Parte I · Documento 20

Los Hijos de Dios del Paraíso

20:0.1SEGÚN funcionan en el superuniverso de Orvonton, los Hijos de Dios se clasifican en tres grupos generales:

20:0.21. Los Hijos de Dios descendentes.

20:0.32. Los hijos de Dios ascendentes.

20:0.43. Los Hijos Trinitizados de Dios.

20:0.5Las órdenes descendentes de filiación incluyen personalidades de creación directa y divina. Los hijos ascendentes, como las criaturas mortales, alcanzan esta condición mediante su participación experiencial en la técnica creadora conocida como evolución. Los Hijos Trinitizados son un grupo de origen compuesto que incluye a todos los seres abrazados por la Trinidad del Paraíso, aunque no sean de origen directo en la Trinidad.

1. Los Hijos de Dios descendentes

20:1.1Todos los Hijos de Dios descendentes tienen orígenes elevados y divinos. Están dedicados al ministerio descendente de servicio en los mundos y sistemas del tiempo y del espacio, para facilitar allí el progreso, en el ascenso al Paraíso, de las humildes criaturas de origen evolutivo—los hijos de Dios ascendentes. De las numerosas órdenes de Hijos descendentes, siete se describirán en estas narraciones. Los Hijos que proceden de las Deidades en la Isla central de Luz y Vida se llaman Hijos de Dios del Paraíso y comprenden las tres órdenes siguientes:

20:1.21. Hijos Creadores—los Migueles.

20:1.32. Hijos Magistrados—los Avonales.

20:1.43. Hijos Instructores de la Trinidad—los Daynales.

20:1.5Las cuatro órdenes restantes de filiación descendente se conocen como Hijos de Dios del Universo Local:

20:1.64. Hijos Melquisedec.

20:1.75. Hijos Vorondadek.

20:1.86. Hijos Lanonandek.

20:1.97. Los Portadores de Vida.

20:1.10Los Melquisedecs son la descendencia conjunta de un Hijo Creador de un universo local, del Espíritu Creativo y del Padre Melquisedec. Tanto los Vorondadeks como los Lanonandeks son traídos a la existencia por un Hijo Creador y su Espíritu Creativo asociado. Los Vorondadeks son más conocidos como los Altísimos, los Padres de las Constelaciones; los Lanonandeks, como Soberanos de Sistema y como Príncipes Planetarios. La triple orden de los Portadores de Vida es traída a la existencia por un Hijo Creador y el Espíritu Creativo en asociación con uno de los tres Ancianos de Días del superuniverso que tiene la jurisdicción. Pero la naturaleza y las actividades de estos Hijos de Dios del Universo Local se describen con más propiedad en los documentos que tratan de los asuntos de las creaciones locales.

20:1.11Los Hijos de Dios del Paraíso tienen un triple origen: los Hijos primarios, o Creadores, son traídos a la existencia por el Padre Universal y el Hijo Eterno; los Hijos secundarios, o Magistrados, son hijos del Hijo Eterno y del Espíritu Infinito; los Hijos Instructores de la Trinidad son descendencia del Padre, del Hijo y del Espíritu. Desde el punto de vista del servicio, la adoración y la súplica, los Hijos del Paraíso son como uno solo; su espíritu es uno, y su obra es idéntica en calidad y en plenitud.

20:1.12Así como las órdenes de los Días del Paraíso demostraron ser administradores divinos, así las órdenes de Hijos del Paraíso se han revelado como ministros divinos—creadores, servidores, otorgadores, jueces, instructores y reveladores de la verdad. Recorren el universo de universos desde las orillas de la Isla eterna hasta los mundos habitados del tiempo y del espacio, y realizan múltiples servicios en el universo central y en los superuniversos que no se revelan en estas narraciones. Se organizan de diversas maneras, según la naturaleza y el lugar de su servicio, pero en un universo local tanto los Hijos Magistrados como los Hijos Instructores sirven bajo la dirección del Hijo Creador que preside ese dominio.

20:1.13Los Hijos Creadores parecen poseer una dotación espiritual centrada en su persona, que ellos controlan y que pueden otorgar, como lo hizo el Hijo Creador de ustedes cuando derramó su espíritu sobre toda carne mortal en Urantia. Cada Hijo Creador está dotado de este poder de atracción espiritual en su propio reino; tiene conciencia personal de cada acto y de cada emoción de cada Hijo de Dios descendente que sirve en su dominio. Este es un reflejo divino, una réplica en el universo local, de aquel poder absoluto de atracción espiritual del Hijo Eterno que le permite extenderse para establecer y mantener contacto con todos sus Hijos del Paraíso, dondequiera que estén en todo el universo de universos.

20:1.14Los Hijos Creadores del Paraíso no solo sirven como Hijos en sus ministraciones descendentes de servicio y de otorgamiento, sino que, cuando han completado sus carreras de otorgamiento, cada uno funciona como Padre de universo en su propia creación, mientras los otros Hijos de Dios continúan el servicio de otorgamiento y de elevación espiritual destinado a ganar los planetas, uno por uno, para el reconocimiento voluntario del gobierno amoroso del Padre Universal, que culmina en la consagración de la criatura a la voluntad del Padre del Paraíso y en la lealtad planetaria a la soberanía de su Hijo Creador sobre el universo.

20:1.15En un Hijo Creador séptuple, el Creador y la criatura se funden para siempre en una asociación comprensiva, compasiva y misericordiosa. Toda la orden de Miguel, los Hijos Creadores, es tan singular que el estudio de su naturaleza y de sus actividades se reservará para el próximo documento de esta serie, mientras que esta narración tratará principalmente de las dos órdenes restantes de filiación del Paraíso: los Hijos Magistrados y los Hijos Instructores de la Trinidad.

2. Los Hijos Magistrados

20:2.1Cada vez que un concepto original y absoluto de ser, formulado por el Hijo Eterno, se une con un ideal nuevo y divino de servicio amoroso, concebido por el Espíritu Infinito, se produce un Hijo de Dios nuevo y original, un Hijo Magistrado del Paraíso. Estos Hijos constituyen la orden de los Avonales, a diferencia de la orden de Miguel, los Hijos Creadores. Aunque no son creadores en el sentido personal, están estrechamente asociados con los Migueles en toda su obra. Los Avonales son ministros y jueces planetarios, los magistrados de los reinos del tiempo-espacio—de todas las razas, para todos los mundos y en todos los universos.

20:2.2Tenemos razones para creer que el número total de Hijos Magistrados en el gran universo es de unos mil millones. Son una orden autónoma, dirigida por su consejo supremo en el Paraíso, que está compuesto por Avonales experimentados procedentes de los servicios de todos los universos. Pero cuando se les asigna a un universo local y se les da un cometido en él, sirven bajo la dirección del Hijo Creador de ese dominio.

20:2.3Los Avonales son los Hijos del Paraíso de servicio y de otorgamiento a los planetas individuales de los universos locales. Y puesto que cada Hijo Avonal tiene una personalidad exclusiva, puesto que no hay dos iguales, su obra es individualmente única en los reinos de su estancia, donde a menudo se encarnan a semejanza de la carne mortal y a veces nacen de madres terrenales en los mundos evolutivos.

20:2.4Además de sus servicios en los niveles administrativos superiores, los Avonales tienen una triple función en los mundos habitados:

20:2.51. Acciones judiciales. Actúan al cierre de las dispensaciones planetarias. Con el tiempo, decenas—cientos—de tales misiones pueden llevarse a cabo en cada mundo individual, y pueden ir a los mismos mundos o a otros un sinnúmero de veces como finalizadores de dispensaciones, liberadores de los supervivientes dormidos.

20:2.62. misiones de magistratura. Una visita planetaria de este tipo suele ocurrir antes de la llegada de un Hijo de otorgamiento. En una misión así, un Avonal aparece como un adulto del reino mediante una técnica de encarnación que no implica el nacimiento mortal. Después de esta primera y habitual visita de magistratura, los Avonales pueden servir repetidamente en calidad de magistrado en el mismo planeta, tanto antes como después de la aparición del Hijo de otorgamiento. En estas misiones de magistratura adicionales, un Avonal puede aparecer o no en forma material y visible, pero en ninguna de ellas nacerá en el mundo como un bebé indefenso.

20:2.73. Misiones de otorgamiento. Todos los Hijos Avonales, al menos una vez, se otorgan a alguna raza mortal en algún mundo evolutivo. Las visitas judiciales son numerosas, las misiones de magistratura pueden ser varias, pero en cada planeta aparece un solo Hijo de otorgamiento. Los Avonales de otorgamiento nacen de mujer, así como Miguel de Nebadon se encarnó en Urantia.

20:2.8No hay límite al número de veces que los Hijos Avonales pueden servir en misiones de magistratura y en misiones de otorgamiento, pero por lo general, cuando la experiencia se ha recorrido siete veces, hay una suspensión en favor de quienes han tenido menos servicio de este tipo. Estos Hijos de experiencia múltiple de otorgamiento se asignan entonces al alto consejo personal de un Hijo Creador, y pasan así a participar en la administración de los asuntos del universo.

20:2.9En toda su obra para los mundos habitados y en ellos, los Hijos Magistrados reciben la ayuda de dos órdenes de criaturas del universo local, los Melquisedecs y los arcángeles, mientras que en las misiones de otorgamiento también los acompañan las Brillantes Estrellas Vespertinas, igualmente originarias de las creaciones locales. En todo esfuerzo planetario, los Hijos secundarios del Paraíso, los Avonales, cuentan con el respaldo de todo el poder y la autoridad de un Hijo primario del Paraíso, el Hijo Creador de su universo local de servicio. A todos los efectos, su obra en las esferas habitadas es tan eficaz y aceptable como lo habría sido el servicio de un Hijo Creador en tales mundos de habitación mortal.

3. Acciones judiciales

20:3.1Por ser los altos magistrados de los reinos, quienes juzgan las dispensaciones sucesivas de los mundos del tiempo, a los Avonales se les conoce como Hijos Magistrados. Su función es presidir el despertar de los supervivientes dormidos, someter el reino a juicio, poner fin a una dispensación de justicia en suspenso, ejecutar los mandatos de una era de misericordia a prueba y asignar de nuevo a las criaturas del espacio que sirven en el ministerio planetario a las tareas de la nueva dispensación; una vez cumplida su misión, vuelven a la sede de su universo local.

20:3.2Cuando juzgan los destinos de una era, los Avonales decretan la suerte de las razas evolutivas, pero, aunque pueden dictar sentencias que extinguen la identidad de criaturas personales, no ejecutan tales sentencias. Los veredictos de esta naturaleza solo los ejecutan las autoridades de un superuniverso.

20:3.3La llegada de un Avonal del Paraíso a un mundo evolutivo con el fin de terminar una dispensación y de inaugurar una nueva era de progresión planetaria no es necesariamente una misión de magistratura ni una misión de otorgamiento. Las misiones de magistratura a veces, y las misiones de otorgamiento siempre, son encarnaciones; es decir, en tales encargos los Avonales sirven en un planeta en forma material—literalmente. Sus otras visitas son «técnicas», y en esta calidad un Avonal no se encarna para el servicio planetario. Si un Hijo Magistrado viene solo como juez dispensacional, llega a un planeta como un ser espiritual, invisible para las criaturas materiales del reino. Tales visitas técnicas ocurren repetidamente en la larga historia de un mundo habitado.

20:3.4Los Hijos Avonales pueden actuar como jueces planetarios antes de las experiencias de magistratura y de otorgamiento. En cualquiera de estas misiones, sin embargo, el Hijo encarnado juzgará la era planetaria que concluye; lo mismo hace un Hijo Creador cuando se encarna en una misión de otorgamiento a semejanza de la carne mortal. Cuando un Hijo del Paraíso visita un mundo evolutivo y se hace como uno de sus habitantes, su presencia termina una dispensación y constituye un juicio del reino.

4. misiones de magistratura

20:4.1Antes de la aparición planetaria de un Hijo de otorgamiento, un mundo habitado suele recibir la visita de un Avonal del Paraíso en una misión de magistratura. Si es una visita de magistratura inicial, el Avonal siempre se encarna como un ser material. Aparece en el planeta asignado como un varón plenamente formado de las razas mortales, un ser plenamente visible para las criaturas mortales de su época y generación, y en contacto físico con ellas. Durante toda una encarnación de magistratura, la conexión del Hijo Avonal con las fuerzas espirituales locales y universales es completa e ininterrumpida.

20:4.2Un planeta puede tener muchas visitas de magistratura, tanto antes como después de la aparición de un Hijo de otorgamiento. Puede recibir muchas veces la visita del mismo Avonal o de otros, que actúan como jueces dispensacionales, pero tales misiones técnicas de juicio no son de otorgamiento ni de magistratura, y los Avonales nunca se encarnan en esas ocasiones. Incluso cuando un planeta tiene la bendición de repetidas misiones de magistratura, los Avonales no siempre se someten a la encarnación mortal; y cuando sirven a semejanza de la carne mortal, siempre aparecen como seres adultos del reino; no nacen de mujer.

20:4.3Cuando se encarnan en misiones de otorgamiento o en misiones de magistratura, los Hijos del Paraíso tienen Ajustadores experimentados, y estos Ajustadores son diferentes para cada encarnación. Los Ajustadores que ocupan la mente de los Hijos de Dios encarnados nunca pueden esperar la personalidad mediante la fusión con los seres humano-divinos en quienes moran, pero a menudo el Padre Universal los personaliza por decreto. Tales Ajustadores forman el consejo supremo de dirección de Divinington para la administración, la identificación y el envío de los Monitores de Misterio a los reinos habitados. También reciben y acreditan a los Ajustadores a su regreso al «seno del Padre» tras la disolución mortal de sus tabernáculos terrenales. De esta manera, los Ajustadores fieles de los jueces de los mundos llegan a ser los jefes exaltados de su clase.

20:4.4Urantia nunca ha acogido a un Hijo Avonal en una misión de magistratura. Si Urantia hubiera seguido el plan general de los mundos habitados, habría tenido la bendición de una misión de magistratura en algún momento entre los días de Adán y el otorgamiento de Cristo Miguel. Pero la secuencia regular de los Hijos del Paraíso en el planeta de ustedes se alteró por completo con la aparición de su Hijo Creador en su otorgamiento terminal hace mil novecientos años.

20:4.5Urantia aún puede recibir la visita de un Avonal comisionado para encarnarse en una misión de magistratura, pero en cuanto a la aparición futura de Hijos del Paraíso, ni siquiera «los ángeles del cielo conocen el momento ni la manera de tales visitas», porque un mundo de otorgamiento de Miguel se convierte en el pupilo individual y personal de un Hijo Maestro y, como tal, está totalmente sujeto a sus propios planes y decisiones. Y en el caso del mundo de ustedes, esto se complica aún más por la promesa de Miguel de volver. Sean cuales sean los malentendidos sobre la estancia urantiana de Miguel de Nebadon, una cosa es ciertamente auténtica—su promesa de regresar al mundo de ustedes. En vista de esta perspectiva, solo el tiempo puede revelar el orden futuro de las visitas de los Hijos de Dios del Paraíso a Urantia.

5. El otorgamiento de los Hijos de Dios del Paraíso

20:5.1El Hijo Eterno es la Palabra eterna de Dios. El Hijo Eterno es la expresión perfecta del «primer» pensamiento absoluto e infinito de su Padre eterno. Cuando una réplica personal o extensión divina de este Hijo Original emprende una misión de otorgamiento de encarnación mortal, se vuelve literalmente cierto que la divina «Palabra se hace carne», y que la Palabra mora así entre los humildes seres de origen animal.

20:5.2En Urantia existe la creencia muy extendida de que el propósito del otorgamiento de un Hijo es, de alguna manera, influir en la actitud del Padre Universal. Pero la iluminación que ustedes tienen debería mostrarles que esto no es cierto. Los otorgamientos de los Hijos Avonales y de los Hijos Miguel son una parte necesaria del proceso experiencial destinado a hacer de estos Hijos magistrados y gobernantes fiables y comprensivos de los pueblos y planetas del tiempo y del espacio. La carrera de otorgamiento séptuple es la meta suprema de todos los Hijos Creadores del Paraíso. Y a todos los Hijos Magistrados los mueve este mismo espíritu de servicio que tan abundantemente caracteriza a los Hijos Creadores primarios y al Hijo Eterno del Paraíso.

20:5.3Un Hijo del Paraíso de alguna orden debe otorgarse a cada mundo habitado por mortales para que los Ajustadores del Pensamiento puedan morar en la mente de todos los seres humanos normales de esa esfera, porque los Ajustadores no vienen a todos los seres humanos genuinos hasta que el Espíritu de la Verdad ha sido derramado sobre toda carne; y el envío del Espíritu de la Verdad depende del regreso a la sede del universo de un Hijo del Paraíso que ha ejecutado con éxito una misión de otorgamiento mortal en un mundo en evolución.

20:5.4En el curso de la larga historia de un planeta habitado tendrán lugar muchos juicios dispensacionales, y puede haber más de una misión de magistratura, pero de ordinario un Hijo de otorgamiento servirá en la esfera una sola vez. Solo se requiere que cada mundo habitado tenga un Hijo de otorgamiento que venga a vivir la vida mortal completa, desde el nacimiento hasta la muerte. Tarde o temprano, sea cual sea su estado espiritual, todo mundo habitado por mortales está destinado a acoger a un Hijo Magistrado en una misión de otorgamiento, excepto el único planeta de cada universo local en el que un Hijo Creador elige hacer su otorgamiento mortal.

20:5.5Al comprender más sobre los Hijos de otorgamiento, ustedes disciernen por qué tanto interés se concentra en Urantia en la historia de Nebadon. Su pequeño e insignificante planeta interesa al universo local simplemente porque es el mundo natal mortal de Jesús de Nazaret. Fue el escenario del otorgamiento final y triunfante del Hijo Creador de ustedes, la arena en la que Miguel ganó la soberanía personal suprema del universo de Nebadon.

20:5.6En la sede de su universo local, un Hijo Creador, en especial después de completar su propio otorgamiento mortal, dedica gran parte de su tiempo a aconsejar e instruir al colegio de Hijos asociados, los Hijos Magistrados y otros. Con amor y devoción, con tierna misericordia y afectuosa consideración, estos Hijos Magistrados se otorgan a los mundos del espacio. Y de ningún modo son estos servicios planetarios inferiores a los otorgamientos mortales de los Migueles. Es cierto que el Hijo Creador de ustedes eligió, como reino de su aventura final en la experiencia de criatura, uno que había sufrido desgracias inusuales. Pero ningún planeta podría jamás estar en un estado tal que requiriera el otorgamiento de un Hijo Creador para lograr su rehabilitación espiritual. Cualquier Hijo del grupo de otorgamiento habría bastado igualmente, porque en toda su obra en los mundos de un universo local los Hijos Magistrados son tan divinamente eficaces y tan sabios en todo como lo habría sido su hermano del Paraíso, el Hijo Creador.

20:5.7Aunque la posibilidad del desastre siempre acompaña a estos Hijos del Paraíso durante sus encarnaciones de otorgamiento, todavía no he visto el registro del fracaso o del incumplimiento de un Hijo Magistrado o de un Hijo Creador en una misión de otorgamiento. Ambos son de un origen demasiado cercano a la perfección absoluta para fracasar. En verdad asumen el riesgo, se hacen realmente como las criaturas mortales de carne y sangre y obtienen así la singular experiencia de criatura, pero, hasta donde alcanza mi observación, siempre tienen éxito. Nunca dejan de alcanzar la meta de la misión de otorgamiento. La historia de su otorgamiento y de su servicio planetario en todo Nebadon constituye el capítulo más noble y fascinante de la historia del universo local de ustedes.

6. Las carreras de otorgamiento mortal

20:6.1El método por el cual un Hijo del Paraíso se prepara para la encarnación mortal como Hijo de otorgamiento, llega a tener madre en el planeta de otorgamiento, es un misterio universal; y todo esfuerzo por descubrir el funcionamiento de esta técnica de Sonarington está condenado a un fracaso seguro. Dejen que el sublime conocimiento de la vida mortal de Jesús de Nazaret penetre en sus almas, pero no gasten ningún pensamiento en especulaciones inútiles sobre cómo se efectuó esta misteriosa encarnación de Miguel de Nebadon. Alegrémonos todos en el conocimiento y la seguridad de que tales logros son posibles para la naturaleza divina, y no perdamos tiempo en conjeturas vanas acerca de la técnica que emplea la sabiduría divina para producir tales fenómenos.

20:6.2En una misión de otorgamiento mortal, un Hijo del Paraíso siempre nace de mujer y crece como un niño varón del reino, como hizo Jesús en Urantia. Todos estos Hijos de servicio supremo pasan de la infancia, por la juventud, a la edad adulta, igual que un ser humano. En todos los aspectos se hacen como los mortales de la raza en la que nacen. Dirigen peticiones al Padre como lo hacen los hijos de los reinos en los que sirven. Desde un punto de vista material, estos Hijos humano-divinos viven vidas ordinarias con una sola excepción: no engendran descendencia en los mundos de su estancia; esa es una restricción universal impuesta a todas las órdenes de los Hijos de otorgamiento del Paraíso.

20:6.3Así como Jesús trabajó en el mundo de ustedes como el hijo del carpintero, otros Hijos del Paraíso trabajan en diversas ocupaciones en sus planetas de otorgamiento. Difícilmente podrían ustedes pensar en un oficio que no haya ejercido algún Hijo del Paraíso en el curso de su otorgamiento en alguno de los planetas evolutivos del tiempo.

20:6.4Cuando un Hijo de otorgamiento ha dominado la experiencia de vivir la vida mortal, cuando ha logrado la perfección de la sintonía con el Ajustador que mora en él, comienza entonces la parte de su misión planetaria destinada a iluminar las mentes y a inspirar las almas de sus hermanos en la carne. Como instructores, estos Hijos se dedican exclusivamente a la iluminación espiritual de las razas mortales en los mundos de su estancia.

20:6.5Las carreras de otorgamiento mortal de los Migueles y de los Avonales, aunque comparables en la mayoría de los aspectos, no son idénticas en todos: un Hijo Magistrado nunca proclama: «Quien ha visto al Hijo ha visto al Padre», como lo hizo el Hijo Creador de ustedes cuando estuvo en Urantia y en la carne. Pero un Avonal otorgado sí declara: «Quien me ha visto a mí ha visto al Hijo Eterno de Dios». Los Hijos Magistrados no descienden de forma inmediata del Padre Universal, ni se encarnan sujetos a la voluntad del Padre; siempre se otorgan como Hijos del Paraíso sujetos a la voluntad del Hijo Eterno del Paraíso.

20:6.6Cuando los Hijos de otorgamiento, Creadores o Magistrados, cruzan los portales de la muerte, reaparecen al tercer día. Pero ustedes no deben pensar que siempre tienen el trágico final que encontró el Hijo Creador que residió en el mundo de ustedes hace mil novecientos años. La experiencia extraordinaria e inusualmente cruel por la que pasó Jesús de Nazaret ha hecho que Urantia llegue a ser conocida localmente como «el mundo de la cruz». No es necesario que se dé un trato tan inhumano a un Hijo de Dios, y la gran mayoría de los planetas les han brindado una acogida más considerada, y les han permitido terminar sus carreras mortales, concluir la era, juzgar a los supervivientes dormidos e inaugurar una nueva dispensación, sin imponerles una muerte violenta. Un Hijo de otorgamiento debe encontrar la muerte, debe pasar por la totalidad de la experiencia real de los mortales de los reinos, pero el plan divino no exige que esta muerte sea violenta ni inusual.

20:6.7Cuando a los Hijos de otorgamiento no se les da muerte con violencia, ellos entregan voluntariamente la vida y cruzan los portales de la muerte, no para satisfacer las exigencias de la «justicia severa» o de la «ira divina», sino para completar el otorgamiento, para «beber la copa» de la carrera de encarnación y de experiencia personal en todo lo que constituye la vida de una criatura tal como se vive en los planetas de existencia mortal. El otorgamiento es una necesidad planetaria y universal, y la muerte física no es más que una parte necesaria de una misión de otorgamiento.

20:6.8Cuando la encarnación mortal termina, el Avonal de servicio va al Paraíso, es aceptado por el Padre Universal, regresa al universo local de su asignación y es reconocido por el Hijo Creador. Entonces el Avonal de otorgamiento y el Hijo Creador envían su Espíritu de la Verdad conjunto para que actúe en el corazón de las razas mortales que habitan en el mundo de otorgamiento. En las eras anteriores a la soberanía de un universo local, este es el espíritu conjunto de ambos Hijos, llevado a efecto por el Espíritu Creativo. Difiere un poco del Espíritu de la Verdad que caracteriza las eras del universo local que siguen al séptimo otorgamiento de un Miguel.

20:6.9Al completarse el otorgamiento final de un Hijo Creador, el Espíritu de la Verdad enviado antes a todos los mundos de otorgamiento Avonal de ese universo local cambia de naturaleza y se convierte más literalmente en el espíritu del Miguel soberano. Este fenómeno ocurre al mismo tiempo que la liberación del Espíritu de la Verdad para el servicio en el planeta del otorgamiento mortal de Miguel. Desde entonces, cada mundo honrado con un otorgamiento de magistratura recibirá del Hijo Creador séptuple, en asociación con ese Hijo Magistrado, el mismo Consolador espiritual que habría recibido si el Soberano del universo local se hubiera encarnado personalmente como su Hijo de otorgamiento.

7. Los Hijos Instructores de la Trinidad

20:7.1Estos Hijos del Paraíso, altamente personales y altamente espirituales, son traídos a la existencia por la Trinidad del Paraíso. En Havona se los conoce como la orden de los Daynales. En Orvonton están registrados como Hijos Instructores de la Trinidad, nombre que se les da por su ascendencia. En Salvington a veces se los denomina Hijos Espirituales del Paraíso.

20:7.2En número, los Hijos Instructores aumentan constantemente. La última transmisión del censo universal dio el número de estos Hijos de la Trinidad que funcionan en el universo central y en los superuniversos como algo más de veintiún mil millones, y esto sin contar las reservas del Paraíso, que incluyen más de un tercio de todos los Hijos Instructores de la Trinidad que existen.

20:7.3La orden Daynal de filiación no es una parte orgánica de las administraciones locales ni de las superuniversales. Sus miembros no son creadores ni rescatadores, ni jueces ni gobernantes. No se ocupan tanto de la administración del universo como de la iluminación moral y el desarrollo espiritual. Son los educadores universales, dedicados al despertar espiritual y a la guía moral de todos los reinos. Su ministerio está íntimamente relacionado con el de las personalidades del Espíritu Infinito y estrechamente asociado con la ascensión al Paraíso de los seres creados.

20:7.4Estos Hijos de la Trinidad participan de las naturalezas combinadas de las tres Deidades del Paraíso, pero en Havona parecen reflejar más la naturaleza del Padre Universal. En los superuniversos parecen representar la naturaleza del Hijo Eterno, mientras que en las creaciones locales parecen manifestar el carácter del Espíritu Infinito. En todos los universos son la personificación del servicio y la discreción de la sabiduría.

20:7.5A diferencia de sus hermanos del Paraíso, los Migueles y los Avonales, los Hijos Instructores de la Trinidad no reciben ninguna formación preliminar en el universo central. Se envían directamente a la sede de los superuniversos, y desde allí se les encomienda el servicio en algún universo local. En su ministerio a estos reinos evolutivos utilizan la influencia espiritual combinada de un Hijo Creador y de los Hijos Magistrados asociados, porque los Daynales no poseen por sí mismos un poder de atracción espiritual.

8. El ministerio de los Daynales en el universo local

20:8.1Los Hijos Espirituales del Paraíso son seres únicos originados en la Trinidad y las únicas criaturas de la Trinidad que están tan completamente asociadas con la conducción de los universos de doble origen. Se dedican con afecto al ministerio educativo para las criaturas mortales y para las órdenes inferiores de seres espirituales. Comienzan sus labores en los sistemas locales y, según su experiencia y sus logros, avanzan hacia el interior a través del servicio en las constelaciones hasta la obra más alta de la creación local. Una vez certificados, pueden llegar a ser embajadores espirituales que representan a los universos locales de su servicio.

20:8.2No conozco el número exacto de Hijos Instructores en Nebadon; hay muchos miles de ellos. Muchos de los jefes de departamento de las escuelas Melquisedec pertenecen a esta orden, mientras que el personal conjunto de la Universidad de Salvington, regularmente constituida, abarca a más de cien mil miembros, incluidos estos Hijos. Gran número de ellos están destinados en los diversos mundos de formación morontial, pero no se ocupan solo del progreso espiritual e intelectual de las criaturas mortales; se ocupan igualmente de la instrucción de los seres seráficos y de otros nativos de las creaciones locales. Muchos de sus ayudantes proceden de las filas de los seres trinitizados por criaturas.

20:8.3Los Hijos Instructores componen los cuerpos docentes que administran todos los exámenes y dirigen todas las pruebas para la calificación y la certificación de todas las fases subordinadas del servicio del universo, desde los deberes de los centinelas de los puestos avanzados hasta los de los estudiantes de las estrellas. Dirigen un curso de formación que dura eras, desde los cursos planetarios hasta el alto Colegio de la Sabiduría situado en Salvington. Se concede un reconocimiento indicativo del esfuerzo y del logro a todos, mortales ascendentes o querubines ambiciosos, que completan estas aventuras en sabiduría y verdad.

20:8.4En todos los universos, todos los Hijos de Dios están en deuda con estos Hijos Instructores de la Trinidad, siempre fieles y universalmente eficientes. Son los exaltados instructores de todas las personalidades de espíritu, e incluso los probados y fieles instructores de los mismos Hijos de Dios. Pero de los innumerables detalles de los deberes y funciones de los Hijos Instructores apenas puedo instruirles. El vasto dominio de las actividades de la filiación Daynal se comprenderá mejor en Urantia cuando ustedes hayan avanzado más en inteligencia, y después de que haya terminado el aislamiento espiritual del planeta de ustedes.

9. El servicio planetario de los Daynales

20:9.1Cuando el curso de los acontecimientos en un mundo evolutivo indica que ha llegado el momento oportuno para iniciar una era espiritual, los Hijos Instructores de la Trinidad siempre se ofrecen como voluntarios para este servicio. Ustedes no conocen esta orden de filiación porque Urantia nunca ha vivido una era espiritual, un milenio de iluminación cósmica. Pero los Hijos Instructores visitan ya ahora el mundo de ustedes con el propósito de formular planes acerca de su proyectada estancia en la esfera de ustedes. Les corresponderá aparecer en Urantia después de que sus habitantes hayan obtenido una liberación relativa de las cadenas del animalismo y de los grilletes del materialismo.

20:9.2Los Hijos Instructores de la Trinidad no tienen nada que ver con la terminación de las dispensaciones planetarias. No juzgan a los muertos ni trasladan a los vivos, pero en cada misión planetaria los acompaña un Hijo Magistrado que realiza estos servicios. Los Hijos Instructores se ocupan por completo de iniciar una era espiritual, del alba de la era de las realidades espirituales en un planeta evolutivo. Hacen reales las contrapartes espirituales del conocimiento material y de la sabiduría temporal.

20:9.3Los Hijos Instructores suelen permanecer en los planetas que visitan durante mil años de tiempo planetario. Un Hijo Instructor preside el reinado milenario planetario, y lo asisten setenta asociados de su orden. Los Daynales no se encarnan ni se materializan de ningún otro modo para ser visibles a los seres mortales; por eso el contacto con el mundo visitado se mantiene mediante las actividades de las Brillantes Estrellas Vespertinas, personalidades del universo local que están asociadas con los Hijos Instructores de la Trinidad.

20:9.4Los Daynales pueden regresar muchas veces a un mundo habitado, y después de su misión final el planeta entrará en el estado establecido de una esfera de luz y vida, la meta evolutiva de todos los mundos habitados por mortales de la presente era universal. El Cuerpo Mortal de los Finalitarios tiene mucho que ver con las esferas establecidas en luz y vida, y sus actividades planetarias tocan las de los Hijos Instructores. De hecho, toda la orden de filiación Daynal está íntimamente conectada con todas las fases de las actividades de los finalitarios en las creaciones evolutivas del tiempo y del espacio.

20:9.5Los Hijos Instructores de la Trinidad parecen estar tan completamente identificados con el régimen de la progresión mortal a través de las primeras etapas de la ascensión evolutiva que a menudo nos vemos llevados a especular sobre su posible asociación con los finalitarios en la carrera no revelada de los universos futuros. Observamos que los administradores de los superuniversos son en parte personalidades originadas en la Trinidad y en parte criaturas evolutivas ascendentes abrazadas por la Trinidad. Creemos firmemente que los Hijos Instructores y los finalitarios están ahora ocupados en adquirir la experiencia de la asociación en el tiempo, que puede ser la formación preliminar para prepararlos para una asociación estrecha en algún destino futuro no revelado. En Uversa creemos que, cuando los superuniversos estén finalmente establecidos en luz y vida, estos Hijos Instructores del Paraíso, que han llegado a conocer tan a fondo los problemas de los mundos evolutivos y que han estado asociados tanto tiempo con la carrera de los mortales evolutivos, serán probablemente transferidos a una asociación eterna con el Cuerpo de los Finalitarios del Paraíso.

10. El ministerio unido de los Hijos del Paraíso

20:10.1Todos los Hijos de Dios del Paraíso son divinos en origen y en naturaleza. La obra de cada Hijo del Paraíso en favor de cada mundo es exactamente como si el Hijo de servicio fuera el primero y único Hijo de Dios.

20:10.2Los Hijos del Paraíso son la presentación divina de las naturalezas activas de las tres personas de la Deidad a los dominios del tiempo y del espacio. Los Hijos Creadores, Magistrados e Instructores son los dones de las Deidades eternas a los hijos de los hombres y a todas las demás criaturas del universo con potencial de ascensión. Estos Hijos de Dios son los ministros divinos que se dedican sin cesar a la obra de ayudar a las criaturas del tiempo a alcanzar la alta meta espiritual de la eternidad.

20:10.3En los Hijos Creadores el amor del Padre Universal se funde con la misericordia del Hijo Eterno y se manifiesta a los universos locales en el poder creador, el ministerio amoroso y la soberanía comprensiva de los Migueles. En los Hijos Magistrados la misericordia del Hijo Eterno, unida al ministerio del Espíritu Infinito, se revela a los dominios evolutivos en las carreras de estos Avonales de juicio, servicio y otorgamiento. En los Hijos Instructores de la Trinidad el amor, la misericordia y el ministerio de las tres Deidades del Paraíso se coordinan en los niveles de valor más altos del tiempo-espacio y se presentan a los universos como verdad viva, bondad divina y verdadera belleza espiritual.

20:10.4En los universos locales estas órdenes de filiación colaboran para efectuar la revelación de las Deidades del Paraíso a las criaturas del espacio: como Padre de un universo local, un Hijo Creador representa el carácter infinito del Padre Universal. Como Hijos de otorgamiento de misericordia, los Avonales revelan la naturaleza incomparable del Hijo Eterno de compasión infinita. Como verdaderos instructores de las personalidades ascendentes, los Hijos Daynales de la Trinidad manifiestan la personalidad instructora del Espíritu Infinito. En su cooperación divinamente perfecta, los Migueles, los Avonales y los Daynales contribuyen a la realización en acto y a la revelación de la personalidad y la soberanía de Dios el Supremo en los universos del tiempo-espacio y para ellos. En la armonía de sus actividades trinas, estos Hijos de Dios del Paraíso funcionan siempre en la vanguardia de las personalidades de la Deidad, mientras siguen la expansión sin fin de la divinidad de la Primera Gran Fuente y Centro desde la Isla sempiterna del Paraíso hacia las profundidades desconocidas del espacio.

20:10.5[Presentado por un Perfeccionador de la Sabiduría de Uversa.]

Documento 20

Los Hijos de Dios del Paraíso