Parte IV · Documento 193

Apariciones finales y ascensión

193:0.1LA decimosexta manifestación morontial de Jesús tuvo lugar el viernes 5 de mayo, en el patio de Nicodemo, hacia las nueve de la noche. Esa noche, los creyentes de Jerusalén hicieron su primer intento de reunirse desde la resurrección. Estaban congregados allí en ese momento los once apóstoles, el cuerpo de mujeres y sus asociados, y unos cincuenta discípulos destacados más del Maestro, entre ellos varios de los griegos. Este grupo de creyentes llevaba más de media hora conversando de manera informal cuando, de repente, el Maestro morontial apareció a plena vista y comenzó de inmediato a instruirlos. Dijo Jesús:

193:0.2«La paz sea con ustedes. Este es el grupo de creyentes más representativo —apóstoles y discípulos, hombres y mujeres— al que me he aparecido desde el momento de mi liberación de la carne. Ahora los llamo a ser testigos de que les dije de antemano que mi estancia entre ustedes debía llegar a su fin; les dije que pronto debía volver al Padre. Y luego les dije con claridad cómo los principales sacerdotes y los gobernantes de los judíos me entregarían para que me dieran muerte, y que yo me levantaría de la tumba. ¿Por qué, entonces, se dejaron desconcertar tanto por todo esto cuando sucedió?, ¿y por qué se sorprendieron tanto cuando me levanté del sepulcro al tercer día? No me creyeron porque oyeron mis palabras sin comprender su significado.

193:0.3«Y ahora deben prestar oído a mis palabras, no sea que cometan otra vez el error de oír mi enseñanza con la mente mientras en sus corazones no llegan a comprender su significado. Desde el principio de mi estancia como uno de ustedes, les enseñé que mi único propósito era revelar a mi Padre que está en el cielo a sus hijos en la tierra. He vivido el otorgamiento que revela a Dios para que ustedes pudieran experimentar la carrera de conocer a Dios. He revelado a Dios como su Padre que está en el cielo; los he revelado a ustedes como los hijos de Dios en la tierra. Es un hecho que Dios los ama a ustedes, sus hijos. Por la fe en mi palabra, este hecho se convierte en una verdad eterna y viva en sus corazones. Cuando, por la fe viva, llegan a ser divinamente conscientes de Dios, entonces nacen del espíritu como hijos de la luz y la vida, es decir, de la vida eterna con la que ascenderán por el universo de universos y alcanzarán la experiencia de hallar a Dios el Padre en el Paraíso.

193:0.4«Les exhorto a recordar siempre que su misión entre los hombres es proclamar el evangelio del reino —la realidad de la paternidad de Dios y la verdad de la filiación del hombre. Proclamen toda la verdad de la buena nueva, no solo una parte del evangelio salvador. Mi experiencia de resurrección no cambia su mensaje. La filiación con Dios, por la fe, sigue siendo la verdad salvadora del evangelio del reino. Deben salir a predicar el amor de Dios y el servicio del hombre. Lo que el mundo más necesita saber es esto: los hombres son los hijos de Dios, y por la fe pueden llegar a comprender de verdad, y experimentar cada día, esta verdad ennoblecedora. Mi otorgamiento debería ayudar a todos los hombres a saber que son los hijos de Dios, pero ese conocimiento no bastará si no llegan personalmente a captar por la fe la verdad salvadora de que son los hijos espirituales vivos del Padre eterno. El evangelio del reino trata del amor del Padre y del servicio de sus hijos en la tierra.

193:0.5«Aquí, entre ustedes, comparten el conocimiento de que he resucitado de entre los muertos, pero eso no es extraño. Tengo el poder de dar mi vida y de volver a tomarla; el Padre da tal poder a sus Hijos del Paraíso. Más bien deberían conmoverse sus corazones al saber que los muertos de una era entraron en el ascenso eterno poco después de que yo saliera de la tumba nueva de José. Viví mi vida en la carne para mostrar cómo pueden ustedes, mediante el servicio amoroso, llegar a revelar a Dios a sus semejantes, así como yo, al amarlos y servirlos, he llegado a revelarles a Dios a ustedes. He vivido entre ustedes como el Hijo del Hombre para que ustedes, y todos los demás hombres, supieran que todos son en verdad los hijos de Dios. Por tanto, vayan ahora por todo el mundo predicando este evangelio del reino de los cielos a todos los hombres. Amen a todos los hombres como yo los he amado a ustedes; sirvan a sus compañeros mortales como yo los he servido a ustedes. Gratuitamente han recibido, den gratuitamente. Solo permanezcan aquí en Jerusalén mientras voy al Padre, y hasta que les envíe el Espíritu de la Verdad. Él los conducirá a la verdad ampliada, y yo iré con ustedes por todo el mundo. Estoy con ustedes siempre, y les dejo mi paz.»

193:0.6Cuando el Maestro terminó de hablarles, desapareció de su vista. Era casi el amanecer cuando estos creyentes se dispersaron; permanecieron juntos toda la noche, conversando con fervor sobre las exhortaciones del Maestro y meditando en todo lo que les había sucedido. Santiago Zebedeo y otros de los apóstoles les contaron también sus experiencias con el Maestro morontial en Galilea y relataron cómo se les había aparecido tres veces.

1. La aparición en Sicar

193:1.1Hacia las cuatro de la tarde del sábado 13 de mayo, el Maestro se apareció a Nalda y a unos setenta y cinco creyentes samaritanos cerca del pozo de Jacob, en Sicar. Los creyentes tenían la costumbre de reunirse en este lugar, cerca de donde Jesús había hablado a Nalda acerca del agua de la vida. Ese día, justo cuando habían terminado de conversar sobre la resurrección de la que se hablaba, Jesús apareció de repente ante ellos y dijo:

193:1.2«La paz sea con ustedes. Se alegran de saber que yo soy la resurrección y la vida, pero esto de nada les servirá si primero no nacen del espíritu eterno, para llegar así a poseer, por la fe, el don de la vida eterna. Si son los hijos por la fe de mi Padre, nunca morirán; no perecerán. El evangelio del reino les ha enseñado que todos los hombres son los hijos de Dios. Y esta buena nueva sobre el amor del Padre celestial por sus hijos en la tierra debe llevarse a todo el mundo. Ha llegado la hora en que ustedes no adoran a Dios ni en Gerizim ni en Jerusalén, sino donde están, tal como son, en espíritu y en verdad. Es su fe la que salva sus almas. La salvación es el don de Dios para todos los que creen que son sus hijos. Pero no se engañen; aunque la salvación es el don gratuito de Dios y se otorga a todos los que la aceptan por la fe, a ello sigue la experiencia de dar los frutos de esta vida del espíritu tal como se vive en la carne. Aceptar la doctrina de la paternidad de Dios implica que ustedes también aceptan libremente la verdad asociada de la fraternidad de los hombres. Y si el hombre es su hermano, es aún más que su prójimo, a quien el Padre les pide amar como a ustedes mismos. A su hermano, por ser de su propia familia, no solo lo amarán con un afecto de familia, sino que también lo servirán como se servirían a ustedes mismos. Y así amarán y servirán a su hermano porque ustedes, que son mis hermanos, han sido así amados y servidos por mí. Vayan, pues, por todo el mundo y cuenten esta buena nueva a todas las criaturas de toda raza, tribu y nación. Mi espíritu irá delante de ustedes, y yo estaré con ustedes siempre.»

193:1.3Estos samaritanos quedaron muy asombrados por esta aparición del Maestro, y se apresuraron a ir a los pueblos y aldeas cercanos, donde divulgaron la noticia de que habían visto a Jesús y de que él les había hablado. Y esta fue la decimoséptima aparición morontial del Maestro.

2. La aparición en Fenicia

193:2.1La decimoctava aparición morontial del Maestro fue en Tiro, el martes 16 de mayo, poco antes de las nueve de la noche. De nuevo apareció al final de una reunión de creyentes, cuando estaban a punto de dispersarse, y dijo:

193:2.2«La paz sea con ustedes. Se alegran de saber que el Hijo del Hombre ha resucitado de entre los muertos porque así saben que ustedes y sus hermanos sobrevivirán también a la muerte mortal. Pero esa supervivencia depende de que antes hayan nacido del espíritu de la búsqueda de la verdad y del hallazgo de Dios. El pan de vida y su agua se dan solo a quienes tienen hambre de verdad y sed de rectitud —de Dios. El hecho de que los muertos resuciten no es el evangelio del reino. Estas grandes verdades y estos hechos del universo se relacionan todos con este evangelio en cuanto forman parte del resultado de creer la buena nueva y están incluidos en la experiencia posterior de quienes, por la fe, llegan a ser, de hecho y en verdad, los hijos sempiternos del Dios eterno. Mi Padre me envió al mundo a proclamar esta salvación de filiación a todos los hombres. Y así los envío yo a ustedes por el mundo a predicar esta salvación de filiación. La salvación es el don gratuito de Dios, pero los que nacen del espíritu comenzarán de inmediato a mostrar los frutos del espíritu en el servicio amoroso a sus semejantes. Y los frutos del espíritu divino que se producen en la vida de los mortales nacidos del espíritu y que conocen a Dios son: servicio amoroso, devoción desinteresada, lealtad valiente, equidad sincera, honestidad iluminada, esperanza imperecedera, confianza plena, ministerio misericordioso, bondad indefectible, tolerancia que perdona y paz duradera. Si los que se dicen creyentes no dan estos frutos del espíritu divino en su vida, están muertos; el Espíritu de la Verdad no está en ellos; son ramas inútiles de la vid viva, y pronto serán quitadas. Mi Padre requiere de los hijos de la fe que den mucho fruto del espíritu. Por tanto, si no son fructíferos, él cavará alrededor de sus raíces y cortará sus ramas estériles. Cada vez más deben dar los frutos del espíritu a medida que avanzan hacia el cielo en el reino de Dios. Pueden entrar en el reino como un niño, pero el Padre requiere que crezcan, por la gracia, hasta la plena estatura de la madurez espiritual. Y cuando vayan por el mundo a contar a todas las naciones la buena nueva de este evangelio, yo iré delante de ustedes, y mi Espíritu de la Verdad morará en sus corazones. Les dejo mi paz.»

193:2.3Y entonces el Maestro desapareció de su vista. Al día siguiente salieron de Tiro quienes llevaron esta historia a Sidón e incluso a Antioquía y Damasco. Jesús había estado con estos creyentes cuando estaba en la carne, y ellos lo reconocieron pronto cuando comenzó a enseñarles. Aunque sus amigos no podían reconocer con facilidad su forma morontial cuando se hacía visible, nunca tardaban en identificar su personalidad cuando él les hablaba.

3. La última aparición en Jerusalén

193:3.1Temprano en la mañana del jueves 18 de mayo, Jesús hizo su última aparición en la tierra como personalidad morontial. Cuando los once apóstoles estaban a punto de sentarse a desayunar en la sala de arriba de la casa de María Marcos, Jesús se les apareció y dijo:

193:3.2«La paz sea con ustedes. Les he pedido que permanezcan aquí en Jerusalén hasta que yo ascienda al Padre, hasta que les envíe el Espíritu de la Verdad, que pronto será derramado sobre toda carne, y que los dotará de poder de lo alto.» Simón Zelotes interrumpió a Jesús y le preguntó: «Entonces, Maestro, ¿restaurarás el reino, y veremos la gloria de Dios manifestada en la tierra?» Cuando Jesús hubo escuchado la pregunta de Simón, respondió: «Simón, todavía te aferras a tus viejas ideas sobre el Mesías judío y el reino material. Pero ustedes recibirán poder espiritual después de que el espíritu haya descendido sobre ustedes, y pronto irán por todo el mundo predicando este evangelio del reino. Como el Padre me envió al mundo, así los envío yo a ustedes. Y deseo que se amen y confíen unos en otros. Judas ya no está con ustedes porque su amor se enfrió, y porque se negó a confiar en ustedes, sus hermanos leales. ¿No han leído en las Escrituras donde está escrito: “No es bueno que el hombre esté solo. Nadie vive para sí mismo”? ¿Y también donde dice: “El que quiera tener amigos debe mostrarse amigable”? ¿Y no los envié incluso a enseñar de dos en dos, para que no se sintieran solos ni cayeran en el daño y las miserias del aislamiento? Ustedes saben bien también que, cuando yo estaba en la carne, no me permití estar solo por largos períodos. Desde el mismo comienzo de nuestra asociación siempre tuve a dos o tres de ustedes constantemente a mi lado o muy cerca, aun cuando comulgaba con el Padre. Confíen, por tanto, unos en otros, y ábranse unos a otros. Y esto es tanto más necesario cuanto que hoy voy a dejarlos solos en el mundo. Ha llegado la hora; estoy a punto de ir al Padre.»

193:3.3Cuando hubo hablado, les hizo señas para que lo acompañaran, y los condujo al monte de los Olivos, donde se despidió de ellos como preparación para su partida de Urantia. Fue un recorrido solemne hacia el Olivete. Ninguno de ellos dijo una palabra desde que salieron de la sala de arriba hasta que Jesús se detuvo con ellos en el monte de los Olivos.

4. Las causas de la caída de Judas

193:4.1Fue en la primera parte del mensaje de despedida del Maestro a sus apóstoles cuando aludió a la pérdida de Judas y presentó el trágico destino de su traicionero compañero de trabajo como una solemne advertencia contra los peligros del aislamiento social y fraternal. Puede ser útil para los creyentes, en esta y en futuras eras, repasar brevemente las causas de la caída de Judas a la luz de las observaciones del Maestro y en vista de la iluminación acumulada de los siglos siguientes.

193:4.2Al mirar atrás a esta tragedia, consideramos que Judas se desvió, sobre todo, porque era de manera muy marcada una personalidad aislada, una personalidad encerrada en sí misma y apartada de los contactos sociales ordinarios. Se negó con persistencia a abrirse a sus compañeros apóstoles, o a confraternizar libremente con ellos. Pero el hecho de ser un tipo de personalidad aislada no habría causado, por sí mismo, tanto daño a Judas si no hubiera sido porque tampoco logró aumentar en amor ni crecer en gracia espiritual. Y luego, como para empeorar una mala situación, guardó rencores con persistencia y fomentó enemigos psicológicos como la venganza y el anhelo generalizado de «desquitarse» con alguien por todas sus decepciones.

193:4.3Esta desafortunada combinación de peculiaridades individuales y tendencias mentales conspiró para destruir a un hombre bienintencionado que no logró dominar estos males por el amor, la fe y la confianza. Que Judas no tenía por qué haberse desviado lo prueban bien los casos de Tomás y Natanael, que estaban ambos afligidos por esta misma clase de suspicacia y por este desarrollo excesivo de la tendencia individualista. Incluso Andrés y Mateo tenían muchas inclinaciones en esta dirección; pero todos estos hombres llegaron a amar más, y no menos, a Jesús y a sus compañeros apóstoles a medida que pasaba el tiempo. Crecieron en gracia y en el conocimiento de la verdad. Llegaron a confiar cada vez más en sus hermanos y desarrollaron poco a poco la capacidad de abrirse a sus compañeros. Judas se negó con persistencia a abrirse a sus hermanos. Cuando la acumulación de sus conflictos emocionales lo impulsaba a buscar alivio en la expresión de sí mismo, buscaba invariablemente el consejo, y recibía el consuelo imprudente, de sus parientes no espirituales o de aquellos conocidos casuales que eran indiferentes, o incluso hostiles de hecho, al bienestar y al progreso de las realidades espirituales del reino celestial, del cual él era uno de los doce embajadores consagrados en la tierra.

193:4.4Judas sufrió la derrota en sus batallas de la lucha terrenal a causa de los siguientes factores de tendencias personales y debilidad de carácter:

193:4.51. Era un tipo de ser humano aislado. Era muy individualista y eligió llegar a ser un «encerrado en sí mismo» empedernido y una persona poco sociable.

193:4.62. De niño, le habían hecho la vida demasiado fácil. Le dolía amargamente que lo contrariaran. Siempre esperaba ganar; era muy mal perdedor.

193:4.73. Nunca adquirió una técnica filosófica para afrontar la decepción. En lugar de aceptar las decepciones como un rasgo habitual y común de la existencia humana, recurría sin falta a la práctica de culpar a alguien en particular, o a sus asociados como grupo, de todas sus dificultades y decepciones personales.

193:4.84. Era dado a guardar rencores; siempre albergaba la idea de la venganza.

193:4.95. No le gustaba afrontar los hechos con franqueza; era deshonesto en su actitud ante las situaciones de la vida.

193:4.106. No le gustaba hablar de sus problemas personales con sus asociados inmediatos; se negaba a hablar de sus dificultades con sus verdaderos amigos y con quienes lo amaban de verdad. En todos los años de su asociación nunca fue ni una sola vez al Maestro con un problema puramente personal.

193:4.117. Nunca aprendió que las verdaderas recompensas de una vida noble son, después de todo, premios espirituales, que no siempre se reparten durante esta única y breve vida en la carne.

193:4.12Como resultado de su persistente aislamiento de personalidad, sus penas se multiplicaron, sus pesares aumentaron, sus ansiedades crecieron y su desesperación se hizo más honda hasta casi lo insoportable.

193:4.13Aunque este apóstol egocéntrico y ultraindividualista tenía muchos problemas psíquicos, emocionales y espirituales, sus dificultades principales eran estas: en la personalidad, era una persona aislada. En la mente, era suspicaz y vengativo. En el temperamento, era hosco y vindicativo. En lo emocional, carecía de amor y no perdonaba. En lo social, no se abría a nadie y era casi por completo reservado. En el espíritu, se volvió arrogante y egoístamente ambicioso. En la vida, ignoró a quienes lo amaban, y en la muerte, no tuvo amigos.

193:4.14Estos son, pues, los factores de la mente y las influencias del mal que, tomados en conjunto, explican por qué un creyente en Jesús de buenas intenciones y, por lo demás, sincero en otro tiempo, incluso después de varios años de asociación íntima con su personalidad transformadora, abandonó a sus compañeros, repudió una causa sagrada, renunció a su santo llamamiento y traicionó a su divino Maestro.

5. La ascensión del Maestro

193:5.1Eran casi las siete y media de la mañana de este jueves 18 de mayo cuando Jesús llegó a la ladera occidental del monte de los Olivos con sus once apóstoles silenciosos y algo desconcertados. Desde este lugar, a unos dos tercios de la subida al monte, podían contemplar Jerusalén y ver abajo Getsemaní. Jesús se dispuso entonces a dar su última despedida a los apóstoles antes de partir de Urantia. Mientras estaba allí de pie ante ellos, sin que nadie se lo indicara, ellos se arrodillaron a su alrededor en círculo, y el Maestro dijo:

193:5.2«Les mandé que permanecieran en Jerusalén hasta que fueran dotados de poder de lo alto. Ahora estoy a punto de despedirme de ustedes; estoy a punto de ascender a mi Padre, y pronto, muy pronto, enviaremos a este mundo de mi estancia el Espíritu de la Verdad; y cuando él haya venido, comenzarán la nueva proclamación del evangelio del reino, primero en Jerusalén y luego hasta los confines del mundo. Amen a los hombres con el amor con que yo los he amado a ustedes y sirvan a sus compañeros mortales así como yo los he servido a ustedes. Por los frutos del espíritu de sus vidas impulsen a las almas a creer la verdad de que el hombre es un hijo de Dios, y de que todos los hombres son hermanos. Recuerden todo lo que les he enseñado y la vida que he vivido entre ustedes. Mi amor los envuelve, mi espíritu morará con ustedes, y mi paz permanecerá sobre ustedes. Adiós.»

193:5.3Cuando el Maestro morontial hubo hablado así, desapareció de su vista. Esta llamada ascensión de Jesús no fue en nada diferente de sus otras desapariciones de la vista mortal durante los cuarenta días de su carrera morontial en Urantia.

193:5.4El Maestro fue a Edentia pasando por Jerusem, donde los Altísimos, bajo la observación del Hijo del Paraíso, liberaron a Jesús de Nazaret del estado morontial y, por los canales espirituales de la ascensión, lo devolvieron a la condición de filiación del Paraíso y de soberanía suprema en Salvington.

193:5.5Eran alrededor de las siete y cuarenta y cinco de esta mañana cuando el Jesús morontial desapareció de la observación de sus once apóstoles para comenzar el ascenso a la diestra de su Padre, para recibir allí la confirmación formal de su soberanía consumada del universo de Nebadon.

6. Pedro convoca una reunión

193:6.1Siguiendo las instrucciones de Pedro, Juan Marcos y otros salieron a convocar a los discípulos principales en la casa de María Marcos. Para las diez y media, ciento veinte de los discípulos más destacados de Jesús que vivían en Jerusalén se habían congregado para oír el relato del mensaje de despedida del Maestro y enterarse de su ascensión. Entre este grupo estaba María, la madre de Jesús. Ella había regresado a Jerusalén con Juan Zebedeo cuando los apóstoles volvieron de su reciente estancia en Galilea. Poco después de Pentecostés regresó a la casa de Salomé en Betsaida. Santiago, el hermano de Jesús, estuvo también presente en esta reunión, la primera asamblea de los discípulos del Maestro convocada después de que terminara su carrera planetaria.

193:6.2Simón Pedro se encargó de hablar por sus compañeros apóstoles e hizo un relato emocionante de la última reunión de los once con su Maestro y describió de manera muy conmovedora la despedida final del Maestro y su desaparición en la ascensión. Fue una reunión como nunca antes había tenido lugar en este mundo. Esta parte de la reunión duró poco menos de una hora. Pedro explicó luego que habían decidido elegir a un sucesor de Judas Iscariote, y que se concedería una pausa para que los apóstoles pudieran decidir entre los dos hombres que se habían propuesto para este puesto, Matías y Justo.

193:6.3Los once apóstoles bajaron entonces, y allí acordaron echar suertes para determinar cuál de estos hombres sería apóstol para servir en el lugar de Judas. La suerte cayó sobre Matías, y fue declarado el nuevo apóstol. Fue instalado debidamente en su cargo y luego nombrado tesorero. Pero Matías tuvo poca participación en las actividades posteriores de los apóstoles.

193:6.4Poco después de Pentecostés, los gemelos regresaron a sus hogares en Galilea. Simón Zelotes estuvo retirado durante algún tiempo antes de salir a predicar el evangelio. Tomás estuvo preocupado durante un período más corto y luego reanudó su enseñanza. Natanael discrepó cada vez más de Pedro en cuanto a predicar acerca de Jesús en lugar de proclamar el anterior evangelio del reino. Este desacuerdo llegó a ser tan agudo a mediados del mes siguiente que Natanael se retiró y fue a Filadelfia a visitar a Abner y a Lázaro; y después de permanecer allí más de un año, siguió hacia las tierras más allá de Mesopotamia predicando el evangelio tal como él lo entendía.

193:6.5Esto dejó solo a seis de los doce apóstoles originales para ser actores en el escenario de la primera proclamación del evangelio en Jerusalén: Pedro, Andrés, Santiago, Juan, Felipe y Mateo.

193:6.6Justo hacia el mediodía, los apóstoles volvieron con sus hermanos a la sala de arriba y anunciaron que Matías había sido elegido como el nuevo apóstol. Y entonces Pedro llamó a todos los creyentes a dedicarse a la oración, una oración para que estuvieran preparados para recibir el don del espíritu que el Maestro había prometido enviar.

Documento 193

Apariciones finales y ascensión