Parte I · Documento 1

El Padre Universal

1:0.1EL Padre Universal es el Dios de toda la creación, la Primera Fuente y Centro de todas las cosas y de todos los seres. Piensen en Dios primero como creador, después como controlador y, por último, como sostenedor infinito. La verdad sobre el Padre Universal ya empezaba a despuntar en la humanidad cuando el profeta dijo: «Tú, Dios, eres el único; no hay otro fuera de ti. Tú hiciste el cielo y el cielo de los cielos, con todas sus huestes; tú los conservas y los controlas. Por medio de los Hijos de Dios se hicieron los universos. El Creador se envuelve en luz como en una vestidura y despliega los cielos como una cortina». Solo el concepto del Padre Universal —un solo Dios en lugar de muchos dioses— permitió al hombre mortal comprender al Padre como creador divino y controlador infinito.

1:0.2Todos los innumerables sistemas planetarios se hicieron para que, con el tiempo, los habitaran muchos tipos distintos de criaturas inteligentes, seres capaces de conocer a Dios, de recibir el afecto divino y de amarlo a su vez. El universo de universos es la obra de Dios y la morada de sus diversas criaturas. «Dios creó los cielos y dio forma a la tierra; estableció el universo y no creó este mundo en vano; le dio forma para que fuera habitado».

1:0.3Todos los mundos iluminados reconocen y adoran al Padre Universal, el hacedor eterno y sustentador infinito de toda la creación. Las criaturas volitivas de universo tras universo han emprendido el largo, larguísimo viaje al Paraíso, la fascinante lucha de la aventura eterna de alcanzar a Dios el Padre. La meta trascendente de los hijos del tiempo es encontrar al Dios eterno, comprender la naturaleza divina, reconocer al Padre Universal. Las criaturas que conocen a Dios tienen una sola ambición suprema, un solo deseo ardiente, y es llegar a ser, tal como ellas son en sus esferas, semejantes a él tal como él es en su perfección de personalidad en el Paraíso y en su esfera universal de supremacía justa. Del Padre Universal, que habita la eternidad, ha salido el mandato supremo: «Sean ustedes perfectos, así como yo soy perfecto». Con amor y misericordia, los mensajeros del Paraíso han llevado esta exhortación divina a lo largo de las edades y por todos los universos, hasta criaturas tan humildes de origen animal como las razas humanas de Urantia.

1:0.4Este magnífico y universal mandato de esforzarse por alcanzar la perfección de la divinidad es el primer deber, y debería ser la más alta ambición, de toda la esforzada creación de criaturas del Dios de perfección. Esta posibilidad de alcanzar la perfección divina es el destino final y seguro de todo el progreso espiritual eterno del hombre.

1:0.5Los mortales de Urantia difícilmente pueden esperar ser perfectos en el sentido infinito, pero es del todo posible que los seres humanos, partiendo como parten en este planeta, alcancen la meta excelsa y divina que el Dios infinito ha fijado para el hombre mortal; y cuando logren este destino, serán, en todo lo que atañe a la realización de sí mismos y al logro mental, tan plenos en su esfera de perfección divina como Dios mismo lo es en su esfera de infinitud y eternidad. Tal perfección puede no ser universal en el sentido material, ni ilimitada en comprensión intelectual, ni final en experiencia espiritual, pero es final y completa en todos los aspectos finitos de divinidad de voluntad, perfección de motivación de la personalidad y conciencia de Dios.

1:0.6Este es el verdadero significado de aquel mandato divino: «Sean ustedes perfectos, así como yo soy perfecto», que siempre impulsa al hombre mortal hacia adelante y lo llama hacia adentro en esa larga y fascinante lucha por alcanzar niveles cada vez más altos de valores espirituales y de verdaderos significados del universo. Esta sublime búsqueda del Dios de los universos es la aventura suprema de los habitantes de todos los mundos del tiempo y del espacio.

1. El nombre del Padre

1:1.1De todos los nombres con que se conoce a Dios el Padre en todos los universos, los que con más frecuencia se encuentran son los que lo designan como la Primera Fuente y el Centro del Universo. Al Primer Padre se le conoce por diversos nombres en distintos universos y en distintos sectores de un mismo universo. Los nombres que la criatura asigna al Creador dependen mucho del concepto que la criatura tiene del Creador. La Primera Fuente y Centro del Universo nunca se ha revelado por nombre, solo por naturaleza. Si creemos que somos hijos de este Creador, es muy natural que con el tiempo lo llamemos Padre. Pero este es el nombre que nosotros mismos elegimos, y nace del reconocimiento de nuestra relación personal con la Primera Fuente y Centro.

1:1.2El Padre Universal nunca impone ninguna forma de reconocimiento arbitrario, de adoración formal ni de servicio de esclavo a las criaturas volitivas inteligentes de los universos. Los habitantes evolutivos de los mundos del tiempo y del espacio deben por sí mismos —en su propio corazón— reconocerlo, amarlo y adorarlo voluntariamente. El Creador se niega a coaccionar u obligar a la sumisión el libre albedrío espiritual de sus criaturas materiales. La dedicación afectuosa de la voluntad humana a hacer la voluntad del Padre es el don más selecto del hombre a Dios; de hecho, tal consagración de la voluntad de la criatura constituye el único don de verdadero valor que el hombre puede ofrecer al Padre del Paraíso. En Dios el hombre vive, se mueve y tiene su ser; no hay nada que el hombre pueda dar a Dios excepto esta elección de atenerse a la voluntad del Padre, y tales decisiones, llevadas a cabo por las criaturas volitivas inteligentes de los universos, constituyen la realidad de esa verdadera adoración que tanto satisface a la naturaleza, dominada por el amor, del Padre Creador.

1:1.3Una vez que lleguen a ser verdaderamente conscientes de Dios, después de que descubran realmente al majestuoso Creador y empiecen a experimentar la toma de conciencia de la presencia del controlador divino que mora en ustedes, entonces, de acuerdo con su iluminación y de acuerdo con la manera y el método con que los Hijos divinos revelan a Dios, encontrarán para el Padre Universal un nombre que exprese adecuadamente su concepto de la Primera Gran Fuente y Centro. Y así, en diferentes mundos y en diversos universos, el Creador llega a ser conocido por numerosos apelativos, que en el espíritu de la relación significan todos lo mismo, pero que, en palabras y símbolos, representan cada uno el grado, la profundidad, de su entronización en el corazón de sus criaturas de cualquier reino dado.

1:1.4Cerca del centro del universo de universos, al Padre Universal se le conoce generalmente por nombres que pueden entenderse como Primera Fuente. Más lejos, en los universos del espacio, los términos que se emplean para designar al Padre Universal significan con más frecuencia el Centro Universal. Aún más lejos, en la creación estrellada, se le conoce, como en el mundo sede de su universo local, como la Primera Fuente Creadora y Centro Divino. En una constelación cercana, a Dios se le llama el Padre de los Universos. En otra, el Sustentador Infinito, y hacia el oriente, el Controlador Divino. También se le ha designado como el Padre de las Luces, el Don de la Vida y el Todopoderoso.

1:1.5En los mundos donde un Hijo del Paraíso ha vivido una vida de otorgamiento, a Dios se le conoce por lo general con algún nombre que indica relación personal, tierno afecto y devoción paternal. En la sede de su constelación se alude a Dios como el Padre Universal, y en diferentes planetas de su sistema local de mundos habitados se le conoce de diversas maneras: el Padre de los Padres, el Padre del Paraíso, el Padre de Havona y el Padre Espíritu. Quienes conocen a Dios por medio de las revelaciones de los otorgamientos de los Hijos del Paraíso ceden finalmente al atractivo sentimental de la conmovedora relación de la asociación criatura-Creador y se refieren a Dios como «nuestro Padre».

1:1.6En un planeta de criaturas sexuadas, en un mundo donde los impulsos de la emoción parental son inherentes al corazón de sus seres inteligentes, el término Padre se convierte en un nombre muy expresivo y apropiado para el Dios eterno. En su planeta, Urantia, se le conoce mejor, y se le reconoce de manera más universal, por el nombre de Dios. El nombre que se le dé tiene poca importancia; lo significativo es que ustedes lo conozcan y aspiren a ser como él. Sus antiguos profetas lo llamaron con razón «el Dios sempiterno» y se refirieron a él como aquel que «habita la eternidad».

2. La realidad de Dios

1:2.1Dios es la realidad primordial en el mundo espiritual; Dios es la fuente de la verdad en las esferas de la mente; Dios se cierne sobre todo en los reinos materiales. Para toda inteligencia creada, Dios es una personalidad, y para el universo de universos él es la Primera Fuente y Centro de la realidad eterna. Dios no se parece ni a un hombre ni a una máquina. El Primer Padre es espíritu universal, verdad eterna, realidad infinita y personalidad paterna.

1:2.2El Dios eterno es infinitamente más que la realidad idealizada o el universo personalizado. Dios no es solo el deseo supremo del hombre, la búsqueda mortal convertida en objeto. Tampoco es Dios un mero concepto, el potencial de poder de la rectitud. El Padre Universal no es un sinónimo de la naturaleza, ni es la ley natural personificada. Dios es una realidad trascendente, no solo el concepto tradicional que el hombre tiene de los valores supremos. Dios no es una focalización psicológica de significados espirituales, ni es «la obra más noble del hombre». Dios puede ser cualquiera de estos conceptos, o todos ellos, en la mente de los hombres, pero es más. Es una persona que salva y un Padre amoroso para todos los que disfrutan de paz espiritual en la tierra y que anhelan experimentar la supervivencia de la personalidad en la muerte.

1:2.3La realidad efectiva de la existencia de Dios se demuestra en la experiencia humana por la presencia divina que mora en el hombre, el Monitor espiritual enviado desde el Paraíso para vivir en la mente mortal del hombre y para ayudar allí a desarrollar el alma inmortal de supervivencia eterna. La presencia de este Ajustador divino en la mente humana se revela mediante tres fenómenos experienciales:

1:2.41. La capacidad intelectual de conocer a Dios: la conciencia de Dios.

1:2.52. El impulso espiritual de encontrar a Dios —la búsqueda de Dios.

1:2.63. El anhelo de la personalidad de ser como Dios —el deseo sincero de hacer la voluntad del Padre.

1:2.7La existencia de Dios nunca puede demostrarse mediante el experimento científico ni mediante la razón pura de la deducción lógica. Solo en los dominios de la experiencia humana se puede llegar a captar a Dios como realidad; con todo, el concepto verdadero de la realidad de Dios es razonable para la lógica, plausible para la filosofía, esencial para la religión e indispensable para toda esperanza de supervivencia de la personalidad.

1:2.8Quienes conocen a Dios han experimentado el hecho de su presencia; tales mortales que conocen a Dios poseen en su experiencia personal la única prueba positiva de la existencia del Dios vivo que un ser humano puede ofrecer a otro. La existencia de Dios está por completo fuera de toda posibilidad de demostración, salvo por el contacto entre la conciencia de Dios de la mente humana y la presencia de Dios del Ajustador del Pensamiento que mora en el intelecto mortal y que se otorga al hombre como don gratuito del Padre Universal.

1:2.9En teoría, ustedes pueden pensar en Dios como el Creador, y él es el creador personal del Paraíso y del universo central de perfección, pero todos los universos del tiempo y del espacio los crea y los organiza el cuerpo de los Hijos Creadores del Paraíso. El Padre Universal no es el creador personal del universo local de Nebadon; el universo en que ustedes viven es la creación de su Hijo Miguel. Aunque el Padre no crea en persona los universos evolutivos, sí los controla en muchas de sus relaciones universales y en algunas de sus manifestaciones de energías físicas, mentales y espirituales. Dios el Padre es el creador personal del universo del Paraíso y, junto con el Hijo Eterno, el creador de todos los demás Creadores personales de universos.

1:2.10Como controlador físico del universo de universos material, la Primera Fuente y Centro funciona en los patrones de la eterna Isla del Paraíso, y por medio de este centro absoluto de gravedad el Dios eterno ejerce el supercontrol cósmico del nivel físico, por igual en el universo central y en todo el universo de universos. Como mente, Dios funciona en la Deidad del Espíritu Infinito; como espíritu, Dios se manifiesta en la persona del Hijo Eterno y en las personas de los hijos divinos del Hijo Eterno. Esta interrelación de la Primera Fuente y Centro con las Personas y los Absolutos coordinados del Paraíso no excluye en lo más mínimo la acción personal directa del Padre Universal en toda la creación y en todos los niveles de ella. Mediante la presencia de su espíritu fragmentado, el Padre Creador mantiene contacto inmediato con sus hijos criaturas y con sus universos creados.

3. Dios es un espíritu universal

1:3.1«Dios es espíritu». Es una presencia espiritual universal. El Padre Universal es una realidad espiritual infinita; es «el único Dios verdadero, soberano, eterno, inmortal e invisible». Aunque ustedes son «linaje de Dios», no deben pensar que el Padre es como ustedes en forma y en aspecto físico porque se dice que fueron creados «a su imagen» —habitados por Monitores de Misterio enviados desde la morada central de su presencia eterna. Los seres espirituales son reales, aunque sean invisibles a los ojos humanos y aunque no tengan carne ni sangre.

1:3.2Dijo el vidente de tiempos antiguos: «Miren, pasa junto a mí, y no lo veo; sigue también su camino, pero no lo percibo». Podemos observar constantemente las obras de Dios, podemos ser muy conscientes de las pruebas materiales de su majestuosa conducta, pero rara vez podemos contemplar la manifestación visible de su divinidad, ni siquiera percibir la presencia de su espíritu delegado que mora en el hombre.

1:3.3El Padre Universal no es invisible porque se esconda de las humildes criaturas de limitaciones materialistas y de escasas dotes espirituales. La situación más bien es esta: «No puedes ver mi rostro, porque ningún mortal puede verme y vivir». Ningún hombre material podría contemplar al Dios espíritu y conservar su existencia mortal. La gloria y el resplandor espiritual de la presencia de la personalidad divina son inaccesibles para los grupos inferiores de seres espirituales o para cualquier orden de personalidades materiales. La luminosidad espiritual de la presencia personal del Padre es una «luz a la que ningún hombre mortal puede acercarse; que ninguna criatura material ha visto ni puede ver». Pero no es necesario ver a Dios con los ojos de la carne para discernirlo mediante la visión de fe de la mente espiritualizada.

1:3.4La naturaleza espiritual del Padre Universal se comparte plenamente con su yo coexistente, el Hijo Eterno del Paraíso. Tanto el Padre como el Hijo comparten de igual manera el espíritu universal y eterno, plenamente y sin reservas, con su coordinado de personalidad conjunta, el Espíritu Infinito. El espíritu de Dios es, en sí mismo y por sí mismo, absoluto; en el Hijo es incondicionado; en el Espíritu, universal; y en todos ellos y por todos ellos, infinito.

1:3.5Dios es un espíritu universal; la persona universal es Dios. En la creación finita, la realidad personal suprema es el espíritu; en el cosmos personal, la realidad última es el espíritu absonito. Absolutos son solo los niveles de la infinitud, y únicamente en tales niveles tiene carácter definitivo la unidad entre materia, mente y espíritu.

1:3.6En los universos, Dios el Padre es, en potencial, el supercontrolador de la materia, la mente y el espíritu. Solo por medio de su circuito de la personalidad, de vasto alcance, trata Dios directamente con las personalidades de su inmensa creación de criaturas volitivas, pero (fuera del Paraíso) solo se puede entrar en contacto con él en las presencias de sus entidades fragmentadas, la voluntad de Dios difundida por los universos. Este espíritu del Paraíso que mora en la mente de los mortales del tiempo, y que allí fomenta la evolución del alma inmortal de la criatura que sobrevive, es de la naturaleza y la divinidad del Padre Universal. Pero la mente de estas criaturas evolutivas se origina en los universos locales y debe alcanzar la perfección divina al llevar a cabo aquellas transformaciones experienciales de logro espiritual que son el resultado inevitable de que una criatura elija hacer la voluntad del Padre que está en el cielo.

1:3.7En la experiencia interior del hombre, la mente está unida a la materia. Tales mentes ligadas a la materia no pueden sobrevivir a la muerte mortal. La técnica de la supervivencia está comprendida en aquellos ajustes de la voluntad humana y en aquellas transformaciones de la mente mortal mediante los cuales ese intelecto consciente de Dios llega gradualmente a ser enseñado por el espíritu y, con el tiempo, guiado por el espíritu. Esta evolución de la mente humana, desde la asociación con la materia hasta la unión con el espíritu, tiene como resultado la transmutación de las fases potencialmente espirituales de la mente mortal en las realidades morontiales del alma inmortal. La mente mortal sometida a la materia está destinada a volverse cada vez más material y, en consecuencia, a sufrir finalmente la extinción de la personalidad; la mente entregada al espíritu está destinada a volverse cada vez más espiritual y, en último término, a lograr la unidad con el espíritu divino que sobrevive y guía, y de este modo alcanzar la supervivencia y la eternidad de la existencia de la personalidad.

1:3.8Yo provengo del Eterno, y he regresado repetidamente a la presencia del Padre Universal. Conozco la realidad efectiva y la personalidad de la Primera Fuente y Centro, el Padre Eterno y Universal. Sé que, aunque el gran Dios es absoluto, eterno e infinito, también es bueno, divino y lleno de gracia. Conozco la verdad de las grandes declaraciones: «Dios es espíritu» y «Dios es amor», y estos dos atributos se revelan de la manera más completa al universo en el Hijo Eterno.

4. El misterio de Dios

1:4.1La infinitud de la perfección de Dios es tal que eternamente hace de él un misterio. Y el mayor de todos los misterios insondables de Dios es el fenómeno de la morada divina en las mentes mortales. La manera en que el Padre Universal permanece con las criaturas del tiempo es el más profundo de todos los misterios del universo; la presencia divina en la mente del hombre es el misterio de los misterios.

1:4.2Los cuerpos físicos de los mortales son «los templos de Dios». Aunque los Hijos Creadores Soberanos se acercan a las criaturas de sus mundos habitados y «atraen a todos los hombres hacia sí»; aunque «están a la puerta» de la conciencia «y llaman», y se deleitan en entrar en todos los que quieran «abrir las puertas de su corazón»; aunque sí existe esta íntima comunión personal entre los Hijos Creadores y sus criaturas mortales, sin embargo, los hombres mortales tienen algo de Dios mismo que mora realmente en su interior; sus cuerpos son los templos de esa presencia.

1:4.3Cuando terminen aquí abajo, cuando hayan recorrido su carrera en forma temporal en la tierra, cuando su viaje de prueba en la carne haya concluido, cuando el polvo que compone el tabernáculo mortal «vuelva a la tierra de donde vino»; entonces, según se revela, el «Espíritu», que mora en ustedes, «volverá a Dios que lo dio». Dentro de cada ser moral de este planeta reside un fragmento de Dios, una parte integrante de la divinidad. Todavía no es de ustedes por derecho de posesión, pero está destinado deliberadamente a ser uno con ustedes si sobreviven a la existencia mortal.

1:4.4Nos encontramos sin cesar ante este misterio de Dios; quedamos desconcertados ante el despliegue creciente del panorama sin fin de la verdad de su bondad infinita, su misericordia interminable, su sabiduría sin igual y su carácter magnífico.

1:4.5Lo que constituye el misterio divino es la diferencia intrínseca que separa lo finito de lo infinito, lo temporal de lo eterno, a la criatura del tiempo-espacio del Creador Universal, lo material de lo espiritual, y la imperfección del hombre de la perfección de la Deidad del Paraíso. Sin fallar nunca, el Dios del amor universal se manifiesta a cada una de sus criaturas hasta colmar la capacidad que esa criatura posea para captar espiritualmente las cualidades de verdad, belleza y bondad divinas.

1:4.6A cada ser espiritual y a cada criatura mortal en cada esfera y en cada mundo del universo de universos, el Padre Universal revela todo su ser lleno de gracia y divino que esos seres espirituales y esas criaturas mortales puedan discernir o comprender. Dios no hace acepción de personas, ni espirituales ni materiales. La presencia divina de que goza cualquier hijo del universo en un momento dado solo está limitada por la capacidad de esa criatura para recibir y discernir las realidades efectivas del espíritu del mundo supermaterial.

1:4.7Como realidad en la experiencia espiritual humana, Dios no es un misterio. Pero cuando se intenta hacer comprensibles las realidades del mundo espiritual a las mentes físicas del orden material, aparece el misterio: misterios tan sutiles y tan profundos que solo la comprensión por la fe del mortal que conoce a Dios puede lograr el milagro filosófico de que lo finito reconozca al Infinito, de que los mortales en evolución de los mundos materiales del tiempo y del espacio disciernan al Dios eterno.

5. La personalidad del Padre Universal

1:5.1No permitan que la magnitud de Dios, su infinitud, oscurezca o eclipse su personalidad. «El que planeó el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?» El Padre Universal es la cumbre de la personalidad divina; es el origen y el destino de la personalidad en toda la creación. Dios es a la vez infinito y personal; es una personalidad infinita. El Padre es verdaderamente una personalidad, aunque la infinitud de su persona lo sitúa para siempre más allá de la plena comprensión de los seres materiales y finitos.

1:5.2Dios es mucho más que una personalidad tal como la mente humana entiende la personalidad; es incluso mucho más que cualquier concepto posible de una superpersonalidad. Pero es del todo inútil discutir tales conceptos incomprensibles de la personalidad divina con las mentes de criaturas materiales cuyo concepto máximo de la realidad del ser consiste en la idea y el ideal de la personalidad. El concepto más elevado posible que la criatura material puede tener del Creador Universal está comprendido en los ideales espirituales de la idea exaltada de la personalidad divina. Por tanto, aunque puedan saber que Dios tiene que ser mucho más que la concepción humana de la personalidad, saben igualmente bien que el Padre Universal no puede ser de ningún modo nada menos que una personalidad eterna, infinita, verdadera, buena y bella.

1:5.3Dios no se oculta de ninguna de sus criaturas. Es inaccesible para tantos órdenes de seres solo porque «habita en una luz a la que ninguna criatura material puede acercarse». La inmensidad y la grandeza de la personalidad divina están más allá de la comprensión de la mente no perfeccionada de los mortales evolutivos. Él «mide las aguas en el hueco de su mano, mide un universo con el palmo de su mano. Es él quien se sienta sobre el círculo de la tierra, quien extiende los cielos como una cortina y los despliega como un universo para habitar». «Alcen los ojos a lo alto y vean quién ha creado todas estas cosas, quién saca sus mundos por número y los llama a todos por su nombre»; y así es verdad que «las cosas invisibles de Dios se comprenden en parte por medio de las cosas hechas». Hoy, y tal como son, ustedes deben discernir al Hacedor invisible a través de su creación múltiple y diversa, así como a través de la revelación y el ministerio de sus Hijos y de sus numerosos subordinados.

1:5.4Aunque los mortales materiales no pueden ver la persona de Dios, deberían alegrarse con la seguridad de que él es una persona; aceptar por la fe la verdad que muestra que el Padre Universal amó tanto al mundo que proveyó para la progresión espiritual eterna de sus humildes habitantes; que él «se deleita en sus hijos». A Dios no le falta ninguno de aquellos atributos sobrehumanos y divinos que constituyen una personalidad Creadora perfecta, eterna, amorosa e infinita.

1:5.5En las creaciones locales (exceptuando al personal de los superuniversos), Dios no tiene manifestación personal ni residencial aparte de los Hijos Creadores del Paraíso, que son los padres de los mundos habitados y los soberanos de los universos locales. Si la fe de la criatura fuera perfecta, sabría con certeza que, cuando hubiera visto a un Hijo Creador, habría visto al Padre Universal; al buscar al Padre, no pediría ni esperaría ver a otro que no fuera el Hijo. El hombre mortal simplemente no puede ver a Dios hasta que logre la transformación espiritual completa y alcance realmente el Paraíso.

1:5.6La naturaleza de los Hijos Creadores del Paraíso no abarca todos los potenciales incondicionados de la absolutez universal de la naturaleza infinita de la Primera Gran Fuente y Centro, pero el Padre Universal está presente divinamente en todo sentido en los Hijos Creadores. El Padre y sus Hijos son uno. Estos Hijos del Paraíso del orden de Miguel son personalidades perfectas, incluso el patrón de toda personalidad del universo local, desde la de la Resplandeciente Estrella Matutina hasta la de la criatura humana más baja de la evolución animal en progreso.

1:5.7Sin Dios, y si no fuera por su gran persona central, no habría personalidad en todo el vasto universo de universos. Dios es personalidad.

1:5.8Aunque Dios es un poder eterno, una presencia majestuosa, un ideal trascendente y un espíritu glorioso, aunque es todo esto e infinitamente más, sin embargo, es verdadera y eternamente una personalidad Creadora perfecta, una persona que puede «conocer y ser conocida», que puede «amar y ser amada», y alguien que puede brindarnos su amistad; mientras que ustedes pueden ser conocidos, como otros seres humanos lo han sido, como amigos de Dios. Él es un espíritu real y una realidad espiritual.

1:5.9Cuando vemos al Padre Universal revelado en todo su universo; cuando lo discernimos morando en sus miríadas de criaturas; cuando lo contemplamos en las personas de sus Hijos Soberanos; cuando seguimos percibiendo su presencia divina aquí y allá, cerca y lejos, no dudemos ni cuestionemos la primacía de su personalidad. A pesar de todas estas vastas distribuciones, él sigue siendo una persona verdadera y mantiene eternamente una conexión personal con las incontables huestes de sus criaturas dispersas por todo el universo de universos.

1:5.10La idea de la personalidad del Padre Universal es un concepto de Dios ampliado y más verdadero, que ha llegado a la humanidad principalmente por medio de la revelación. La razón, la sabiduría y la experiencia religiosa infieren e implican todas la personalidad de Dios, pero no la validan del todo. Incluso el Ajustador del Pensamiento que mora en el hombre es prepersonal. La verdad y la madurez de cualquier religión son directamente proporcionales a su concepto de la personalidad infinita de Dios y a su comprensión de la unidad absoluta de la Deidad. La idea de una Deidad personal se convierte, entonces, en la medida de la madurez religiosa después de que la religión ha formulado primero el concepto de la unidad de Dios.

1:5.11La religión primitiva tenía muchos dioses personales, y estaban hechos a imagen del hombre. La revelación afirma la validez del concepto de la personalidad de Dios, que es solo posible en el postulado científico de una Primera Causa y que solo se sugiere de forma provisional en la idea filosófica de la Unidad Universal. Solo mediante el acercamiento de la personalidad puede una persona empezar a comprender la unidad de Dios. Negar la personalidad de la Primera Fuente y Centro solo le deja a uno la elección entre dos dilemas filosóficos: el materialismo o el panteísmo.

1:5.12Al contemplar la Deidad, hay que despojar el concepto de personalidad de la idea de corporeidad. Un cuerpo material no es indispensable para la personalidad, ni en el hombre ni en Dios. El error de la corporeidad aparece en los dos extremos de la filosofía humana. En el materialismo, puesto que el hombre pierde su cuerpo al morir, deja de existir como personalidad; en el panteísmo, puesto que Dios no tiene cuerpo, no es, por lo tanto, una persona. El tipo sobrehumano de personalidad en progreso funciona en una unión de mente y espíritu.

1:5.13La personalidad no es solo un atributo de Dios; más bien representa la totalidad de la naturaleza infinita coordinada y de la voluntad divina unificada que se muestra en la eternidad y en la universalidad de una expresión perfecta. La personalidad, en el sentido supremo, es la revelación de Dios al universo de universos.

1:5.14Dios, siendo eterno, universal, absoluto e infinito, no crece en conocimiento ni aumenta en sabiduría. Dios no adquiere experiencia, como el hombre finito podría conjeturar o comprender, pero sí disfruta, dentro de los reinos de su propia personalidad eterna, de esas continuas expansiones de autorrealización que son en ciertos aspectos comparables, y análogas, a la adquisición de nueva experiencia por parte de las criaturas finitas de los mundos evolutivos.

1:5.15La perfección absoluta del Dios infinito le haría sufrir las terribles limitaciones de un carácter definitivo e incondicionado de la perfección, si no fuera un hecho que el Padre Universal participa directamente en la lucha de la personalidad de toda alma imperfecta del vasto universo que busca, con la ayuda divina, ascender a los mundos espiritualmente perfectos de lo alto. Esta experiencia progresiva de todo ser espiritual y de toda criatura mortal en todo el universo de universos forma parte de la conciencia de Deidad, siempre en expansión, del Padre, en el círculo divino interminable de una autorrealización incesante.

1:5.16Es literalmente verdad: «En todas las aflicciones de ustedes él es afligido». «En todos sus triunfos él triunfa en ustedes y con ustedes». Su espíritu divino prepersonal es una parte real de ustedes. La Isla del Paraíso responde a todas las metamorfosis físicas del universo de universos; el Hijo Eterno incluye todos los impulsos espirituales de toda la creación; el Actor Conjunto abarca toda la expresión mental del cosmos en expansión. El Padre Universal percibe, en la plenitud de la conciencia divina, toda la experiencia individual de las luchas progresivas de las mentes en expansión y de los espíritus ascendentes de toda entidad, ser y personalidad de toda la creación evolutiva del tiempo y del espacio. Y todo esto es literalmente verdad, porque «en él todos vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser».

6. La personalidad en el universo

1:6.1La personalidad humana es la imagen-sombra en el tiempo y el espacio que proyecta la personalidad divina del Creador. Y ninguna realidad efectiva puede comprenderse jamás adecuadamente mediante el examen de su sombra. Las sombras deben interpretarse en función de la sustancia verdadera.

1:6.2Dios es para la ciencia una causa, para la filosofía una idea, para la religión una persona, incluso el amoroso Padre celestial. Dios es para el científico una fuerza primordial, para el filósofo una hipótesis de unidad, para el religioso una experiencia espiritual viva. El concepto insuficiente que el hombre tiene de la personalidad del Padre Universal solo puede mejorarse mediante el progreso espiritual del hombre en el universo, y solo llegará a ser verdaderamente adecuado cuando los peregrinos del tiempo y del espacio alcancen finalmente el abrazo divino del Dios vivo en el Paraíso.

1:6.3Nunca pierdan de vista las perspectivas diametralmente opuestas de la personalidad tal como la conciben Dios y el hombre. El hombre ve y comprende la personalidad mirando desde lo finito hacia lo infinito; Dios mira desde lo infinito hacia lo finito. El hombre posee el tipo más bajo de personalidad; Dios, el más alto, incluso supremo, último y absoluto. Por eso los mejores conceptos de la personalidad divina tuvieron que esperar con paciencia la aparición de ideas mejoradas de la personalidad humana, en especial la revelación ampliada de la personalidad tanto humana como divina en la vida de otorgamiento en Urantia de Miguel, el Hijo Creador.

1:6.4El espíritu divino prepersonal que mora en la mente mortal lleva, en su presencia misma, la prueba válida de su existencia real, pero el concepto de la personalidad divina solo puede captarse mediante el discernimiento espiritual de una experiencia religiosa personal genuina. Cualquier persona, humana o divina, puede ser conocida y comprendida con total independencia de las reacciones externas o de la presencia material de esa persona.

1:6.5Cierto grado de afinidad moral y de armonía espiritual es esencial para la amistad entre dos personas; una personalidad amorosa difícilmente puede revelarse a una persona sin amor. Incluso para acercarse a conocer una personalidad divina, todas las dotes de la personalidad del hombre deben consagrarse por completo a ese esfuerzo; una devoción tibia y parcial será inútil.

1:6.6Cuanto más plenamente se comprende el hombre a sí mismo y aprecia los valores de la personalidad de sus semejantes, más anhelará conocer a la Personalidad Original, y con más empeño se esforzará ese ser humano que conoce a Dios por llegar a ser como la Personalidad Original. Pueden discutir opiniones sobre Dios, pero la experiencia con él y en él existe por encima y más allá de toda controversia humana y de la mera lógica intelectual. El hombre que conoce a Dios describe sus experiencias espirituales, no para convencer a los incrédulos, sino para la edificación y la satisfacción mutua de los creyentes.

1:6.7Suponer que el universo se puede conocer, que es inteligible, es suponer que el universo está hecho por una mente y dirigido por una personalidad. La mente del hombre solo puede percibir los fenómenos mentales de otras mentes, ya sean humanas o sobrehumanas. Si la personalidad del hombre puede experimentar el universo, hay una mente divina y una personalidad real ocultas en algún lugar de ese universo.

1:6.8Dios es espíritu —personalidad espiritual—; el hombre también es un espíritu —personalidad espiritual en potencia—. Jesús de Nazaret alcanzó la plena realización de este potencial de personalidad espiritual en la experiencia humana; por eso su vida de cumplimiento de la voluntad del Padre se convierte en la revelación más real e ideal que el hombre tiene de la personalidad de Dios. Aunque la personalidad del Padre Universal solo puede captarse en la experiencia religiosa real, en la vida terrenal de Jesús nos inspira la demostración perfecta de tal realización y revelación de la personalidad de Dios en una experiencia verdaderamente humana.

7. El valor espiritual del concepto de personalidad

1:7.1Cuando Jesús hablaba del «Dios vivo», se refería a una Deidad personal —el Padre que está en el cielo. El concepto de la personalidad de la Deidad facilita el compañerismo; favorece la adoración inteligente; promueve una confianza reconfortante. Puede haber interacciones entre cosas no personales, pero no compañerismo. La relación de compañerismo entre padre e hijo, como entre Dios y el hombre, no puede disfrutarse a menos que ambos sean personas. Solo las personalidades pueden comulgar entre sí, si bien esta comunión personal puede verse muy facilitada por la presencia de una entidad impersonal como el Ajustador del Pensamiento.

1:7.2El hombre no logra la unión con Dios como una gota de agua podría encontrar la unidad con el océano. El hombre alcanza la unión divina mediante una comunión espiritual recíproca y progresiva, mediante el trato de personalidad con el Dios personal, mediante el logro creciente de la naturaleza divina por la conformidad sincera e inteligente con la voluntad divina. Una relación tan sublime solo puede existir entre personalidades.

1:7.3Tal vez podría admitirse el concepto de verdad al margen de la personalidad, y el concepto de belleza puede existir sin personalidad, pero el concepto de la bondad divina solo es comprensible en relación con la personalidad. Solo una persona puede amar y ser amada. Incluso la belleza y la verdad quedarían separadas de la esperanza de supervivencia si no fueran atributos de un Dios personal, un Padre amoroso.

1:7.4No podemos entender plenamente cómo Dios puede ser primordial, inmutable, todopoderoso y perfecto, y al mismo tiempo estar rodeado de un universo siempre cambiante y en apariencia limitado por leyes, un universo en evolución de imperfecciones relativas. Pero sí podemos conocer esa verdad en nuestra propia experiencia personal, ya que todos mantenemos la identidad de la personalidad y la unidad de la voluntad a pesar del cambio constante tanto de nosotros mismos como de nuestro entorno.

1:7.5La realidad última del universo no puede captarse mediante las matemáticas, la lógica ni la filosofía, sino solo mediante la experiencia personal en una conformidad progresiva con la voluntad divina de un Dios personal. Ni la ciencia, ni la filosofía, ni la teología pueden validar la personalidad de Dios. Solo la experiencia personal de los hijos por la fe del Padre celestial puede llevar a cabo la realización espiritual efectiva de la personalidad de Dios.

1:7.6Los conceptos más elevados de la personalidad en el universo implican: identidad, conciencia de sí, voluntad propia y posibilidad de revelarse a sí misma. Y estas características implican además el compañerismo con otras personalidades iguales, como el que existe en las asociaciones de personalidad de las Deidades del Paraíso. Y la unidad absoluta de estas asociaciones es tan perfecta que la divinidad se da a conocer por su indivisibilidad, por su unicidad. «El Señor Dios es uno». La indivisibilidad de la personalidad no impide que Dios otorgue su espíritu para que viva en el corazón de los hombres mortales. La indivisibilidad de la personalidad de un padre humano no impide la reproducción de hijos e hijas mortales.

1:7.7Este concepto de indivisibilidad, en asociación con el concepto de unidad, implica que la Ultimidad de la Deidad trasciende tanto el tiempo como el espacio; por tanto, ni el espacio ni el tiempo pueden ser absolutos ni infinitos. La Primera Fuente y Centro es esa infinitud que trasciende sin restricciones toda mente, toda materia y todo espíritu.

1:7.8El hecho de la Trinidad del Paraíso no viola en modo alguno la verdad de la unidad divina. Las tres personalidades de la Deidad del Paraíso son, en todas las reacciones de la realidad del universo y en todas las relaciones con las criaturas, como una sola. Tampoco la existencia de estas tres personas eternas viola la verdad de la indivisibilidad de la Deidad. Soy plenamente consciente de que no dispongo de ningún lenguaje adecuado para aclarar a la mente mortal cómo se nos presentan estos problemas del universo. Pero no deben desanimarse; no todas estas cosas son del todo claras ni siquiera para las altas personalidades que pertenecen a mi grupo de seres del Paraíso. Tengan siempre presente que estas profundas verdades relativas a la Deidad se aclararán cada vez más a medida que sus mentes se espiritualicen progresivamente durante las sucesivas épocas del largo ascenso mortal al Paraíso.

1:7.9[Presentado por un Consejero Divino, miembro de un grupo de personalidades celestiales asignadas por los Ancianos de Días en Uversa, la sede del séptimo superuniverso, para supervisar aquellas partes de esta próxima revelación que tienen que ver con asuntos situados más allá de las fronteras del universo local de Nebadon. Tengo el encargo de patrocinar los documentos que describen la naturaleza y los atributos de Dios porque represento la fuente más alta de información disponible para tal propósito en cualquier mundo habitado. He servido como Consejero Divino en los siete superuniversos y he residido durante mucho tiempo en el centro de todas las cosas, en el Paraíso. Muchas veces he disfrutado del placer supremo de una estancia en la presencia personal inmediata del Padre Universal. Describo la realidad y la verdad de la naturaleza y los atributos del Padre con una autoridad indiscutible; sé de lo que hablo.]

Documento 1

El Padre Universal