Parte IV · Documento 178

Último día en el campamento

178:0.1JESÚS se propuso pasar este jueves, su último día libre en la tierra como Hijo divino encarnado en la carne, con sus apóstoles y unos pocos discípulos leales y consagrados. Poco después de la hora del desayuno, en esta hermosa mañana, el Maestro los llevó a un lugar apartado, a corta distancia por encima de su campamento, y allí les enseñó muchas verdades nuevas. Aunque Jesús dio otros discursos a los apóstoles durante las primeras horas de la noche de ese día, esta charla del jueves por la mañana fue su discurso de despedida al grupo combinado del campamento, formado por los apóstoles y los discípulos escogidos, tanto judíos como gentiles. Los doce estaban todos presentes, salvo Judas. Pedro y varios de los apóstoles comentaron su ausencia, y algunos de ellos pensaron que Jesús lo había enviado a la ciudad para ocuparse de algún asunto, probablemente para preparar los detalles de su próxima celebración de la Pascua. Judas no regresó al campamento hasta media tarde, poco antes de que Jesús condujera a los doce a Jerusalén para participar en la Última Cena.

1. Discurso sobre la filiación y la ciudadanía

178:1.1Jesús habló a unos cincuenta de sus seguidores de confianza durante casi dos horas y respondió a una veintena de preguntas sobre la relación del reino de los cielos con los reinos de este mundo, sobre la relación de la filiación con Dios con la ciudadanía en los gobiernos terrenales. Este discurso, junto con sus respuestas a las preguntas, se puede resumir y expresar de nuevo en lenguaje moderno como sigue:

178:1.2Los reinos de este mundo, al ser materiales, pueden encontrar a menudo necesario emplear la fuerza física en la ejecución de sus leyes y para el mantenimiento del orden. En el reino de los cielos, los verdaderos creyentes no recurrirán al empleo de la fuerza física. El reino de los cielos, al ser una fraternidad espiritual de los hijos de Dios nacidos del espíritu, solo se puede promulgar por el poder del espíritu. Esta distinción de procedimiento se refiere a las relaciones del reino de los creyentes con los reinos del gobierno secular, y no anula el derecho de los grupos sociales de creyentes a mantener el orden en sus filas y a aplicar disciplina a los miembros rebeldes e indignos.

178:1.3No hay nada incompatible entre la filiación en el reino espiritual y la ciudadanía en el gobierno secular o civil. Es deber del creyente dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No puede haber ningún desacuerdo entre estas dos exigencias, la una material y la otra espiritual, a menos que se diera el caso de que un César pretendiera usurpar las prerrogativas de Dios y exigiera que se le rindieran homenaje espiritual y adoración suprema. En tal caso, ustedes adorarán solo a Dios mientras procuran iluminar a esos gobernantes terrenales equivocados y, de este modo, llevarlos también al reconocimiento del Padre que está en el cielo. No rendirán adoración espiritual a los gobernantes terrenales; tampoco deberían emplear las fuerzas físicas de los gobiernos terrenales, cuyos gobernantes pueden llegar algún día a ser creyentes, en la obra de impulsar la misión del reino espiritual.

178:1.4La filiación en el reino, desde el punto de vista del avance de la civilización, debería ayudarles a llegar a ser los ciudadanos ideales de los reinos de este mundo, puesto que la fraternidad y el servicio son las piedras angulares del evangelio del reino. La llamada de amor del reino espiritual debería resultar el destructor eficaz del impulso de odio de los ciudadanos incrédulos y belicosos de los reinos terrenales. Pero estos hijos de mentalidad material que están en tinieblas nunca conocerán su luz espiritual de la verdad a menos que ustedes se acerquen mucho a ellos con ese servicio social desinteresado que es la consecuencia natural de dar los frutos del espíritu en la experiencia de vida de cada creyente individual.

178:1.5Como hombres mortales y materiales, ustedes son en verdad ciudadanos de los reinos terrenales, y deberían ser buenos ciudadanos, tanto mejores por haber llegado a ser hijos espirituales renacidos del reino celestial. Como hijos del reino de los cielos iluminados por la fe y liberados por el espíritu, ustedes afrontan una doble responsabilidad, el deber hacia el hombre y el deber hacia Dios, mientras asumen voluntariamente una tercera obligación, que es sagrada: el servicio a la fraternidad de los creyentes que conocen a Dios.

178:1.6No deben adorar a sus gobernantes temporales, y no deberían emplear el poder temporal para impulsar el reino espiritual; pero deberían manifestar el recto ministerio del servicio amoroso tanto a los creyentes como a los incrédulos. En el evangelio del reino reside el poderoso Espíritu de la Verdad, y pronto derramaré este mismo espíritu sobre toda carne. Los frutos del espíritu, su servicio sincero y amoroso, son la poderosa palanca social para elevar a las razas que están en tinieblas, y este Espíritu de la Verdad llegará a ser su fulcro multiplicador de poder.

178:1.7Muestren sabiduría y den prueba de sagacidad en su trato con los gobernantes civiles incrédulos. Con discreción, muéstrense expertos en allanar los desacuerdos menores y en arreglar los malentendidos insignificantes. De todas las maneras posibles —en todo, salvo en su lealtad espiritual a los gobernantes del universo—, procuren vivir en paz con todos los hombres. Sean siempre tan sabios como las serpientes, pero tan inofensivos como las palomas.

178:1.8Deberían llegar a ser ciudadanos tanto mejores del gobierno secular como resultado de haberse convertido en hijos iluminados del reino; así también los gobernantes de los gobiernos terrenales deberían llegar a ser gobernantes tanto mejores en los asuntos civiles como resultado de creer este evangelio del reino celestial. La actitud de servicio desinteresado al hombre y de adoración inteligente a Dios debería hacer de todos los creyentes del reino mejores ciudadanos del mundo, mientras que la actitud de ciudadanía honrada y de devoción sincera al propio deber temporal debería ayudar a que tal ciudadano sea alcanzado con más facilidad por la llamada del espíritu a la filiación en el reino celestial.

178:1.9Mientras los gobernantes de los gobiernos terrenales procuren ejercer la autoridad de dictadores religiosos, ustedes, que creen este evangelio, solo pueden esperar problemas, persecución e incluso la muerte. Pero la misma luz que ustedes llevan al mundo, e incluso la manera misma en que sufrirán y morirán por este evangelio del reino, iluminarán por sí mismas, con el tiempo, al mundo entero y tendrán como resultado la separación gradual de la política y la religión. La predicación persistente de este evangelio del reino traerá algún día a todas las naciones una liberación nueva e increíble, libertad intelectual y libertad religiosa.

178:1.10Bajo las persecuciones que pronto vendrán de parte de los que odian este evangelio de gozo y libertad, ustedes prosperarán y el reino florecerá. Pero correrán un grave peligro en tiempos posteriores, cuando la mayoría de los hombres hablen bien de los creyentes del reino y muchos en puestos elevados acepten de nombre el evangelio del reino celestial. Aprendan a ser fieles al reino incluso en tiempos de paz y prosperidad. No tienten a los ángeles encargados de su supervisión a conducirlos por caminos difíciles como una disciplina amorosa destinada a salvar sus almas, que van a la deriva en la comodidad.

178:1.11Recuerden que se les ha encomendado predicar este evangelio del reino —el deseo supremo de hacer la voluntad del Padre unido al gozo supremo de la comprensión por la fe de la filiación con Dios—, y no deben permitir que nada desvíe su devoción de este único deber. Que toda la humanidad se beneficie del desbordamiento de su amoroso ministerio espiritual, de su iluminadora comunión intelectual y de su edificante servicio social; pero no se debería permitir que ninguna de estas labores humanitarias, ni todas ellas juntas, ocupe el lugar de la proclamación del evangelio. Estas poderosas ministraciones son los subproductos sociales de las ministraciones y transformaciones, aún más poderosas y sublimes, que se obran en el corazón del creyente del reino por medio del Espíritu de la Verdad viviente y de la toma de conciencia personal de que la fe de un hombre nacido del espíritu confiere la seguridad de un compañerismo vivo con el Dios eterno.

178:1.12No deben procurar promulgar la verdad ni establecer la rectitud por el poder de los gobiernos civiles ni mediante la aprobación de leyes seculares. Siempre pueden esforzarse por persuadir la mente de los hombres, pero nunca deben atreverse a obligarla. No deben olvidar la gran ley de la equidad humana que les he enseñado en forma positiva: Todo lo que quieran que los hombres les hagan a ustedes, háganlo también ustedes a ellos.

178:1.13Cuando se pida a un creyente del reino que sirva al gobierno civil, que preste ese servicio como ciudadano temporal de ese gobierno, aunque tal creyente debería mostrar en su servicio civil todos los rasgos ordinarios de la ciudadanía tal como estos han sido realzados por la iluminación espiritual de la ennoblecedora asociación de la mente del hombre mortal con el espíritu del Dios eterno que mora en su interior. Si el incrédulo puede resultar un servidor civil superior, ustedes deberían preguntarse seriamente si las raíces de la verdad en su corazón no han muerto por falta de las aguas vivas de la comunión espiritual y el servicio social combinados. La conciencia de la filiación con Dios debería avivar todo el servicio de vida de cada hombre, mujer y niño que haya llegado a poseer un estímulo tan poderoso para todos los poderes inherentes de una personalidad humana.

178:1.14No han de ser místicos pasivos ni ascetas sin color; no deberían convertirse en soñadores ni en personas a la deriva que confían con indolencia en una Providencia ficticia para que les provea incluso de lo necesario para la vida. En verdad han de ser amables en su trato con los mortales que yerran, pacientes en su relación con los hombres ignorantes y tolerantes ante la provocación; pero también han de ser valientes en la defensa de la rectitud, poderosos en la promulgación de la verdad y enérgicos en la predicación de este evangelio del reino, hasta los confines de la tierra.

178:1.15Este evangelio del reino es una verdad viviente. Les he dicho que es como la levadura en la masa, como el grano de mostaza; y ahora declaro que es como la semilla del ser vivo, que, de generación en generación, aunque sigue siendo la misma semilla viva, se despliega sin falta en nuevas manifestaciones y crece de manera aceptable en cauces de nueva adaptación a las necesidades y condiciones peculiares de cada generación sucesiva. La revelación que les he hecho es una revelación viviente, y deseo que dé los frutos apropiados en cada individuo y en cada generación de acuerdo con las leyes del crecimiento espiritual, del aumento y del desarrollo adaptativo. De generación en generación, este evangelio debe mostrar una vitalidad creciente y manifestar una mayor profundidad de poder espiritual. No se debe permitir que llegue a ser simplemente un recuerdo sagrado, una mera tradición acerca de mí y de los tiempos en que ahora vivimos.

178:1.16Y no olviden esto: no hemos hecho ningún ataque directo contra las personas ni contra la autoridad de los que se sientan en la cátedra de Moisés; solo les ofrecimos la nueva luz, que ellos han rechazado con tanto vigor. Los hemos atacado solo al denunciar su deslealtad espiritual a las mismas verdades que profesan enseñar y salvaguardar. Chocamos con estos líderes establecidos y gobernantes reconocidos solo cuando se interpusieron directamente en el camino de la predicación del evangelio del reino a los hijos de los hombres. E incluso ahora, no somos nosotros los que los atacamos, sino ellos los que procuran nuestra destrucción. No olviden que se les ha encomendado salir a predicar solo la buena nueva. No han de atacar las viejas costumbres; han de poner con habilidad la levadura de la verdad nueva en medio de las viejas creencias. Dejen que el Espíritu de la Verdad haga su propia obra. Que la controversia venga solo cuando los que desprecian la verdad se la impongan a ustedes. Pero cuando el incrédulo obstinado los ataque, no duden en ponerse en vigorosa defensa de la verdad que los ha salvado y santificado.

178:1.17A lo largo de las vicisitudes de la vida, recuerden siempre amarse los unos a los otros. No contiendan con los hombres, ni siquiera con los incrédulos. Muestren misericordia incluso a los que los maltratan con desprecio. Muéstrense ciudadanos leales, artesanos rectos, vecinos dignos de elogio, parientes consagrados, padres comprensivos y creyentes sinceros en la fraternidad del reino del Padre. Y mi espíritu estará sobre ustedes, ahora e incluso hasta el fin del mundo.

178:1.18Cuando Jesús terminó su enseñanza, era casi la una, y regresaron enseguida al campamento, donde David y sus asociados les tenían preparado el almuerzo.

2. Después de la comida del mediodía

178:2.1No muchos de los oyentes del Maestro fueron capaces de asimilar siquiera una parte de su discurso de la mañana. De todos los que lo escucharon, los griegos fueron los que más comprendieron. Incluso los once apóstoles quedaron desconcertados por sus alusiones a futuros reinos políticos y a generaciones sucesivas de creyentes del reino. Los seguidores más consagrados de Jesús no podían conciliar el fin inminente de su ministerio terrenal con estas referencias a un futuro prolongado de actividades del evangelio. Algunos de estos creyentes judíos empezaban a presentir que la mayor tragedia de la tierra estaba a punto de ocurrir, pero no podían conciliar un desastre tan inminente ni con la actitud personal del Maestro, alegremente indiferente, ni con su discurso de la mañana, en el que aludió repetidas veces a las futuras actuaciones del reino celestial, que se extenderían a lo largo de vastos períodos de tiempo y abarcarían relaciones con muchos reinos temporales sucesivos en la tierra.

178:2.2Al mediodía de este día, todos los apóstoles y discípulos se habían enterado de la apresurada huida de Lázaro de Betania. Empezaron a percibir la sombría determinación de los gobernantes judíos de exterminar a Jesús y sus enseñanzas.

178:2.3David Zebedeo, gracias al trabajo de sus agentes secretos en Jerusalén, estaba plenamente informado del avance del plan para arrestar y matar a Jesús. Sabía todo acerca del papel de Judas en esta conspiración, pero nunca reveló este conocimiento a los demás apóstoles ni a ninguno de los discípulos. Poco después del almuerzo, sí llevó a Jesús aparte y, armándose de valor, le preguntó si él sabía —pero nunca llegó más lejos con su pregunta. El Maestro, alzando la mano, lo detuvo diciendo: «Sí, David, lo sé todo, y sé que tú lo sabes, pero procura no decírselo a nadie. Solo no dudes en tu propio corazón de que la voluntad de Dios prevalecerá al final».

178:2.4Esta conversación con David fue interrumpida por la llegada de un mensajero de Filadelfia que traía la noticia de que Abner se había enterado de la conspiración para matar a Jesús y que preguntaba si debía partir hacia Jerusalén. Este corredor partió apresuradamente hacia Filadelfia con este mensaje para Abner: «Sigue con tu trabajo. Si me aparto de ti en la carne, es solo para poder volver en el espíritu. No te abandonaré. Estaré contigo hasta el fin».

178:2.5Hacia esta hora, Felipe se acercó al Maestro y le preguntó: «Maestro, ya que se acerca el tiempo de la Pascua, ¿dónde quieres que hagamos los preparativos para comerla?». Y cuando Jesús oyó la pregunta de Felipe, respondió: «Ve y trae a Pedro y a Juan, y les daré instrucciones sobre la cena que comeremos juntos esta noche. En cuanto a la Pascua, eso tendrán que considerarlo después de que hayamos hecho esto primero».

178:2.6Cuando Judas oyó al Maestro hablar con Felipe sobre estos asuntos, se acercó más para poder escuchar su conversación. Pero David Zebedeo, que estaba cerca, se adelantó y entabló conversación con Judas mientras Felipe, Pedro y Juan se apartaban a un lado para hablar con el Maestro.

178:2.7Jesús dijo a los tres: «Vayan enseguida a Jerusalén y, al entrar por la puerta, encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua. Él les hablará, y entonces ustedes lo seguirán. Cuando los lleve a cierta casa, entren tras él y pregunten al buen hombre de esa casa: “¿Dónde está la sala de invitados en la que el Maestro ha de cenar con sus apóstoles?”. Y cuando hayan preguntado así, este dueño de casa les mostrará una gran sala en el piso superior, toda amueblada y preparada para nosotros».

178:2.8Cuando los apóstoles llegaron a la ciudad, encontraron al hombre del cántaro de agua cerca de la puerta y lo siguieron hasta la casa de Juan Marcos, donde el padre del muchacho salió a su encuentro y les mostró la sala de arriba, preparada para la cena.

178:2.9Y todo esto sucedió como resultado de un acuerdo al que habían llegado el Maestro y Juan Marcos durante la tarde del día anterior, cuando estaban solos en las colinas. Jesús quería estar seguro de que tendría esta última comida sin perturbaciones con sus apóstoles y, creyendo que, si Judas conocía de antemano su lugar de reunión, podría concertar con sus enemigos que lo prendieran, hizo este arreglo secreto con Juan Marcos. De este modo, Judas no supo su lugar de reunión hasta más tarde, cuando llegó allí en compañía de Jesús y de los demás apóstoles.

178:2.10David Zebedeo tenía muchos asuntos que tratar con Judas, de modo que fue fácil impedirle seguir a Pedro, a Juan y a Felipe, como él tanto deseaba hacer. Cuando Judas dio a David cierta suma de dinero para provisiones, David le dijo: «Judas, ¿no sería conveniente, dadas las circunstancias, que me dieras un poco de dinero por adelantado, antes de mis necesidades reales?». Y después de reflexionar un momento, Judas respondió: «Sí, David, creo que sería prudente. De hecho, en vista de la agitación que hay en Jerusalén, creo que lo mejor sería que te entregara todo el dinero. Conspiran contra el Maestro y, en caso de que me ocurriera algo, tú no te verías entorpecido».

178:2.11Y así David recibió todos los fondos en efectivo de los apóstoles y los recibos de todo el dinero en depósito. Los apóstoles no supieron de esta transacción hasta la noche del día siguiente.

178:2.12Eran alrededor de las cuatro y media cuando los tres apóstoles regresaron e informaron a Jesús de que todo estaba preparado para la cena. El Maestro se dispuso enseguida a conducir a sus doce apóstoles por el sendero hasta el camino de Betania y de allí a Jerusalén. Y este fue el último viaje que hizo con los doce.

3. De camino a la cena

178:3.1Procurando de nuevo evitar las multitudes que iban y venían por el valle del Cedrón entre el parque de Getsemaní y Jerusalén, Jesús y los doce caminaron por la cresta occidental del monte de los Olivos para salir al camino que baja de Betania a la ciudad. Al acercarse al lugar donde Jesús se había detenido la noche anterior para hablar de la destrucción de Jerusalén, se pararon sin darse cuenta y se quedaron mirando la ciudad en silencio desde lo alto. Como llegaban un poco temprano, y puesto que Jesús no deseaba atravesar la ciudad hasta después de la puesta del sol, dijo a sus asociados:

178:3.2«Siéntense y descansen mientras les hablo de lo que debe suceder dentro de poco. Todos estos años he vivido con ustedes como hermanos, y les he enseñado la verdad acerca del reino de los cielos y les he revelado sus misterios. Y mi Padre ha hecho, en verdad, muchas obras maravillosas en relación con mi misión en la tierra. Ustedes han sido testigos de todo esto y partícipes en la experiencia de ser colaboradores de Dios. Y me darán testimonio de que desde hace algún tiempo les he advertido que pronto debo volver a la obra que el Padre me ha dado para hacer; les he dicho claramente que debo dejarlos en el mundo para que continúen la obra del reino. Con este propósito los aparté, en las colinas de Cafarnaúm. La experiencia que han tenido conmigo, ahora deben prepararse para compartirla con otros. Como el Padre me envió a este mundo, así estoy a punto de enviarlos a ustedes para que me representen y terminen la obra que yo he comenzado.

178:3.3«Miran con tristeza aquella ciudad, porque han oído mis palabras que hablaban del fin de Jerusalén. Les he advertido de antemano para que no perezcan en su destrucción y retrasen así la proclamación del evangelio del reino. Del mismo modo les advierto que tengan cuidado de no exponerse sin necesidad al peligro cuando vengan a prender al Hijo del Hombre. Yo debo irme, pero ustedes han de quedarse para dar testimonio de este evangelio cuando yo me haya ido, así como dispuse que Lázaro huyera de la ira del hombre para que viviera y diera a conocer la gloria de Dios. Si es la voluntad del Padre que yo parta, nada de lo que ustedes hagan puede frustrar el plan divino. Cuídense para que no los maten también a ustedes. Que sus almas sean valientes en la defensa del evangelio por el poder del espíritu, pero no se dejen llevar a ningún intento insensato de defender al Hijo del Hombre. No necesito que la mano del hombre me defienda; los ejércitos del cielo están incluso ahora muy cerca; pero estoy decidido a hacer la voluntad de mi Padre que está en el cielo, y por eso debemos someternos a lo que tan pronto ha de venir sobre nosotros.

178:3.4«Cuando vean destruida esta ciudad, no olviden que ya han entrado en la vida eterna de servicio sin fin en el reino de los cielos, en perpetuo avance, e incluso en el del cielo de los cielos. Deben saber que en el universo de mi Padre y en el mío hay muchas moradas, y que a los hijos de la luz les espera la revelación de ciudades cuyo constructor es Dios y de mundos cuyo hábito de vida es la rectitud y el gozo en la verdad. Les he traído el reino de los cielos aquí en la tierra, pero declaro que todos ustedes que por la fe entren en él y permanezcan en él mediante el servicio vivo de la verdad, ascenderán con certeza a los mundos de lo alto y se sentarán conmigo en el reino del espíritu de nuestro Padre. Pero primero deben ceñirse y completar la obra que han comenzado conmigo. Primero deben pasar por mucha tribulación y soportar muchas penas —y estas pruebas ya están ahora sobre nosotros—, y cuando hayan terminado su obra en la tierra, vendrán a mi gozo, así como yo he terminado la obra de mi Padre en la tierra y estoy a punto de volver a su abrazo».

178:3.5Cuando el Maestro terminó de hablar, se levantó, y todos lo siguieron bajando por el monte de los Olivos y entrando en la ciudad. Ninguno de los apóstoles, salvo tres, sabía adónde iban mientras avanzaban por las calles estrechas en la oscuridad que se acercaba. Las multitudes los empujaban, pero nadie los reconoció ni supo que el Hijo de Dios pasaba de camino a su último encuentro mortal con sus embajadores escogidos del reino. Y tampoco los apóstoles sabían que uno de los suyos ya había entrado en una conspiración para entregar a traición al Maestro en manos de sus enemigos.

178:3.6Juan Marcos los había seguido todo el camino hasta la ciudad y, después de que entraron por la puerta, se adelantó por otra calle, de modo que los estaba esperando para darles la bienvenida en la casa de su padre cuando llegaron.

Documento 178

Último día en el campamento