de conjuros que, según se creía, protegían contra el peligro de que «a un hombre le quiten el corazón en el mundo inferior». Al poco tiempo se reunió un surtido diverso de estos textos mágicos, que se conservó como el Libro de los Muertos. Pero en el valle del Nilo el ritual mágico se vinculó pronto con los ámbitos de la conciencia y del carácter, en un grado que los rituales de aquellos días no solían alcanzar. Y luego se confió en estos ideales éticos y morales, más que en tumbas elaboradas, para la salvación.

95:2.6Las supersticiones de esta época se ilustran bien con la creencia general en la eficacia de la saliva como agente curativo, una idea que tuvo su origen en Egipto y desde allí se extendió a Arabia y Mesopotamia. En la batalla legendaria de Horus contra Set, el joven dios perdió el ojo, pero después de que Set fue vencido, el sabio dios Tot le restauró este ojo: escupió sobre la herida y la curó.

95:2.7Los egipcios creyeron por mucho tiempo que las estrellas que titilaban en el cielo nocturno representaban la supervivencia de las almas de los muertos dignos; pensaban que otros supervivientes eran absorbidos en el sol. Durante cierto período, la veneración solar se convirtió en una especie de adoración de los antepasados. El pasaje de entrada inclinado de la gran pirámide apuntaba directamente hacia la Estrella Polar, para que el alma del rey, al salir de la tumba, pudiera ir directamente a las constelaciones estacionarias y establecidas de las estrellas fijas, la supuesta residencia de los reyes.

95:2.8Cuando se observaba que los rayos oblicuos del sol penetraban hacia la tierra a través de una abertura en las nubes, se creía que anunciaban el descenso de una escalera celestial por la que el rey y otras almas justas podían subir. «El rey Pepi ha puesto su resplandor como una escalera bajo sus pies para subir por ella hasta su madre».

95:2.9Cuando Melquisedec apareció en la carne, los egipcios tenían una religión muy superior a la de los pueblos circundantes. Creían que un alma desencarnada, si estaba bien armada con fórmulas mágicas, podía eludir a los espíritus malignos que se interponían y llegar a la sala del juicio de Osiris, donde, si era inocente de «asesinato, robo, falsedad, adulterio, hurto y egoísmo», sería admitida en los reinos de la dicha. Si esta alma era pesada en la balanza y hallada deficiente, sería enviada al infierno, a la Devoradora. Y este era, en términos relativos, un concepto avanzado de una vida futura, en comparación con las creencias de muchos pueblos circundantes.

95:2.10El concepto de un juicio en el más allá por los pecados de la vida en la carne en la tierra pasó a la teología hebrea desde Egipto. La palabra juicio aparece una sola vez en todo el Libro hebreo de los Salmos, y ese salmo en particular lo escribió un egipcio.

3. Evolución de los conceptos morales

95:3.1Aunque la cultura y la religión de Egipto procedían sobre todo de la Mesopotamia Andita y se transmitieron en gran parte a las civilizaciones posteriores por medio de los hebreos y los griegos, mucho, muchísimo, del idealismo social y ético de los egipcios surgió en el valle del Nilo como un desarrollo puramente evolutivo. A pesar de la importación de mucha verdad y cultura de origen Andita, en Egipto evolucionó, como desarrollo puramente humano, más cultura moral que la que apareció por técnicas naturales similares en cualquier otra zona delimitada antes del otorgamiento de Miguel.

95:3.2La evolución moral no depende por completo de la revelación. Los conceptos morales elevados pueden derivarse de la propia experiencia del hombre. El hombre incluso puede hacer evolucionar valores espirituales y obtener discernimiento cósmico de su vida experiencial personal, porque un espíritu divino mora en él. Estas evoluciones naturales de la conciencia y del carácter se vieron también acrecentadas por la llegada periódica de maestros de la verdad, en tiempos antiguos desde el segundo Edén y más tarde desde la sede de Melquisedec en Salem.

95:3.3Miles de años antes de que el evangelio de Salem penetrara en Egipto, sus líderes morales enseñaban la justicia, la equidad y el rechazo de la avaricia. Tres mil años antes de que se escribieran las escrituras hebreas, el lema de los egipcios era: «Firme es el hombre cuya norma es la rectitud; que anda conforme a su camino». Enseñaban la mansedumbre, la moderación y la discreción. El mensaje de uno de los grandes maestros de esta época era: «Obra con rectitud y trata a todos con justicia». La tríada egipcia de aquella edad era Verdad-Justicia-Rectitud. De todas las religiones puramente humanas de Urantia, ninguna superó jamás los ideales sociales y la grandeza moral de este antiguo humanismo del valle del Nilo.

95:3.4En el suelo de estas ideas éticas y estos ideales morales en evolución florecieron las doctrinas que sobrevivían de la religión de Salem. Los conceptos del bien y del mal encontraron una respuesta inmediata en los corazones de un pueblo que creía que «la vida se da al pacífico y la muerte al culpable». «El pacífico es el que hace lo que es amado; el culpable es el que hace lo que es odiado». Durante siglos los habitantes del valle del Nilo habían vivido según estas normas éticas y sociales emergentes antes de concebir los conceptos posteriores de lo correcto y lo incorrecto —lo bueno y lo malo.

95:3.5Egipto era intelectual y moral, pero no demasiado espiritual. En seis mil años solo surgieron cuatro grandes profetas entre los egipcios. A Amenemope lo siguieron durante un tiempo; a Okhban lo asesinaron; a Akenatón lo aceptaron, pero a medias, durante una corta generación; a Moisés lo rechazaron. De nuevo fueron las circunstancias políticas, más que las religiosas, las que facilitaron a Abraham y, más tarde, a José ejercer una gran influencia en todo Egipto en favor de las enseñanzas de Salem sobre un solo Dios. Pero cuando los misioneros de Salem entraron por primera vez en Egipto, se encontraron con esta cultura evolutiva altamente ética, combinada con las normas morales modificadas de los inmigrantes mesopotámicos. Estos primeros maestros del valle del Nilo fueron los primeros en proclamar la conciencia como el mandato de Dios, la voz de la Deidad.

4. Las enseñanzas de Amenemope

95:4.1Con el tiempo surgió en Egipto un maestro al que muchos llamaban el «hijo del hombre» y otros, Amenemope. Este vidente exaltó la conciencia hasta su más alta cumbre como árbitro entre lo correcto y lo incorrecto, enseñó el castigo del pecado y proclamó la salvación mediante la invocación a la deidad solar.

95:4.2Amenemope enseñó que las riquezas y la fortuna eran un don de Dios, y este concepto tiñó por completo la filosofía hebrea que apareció más tarde. Este noble maestro creía que la conciencia de Dios era el factor determinante de toda conducta; que cada momento debía vivirse con el reconocimiento de la presencia de Dios y de la responsabilidad ante él. Las enseñanzas de este sabio se tradujeron luego al hebreo y llegaron a ser el libro sagrado de ese pueblo mucho antes de que el Antiguo Testamento se pusiera por escrito. La principal prédica de este buen hombre trataba de instruir a su hijo en la integridad y la honradez en los cargos de confianza del gobierno, y estos nobles sentimientos de hace tanto tiempo honrarían a cualquier estadista moderno.

95:4.3Este hombre sabio del Nilo enseñó que «las riquezas se hacen alas y se van volando», que todas las cosas terrenales son pasajeras. Su gran oración era ser «librado del temor». Exhortaba a todos a apartarse de «las palabras de los hombres» para volverse a «los actos de Dios». En sustancia enseñaba: el hombre propone, pero Dios dispone. Sus enseñanzas, traducidas al hebreo, determinaron la filosofía del Libro de los Proverbios del Antiguo Testamento. Traducidas al griego, dieron color a toda la filosofía religiosa helénica posterior. El filósofo alejandrino posterior, Filón, poseía un ejemplar del Libro de la Sabiduría.

95:4.4Amenemope sirvió para conservar la ética de la evolución y la moral de la revelación, y en sus escritos las transmitió tanto a los hebreos como a los griegos. No fue el más grande de los maestros religiosos de esta época, pero sí el más influyente, porque dio color al pensamiento posterior de dos eslabones vitales en el crecimiento de la civilización occidental: los hebreos, entre quienes evolucionó la cumbre de la fe religiosa occidental, y los griegos, que llevaron el pensamiento filosófico puro a sus mayores alturas europeas.

95:4.5En el Libro hebreo de los Proverbios, los capítulos quince, diecisiete y veinte, y desde el capítulo veintidós, versículo diecisiete, hasta el capítulo veinticuatro, versículo veintidós, están tomados casi palabra por palabra del Libro de la Sabiduría de Amenemope. El primer salmo del Libro hebreo de los Salmos lo escribió Amenemope, y es el corazón de las enseñanzas de Akenatón.

5. El notable Akenatón

95:5.1Las enseñanzas de Amenemope perdían poco a poco su influencia sobre la mente egipcia cuando, por influencia de un médico egipcio salemita, una mujer de la familia real abrazó las enseñanzas de Melquisedec. Esta mujer convenció a su hijo, Akenatón, faraón de Egipto, de que aceptara estas doctrinas del Dios Único.

95:5.2Desde la desaparición de Melquisedec en la carne, ningún ser humano hasta entonces había poseído un concepto tan asombrosamente claro de la religión revelada de Salem como Akenatón. En algunos aspectos, este joven rey egipcio es una de las personas más notables de la historia humana. Durante este tiempo de creciente depresión espiritual en Mesopotamia, mantuvo viva en Egipto la doctrina de El Elyon, el Dios Único, y así conservó el cauce filosófico monoteísta que fue vital para el trasfondo religioso del otorgamiento de Miguel, entonces futuro. Y fue en reconocimiento de esta hazaña, entre otras razones, que el niño Jesús fue llevado a Egipto, donde algunos de los sucesores espirituales de Akenatón lo vieron y en cierta medida comprendieron ciertas fases de su misión divina en Urantia.

95:5.3Moisés, el mayor personaje entre Melquisedec y Jesús, fue el regalo conjunto que la raza hebrea y la familia real egipcia hicieron al mundo; y si Akenatón hubiera tenido la versatilidad y la capacidad de Moisés, si hubiera mostrado un genio político a la altura de su sorprendente liderazgo religioso, entonces Egipto se habría convertido en la gran nación monoteísta de aquella época; y si esto hubiera sucedido, es apenas posible que Jesús hubiera vivido la mayor parte de su vida mortal en Egipto.

95:5.4Nunca en toda la historia un rey procedió de forma tan metódica a llevar a una nación entera del politeísmo al monoteísmo como lo hizo este extraordinario Akenatón. Con la más asombrosa determinación, este joven gobernante rompió con el pasado, cambió su nombre, abandonó su capital, construyó una ciudad totalmente nueva y creó un arte y una literatura nuevos para todo un pueblo. Pero fue demasiado rápido; construyó demasiado, más de lo que podía mantenerse en pie una vez que él se fue. Además, no aseguró la estabilidad material y la prosperidad de su pueblo, y todo ello se volvió en contra de sus enseñanzas religiosas cuando las oleadas posteriores de adversidad y opresión cayeron sobre los egipcios.

95:5.5Si este hombre de visión asombrosamente clara y de extraordinaria unidad de propósito hubiera tenido la sagacidad política de Moisés, habría cambiado toda la historia de la evolución de la religión y de la revelación de la verdad en el mundo occidental. Mientras vivió, pudo frenar las actividades de los sacerdotes, a quienes en general desacreditó, pero ellos mantuvieron sus cultos en secreto y entraron en acción tan pronto como el joven rey dejó el poder; y no tardaron en relacionar todos los problemas posteriores de Egipto con el establecimiento del monoteísmo durante su reinado.

95:5.6Muy sabiamente, Akenatón procuró establecer el monoteísmo bajo la apariencia del dios sol. Esta decisión de acercarse a la adoración del Padre Universal mediante la absorción de todos los dioses en la adoración del sol se debió al consejo del médico salemita. Akenatón tomó las doctrinas generalizadas de la fe de Atón entonces existente acerca de la paternidad y la maternidad de la Deidad, y creó una religión que reconocía una relación íntima de adoración entre el hombre y Dios.

95:5.7Akenatón fue lo bastante sabio como para mantener la adoración exterior de Atón, el dios sol, mientras guiaba a sus asociados en la adoración encubierta del Dios Único, creador de Atón y Padre supremo de todos. Este joven maestro-rey fue un escritor prolífico, autor de la exposición titulada «El Dios Único», un libro de treinta y un capítulos, que los sacerdotes, al volver al poder, destruyeron por completo. Akenatón escribió también ciento treinta y siete himnos, doce de los cuales se conservan hoy en el Libro de los Salmos del Antiguo Testamento, atribuidos a autores hebreos.

95:5.8La palabra suprema de la religión de Akenatón en la vida diaria era «rectitud», y él amplió con rapidez el concepto del obrar recto para abarcar tanto la ética internacional como la nacional. Esta fue una generación de asombrosa piedad personal, y se caracterizó por una aspiración genuina entre los hombres y las mujeres más inteligentes a encontrar a Dios y conocerlo. En aquellos días, ni la posición social ni la riqueza daban a ningún egipcio ventaja alguna ante la ley. La vida familiar de Egipto hizo mucho por conservar y acrecentar la cultura moral, y fue la inspiración de la magnífica vida familiar posterior de los judíos en Palestina.

95:5.9La debilidad fatal del evangelio de Akenatón fue su mayor verdad, la enseñanza de que Atón no solo era el creador de Egipto, sino también del «mundo entero, de los hombres y las bestias, y de todas las tierras extranjeras, incluso Siria y Kush, además de esta tierra de Egipto. Él pone a todos en su lugar y provee a todos de lo que necesitan». Estos conceptos de la Deidad eran elevados y excelsos, pero no eran nacionalistas. Tales sentimientos de internacionalidad en la religión no lograron elevar la moral del ejército egipcio en el campo de batalla, mientras que dieron a los sacerdotes armas eficaces para usarlas contra el joven rey y su nueva religión. Él tenía un concepto de la Deidad muy superior al de los hebreos posteriores, pero era demasiado avanzado para servir a los fines de un constructor de naciones.

95:5.10Aunque el ideal monoteísta sufrió con la desaparición de Akenatón, la idea de un solo Dios persistió en la mente de muchos grupos. El yerno de Akenatón se unió a los sacerdotes en la vuelta a la adoración de los antiguos dioses, y cambió su nombre por el de Tutankamón. La capital volvió a Tebas, y los sacerdotes engordaron a costa de la tierra, hasta adueñarse con el tiempo de una séptima parte de todo Egipto; y al poco tiempo uno de esta misma orden de sacerdotes se atrevió a apoderarse de la corona.

95:5.11Pero los sacerdotes no pudieron vencer por completo la ola monoteísta. Cada vez más se vieron obligados a combinar sus dioses y a unir sus nombres con guiones; la familia de los dioses se fue reduciendo más y más. Akenatón había asociado el disco llameante del cielo con el Dios creador, y esta idea siguió ardiendo en el corazón de los hombres, incluso de los sacerdotes, mucho después de que el joven reformador hubiera partido. Nunca se extinguió el concepto del monoteísmo en el corazón de los hombres en Egipto y en el mundo. Persistió incluso hasta la llegada del Hijo Creador de ese mismo Padre divino, el único Dios al que Akenatón había proclamado con tanto celo para que todo Egipto lo adorara.

95:5.12La debilidad de la doctrina de Akenatón estaba en que propuso una religión tan avanzada que solo los egipcios instruidos podían comprender plenamente sus enseñanzas. La masa de los trabajadores agrícolas nunca llegó a captar de verdad su evangelio y, por lo tanto, estaba dispuesta a volver con los sacerdotes a la antigua adoración de Isis y de su consorte Osiris, de quien se suponía que había resucitado milagrosamente de una muerte cruel a manos de Set, el dios de las tinieblas y del mal.

95:5.13La enseñanza de la inmortalidad para todos los hombres era demasiado avanzada para los egipcios. Solo a los reyes y a los ricos se les prometía una resurrección; por eso embalsamaban y conservaban con tanto cuidado sus cuerpos en las tumbas para el día del juicio. Pero la democracia de la salvación y de la resurrección, tal como Akenatón la enseñó, prevaleció con el tiempo, hasta el punto de que los egipcios creyeron más tarde en la supervivencia de los animales irracionales.

95:5.14Aunque el esfuerzo de este gobernante egipcio por imponer la adoración de un solo Dios a su pueblo pareció fracasar, hay que dejar constancia de que las repercusiones de su obra persistieron durante siglos tanto en Palestina como en Grecia, y de que Egipto se convirtió así en el agente que transmitió la cultura evolutiva combinada del Nilo y la religión revelada del Éufrates a todos los pueblos posteriores de Occidente.

95:5.15La gloria de esta gran era de desarrollo moral y crecimiento espiritual en el valle del Nilo se desvanecía con rapidez hacia la época en que comenzaba la vida nacional de los hebreos, y a consecuencia de su estancia en Egipto estos beduinos se llevaron gran parte de estas enseñanzas y perpetuaron muchas de las doctrinas de Akenatón en su religión racial.

6. Las doctrinas de Salem en Irán

95:6.1Desde Palestina, algunos de los misioneros de Melquisedec pasaron por Mesopotamia y llegaron a la gran meseta iraní. Durante más de quinientos años los maestros de Salem avanzaron en Irán, y toda la nación se inclinaba hacia la religión de Melquisedec cuando un cambio de gobernantes desencadenó una persecución amarga que prácticamente puso fin a las enseñanzas monoteístas del culto de Salem. La doctrina del pacto de Abraham estaba casi extinguida en Persia cuando, en aquel gran siglo de renacimiento moral, el sexto antes de Cristo, apareció Zoroastro para reavivar las brasas latentes del evangelio de Salem.

95:6.2Este fundador de una nueva religión era un joven viril y aventurero que, en su primera peregrinación a Ur, en Mesopotamia, había conocido las tradiciones de Caligastia y de la rebelión de Lucifer —junto con muchas otras tradiciones—, todas las cuales habían atraído con fuerza su naturaleza religiosa. En consecuencia, a raíz de un sueño que tuvo en Ur, se decidió por un programa: volver a su hogar del norte para emprender la remodelación de la religión de su pueblo. Había asimilado la idea hebrea de un Dios de justicia, el concepto mosaico de la divinidad. La idea de un Dios supremo estaba clara en su mente, y declaró diablos a todos los demás dioses y los relegó a las filas de los demonios de los que había oído hablar en Mesopotamia. Había conocido la historia de los Siete Espíritus Maestros tal como la tradición perduraba en Ur, y, en consecuencia, creó una galaxia de siete dioses supremos con Ahura-Mazda a la cabeza. Asoció a estos dioses subordinados con la idealización de la Ley Recta, el Buen Pensamiento, el Gobierno Noble, el Carácter Santo, la Salud y la Inmortalidad.

95:6.3Y esta nueva religión era una religión de acción —de trabajo—, no de oraciones y rituales. Su Dios era un ser de sabiduría suprema y el patrono de la civilización; era una filosofía religiosa militante que se atrevía a combatir el mal, la inacción y el atraso.

95:6.4Zoroastro no enseñó la adoración del fuego, sino que procuró usar la llama como símbolo del Espíritu puro y sabio de dominio universal y supremo. (Es demasiado cierto que sus seguidores posteriores veneraron y adoraron este fuego simbólico.) Finalmente, tras la conversión de un príncipe iraní, esta nueva religión se propagó por la espada. Y Zoroastro murió heroicamente en batalla por lo que él creía que era la «verdad del Señor de la luz».

95:6.5El zoroastrismo es el único credo de Urantia que perpetúa las enseñanzas dalamatianas y edénicas acerca de los Siete Espíritus Maestros. Aunque no llegó a desarrollar el concepto de la Trinidad, sí se acercó en cierto modo al de Dios el Séptuple. El zoroastrismo original no era un dualismo puro; aunque las primeras enseñanzas presentaban el mal como un coordinado temporal de la bondad, el mal quedaba claramente sumergido, en la eternidad, en la realidad última del bien. Solo en tiempos posteriores ganó crédito la creencia de que el bien y el mal luchaban en igualdad de condiciones.

95:6.6Las tradiciones judías del cielo y del infierno y la doctrina de los diablos tal como están registradas en las escrituras hebreas, aunque se fundaban en las tradiciones persistentes de Lucifer y Caligastia, procedían principalmente de los zoroastrianos, de los tiempos en que los judíos estaban bajo el dominio político y cultural de los persas. Zoroastro, al igual que los egipcios, enseñó el «día del juicio», pero relacionó este acontecimiento con el fin del mundo.

95:6.7Incluso la religión que sucedió al zoroastrismo en Persia fue marcadamente influida por él. Cuando los sacerdotes iranios procuraron derribar las enseñanzas de Zoroastro, resucitaron la antigua adoración de Mitra. Y el mitraísmo se extendió por todo el Levante y las regiones mediterráneas, y fue durante algún tiempo contemporáneo tanto del judaísmo como del cristianismo. Así, las enseñanzas de Zoroastro llegaron a influir sucesivamente en tres grandes religiones: el judaísmo y el cristianismo y, a través de ellos, el islam.

95:6.8Pero hay una gran distancia entre las elevadas enseñanzas y los nobles salmos de Zoroastro y las perversiones modernas de su evangelio por parte de los parsis, con su gran miedo a los muertos, unido a la aceptación de creencias en sofismas que Zoroastro nunca se rebajó a aprobar.

95:6.9Este gran hombre fue uno de aquel grupo singular que surgió en el siglo sexto antes de Cristo para impedir que la luz de Salem se extinguiera total y definitivamente, mientras ardía tan débilmente para mostrar al hombre, en su mundo oscurecido, el camino de luz que lleva a la vida eterna.

7. Las enseñanzas de Salem en Arabia

95:7.1Las enseñanzas de Melquisedec sobre el único Dios se establecieron en el desierto de Arabia en una fecha relativamente reciente. Al igual que en Grecia, en Arabia los misioneros de Salem fracasaron porque no entendieron bien las instrucciones de Machiventa acerca de la organización excesiva. Pero no se vieron obstaculizados de este modo por su interpretación de la advertencia de él contra todo esfuerzo por extender el evangelio mediante la fuerza militar o la coacción civil.

95:7.2Ni siquiera en China o en Roma fracasaron las enseñanzas de Melquisedec de manera más completa que en esta región desértica tan cercana a la propia Salem. Mucho después de que la mayoría de los pueblos de Oriente y de Occidente se hubieran hecho budistas y cristianos, respectivamente, el desierto de Arabia siguió como había estado durante miles de años. Cada tribu adoraba su antiguo fetiche, y muchas familias tenían sus propios dioses domésticos. Durante mucho tiempo continuó la lucha entre la Ishtar babilónica, el Yahvé hebreo, el Ahura iranio y el Padre cristiano del Señor Jesucristo. Nunca pudo un concepto desplazar por completo a los demás.

95:7.3Aquí y allá, por toda Arabia, había familias y clanes que se aferraban a la idea vaga del único Dios. Tales grupos atesoraban las tradiciones de Melquisedec, Abraham, Moisés y Zoroastro. Había numerosos centros que podrían haber respondido al evangelio jesusoniano, pero los misioneros cristianos de las tierras desérticas eran un grupo austero e inflexible, en contraste con los contemporizadores e innovadores que actuaban como misioneros en los países mediterráneos. Si los seguidores de Jesús hubieran tomado más en serio su mandato de «ir por todo el mundo y predicar el evangelio», y si hubieran sido más amables en esa predicación, menos rigurosos en las exigencias sociales colaterales de su propia invención, entonces muchas tierras habrían recibido con alegría el sencillo evangelio del hijo del carpintero, y Arabia entre ellas.

95:7.4A pesar de que los grandes monoteísmos levantinos no lograron arraigar en Arabia, esta tierra desértica fue capaz de producir una fe que, aunque menos exigente en sus requisitos sociales, era no obstante monoteísta.

95:7.5Solo había un factor de naturaleza tribal, racial o nacional en las creencias primitivas y desorganizadas del desierto, y era el respeto peculiar y general que casi todas las tribus árabes estaban dispuestas a rendir a cierto fetiche de piedra negra en cierto templo de La Meca. Este punto de contacto y reverencia comunes llevó luego al establecimiento de la religión islámica. Lo que Yahvé, el espíritu del volcán, fue para los semitas judíos, la piedra de la Kaaba llegó a serlo para sus primos árabes.

95:7.6La fuerza del islam ha sido su presentación clara y bien definida de Alá como la Deidad una y única; su debilidad, la asociación de la fuerza militar con su propagación, junto con su degradación de la mujer. Pero se ha mantenido firme en su presentación de la Deidad Universal Única de todos, «que conoce lo invisible y lo visible. Él es el misericordioso y el compasivo». «En verdad Dios es abundante en bondad para con todos los hombres». «Y cuando estoy enfermo, es él quien me sana». «Porque siempre que hablan juntos tantos como tres, Dios está presente como cuarto», pues ¿no es él «el primero y el último, también el visible y el oculto»?

95:7.7[Presentado por un Melquisedec de Nebadon.]

Documento 95

Las enseñanzas de Melquisedec en el Levante