Parte IV · Documento 195
Después de Pentecostés
195:0.1LA predicación de Pedro el día de Pentecostés tuvo unos resultados que llegaron a decidir la política futura de la mayoría de los apóstoles, y a determinar sus planes, en el empeño de proclamar el evangelio del reino. El verdadero fundador de la iglesia cristiana fue Pedro; a los gentiles les llevó Pablo el mensaje cristiano, y fueron los creyentes griegos quienes lo llevaron a todo el Imperio romano.
195:0.2Aunque los hebreos, atados a la tradición y dominados por los sacerdotes, se negaron como pueblo a aceptar tanto el evangelio de Jesús de la paternidad de Dios y la fraternidad de los hombres como la proclamación de Pedro y de Pablo de la resurrección y la ascensión de Cristo (el cristianismo posterior), el resto del Imperio romano resultó receptivo a las enseñanzas cristianas en evolución. La civilización occidental era en esta época intelectual, cansada de la guerra y profundamente escéptica respecto de todas las religiones y filosofías del universo existentes. Los pueblos del mundo occidental, herederos de la cultura griega, tenían una tradición venerada de un gran pasado. Podían contemplar la herencia de grandes logros en la filosofía, el arte, la literatura y el progreso político. Pero con todos estos logros no tenían una religión que satisficiera el alma. Sus anhelos espirituales seguían insatisfechos.
195:0.3Sobre tal escenario de la sociedad humana irrumpieron de pronto las enseñanzas de Jesús, contenidas en el mensaje cristiano. Así se presentó un nuevo orden de vida a los corazones hambrientos de estos pueblos occidentales. Esta situación significó un conflicto inmediato entre las prácticas religiosas más antiguas y la nueva versión cristianizada del mensaje de Jesús al mundo. Tal conflicto debía terminar en una victoria clara de lo nuevo o de lo viejo, o en algún grado de concesión. La historia muestra que la lucha terminó en concesiones. El cristianismo pretendió abarcar demasiado para que un solo pueblo lo asimilara en una o dos generaciones. No era un simple llamamiento espiritual, como el que Jesús había presentado a las almas de los hombres; desde temprano adoptó una actitud firme sobre los rituales religiosos, la educación, la magia, la medicina, el arte, la literatura, el derecho, el gobierno, la moral, la regulación sexual, la poligamia y, en grado limitado, incluso la esclavitud. El cristianismo no vino solo como una nueva religión —algo que todo el Imperio romano y todo el Oriente esperaban—, sino como un nuevo orden de la sociedad humana. Y con tal pretensión precipitó rápidamente el choque socio-moral de las edades. Los ideales de Jesús, tal como fueron reinterpretados por la filosofía griega y socializados en el cristianismo, desafiaban ahora con audacia las tradiciones de la raza humana encarnadas en la ética, la moralidad y las religiones de la civilización occidental.
195:0.4Al principio, el cristianismo solo ganó como conversos a los estratos sociales y económicos más bajos. Pero hacia el comienzo del segundo siglo, lo mejor de la cultura grecorromana se volvía cada vez más hacia este nuevo orden de creencia cristiana, este nuevo concepto del propósito de la vida y de la meta de la existencia.
195:0.5¿Cómo es que este nuevo mensaje, nacido entre los judíos y casi fracasado en su propia tierra, conquistó con tanta rapidez y eficacia a las mentes más selectas del Imperio romano? Si el cristianismo se impuso a las religiones filosóficas y a los cultos mistéricos, fue gracias a:
195:0.61. La organización. Pablo fue un gran organizador, y sus sucesores mantuvieron el ritmo que él marcó.
195:0.72. El cristianismo estaba profundamente helenizado. Abarcaba lo mejor de la filosofía griega así como lo más selecto de la teología hebrea.
195:0.83. Pero, lo mejor de todo, en él había un ideal grande y nuevo: el eco de la vida de otorgamiento de Jesús y el reflejo de su mensaje de salvación para toda la humanidad.
195:0.94. Los líderes cristianos estuvieron dispuestos a hacer tales concesiones al mitraísmo que la mejor mitad de sus adeptos fue ganada para el culto de Antioquía.
195:0.105. Del mismo modo, las generaciones siguientes y posteriores de líderes cristianos hicieron tales concesiones adicionales al paganismo que incluso el emperador romano Constantino fue ganado para la nueva religión.
195:0.11Pero los cristianos hicieron un trato astuto con los paganos, pues adoptaron el boato ritual del pagano a la vez que obligaban al pagano a aceptar la versión helenizada del cristianismo paulino. Hicieron un trato mejor con los paganos que con el culto mitraico, pero incluso en aquella concesión anterior salieron más que vencedores, pues lograron eliminar las groseras inmoralidades y también muchas otras prácticas reprobables del misterio persa.
195:0.12Con sabiduría o sin ella, estos líderes del cristianismo primitivo cedieron deliberadamente en los ideales de Jesús en un esfuerzo por salvar y promover muchas de sus ideas. Y tuvieron un éxito notable. ¡Pero no se equivoquen!, estos ideales del Maestro, objeto de concesiones, siguen latentes en su evangelio, y con el tiempo harán valer todo su poder sobre el mundo.
195:0.13Con esta paganización del cristianismo, el antiguo orden obtuvo muchas victorias menores de carácter ritual, pero los cristianos obtuvieron la supremacía en que:
195:0.141. Se hizo sonar una nota nueva y enormemente más alta en la moral humana.
195:0.152. Se dio al mundo un concepto de Dios nuevo y muy ampliado.
195:0.163. La esperanza de la inmortalidad pasó a formar parte de la seguridad de una religión reconocida.
195:0.174. Jesús de Nazaret fue dado al alma hambrienta del hombre.
195:0.18Muchas de las grandes verdades que Jesús enseñó casi se perdieron en estas concesiones tempranas, pero aún dormitan en esta religión del cristianismo paganizado, que fue a su vez la versión paulina de la vida y las enseñanzas del Hijo del Hombre. Y el cristianismo, incluso antes de ser paganizado, fue primero profundamente helenizado. El cristianismo debe mucho, muchísimo, a los griegos. Fue un griego, de Egipto, quien con tanta valentía se levantó en Nicea y desafió con tanta intrepidez a esa asamblea que esta no se atrevió a oscurecer el concepto de la naturaleza de Jesús hasta el punto de que la verdad real de su otorgamiento corriera el peligro de perderse para el mundo. El nombre de este griego era Atanasio, y de no haber sido por la elocuencia y la lógica de este creyente, las persuasiones de Arrio habrían triunfado.
1. La influencia de los griegos
195:1.1La helenización del cristianismo comenzó de veras aquel día lleno de acontecimientos en que el apóstol Pablo se presentó ante el consejo del Areópago en Atenas y habló a los atenienses del «Dios Desconocido». Allí, a la sombra de la Acrópolis, este ciudadano romano proclamó a estos griegos su versión de la nueva religión que había tenido su origen en la tierra judía de Galilea. Y había algo extrañamente semejante entre la filosofía griega y muchas de las enseñanzas de Jesús. Tenían una meta común —ambas apuntaban al surgimiento del individuo. El griego, al surgimiento social y político; Jesús, al surgimiento moral y espiritual. El griego enseñaba un liberalismo intelectual que conducía a la libertad política; Jesús enseñaba un liberalismo espiritual que conducía a la libertad religiosa. Estas dos ideas juntas constituyeron una nueva y poderosa carta de la libertad humana; presagiaban la libertad social, política y espiritual del hombre.
195:1.2El cristianismo nació y triunfó sobre todas las religiones rivales principalmente por dos cosas:
195:1.31. La mente griega estaba dispuesta a tomar prestadas ideas nuevas y buenas incluso de los judíos.
195:1.42. Pablo y sus sucesores fueron contemporizadores dispuestos, pero astutos y sagaces; fueron hábiles negociadores teológicos.
195:1.5En la época en que Pablo se presentó en Atenas predicando «a Cristo, y a él crucificado», los griegos tenían hambre espiritual; eran inquisitivos, estaban interesados y realmente buscaban la verdad espiritual. Nunca olviden que al principio los romanos combatieron el cristianismo, mientras que los griegos lo abrazaron, y que fueron los griegos quienes literalmente obligaron después a los romanos a aceptar esta nueva religión, tal como estaba modificada entonces, como parte de la cultura griega.
195:1.6El griego veneraba la belleza, el judío la santidad, pero ambos pueblos amaban la verdad. Durante siglos el griego había pensado seriamente y debatido con empeño sobre todos los problemas humanos —sociales, económicos, políticos y filosóficos— excepto la religión. Pocos griegos habían prestado mucha atención a la religión; ni siquiera tomaban muy en serio su propia religión. Durante siglos los judíos habían descuidado estos otros campos del pensamiento mientras dedicaban su mente a la religión. Tomaban su religión muy en serio, demasiado en serio. Iluminado por el contenido del mensaje de Jesús, el producto conjunto de los siglos de pensamiento de estos dos pueblos se convirtió entonces en la fuerza motriz de un nuevo orden de la sociedad humana y, hasta cierto punto, de un nuevo orden de creencia y práctica religiosa humana.
195:1.7La influencia de la cultura griega ya había penetrado en las tierras del Mediterráneo occidental cuando Alejandro difundió la civilización helenística por el mundo del Cercano Oriente. A los griegos les fue muy bien con su religión y su política mientras vivieron en pequeñas ciudades-estado, pero cuando el rey macedonio se atrevió a expandir Grecia hasta convertirla en un imperio que se extendía desde el Adriático hasta el Indo, comenzaron los problemas. El arte y la filosofía de Grecia estaban plenamente a la altura de la tarea de la expansión imperial, pero no así la administración política ni la religión griegas. Después de que las ciudades-estado de Grecia se expandieron en un imperio, sus dioses, más bien provincianos, parecían un poco extraños. Los griegos buscaban realmente un solo Dios, un Dios más grande y mejor, cuando les llegó la versión cristianizada de la antigua religión judía.
195:1.8El Imperio helenístico, como tal, no podía perdurar. Su dominio cultural continuó, pero perduró solo después de obtener del Occidente el genio político romano para la administración del imperio y después de obtener del Oriente una religión cuyo Dios único poseía dignidad imperial.
195:1.9En el primer siglo después de Cristo, la cultura helenística ya había alcanzado sus niveles más altos; su retroceso había comenzado; el saber avanzaba, pero el genio declinaba. Fue precisamente en esta época cuando las ideas y los ideales de Jesús, que en parte estaban encarnados en el cristianismo, pasaron a formar parte de lo que se salvó de la cultura y el saber griegos.
195:1.10Alejandro había cargado sobre el Oriente con el don cultural de la civilización de Grecia; Pablo asaltó el Occidente con la versión cristiana del evangelio de Jesús. Y dondequiera que prevaleció la cultura griega en todo el Occidente, allí echó raíces el cristianismo helenizado.
195:1.11La versión oriental del mensaje de Jesús, aunque permaneció más fiel a sus enseñanzas, siguió la actitud intransigente de Abner. Nunca progresó como la versión helenizada y finalmente se perdió en el movimiento islámico.
2. La influencia romana
195:2.1Los romanos adoptaron en bloque la cultura griega y pusieron el gobierno representativo en lugar del gobierno por sorteo. Y pronto este cambio favoreció al cristianismo, pues Roma trajo a todo el mundo occidental una nueva tolerancia hacia las lenguas, los pueblos e incluso las religiones extrañas.
195:2.2Gran parte de la primera persecución de los cristianos en Roma se debió únicamente a su desafortunado uso del término «reino» en su predicación. Los romanos eran tolerantes con todas y cada una de las religiones, pero muy recelosos de todo lo que oliera a rivalidad política. Y así, cuando estas primeras persecuciones, debidas en tan gran parte a un malentendido, se extinguieron, el campo para la propaganda religiosa quedó completamente abierto. Al romano le interesaba la administración política; le importaban poco el arte o la religión, pero era inusualmente tolerante con ambos.
195:2.3La ley oriental era severa y arbitraria; la ley griega era fluida y artística; la ley romana era digna e inspiraba respeto. La educación romana engendraba una lealtad inaudita e impasible. Los primeros romanos eran individuos políticamente entregados y sublimemente consagrados. Eran honrados, celosos y dedicados a sus ideales, pero sin una religión digna de ese nombre. No es de extrañar que sus maestros griegos pudieran persuadirlos de aceptar el cristianismo de Pablo.
195:2.4Y estos romanos fueron un gran pueblo. Podían gobernar el Occidente porque sí se gobernaban a sí mismos. Tal honradez sin igual, tal devoción y tal firme dominio de sí mismos fueron un terreno ideal para la recepción y el crecimiento del cristianismo.
195:2.5A estos grecorromanos les resultó fácil llegar a estar tan entregados espiritualmente a una iglesia institucional como lo estaban políticamente al Estado. Los romanos combatieron a la iglesia solo cuando la temieron como competidora del Estado. Roma, que tenía poca filosofía nacional o cultura propia, tomó la cultura griega como suya y adoptó con audacia a Cristo como su filosofía moral. El cristianismo se convirtió en la cultura moral de Roma, pero apenas en su religión, en el sentido de ser la experiencia individual de crecimiento espiritual de quienes abrazaron la nueva religión de una manera tan masiva. Es cierto, sin duda, que muchos individuos penetraron bajo la superficie de toda esta religión del Estado y hallaron, para el sustento de su alma, los valores reales de los significados ocultos contenidos en las verdades latentes del cristianismo helenizado y paganizado.
195:2.6El estoico, con su firme apelación a «la naturaleza y la conciencia moral», no había hecho sino preparar mejor a toda Roma para recibir a Cristo, al menos en un sentido intelectual. El romano era por naturaleza y por formación un experto en la ley; veneraba incluso las leyes de la naturaleza. Y ahora, en el cristianismo, discernía en las leyes de la naturaleza las leyes de Dios. Un pueblo que podía producir a Cicerón y a Virgilio estaba maduro para el cristianismo helenizado de Pablo.
195:2.7Y así estos griegos romanizados obligaron tanto a judíos como a cristianos a filosofar su religión, a coordinar sus ideas y sistematizar sus ideales, a adaptar las prácticas religiosas a la corriente de vida existente. Y todo esto se vio enormemente favorecido por la traducción de las escrituras hebreas al griego y por la posterior redacción del Nuevo Testamento en lengua griega.
195:2.8Los griegos, a diferencia de los judíos y de muchos otros pueblos, habían creído desde hacía mucho, de manera provisional, en la inmortalidad, en algún tipo de supervivencia después de la muerte, y como este era el corazón mismo de la enseñanza de Jesús, era seguro que el cristianismo los atraería con fuerza.
195:2.9Una sucesión de victorias culturales griegas y políticas romanas había consolidado las tierras del Mediterráneo en un solo imperio, con una sola lengua y una sola cultura, y había preparado al mundo occidental para un solo Dios. El judaísmo proporcionó este Dios, pero el judaísmo no era aceptable como religión para estos griegos romanizados. Filón ayudó a algunos a mitigar sus objeciones, pero el cristianismo les reveló un concepto aún mejor de un solo Dios, y lo abrazaron de buena gana.
3. Bajo el Imperio romano
195:3.1Después de la consolidación del dominio político romano y después de la difusión del cristianismo, los cristianos se encontraron con un solo Dios, un gran concepto religioso, pero sin imperio. Los grecorromanos se encontraron con un gran imperio, pero sin un Dios que sirviera como concepto religioso adecuado para la adoración del imperio y la unificación espiritual. Los cristianos aceptaron el imperio; el imperio adoptó el cristianismo. El romano proporcionó una unidad de gobierno político; el griego, una unidad de cultura y saber; el cristianismo, una unidad de pensamiento y práctica religiosos.
195:3.2Con su universalismo imperial, Roma venció la tradición del nacionalismo, y por primera vez en la historia hizo posible que razas y naciones distintas aceptaran, al menos de nombre, una sola religión.
195:3.3El cristianismo ganó favor en Roma en una época en que había una gran contienda entre las vigorosas enseñanzas de los estoicos y las promesas de salvación de los cultos mistéricos. El cristianismo llegó con un consuelo refrescante y un poder liberador a un pueblo espiritualmente hambriento cuya lengua no tenía ninguna palabra para «altruismo».
195:3.4Lo que dio mayor poder al cristianismo fue la manera en que sus creyentes vivieron vidas de servicio, e incluso la manera en que murieron por su fe durante los primeros tiempos de persecución severa.
195:3.5La enseñanza sobre el amor de Cristo por los niños pronto puso fin a la práctica extendida de exponer a la muerte a los niños cuando no eran deseados, en particular a las niñas recién nacidas.
195:3.6El primer plan de la adoración cristiana se tomó en gran parte de la sinagoga judía, modificado por el ritual mitraico; más tarde se añadió mucho boato pagano. La columna vertebral de la iglesia cristiana primitiva estaba formada por prosélitos griegos del judaísmo que se habían cristianizado.
195:3.7El segundo siglo después de Cristo fue la mejor época de toda la historia del mundo para que una buena religión progresara en el mundo occidental. Durante el primer siglo, el cristianismo se había preparado, mediante la lucha y las concesiones, para echar raíces y extenderse rápidamente. El cristianismo adoptó al emperador; más tarde, él adoptó el cristianismo. Fue una gran época para la expansión de una nueva religión. Había libertad religiosa; los viajes eran universales y el pensamiento no tenía trabas.
195:3.8El impulso espiritual de aceptar nominalmente el cristianismo helenizado llegó a Roma demasiado tarde para impedir la decadencia moral ya bien iniciada o para compensar el deterioro racial ya bien establecido y creciente. Esta nueva religión fue una necesidad cultural para la Roma imperial, y es sumamente lamentable que no se convirtiera en un medio de salvación espiritual en un sentido más amplio.
195:3.9Ni siquiera una religión buena era capaz de librar a un gran imperio de las consecuencias seguras que traen la falta de participación de cada persona en los asuntos del gobierno, un paternalismo desmedido, una carga de impuestos excesiva y los abusos groseros de su recaudación, un comercio desequilibrado con el Levante que se llevaba el oro, el frenesí de las diversiones, la uniformidad impuesta por Roma, la degradación de la mujer, la esclavitud y la decadencia de la raza, las plagas físicas, y una iglesia del Estado que se institucionalizó hasta quedar casi en la esterilidad espiritual.
195:3.10Sin embargo, las condiciones no eran tan malas en Alejandría. Las primeras escuelas siguieron manteniendo gran parte de las enseñanzas de Jesús libres de concesiones. Panteno enseñó a Clemente y luego siguió a Natanael en la proclamación de Cristo en la India. Aunque algunos de los ideales de Jesús se sacrificaron en la edificación del cristianismo, hay que dejar constancia, con toda justicia, de que, hacia el final del segundo siglo, prácticamente todas las grandes mentes del mundo grecorromano se habían hecho cristianas. El triunfo estaba cerca de completarse.
195:3.11Y este Imperio romano duró lo suficiente para asegurar la supervivencia del cristianismo incluso después de que el imperio se desplomara. Pero a menudo hemos conjeturado qué habría sucedido en Roma y en el mundo si hubiera sido el evangelio del reino lo que se hubiera aceptado en lugar del cristianismo griego.
4. Las edades oscuras europeas
195:4.1La iglesia, al ser un apéndice de la sociedad y aliada de la política, estaba condenada a compartir la decadencia intelectual y espiritual de las llamadas «edades oscuras» europeas. Durante este tiempo, la religión se volvió cada vez más monástica, ascética y legalista. En un sentido espiritual, el cristianismo estaba hibernando. A lo largo de este período existió, junto a esta religión adormecida y secularizada, una corriente continua de misticismo, una experiencia espiritual fantástica que rozaba la irrealidad y que filosóficamente estaba emparentada con el panteísmo.
195:4.2Durante estos siglos oscuros y desesperanzados, la religión volvió a ser prácticamente de segunda mano. El individuo casi se perdió ante la autoridad, la tradición y el dictado dominantes de la iglesia. Surgió una nueva amenaza espiritual con la creación de una pléyade de «santos» a quienes se suponía una influencia especial en las cortes divinas y que, por tanto, si se les invocaba eficazmente, podrían interceder en favor del hombre ante los Dioses.
195:4.3Pero el cristianismo estaba lo suficientemente socializado y paganizado como para que, aunque fue impotente para detener las edades oscuras que se avecinaban, estuviera mejor preparado para sobrevivir a este largo período de oscuridad moral y estancamiento espiritual. Y persistió a lo largo de la larga noche de la civilización occidental y seguía funcionando como una influencia moral en el mundo cuando amaneció el renacimiento. La rehabilitación del cristianismo, tras el paso de las edades oscuras, dio lugar a numerosas sectas de las enseñanzas cristianas, creencias adecuadas a tipos intelectuales, emocionales y espirituales especiales de la personalidad humana. Y muchos de estos grupos cristianos especiales, o familias religiosas, persisten aún en la época en que se hace esta presentación.
195:4.4El cristianismo muestra una historia de haberse originado a partir de la transformación no intencionada de la religión de Jesús en una religión acerca de Jesús. Presenta además la historia de haber experimentado helenización, paganización, secularización, institucionalización, deterioro intelectual, decadencia espiritual, hibernación moral, amenaza de extinción, rejuvenecimiento posterior, fragmentación y, más recientemente, una relativa rehabilitación. Tal linaje es indicio de una vitalidad inherente y de la posesión de vastos recursos de recuperación. Y este mismo cristianismo está ahora presente en el mundo civilizado de los pueblos occidentales y se enfrenta cara a cara con una lucha por la existencia que es aún más amenazadora que aquellas crisis agitadas que han caracterizado sus batallas pasadas por el predominio.
195:4.5La religión se enfrenta ahora al desafío de una nueva era de mentes científicas y tendencias materialistas. En esta lucha gigantesca entre lo secular y lo espiritual, la religión de Jesús triunfará con el tiempo.
5. El problema moderno
195:5.1El siglo veinte ha traído nuevos problemas que deben resolver el cristianismo y todas las demás religiones. Cuanto más alto sube una civilización, más apremiante se vuelve el deber de «buscar primero las realidades del cielo» en todos los esfuerzos del hombre por estabilizar la sociedad y facilitar la solución de sus problemas materiales.
195:5.2La verdad a menudo se vuelve confusa e incluso engañosa cuando se la desmembra, se la segrega, se la aísla y se la analiza demasiado. La verdad viva enseña correctamente al buscador de la verdad solo cuando se la abraza en su totalidad y como una realidad espiritual viva, no como un hecho de la ciencia material ni como una inspiración del arte intermedio.
195:5.3La religión es lo que revela al hombre su destino divino y eterno. Como experiencia, la religión es puramente personal y espiritual, y hay que distinguirla para siempre de las otras formas elevadas del pensamiento humano, como son:
195:5.41. La actitud lógica del hombre hacia las cosas de la realidad material.
195:5.52. La apreciación estética del hombre de la belleza en contraste con la fealdad.
195:5.63. El reconocimiento ético del hombre de las obligaciones sociales y el deber político.
195:5.74. Ni siquiera el sentido de moralidad humana del hombre es, en sí y por sí mismo, religioso.
195:5.8La religión está destinada a encontrar aquellos valores del universo que suscitan fe, confianza y seguridad; la religión culmina en la adoración. La religión descubre para el alma aquellos valores supremos que contrastan con los valores relativos que descubre la mente. Tal discernimiento sobrehumano solo puede obtenerse mediante una experiencia religiosa genuina.
195:5.9Un sistema social duradero sin una moralidad basada en realidades espirituales no puede mantenerse, como tampoco podría mantenerse el sistema solar sin la gravedad.
195:5.10No traten de satisfacer la curiosidad ni de colmar toda la aventura latente que bulle dentro del alma en una sola vida corta en la carne. ¡Sean pacientes!, no se dejen tentar a lanzarse sin ley a una aventura barata y sórdida. Encaucen sus energías y refrenen sus pasiones; mantengan la calma mientras esperan el majestuoso despliegue de una carrera sin fin de aventura progresiva y descubrimiento apasionante.
195:5.11En medio de la confusión acerca del origen del hombre, no pierdan de vista su destino eterno. No olviden que Jesús amaba aun a los niños pequeños, y que dejó en claro para siempre cuánto vale la personalidad humana.
195:5.12Cuando miren el mundo, recuerden que las manchas negras del mal que ven se muestran sobre un fondo blanco de bien último. No ven simplemente manchas blancas de bien que resaltan pobremente sobre un fondo negro de mal.
195:5.13Cuando hay tanta verdad buena que publicar y proclamar, ¿por qué habrían de detenerse tanto los hombres en el mal del mundo solo porque parece ser un hecho? Las bellezas de los valores espirituales de la verdad son más placenteras y edificantes que el fenómeno del mal.
195:5.14En la religión, Jesús defendió y siguió el método de la experiencia, así como la ciencia moderna sigue la técnica del experimento. Encontramos a Dios por medio de las orientaciones del discernimiento espiritual, pero nos acercamos a este discernimiento del alma por medio del amor a lo bello, la búsqueda de la verdad, la lealtad al deber y la adoración de la bondad divina. Pero de todos estos valores, el amor es la verdadera guía hacia el discernimiento real.
6. El materialismo
195:6.1Los científicos han precipitado sin querer a la humanidad en un pánico materialista; han iniciado una retirada irreflexiva de los depósitos del banco moral de las edades, pero este banco de la experiencia humana tiene vastos recursos espirituales; puede soportar las demandas que se le hacen. Solo los hombres irreflexivos caen en el pánico respecto de los activos espirituales de la raza humana. Cuando pase el pánico materialista-secular, no se hallará en bancarrota la religión de Jesús. El banco espiritual del reino de los cielos estará pagando fe, esperanza y seguridad moral a todos los que retiren de él «en su nombre».
195:6.2Sea cual sea el aparente conflicto entre el materialismo y las enseñanzas de Jesús, pueden estar seguros de que, en las edades venideras, las enseñanzas del Maestro triunfarán plenamente. En realidad, la verdadera religión no puede verse envuelta en ninguna controversia con la ciencia; no se ocupa en modo alguno de las cosas materiales. La religión es simplemente indiferente a la ciencia, aunque comprensiva con ella, mientras que se ocupa de manera suprema del científico.
195:6.3La búsqueda del mero conocimiento, sin la interpretación concomitante de la sabiduría y el discernimiento espiritual de la experiencia religiosa, conduce finalmente al pesimismo y a la desesperación humana. Un poco de conocimiento es verdaderamente desconcertante.
195:6.4En el momento de escribir esto, lo peor de la era materialista ha pasado; el día de una mejor comprensión ya comienza a amanecer. Las mentes más elevadas del mundo científico ya no son del todo materialistas en su filosofía, pero la gran masa del pueblo todavía se inclina en esa dirección como resultado de enseñanzas anteriores. Pero esta era de realismo físico es solo un episodio pasajero en la vida del hombre en la tierra. La ciencia moderna ha dejado a la verdadera religión —las enseñanzas de Jesús tal como se traducen en la vida de sus creyentes— intacta. Todo lo que la ciencia ha hecho es destruir las ilusiones infantiles de las interpretaciones erróneas de la vida.
195:6.5La ciencia es una experiencia cuantitativa, la religión una experiencia cualitativa, en lo que se refiere a la vida del hombre en la tierra. La ciencia trata de los fenómenos; la religión, de los orígenes, los valores y las metas. Asignar causas como explicación de los fenómenos físicos es confesar ignorancia de las realidades últimas y, al final, solo conduce al científico directamente de vuelta a la primera gran causa —el Padre Universal del Paraíso.
195:6.6El violento paso de una era de milagros a una era de máquinas ha resultado del todo perturbador para el hombre. La agudeza y la destreza de las falsas filosofías del mecanicismo desmienten sus propias tesis mecanicistas. La agilidad fatalista de la mente de un materialista refuta para siempre sus afirmaciones de que el universo es un fenómeno energético ciego y sin propósito.
195:6.7El naturalismo mecanicista de algunos hombres supuestamente instruidos y el secularismo irreflexivo del hombre de la calle se ocupan ambos exclusivamente de cosas; carecen de todos los valores, sanciones y satisfacciones reales de naturaleza espiritual, y también están desprovistos de fe, esperanza y seguridades eternas. Uno de los grandes problemas de la vida moderna es que el hombre cree que está demasiado ocupado para hallar tiempo para la meditación espiritual y la devoción religiosa.
195:6.8El materialismo reduce al hombre a un autómata sin alma y lo convierte simplemente en un símbolo aritmético que ocupa un lugar impotente en la fórmula matemática de un universo sin romanticismo y mecanicista. Pero ¿de dónde viene todo este vasto universo de matemáticas sin un Matemático Maestro? La ciencia puede extenderse sobre la conservación de la materia, pero la religión valida la conservación de las almas de los hombres —atañe a su experiencia con las realidades espirituales y los valores eternos.
195:6.9El sociólogo materialista de hoy estudia una comunidad, hace un informe sobre ella y deja a la gente como la encontró. Hace mil novecientos años, unos galileos iletrados observaron a Jesús, que daba su vida como una contribución espiritual a la experiencia interior del hombre, y luego salieron y trastocaron todo el Imperio romano.
195:6.10Pero los líderes religiosos cometen un gran error cuando intentan llamar al hombre moderno a la batalla espiritual con los toques de trompeta de la Edad Media. La religión debe proveerse de lemas nuevos y actualizados. Ni la democracia ni ninguna otra panacea política ocupará el lugar del progreso espiritual. Las religiones falsas pueden representar una evasión de la realidad, pero Jesús, en su evangelio, condujo al hombre mortal hasta la entrada misma de una realidad eterna de progresión espiritual.
195:6.11Nada se explica con decir que la mente «surgió» de la materia. Si el universo no fuera más que un mecanismo y la mente no se distinguiera de la materia, jamás tendríamos dos interpretaciones diferentes de un mismo fenómeno observado. Ni la física ni la química llevan en sí los conceptos de verdad, belleza y bondad. Una máquina no puede conocer, y mucho menos conocer la verdad, tener hambre de rectitud y apreciar la bondad.
195:6.12La ciencia puede ser física, pero la mente del científico que discierne la verdad es a la vez supermaterial. La materia no conoce la verdad, ni puede amar la misericordia ni deleitarse en las realidades espirituales. Las convicciones morales basadas en la iluminación espiritual y arraigadas en la experiencia humana son tan reales y ciertas como las deducciones matemáticas basadas en observaciones físicas, pero en otro nivel más elevado.
195:6.13Si los hombres fueran solo máquinas, ante un universo material responderían de un modo más o menos uniforme. No existiría la individualidad, y menos aún la personalidad.
195:6.14Que el mecanismo absoluto del Paraíso esté en el centro del universo de universos, en presencia de la volición incondicionada de la Segunda Fuente y Centro, es un hecho que deja asegurado para siempre que los determinantes no son la ley exclusiva del cosmos. Hay materialismo, pero no es exclusivo; hay mecanismo, pero no es incondicionado; hay determinismo, pero no está solo.
195:6.15Si no fuera por la presencia combinada de la mente y el espíritu, el universo finito de la materia acabaría por volverse uniforme y determinista. Aun en los mundos materiales, la influencia de la mente cósmica introduce sin cesar la espontaneidad.
195:6.16La libertad o la iniciativa en cualquier ámbito de la existencia es directamente proporcional al grado de influencia espiritual y de control de la mente cósmica; es decir, en la experiencia humana, al grado de realidad en acto con que se hace «la voluntad del Padre». Y así, cuando ustedes emprenden una vez la búsqueda de Dios, esa es la prueba concluyente de que Dios ya los ha encontrado.
195:6.17Buscar con sinceridad la bondad, la belleza y la verdad conduce a Dios. Y cada descubrimiento científico demuestra que en el universo existen tanto la libertad como la uniformidad. Quien hizo el descubrimiento era libre de hacerlo. Lo descubierto es real y, según parece, uniforme, porque de otro modo no habría podido llegar a conocerse como cosa.
7. La vulnerabilidad del materialismo
195:7.1¡Qué necio es que el hombre de mentalidad material permita que teorías tan vulnerables como las de un universo mecanicista lo priven de los vastos recursos espirituales de la experiencia personal de la verdadera religión! Los hechos nunca riñen con la fe espiritual real; las teorías pueden hacerlo. Mejor sería que la ciencia se dedicara a destruir la superstición en lugar de intentar derribar la fe religiosa —la creencia humana en las realidades espirituales y los valores divinos.
195:7.2La ciencia debería hacer por el hombre en lo material lo que la religión hace por él en lo espiritual: ampliar el horizonte de la vida y engrandecer su personalidad. La verdadera ciencia no puede tener una disputa duradera con la verdadera religión. El «método científico» es simplemente una vara de medir intelectual con la cual medir las aventuras materiales y los logros físicos. Pero, al ser material y enteramente intelectual, es completamente inútil para la evaluación de las realidades espirituales y las experiencias religiosas.
195:7.3La incoherencia del mecanicista moderno es esta: si este fuera simplemente un universo material y el hombre solo una máquina, tal hombre sería totalmente incapaz de reconocerse a sí mismo como tal máquina, y del mismo modo tal hombre-máquina sería totalmente inconsciente del hecho de la existencia de tal universo material. El desaliento y la desesperación materialistas de una ciencia mecanicista no han reconocido el hecho de la mente en que mora el espíritu, la del científico cuyo mismo discernimiento supermaterial formula estos conceptos equivocados y contradictorios de un universo materialista.
195:7.4Los valores del Paraíso de eternidad e infinitud, de verdad, belleza y bondad, están ocultos dentro de los hechos de los fenómenos de los universos del tiempo y del espacio. Pero se requiere el ojo de la fe en un mortal nacido del espíritu para detectar y discernir estos valores espirituales.
195:7.5Las realidades y los valores del progreso espiritual no son una «proyección psicológica» —un mero ensueño glorificado de la mente material. Tales cosas son las previsiones espirituales del Ajustador que mora en el interior, el espíritu de Dios que vive en la mente del hombre. Y no permitan que sus escarceos con los hallazgos apenas vislumbrados de la «relatividad» perturben sus conceptos de la eternidad y la infinitud de Dios. Y en toda su solicitud respecto de la necesidad de la expresión de sí mismos, no cometan el error de no proveer para la expresión del Ajustador, la manifestación de su yo real y mejor.
195:7.6Si este universo fuera solo material, el hombre material nunca podría llegar a concebir el carácter mecanicista de una existencia exclusivamente material como esa. Ya en sí mismo, este concepto mecanicista del universo es un fenómeno no material de la mente, y toda mente tiene un origen no material, por muy a fondo que parezca estar condicionada por la materia y controlada de forma mecánica.
195:7.7El mecanismo mental, parcialmente evolucionado, del hombre mortal no está sobrado de coherencia y sabiduría. La presunción del hombre a menudo se adelanta a su razón y elude su lógica.
195:7.8El mismo pesimismo del materialista más pesimista es, en sí y por sí mismo, prueba suficiente de que el universo del pesimista no es enteramente material. Tanto el optimismo como el pesimismo son reacciones conceptuales en una mente consciente de valores así como de hechos. Si el universo fuera realmente lo que el materialista considera que es, el hombre, como máquina humana, estaría entonces desprovisto de todo reconocimiento consciente de ese mismo hecho. Sin la conciencia del concepto de valores dentro de la mente nacida del espíritu, el hecho del materialismo del universo y los fenómenos mecanicistas del funcionamiento del universo pasarían totalmente inadvertidos para el hombre. Una máquina no puede ser consciente de la naturaleza o del valor de otra máquina.
195:7.9Una filosofía mecanicista de la vida y del universo no puede ser científica, porque la ciencia solo reconoce materiales y hechos, y solo de ellos se ocupa. La filosofía es, por fuerza, supracientífica. El hombre es un hecho material de la naturaleza, pero su vida es un fenómeno que trasciende los niveles materiales de la naturaleza, por cuanto muestra los atributos de control que son propios de la mente y las cualidades creadoras del espíritu.
195:7.10El esfuerzo sincero del hombre por hacerse mecanicista representa el fenómeno trágico del vano esfuerzo de ese hombre por cometer un suicidio intelectual y moral. Pero no puede hacerlo.
195:7.11Si el universo fuera solo material y el hombre solo una máquina, no habría ciencia que animara al científico a postular esta mecanización del universo. Las máquinas no pueden medirse, clasificarse ni evaluarse a sí mismas. Tal trabajo científico solo podría ejecutarlo alguna entidad de rango supermecánico.
195:7.12Si la realidad del universo es solo una vasta máquina, entonces el hombre debe estar fuera del universo y separado de él para reconocer tal hecho y tomar conciencia del discernimiento de tal evaluación.
195:7.13Si el hombre es solo una máquina, ¿mediante qué técnica llega este hombre a creer o a afirmar que sabe que es solo una máquina? La experiencia de la evaluación consciente de sí mismo nunca es un atributo de una mera máquina. Un mecanicista consciente de sí mismo y declarado es la mejor respuesta posible al mecanicismo. Si el materialismo fuera un hecho, no podría haber ningún mecanicista consciente de sí mismo. También es cierto que uno debe ser primero una persona moral antes de poder realizar actos inmorales.
195:7.14La pretensión misma del materialismo implica una conciencia supermaterial de la mente que se atreve a afirmar tales dogmas. Un mecanismo podría deteriorarse, pero nunca podría progresar. Las máquinas no piensan, no crean, no sueñan, no aspiran, no idealizan, no tienen hambre de verdad ni sed de rectitud. No motivan su vida con la pasión de servir a otras máquinas y de elegir como meta de su progresión eterna la sublime tarea de encontrar a Dios y de esforzarse por ser como él. Las máquinas nunca son intelectuales, emocionales, estéticas, éticas, morales ni espirituales.
195:7.15El arte prueba que el hombre no es mecanicista, pero no prueba que sea espiritualmente inmortal. El arte es morontia mortal, el campo intermedio entre el hombre en cuanto material y el hombre en cuanto espiritual. La poesía es un esfuerzo por escapar de las realidades materiales hacia los valores espirituales.
195:7.16En una civilización elevada, el arte humaniza la ciencia, mientras que a su vez es espiritualizado por la verdadera religión —el discernimiento de los valores espirituales y eternos. El arte representa la evaluación humana y espaciotemporal de la realidad. La religión es el abrazo divino de los valores cósmicos y connota una progresión eterna en la ascensión y la expansión espirituales. El arte del tiempo es peligroso solo cuando se vuelve ciego a los criterios espirituales de los patrones divinos que la eternidad refleja como las sombras de realidad del tiempo. El verdadero arte es la manipulación eficaz de las cosas materiales de la vida; la religión es la transformación ennoblecedora de los hechos materiales de la vida, y nunca cesa en su evaluación espiritual del arte.
195:7.17¡Qué necio es suponer que un autómata pudiera concebir una filosofía del automatismo, y qué ridículo que pretendiera formarse tal concepto de otros autómatas semejantes a él!
195:7.18Cualquier interpretación científica del universo material carece de valor a menos que reconozca debidamente al científico. Ninguna apreciación del arte es genuina a menos que reconozca al artista. Ninguna evaluación de la moral vale la pena a menos que incluya al moralista. Ningún reconocimiento de la filosofía es edificante si ignora al filósofo, y la religión no puede existir sin la experiencia real del hombre religioso que, en y por medio de esta misma experiencia, busca encontrar a Dios y conocerlo. Del mismo modo, el universo de universos carece de significado separado del YO SOY, el Dios infinito que lo hizo y lo dirige sin cesar.
195:7.19Los mecanicistas —los humanistas— tienden a dejarse llevar por las corrientes materiales. Los idealistas y los espiritualistas se atreven a usar sus remos con inteligencia y vigor para modificar el curso aparentemente puramente material de las corrientes de energía.
195:7.20La ciencia vive de las matemáticas de la mente; la música expresa el tempo de las emociones. La religión es el ritmo espiritual del alma en armonía espaciotemporal con las medidas melódicas superiores y eternas de la Infinitud. La experiencia religiosa es algo de la vida humana que es verdaderamente supermatemático.
195:7.21En el lenguaje, un alfabeto representa el mecanismo del materialismo, mientras que las palabras que expresan el significado de mil pensamientos, grandes ideas y nobles ideales —de amor y odio, de cobardía y valor— representan las actuaciones de la mente dentro del ámbito definido tanto por la ley material como por la espiritual, dirigidas por la afirmación de la voluntad de la personalidad y limitadas por la dotación situacional inherente.
195:7.22El universo no se parece a las leyes, los mecanismos y las uniformidades que el científico descubre y que llega a considerar como ciencia, sino más bien al científico curioso, pensante, que elige, crea, combina y discrimina, y que así observa los fenómenos del universo y clasifica los hechos matemáticos inherentes a las fases mecanicistas del lado material de la creación. Tampoco se parece el universo al arte del artista, sino más bien al artista que se esfuerza, sueña, aspira y avanza, y que trata de trascender el mundo de las cosas materiales en un esfuerzo por alcanzar una meta espiritual.
195:7.23El científico, no la ciencia, percibe la realidad de un universo de energía y materia que evoluciona y avanza. El artista, no el arte, demuestra la existencia del mundo morontial transitorio que media entre la existencia material y la libertad espiritual. El hombre religioso, no la religión, prueba la existencia de las realidades espirituales y los valores divinos que han de encontrarse en el progreso de la eternidad.
8. El totalitarismo secular
195:8.1Pero, aun cuando el materialismo y el mecanicismo queden más o menos vencidos, la influencia devastadora del secularismo del siglo XX seguirá marchitando la experiencia espiritual de millones de almas desprevenidas.
195:8.2El secularismo moderno ha sido fomentado por dos influencias de alcance mundial. El padre del secularismo fue la actitud estrecha de miras y sin Dios de la llamada ciencia de los siglos diecinueve y veinte —la ciencia atea. La madre del secularismo moderno fue la iglesia cristiana medieval totalitaria. El secularismo tuvo su comienzo como una protesta creciente contra la dominación casi completa de la civilización occidental por la iglesia cristiana institucionalizada.
195:8.3En el momento de esta revelación, el clima intelectual y filosófico predominante de la vida tanto europea como americana es decididamente secular, humanista. Durante trescientos años el pensamiento occidental se ha secularizado progresivamente. La religión se ha convertido cada vez más en una influencia nominal, en gran medida en un ejercicio ritual. La mayoría de los cristianos declarados de la civilización occidental son, sin saberlo, secularistas de hecho.
195:8.4Se necesitó un gran poder, una influencia poderosa, para liberar el pensamiento y la vida de los pueblos occidentales de la garra marchitadora de una dominación eclesiástica totalitaria. El secularismo sí rompió las ataduras del control de la iglesia, y ahora a su vez amenaza con establecer un nuevo tipo de dominio sin Dios sobre los corazones y las mentes del hombre moderno. El Estado político tiránico y dictatorial es el vástago directo del materialismo científico y del secularismo filosófico. Apenas libera el secularismo al hombre de la dominación de la iglesia institucionalizada, lo vende como esclavo al Estado totalitario. El secularismo libera al hombre de la esclavitud eclesiástica solo para entregarlo a la tiranía de la esclavitud política y económica.
195:8.5El materialismo niega a Dios, el secularismo simplemente lo ignora; al menos esa fue la actitud anterior. Más recientemente, el secularismo ha adoptado una actitud más militante, y pretende ocupar el lugar de la religión cuya esclavitud totalitaria en otro tiempo resistió. El secularismo del siglo veinte tiende a afirmar que el hombre no necesita a Dios. ¡Pero cuidado!, esta filosofía sin Dios de la sociedad humana solo conducirá a la inquietud, la animosidad, la infelicidad, la guerra y el desastre mundial.
195:8.6El secularismo nunca podrá traer la paz a la humanidad. Nada puede ocupar el lugar de Dios en la sociedad humana. ¡Pero tengan muy presente esto!, no se apresuren a renunciar a las ganancias beneficiosas de la rebelión secular contra el totalitarismo eclesiástico. La civilización occidental goza hoy de muchas libertades y satisfacciones como resultado de la rebelión secular. El gran error del secularismo fue este: al rebelarse contra el control casi total de la vida por la autoridad religiosa, y después de lograr liberarse de tal tiranía eclesiástica, los secularistas pasaron a emprender una rebelión contra Dios mismo, a veces tácitamente y a veces abiertamente.
195:8.7A la rebelión secularista le deben ustedes la asombrosa creatividad del industrialismo americano y el progreso material sin precedentes de la civilización occidental. Y como la rebelión secularista fue demasiado lejos y perdió de vista a Dios y a la religión verdadera, siguió también la cosecha inesperada de guerras mundiales y de inestabilidad internacional.
195:8.8No es necesario sacrificar la fe en Dios para disfrutar de las bendiciones de la rebelión secularista moderna: la tolerancia, el servicio social, el gobierno democrático y las libertades civiles. No era necesario que los secularistas se enemistaran con la verdadera religión para promover la ciencia y hacer avanzar la educación.
195:8.9Pero el secularismo no es el único progenitor de todas estas ganancias recientes en la ampliación de la vida. Detrás de las ganancias del siglo veinte no están solo la ciencia y el secularismo, sino también las obras espirituales, no reconocidas ni admitidas, de la vida y la enseñanza de Jesús de Nazaret.
195:8.10Sin Dios, sin religión, el secularismo científico nunca podrá coordinar sus fuerzas ni armonizar sus intereses, razas y nacionalismos divergentes y rivales. Esta sociedad humana secularista, a pesar de su logro materialista sin igual, se está desintegrando lentamente. La principal fuerza de cohesión que resiste esta desintegración del antagonismo es el nacionalismo. Y el nacionalismo es la principal barrera para la paz mundial.
195:8.11La debilidad inherente del secularismo es que descarta la ética y la religión en favor de la política y el poder. Sencillamente no se puede establecer la fraternidad de los hombres mientras se ignora o se niega la paternidad de Dios.
195:8.12El optimismo social y político de signo secular es una ilusión. Sin Dios, no conducirán a la paz ni la libertad y las libertades, ni la propiedad y la riqueza.
195:8.13La secularización completa de la ciencia, la educación, la industria y la sociedad solo puede conducir al desastre. Durante el primer tercio del siglo veinte, los urantianos mataron a más seres humanos de los que se habían matado durante toda la dispensación cristiana hasta ese momento. Y esto es solo el comienzo de la terrible cosecha del materialismo y del secularismo; todavía está por venir una destrucción aún más terrible.
9. El problema del cristianismo
195:9.1No pasen por alto el valor de su herencia espiritual, el río de verdad que corre a través de los siglos, aun hasta los tiempos estériles de una era materialista y secular. En todos sus dignos esfuerzos por librarse de los credos supersticiosos de edades pasadas, asegúrense de mantener firmemente la verdad eterna. ¡Pero sean pacientes!, cuando termine la actual rebelión contra la superstición, las verdades del evangelio de Jesús persistirán gloriosamente para iluminar un camino nuevo y mejor.
195:9.2Pero el cristianismo paganizado y socializado necesita un nuevo contacto con las enseñanzas sin concesiones de Jesús; languidece por falta de una nueva visión de la vida del Maestro en la tierra. Una revelación nueva y más plena de la religión de Jesús está destinada a conquistar un imperio de secularismo materialista y a derribar un dominio mundial de naturalismo mecanicista. Urantia se estremece ahora al borde mismo de una de sus épocas más asombrosas y cautivadoras de reajuste social, avivamiento moral e iluminación espiritual.
195:9.3Las enseñanzas de Jesús, aunque muy modificadas, sobrevivieron a los cultos mistéricos de la época de su nacimiento, a la ignorancia y la superstición de las edades oscuras, y aun ahora están triunfando lentamente sobre el materialismo, el mecanicismo y el secularismo del siglo veinte. Y tales tiempos de gran prueba y de amenaza de derrota son siempre tiempos de gran revelación.
195:9.4La religión sí necesita nuevos líderes, hombres y mujeres espirituales que se atrevan a depender únicamente de Jesús y de sus enseñanzas incomparables. Si el cristianismo persiste en descuidar su misión espiritual mientras sigue ocupándose de los problemas sociales y materiales, el renacimiento espiritual tendrá que esperar la llegada de estos nuevos maestros de la religión de Jesús, que se dedicarán exclusivamente a la regeneración espiritual de los hombres. Y entonces estas almas nacidas del espíritu proporcionarán rápidamente el liderazgo y la inspiración necesarios para la reorganización social, moral, económica y política del mundo.
195:9.5La era moderna se negará a aceptar una religión que sea incoherente con los hechos y que no esté en armonía con sus más elevadas concepciones de la verdad, la belleza y la bondad. Está sonando la hora para un redescubrimiento de los cimientos verdaderos y originales del cristianismo distorsionado y lleno de concesiones de hoy —la vida y las enseñanzas reales de Jesús.
195:9.6El hombre primitivo vivía una vida de esclavitud supersticiosa al miedo religioso. Los hombres modernos y civilizados temen la idea de caer bajo el dominio de fuertes convicciones religiosas. El hombre que piensa siempre ha temido quedar sujeto a una religión. Cuando una religión fuerte y conmovedora amenaza con dominarlo, invariablemente trata de racionalizarla, tradicionalizarla e institucionalizarla, esperando así obtener el control sobre ella. Por tal procedimiento, incluso una religión revelada se vuelve hecha por el hombre y dominada por el hombre. Los hombres y las mujeres modernos e inteligentes evitan la religión de Jesús por sus temores de lo que les hará a ellos —y con ellos. Y todos esos temores están bien fundados. La religión de Jesús, en efecto, domina y transforma a sus creyentes, exigiendo que los hombres dediquen su vida a buscar el conocimiento de la voluntad del Padre que está en el cielo y requiriendo que las energías de la vida se consagren al servicio altruista de la fraternidad de los hombres.
195:9.7Los hombres y las mujeres egoístas sencillamente no pagarán tal precio ni siquiera por el mayor tesoro espiritual jamás ofrecido al hombre mortal. Solo cuando el hombre se haya desilusionado lo suficiente por las tristes decepciones que acompañan a las búsquedas necias y engañosas del egoísmo, y tras el descubrimiento de la esterilidad de la religión formalizada, estará dispuesto a volverse de todo corazón al evangelio del reino, la religión de Jesús de Nazaret.
195:9.8El mundo necesita más religión de primera mano. Incluso el cristianismo —la mejor de las religiones del siglo veinte— no es solo una religión acerca de Jesús, sino que es en tan gran medida una religión que los hombres experimentan de segunda mano. Toman su religión enteramente tal como se la transmiten sus maestros religiosos aceptados. ¡Qué despertar experimentaría el mundo si tan solo pudiera ver a Jesús como realmente vivió en la tierra y conocer, de primera mano, sus enseñanzas que dan vida! Las palabras que describen cosas bellas no pueden emocionar como su contemplación, ni pueden las palabras de los credos inspirar las almas de los hombres como la experiencia de conocer la presencia de Dios. Pero la fe expectante mantendrá siempre abierta la puerta de la esperanza del alma del hombre para la entrada de las realidades espirituales eternas de los valores divinos de los mundos del más allá.
195:9.9El cristianismo se ha atrevido a rebajar sus ideales ante el desafío de la codicia humana, la locura de la guerra y el ansia de poder; pero la religión de Jesús se mantiene como el llamamiento espiritual inmaculado y trascendente, que llama a lo mejor que hay en el hombre a elevarse por encima de todos estos legados de la evolución animal y, por la gracia, a alcanzar las alturas morales del verdadero destino humano.
195:9.10El cristianismo está amenazado de una muerte lenta por el formalismo, la organización excesiva, el intelectualismo y otras tendencias no espirituales. La iglesia cristiana moderna no es una fraternidad de creyentes dinámicos como la que Jesús encargó que efectuara continuamente la transformación espiritual de las sucesivas generaciones de la humanidad.
195:9.11El llamado cristianismo se ha convertido en un movimiento social y cultural, así como en una creencia y una práctica religiosas. La corriente del cristianismo moderno drena muchas antiguas ciénagas paganas y muchos pantanos bárbaros; muchas antiguas cuencas culturales desaguan en esta corriente cultural de hoy, así como las altas mesetas galileas que se suponen su fuente exclusiva.
10. El futuro
195:10.1El cristianismo ha prestado, en efecto, un gran servicio a este mundo, pero lo que ahora más se necesita es Jesús. El mundo necesita ver a Jesús viviendo de nuevo en la tierra en la experiencia de mortales nacidos del espíritu que revelen eficazmente al Maestro a todos los hombres. Es inútil hablar de un renacer del cristianismo primitivo; deben avanzar desde donde se encuentran. La cultura moderna debe ser bautizada espiritualmente con una nueva revelación de la vida de Jesús e iluminada con una nueva comprensión de su evangelio de salvación eterna. Y cuando Jesús sea así elevado, atraerá a todos los hombres hacia sí. Los discípulos de Jesús deberían ser más que vencedores, e incluso fuentes desbordantes de inspiración y de vida enriquecida para todos los hombres. La religión es solo un humanismo exaltado hasta que se hace divina por el descubrimiento de la realidad de la presencia de Dios en la experiencia personal.
195:10.2La belleza y la sublimidad, la humanidad y la divinidad, la sencillez y la singularidad de la vida de Jesús en la tierra presentan un cuadro tan impresionante y atrayente de salvación del hombre y de revelación de Dios que los teólogos y los filósofos de todos los tiempos deberían sentirse eficazmente refrenados de atreverse a formar credos o crear sistemas teológicos de esclavitud espiritual a partir de un otorgamiento tan trascendental de Dios en la forma de hombre. En Jesús el universo produjo un hombre mortal en quien el espíritu del amor triunfó sobre las desventajas materiales del tiempo y superó el hecho del origen físico.
195:10.3Tengan siempre presente esto: Dios y los hombres se necesitan mutuamente. Son mutuamente necesarios para la consecución plena y final de la experiencia eterna de la personalidad en el destino divino de la finalidad del universo.
195:10.4«El reino de Dios está dentro de ustedes» fue probablemente la mayor declaración que Jesús hizo jamás, después de la afirmación de que su Padre es un espíritu vivo y amoroso.
195:10.5Al ganar almas para el Maestro, no es la primera milla de la obligación, el deber o la convención la que transformará al hombre y a su mundo, sino más bien la segunda milla del servicio libre y de la devoción amante de la libertad, que señala al jesusoniano que se extiende hacia su hermano para tomarlo con amor y llevarlo, bajo la guía espiritual, hacia la meta superior y divina de la existencia mortal. El cristianismo, aun ahora, recorre de buena gana la primera milla, pero la humanidad languidece y avanza a tropiezos en la oscuridad moral porque hay tan pocos verdaderos caminantes de la segunda milla —tan pocos seguidores declarados de Jesús que realmente vivan y amen como él enseñó a sus discípulos a vivir, a amar y a servir.
195:10.6El llamamiento a la aventura de construir una sociedad humana nueva y transformada por medio del renacimiento espiritual de la fraternidad del reino de Jesús debería entusiasmar a todos los que creen en él como no se han conmovido los hombres desde los días en que caminaban por la tierra como sus compañeros en la carne.
195:10.7Ningún sistema social ni régimen político que niegue la realidad de Dios puede contribuir de manera constructiva y duradera al avance de la civilización humana. Pero el cristianismo, tal como está subdividido y secularizado hoy, presenta el mayor obstáculo individual a su avance ulterior; esto es especialmente cierto en lo que respecta al Oriente.
195:10.8El eclesiasticismo es a la vez y para siempre incompatible con esa fe viva, ese espíritu creciente y esa experiencia de primera mano de los camaradas de fe de Jesús en la fraternidad de los hombres dentro de la asociación espiritual del reino de los cielos. El loable deseo de preservar las tradiciones de logros pasados a menudo conduce a la defensa de sistemas de adoración anticuados. El deseo bien intencionado de fomentar antiguos sistemas de pensamiento impide eficazmente el patrocinio de medios y métodos nuevos y adecuados, destinados a satisfacer los anhelos espirituales de las mentes en expansión y en progreso de los hombres modernos. Del mismo modo, las iglesias cristianas del siglo veinte se alzan como grandes obstáculos, aunque totalmente inconscientes, al avance inmediato del verdadero evangelio —las enseñanzas de Jesús de Nazaret.
195:10.9Muchas personas sinceras que de buena gana rendirían lealtad al Cristo del evangelio encuentran muy difícil apoyar con entusiasmo a una iglesia que muestra tan poco del espíritu de su vida y enseñanzas, y que se les ha enseñado erróneamente que él fundó. Jesús no fundó la llamada iglesia cristiana, pero, de todas las maneras compatibles con su naturaleza, la ha fomentado como el mejor exponente existente de la obra de su vida en la tierra.
195:10.10Si la iglesia cristiana tan solo se atreviera a abrazar el programa del Maestro, miles de jóvenes aparentemente indiferentes se apresurarían a alistarse en tal empresa espiritual, y no dudarían en llegar hasta el final de esta gran aventura.
195:10.11El cristianismo se enfrenta seriamente a la condena contenida en uno de sus propios lemas: «Una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie». El mundo no cristiano difícilmente capitulará ante una cristiandad dividida en sectas. El Jesús vivo es la única esperanza de una posible unificación del cristianismo. La verdadera iglesia —la fraternidad de Jesús— es invisible, espiritual, y se caracteriza por la unidad, no necesariamente por la uniformidad. La uniformidad es la marca distintiva del mundo físico de la naturaleza mecanicista. La unidad espiritual es el fruto de la unión por la fe con el Jesús vivo. La iglesia visible debería negarse a seguir obstaculizando el progreso de la fraternidad invisible y espiritual del reino de Dios. Y esta fraternidad está destinada a convertirse en un organismo vivo en contraste con una organización social institucionalizada. Bien puede utilizar tales organizaciones sociales, pero no debe ser suplantada por ellas.
195:10.12Pero el cristianismo, incluso el del siglo veinte, no debe ser despreciado. Es el producto del genio moral combinado de los hombres que conocían a Dios, de muchas razas y durante muchas edades, y ha sido verdaderamente uno de los mayores poderes para el bien en la tierra; por tanto, nadie debería considerarlo a la ligera, a pesar de sus defectos inherentes y adquiridos. El cristianismo todavía logra conmover las mentes de los hombres reflexivos con poderosas emociones morales.
195:10.13Pero no hay excusa para la implicación de la iglesia en el comercio y la política; tales alianzas impías son una traición flagrante al Maestro. Y los auténticos amantes de la verdad tardarán en olvidar que esta poderosa iglesia institucionalizada a menudo se ha atrevido a sofocar la fe recién nacida y a perseguir a portadores de la verdad que por casualidad aparecían con vestimenta no ortodoxa.
195:10.14Es demasiado cierto que una iglesia así no habría sobrevivido si no hubiera habido en el mundo hombres que preferían tal estilo de adoración. Muchas almas espiritualmente indolentes ansían una religión antigua y autoritaria de ritual y tradiciones sagradas. La evolución humana y el progreso espiritual apenas bastan para permitir que todos los hombres prescindan de la autoridad religiosa. Y la fraternidad invisible del reino bien puede incluir a estos grupos familiares de diversas clases sociales y temperamentales, si tan solo están dispuestos a llegar a ser verdaderamente hijos de Dios guiados por el espíritu. Pero en esta fraternidad de Jesús no hay lugar para la rivalidad sectaria, la amargura de grupo, ni las afirmaciones de superioridad moral e infalibilidad espiritual.
195:10.15Estas diversas agrupaciones de cristianos pueden servir para dar cabida a numerosos tipos diferentes de aspirantes a creyentes entre los diversos pueblos de la civilización occidental, pero tal división de la cristiandad presenta una grave debilidad cuando intenta llevar el evangelio de Jesús a los pueblos orientales. Estas razas aún no comprenden que existe una religión de Jesús separada, y algo apartada, del cristianismo, que se ha convertido cada vez más en una religión acerca de Jesús.
195:10.16Para Urantia, la gran esperanza reside en que sea posible una nueva revelación de Jesús, con una presentación nueva y más amplia de su mensaje salvador, que uniera espiritualmente, en un servicio de amor, a las numerosas familias de quienes hoy se declaran sus seguidores.
195:10.17Incluso la educación secular podría ayudar en este gran renacimiento espiritual si prestara más atención a la tarea de enseñar a los jóvenes a planificar su vida y a progresar en su carácter. El propósito de toda educación debería ser fomentar y promover el propósito supremo de la vida, el desarrollo de una personalidad majestuosa y bien equilibrada. Hay una gran necesidad de enseñar la disciplina moral en lugar de tanta autocomplacencia. Sobre tal fundamento la religión puede aportar su incentivo espiritual al engrandecimiento y enriquecimiento de la vida mortal, e incluso a la seguridad y el realce de la vida eterna.
195:10.18El cristianismo es una religión improvisada, y por eso debe funcionar en una marcha baja. Las realizaciones espirituales de marcha alta deben esperar la nueva revelación y la aceptación más general de la verdadera religión de Jesús. Pero el cristianismo es una religión poderosa, ya que los discípulos comunes de un carpintero crucificado pusieron en marcha aquellas enseñanzas que conquistaron el mundo romano en trescientos años y luego siguieron adelante hasta triunfar sobre los bárbaros que derribaron a Roma. Este mismo cristianismo conquistó —absorbió y exaltó— toda la corriente de la teología hebrea y de la filosofía griega. Y luego, cuando esta religión cristiana quedó en estado de coma durante más de mil años como resultado de una sobredosis de misterios y paganismo, se resucitó a sí misma y prácticamente reconquistó todo el mundo occidental. El cristianismo contiene suficientes enseñanzas de Jesús para inmortalizarlo.
195:10.19Con solo que el cristianismo captara más de las enseñanzas de Jesús, mucho más podría hacer para ayudar al hombre moderno a resolver sus problemas nuevos y cada vez más complejos.
195:10.20El cristianismo sufre una gran desventaja porque ha llegado a identificarse en la mente de todo el mundo como parte del sistema social, la vida industrial y las normas morales de la civilización occidental; y así el cristianismo, sin saberlo, ha parecido patrocinar una sociedad que se tambalea bajo la culpa de tolerar la ciencia sin idealismo, la política sin principios, la riqueza sin trabajo, el placer sin freno, el conocimiento sin carácter, el poder sin conciencia moral y la industria sin moralidad.
195:10.21La esperanza del cristianismo moderno es que deje de patrocinar los sistemas sociales y las políticas industriales de la civilización occidental, mientras se inclina humildemente ante la cruz que tan valientemente exalta, para aprender allí de nuevo de Jesús de Nazaret las mayores verdades que el hombre mortal puede jamás oír: el evangelio vivo de la paternidad de Dios y la fraternidad de los hombres.