Parte IV · Documento 194
Otorgamiento del Espíritu de la Verdad
194:0.1HACIA la una, mientras los ciento veinte creyentes estaban en oración, todos ellos se dieron cuenta de una presencia extraña en la sala. Al mismo tiempo, todos estos discípulos tomaron conciencia de un sentimiento nuevo y profundo de gozo, seguridad y confianza espirituales. A esta nueva conciencia de fortaleza espiritual le siguió de inmediato un fuerte impulso de salir a proclamar públicamente el evangelio del reino y la buena nueva de que Jesús había resucitado de entre los muertos.
194:0.2Pedro se puso de pie y declaró que esto debía de ser la venida del Espíritu de la Verdad que el Maestro les había prometido, y propuso que fueran al templo y comenzaran la proclamación de la buena nueva confiada a sus manos. Y ellos hicieron justamente lo que Pedro sugirió.
194:0.3A estos hombres se les había formado e instruido en que el evangelio que debían predicar era la paternidad de Dios y la filiación del hombre, pero justo en este momento de éxtasis espiritual y de triunfo personal, la mejor noticia, la nueva más grande que estos hombres podían concebir era el hecho del Maestro resucitado. Y así salieron, dotados de poder de lo alto, predicando buenas nuevas al pueblo —incluso la salvación por medio de Jesús—, pero sin querer cayeron en el error de sustituir el mensaje mismo del evangelio por algunos de los hechos asociados con el evangelio. Pedro, sin darse cuenta, abrió el camino en este error, y otros lo siguieron después de él hasta llegar a Pablo, quien creó una nueva religión a partir de la nueva versión de la buena nueva.
194:0.4El evangelio del reino es: el hecho de la paternidad de Dios, unido a la verdad resultante de la filiación-fraternidad de los hombres. El cristianismo, tal como se desarrolló a partir de aquel día, es: el hecho de Dios como Padre del Señor Jesucristo, en asociación con la experiencia del compañerismo de los creyentes con el Cristo resucitado y glorificado.
194:0.5No es extraño que estos hombres infundidos del espíritu aprovecharan esta oportunidad para expresar sus sentimientos de triunfo sobre las fuerzas que habían intentado destruir a su Maestro y poner fin a la influencia de sus enseñanzas. En un momento como este era más fácil recordar su asociación personal con Jesús y estremecerse con la seguridad de que el Maestro aún vivía, de que su amistad no había terminado y de que el espíritu en verdad había venido sobre ellos, tal como él lo había prometido.
194:0.6Estos creyentes se sintieron trasladados de repente a otro mundo, a una existencia nueva de gozo, poder y gloria. El Maestro les había dicho que el reino vendría con poder, y algunos de ellos pensaron que empezaban a discernir lo que él había querido decir.
194:0.7Y cuando se tiene en cuenta todo esto, no es difícil comprender cómo llegaron estos hombres a predicar un nuevo evangelio acerca de Jesús en lugar de su anterior mensaje de la paternidad de Dios y la fraternidad de los hombres.
1. El sermón de Pentecostés
194:1.1Los apóstoles habían permanecido escondidos durante cuarenta días. Ese día resultó ser la fiesta judía de Pentecostés, y miles de visitantes de todas partes del mundo estaban en Jerusalén. Muchos llegaron para esta fiesta, pero la mayoría se había quedado en la ciudad desde la Pascua. Ahora estos apóstoles atemorizados salieron de sus semanas de reclusión para presentarse con audacia en el templo, donde comenzaron a predicar el nuevo mensaje de un Mesías resucitado. Y todos los discípulos eran igualmente conscientes de haber recibido una nueva dotación espiritual de discernimiento y de poder.
194:1.2Eran alrededor de las dos cuando Pedro se puso de pie en el mismo lugar donde su Maestro había enseñado por última vez en este templo, y pronunció aquel apasionado llamamiento que tuvo como resultado ganar a más de dos mil almas. El Maestro se había ido, pero de pronto descubrieron que este relato acerca de él tenía gran poder sobre la gente. No es de extrañar que se dejaran llevar a seguir proclamando aquello que justificaba su devoción anterior a Jesús y que, al mismo tiempo, movía tanto a los hombres a creer en él. Seis de los apóstoles participaron en esta reunión: Pedro, Andrés, Santiago, Juan, Felipe y Mateo. Hablaron durante más de una hora y media y transmitieron mensajes en griego, hebreo y arameo, así como algunas palabras incluso en otras lenguas que conocían lo suficiente para hablarlas.
194:1.3Los dirigentes de los judíos estaban asombrados ante la audacia de los apóstoles, pero temían molestarlos a causa del gran número de personas que creían su relato.
194:1.4Hacia las cuatro y media de la tarde, eran ya más de dos mil los nuevos creyentes que bajaron tras los apóstoles hasta el estanque de Siloé, donde Pedro, Andrés, Santiago y Juan los bautizaron en nombre del Maestro. Cuando terminaron de bautizar a esta multitud, ya había oscurecido.
194:1.5Pentecostés era la gran fiesta del bautismo, el momento de acoger en la comunidad a los prosélitos de la puerta, aquellos gentiles que deseaban servir a Yahvé. Por eso, les resultó tanto más fácil a un gran número de judíos y de gentiles creyentes someterse al bautismo en este día. Al hacerlo, de ninguna manera se separaban de la fe judía. Incluso durante algún tiempo después de esto, los creyentes en Jesús fueron una secta dentro del judaísmo. Todos ellos, incluidos los apóstoles, seguían siendo leales a los requisitos esenciales del sistema ceremonial judío.
2. El significado de Pentecostés
194:2.1Jesús vivió en la tierra y enseñó un evangelio que redimió al hombre de la superstición de que era un hijo del diablo y lo elevó a la dignidad de hijo de Dios por la fe. El mensaje de Jesús, tal como él lo predicó y lo vivió en su época, fue un disolvente eficaz para las dificultades espirituales del hombre en el tiempo en que se formuló. Y ahora que él ha dejado personalmente el mundo, envía en su lugar a su Espíritu de la Verdad, que está destinado a vivir en el hombre y, para cada nueva generación, a formular de nuevo el mensaje de Jesús, de modo que cada nuevo grupo de mortales que aparezca sobre la faz de la tierra tenga una versión nueva y actualizada del evangelio, precisamente aquella iluminación personal y aquella guía de grupo que resulten ser un disolvente eficaz para las dificultades espirituales del hombre, siempre nuevas y variadas.
194:2.2La primera misión de este espíritu es, por supuesto, fomentar y personalizar la verdad, porque es la comprensión de la verdad lo que constituye la forma más elevada de libertad humana. Además, el propósito de este espíritu es destruir el sentimiento de orfandad del creyente. Puesto que Jesús había estado entre los hombres, todos los creyentes habrían sentido soledad si el Espíritu de la Verdad no hubiera venido a morar en el corazón de los hombres.
194:2.3Las mentes de todos los hombres normales quedaron eficazmente preparadas, mediante este otorgamiento del espíritu del Hijo, para el posterior otorgamiento universal del espíritu del Padre (el Ajustador) a toda la humanidad. Este Espíritu de la Verdad es, en cierto sentido, el espíritu tanto del Padre Universal como del Hijo Creador.
194:2.4No cometan el error de esperar llegar a tener una fuerte conciencia intelectual del Espíritu de la Verdad derramado. El espíritu nunca crea una conciencia de sí mismo, sino solo una conciencia de Miguel, el Hijo. Desde el principio, Jesús enseñó que el espíritu no hablaría de sí mismo. La prueba, por tanto, de su compañerismo con el Espíritu de la Verdad no se ha de encontrar en su conciencia de este espíritu, sino más bien en su experiencia de un compañerismo acrecentado con Miguel.
194:2.5También vino el espíritu para ayudar a los hombres a traer a la memoria y entender las palabras del Maestro, y asimismo para iluminar y reinterpretar la vida que él llevó en la tierra.
194:2.6Además, el Espíritu de la Verdad vino para ayudar al creyente a dar testimonio de las realidades de las enseñanzas de Jesús y de su vida tal como la vivió en la carne, y tal como ahora vuelve a vivirla, de nuevo y de manera renovada, en el creyente individual de cada generación sucesiva de hijos de Dios llenos del espíritu.
194:2.7Así pues, parece que el Espíritu de la Verdad viene realmente a guiar a todos los creyentes a toda la verdad, al conocimiento en expansión de la experiencia de la conciencia espiritual, viva y en crecimiento, de la realidad de la filiación eterna y ascendente con Dios.
194:2.8Jesús vivió una vida que es una revelación del hombre sometido a la voluntad del Padre, no un ejemplo para que hombre alguno intente seguirlo literalmente. Esta vida en la carne, junto con su muerte en la cruz y su posterior resurrección, se convirtió pronto en un nuevo evangelio del rescate que así se había pagado para recomprar al hombre de las garras del maligno — de la condenación de un Dios ofendido. Sin embargo, aunque el evangelio llegó a distorsionarse en gran medida, sigue siendo un hecho que este nuevo mensaje acerca de Jesús llevó consigo muchas de las verdades y enseñanzas fundamentales de su anterior evangelio del reino. Y, tarde o temprano, estas verdades ocultas de la paternidad de Dios y la fraternidad de los hombres saldrán a la luz para transformar eficazmente la civilización de toda la humanidad.
194:2.9Pero estos errores del intelecto no impidieron en modo alguno el gran progreso del creyente en el crecimiento en espíritu. En menos de un mes después del otorgamiento del Espíritu de la Verdad, los apóstoles hicieron más progreso espiritual individual que durante sus casi cuatro años de asociación personal y amorosa con el Maestro. Tampoco esta sustitución de la verdad salvadora del evangelio, la filiación con Dios, por el hecho de la resurrección de Jesús obstaculizó en modo alguno la rápida difusión de sus enseñanzas; al contrario, este oscurecimiento del mensaje de Jesús por las nuevas enseñanzas acerca de su persona y su resurrección pareció facilitar en gran medida la predicación de la buena nueva.
194:2.10El término «bautismo del espíritu», que llegó a ser de uso tan general por esta época, solo significaba la recepción consciente de este don del Espíritu de la Verdad y el reconocimiento personal de este nuevo poder espiritual como un aumento de todas las influencias espirituales experimentadas antes por las almas que conocen a Dios.
194:2.11A partir del otorgamiento del Espíritu de la Verdad, el hombre queda sometido a la enseñanza y a la guía de una dotación espiritual triple: el espíritu del Padre, que es el Ajustador del Pensamiento; el espíritu del Hijo, que es el Espíritu de la Verdad; el espíritu del Espíritu, que es el Espíritu Santo.
194:2.12En cierto modo, la humanidad está sujeta a la doble influencia de la apelación séptuple de las influencias espirituales del universo. Las primeras razas evolutivas de mortales están sujetas al contacto progresivo de los siete espíritus ayudantes de la mente del Espíritu Madre del universo local. A medida que el hombre progresa hacia arriba en la escala de la inteligencia y de la percepción espiritual, con el tiempo llegan a cernirse sobre él y a morar dentro de él las siete influencias espirituales superiores. Y estos siete espíritus de los mundos que avanzan son:
194:2.131. El espíritu otorgado del Padre Universal — los Ajustadores del Pensamiento.
194:2.142. La presencia espiritual del Hijo Eterno — la gravedad espiritual del universo de universos y el canal seguro de toda comunión espiritual.
194:2.153. La presencia espiritual del Espíritu Infinito —el espíritu-mente universal de toda la creación, fuente espiritual del parentesco intelectual que une a todas las inteligencias que progresan.
194:2.164. El espíritu del Padre Universal y del Hijo Creador — el Espíritu de la Verdad, considerado por lo general como el espíritu del Hijo del Universo.
194:2.175. El espíritu del Espíritu Infinito y del Espíritu Madre del Universo — el Espíritu Santo, considerado por lo general como el espíritu del Espíritu del Universo.
194:2.186. La mente-espíritu del Espíritu Madre del Universo — los siete espíritus ayudantes de la mente del universo local.
194:2.197. El espíritu del Padre, de los Hijos y de los Espíritus — el espíritu del nombre nuevo de los mortales ascendentes de los reinos después de la fusión del alma mortal nacida del espíritu con el Ajustador del Pensamiento del Paraíso y después de la consecución posterior de la divinidad y la glorificación del estatus del Cuerpo de los Finalitarios del Paraíso.
194:2.20Y así el otorgamiento del Espíritu de la Verdad trajo al mundo y a sus pueblos la última parte de la dotación espiritual destinada a ayudar en la búsqueda ascendente de Dios.
3. Lo que sucedió en Pentecostés
194:3.1Muchas enseñanzas raras y extrañas llegaron a asociarse con los primeros relatos del día de Pentecostés. En tiempos posteriores, los acontecimientos de este día, en el que el Espíritu de la Verdad, el nuevo maestro, vino a morar con la humanidad, se han confundido con los necios arrebatos de un emocionalismo desenfrenado. La misión principal de este espíritu derramado del Padre y del Hijo es enseñar a los hombres las verdades del amor del Padre y de la misericordia del Hijo. Estas son las verdades de la divinidad que los hombres pueden comprender más plenamente que todos los demás rasgos divinos de carácter. El Espíritu de la Verdad se ocupa ante todo de la revelación de la naturaleza espiritual del Padre y del carácter moral del Hijo. El Hijo Creador, en la carne, reveló a Dios a los hombres; el Espíritu de la Verdad, en el corazón, revela al Hijo Creador a los hombres. Cuando el hombre da los «frutos del espíritu» en su vida, simplemente muestra los rasgos que el Maestro manifestó en su propia vida terrenal. Cuando Jesús estuvo en la tierra, vivió su vida como una sola personalidad — Jesús de Nazaret. Como espíritu del «nuevo maestro» que mora en el interior, el Maestro ha podido, desde Pentecostés, vivir de nuevo su vida en la experiencia de cada creyente enseñado por la verdad.
194:3.2Muchas cosas que suceden en el curso de una vida humana son difíciles de entender, difíciles de conciliar con la idea de que este es un universo en el que la verdad prevalece y en el que la rectitud triunfa. Muy a menudo parece que la calumnia, la mentira, la deshonestidad y la falta de rectitud —el pecado— prevalecen. ¿Triunfa la fe, después de todo, sobre el mal, el pecado y la iniquidad? Sí, triunfa. Y la vida y la muerte de Jesús son la prueba eterna de que la verdad de la bondad y la fe de la criatura guiada por el espíritu siempre serán reivindicadas. Se burlaron de Jesús en la cruz, diciendo: «Veamos si Dios viene a librarlo». Parecía oscuro aquel día de la crucifixión, pero fue gloriosamente luminoso en la mañana de la resurrección; fue aún más luminoso y gozoso el día de Pentecostés. Las religiones de la desesperación pesimista buscan liberarse de las cargas de la vida; anhelan la extinción en un sueño y un descanso sin fin. Estas son las religiones del miedo y el pavor primitivos. La religión de Jesús es un nuevo evangelio de fe que ha de proclamarse a la humanidad que lucha. Esta nueva religión se funda en la fe, la esperanza y el amor.
194:3.3A Jesús, la vida mortal le había asestado sus golpes más duros, más crueles y más amargos; y este hombre afrontó estas ministraciones de la desesperación con fe, con valor y con la determinación inquebrantable de hacer la voluntad de su Padre. Jesús afrontó la vida en toda su terrible realidad y la dominó — incluso en la muerte. No usó la religión como una liberación de la vida. La religión de Jesús no busca escapar de esta vida para gozar de la dicha que espera en otra existencia. La religión de Jesús proporciona el gozo y la paz de otra existencia, una existencia espiritual, para realzar y ennoblecer la vida que los hombres viven ahora en la carne.
194:3.4Si la religión es un opiáceo para el pueblo, esa no es la religión de Jesús. En la cruz él se negó a beber la droga adormecedora, y su espíritu, derramado sobre toda carne, es una poderosa influencia mundial que conduce al hombre hacia lo alto y lo impulsa hacia adelante. La fuerza motriz más poderosa que existe en este mundo es el impulso espiritual de avance; la única alma progresiva y emprendedora de la tierra es el creyente que aprende la verdad.
194:3.5En el día de Pentecostés, la religión de Jesús rompió todas las restricciones nacionales y los grilletes raciales. Es eternamente cierto: «Donde está el espíritu del Señor, allí hay libertad». En este día, el Espíritu de la Verdad se convirtió en el don personal del Maestro a cada mortal. Este espíritu fue otorgado con el propósito de capacitar a los creyentes para predicar con más eficacia el evangelio del reino, pero ellos confundieron la experiencia de recibir el espíritu derramado con una parte del nuevo evangelio que estaban formulando sin darse cuenta.
194:3.6No pasen por alto el hecho de que el Espíritu de la Verdad fue otorgado a todos los creyentes sinceros; este don del espíritu no vino solo a los apóstoles. Los ciento veinte hombres y mujeres reunidos en la sala de arriba recibieron todos al nuevo maestro, como lo recibieron todos los de corazón honesto en el mundo entero. Este nuevo maestro fue otorgado a la humanidad, y cada alma lo recibió de acuerdo con el amor por la verdad y la capacidad de captar y comprender las realidades espirituales. Por fin, la religión verdadera queda liberada de la custodia de los sacerdotes y de todas las clases sagradas, y halla su manifestación real en las almas individuales de los hombres.
194:3.7La religión de Jesús fomenta el tipo más elevado de civilización humana, por cuanto crea el tipo más elevado de personalidad espiritual y proclama el carácter sagrado de esa persona.
194:3.8La venida del Espíritu de la Verdad en Pentecostés hizo posible una religión que no es ni radical ni conservadora; no es ni lo viejo ni lo nuevo; no ha de ser dominada ni por los viejos ni por los jóvenes. El hecho de la vida terrenal de Jesús proporciona un punto fijo para el ancla del tiempo, mientras que el otorgamiento del Espíritu de la Verdad permite la expansión perpetua y el crecimiento sin fin de la religión que él vivió y del evangelio que él proclamó. El espíritu guía a toda la verdad; él es el maestro de una religión que se expande y crece siempre, de progreso sin fin y de despliegue divino. Este nuevo maestro estará desplegando para siempre ante el creyente que busca la verdad aquello que estaba tan divinamente plegado en la persona y la naturaleza del Hijo del Hombre.
194:3.9Las manifestaciones asociadas con el otorgamiento del «nuevo maestro», y la acogida de la predicación de los apóstoles por parte de los hombres de diversas razas y naciones reunidos en Jerusalén, indican la universalidad de la religión de Jesús. El evangelio del reino no había de identificarse con ninguna raza, cultura o lengua en particular. Este día de Pentecostés presenció el gran esfuerzo del espíritu por liberar la religión de Jesús de sus grilletes judíos heredados. Incluso después de esta demostración del derramamiento del espíritu sobre toda carne, los apóstoles al principio se esforzaron por imponer a sus conversos los requisitos del judaísmo. Hasta Pablo tuvo problemas con sus hermanos de Jerusalén porque se negó a someter a los gentiles a estas prácticas judías. Ninguna religión revelada puede extenderse a todo el mundo cuando comete el grave error de impregnarse de alguna cultura nacional o de asociarse con prácticas raciales, sociales o económicas establecidas.
194:3.10El otorgamiento del Espíritu de la Verdad fue independiente de todas las formas, ceremonias, lugares sagrados y conductas especiales de quienes recibieron la plenitud de su manifestación. Cuando el espíritu vino sobre los reunidos en la sala de arriba, simplemente estaban sentados allí, después de haber estado en oración silenciosa. El espíritu fue otorgado tanto en el campo como en la ciudad. No fue necesario que los apóstoles se retiraran a un lugar solitario para pasar años de meditación en soledad a fin de recibir el espíritu. Para siempre, Pentecostés separa la idea de la experiencia espiritual de la noción de entornos especialmente favorables.
194:3.11Pentecostés, con su dotación espiritual, estaba destinado a desligar para siempre la religión del Maestro de toda dependencia de la fuerza física; los maestros de esta nueva religión están ahora equipados con armas espirituales. Han de salir a conquistar el mundo con un perdón inagotable, una buena voluntad sin igual y un amor abundante. Están equipados para vencer el mal con el bien, para derrotar el odio con el amor, para destruir el miedo con una fe valiente y viva en la verdad. Jesús ya había enseñado a sus seguidores que su religión nunca era pasiva; sus discípulos habían de ser siempre activos y positivos en su ministerio de misericordia y en sus manifestaciones de amor. Estos creyentes ya no consideraban a Yahvé como «el Señor de las huestes». Ahora consideraban a la Deidad eterna como el «Dios y Padre del Señor Jesucristo». Hicieron al menos ese progreso, aunque en cierta medida no lograron captar plenamente la verdad de que Dios es también el Padre espiritual de cada individuo.
194:3.12Pentecostés dotó al hombre mortal del poder de perdonar las ofensas personales, de conservar la dulzura en medio de la más grave injusticia, de permanecer impasible ante un peligro espantoso y de desafiar los males del odio y la ira con los actos intrépidos del amor y la paciencia. Urantia ha pasado en su historia por los estragos de grandes y destructivas guerras. Todos los participantes en estas terribles luchas sufrieron la derrota. Hubo solo un vencedor; solo hubo uno que salió de estas encarnizadas luchas con una reputación acrecentada — fue Jesús de Nazaret y su evangelio de vencer el mal con el bien. El secreto de una civilización mejor está ligado a las enseñanzas del Maestro sobre la fraternidad de los hombres, la buena voluntad del amor y la confianza mutua.
194:3.13Hasta Pentecostés, la religión había revelado solo al hombre que busca a Dios; desde Pentecostés, el hombre sigue buscando a Dios, pero sobre el mundo resplandece el espectáculo de Dios que también busca al hombre y que envía su espíritu a morar dentro de él cuando lo ha encontrado.
194:3.14Antes de las enseñanzas de Jesús que culminaron en Pentecostés, las mujeres tenían poca o ninguna posición espiritual en los preceptos de las religiones más antiguas. Después de Pentecostés, en la fraternidad del reino la mujer estuvo ante Dios en pie de igualdad con el hombre. Entre los ciento veinte que recibieron esta visitación especial del espíritu había muchas de las mujeres discípulas, y ellas compartieron estas bendiciones por igual con los creyentes varones. El hombre ya no puede pretender monopolizar el ministerio del servicio religioso. El fariseo podía seguir dando gracias a Dios por «no haber nacido mujer, leproso ni gentil», pero entre los seguidores de Jesús la mujer ha quedado liberada para siempre de toda discriminación religiosa basada en el sexo. Pentecostés suprimió toda discriminación religiosa fundada en la distinción racial, las diferencias culturales, la casta social o el prejuicio de sexo. No es de extrañar que estos creyentes en la nueva religión exclamaran: «Donde está el espíritu del Señor, allí hay libertad».
194:3.15Tanto la madre como el hermano de Jesús estaban presentes entre los ciento veinte creyentes y, como miembros de este grupo común de discípulos, también recibieron el espíritu derramado. No recibieron del buen don más que sus compañeros. No se otorgó ningún don especial a los miembros de la familia terrenal de Jesús. Pentecostés marcó el fin de los sacerdocios especiales y de toda creencia en familias sagradas.
194:3.16Antes de Pentecostés, los apóstoles habían renunciado a mucho por Jesús. Habían sacrificado sus hogares, familias, amigos, bienes terrenales y posiciones. En Pentecostés se entregaron a Dios, y el Padre y el Hijo respondieron entregándose al hombre — enviando sus espíritus a vivir dentro de los hombres. Esta experiencia de perder el yo y encontrar el espíritu no fue una experiencia de emoción; fue un acto de entrega inteligente de sí mismo y de consagración sin reservas.
194:3.17Pentecostés fue el llamamiento a la unidad espiritual entre los creyentes del evangelio. Lo mismo que sucedió en Jerusalén cuando el espíritu descendió sobre los discípulos ocurrió también en Filadelfia, en Alejandría y en todos los demás lugares donde vivían verdaderos creyentes. Era verdad, al pie de la letra, que «la multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma». La influencia unificadora más poderosa que el mundo haya conocido jamás es la religión de Jesús.
194:3.18Pentecostés estaba destinado a disminuir la autoafirmación de los individuos, los grupos, las naciones y las razas. Es este espíritu de autoafirmación el que aumenta tanto en tensión que periódicamente estalla en guerras destructivas. La humanidad solo puede unificarse por medio del acercamiento espiritual, y el Espíritu de la Verdad es una influencia mundial que es universal.
194:3.19La venida del Espíritu de la Verdad purifica el corazón humano y lleva a quien lo recibe a formular un propósito de vida dedicado únicamente a la voluntad de Dios y al bienestar de los hombres. El espíritu material del egoísmo ha sido absorbido en este nuevo otorgamiento espiritual de desinterés. Pentecostés, entonces y ahora, significa que el Jesús de la historia se ha convertido en el Hijo divino de la experiencia viva. El gozo de este espíritu derramado, cuando se experimenta conscientemente en la vida humana, es un tónico para la salud, un estímulo para la mente y una energía indefectible para el alma.
194:3.20La oración no trajo el espíritu el día de Pentecostés, pero sí tuvo mucho que ver con determinar la capacidad de receptividad que caracterizó a los creyentes individuales. La oración no mueve al corazón divino a la liberalidad en el otorgamiento, pero muy a menudo excava canales más amplios y profundos por donde los otorgamientos divinos pueden fluir hacia el corazón y el alma de quienes así recuerdan mantener una comunión ininterrumpida con su Hacedor mediante la oración sincera y la verdadera adoración.
4. Los comienzos de la iglesia cristiana
194:4.1Cuando Jesús fue apresado tan de repente por sus enemigos y crucificado tan rápidamente entre dos ladrones, sus apóstoles y discípulos quedaron completamente desmoralizados. El pensamiento del Maestro arrestado, atado, azotado y crucificado era demasiado incluso para los apóstoles. Olvidaron sus enseñanzas y sus advertencias. Él podía, en efecto, haber sido «un profeta poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo», pero difícilmente podía ser el Mesías que ellos habían esperado que restaurara el reino de Israel.
194:4.2Luego viene la resurrección, con su liberación de la desesperación y el retorno de su fe en la divinidad del Maestro. Una y otra vez lo ven y hablan con él, y él los lleva al monte de los Olivos, donde se despide de ellos y les dice que vuelve al Padre. Les ha dicho que se queden en Jerusalén hasta que sean dotados de poder — hasta que venga el Espíritu de la Verdad. Y el día de Pentecostés viene este nuevo maestro, y ellos salen de inmediato a predicar su evangelio con un poder nuevo. Son los seguidores audaces y valientes de un Señor vivo, no de un líder muerto y derrotado. El Maestro vive en el corazón de estos evangelistas; Dios no es una doctrina en su mente; se ha convertido en una presencia viva en su alma.
194:4.3«Día tras día seguían firmes y de común acuerdo en el templo, y partían el pan en casa. Comían con alegría y con un corazón sencillo, alababan a Dios y tenían el favor de todo el pueblo. Todos estaban llenos del espíritu y hablaban con audacia la palabra de Dios. Y la multitud de los que creían tenía un solo corazón y una sola alma; ninguno de ellos decía que fuera suyo nada de lo que poseía, y lo tenían todo en común».
194:4.4¿Qué les ha sucedido a estos hombres a quienes Jesús había ordenado para salir a predicar el evangelio del reino, la paternidad de Dios y la fraternidad de los hombres? Tienen un evangelio nuevo; arden con una experiencia nueva; están llenos de una nueva energía espiritual. Su mensaje ha pasado de repente a la proclamación del Cristo resucitado: «Jesús de Nazaret, un hombre aprobado por Dios mediante obras poderosas y prodigios; a él, entregado según el designio determinado y la presciencia de Dios, ustedes lo crucificaron y le dieron muerte. Las cosas que Dios había prefigurado por boca de todos los profetas, así las cumplió. A este Jesús lo resucitó Dios. Dios lo ha hecho tanto Señor como Cristo. Exaltado por la diestra de Dios, y después de recibir del Padre la promesa del espíritu, ha derramado esto que ustedes ven y oyen. Arrepiéntanse, para que sus pecados sean borrados; para que el Padre envíe al Cristo que ha sido designado para ustedes, es decir, a Jesús, a quien el cielo debe recibir hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas».
194:4.5El evangelio del reino, el mensaje de Jesús, se había transformado de repente en el evangelio del Señor Jesucristo. Ahora proclamaban los hechos de su vida, muerte y resurrección, y predicaban la esperanza de su pronto regreso a este mundo para terminar la obra que había comenzado. Así, el mensaje de los primeros creyentes consistía en predicar acerca de los hechos de su primera venida y en enseñar la esperanza de su segunda venida, un acontecimiento que consideraban muy próximo.
194:4.6Cristo estaba a punto de convertirse en el credo de la iglesia que se formaba rápidamente. Jesús vive; murió por los hombres; dio el espíritu; va a venir otra vez. Jesús llenaba todos sus pensamientos y determinaba todos sus nuevos conceptos de Dios y de todo lo demás. Estaban demasiado entusiasmados con la nueva doctrina de que «Dios es el Padre del Señor Jesús» como para ocuparse del antiguo mensaje de que «Dios es el Padre amoroso de todos los hombres», incluso de cada individuo en particular. Es cierto que en estas primeras comunidades de creyentes surgió una maravillosa manifestación de amor fraternal y de buena voluntad sin precedentes. Pero era un compañerismo de creyentes en Jesús, no un compañerismo de hermanos en el reino familiar del Padre que está en el cielo. Su buena voluntad surgía del amor nacido del concepto del otorgamiento de Jesús, y no del reconocimiento de la fraternidad del hombre mortal. No obstante, estaban llenos de gozo, y vivían vidas tan nuevas y singulares que todos los hombres se sentían atraídos por sus enseñanzas acerca de Jesús. Cometieron el gran error de usar el comentario vivo e ilustrativo del evangelio del reino en lugar de ese evangelio, pero incluso eso representó la religión más grande que la humanidad había conocido jamás.
194:4.7Sin lugar a dudas, un nuevo compañerismo estaba surgiendo en el mundo. «La multitud de los que creían seguía firme en la enseñanza y el compañerismo de los apóstoles, en partir el pan y en las oraciones». Se llamaban unos a otros hermano y hermana; se saludaban con un beso santo; atendían a los pobres. Era un compañerismo de vida tanto como de adoración. No vivían en comunidad de bienes por decreto, sino por el deseo de compartir sus bienes con sus compañeros creyentes. Esperaban con confianza que Jesús volvería para completar el establecimiento del reino del Padre durante su generación. Este reparto espontáneo de las posesiones terrenales no era un rasgo directo de la enseñanza de Jesús; surgió porque estos hombres y mujeres creían con tanta sinceridad y con tanta confianza que él volvería cualquier día para terminar su obra y consumar el reino. Pero los resultados finales de este experimento bienintencionado de amor fraternal irreflexivo fueron desastrosos y causantes de dolor. Miles de creyentes fervientes vendieron sus propiedades y se deshicieron de todos sus bienes de capital y de otros activos productivos. Con el paso del tiempo, los recursos menguantes del «reparto igualitario» cristiano llegaron a su fin — pero el mundo no. Muy pronto los creyentes de Antioquía hacían una colecta para evitar que sus compañeros creyentes de Jerusalén murieran de hambre.
194:4.8En aquellos días celebraban la Cena del Señor a la manera en que se había instituido; es decir, se reunían para una comida social de buen compañerismo y participaban del sacramento al final de la comida.
194:4.9Al principio bautizaban en el nombre de Jesús; pasaron casi veinte años antes de que empezaran a bautizar en «el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo». El bautismo era todo lo que se requería para ser admitido en el compañerismo de los creyentes. Todavía no tenían ninguna organización; era simplemente la fraternidad de Jesús.
194:4.10Esta secta de Jesús crecía rápidamente, y una vez más los saduceos se fijaron en ellos. A los fariseos les preocupaba poco la situación, puesto que ninguna de las enseñanzas interfería en modo alguno con la observancia de las leyes judías. Pero los saduceos empezaron a encarcelar a los dirigentes de la secta de Jesús hasta que se les convenció de aceptar el consejo de uno de los principales rabinos, Gamaliel, quien les aconsejó: «Apártense de estos hombres y déjenlos en paz, porque si este consejo o esta obra es de los hombres, será derribada; pero si es de Dios, no podrán derribarlos, no sea que tal vez se encuentren incluso luchando contra Dios». Decidieron seguir el consejo de Gamaliel, y siguió un tiempo de paz y tranquilidad en Jerusalén, durante el cual el nuevo evangelio acerca de Jesús se difundió rápidamente.
194:4.11Y así todo fue bien en Jerusalén hasta el tiempo de la llegada de los griegos en gran número desde Alejandría. Dos de los alumnos de Rodan llegaron a Jerusalén e hicieron muchos conversos entre los helenistas. Entre sus primeros conversos estaban Esteban y Bernabé. Estos griegos capaces no tenían tanto el punto de vista judío, y no se conformaban tan bien al modo judío de adoración ni a otras prácticas ceremoniales. Y fueron los actos de estos creyentes griegos los que pusieron fin a las relaciones pacíficas entre la fraternidad de Jesús y los fariseos y saduceos. Esteban y su asociado griego empezaron a predicar más como Jesús enseñaba, y esto los llevó a un conflicto inmediato con los gobernantes judíos. En uno de los sermones públicos de Esteban, cuando llegó a la parte objetable del discurso, prescindieron de todas las formalidades de un juicio y procedieron a apedrearlo hasta la muerte allí mismo.
194:4.12Esteban, el dirigente de la colonia griega de los creyentes en Jesús en Jerusalén, se convirtió así en el primer mártir de la nueva fe y en la causa concreta de la organización formal de la iglesia cristiana primitiva. Esta nueva crisis se afrontó con el reconocimiento de que los creyentes ya no podían seguir como una secta dentro de la fe judía. Todos estuvieron de acuerdo en que debían separarse de los no creyentes; y en el plazo de un mes desde la muerte de Esteban, la iglesia de Jerusalén había sido organizada bajo la dirección de Pedro, y Santiago, el hermano de Jesús, había sido instalado como su cabeza titular.
194:4.13Y entonces estallaron las nuevas e implacables persecuciones por parte de los judíos, de modo que los maestros activos de la nueva religión acerca de Jesús, que posteriormente en Antioquía fue llamada cristianismo, salieron hasta los confines del imperio proclamando a Jesús. Al llevar este mensaje, antes de la época de Pablo la dirección estaba en manos griegas; y estos primeros misioneros, como también los posteriores, siguieron la ruta de la marcha de Alejandro en días pasados, pasando por Gaza y Tiro hasta Antioquía, y luego a través de Asia Menor hasta Macedonia, y después hasta Roma y hasta los lugares más remotos del imperio.