Parte IV · Documento 176
Martes por la noche en el monte de los Olivos
176:0.1ESTE martes por la tarde, cuando Jesús y los apóstoles salían del templo de camino al campamento de Getsemaní, Mateo, que les hizo notar la construcción del templo, dijo: «Maestro, observa qué clase de edificios son estos. Mira las piedras macizas y el hermoso adorno; ¿es posible que estos edificios vayan a ser destruidos?». Mientras seguían hacia el monte de los Olivos, Jesús dijo: «Ustedes ven estas piedras y este templo macizo; en verdad, en verdad les digo: En los días que pronto vendrán no quedará piedra sobre piedra. Todas serán derribadas». Estas palabras, que describían la destrucción del templo sagrado, despertaron la curiosidad de los apóstoles mientras caminaban detrás del Maestro; no podían concebir ningún suceso, salvo el fin del mundo, que causara la destrucción del templo.
176:0.2Para evitar las multitudes que pasaban por el valle del Cedrón hacia Getsemaní, Jesús y sus asociados decidieron subir un corto trecho por la ladera occidental del monte de los Olivos y luego seguir un sendero hasta su campamento privado cerca de Getsemaní, situado a poca distancia por encima del campamento público. Cuando giraron para dejar el camino que seguía hacia Betania, contemplaron el templo, glorificado por los rayos del sol poniente; y mientras se detenían en el monte, vieron aparecer las luces de la ciudad y contemplaron la belleza del templo iluminado; y allí, bajo la suave luz de la luna llena, Jesús y los doce se sentaron. El Maestro conversó con ellos, y al poco rato Natanael hizo esta pregunta: «Dinos, Maestro, ¿cómo sabremos cuándo están a punto de suceder estas cosas?».
1. La destrucción de Jerusalén
176:1.1En respuesta a la pregunta de Natanael, Jesús dijo: «Sí, les hablaré de los tiempos en que este pueblo habrá colmado la copa de su iniquidad, cuando la justicia descenderá con rapidez sobre esta ciudad de nuestros padres. Estoy a punto de dejarlos; voy al Padre. Después de que los deje, cuiden de que nadie los engañe, porque muchos vendrán como libertadores y extraviarán a muchos. Cuando oigan hablar de guerras y rumores de guerras, no se turben, porque aunque todas estas cosas sucederán, el fin de Jerusalén aún no está cerca. No deben inquietarse por hambres ni terremotos; tampoco deben preocuparse cuando sean entregados a las autoridades civiles y perseguidos por causa del evangelio. Los echarán de la sinagoga y los meterán en la cárcel por mi causa, y a algunos de ustedes los matarán. Cuando los lleven ante gobernadores y gobernantes, será para dar testimonio de su fe y para mostrar su firmeza en el evangelio del reino. Y cuando estén ante los jueces, no se angustien de antemano por lo que deban decir, porque el espíritu les enseñará en esa misma hora lo que deben responder a sus adversarios. En estos días de aflicción, aun sus propios parientes, bajo la dirección de los que han rechazado al Hijo del Hombre, los entregarán a la cárcel y a la muerte. Durante un tiempo tal vez todos los hombres los odien por mi causa, pero aun en estas persecuciones no los abandonaré; mi espíritu no los dejará. ¡Tengan paciencia! No duden de que este evangelio del reino triunfará sobre todos los enemigos y, con el tiempo, será proclamado a todas las naciones».
176:1.2Jesús hizo una pausa mientras miraba la ciudad desde lo alto. El Maestro se daba cuenta de que el rechazo del concepto espiritual del Mesías, la determinación de aferrarse con persistencia y ceguera a la misión material del libertador esperado, llevaría pronto a los judíos a un conflicto directo con los poderosos ejércitos romanos, y que tal lucha solo podía terminar en el derrocamiento final y completo de la nación judía. Cuando su pueblo rechazó su otorgamiento espiritual y se negó a recibir la luz del cielo que con tanta misericordia brillaba sobre él, selló con ello su destino como pueblo independiente con una misión espiritual especial en la tierra. Incluso los dirigentes judíos reconocieron después que fue esta idea secular del Mesías la que condujo directamente a la agitación que finalmente causó su destrucción.
176:1.3Puesto que Jerusalén iba a ser la cuna del primer movimiento del evangelio, Jesús no quería que sus maestros y predicadores perecieran en el terrible derrocamiento del pueblo judío relacionado con la destrucción de Jerusalén; por eso dio estas instrucciones a sus seguidores. A Jesús le preocupaba mucho que algunos de sus discípulos se vieran envueltos en estas revueltas cercanas y perecieran así en la caída de Jerusalén.
176:1.4Entonces Andrés preguntó: «Pero, Maestro, si la Ciudad Santa y el templo van a ser destruidos, y si tú no estás aquí para dirigirnos, ¿cuándo debemos abandonar Jerusalén?». Jesús dijo: «Pueden quedarse en la ciudad después de que yo me haya ido, aun durante estos tiempos de aflicción y amarga persecución, pero cuando por fin vean a Jerusalén rodeada por los ejércitos romanos después de la revuelta de los falsos profetas, entonces sabrán que su desolación está cerca; entonces deben huir a los montes. Que nadie de los que estén en la ciudad y sus alrededores se detenga para salvar cosa alguna, ni que los que estén fuera se atrevan a entrar en ella. Habrá gran tribulación, porque esos serán los días de la venganza de los gentiles. Y después de que ustedes hayan abandonado la ciudad, este pueblo desobediente caerá a filo de espada y será llevado cautivo a todas las naciones; y así Jerusalén será pisoteada por los gentiles. Mientras tanto, les advierto: no se dejen engañar. Si alguien viene a ustedes y les dice: “Miren, aquí está el Libertador”, o “Miren, allí está”, no lo crean, porque se levantarán muchos falsos maestros y muchos serán extraviados; pero ustedes no deben dejarse engañar, porque les he dicho todo esto de antemano».
176:1.5Los apóstoles permanecieron sentados en silencio a la luz de la luna durante un tiempo considerable, mientras estas asombrosas predicciones del Maestro penetraban en sus mentes desconcertadas. Y fue de acuerdo con esta misma advertencia que casi todo el grupo de creyentes y discípulos huyó de Jerusalén en cuanto aparecieron las tropas romanas, y encontró un refugio seguro en Pella, al norte.
176:1.6Aun después de esta advertencia explícita, muchos de los seguidores de Jesús interpretaron estas predicciones como referidas a los cambios que sin duda ocurrirían en Jerusalén cuando la reaparición del Mesías trajera el establecimiento de la Nueva Jerusalén y el engrandecimiento de la ciudad hasta convertirse en la capital del mundo. En sus mentes, estos judíos estaban decididos a relacionar la destrucción del templo con el «fin del mundo». Creían que esta Nueva Jerusalén llenaría toda Palestina, y que al fin del mundo le seguiría de inmediato la aparición de los «nuevos cielos y la nueva tierra». Y por eso no era extraño que Pedro dijera: «Maestro, sabemos que todas las cosas pasarán cuando aparezcan los nuevos cielos y la nueva tierra, pero ¿cómo sabremos cuándo volverás para llevar a cabo todo esto?».
176:1.7Cuando Jesús oyó esto, quedó pensativo durante un rato y luego dijo: «Ustedes siempre se equivocan, porque siempre intentan unir la nueva enseñanza a la antigua; están decididos a entender mal toda mi enseñanza; insisten en interpretar el evangelio de acuerdo con sus creencias establecidas. Sin embargo, intentaré iluminarlos».
2. La segunda venida del Maestro
176:2.1En varias ocasiones Jesús había hecho declaraciones que llevaron a sus oyentes a deducir que, aunque tenía la intención de dejar pronto este mundo, sin duda volvería para consumar la obra del reino celestial. A medida que crecía en sus seguidores la convicción de que iba a dejarlos, y después de que hubo partido de este mundo, fue muy natural que todos los creyentes se aferraran con fuerza a estas promesas de regresar. La doctrina de la segunda venida de Cristo se incorporó así muy pronto a las enseñanzas de los cristianos, y casi todas las generaciones posteriores de discípulos han creído devotamente esta verdad y han esperado con confianza su venida en algún momento.
176:2.2Si tenían que separarse de su Maestro y Instructor, con cuánta más razón se aferraron estos primeros discípulos y los apóstoles a esta promesa de regresar, y no perdieron tiempo en asociar la destrucción predicha de Jerusalén con esta segunda venida prometida. Y siguieron interpretando así sus palabras, a pesar de que, a lo largo de esta noche de instrucción en el monte de los Olivos, el Maestro se esforzó de manera especial por evitar precisamente ese error.
176:2.3Para responder más a la pregunta de Pedro, Jesús dijo: «¿Por qué esperan todavía que el Hijo del Hombre se siente en el trono de David, y que se cumplan los sueños materiales de los judíos? ¿No les he dicho durante todos estos años que mi reino no es de este mundo? Las cosas que ahora ven desde aquí arriba llegan a su fin, pero este será un nuevo comienzo a partir del cual el evangelio del reino irá a todo el mundo y esta salvación se extenderá a todos los pueblos. Y cuando el reino haya llegado a su plena madurez, tengan la seguridad de que el Padre que está en el cielo no dejará de visitarlos con una revelación más amplia de la verdad y una demostración mayor de la rectitud, así como ya ha otorgado a este mundo a aquel que se convirtió en el príncipe de las tinieblas, y luego a Adán, a quien siguió Melquisedec, y en estos días, al Hijo del Hombre. Y así mi Padre seguirá manifestando su misericordia y mostrando su amor, aun a este mundo oscuro y malo. Así también yo, después de que mi Padre me haya investido de todo poder y autoridad, seguiré acompañando su suerte y guiando en los asuntos del reino por la presencia de mi espíritu, que pronto será derramado sobre toda carne. Aunque así estaré presente con ustedes en espíritu, también les prometo que algún día volveré a este mundo, donde he vivido esta vida en la carne y he logrado la experiencia de revelar a la vez Dios al hombre y conducir al hombre a Dios. Muy pronto debo dejarlos y emprender la obra que el Padre ha confiado a mis manos, pero tengan buen ánimo, porque algún día volveré. Mientras tanto, mi Espíritu de la Verdad de un universo los consolará y los guiará.
176:2.4»Ahora me ven en debilidad y en la carne, pero cuando vuelva, será con poder y en el espíritu. El ojo de la carne ve al Hijo del Hombre en la carne, pero solo el ojo del espíritu verá al Hijo del Hombre glorificado por el Padre y apareciendo en la tierra en su propio nombre.
176:2.5»Pero los tiempos de la reaparición del Hijo del Hombre solo se conocen en los consejos del Paraíso; ni siquiera los ángeles del cielo saben cuándo sucederá. Sin embargo, deben entender que, cuando este evangelio del reino haya sido proclamado a todo el mundo para la salvación de todos los pueblos, y cuando haya llegado la plenitud de la era, el Padre les enviará otro otorgamiento dispensacional, o bien el Hijo del Hombre volverá para juzgar la era.
176:2.6»Y ahora, en cuanto a la aflicción de Jerusalén, de la que les he hablado, ni siquiera esta generación pasará sin que mis palabras se cumplan; pero en cuanto a los tiempos de la nueva venida del Hijo del Hombre, nadie en el cielo ni en la tierra puede atreverse a hablar. Pero deben ser sabios respecto a la maduración de una era; deben estar atentos para discernir las señales de los tiempos. Ustedes saben que, cuando la higuera muestra sus ramas tiernas y echa sus hojas, el verano está cerca. Del mismo modo, cuando el mundo haya pasado por el largo invierno de la mentalidad material y ustedes disciernan la llegada de la primavera espiritual de una nueva dispensación, deben saber que el verano de una nueva visita se acerca.
176:2.7»Pero ¿cuál es el significado de esta enseñanza que tiene que ver con la venida de los Hijos de Dios? ¿No perciben que, cuando cada uno de ustedes sea llamado a deponer la lucha de su vida y a pasar por el portal de la muerte, estará en la presencia inmediata del juicio, y que estará frente a frente con los hechos de una nueva dispensación de servicio en el plan eterno del Padre infinito? Lo que todo el mundo debe afrontar como un hecho literal al final de una era, ustedes, como individuos, deben sin duda afrontarlo cada uno como una experiencia personal cuando lleguen al final de su vida natural y pasen así a encontrarse con las condiciones y las exigencias propias de la siguiente revelación de la progresión eterna del reino del Padre».
176:2.8De todos los discursos que el Maestro dio a sus apóstoles, ninguno quedó tan confuso en sus mentes como este, dado este martes por la noche en el monte de los Olivos, sobre el doble tema de la destrucción de Jerusalén y su propia segunda venida. Por eso hubo poco acuerdo entre los relatos escritos posteriores que se basaron en los recuerdos de lo que el Maestro dijo en esta ocasión extraordinaria. En consecuencia, como los registros quedaron en blanco respecto a mucho de lo que se dijo aquel martes por la noche, surgieron muchas tradiciones; y muy al principio del siglo segundo, un texto apocalíptico judío sobre el Mesías, escrito por un tal Selta, que estaba vinculado a la corte del emperador Calígula, fue copiado entero en el Evangelio de Mateo y añadido después (en parte) a los relatos de Marcos y de Lucas. Fue en estos escritos de Selta donde apareció la parábola de las diez vírgenes. Ninguna parte del relato evangélico sufrió jamás una interpretación tan errónea y confusa como la enseñanza de esta noche. Pero el apóstol Juan nunca llegó a confundirse así.
176:2.9Cuando estos trece hombres reanudaron su camino hacia el campamento, iban sin palabras y bajo una gran tensión emocional. Judas había confirmado por fin su decisión de abandonar a sus asociados. Era una hora avanzada cuando David Zebedeo, Juan Marcos y varios de los discípulos principales dieron la bienvenida a Jesús y a los doce en el nuevo campamento, pero los apóstoles no querían dormir; querían saber más sobre la destrucción de Jerusalén, la partida del Maestro y el fin del mundo.
3. Conversación posterior en el campamento
176:3.1Cuando se reunieron alrededor de la hoguera, unos veinte de ellos, Tomás preguntó: «Puesto que vas a volver para terminar la obra del reino, ¿cuál debe ser nuestra actitud mientras estás ausente, ocupado en los asuntos del Padre?». Jesús los miró a la luz del fuego y respondió:
176:3.2«Y aun tú, Tomás, no comprendes lo que he estado diciendo. ¿No te he enseñado todo este tiempo que tu relación con el reino es espiritual e individual, por completo una cuestión de experiencia personal en el espíritu por la comprensión por la fe de que eres un hijo de Dios? ¿Qué más puedo decir? La caída de las naciones, el derrumbe de los imperios, la destrucción de los judíos incrédulos, el fin de una era, aun el fin del mundo, ¿qué tienen que ver estas cosas con quien cree este evangelio y ha escondido su vida en la seguridad del reino eterno? Ustedes, que conocen a Dios y creen en el evangelio, ya han recibido las garantías de la vida eterna. Puesto que sus vidas se han vivido en el espíritu y para el Padre, nada puede ser motivo de seria preocupación para ustedes. Los constructores del reino, los ciudadanos acreditados de los mundos celestiales, no deben dejarse alterar por convulsiones temporales ni inquietar por cataclismos terrestres. ¿Qué les importa a ustedes, que creen este evangelio del reino, si las naciones se derrumban, la era termina o todas las cosas visibles se desploman, puesto que saben que su vida es el don del Hijo, y que está eternamente segura en el Padre? Después de vivir la vida temporal por la fe y de dar los frutos del espíritu como la rectitud del servicio amoroso a sus semejantes, pueden esperar con confianza el siguiente paso de la carrera eterna con la misma fe de supervivencia que los ha llevado a través de su primera aventura terrenal en la filiación con Dios.
176:3.3»Cada generación de creyentes debe continuar su obra, ante el posible regreso del Hijo del Hombre, exactamente como cada creyente individual lleva adelante la obra de su vida ante la muerte natural, inevitable y siempre inminente. Cuando por la fe se han establecido de una vez como hijos de Dios, nada más importa en cuanto a la seguridad de la supervivencia. ¡Pero no se equivoquen! Esta fe de supervivencia es una fe viva, y manifiesta cada vez más los frutos de aquel espíritu divino que primero la inspiró en el corazón humano. El hecho de que hayan aceptado una vez la filiación en el reino celestial no los salvará frente al rechazo consciente y persistente de aquellas verdades que tienen que ver con el progresivo dar fruto espiritual de los hijos de Dios en la carne. Ustedes, que han estado conmigo en los asuntos del Padre en la tierra, pueden aun ahora abandonar el reino si encuentran que no aman el camino del servicio del Padre a la humanidad.
176:3.4»Como individuos y como generación de creyentes, escúchenme mientras les digo una parábola: Había un gran hombre que, antes de emprender un largo viaje a otro país, llamó ante sí a todos sus siervos de confianza y puso en sus manos todos sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno. Y así, a lo largo de todo el grupo de administradores honrados, a cada uno le confió sus bienes según sus diversas capacidades; y luego partió de viaje. Cuando su señor se hubo ido, sus siervos se pusieron a trabajar para obtener ganancias de la riqueza que se les había confiado. Enseguida el que había recibido cinco talentos comenzó a negociar con ellos y muy pronto ganó otros cinco talentos. De igual manera, el que había recibido dos talentos pronto ganó otros dos. Y así todos estos siervos obtuvieron ganancias para su amo, excepto el que solo recibió un talento. Este se fue aparte y cavó un hoyo en la tierra, donde escondió el dinero de su señor. Al poco tiempo el señor de aquellos siervos regresó de improviso y llamó a sus administradores para que le rindieran cuentas. Y cuando todos fueron llamados ante su amo, el que había recibido los cinco talentos se presentó con el dinero que se le había confiado y trajo otros cinco talentos, y dijo: “Señor, usted me dio cinco talentos para invertir, y me alegra presentarle otros cinco talentos como mi ganancia”. Y entonces su señor le dijo: “Bien hecho, siervo bueno y fiel; has sido fiel en lo poco; ahora te pondré como administrador sobre mucho; entra de inmediato en el gozo de tu señor”. Y luego se presentó el que había recibido los dos talentos, y dijo: “Señor, usted puso en mis manos dos talentos; mire, he ganado estos otros dos talentos”. Y su señor le dijo entonces: “Bien hecho, administrador bueno y fiel; también tú has sido fiel en lo poco, y ahora te pondré sobre mucho; entra tú en el gozo de tu señor”. Y luego vino a rendir cuentas el que había recibido el único talento. Este siervo se presentó y dijo: “Señor, yo lo conocía y me daba cuenta de que usted era un hombre astuto, pues esperaba ganancias donde no había trabajado en persona; por eso tuve miedo de arriesgar nada de lo que se me había confiado. Escondí con seguridad su talento en la tierra; aquí está; ahora tiene usted lo que le pertenece”. Pero su señor respondió: “Eres un administrador indolente y perezoso. Por tus propias palabras confiesas que sabías que yo te exigiría cuentas con una ganancia razonable, como las que tus diligentes compañeros han rendido hoy. Sabiendo esto, debías, por tanto, haber puesto al menos mi dinero en manos de los banqueros, para que a mi regreso hubiera recibido lo mío con intereses”. Y luego este señor dijo al administrador principal: “Quiten este único talento a este siervo inútil y dénselo al que tiene los diez talentos”.
176:3.5»A todo el que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. No pueden quedarse quietos en los asuntos del reino eterno. Mi Padre pide a todos sus hijos que crezcan en la gracia y en el conocimiento de la verdad. Ustedes, que conocen estas verdades, deben dar el aumento de los frutos del espíritu y manifestar una devoción creciente al servicio desinteresado de sus compañeros de servicio. Y recuerden que, en la medida en que sirven a uno de mis hermanos más pequeños, me han hecho este servicio a mí.
176:3.6»Y así deben ocuparse de la obra de los asuntos del Padre, ahora y en adelante, aun para siempre. Sigan adelante hasta que yo venga. Hagan con fidelidad lo que se les ha confiado, y así estarán preparados para el llamado de la muerte a rendir cuentas. Y después de vivir así para la gloria del Padre y la satisfacción del Hijo, entrarán con alegría y con un gozo muy grande en el servicio eterno del reino perdurable».
176:3.7La verdad es viva; el Espíritu de la Verdad conduce siempre a los hijos de la luz a nuevos ámbitos de realidad espiritual y de servicio divino. No se les da la verdad para que la cristalicen en formas fijas, seguras y honradas. Su revelación de la verdad debe enriquecerse tanto al pasar por su experiencia personal que se muestren una nueva belleza y ganancias espirituales reales a todos los que vean sus frutos espirituales y, en consecuencia, sean llevados a glorificar al Padre que está en el cielo. Solo aquellos siervos fieles que crecen así en el conocimiento de la verdad, y que desarrollan con ello la capacidad de apreciar de manera divina las realidades espirituales, pueden esperar jamás «entrar plenamente en el gozo de su Señor». ¡Qué triste espectáculo sería que generaciones sucesivas de los que se declaran seguidores de Jesús dijeran, acerca de su administración de la verdad divina: «Aquí, Maestro, está la verdad que nos encomendaste hace cien o mil años. No hemos perdido nada; hemos conservado fielmente todo lo que nos diste; no hemos permitido que se hiciera ningún cambio en lo que nos enseñaste; aquí está la verdad que nos diste»! Pero tal alegato de indolencia espiritual no justificará al administrador estéril de la verdad en la presencia del Maestro. De acuerdo con la verdad confiada a sus manos, el Maestro de la verdad exigirá que se rindan cuentas.
176:3.8En el mundo siguiente se les pedirá que den cuenta de los dones y de las administraciones de este mundo. Sean pocos o muchos los talentos innatos, habrá que afrontar una rendición de cuentas justa y misericordiosa. Si los dones se usan solo en fines egoístas y no se dedica ningún pensamiento al deber más alto de obtener una cosecha mayor de los frutos del espíritu, tal como se manifiestan en el servicio siempre creciente a los hombres y en la adoración de Dios, tales administradores egoístas deben aceptar las consecuencias de su elección deliberada.
176:3.9Y cuánto se parecía a todos los mortales egoístas este siervo infiel del único talento, en que culpó de su pereza directamente a su señor. ¡Qué inclinado está el hombre, cuando se enfrenta a los fracasos que él mismo ha causado, a echar la culpa a otros, muchas veces a los que menos lo merecen!
176:3.10Jesús dijo aquella noche, cuando se iban a descansar: «Gratuitamente han recibido; por eso deben dar gratuitamente de la verdad del cielo, y al darla esta verdad se multiplicará y mostrará la luz creciente de la gracia que salva, a medida que ustedes la sirvan a otros».
4. El regreso de Miguel
176:4.1De todas las enseñanzas del Maestro, ninguna ha sido tan mal entendida como su promesa de volver algún día en persona a este mundo. No es extraño que Miguel tenga interés en volver algún día al planeta donde vivió su séptimo y último otorgamiento, como mortal del reino. Es muy natural creer que Jesús de Nazaret, ahora soberano gobernante de un vasto universo, tenga interés en volver, no solo una vez sino incluso muchas veces, al mundo donde vivió una vida tan única y donde finalmente ganó para sí el otorgamiento ilimitado, por parte del Padre, del poder y la autoridad del universo. Urantia será eternamente una de las siete esferas natales de Miguel en la conquista de la soberanía del universo.
176:4.2Jesús declaró, en numerosas ocasiones y a muchas personas, su intención de volver a este mundo. Cuando sus seguidores despertaron al hecho de que su Maestro no iba a actuar como un libertador temporal, y cuando escucharon sus predicciones del derrocamiento de Jerusalén y de la caída de la nación judía, comenzaron, de manera muy natural, a asociar su regreso prometido con estos sucesos catastróficos. Pero cuando los ejércitos romanos arrasaron los muros de Jerusalén, destruyeron el templo y dispersaron a los judíos de Judea, y aun así el Maestro no se reveló con poder y gloria, sus seguidores comenzaron a formular aquella creencia que con el tiempo asoció la segunda venida de Cristo con el fin de la era, e incluso con el fin del mundo.
176:4.3Jesús prometió hacer dos cosas después de haber ascendido al Padre y después de que todo poder en el cielo y en la tierra fuera puesto en sus manos. Prometió, primero, enviar al mundo, en su lugar, a otro maestro, el Espíritu de la Verdad; y esto lo hizo el día de Pentecostés. Segundo, prometió con toda certeza a sus seguidores que algún día volvería en persona a este mundo. Pero no dijo cómo, dónde ni cuándo volvería a visitar este planeta de su experiencia de otorgamiento en la carne. En una ocasión dio a entender que, mientras que el ojo de la carne lo había visto cuando vivió aquí en la carne, a su regreso (al menos en una de sus posibles visitas) solo lo discerniría el ojo de la fe espiritual.
176:4.4Muchos de nosotros nos inclinamos a creer que Jesús volverá a Urantia muchas veces durante las eras venideras. No tenemos su promesa específica de hacer estas visitas múltiples, pero parece muy probable que aquel que lleva entre sus títulos en el universo el de Príncipe Planetario de Urantia visitará muchas veces el mundo cuya conquista le confirió un título tan único.
176:4.5Creemos con toda firmeza que Miguel vendrá de nuevo en persona a Urantia, pero no tenemos la menor idea de cuándo ni de qué manera decidirá venir. ¿Coincidirá su segundo advenimiento en la tierra con el juicio final de esta era presente, con o sin la aparición asociada de un Hijo Magistrado? ¿Vendrá en relación con el término de alguna era posterior de Urantia? ¿Vendrá sin anunciarse y como un suceso aislado? No lo sabemos. Solo de una cosa estamos seguros, a saber, que cuando vuelva, probablemente todo el mundo lo sabrá, porque debe venir como el gobernante supremo de un universo y no como el niño desconocido de Belén. Pero si todo ojo ha de verlo, y si solo los ojos espirituales han de discernir su presencia, entonces su advenimiento tendrá que demorarse mucho.
176:4.6Harán bien, por tanto, en separar el regreso personal del Maestro a la tierra de todo suceso fijado y de toda época determinada. Solo estamos seguros de una cosa: Él ha prometido volver. No tenemos idea de cuándo cumplirá esta promesa ni en qué relación. Por lo que sabemos, puede aparecer en la tierra cualquier día, y puede no venir hasta que haya pasado una era tras otra y cada una haya sido debidamente juzgada por sus Hijos asociados del cuerpo del Paraíso.
176:4.7El segundo advenimiento de Miguel en la tierra es un suceso de enorme valor sentimental tanto para los seres intermedios como para los humanos; pero por lo demás no tiene importancia inmediata para los seres intermedios, ni más importancia práctica para los seres humanos que el suceso común de la muerte natural, que tan de repente lanza al hombre mortal a la acción inmediata de aquella sucesión de acontecimientos del universo que conduce directamente a la presencia de este mismo Jesús, el soberano gobernante de nuestro universo. Todos los hijos de la luz están destinados a verlo, y no es motivo de seria preocupación si nosotros vamos a él o si él viene por casualidad primero a nosotros. Estén ustedes, por tanto, siempre preparados para darle la bienvenida en la tierra, así como él está preparado para darles la bienvenida en el cielo. Esperamos con confianza su aparición gloriosa, e incluso venidas repetidas, pero ignoramos por completo cómo, cuándo o en qué relación está destinado a aparecer.