Parte III · Documento 96
Yahvé—Dios de los hebreos
96:0.1AL CONCEBIR a la Deidad, el hombre primero incluye a todos los dioses, luego subordina todos los dioses extranjeros a su deidad tribal y finalmente excluye a todos salvo al Dios único de valor final y supremo. Los judíos sintetizaron todos los dioses en su concepto más sublime del Señor Dios de Israel. Los hindúes combinaron asimismo sus múltiples deidades en la «única espiritualidad de los dioses» que describe el Rig-Veda, mientras que los mesopotamios redujeron sus dioses al concepto más centralizado de Bel-Marduk. Estas ideas de monoteísmo maduraron en todo el mundo poco después de la aparición de Machiventa Melquisedec en Salem, en Palestina. Pero el concepto de la Deidad de Melquisedec era distinto del de la filosofía evolutiva de inclusión, subordinación y exclusión; se basaba exclusivamente en el poder creador y muy pronto influyó en los conceptos más elevados de la deidad en Mesopotamia, la India y Egipto.
96:0.2Los quenitas y varias otras tribus cananeas veneraban la religión de Salem como una tradición. Y este fue uno de los propósitos de la encarnación de Melquisedec: que se fomentara una religión de un solo Dios de tal manera que preparara el camino para el otorgamiento en la tierra de un Hijo de ese Dios único. Miguel difícilmente podía venir a Urantia hasta que existiera un pueblo que creyera en el Padre Universal, entre el cual él pudiera aparecer.
96:0.3La religión de Salem persistió entre los quenitas de Palestina como su credo, y esta religión, tal como la adoptaron más tarde los hebreos, recibió la influencia, primero, de las enseñanzas morales egipcias; después, del pensamiento teológico babilónico; y por último, de las concepciones iranias del bien y del mal. En los hechos, la religión hebrea se basa en el pacto entre Abraham y Machiventa Melquisedec; en su evolución, es el fruto de muchas circunstancias situacionales únicas; pero en lo cultural, ha tomado libremente de la religión, la moralidad y la filosofía de todo el Levante. Es a través de la religión hebrea como gran parte de la moralidad y del pensamiento religioso de Egipto, Mesopotamia e Irán se transmitió a los pueblos occidentales.
1. Los conceptos de la Deidad entre los semitas
96:1.1Los primeros semitas consideraban que todas las cosas estaban habitadas por un espíritu. Había espíritus del mundo animal y del vegetal; espíritus anuales, el señor de la progenie; espíritus del fuego, del agua y del aire; un verdadero panteón de espíritus a los que había que temer y adorar. Y la enseñanza de Melquisedec acerca de un Creador Universal nunca destruyó del todo la creencia en estos espíritus subordinados o dioses de la naturaleza.
96:1.2El progreso de los hebreos desde el politeísmo, a través del henoteísmo, hasta el monoteísmo no fue un desarrollo conceptual ininterrumpido y continuo. Experimentaron muchos retrocesos en la evolución de sus conceptos de la Deidad, mientras que en cualquier época dada existían ideas diversas de Dios entre los distintos grupos de creyentes semitas. De tiempo en tiempo se aplicaron numerosos términos a sus conceptos de Dios, y para evitar confusiones, estos diversos títulos de la Deidad se definirán según se relacionan con la evolución de la teología judía:
96:1.31. Yahvé era el dios de las tribus del sur de Palestina, que asociaban este concepto de deidad con el monte Horeb, el volcán del Sinaí. Yahvé era simplemente uno de los cientos y miles de dioses de la naturaleza que atraían la atención y reclamaban la adoración de las tribus y los pueblos semitas.
96:1.42. El Elyon. Durante siglos después de la estancia de Melquisedec en Salem, su doctrina de la Deidad persistió en diversas versiones, pero en general se designaba con el término El Elyon, el Dios Altísimo del cielo. Muchos semitas, incluidos los descendientes inmediatos de Abraham, adoraron en diversas épocas tanto a Yahvé como a El Elyon.
96:1.53. El Shaddai. Es difícil explicar lo que representaba El Shaddai. Esta idea de Dios era un compuesto derivado de las enseñanzas del Libro de la Sabiduría de Amenemope, modificadas por la doctrina de Atón de Akenatón e influidas además por las enseñanzas de Melquisedec contenidas en el concepto de El Elyon. Pero a medida que el concepto de El Shaddai impregnó la mente hebrea, quedó completamente teñido de las creencias del desierto sobre Yahvé.
96:1.6Entre las ideas que dominaban la religión de esta época figuraba el concepto egipcio de la Providencia divina, una enseñanza según la cual la prosperidad material constituía una recompensa por servir a El Shaddai.
96:1.74. El. En medio de toda esta confusión de terminología y de esta vaguedad de conceptos, muchos creyentes devotos se esforzaron sinceramente por adorar todas estas ideas de la divinidad en evolución, y surgió la práctica de referirse a esta Deidad compuesta como El. Y este término incluía aún otros dioses de la naturaleza de los beduinos.
96:1.85. Elohim. En Kish y en Ur persistieron largo tiempo grupos sumerio-caldeos que enseñaban un concepto de Dios tres en uno, fundado en las tradiciones de los días de Adán y de Melquisedec. Esta doctrina se llevó a Egipto, donde se adoró a esta Trinidad con el nombre de Elohim, o en singular, Eloah. Los círculos filosóficos de Egipto y, más tarde, los maestros alejandrinos de origen hebraico enseñaron esta unidad de Dioses pluralistas, y muchos de los consejeros de Moisés en la época del éxodo creían en esta Trinidad. Pero el concepto del Elohim trinitario nunca llegó a ser una parte real de la teología hebrea hasta después de quedar bajo la influencia política de los babilonios.
96:1.96. Nombres diversos. A los semitas no les gustaba pronunciar el nombre de su Deidad, y por eso recurrieron de tiempo en tiempo a numerosas denominaciones, como: El Espíritu de Dios, El Señor, El Ángel del Señor, El Todopoderoso, El Santo, El Altísimo, Adonai, El Anciano de Días, El Señor Dios de Israel, El Creador del Cielo y de la Tierra, Kyrios, Jah, El Señor de las Huestes y El Padre en el Cielo.
96:1.10Jehová es un término que en tiempos recientes se ha empleado para designar el concepto completo de Yahvé que finalmente evolucionó en la larga experiencia hebrea. Pero el nombre Jehová no entró en uso hasta mil quinientos años después de los tiempos de Jesús.
96:1.11Hasta alrededor del 2000 a. C., el monte Sinaí estuvo activo de forma intermitente como volcán, y hubo erupciones ocasionales todavía en la época de la estancia de los israelitas en esta región. El fuego y el humo, junto con las detonaciones atronadoras asociadas a las erupciones de esta montaña volcánica, impresionaron y sobrecogieron a los beduinos de las regiones circundantes y les hicieron temer mucho a Yahvé. Este espíritu del monte Horeb se convirtió más tarde en el dios de los semitas hebreos, y con el tiempo creyeron que era supremo sobre todos los demás dioses.
96:1.12Los cananeos veneraban a Yahvé desde hacía mucho tiempo, y aunque muchos de los quenitas creían más o menos en El Elyon, el superdiós de la religión de Salem, la mayoría de los cananeos se mantenía vagamente fiel a la adoración de las antiguas deidades tribales. Apenas estaban dispuestos a abandonar sus deidades nacionales en favor de un Dios internacional, por no decir interplanetario. No tenían una mentalidad de deidad universal, y por eso estas tribus siguieron adorando a sus deidades tribales, incluidos Yahvé y los becerros de plata y de oro que simbolizaban el concepto de los pastores beduinos acerca del espíritu del volcán del Sinaí.
96:1.13Los sirios, aunque adoraban a sus dioses, creían también en el Yahvé de los hebreos, pues sus profetas dijeron al rey sirio: «Sus dioses son dioses de las colinas; por eso fueron más fuertes que nosotros; pero luchemos contra ellos en la llanura, y sin duda seremos más fuertes que ellos».
96:1.14A medida que el hombre avanza en cultura, los dioses menores quedan subordinados a una deidad suprema; el gran Jove persiste solo como una exclamación. Los monoteístas conservan a sus dioses subordinados como espíritus, demonios, hados, Nereidas, hadas, duendes, enanos, banshees y el mal de ojo. Los hebreos pasaron por el henoteísmo y creyeron durante mucho tiempo en la existencia de otros dioses además de Yahvé, pero sostuvieron cada vez más que estas deidades extranjeras estaban subordinadas a Yahvé. Admitían la realidad de Quemos, dios de los amorreos, pero sostenían que estaba subordinado a Yahvé.
96:1.15La idea de Yahvé ha experimentado el desarrollo más amplio de todas las teorías mortales sobre Dios. Su evolución progresiva solo puede compararse con la metamorfosis del concepto de Buda en Asia, que al final condujo al concepto del Absoluto Universal, así como el concepto de Yahvé condujo finalmente a la idea del Padre Universal. Pero como hecho histórico, debe entenderse que, aunque los judíos cambiaron así sus ideas de la Deidad, desde el dios tribal del monte Horeb hasta el Padre Creador amoroso y misericordioso de tiempos posteriores, no cambiaron su nombre; a lo largo de todo el camino siguieron llamando Yahvé a este concepto de la Deidad en evolución.
2. Los pueblos semitas
96:2.1Los semitas del este eran jinetes bien organizados y bien dirigidos que invadieron las regiones orientales del creciente fértil y allí se unieron a los babilonios. Los caldeos que vivían cerca de Ur estaban entre los más avanzados de los semitas orientales. Los fenicios eran un grupo superior y bien organizado de semitas mezclados que ocupaban la sección occidental de Palestina, a lo largo de la costa mediterránea. Desde el punto de vista racial, los semitas estaban entre los pueblos más mezclados de Urantia, pues contenían factores hereditarios de casi la totalidad de las nueve razas del mundo.
96:2.2Una y otra vez los semitas de Arabia se abrieron paso por la fuerza hacia la Tierra Prometida del norte, la tierra que «fluía con leche y miel», pero con igual frecuencia fueron expulsados por los semitas del norte y los hititas, mejor organizados y más civilizados. Más tarde, durante una hambruna de severidad poco común, estos beduinos errantes entraron en gran número en Egipto como trabajadores contratados en las obras públicas egipcias, solo para verse sometidos a la amarga experiencia de la esclavitud en el duro trabajo diario de los trabajadores comunes y oprimidos del valle del Nilo.
96:2.3Solo después de los días de Machiventa Melquisedec y de Abraham, ciertas tribus de semitas, a causa de sus peculiares creencias religiosas, fueron llamadas los hijos de Israel y más tarde hebreos, judíos y el «pueblo elegido». Abraham no fue el padre racial de todos los hebreos; ni siquiera fue el progenitor de todos los semitas beduinos que estuvieron cautivos en Egipto. Es cierto que su descendencia, al salir de Egipto, formó el núcleo del pueblo judío posterior, pero la gran mayoría de los hombres y mujeres que se incorporaron a los clanes de Israel nunca habían residido en Egipto. Eran simplemente otros nómadas que eligieron seguir el liderazgo de Moisés mientras los hijos de Abraham y sus asociados semitas de Egipto viajaban por el norte de Arabia.
96:2.4La enseñanza de Melquisedec acerca de El Elyon, el Altísimo, y del pacto del favor divino por medio de la fe, se había olvidado en gran parte para la época de la esclavitud egipcia de los pueblos semitas que pronto formarían la nación hebrea. Pero durante todo este período de cautiverio, estos nómadas de Arabia mantuvieron una creencia tradicional persistente en Yahvé como su deidad racial.
96:2.5Yahvé era adorado por más de cien tribus distintas de Arabia, y salvo por el matiz del concepto de El Elyon de Melquisedec, que persistió entre las clases más instruidas de Egipto, incluidas las estirpes mixtas hebreas y egipcias, la religión de la masa de los esclavos hebreos cautivos era una versión modificada del antiguo ritual de magia y sacrificio de Yahvé.
3. El incomparable Moisés
96:3.1El comienzo de la evolución de los conceptos e ideales hebraicos de un Creador Supremo data de la salida de los semitas de Egipto bajo aquel gran líder, maestro y organizador, Moisés. Su madre pertenecía a la familia real de Egipto; su padre era un oficial semita de enlace entre el gobierno y los cautivos beduinos. Moisés poseía así cualidades derivadas de fuentes raciales superiores; su ascendencia era tan mezclada que es imposible clasificarlo en un solo grupo racial. Si no hubiera sido de este tipo mixto, nunca habría mostrado aquella versatilidad y capacidad de adaptación poco comunes que le permitieron dirigir a la horda diversa que con el tiempo se unió a aquellos semitas beduinos que huyeron de Egipto al desierto de Arabia bajo su liderazgo.
96:3.2A pesar de los atractivos de la cultura del reino del Nilo, Moisés eligió unir su suerte a la del pueblo de su padre. En la época en que este gran organizador formulaba sus planes para la liberación final del pueblo de su padre, los cautivos beduinos apenas tenían una religión digna de ese nombre; carecían prácticamente de un verdadero concepto de Dios y no tenían esperanza en el mundo.
96:3.3Ningún líder emprendió jamás la tarea de reformar y elevar a un grupo de seres humanos más desamparado, abatido, desalentado e ignorante. Pero estos esclavos llevaban posibilidades latentes de desarrollo en sus linajes hereditarios, y había un número suficiente de líderes instruidos, a quienes Moisés había preparado para el día de la rebelión y del golpe por la libertad, como para constituir un cuerpo de organizadores eficientes. Estos hombres superiores habían sido empleados como capataces nativos de su pueblo; habían recibido alguna educación gracias a la influencia de Moisés ante los gobernantes egipcios.
96:3.4Moisés se esforzó por negociar diplomáticamente la libertad de sus compatriotas semitas. Él y su hermano celebraron un pacto con el rey de Egipto por el cual se les concedió permiso para salir pacíficamente del valle del Nilo hacia el desierto de Arabia. Debían recibir un modesto pago en dinero y en bienes en reconocimiento de su largo servicio en Egipto. Los hebreos, por su parte, se comprometieron a mantener relaciones amistosas con los faraones y a no unirse a ninguna alianza contra Egipto. Pero más tarde el rey consideró oportuno repudiar este tratado, y dio como razón el pretexto de que sus espías habían descubierto deslealtad entre los esclavos beduinos. Afirmó que buscaban la libertad con el fin de ir al desierto para organizar a los nómadas contra Egipto.
96:3.5Pero Moisés no se desanimó; esperó el momento oportuno, y en menos de un año, cuando las fuerzas militares egipcias estaban del todo ocupadas en resistir los ataques simultáneos de una fuerte embestida libia desde el sur y de una invasión naval griega desde el norte, este intrépido organizador sacó a sus compatriotas de Egipto en una espectacular huida nocturna. Esta carrera hacia la libertad se planeó con cuidado y se ejecutó con habilidad. Y tuvieron éxito, a pesar de que el faraón y un pequeño cuerpo de egipcios los persiguieron de cerca; todos ellos cayeron ante la defensa de los fugitivos y dejaron mucho botín, que aumentó todavía más con el saqueo de la multitud de esclavos fugitivos que avanzaba mientras marchaban hacia su hogar ancestral del desierto.
4. La proclamación de Yahvé
96:4.1La evolución y la elevación de la enseñanza mosaica han influido en casi la mitad del mundo entero, y aún lo hacen incluso en el siglo XX. Aunque Moisés comprendía la filosofía religiosa egipcia más avanzada, los esclavos beduinos sabían poco de tales enseñanzas, pero nunca habían olvidado del todo al dios del monte Horeb, al que sus antepasados habían llamado Yahvé.
96:4.2Moisés había oído hablar de las enseñanzas de Machiventa Melquisedec tanto a su padre como a su madre; la creencia religiosa que ambos tenían en común explica la unión poco común entre una mujer de sangre real y un hombre de una raza cautiva. El suegro de Moisés era un quenita adorador de El Elyon, pero los padres del libertador eran creyentes en El Shaddai. Así, Moisés fue educado como El Shaddaísta; por la influencia de su suegro se hizo El Elyonista; y para la época del campamento hebreo alrededor del monte Sinaí, después de la huida de Egipto, había formulado un concepto nuevo y ampliado de la Deidad (derivado de todas sus creencias anteriores), que sabiamente decidió proclamar a su pueblo como un concepto expandido de su antiguo dios tribal, Yahvé.
96:4.3Moisés se había esforzado por enseñar a estos beduinos la idea de El Elyon, pero antes de salir de Egipto se había convencido de que nunca comprenderían plenamente esta doctrina. Por eso decidió deliberadamente adoptar, como solución de compromiso, a su dios tribal del desierto como el único dios de sus seguidores. Moisés no enseñó específicamente que otros pueblos y naciones no pudieran tener otros dioses, pero sí sostuvo con firmeza que Yahvé estaba por encima de todos, en especial para los hebreos. Pero siempre lo afligió la difícil situación de intentar presentar su nueva y más elevada idea de la Deidad a estos esclavos ignorantes bajo la apariencia del antiguo término Yahvé, que siempre había estado simbolizado por el becerro de oro de las tribus beduinas.
96:4.4El hecho de que Yahvé fuera el dios de los hebreos fugitivos explica por qué se detuvieron tanto tiempo ante el monte santo del Sinaí, y por qué allí recibieron los diez mandamientos que Moisés promulgó en nombre de Yahvé, el dios del Horeb. Durante esta larga estancia ante el Sinaí se perfeccionaron aún más los ceremoniales religiosos de la adoración hebrea, que acababa de empezar a evolucionar.
96:4.5No parece que Moisés hubiera logrado jamás establecer su adoración ceremonial, algo avanzada, ni mantener unidos a sus seguidores durante un cuarto de siglo, de no haber sido por la violenta erupción del Horeb durante la tercera semana de su estancia de adoración al pie del monte. «El monte de Yahvé fue consumido por el fuego, y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte temblaba con gran fuerza». Ante este cataclismo, no es sorprendente que Moisés pudiera inculcar a sus hermanos la enseñanza de que su Dios era «poderoso, terrible, un fuego devorador, temible y todopoderoso».
96:4.6Moisés proclamó que Yahvé era el Señor Dios de Israel, que había escogido a los hebreos como su pueblo elegido; estaba construyendo una nueva nación, y sabiamente nacionalizó sus enseñanzas religiosas, diciendo a sus seguidores que Yahvé era un amo exigente, un «Dios celoso». Pero aun así trató de ampliar su concepto de la divinidad cuando les enseñó que Yahvé era el «Dios de los espíritus de toda carne», y cuando dijo: «El Dios eterno es su refugio, y debajo están los brazos eternos». Moisés enseñó que Yahvé era un Dios que cumple su pacto; que él «no los abandonará, ni los destruirá, ni olvidará el pacto de sus padres, porque el Señor los ama y no olvidará el juramento que juró a sus padres».
96:4.7Moisés hizo un esfuerzo heroico por elevar a Yahvé a la dignidad de una Deidad suprema cuando lo presentó como el «Dios de verdad y sin iniquidad, justo y recto en todos sus caminos». Y sin embargo, a pesar de esta enseñanza elevada, la comprensión limitada de sus seguidores hizo necesario hablar de Dios como si estuviera hecho a imagen del hombre, como sujeto a arrebatos de enojo, ira y severidad, e incluso como vengativo y fácilmente influido por la conducta del hombre.
96:4.8Bajo las enseñanzas de Moisés, este dios tribal de la naturaleza, Yahvé, se convirtió en el Señor Dios de Israel, que los siguió por el desierto e incluso al exilio, donde pronto se le concibió como el Dios de todos los pueblos. El cautiverio posterior que esclavizó a los judíos en Babilonia liberó finalmente al concepto de Yahvé en evolución para que asumiera el papel monoteísta del Dios de todas las naciones.
96:4.9La característica más singular y asombrosa de la historia religiosa de los hebreos se refiere a esta evolución continua del concepto de la Deidad, desde el dios primitivo del monte Horeb, a través de las enseñanzas de sus sucesivos líderes espirituales, hasta el alto nivel de desarrollo que describen las doctrinas de la Deidad de los Isaías, que proclamaron aquel magnífico concepto del Padre Creador amoroso y misericordioso.
5. Las enseñanzas de Moisés
96:5.1Moisés fue una combinación extraordinaria de líder militar, organizador social y maestro religioso. Fue el maestro y líder mundial individual más importante entre los tiempos de Machiventa y de Jesús. Moisés intentó introducir en Israel muchas reformas de las que no queda registro. En el espacio de la vida de un hombre, sacó a la horda políglota de los llamados hebreos de la esclavitud y del vagabundeo incivilizado, mientras ponía los cimientos del nacimiento posterior de una nación y de la perpetuación de una raza.
96:5.2Hay tan poco registrado de la gran obra de Moisés porque los hebreos no tenían lengua escrita en la época del éxodo. El relato de los tiempos y de los hechos de Moisés se derivó de las tradiciones que existían más de mil años después de la muerte del gran líder.
96:5.3Muchos de los avances que Moisés logró por encima de la religión de los egipcios y de las tribus levantinas circundantes se debieron a las tradiciones quenitas de la época de Melquisedec. Sin la enseñanza de Machiventa a Abraham y a sus contemporáneos, los hebreos habrían salido de Egipto en una oscuridad sin esperanza. Moisés y su suegro, Jetro, reunieron los restos de las tradiciones de los días de Melquisedec, y estas enseñanzas, unidas al saber de los egipcios, guiaron a Moisés en la creación de la religión y el ritual mejorados de los israelitas. Moisés era un organizador; seleccionó lo mejor de la religión y de los mores de Egipto y de Palestina y, asociando estas prácticas con las tradiciones de las enseñanzas de Melquisedec, organizó el sistema ceremonial hebreo de adoración.
96:5.4Moisés creía en la Providencia; se había contaminado por completo de las doctrinas de Egipto acerca del control sobrenatural del Nilo y de los demás elementos de la naturaleza. Tenía una gran visión de Dios, pero era completamente sincero cuando enseñaba a los hebreos que, si obedecían a Dios, «Él los amará, los bendecirá y los multiplicará. Multiplicará el fruto de su vientre y el fruto de su tierra — el grano, el vino, el aceite y sus rebaños. Prosperarán más que todos los pueblos, y el Señor su Dios quitará de ustedes toda enfermedad y no pondrá sobre ustedes ninguna de las malas enfermedades de Egipto». Incluso dijo: «Acuérdense del Señor su Dios, porque es él quien les da el poder de obtener riqueza». «Prestarán a muchas naciones, pero no pedirán prestado. Reinarán sobre muchas naciones, pero ellas no reinarán sobre ustedes».
96:5.5Pero era verdaderamente lastimoso ver a esta gran mente de Moisés intentar adaptar su sublime concepto de El Elyon, el Altísimo, a la comprensión de los hebreos ignorantes y analfabetos. A sus líderes reunidos les proclamaba con voz de trueno: «El Señor su Dios es un solo Dios; no hay otro fuera de él»; mientras que a la multitud mezclada le declaraba: «¿Quién es como su Dios entre todos los dioses?». Moisés hizo una resistencia valiente y en parte exitosa contra los fetiches y la idolatría, al declarar: «Ustedes no vieron ninguna semejanza el día en que su Dios les habló en Horeb desde en medio del fuego». También prohibió hacer imágenes de cualquier clase.
96:5.6Moisés temía proclamar la misericordia de Yahvé y prefería sobrecoger a su pueblo con el temor a la justicia de Dios, diciendo: «El Señor su Dios es Dios de Dioses y Señor de Señores, un Dios grande, un Dios poderoso y terrible, que no tiene en cuenta al hombre». De nuevo trató de controlar a los clanes turbulentos cuando declaró que «su Dios mata cuando ustedes lo desobedecen; sana y da vida cuando ustedes le obedecen». Pero Moisés enseñó a estas tribus que llegarían a ser el pueblo elegido de Dios solo con la condición de que «guardaran todos sus mandamientos y obedecieran todos sus estatutos».
96:5.7Se enseñó poco de la misericordia de Dios a los hebreos durante estos primeros tiempos. Conocieron a Dios como «el Todopoderoso; el Señor es un hombre de guerra, Dios de batallas, glorioso en poder, que despedaza a sus enemigos». «El Señor su Dios anda en medio del campamento para librarlos». Los israelitas pensaban en su Dios como alguien que los amaba, pero que también «endureció el corazón del faraón» y «maldijo a sus enemigos».
96:5.8Aunque Moisés presentó a los hijos de Israel visiones fugaces de una Deidad universal y benéfica, en conjunto, su concepto cotidiano de Yahvé era el de un Dios apenas un poco mejor que los dioses tribales de los pueblos vecinos. Su concepto de Dios era primitivo, tosco y antropomórfico; cuando Moisés falleció, estas tribus beduinas volvieron pronto a las ideas semibárbaras de sus antiguos dioses del Horeb y del desierto. La visión ampliada y más sublime de Dios que Moisés presentaba de vez en cuando a sus líderes pronto se perdió de vista, mientras que la mayor parte del pueblo se volvió a la adoración de sus becerros de oro fetiches, el símbolo de Yahvé de los pastores palestinos.
96:5.9Cuando Moisés entregó el mando de los hebreos a Josué, ya había reunido a miles de descendientes colaterales de Abraham, de Nacor, de Lot y de otras tribus emparentadas, y con mano firme los había convertido en una nación autosuficiente y en parte autorregulada de guerreros pastores.
6. El concepto de Dios después de la muerte de Moisés
96:6.1A la muerte de Moisés, su elevado concepto de Yahvé se deterioró rápidamente. Josué y los líderes de Israel siguieron abrigando las tradiciones mosaicas del Dios omnisapiente, benéfico y todopoderoso, pero el pueblo común volvió rápidamente a la idea más antigua de Yahvé propia del desierto. Y esta deriva hacia atrás del concepto de la Deidad continuó cada vez más bajo el gobierno sucesivo de los diversos jeques tribales, los llamados Jueces.
96:6.2El influjo de la extraordinaria personalidad de Moisés había mantenido viva en el corazón de sus seguidores la inspiración de un concepto de Dios cada vez más amplio; pero una vez que llegaron a las tierras fértiles de Palestina, pasaron rápidamente de pastores nómadas a agricultores asentados y algo sosegados. Y esta evolución de las prácticas de vida y este cambio de punto de vista religioso exigieron un cambio más o menos completo en el carácter de su concepción de la naturaleza de su Dios, Yahvé. Durante los tiempos en que comenzó la transmutación del austero, tosco, exigente y atronador dios del desierto del Sinaí en el concepto posterior de un Dios de amor, de justicia y de misericordia, los hebreos casi perdieron de vista las elevadas enseñanzas de Moisés. Estuvieron a punto de perder todo concepto de monoteísmo; casi perdieron su oportunidad de llegar a ser el pueblo que serviría de eslabón vital en la evolución espiritual de Urantia, el grupo que conservaría la enseñanza de Melquisedec de un solo Dios hasta los tiempos de la encarnación de un Hijo de otorgamiento de ese Padre de todos.
96:6.3Josué trató desesperadamente de mantener el concepto de un Yahvé supremo en la mente de los miembros de las tribus, y mandó proclamar: «Como estuve con Moisés, así estaré con ustedes; no les fallaré ni los abandonaré». Josué consideró necesario predicar un evangelio severo a su pueblo incrédulo, un pueblo demasiado dispuesto a creer en su antigua religión nativa, pero no dispuesto a avanzar en la religión de la fe y la rectitud. El tema central de la enseñanza de Josué llegó a ser: «Yahvé es un Dios santo; es un Dios celoso; no perdonará sus transgresiones ni sus pecados». El concepto más elevado de esta era representaba a Yahvé como un «Dios de poder, de juicio y de justicia».
96:6.4Pero incluso en esta era oscura, de vez en cuando surgía un maestro solitario que proclamaba el concepto mosaico de la divinidad: «Ustedes, hijos de la maldad, no pueden servir al Señor, porque él es un Dios santo». «¿Será el hombre mortal más justo que Dios?, ¿será un hombre más puro que su Hacedor?». «¿Puedes tú, buscando, descubrir a Dios? ¿Puedes descubrir al Todopoderoso hasta la perfección? Mira, Dios es grande y no lo conocemos. En cuanto al Todopoderoso, no podemos descubrirlo».
7. Los Salmos y el Libro de Job
96:7.1Bajo la dirección de sus jeques y sacerdotes, los hebreos se establecieron de forma poco firme en Palestina. Pero pronto volvieron a las creencias atrasadas del desierto y se contaminaron con las prácticas religiosas cananeas menos avanzadas. Se volvieron idólatras y licenciosos, y su idea de la Deidad cayó muy por debajo de los conceptos egipcios y mesopotámicos de Dios que mantenían ciertos grupos sobrevivientes de Salem, y que están registrados en algunos de los Salmos y en el llamado Libro de Job.
96:7.2Los Salmos son obra de una veintena o más de autores; muchos fueron escritos por maestros egipcios y mesopotámicos. Durante estos tiempos en que el Levante adoraba a dioses de la naturaleza, había todavía un buen número de personas que creían en la supremacía de El Elyon, el Altísimo.
96:7.3Ninguna colección de escritos religiosos expresa tal riqueza de devoción y de ideas inspiradoras sobre Dios como el Libro de los Salmos. Y sería muy útil si, al leer esta maravillosa colección de literatura de adoración, se pudiera tener en cuenta el origen y la cronología de cada himno de alabanza y adoración por separado, teniendo presente que ninguna otra colección por sí sola abarca un período de tiempo tan grande. Este Libro de los Salmos es el registro de los diversos conceptos de Dios que sostuvieron los creyentes de la religión de Salem en todo el Levante, y abarca todo el período desde Amenemope hasta Isaías. En los Salmos se describe a Dios en todas las fases de su concepción, desde la idea tosca de una deidad tribal hasta el ideal enormemente ampliado de los hebreos posteriores, en el que Yahvé se representa como un gobernante amoroso y un Padre misericordioso.
96:7.4Y considerado de este modo, este grupo de Salmos constituye la colección más valiosa y útil de sentimientos devocionales que el hombre haya reunido jamás hasta los tiempos del siglo XX. El espíritu de adoración de esta colección de himnos trasciende el de todos los demás libros sagrados del mundo.
96:7.5La imagen variada de la Deidad que presenta el Libro de Job fue el producto de más de una veintena de maestros religiosos mesopotámicos a lo largo de un período de casi trescientos años. Y cuando ustedes lean el elevado concepto de la divinidad que se encuentra en esta recopilación de creencias mesopotámicas, reconocerán que fue en las cercanías de Ur de Caldea donde mejor se conservó la idea de un Dios real durante los días oscuros de Palestina.
96:7.6En Palestina se captaba a menudo la sabiduría de Dios y su presencia que todo lo penetra, pero rara vez su amor y su misericordia. El Yahvé de estos tiempos «envía espíritus malignos a dominar el alma de sus enemigos»; hace prosperar a sus hijos propios y obedientes, mientras que maldice y envía juicios terribles sobre todos los demás. «Frustra los designios de los astutos; atrapa a los sabios en su propio engaño».
96:7.7Solo en Ur se alzó una voz para proclamar la misericordia de Dios, diciendo: «Orará a Dios y hallará favor ante él y verá su rostro con gozo, porque Dios dará al hombre la rectitud divina». Así, desde Ur se predica la salvación, el favor divino, por la fe: «Él es clemente con el arrepentido y dice: “Líbralo de descender a la fosa, porque he hallado un rescate”. Si alguno dice: “He pecado y he pervertido lo que era recto, y no me aprovechó”, Dios librará su alma de ir a la fosa, y él verá la luz». Desde los tiempos de Melquisedec, el mundo levantino no había oído un mensaje de salvación humana tan sonoro y alentador como esta extraordinaria enseñanza de Eliú, el profeta de Ur y sacerdote de los creyentes de Salem, es decir, del remanente de la antigua colonia de Melquisedec en Mesopotamia.
96:7.8Y así, los restos de los misioneros de Salem en Mesopotamia mantuvieron la luz de la verdad durante el período de desorganización de los pueblos hebreos, hasta la aparición del primero de aquella larga línea de maestros de Israel que nunca se detuvieron mientras construían, concepto sobre concepto, hasta que alcanzaron la toma de conciencia del ideal del Padre Universal y Creador de todos, la cumbre de la evolución del concepto de Yahvé.
96:7.9[Presentado por un Melquisedec de Nebadon.]