Parte I · Documento 2
La naturaleza de Dios
2:0.1PUESTO que el concepto más elevado que el hombre puede tener de Dios está comprendido en la idea y el ideal humanos de una personalidad primordial e infinita, es lícito, y puede resultar útil, estudiar ciertas características de la naturaleza divina que constituyen el carácter de la Deidad. La naturaleza de Dios se puede comprender mejor por medio de la revelación del Padre que Miguel de Nebadon desplegó en sus múltiples enseñanzas y en su magnífica vida mortal en la carne. El hombre también puede comprender mejor la naturaleza divina si se considera a sí mismo un hijo de Dios y eleva la mirada hacia el Creador del Paraíso como hacia un verdadero Padre espiritual.
2:0.2La naturaleza de Dios se puede estudiar en una revelación de ideas supremas, el carácter divino se puede concebir como una representación de ideales celestiales, pero la más esclarecedora y espiritualmente edificante de todas las revelaciones de la naturaleza divina se encuentra en la comprensión de la vida religiosa de Jesús de Nazaret, tanto antes como después de que alcanzara la plena conciencia de la divinidad. Si se toma la vida encarnada de Miguel como el trasfondo de la revelación de Dios al hombre, podemos intentar expresar en símbolos verbales humanos ciertas ideas e ideales acerca de la naturaleza divina que quizá contribuyan a iluminar y unificar aún más el concepto humano de la naturaleza y del carácter de la personalidad del Padre Universal.
2:0.3En todos nuestros esfuerzos por ampliar y espiritualizar el concepto humano de Dios, nos vemos enormemente limitados por la reducida capacidad de la mente mortal. También nos vemos seriamente limitados en la ejecución de nuestro cometido por las limitaciones del lenguaje y por la pobreza del material que se puede emplear con fines de ilustración o de comparación en nuestros esfuerzos por representar los valores divinos y presentar los significados espirituales a la mente finita y mortal del hombre. Todos nuestros esfuerzos por ampliar el concepto humano de Dios serían casi inútiles si no fuera por el hecho de que en la mente mortal mora el Ajustador otorgado del Padre Universal y de que la impregna el Espíritu de la Verdad del Hijo Creador. Por lo tanto, confiando en la presencia de estos espíritus divinos dentro del corazón del hombre para que me ayuden a ampliar el concepto de Dios, emprendo con alegría la ejecución de mi mandato de intentar una nueva representación de la naturaleza de Dios para la mente del hombre.
1. La infinitud de Dios
2:1.1«En cuanto al Infinito, no lo podemos descubrir. Las huellas divinas no se conocen». «Su entendimiento es infinito y su grandeza es inescrutable». La luz cegadora de la presencia del Padre es tal que, para sus humildes criaturas, él aparentemente «mora en la densa oscuridad». No solo sus pensamientos y sus planes son inescrutables, sino que «hace cosas grandes y maravillosas sin número». «Dios es grande; no lo comprendemos, ni se puede averiguar el número de sus años». «¿De verdad morará Dios en la tierra? Miren, el cielo (el universo) y el cielo de los cielos (el universo de universos) no lo pueden contener». «¡Qué inescrutables son sus juicios, e imposibles de rastrear sus caminos!»
2:1.2«No hay más que un Dios, el Padre infinito, que es también un Creador fiel». «El Creador divino es también el Disponedor Universal, el origen y el destino de las almas. Él es el Alma Suprema, la Mente Primordial y el Espíritu Ilimitado de toda la creación». «El gran Controlador no comete errores. Resplandece en majestad y gloria». «El Dios Creador está totalmente libre de temor y de enemistad. Es inmortal, eterno, existente por sí mismo, divino y generoso». «¡Qué puro y hermoso, qué profundo e insondable es el Antepasado celestial de todas las cosas!» «El Infinito es sumamente excelente porque se imparte a sí mismo a los hombres. Él es el principio y el fin, el Padre de todo propósito bueno y perfecto». «Para Dios todas las cosas son posibles; el Creador eterno es la causa de las causas».
2:1.3A pesar de la infinitud de las prodigiosas manifestaciones de la personalidad eterna y universal del Padre, él es consciente de sí mismo, sin restricción alguna, tanto de su infinitud como de su eternidad; del mismo modo, conoce plenamente su perfección y su poder. Es el único ser del universo, aparte de sus coordinados divinos, que experimenta una valoración perfecta, apropiada y completa de sí mismo.
2:1.4El Padre satisface constante e infaliblemente la necesidad del diferencial de demanda de sí mismo a medida que esta cambia de vez en cuando en diversas secciones de su universo maestro. El gran Dios se conoce y se comprende a sí mismo; es infinitamente consciente de todos sus atributos primordiales de perfección. Dios no es un accidente cósmico; tampoco es un experimentador del universo. Los Soberanos del Universo pueden emprender aventuras; los Padres de las Constelaciones pueden experimentar; los jefes de los sistemas pueden practicar; pero el Padre Universal ve el fin desde el principio, y su plan divino y su propósito eterno abarcan y comprenden realmente todos los experimentos y todas las aventuras de todos sus subordinados en cada mundo, sistema y constelación de cada universo de sus vastos dominios.
2:1.5Nada es nuevo para Dios, y ningún acontecimiento cósmico lo toma jamás por sorpresa; él habita el círculo de la eternidad. No tiene principio ni fin de días. Para Dios no hay pasado, presente ni futuro; todo el tiempo está presente en cualquier momento dado. Él es el grande y único YO SOY.
2:1.6El Padre Universal es infinito, de manera absoluta y sin restricción, en todos sus atributos; y este hecho, en sí mismo y por sí mismo, lo aparta automáticamente de toda comunicación personal directa con los seres materiales finitos y con otras inteligencias creadas de condición humilde.
2:1.7Y todo esto hace necesarias las disposiciones para el contacto y la comunicación con sus múltiples criaturas que se han ordenado: primero, en las personalidades de los Hijos de Dios del Paraíso, quienes, aunque son perfectos en divinidad, también participan a menudo de la naturaleza misma de la carne y la sangre de las razas planetarias, y se hacen uno de ustedes y uno con ustedes; así, por decirlo de algún modo, Dios se hace hombre, como ocurrió en el otorgamiento de Miguel, a quien se llamó indistintamente el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre. Y segundo, están las personalidades del Espíritu Infinito, las diversas órdenes de las huestes seráficas y otras inteligencias celestiales que se acercan a los seres materiales de origen humilde y de tantas maneras les ministran y los sirven. Y tercero, están los Monitores de Misterio impersonales, los Ajustadores del Pensamiento, el don verdadero del gran Dios mismo, enviados a morar en seres como los humanos de Urantia, enviados sin anuncio y sin explicación. En profusión sin fin descienden de las alturas de la gloria para agraciar las mentes humildes, y morar en ellas, de aquellos mortales que poseen la capacidad para la conciencia de Dios o el potencial para ella.
2:1.8De estas maneras y de muchas otras, de maneras que ustedes desconocen y que están totalmente fuera del alcance de la comprensión finita, el Padre del Paraíso, con amor y de buen grado, reduce por grados su infinitud y de otros modos la modifica, la diluye y la atenúa para poder acercarse más a las mentes finitas de sus hijos criaturas. Y así, mediante una serie de distribuciones de la personalidad cada vez menos absolutas, el Padre infinito puede disfrutar de un estrecho contacto con las diversas inteligencias de los muchos reinos de su extenso universo.
2:1.9Todo esto lo hizo y lo hace ahora, y lo seguirá haciendo siempre, sin restar en lo más mínimo al hecho y a la realidad de su infinitud, su eternidad y su primacía. Y estas cosas son absolutamente verdaderas, a pesar de la dificultad de comprenderlas, del misterio que las envuelve o de la imposibilidad de que las comprendan plenamente criaturas como las que habitan en Urantia.
2:1.10Como el Primer Padre es infinito en sus planes y eterno en sus propósitos, es intrínsecamente imposible que algún ser finito llegue jamás a captar o a comprender estos planes y propósitos divinos en toda su plenitud. El hombre mortal solo puede vislumbrar los propósitos del Padre de vez en cuando, aquí y allá, a medida que se revelan en relación con el desarrollo del plan de ascensión de las criaturas en sus sucesivos niveles de progresión en el universo. Aunque el hombre no puede abarcar el significado de la infinitud, el Padre infinito ciertamente comprende por completo y abraza con amor toda la finitud de todos sus hijos en todos los universos.
2:1.11El Padre comparte la divinidad y la eternidad con un gran número de los seres superiores del Paraíso, pero dudamos que la infinitud, y la consiguiente primacía universal, se comparta plenamente con alguien, salvo con sus asociados coordinados de la Trinidad del Paraíso. La infinitud de personalidad debe, por fuerza, abarcar toda la finitud de personalidad; de ahí la verdad —la verdad literal— de la enseñanza que declara que «en él vivimos, nos movemos y existimos». Ese fragmento de la Deidad pura del Padre Universal que mora en el hombre mortal es una parte de la infinitud de la Primera Gran Fuente y Centro, el Padre de los Padres.
2. La eterna perfección del Padre
2:2.1Incluso sus antiguos profetas comprendían la naturaleza eterna, sin principio, sin fin y circular del Padre Universal. Dios está presente de manera literal y eterna en su universo de universos. Habita el momento presente con toda su majestad absoluta y su grandeza eterna. «El Padre tiene vida en sí mismo, y esta vida es vida eterna». A lo largo de las edades eternas, ha sido el Padre quien «da vida a todos». Hay perfección infinita en la integridad divina. «Yo soy el Señor; no cambio». Nuestro conocimiento del universo de universos revela no solo que él es el Padre de las luces, sino también que en su manejo de los asuntos interplanetarios «no hay variación ni sombra de cambio». Él «declara el fin desde el principio». Dice: «Mi consejo permanecerá; haré todo lo que me place» «según el propósito eterno que me propuse en mi Hijo». Así, los planes y los propósitos de la Primera Fuente y Centro son como él mismo: eternos, perfectos y para siempre inmutables.
2:2.2Hay una finalidad de plenitud y una perfección de completud en los mandatos del Padre. «Todo lo que Dios hace será para siempre; no se le puede añadir nada ni quitar nada». El Padre Universal no se arrepiente de sus propósitos originales de sabiduría y perfección. Sus planes son firmes, su consejo inmutable, mientras que sus actos son divinos e infalibles. «Mil años ante sus ojos son como el día de ayer, que ya pasó, y como una vigilia de la noche». La perfección de la divinidad y la magnitud de la eternidad están para siempre fuera del pleno alcance de la mente limitada del hombre mortal.
2:2.3Las reacciones de un Dios inmutable, en la ejecución de su propósito eterno, pueden parecer variar de acuerdo con la actitud cambiante y las mentes inconstantes de sus inteligencias creadas; es decir, pueden variar en apariencia y en la superficie; pero bajo la superficie y debajo de todas las manifestaciones externas, sigue presente el propósito inmutable, el plan perdurable, del Dios eterno.
2:2.4Fuera, en los universos, la perfección tiene que ser por necesidad un término relativo, pero en el universo central y sobre todo en el Paraíso, la perfección no está diluida; en ciertas fases es incluso absoluta. Las manifestaciones de la Trinidad varían la exhibición de la perfección divina, pero no la atenúan.
2:2.5La perfección primordial de Dios no consiste en una rectitud asumida, sino más bien en la perfección inherente a la bondad de su naturaleza divina. Él es final, completo y perfecto. Nada falta en la belleza y la perfección de su carácter recto. Y todo el plan de las existencias vivientes en los mundos del espacio se centra en el propósito divino de elevar a todas las criaturas volitivas al alto destino de la experiencia de compartir la perfección del Padre en el Paraíso. Dios no está centrado en sí mismo ni encerrado en sí mismo; nunca deja de otorgarse a todas las criaturas conscientes de sí del vasto universo de universos.
2:2.6Dios es eterna e infinitamente perfecto, no puede conocer personalmente la imperfección como experiencia propia, pero sí comparte la conciencia de toda la experiencia de imperfección de todas las criaturas que luchan en los universos evolutivos de todos los Hijos Creadores del Paraíso. El toque personal y liberador del Dios de perfección cubre con su sombra los corazones e incluye en su circuito la naturaleza de todas aquellas criaturas mortales que han ascendido al nivel universal del discernimiento moral. De esta manera, así como mediante los contactos de la presencia divina, el Padre Universal participa realmente en la experiencia con la inmadurez y la imperfección en la carrera evolutiva de cada ser moral de todo el universo.
2:2.7Las limitaciones humanas, el mal potencial, no forman parte de la naturaleza divina, pero la experiencia mortal con el mal y todas las relaciones del hombre con él forman parte, con toda certeza, de la autorrealización de Dios, en constante expansión, en los hijos del tiempo —criaturas con responsabilidad moral que han sido creadas o que han evolucionado por obra de cada Hijo Creador que sale del Paraíso.
3. Justicia y rectitud
2:3.1Dios es recto; por lo tanto, es justo. «El Señor es recto en todos sus caminos». «“No he hecho sin motivo todo lo que he hecho”, dice el Señor». «Los juicios del Señor son verdaderos y del todo rectos». La justicia del Padre Universal no puede ser influida por los actos y las acciones de sus criaturas, «porque en el Señor nuestro Dios no hay iniquidad, ni favoritismo, ni aceptación de regalos».
2:3.2¡Qué inútil es dirigir súplicas pueriles a un Dios así para que modifique sus decretos inmutables, de modo que podamos evitar las justas consecuencias de la acción de sus sabias leyes naturales y de sus rectos mandatos espirituales! «No se engañen; de Dios nadie se burla, porque todo lo que el hombre siembre, eso también cosechará». Es cierto que, incluso en la justicia de recoger la cosecha de la mala conducta, esta justicia divina siempre está atemperada por la misericordia. La sabiduría infinita es el árbitro eterno que determina las proporciones de justicia y de misericordia que se impartirán en cualquier circunstancia dada. El mayor castigo (en realidad, una consecuencia inevitable) por la mala conducta y la rebelión deliberada contra el gobierno de Dios es la pérdida de la existencia como súbdito individual de ese gobierno. El resultado final del pecado sin reservas es la aniquilación. En último análisis, esos individuos identificados con el pecado se han destruido a sí mismos al volverse totalmente irreales por haber abrazado la iniquidad. Sin embargo, la desaparición efectiva de una criatura así siempre se aplaza hasta que se haya cumplido plenamente el orden de justicia establecido que rige en ese universo.
2:3.3El cese de la existencia se decreta por lo general en el juicio de una dispensación o de una época del reino o de los reinos. En un mundo como Urantia llega al final de una dispensación planetaria. El cese de la existencia se puede decretar en esos momentos por acción coordinada de todos los tribunales con jurisdicción, desde el consejo planetario, a través de los tribunales del Hijo Creador, hasta los tribunales de juicio de los Ancianos de Días. El mandato de disolución se origina en los tribunales superiores del superuniverso después de una confirmación ininterrumpida de la acusación originada en la esfera donde reside el malhechor; y luego, cuando la sentencia de extinción se ha confirmado en lo alto, la ejecución se lleva a cabo por acto directo de aquellos jueces que residen en la sede central del superuniverso y que actúan desde allí.
2:3.4Cuando esta sentencia se confirma finalmente, el ser identificado con el pecado se vuelve al instante como si no hubiera existido. No hay resurrección de semejante destino; es perdurable y eterno. Los factores de energía viva de la identidad se resuelven, mediante las transformaciones del tiempo y las metamorfosis del espacio, en los potenciales cósmicos de los que emergieron en su día. En cuanto a la personalidad del inicuo, queda privada de un vehículo de vida continuo porque la criatura no tomó aquellas elecciones y decisiones finales que le habrían asegurado la vida eterna. Cuando el abrazo continuo del pecado por parte de la mente asociada culmina en una completa identificación de sí con la iniquidad, entonces, al cesar la vida, en la disolución cósmica, esa personalidad aislada es absorbida en la superalma de la creación y se convierte en parte de la experiencia evolutiva del Ser Supremo. Nunca más aparece como personalidad; su identidad se vuelve como si nunca hubiera existido. En el caso de una personalidad en la que mora un Ajustador, los valores espirituales experienciales sobreviven en la realidad del Ajustador que continúa.
2:3.5En cualquier contienda del universo entre niveles en acto de realidad, la personalidad del nivel superior triunfará finalmente sobre la personalidad del nivel inferior. Este desenlace inevitable de la controversia del universo es inherente al hecho de que la divinidad de cualidad equivale al grado de realidad o de existencia en acto de cualquier criatura volitiva. El mal sin diluir, el error completo, el pecado deliberado y la iniquidad sin atenuantes son intrínseca y automáticamente suicidas. Esas actitudes de irrealidad cósmica pueden sobrevivir en el universo solo debido a una tolerancia misericordiosa transitoria, en espera de la acción de los mecanismos que determinan la justicia y establecen la equidad en los tribunales del universo de juicio recto.
2:3.6El gobierno de los Hijos Creadores en los universos locales es de creación y espiritualización. Estos Hijos se dedican a la ejecución eficaz del plan del Paraíso de la ascensión mortal progresiva, a la rehabilitación de los rebeldes y de los que piensan equivocadamente, pero cuando todos esos esfuerzos amorosos se rechazan de manera final y para siempre, el decreto final de disolución lo ejecutan fuerzas que actúan bajo la jurisdicción de los Ancianos de Días.
4. La misericordia divina
2:4.1La misericordia es simplemente la justicia atemperada por aquella sabiduría que nace de la perfección del conocimiento y del pleno reconocimiento de las debilidades naturales y de las desventajas ambientales de las criaturas finitas. «Nuestro Dios está lleno de compasión, es clemente, paciente y abundante en misericordia». Por eso, «todo el que invoque al Señor será salvo», «porque él perdonará en abundancia». «La misericordia del Señor es desde siempre y para siempre»; sí, «su misericordia permanece para siempre». «Yo soy el Señor, que ejerce la bondad amorosa, el juicio y la rectitud en la tierra, porque en estas cosas me deleito». «No aflijo de buena gana ni entristezco a los hijos de los hombres», porque yo soy «el Padre de las misericordias y el Dios de todo consuelo».
2:4.2Dios es bondadoso por esencia, compasivo por naturaleza y misericordioso para siempre. Y nunca es necesario ejercer influencia alguna sobre el Padre para suscitar su bondad amorosa. La necesidad de la criatura es del todo suficiente para asegurar el pleno fluir de las tiernas misericordias del Padre y de su gracia salvadora. Como Dios lo sabe todo acerca de sus hijos, le es fácil perdonar. Cuanto mejor comprende el hombre a su prójimo, más fácil le resultará perdonarlo, e incluso amarlo.
2:4.3Solo el discernimiento de la sabiduría infinita permite a un Dios recto ministrar justicia y misericordia al mismo tiempo y en cualquier situación dada del universo. El Padre celestial nunca se ve dividido por actitudes en conflicto hacia sus hijos del universo; Dios nunca es víctima de antagonismos de actitud. La omnisciencia de Dios dirige infaliblemente su libre albedrío en la elección de aquella conducta en el universo que satisface de manera perfecta, simultánea y por igual las exigencias de todos sus atributos divinos y las cualidades infinitas de su naturaleza eterna.
2:4.4La misericordia es el fruto natural e inevitable de la bondad y del amor. La buena naturaleza de un Padre amoroso no podría de ningún modo negar el sabio ministerio de la misericordia a cada miembro de cada grupo de sus hijos del universo. La justicia eterna y la misericordia divina constituyen juntas lo que en la experiencia humana se llamaría equidad.
2:4.5La misericordia divina representa una técnica equitativa de ajuste entre los niveles de perfección e imperfección del universo. La misericordia es la justicia de la Supremacía adaptada a las situaciones de lo finito en evolución, la rectitud de la eternidad modificada para atender a los intereses más elevados y al bienestar universal de los hijos del tiempo. La misericordia no es una transgresión de la justicia, sino más bien una interpretación comprensiva de lo que exige la justicia suprema cuando esta se aplica con equidad a los seres espirituales subordinados y a las criaturas materiales de los universos en evolución. La misericordia es la justicia de la Trinidad del Paraíso que se dispensa con sabiduría y con amor a las múltiples inteligencias de las creaciones del tiempo y del espacio, tal como la formula la sabiduría divina y como la determinan la mente que todo lo sabe y el soberano libre albedrío del Padre Universal y de todos sus Creadores asociados.
5. El amor de Dios
2:5.1«Dios es amor»; por eso, su única actitud personal hacia los asuntos del universo es siempre una reacción de afecto divino. El Padre nos ama lo bastante como para otorgarnos su vida. «Hace que su sol salga sobre los malos y sobre los buenos, y envía la lluvia sobre los justos y sobre los injustos».
2:5.2Es un error pensar que a Dios se le convence con ruegos para que ame a sus hijos a causa de los sacrificios de sus Hijos o de la intercesión de sus criaturas subordinadas, «porque el Padre mismo los ama a ustedes». En respuesta a este afecto paternal, Dios envía a los maravillosos Ajustadores a morar en la mente de los hombres. El amor de Dios es universal; «todo el que quiera puede venir». Él quiere que «todos los hombres se salven llegando al conocimiento de la verdad». Él «no quiere que nadie perezca».
2:5.3Los Creadores son los primeros en intentar salvar al hombre de los resultados desastrosos de su necia transgresión de las leyes divinas. El amor de Dios es por naturaleza un afecto paternal; por eso, a veces «nos disciplina para nuestro provecho, para que participemos de su santidad». Incluso durante sus pruebas de fuego, recuerden que «en todas nuestras aflicciones él se aflige con nosotros».
2:5.4Dios es divinamente bondadoso con los pecadores. Cuando los rebeldes vuelven a la rectitud, son recibidos con misericordia, «porque nuestro Dios perdonará en abundancia». «Yo soy el que borra tus transgresiones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados». «Miren qué clase de amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios».
2:5.5Después de todo, la mayor prueba de la bondad de Dios y la razón suprema para amarlo es el don interior del Padre: el Ajustador que espera con tanta paciencia la hora en que ambos serán hechos uno eternamente. Aunque ustedes no pueden encontrar a Dios buscándolo, si se someten a la guía del espíritu que mora en ustedes, serán guiados sin error, paso a paso, vida tras vida, de universo en universo y de era en era, hasta que finalmente estén en la presencia de la personalidad del Padre Universal en el Paraíso.
2:5.6Qué poco razonable sería que ustedes no adoraran a Dios porque las limitaciones de la naturaleza humana y las desventajas de su creación material les hacen imposible verlo. Entre ustedes y Dios hay una distancia enorme (espacio físico) que recorrer. Existe asimismo un gran abismo de diferencial espiritual que se debe salvar; pero, a pesar de todo lo que física y espiritualmente los separa de la presencia personal de Dios en el Paraíso, deténganse a reflexionar en el hecho solemne de que Dios vive dentro de ustedes; él, a su manera, ya ha salvado el abismo. Ha enviado algo de sí mismo, su espíritu, a vivir en ustedes y a trabajar con ustedes mientras prosiguen su carrera eterna en el universo.
2:5.7Me resulta fácil y grato adorar a alguien que es tan grande y que al mismo tiempo se dedica con tanto afecto al ministerio que eleva a sus humildes criaturas. Amo de forma natural a alguien que es tan poderoso en la creación y en el control de ella, y que sin embargo es tan perfecto en bondad y tan fiel en la bondad amorosa que nos cubre constantemente con su sombra. Creo que amaría a Dios exactamente igual si no fuera tan grande y poderoso, mientras sea tan bueno y misericordioso. Todos amamos más al Padre por su naturaleza que en reconocimiento de sus asombrosos atributos.
2:5.8Cuando observo a los Hijos Creadores y a sus administradores subordinados luchar con tanto valor contra las múltiples dificultades del tiempo inherentes a la evolución de los universos del espacio, descubro que siento por estos gobernantes menores de los universos un afecto grande y profundo. Después de todo, creo que todos nosotros, incluidos los mortales de los reinos, amamos al Padre Universal y a todos los demás seres, divinos o humanos, porque discernimos que estas personalidades nos aman de verdad. La experiencia de amar es en gran medida una respuesta directa a la experiencia de ser amado. Puesto que sé que Dios me ama, seguiría amándolo de manera suprema aunque fuera despojado de todos sus atributos de supremacía, ultimidad y absolutez.
2:5.9El amor del Padre nos sigue ahora y a lo largo del círculo sin fin de las edades eternas. Cuando reflexionan sobre la naturaleza amorosa de Dios, solo hay una reacción razonable y natural de la personalidad ante ella: amarán cada vez más a su Hacedor; darán a Dios un afecto análogo al que un hijo da a un padre terrenal; porque, así como un padre, un padre de verdad, un padre verdadero, ama a sus hijos, así el Padre Universal ama a sus hijos e hijas creados y busca para siempre su bienestar.
2:5.10Pero el amor de Dios es un afecto paternal inteligente y previsor. El amor divino funciona en asociación unificada con la sabiduría divina y con todas las demás características infinitas de la naturaleza perfecta del Padre Universal. Dios es amor, pero el amor no es Dios. La mayor manifestación del amor divino por los seres mortales se observa en el otorgamiento de los Ajustadores del Pensamiento, pero la mayor revelación que ustedes tienen del amor del Padre se ve en la vida de otorgamiento de su Hijo Miguel, cuando vivió en la tierra la vida espiritual ideal. Es el Ajustador que mora en el interior quien individualiza el amor de Dios para cada alma humana.
2:5.11A veces casi me causa dolor verme obligado a describir el afecto divino del Padre celestial por sus hijos del universo mediante el empleo del símbolo verbal humano amor. ¡Este término, aunque connota el concepto más elevado que tiene el hombre de las relaciones mortales de respeto y devoción, designa con tanta frecuencia tanto de la relación humana que es del todo innoble y totalmente indigno de ser conocido con una palabra que también se usa para indicar el afecto sin par del Dios vivo por sus criaturas del universo! Qué lamentable que no pueda emplear algún término celestial y exclusivo que transmita a la mente del hombre la verdadera naturaleza y el significado exquisitamente bello del afecto divino del Padre del Paraíso.
2:5.12Cuando el hombre deja de ver el amor de un Dios personal, el reino de Dios pasa a ser simplemente el reino del bien. A pesar de la unidad infinita de la naturaleza divina, el amor es el rasgo dominante de todas las relaciones personales de Dios con sus criaturas.
6. La bondad de Dios
2:6.1En el universo físico podemos ver la belleza divina, en el mundo intelectual podemos discernir la verdad eterna, pero la bondad de Dios solo se encuentra en el mundo espiritual de la experiencia religiosa personal. En su verdadera esencia, la religión es una fe-confianza en la bondad de Dios. En la filosofía, Dios podría ser grande y absoluto, incluso de algún modo inteligente y personal, pero en la religión Dios también debe ser moral; debe ser bueno. El hombre podría temer a un Dios grande, pero solo confía en un Dios bueno y solo a él ama. Esta bondad de Dios es una parte de la personalidad de Dios, y su plena revelación solo aparece en la experiencia religiosa personal de los hijos creyentes de Dios.
2:6.2La religión implica que el supramundo de naturaleza espiritual conoce las necesidades fundamentales del mundo humano y responde a ellas. La religión evolutiva puede llegar a ser ética, pero solo la religión revelada llega a ser verdadera y espiritualmente moral. El antiguo concepto de que Dios es una Deidad dominada por una moralidad de rey fue elevado por Jesús a ese nivel afectuosamente conmovedor de la moralidad familiar íntima de la relación entre padres e hijos, la más tierna y hermosa que existe en la experiencia mortal.
2:6.3La «riqueza de la bondad de Dios lleva al hombre que yerra al arrepentimiento». «Todo buen regalo y todo don perfecto descienden del Padre de las luces». «Dios es bueno; es el refugio eterno de las almas de los hombres». «El Señor Dios es misericordioso y clemente. Es paciente y abundante en bondad y en verdad». «¡Prueben y vean que el Señor es bueno! Dichoso el hombre que confía en él». «El Señor es clemente y lleno de compasión. Es el Dios de la salvación». «Él sana a los de corazón quebrantado y venda las heridas del alma. Es el benefactor todopoderoso del hombre».
2:6.4El concepto de Dios como rey-juez, aunque fomentó una elevada norma moral y creó un pueblo respetuoso de la ley como grupo, dejó al creyente individual en una triste posición de inseguridad respecto a su estado en el tiempo y en la eternidad. Los profetas hebreos posteriores proclamaron que Dios era un Padre para Israel; Jesús reveló a Dios como el Padre de cada ser humano. Todo el concepto mortal de Dios queda iluminado de manera trascendente por la vida de Jesús. El olvido de sí es inherente al amor paternal. Dios no ama a la manera de un padre, sino como padre. Él es el Padre del Paraíso de cada personalidad del universo.
2:6.5La rectitud implica que Dios es la fuente de la ley moral del universo. La verdad muestra a Dios como alguien que revela, como un maestro. Pero el amor da afecto y lo anhela, y busca una comunión comprensiva como la que existe entre padre e hijo. Puede que la rectitud sea el pensamiento divino, pero el amor es la actitud de un padre. La suposición errónea de que la rectitud de Dios no podía conciliarse con el amor desinteresado del Padre celestial presuponía una falta de unidad en la naturaleza de la Deidad, y llevó directamente a elaborar la doctrina de la expiación, que es un ataque filosófico contra la unidad de Dios y también contra su cualidad de libre albedrío.
2:6.6El afectuoso Padre celestial, cuyo espíritu habita en sus hijos en la tierra, no es una personalidad dividida —una de justicia y otra de misericordia—, ni necesita tampoco un mediador para obtener el favor o el perdón del Padre. La rectitud divina no está dominada por una justicia estrictamente retributiva; Dios como padre trasciende a Dios como juez.
2:6.7Dios nunca es iracundo ni vengativo, ni está enojado. Es cierto que la sabiduría a menudo refrena su amor, mientras que la justicia condiciona su misericordia rechazada. Su amor por la rectitud no puede dejar de manifestarse como un odio igual al pecado. El Padre no es una personalidad incoherente; la unidad divina es perfecta. En la Trinidad del Paraíso hay unidad absoluta a pesar de las identidades eternas de los coordinados de Dios.
2:6.8Dios ama al pecador y odia el pecado: tal afirmación es verdadera filosóficamente, pero Dios es una personalidad trascendente, y las personas solo pueden amar y odiar a otras personas. El pecado no es una persona. Dios ama al pecador porque es una realidad de personalidad (potencialmente eterna), mientras que hacia el pecado Dios no adopta ninguna actitud personal, porque el pecado no es una realidad espiritual; no es personal; por eso solo la justicia de Dios toma conocimiento de su existencia. El amor de Dios salva al pecador; la ley de Dios destruye el pecado. Esta actitud de la naturaleza divina cambiaría aparentemente si el pecador llegara a identificarse por completo con el pecado, del mismo modo que la misma mente mortal también puede identificarse plenamente con el espíritu Ajustador que mora en ella. Un mortal así, identificado con el pecado, se volvería entonces totalmente no espiritual en su naturaleza (y por lo tanto personalmente irreal) y experimentaría con el tiempo la extinción de su ser. La irrealidad, incluso lo incompleto de la naturaleza de las criaturas, no puede existir para siempre en un universo progresivamente real y cada vez más espiritual.
2:6.9Ante el mundo de la personalidad, se descubre que Dios es una persona amorosa; ante el mundo espiritual, es un amor personal; en la experiencia religiosa, es ambas cosas. El amor identifica la voluntad volitiva de Dios. La bondad de Dios descansa en el fondo de la cualidad divina de libre albedrío —la tendencia universal a amar, a mostrar misericordia, a manifestar paciencia y a ministrar el perdón.
7. La verdad y la belleza divinas
2:7.1Todo conocimiento finito y toda comprensión de las criaturas son relativos. La información y la inteligencia, recogidas incluso de fuentes elevadas, solo son relativamente completas, localmente exactas y personalmente verdaderas.
2:7.2Los hechos físicos son bastante uniformes, pero la verdad es un factor vivo y flexible en la filosofía del universo. Las personalidades en evolución solo son parcialmente sabias y relativamente veraces en sus comunicaciones. Solo pueden estar seguras hasta donde llega su experiencia personal. Lo que aparentemente puede ser del todo verdadero en un lugar puede ser solo relativamente verdadero en otro segmento de la creación.
2:7.3La verdad divina, la verdad final, es uniforme y universal, pero el relato de las cosas espirituales, tal como lo cuentan numerosos individuos procedentes de diversas esferas, a veces puede variar en los detalles a causa de esta relatividad en la completud del conocimiento y en la plenitud de la experiencia personal, así como en la duración y el alcance de esa experiencia. Si bien las leyes y los decretos, los pensamientos y las actitudes, de la Primera Gran Fuente y Centro son eterna, infinita y universalmente verdaderos; al mismo tiempo, su aplicación a cada universo, sistema, mundo e inteligencia creada, y su adaptación a ellos, están de acuerdo con los planes y la técnica de los Hijos Creadores tal como actúan en sus respectivos universos, y también en armonía con los planes y los procedimientos locales del Espíritu Infinito y de todas las demás personalidades celestiales asociadas.
2:7.4La falsa ciencia del materialismo condenaría al hombre mortal a convertirse en un paria en el universo. Ese conocimiento parcial es potencialmente malo; es un conocimiento compuesto de bien y de mal. La verdad es bella porque es a la vez plena y simétrica. Cuando el hombre busca la verdad, persigue lo divinamente real.
2:7.5Los filósofos cometen su error más grave cuando se dejan llevar a la falacia de la abstracción, la práctica de centrar la atención en un aspecto de la realidad y luego declarar que ese aspecto aislado es toda la verdad. El filósofo sabio siempre buscará el designio creador que está detrás de todos los fenómenos del universo y que existe antes que ellos. El pensamiento creador precede invariablemente a la acción creativa.
2:7.6La conciencia de sí intelectual puede descubrir la belleza de la verdad, su cualidad espiritual, no solo por la coherencia filosófica de sus conceptos, sino de manera más cierta y segura por la respuesta infalible del Espíritu de la Verdad, siempre presente. La felicidad se deriva del reconocimiento de la verdad porque esta se puede poner en práctica; se puede vivir. La decepción y el pesar acompañan al error porque, al no ser una realidad, no se puede hacer realidad en la experiencia. La verdad divina se conoce mejor por su sabor espiritual.
2:7.7La búsqueda eterna es la de la unificación, la de la coherencia divina. El vasto universo físico se cohesiona en la Isla del Paraíso; el universo intelectual se cohesiona en el Dios de la mente, el Actor Conjunto; el universo espiritual es coherente en la personalidad del Hijo Eterno. Pero el mortal aislado del tiempo y del espacio se cohesiona en Dios el Padre mediante la relación directa entre el Ajustador del Pensamiento que mora en él y el Padre Universal. El Ajustador del hombre es un fragmento de Dios y busca perpetuamente la unificación divina; se cohesiona con la Deidad del Paraíso de la Primera Fuente y Centro, y en ella.
2:7.8El discernimiento de la belleza suprema es el descubrimiento y la integración de la realidad: el discernimiento de la bondad divina en la verdad eterna, eso es la belleza última. Hasta el encanto del arte humano consiste en la armonía de su unidad.
2:7.9El gran error de la religión hebrea fue no asociar la bondad de Dios con las verdades fácticas de la ciencia y la belleza atrayente del arte. A medida que la civilización progresaba, y puesto que la religión siguió el mismo camino imprudente de recalcar en exceso la bondad de Dios con la exclusión relativa de la verdad y el descuido de la belleza, se desarrolló en ciertos tipos de hombres una tendencia creciente a apartarse del concepto abstracto y disociado de una bondad aislada. La moralidad exagerada y aislada de la religión moderna, que no logra retener la devoción y la lealtad de muchos hombres del siglo XX, se rehabilitaría si, además de sus mandatos morales, prestara igual consideración a las verdades de la ciencia, de la filosofía y de la experiencia espiritual, y a las bellezas de la creación física, al encanto del arte intelectual y a la grandeza del logro de un carácter genuino.
2:7.10El desafío religioso de esta era se dirige a aquellos hombres y mujeres previsores y con visión de futuro, dotados de discernimiento espiritual, que se atrevan a construir una filosofía de vida nueva y atrayente a partir de los conceptos modernos, ampliados y exquisitamente integrados, de la verdad cósmica, la belleza del universo y la bondad divina. Una visión nueva y recta de la moralidad como esta atraerá todo lo que hay de bueno en la mente del hombre y desafiará lo mejor que hay en el alma humana. La verdad, la belleza y la bondad son realidades divinas, y a medida que el hombre asciende en la escala de la vida espiritual, estas cualidades supremas del Eterno se coordinan y se unifican cada vez más en Dios, que es amor.
2:7.11Cualquier verdad, sea material, filosófica o espiritual, es bella y buena al mismo tiempo. Toda belleza real, ya se trate de arte material o de simetría espiritual, es verdadera y buena a la vez. Toda bondad auténtica —trátese de moralidad personal, de equidad social o de ministerio divino— posee en igual grado verdad y belleza. En la salud, la cordura y la felicidad se integran la verdad, la belleza y la bondad, tal y como estas se funden en la experiencia humana. Niveles así de vida eficiente surgen al unificarse los sistemas de energía, los sistemas de ideas y los sistemas del espíritu.
2:7.12La verdad es coherente; la belleza, atrayente; la bondad, estabilizadora. Y cuando estos valores de lo que es real se coordinan en la experiencia de la personalidad, el resultado es un orden elevado de amor condicionado por la sabiduría y matizado por la lealtad. El verdadero propósito de toda la educación del universo es lograr una mejor coordinación del hijo aislado de los mundos con las realidades más amplias de su experiencia en expansión. La realidad es finita en el nivel humano, e infinita y eterna en los niveles superiores y divinos.
2:7.13[Presentado por un Consejero Divino que actúa por autoridad de los Ancianos de Días en Uversa.]