Parte I · Documento 21

Los Hijos Creadores del Paraíso

21:0.1LOS Hijos Creadores son los hacedores y gobernantes de los universos locales del tiempo y del espacio. Estos creadores y soberanos de los universos tienen un doble origen y encarnan las características de Dios el Padre y de Dios el Hijo. Pero cada Hijo Creador es distinto de todos los demás; cada uno es único tanto en naturaleza como en personalidad; cada uno es el «Hijo unigénito» del ideal perfecto de deidad de su origen.

21:0.2En la vasta obra de organizar, hacer evolucionar y perfeccionar un universo local, estos altos Hijos gozan siempre de la aprobación sustentadora del Padre Universal. La relación de los Hijos Creadores con su Padre del Paraíso es conmovedora y superlativa. Sin duda, el profundo afecto de las Deidades progenitoras por su progenie divina es la fuente de ese amor hermoso y casi divino que incluso los padres mortales sienten por sus hijos.

21:0.3Estos Hijos primarios del Paraíso se personalizan como Migueles. Cuando salen del Paraíso para fundar sus universos, se los conoce como Migueles Creadores. Cuando se establecen en la autoridad suprema, se los llama Migueles Maestros. A veces nos referimos al soberano de su universo de Nebadon como Cristo Miguel. Siempre y para siempre reinan según el «orden de Miguel», pues esa es la designación del primer Hijo de su orden y naturaleza.

21:0.4El Miguel original o primogénito nunca ha experimentado la encarnación como ser material, pero siete veces pasó por la experiencia del ascenso de las criaturas espirituales en los siete circuitos de Havona, y avanzó desde las esferas exteriores hasta el circuito más interior de la creación central. El orden de Miguel conoce el gran universo de un extremo al otro; no hay ninguna experiencia esencial de ninguno de los hijos del tiempo y del espacio en la que los Migueles no hayan participado personalmente; de hecho, participan no solo de la naturaleza divina, sino también de la naturaleza de ustedes, es decir, de todas las naturalezas, desde la más alta hasta la más baja.

21:0.5El Miguel original es el jefe que preside a los Hijos primarios del Paraíso cuando se reúnen en conferencia en el centro de todas las cosas. No hace mucho, en Uversa, registramos una transmisión universal de un cónclave extraordinario en la Isla eterna, de ciento cincuenta mil Hijos Creadores reunidos en la presencia parental y ocupados en deliberaciones relativas al progreso de la unificación y la estabilización del universo de universos. Era un grupo selecto de Migueles Soberanos, Hijos de otorgamiento séptuple.

1. Origen y naturaleza de los Hijos Creadores

21:1.1Cuando la plenitud de la ideación espiritual absoluta en el Hijo Eterno se encuentra con la plenitud del concepto absoluto de personalidad en el Padre Universal, cuando tal unión creadora se alcanza por fin y por completo, cuando se producen tal identidad absoluta de espíritu y tal unidad infinita de concepto de personalidad, entonces, en ese mismo momento y lugar, sin que ninguna de las dos Deidades infinitas pierda nada de personalidad ni de prerrogativa, surge como un destello, plenamente formado, un nuevo y original Hijo Creador, el Hijo unigénito del ideal perfecto y de la idea poderosa cuya unión produce esta nueva personalidad creadora de poder y perfección.

21:1.2Cada Hijo Creador es el vástago unigénito y el único engendrable de la unión perfecta de los conceptos originales de las dos mentes infinitas, eternas y perfectas de los Creadores siempre existentes del universo de universos. Nunca puede haber otro Hijo así, porque cada Hijo Creador es la expresión y la encarnación incondicionada, acabada y final de todo lo que hay en cada fase de cada rasgo de cada posibilidad de cada realidad divina que pudiera jamás, a lo largo de toda la eternidad, encontrarse en esos potenciales creadores divinos que se unieron para traer a la existencia a este Hijo Miguel, o expresarse por ellos, o evolucionar a partir de ellos. Cada Hijo Creador es el absoluto de los conceptos de deidad unidos que constituyen su origen divino.

21:1.3Las naturalezas divinas de estos Hijos Creadores derivan, en principio, por igual de los atributos de ambos progenitores del Paraíso. Todos participan de la plenitud de la naturaleza divina del Padre Universal y de las prerrogativas creadoras del Hijo Eterno, pero cuando observamos cómo se desarrollan en la práctica las funciones de los Migueles en los universos, discernimos diferencias aparentes. Algunos Hijos Creadores parecen más semejantes a Dios el Padre; otros, más semejantes a Dios el Hijo. Por ejemplo: la tendencia de la administración en el universo de Nebadon sugiere que su Hijo Creador y gobernante es uno cuya naturaleza y carácter se parecen más a los del Hijo Madre Eterno. Hay que añadir además que algunos universos están presididos por Migueles del Paraíso que parecen asemejarse por igual a Dios el Padre y a Dios el Hijo. Y estas observaciones no implican en ningún sentido una crítica; son simplemente el registro de un hecho.

21:1.4No sé el número exacto de Hijos Creadores que existen, pero tengo buenas razones para creer que son más de setecientos mil. Ahora bien, sabemos que hay exactamente setecientas mil Uniones de Días y que no se crean más. Observamos también que los planes ordenados de la presente era universal parecen indicar que una Unión de Días ha de tener su puesto en cada universo local como embajador consejero de la Trinidad. Notamos además que el número de Hijos Creadores, en constante aumento, ya supera el número fijo de las Uniones de Días. Pero acerca del destino de los Migueles que pasen de setecientos mil, nunca se nos ha informado.

2. Los creadores de los universos locales

21:2.1Los Hijos del Paraíso del orden primario son los diseñadores, creadores, constructores y administradores de sus respectivos dominios, los universos locales del tiempo y del espacio, las unidades creativas básicas de los siete superuniversos evolutivos. A un Hijo Creador se le permite elegir el lugar del espacio de su futura actividad cósmica, pero antes de que pueda comenzar siquiera la organización física de su universo, debe pasar un largo período de observación dedicado al estudio de los esfuerzos de sus hermanos mayores en diversas creaciones situadas en el superuniverso donde proyecta actuar. Y antes de todo esto, el Hijo Miguel habrá completado su larga y singular experiencia de observación en el Paraíso y de formación en Havona.

21:2.2Cuando un Hijo Creador parte del Paraíso para emprender la aventura de hacer un universo, para llegar a ser la cabeza —prácticamente el Dios— del universo local que él mismo organiza, entonces, por primera vez, se encuentra en contacto íntimo con la Tercera Fuente y Centro y, en muchos aspectos, en dependencia de ella. El Espíritu Infinito, aunque mora con el Padre y el Hijo en el centro de todas las cosas, está destinado a funcionar como el ayudante real y efectivo de cada Hijo Creador. Por eso cada Hijo Creador va acompañado de una Hija Creativa del Espíritu Infinito, el ser que está destinado a llegar a ser la Ministra Divina, el Espíritu Madre del nuevo universo local.

21:2.3La partida de un Hijo Miguel en esta ocasión libera para siempre sus prerrogativas de creador respecto de las Fuentes y Centros del Paraíso, sujetas solo a ciertas limitaciones inherentes a la preexistencia de estas Fuentes y Centros y a otros ciertos poderes y presencias anteriores. Entre estas limitaciones de las prerrogativas creadoras, por lo demás todopoderosas, de un Padre de universo local, están las siguientes:

21:2.41. La energía-materia está dominada por el Espíritu Infinito. Antes de que se pueda crear cualquier forma nueva de las cosas, grande o pequeña, antes de que se pueda intentar cualquier transformación nueva de la energía-materia, un Hijo Creador debe obtener el consentimiento y la cooperación activa del Espíritu Infinito.

21:2.52. Los diseños y tipos de criaturas están controlados por el Hijo Eterno. Antes de que un Hijo Creador pueda emprender la creación de cualquier tipo nuevo de ser, de cualquier diseño nuevo de criatura, debe obtener el consentimiento del Hijo Madre Eterno y Original.

21:2.63. La personalidad es diseñada y otorgada por el Padre Universal.

21:2.7Los tipos y patrones de la mente están determinados por los factores del ser anteriores a la criatura. Después de que estos se han asociado para constituir una criatura (personal o no), la mente es la dotación de la Tercera Fuente y Centro, la fuente universal del ministerio de la mente para todos los seres que están por debajo del nivel de los Creadores del Paraíso.

21:2.8El control de los diseños y los tipos de espíritu está sujeto al nivel en que estos se manifiestan. En definitiva, quien controla el diseño espiritual es la Trinidad, o bien lo controlan las dotaciones espirituales anteriores a la Trinidad que poseen las personalidades de la Trinidad—el Padre, el Hijo y el Espíritu.

21:2.9Cuando un Hijo tan perfecto y divino ha tomado posesión del lugar espacial de su universo elegido; cuando se han resuelto los problemas iniciales de la materialización del universo y del equilibrio general; cuando ha formado una unión de trabajo efectiva y cooperativa con la Hija complementaria del Espíritu Infinito —entonces este Hijo del Universo y este Espíritu del Universo inician el enlace que está destinado a dar origen a las innumerables huestes de sus hijos del universo local. En relación con este acontecimiento, la focalización como Espíritu Creativo del Espíritu Infinito del Paraíso cambia de naturaleza y adquiere las cualidades personales del Espíritu Madre de un universo local.

21:2.10Aunque todos los Hijos Creadores son divinamente semejantes a sus progenitores del Paraíso, ninguno se parece exactamente a otro; cada uno es único, diverso, exclusivo y original tanto en naturaleza como en personalidad. Y puesto que son los arquitectos y hacedores de los planes de vida de sus respectivos reinos, esta misma diversidad asegura que sus dominios serán también diversos en cada forma y fase de la existencia viviente derivada de Miguel que pueda crearse o evolucionar después en ellos. Por eso los órdenes de criaturas nativas de los universos locales son muy variados. No hay dos universos que estén administrados o habitados por seres nativos de doble origen idénticos en todos los aspectos. Dentro de cualquier superuniverso, la mitad de sus atributos inherentes son muy semejantes, porque derivan de los Espíritus Creativos uniformes; la otra mitad varía, porque deriva de los diversos Hijos Creadores. Pero esa diversidad no caracteriza a las criaturas que tienen su único origen en el Espíritu Creativo ni a los seres importados que son nativos del universo central o de los superuniversos.

21:2.11Cuando un Hijo Miguel está ausente de su universo, el gobierno de este lo dirige el ser nativo primogénito, la Resplandeciente Estrella Matutina, el jefe ejecutivo del universo local. El consejo y la asesoría de la Unión de Días tienen un valor inestimable en esos momentos. Durante estas ausencias, un Hijo Creador puede investir al Espíritu Madre asociado del supercontrol de su presencia espiritual en los mundos habitados y en los corazones de sus hijos mortales. Y el Espíritu Madre de un universo local permanece siempre en su sede, y extiende su cuidado protector y su ministerio espiritual hasta los confines más lejanos de ese dominio evolutivo.

21:2.12La presencia personal de un Hijo Creador en su universo local no es necesaria para el buen funcionamiento de una creación material establecida. Esos Hijos pueden viajar al Paraíso, y aun así sus universos siguen girando por el espacio. Pueden deponer sus líneas de poder para encarnarse como hijos del tiempo; aun así sus reinos siguen girando alrededor de sus respectivos centros. Ninguna organización material es independiente del dominio de la gravedad absoluta del Paraíso ni del supercontrol cósmico inherente a la presencia espacial del Absoluto Incondicionado.

3. La soberanía del universo local

21:3.1A un Hijo Creador se le concede el ámbito de un universo con el consentimiento de la Trinidad del Paraíso y con la confirmación del Espíritu Maestro supervisor del superuniverso en cuestión. Esa acción constituye un título de posesión física, un arrendamiento cósmico. Pero la elevación de un Hijo Miguel desde esta etapa inicial y autolimitada de gobierno hasta la supremacía experiencial de una soberanía ganada por sí mismo llega como resultado de sus propias experiencias personales en la obra de la creación del universo y del otorgamiento encarnado. Hasta que logra la soberanía ganada mediante el otorgamiento, gobierna como vicegerente del Padre Universal.

21:3.2Un Hijo Creador podría afirmar en cualquier momento la plena soberanía sobre su creación personal, pero sabiamente elige no hacerlo. Si, antes de pasar por los otorgamientos como criatura, asumiera una soberanía suprema no ganada, las personalidades del Paraíso que residen en su universo local se retirarían. Pero esto nunca ha ocurrido en todas las creaciones del tiempo y del espacio.

21:3.3El hecho de la condición de creador implica la plenitud de la soberanía, pero los Migueles eligen ganarla mediante la experiencia, y así conservan la plena cooperación de todas las personalidades del Paraíso adscritas a la administración del universo local. No sabemos de ningún Miguel que haya obrado de otro modo; pero todos podrían hacerlo, pues son verdaderamente Hijos de libre albedrío.

21:3.4En un universo local, la soberanía de un Hijo Creador recorre seis etapas de manifestación experiencial, y tal vez siete. Se presentan en este orden:

21:3.51. Soberanía vicegerente inicial —la autoridad provisional y solitaria que ejerce un Hijo Creador antes de que el Espíritu Creativo asociado adquiera cualidades personales.

21:3.62. Soberanía vicegerente conjunta —el gobierno conjunto de la pareja del Paraíso después de que el Espíritu Madre del Universo alcanza la personalidad.

21:3.73. Soberanía vicegerente creciente —la autoridad en avance de un Hijo Creador durante el período de sus siete otorgamientos como criatura.

21:3.84. Soberanía suprema —la autoridad establecida que sigue a la terminación del séptimo otorgamiento. En Nebadon, la soberanía suprema data de la terminación del otorgamiento de Miguel en Urantia. Ha existido apenas un poco más de mil novecientos años de su tiempo planetario.

21:3.95. Soberanía suprema creciente —la relación avanzada que surge del establecimiento de la mayoría de los dominios de criaturas en luz y vida. Esta etapa pertenece al futuro aún no alcanzado de su universo local.

21:3.106. Soberanía trinitaria —la que se ejerce después del establecimiento de todo el universo local en luz y vida.

21:3.117. Soberanía no revelada —las relaciones desconocidas de una era universal futura.

21:3.12Al aceptar la soberanía vicegerente inicial de un universo local proyectado, un Miguel Creador presta juramento ante la Trinidad de no asumir la soberanía suprema hasta que los siete otorgamientos como criatura se hayan completado y los gobernantes del superuniverso los hayan certificado. Pero si un Hijo Miguel no pudiera, a voluntad, afirmar esa soberanía no ganada, no tendría sentido prestar el juramento de no hacerlo.

21:3.13Incluso en las eras anteriores al otorgamiento, un Hijo Creador gobierna su dominio de manera casi suprema cuando no hay disensión en ninguna de sus partes. Un gobierno limitado difícilmente se manifestaría si la soberanía nunca fuera desafiada. La soberanía que ejerce un Hijo Creador anterior al otorgamiento en un universo sin rebelión no es mayor que en un universo con rebelión; pero en el primer caso las limitaciones de la soberanía no son visibles; en el segundo, sí lo son.

21:3.14Si alguna vez se desafía, se ataca o se pone en peligro la autoridad o la administración de un Hijo Creador, él está eternamente comprometido a sostener, proteger, defender y, si es necesario, recuperar su creación personal. Esos Hijos solo pueden ser perturbados u hostigados por las criaturas que ellos mismos han hecho o por seres superiores que ellos mismos han elegido. Podría deducirse que los «seres superiores», los que tienen su origen en niveles por encima de un universo local, difícilmente perturbarían a un Hijo Creador, y esto es cierto. Pero podrían hacerlo si así lo eligieran. La virtud es volitiva en la personalidad; la rectitud no es automática en las criaturas de libre albedrío.

21:3.15Antes de terminar la carrera de otorgamiento, un Hijo Creador gobierna con ciertas limitaciones de soberanía impuestas por él mismo, pero después de completar su servicio de otorgamiento gobierna en virtud de su experiencia real en la forma y semejanza de sus múltiples criaturas. Cuando un Creador ha residido siete veces entre sus criaturas, cuando la carrera de otorgamiento ha terminado, entonces queda establecido de manera suprema en la autoridad del universo; ha llegado a ser un Hijo Maestro, un gobernante soberano y supremo.

21:3.16La técnica para obtener la soberanía suprema sobre un universo local comprende los siete pasos experienciales siguientes:

21:3.171. Penetrar experiencialmente en siete niveles de criatura del ser mediante la técnica del otorgamiento encarnado en la semejanza misma de las criaturas del nivel en cuestión.

21:3.182. Hacer una consagración experiencial a cada fase de la voluntad séptuple de la Deidad del Paraíso tal como está personificada en los Siete Espíritus Maestros.

21:3.193. Recorrer cada una de las siete experiencias en los niveles de criatura al mismo tiempo que se ejecuta una de las siete consagraciones a la voluntad de la Deidad del Paraíso.

21:3.204. En cada nivel de criatura, representar experiencialmente la cumbre de la vida de la criatura ante la Deidad del Paraíso y ante todas las inteligencias del universo.

21:3.215. En cada nivel de criatura, revelar experiencialmente una fase de la voluntad séptuple de la Deidad al nivel del otorgamiento y a todo el universo.

21:3.226. Unificar experiencialmente la experiencia séptuple como criatura con la experiencia séptuple de consagración a la revelación de la naturaleza y la voluntad de la Deidad.

21:3.237. Alcanzar una relación nueva y más elevada con el Ser Supremo. La repercusión de la totalidad de esta experiencia Creador-criatura aumenta la realidad superuniversal de Dios el Supremo y la soberanía de tiempo-espacio del Supremo Todopoderoso, y factualiza la soberanía suprema de universo local de un Miguel del Paraíso.

21:3.24Al resolver la cuestión de la soberanía en un universo local, el Hijo Creador no solo demuestra su propia aptitud para gobernar, sino que también revela la naturaleza y representa la actitud séptuple de las Deidades del Paraíso. La comprensión finita y la apreciación de la criatura acerca de la primacía del Padre están en juego en la aventura de un Hijo Creador cuando él condesciende a tomar sobre sí la forma y las experiencias de sus criaturas. Estos Hijos primarios del Paraíso son los verdaderos reveladores de la naturaleza amorosa y de la autoridad benéfica del Padre, el mismo Padre que, en asociación con el Hijo y el Espíritu, es la cabeza universal de todo poder, personalidad y gobierno en todos los reinos universales.

4. Los otorgamientos de los Migueles

21:4.1Hay siete grupos de Hijos Creadores de otorgamiento, y se clasifican así según el número de veces que se han otorgado a las criaturas de sus reinos. Van desde la experiencia inicial, a través de cinco esferas adicionales de otorgamiento progresivo, hasta que alcanzan el séptimo y último episodio de la experiencia criatura-Creador.

21:4.2Los otorgamientos de los Avonales son siempre a semejanza de la carne mortal, pero los siete otorgamientos de un Hijo Creador implican que él aparezca en siete niveles de criatura del ser y se refieren a la revelación de las siete expresiones primarias de la voluntad y la naturaleza de la Deidad. Sin excepción, todos los Hijos Creadores pasan por esta entrega de sí mismos, siete veces, a sus hijos creados antes de asumir una jurisdicción establecida y suprema sobre los universos de su propia creación.

21:4.3Aunque estos siete otorgamientos varían en los diferentes sectores y universos, siempre comprenden la aventura del otorgamiento como mortal. En el otorgamiento final, un Hijo Creador aparece como miembro de una de las razas mortales superiores en algún mundo habitado, por lo general como miembro del grupo racial que contiene el mayor legado hereditario del linaje adámico, el cual se importó antes para elevar el estado físico de los pueblos de origen animal. Solo una vez en su carrera séptuple como Hijo de otorgamiento nace de mujer un Miguel del Paraíso, como ustedes tienen el registro del niño de Belén. Solo una vez vive y muere como miembro del orden más bajo de criaturas volitivas evolutivas.

21:4.4Después de cada uno de sus otorgamientos, un Hijo Creador va a la «diestra del Padre», para obtener allí la aceptación del otorgamiento por parte del Padre y recibir instrucción preparatoria para el siguiente episodio de servicio en el universo. Después del séptimo y último otorgamiento, un Hijo Creador recibe del Padre Universal la autoridad y la jurisdicción supremas sobre su universo.

21:4.5Consta en los registros que el Hijo divino que apareció por última vez en su planeta era un Hijo Creador del Paraíso que había completado seis fases de su carrera de otorgamiento; por consiguiente, cuando dejó el dominio consciente de la vida encarnada en Urantia, pudo decir, y dijo de verdad, «Está terminado» —estaba literalmente terminado. Su muerte en Urantia completó su carrera de otorgamiento; fue el último paso para cumplir el juramento sagrado de un Hijo Creador del Paraíso. Y cuando se ha adquirido esta experiencia, esos Hijos son soberanos supremos del universo; ya no gobiernan como vicegerentes del Padre, sino por derecho propio y en su propio nombre como «Rey de Reyes y Señor de Señores». Con ciertas excepciones declaradas, estos Hijos de otorgamiento séptuple son supremos sin condiciones en los universos donde residen. En lo que concierne a su universo local, «todo poder en el cielo y en la tierra» fue conferido a este Hijo Maestro triunfante y entronizado.

21:4.6Los Hijos Creadores, después de completar sus carreras de otorgamiento, se consideran un orden aparte, los Hijos Maestros séptuples. En persona, los Hijos Maestros son idénticos a los Hijos Creadores, pero han pasado por una experiencia de otorgamiento tan singular que por lo común se los considera un orden diferente. Cuando un Creador se digna efectuar un otorgamiento, está destinado a producirse un cambio real y permanente. Es cierto que el Hijo de otorgamiento sigue siendo, ni más ni menos, un Creador, pero ha añadido a su naturaleza la experiencia de una criatura, lo cual lo aparta para siempre del nivel divino de un Hijo Creador y lo eleva al plano experiencial de un Hijo Maestro, uno que ha ganado plenamente el derecho de gobernar un universo y administrar sus mundos. Esos seres encarnan todo lo que puede obtenerse de una ascendencia divina y abarcan todo lo que puede derivarse de la experiencia de criatura perfeccionada. ¿Por qué ha de lamentar el hombre su humilde origen y su obligada carrera evolutiva, cuando los Dioses mismos deben pasar por una experiencia equivalente antes de que se los considere experiencialmente dignos y competentes para gobernar, por fin y plenamente, los dominios de sus universos!

5. Relación de los Hijos Maestros con el universo

21:5.1El poder de un Miguel Maestro es ilimitado porque deriva de la asociación experimentada con la Trinidad del Paraíso, y es incuestionable porque deriva de la experiencia real como las criaturas mismas que están sujetas a esa autoridad. La naturaleza de la soberanía de un Hijo Creador séptuple es suprema porque:

21:5.21. Abarca el punto de vista séptuple de la Deidad del Paraíso.

21:5.32. Encarna una actitud séptuple de las criaturas del tiempo-espacio.

21:5.43. Sintetiza perfectamente la actitud del Paraíso y el punto de vista de la criatura.

21:5.5Esta soberanía experiencial incluye así por completo la divinidad de Dios el Séptuple, que culmina en el Ser Supremo. Y la soberanía personal de un Hijo séptuple es como la soberanía futura del Ser Supremo que algún día se completará, pues abarca el contenido más pleno posible del poder y la autoridad de la Trinidad del Paraíso que pueden manifestarse dentro de los límites de tiempo-espacio en cuestión.

21:5.6Con el logro de la soberanía suprema del universo local, un Hijo Miguel deja de tener el poder y la oportunidad de crear tipos enteramente nuevos de seres criaturas durante la presente era universal. Pero la pérdida, por parte de un Hijo Maestro, del poder de originar órdenes enteramente nuevos de seres no interfiere en modo alguno con la obra de elaboración de la vida ya establecida y en proceso de desarrollo; este vasto programa de evolución del universo continúa sin interrupción ni recorte. La adquisición de la soberanía suprema por un Hijo Maestro implica la responsabilidad de una dedicación personal a fomentar y administrar lo que ya se ha diseñado y creado, y lo que más tarde producirán aquellos que han sido así diseñados y creados. Con el tiempo puede desarrollarse una evolución casi interminable de seres diversos, pero en adelante ningún patrón o tipo enteramente nuevo de criatura inteligente tendrá su origen directo en un Hijo Maestro. Este es el primer paso, el comienzo, de una administración establecida en cualquier universo local.

21:5.7La elevación de un Hijo de otorgamiento séptuple a la soberanía incuestionada de su universo significa el comienzo del fin de una incertidumbre de muchas eras y de una confusión relativa. Después de este acontecimiento, lo que no pueda espiritualizarse en algún momento terminará por desorganizarse; lo que no pueda coordinarse en algún momento con la realidad cósmica terminará por destruirse. Cuando las provisiones de una misericordia sin fin y de una paciencia indecible se hayan agotado en el esfuerzo de ganar la lealtad y la devoción de las criaturas volitivas de los reinos, prevalecerán la justicia y la rectitud. Lo que la misericordia no pueda rehabilitar, la justicia terminará por aniquilarlo.

21:5.8Una vez instalados como gobernantes soberanos, los Migueles Maestros son supremos en sus propios universos locales. Las escasas limitaciones que pesan sobre su gobierno son las que se derivan de la preexistencia cósmica de ciertas fuerzas y personalidades. Por lo demás, en sus universos respectivos la autoridad, la responsabilidad y el poder administrativo de estos Hijos Maestros son supremos; ellos son, como Creadores y Dioses, supremos en prácticamente todas las cosas. En lo que toca al funcionamiento de un universo dado, nada penetra más allá de su sabiduría.

21:5.9Después de su elevación a la soberanía establecida en un universo local, un Miguel del Paraíso tiene pleno control sobre todos los demás Hijos de Dios que funcionan en su dominio, y puede gobernar libremente según su concepto de las necesidades de sus reinos. Un Hijo Maestro puede variar a voluntad el orden del juicio espiritual y del ajuste evolutivo de los planetas habitados. Y esos Hijos sí hacen y llevan a cabo los planes que ellos mismos eligen en todos los asuntos de necesidades planetarias especiales, en particular respecto de los mundos donde residieron como criaturas y, más aún, respecto del reino del otorgamiento final, el planeta de la encarnación a semejanza de la carne mortal.

21:5.10Los Hijos Maestros parecen estar en comunicación perfecta con sus mundos de otorgamiento, no solo con los mundos de su estancia personal, sino con todos los mundos en los que un Hijo Magistrado se ha otorgado. Este contacto se mantiene mediante su propia presencia espiritual, el Espíritu de la Verdad, que ellos pueden «derramar sobre toda carne». Estos Hijos Maestros mantienen también una conexión ininterrumpida con el Hijo Madre Eterno en el centro de todas las cosas. Poseen un alcance de empatía que se extiende desde el Padre Universal en lo alto hasta las humildes razas de la vida planetaria en los reinos del tiempo.

6. Destino de los Migueles Maestros

21:6.1Nadie puede pretender examinar con autoridad definitiva ni las naturalezas ni los destinos de los Soberanos Maestros séptuples de los universos locales; no obstante, todos especulamos mucho acerca de estos asuntos. Se nos enseña, y lo creemos, que cada Miguel del Paraíso es el absoluto de los conceptos duales de deidad de su origen; así, encarna fases reales de la infinitud del Padre Universal y del Hijo Eterno. Los Migueles deben ser parciales en relación con la infinitud total, pero probablemente son absolutos en relación con aquella parte de la infinitud que interviene en su origen. Pero cuando observamos su obra en la presente era universal, no detectamos ninguna acción que sea más que finita; cualquier capacidad superfinita que se suponga debe estar contenida en sí misma y aún sin revelar.

21:6.2La terminación de las carreras de otorgamiento como criatura y la elevación a la soberanía suprema del universo deben significar la liberación completa de las capacidades de acción finita de un Miguel, acompañada de la aparición de una capacidad de servicio más que finito. Pues a este respecto observamos que esos Hijos Maestros quedan entonces restringidos en la producción de nuevos tipos de seres criaturas, una restricción que sin duda se hace necesaria por la liberación de sus potencialidades superfinitas.

21:6.3Es muy probable que estos poderes creadores no revelados permanezcan contenidos en sí mismos durante toda la presente era universal. Pero algún día, en el futuro muy lejano, en los universos del espacio exterior que ahora se movilizan, creemos que el enlace entre un Hijo Maestro séptuple y un Espíritu Creativo de la séptima etapa puede alcanzar niveles absonitos de servicio, acompañados de la aparición de nuevas cosas, significados y valores en niveles trascendentales de significación universal última.

21:6.4Así como la Deidad del Supremo se está actualizando en virtud del servicio experiencial, así los Hijos Creadores están logrando la realización personal de los potenciales de divinidad del Paraíso contenidos en sus naturalezas insondables. Cuando estuvo en Urantia, Cristo Miguel dijo una vez: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Y creemos que en la eternidad los Migueles están literalmente destinados a ser «el camino, la verdad y la vida», y abren siempre la senda para todas las personalidades del universo a medida que esta conduce desde la divinidad suprema, a través de la absonidad última, hasta la finalidad eterna de la deidad.

21:6.5[Presentado por un Perfeccionador de la Sabiduría de Uversa.]

Documento 21

Los Hijos Creadores del Paraíso