Parte IV · Documento 175
El último discurso en el templo
175:0.1POCO después de las dos de esta tarde de martes, Jesús, acompañado por once apóstoles, José de Arimatea, los treinta griegos y algunos otros discípulos, llegó al templo y comenzó a pronunciar su último discurso en los atrios del sagrado edificio. Este discurso había de ser su último llamamiento al pueblo judío y la acusación final contra sus vehementes enemigos y contra quienes pretendían destruirlo —los escribas, los fariseos, los saduceos y los principales gobernantes de Israel. Durante toda la mañana los diversos grupos habían tenido la oportunidad de interrogar a Jesús; esta tarde nadie le hizo pregunta alguna.
175:0.2Cuando el Maestro comenzó a hablar, el atrio del templo estaba tranquilo y en orden. Los cambistas y los mercaderes no se habían atrevido a entrar de nuevo en el templo desde que Jesús y la multitud enardecida los habían expulsado el día anterior. Antes de comenzar el discurso, Jesús miró con ternura a este auditorio que tan pronto iba a escuchar su discurso público de despedida, un discurso de misericordia para la humanidad unido a su última denuncia de los falsos maestros y de los fanáticos gobernantes de los judíos.
1. El discurso
175:1.1«Desde hace mucho tiempo estoy con ustedes, recorriendo la tierra de un lado a otro y proclamando el amor del Padre por los hijos de los hombres, y muchos han visto la luz y, por la fe, han entrado en el reino de los cielos. En relación con esta enseñanza y esta predicación, el Padre ha hecho muchas obras maravillosas, incluso la resurrección de los muertos. Muchos enfermos y afligidos han sido sanados porque creyeron; pero toda esta proclamación de la verdad y esta curación de enfermedades no han abierto los ojos de quienes se niegan a ver la luz, de quienes están decididos a rechazar este evangelio del reino.
175:1.2«De todas las maneras que concuerdan con hacer la voluntad de mi Padre, mis apóstoles y yo nos hemos esforzado al máximo por vivir en paz con nuestros hermanos y por acatar las exigencias razonables de las leyes de Moisés y de las tradiciones de Israel. Con perseverancia hemos procurado la paz, pero los dirigentes de Israel no están dispuestos a aceptarla. Van colocándose del lado del error y de la oscuridad al rechazar la verdad de Dios y la luz del cielo. Entre la luz y la oscuridad, entre la vida y la muerte, entre la verdad y el error, no puede haber paz.
175:1.3»Muchos de ustedes se han atrevido a creer en mis enseñanzas y ya han entrado en la alegría y la libertad de la conciencia de la filiación con Dios. Y ustedes me darán testimonio de que he ofrecido esta misma filiación con Dios a toda la nación judía, aun a estos mismos hombres que ahora buscan mi destrucción. E incluso ahora mi Padre recibiría a estos maestros cegados y a estos dirigentes hipócritas si tan solo se volvieran a él y aceptaran su misericordia. Aun ahora no es demasiado tarde para que este pueblo reciba la palabra del cielo y dé la bienvenida al Hijo del Hombre.
175:1.4»Mi Padre ha tratado con misericordia a este pueblo desde hace mucho tiempo. Generación tras generación les hemos enviado a nuestros profetas para enseñarles y advertirles, y generación tras generación ellos han matado a estos maestros enviados por el cielo. Y ahora sus obstinados sumos sacerdotes y sus tercos gobernantes siguen haciendo lo mismo. Así como Herodes provocó la muerte de Juan, ustedes también se preparan ahora para destruir al Hijo del Hombre.
175:1.5»Mientras haya una posibilidad de que los judíos se vuelvan a mi Padre y busquen la salvación, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob mantendrá sus manos de misericordia extendidas hacia ustedes; pero cuando hayan llenado una vez su copa de impenitencia, y cuando una vez hayan rechazado definitivamente la misericordia de mi Padre, esta nación quedará abandonada a sus propios consejos, y llegará rápidamente a un fin sin gloria. Este pueblo fue llamado a llegar a ser la luz del mundo, a mostrar la gloria espiritual de una raza que conoce a Dios, pero ustedes se han apartado tanto del cumplimiento de sus privilegios divinos que sus dirigentes están a punto de cometer la locura suprema de todas las edades, por cuanto están al borde de rechazar definitivamente el don de Dios a todos los hombres y para todas las edades —la revelación del amor del Padre que está en el cielo por todas sus criaturas de la tierra.
175:1.6»Y cuando ustedes rechacen una vez esta revelación de Dios al hombre, el reino de los cielos será dado a otros pueblos, a aquellos que lo reciban con gozo y alegría. En el nombre del Padre que me envió, les advierto solemnemente que están a punto de perder su posición en el mundo como portaestandartes de la verdad eterna y custodios de la ley divina. Justo ahora les ofrezco su última oportunidad de presentarse y arrepentirse, de manifestar su intención de buscar a Dios con todo su corazón y de entrar, como niños pequeños y con fe sincera, en la seguridad y la salvación del reino de los cielos.
175:1.7»Mi Padre ha obrado mucho tiempo por la salvación de ustedes, y yo descendí para vivir entre ustedes y mostrarles personalmente el camino. Muchos judíos y samaritanos, e incluso gentiles, han creído en el evangelio del reino, pero aquellos que debían ser los primeros en presentarse y aceptar la luz del cielo se han negado firmemente a creer en la revelación de la verdad de Dios —Dios revelado en el hombre y el hombre elevado a Dios.
175:1.8»Esta tarde mis apóstoles están aquí ante ustedes en silencio, pero pronto oirán sus voces resonar con el llamamiento a la salvación y con la exhortación a unirse al reino celestial como hijos del Dios vivo. Y ahora pongo por testigos a estos, mis discípulos y creyentes en el evangelio del reino, así como a los mensajeros invisibles que están a su lado, de que una vez más he ofrecido a Israel y a sus gobernantes la liberación y la salvación. Pero todos ustedes ven cómo se desprecia la misericordia del Padre y cómo se rechaza a los mensajeros de la verdad. Sin embargo, les advierto que estos escribas y fariseos todavía se sientan en la cátedra de Moisés, y por eso, hasta que los Altísimos que gobiernan en los reinos de los hombres derriben finalmente esta nación y destruyan el lugar de estos gobernantes, les pido que cooperen con estos ancianos de Israel. No se les exige que se unan a ellos en sus planes para destruir al Hijo del Hombre, pero en todo lo que se refiere a la paz de Israel han de estar sujetos a ellos. En todos estos asuntos hagan todo lo que ellos les manden y observen lo esencial de la ley, pero no tomen como modelo sus malas obras. Recuerden que este es el pecado de estos gobernantes: dicen lo que es bueno, pero no lo hacen. Ustedes saben bien cómo estos dirigentes atan pesadas cargas sobre sus hombros, cargas penosas de llevar, y que no moverán ni un dedo para ayudarles a llevar estas pesadas cargas. Los han oprimido con ceremonias y esclavizado con tradiciones.
175:1.9»Además, a estos gobernantes egocéntricos les deleita hacer sus buenas obras para ser vistos por los hombres. Ensanchan sus filacterias y alargan los bordes de sus vestiduras oficiales. Ansían los primeros puestos en los banquetes y exigen los primeros asientos en las sinagogas. Codician los saludos elogiosos en las plazas y desean que todos los hombres los llamen rabí. Y mientras buscan todo este honor de los hombres, se apoderan en secreto de las casas de las viudas y sacan provecho de los servicios del templo sagrado. Por aparentar, estos hipócritas hacen largas oraciones en público y dan limosnas para atraer la atención de sus semejantes.
175:1.10»Aunque deben honrar a sus gobernantes y reverenciar a sus maestros, no deben llamar Padre a ningún hombre en el sentido espiritual, porque hay uno que es su Padre, que es Dios. Tampoco deben tratar de enseñorearse de sus hermanos en el reino. Recuerden que les he enseñado que el que quiera ser el mayor entre ustedes debe hacerse el servidor de todos. Si pretenden exaltarse ante Dios, ciertamente serán humillados; pero el que de verdad se humille será sin duda exaltado. Busquen en su vida diaria, no la propia glorificación, sino la gloria de Dios. Subordinen con inteligencia su propia voluntad a la voluntad del Padre que está en el cielo.
175:1.11»No malinterpreten mis palabras. No guardo rencor a estos principales sacerdotes y gobernantes que aun ahora buscan mi destrucción; no tengo mala voluntad hacia estos escribas y fariseos que rechazan mis enseñanzas. Sé que muchos de ustedes creen en secreto, y sé que profesarán abiertamente su lealtad al reino cuando llegue mi hora. Pero ¿cómo se justificarán sus rabinos, puesto que profesan hablar con Dios y luego se atreven a rechazar y destruir a aquel que viene a revelar el Padre a los mundos?
175:1.12»¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Ustedes cerrarían las puertas del reino de los cielos a hombres sinceros porque resultan ser poco instruidos en los caminos de su enseñanza. Se niegan a entrar en el reino y al mismo tiempo hacen todo lo que está en su poder para impedir que todos los demás entren. Se ponen de espaldas a las puertas de la salvación y luchan contra todos los que quieren entrar por ellas.
175:1.13»¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas como son!, porque en verdad recorren tierra y mar para hacer un solo prosélito, y cuando lo han logrado, no están contentos hasta que lo han hecho dos veces peor de lo que era cuando era hijo de los paganos.
175:1.14»¡Ay de ustedes, principales sacerdotes y gobernantes, que se apoderan de los bienes de los pobres y exigen pesados tributos a quienes quieren servir a Dios como creen que Moisés lo ordenó! Ustedes, que se niegan a mostrar misericordia, ¿pueden esperar misericordia en los mundos venideros?
175:1.15»¡Ay de ustedes, falsos maestros, guías ciegos! ¿Qué se puede esperar de una nación cuando los ciegos guían a los ciegos? Ambos caerán en el pozo de la destrucción.
175:1.16»¡Ay de ustedes, que disimulan cuando hacen un juramento! Son unos tramposos, puesto que enseñan que un hombre puede jurar por el templo y romper su juramento, pero que el que jura por el oro del templo debe quedar obligado. Todos ustedes son necios y ciegos. Ni siquiera son coherentes en su deshonestidad, porque ¿qué es mayor, el oro o el templo que supuestamente ha santificado el oro? También enseñan que, si un hombre jura por el altar, no es nada; pero que, si alguien jura por la ofrenda que está sobre el altar, entonces quedará como deudor. De nuevo están ciegos a la verdad, porque ¿qué es mayor, la ofrenda o el altar que santifica la ofrenda? ¿Cómo pueden justificar tal hipocresía y deshonestidad a los ojos del Dios del cielo?
175:1.17»¡Ay de ustedes, escribas y fariseos y todos los demás hipócritas, que se aseguran de pagar el diezmo de la menta, el anís y el comino y al mismo tiempo descuidan los asuntos más importantes de la ley —la fe, la misericordia y el juicio! Dentro de lo razonable, lo uno debían haberlo hecho, pero sin dejar de hacer lo otro. Son verdaderamente guías ciegos y maestros necios; cuelan el mosquito y se tragan el camello.
175:1.18»¡Ay de ustedes, escribas, fariseos e hipócritas!, porque son escrupulosos en limpiar el exterior de la copa y del plato, pero dentro queda la inmundicia de la extorsión, los excesos y el engaño. Están espiritualmente ciegos. ¿No reconocen cuánto mejor sería limpiar primero el interior de la copa, y entonces lo que se derramara limpiaría por sí mismo el exterior? ¡Malvados réprobos!, hacen que los actos externos de su religión se ajusten a la letra de su interpretación de la ley de Moisés, mientras sus almas están empapadas de iniquidad y llenas de homicidio.
175:1.19»¡Ay de todos ustedes que rechazan la verdad y desprecian la misericordia! Muchos de ustedes son como sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda clase de inmundicia. Así también ustedes, que a sabiendas rechazan el consejo de Dios, parecen por fuera santos y justos a los hombres, pero por dentro sus corazones están llenos de hipocresía e iniquidad.
175:1.20»¡Ay de ustedes, falsos guías de una nación! Allá han construido un monumento a los profetas martirizados de antaño, mientras traman destruir a Aquel de quien ellos hablaron. Adornan las tumbas de los justos y se halagan pensando que, si hubieran vivido en los días de sus padres, no habrían matado a los profetas; y luego, frente a semejante pensamiento de justicia propia, se preparan para dar muerte a aquel de quien hablaron los profetas, el Hijo del Hombre. Puesto que hacen estas cosas, se dan testimonio a sí mismos de que son los hijos malvados de aquellos que mataron a los profetas. ¡Sigan, pues, y llenen hasta el borde la copa de su condenación!
175:1.21»¡Ay de ustedes, hijos del mal! Juan los llamó con verdad descendencia de víboras, y yo pregunto: ¿cómo pueden escapar del juicio que Juan pronunció sobre ustedes?
175:1.22»Pero aun ahora les ofrezco en el nombre de mi Padre misericordia y perdón; aun ahora les tiendo la mano amorosa del compañerismo eterno. Mi Padre les ha enviado a los sabios y a los profetas; a unos los han perseguido y a otros los han matado. Luego apareció Juan proclamando la venida del Hijo del Hombre, y a él lo destruyeron después de que muchos habían creído en su enseñanza. Y ahora se preparan para derramar más sangre inocente. ¿No comprenden que vendrá un terrible día de rendición de cuentas, cuando el Juez de toda la tierra exigirá a este pueblo que dé cuenta de la manera en que ha rechazado, perseguido y destruido a estos mensajeros del cielo? ¿No entienden que deben dar cuenta de toda esta sangre justa, desde el primer profeta asesinado hasta los tiempos de Zacarías, que fue muerto entre el santuario y el altar? Y si siguen en sus malos caminos, esta rendición de cuentas puede exigirse a esta misma generación.
175:1.23»¡Oh Jerusalén y los hijos de Abraham, ustedes que han apedreado a los profetas y matado a los maestros que les fueron enviados, aun ahora quisiera yo reunir a sus hijos como la gallina reúne a sus polluelos bajo sus alas, pero ustedes no quieren!
175:1.24»Y ahora me despido de ustedes. Han oído mi mensaje y han tomado su decisión. Los que han creído en mi evangelio ya están a salvo dentro del reino de Dios. A ustedes, que han elegido rechazar el don de Dios, les digo que ya no me verán enseñar en el templo. Mi obra para con ustedes está terminada. Miren, ahora salgo con mis hijos, ¡y su casa les queda desolada!».
175:1.25Y entonces el Maestro hizo señas a sus seguidores para que salieran del templo.
2. La posición del judío como individuo
175:2.1El hecho de que los dirigentes espirituales y los maestros religiosos de la nación judía rechazaran en otro tiempo las enseñanzas de Jesús y conspiraran para provocar su cruel muerte no afecta de ninguna manera la condición de ningún judío como individuo en su posición ante Dios. Y no debe hacer que quienes profesan ser seguidores del Cristo tengan prejuicios contra el judío como compañero mortal. Los judíos, como nación, como grupo sociopolítico, pagaron por completo el terrible precio de rechazar al Príncipe de Paz. Hace mucho que dejaron de ser los portadores de la antorcha espiritual de la verdad divina para las razas de la humanidad, pero esto no constituye ninguna razón válida para que los descendientes individuales de aquellos judíos de hace tanto tiempo sean obligados a sufrir las persecuciones que les han infligido seguidores declarados, intolerantes, indignos y fanáticos, de Jesús de Nazaret, que era, él mismo, judío por nacimiento natural.
175:2.2Muchas veces este odio y esta persecución irracionales e impropios de Cristo contra los judíos modernos han terminado en el sufrimiento y la muerte de algún judío inocente e inofensivo cuyos propios antepasados, en tiempos de Jesús, aceptaron de corazón su evangelio y poco después murieron sin vacilar por aquella verdad en la que creían con todo su corazón. ¡Qué estremecimiento de horror recorre a los seres celestiales que observan, cuando ven a los seguidores declarados de Jesús entregarse a perseguir, acosar e incluso asesinar a los descendientes de épocas posteriores de Pedro, Felipe, Mateo y otros judíos palestinos que entregaron tan gloriosamente sus vidas como los primeros mártires del evangelio del reino celestial!
175:2.3¡Qué cruel e irracional es obligar a niños inocentes a sufrir por los pecados de sus progenitores, faltas que ignoran por completo y de las que de ninguna manera podrían ser responsables! ¡Y cometer tales maldades en el nombre de alguien que enseñó a sus discípulos a amar incluso a sus enemigos! Se ha hecho necesario, en este relato de la vida de Jesús, describir la manera en que algunos de sus compatriotas judíos lo rechazaron y conspiraron para provocar su muerte ignominiosa; pero quisiéramos advertir a todos los que lean esta narración que la presentación de tal relato histórico de ninguna manera justifica el odio injusto, ni excusa la actitud mental parcial, que tantos cristianos declarados han mantenido hacia judíos individuales durante muchos siglos. Los creyentes del reino, aquellos que siguen las enseñanzas de Jesús, deben dejar de maltratar al judío individual como alguien culpable del rechazo y la crucifixión de Jesús. El Padre y su Hijo Creador nunca han dejado de amar a los judíos. Dios no hace acepción de personas, y la salvación es tanto para el judío como para el gentil.
3. La fatídica sesión del Sanedrín
175:3.1A las ocho de esta noche de martes se abrió la fatídica sesión del Sanedrín. En muchas ocasiones anteriores este tribunal supremo de la nación judía había decretado de manera informal la muerte de Jesús. Muchas veces este augusto cuerpo de gobierno había resuelto poner fin a su obra, pero nunca antes había decidido arrestarlo y provocar su muerte a cualquier precio. Fue poco antes de la medianoche de este martes 4 de abril del año 30 d. C. cuando el Sanedrín, tal como estaba constituido entonces, votó de manera oficial y por unanimidad imponer la sentencia de muerte tanto a Jesús como a Lázaro. Esta fue la respuesta al último llamamiento del Maestro a los gobernantes de los judíos, que él había hecho en el templo tan solo unas horas antes, y representó su reacción de amargo resentimiento ante la última y enérgica acusación de Jesús contra estos mismos principales sacerdotes y contra los saduceos y fariseos impenitentes. La sentencia de muerte (aun antes de su juicio) dictada contra el Hijo de Dios fue la respuesta del Sanedrín a la última oferta de misericordia celestial que jamás se haría a la nación judía como tal.
175:3.2A partir de este momento, los judíos quedaron abandonados a terminar su breve y corto arrendamiento de vida nacional enteramente de acuerdo con su condición puramente humana entre las naciones de Urantia. Israel había repudiado al Hijo del Dios que hizo un pacto con Abraham, y el plan de hacer de los hijos de Abraham los portadores de la luz de la verdad para el mundo se había hecho añicos. El pacto divino había sido abrogado, y el fin de la nación hebrea se acercaba con rapidez.
175:3.3A los oficiales del Sanedrín se les dieron las órdenes para el arresto de Jesús temprano a la mañana siguiente, pero con instrucciones de que no debía ser detenido en público. Se les dijo que planearan tomarlo en secreto, de preferencia de improviso y de noche. Puesto que entendían que él quizá no volviera ese día (miércoles) a enseñar en el templo, dieron instrucciones a estos oficiales del Sanedrín de «traerlo ante el alto tribunal judío en algún momento antes de la medianoche del jueves».
4. La situación en Jerusalén
175:4.1Al concluir el último discurso de Jesús en el templo, los apóstoles quedaron una vez más confundidos y consternados. Antes de que el Maestro comenzara su terrible denuncia de los gobernantes judíos, Judas había regresado al templo, de modo que los doce, sin faltar uno, oyeron esta segunda mitad del último discurso de Jesús en el templo. Es lamentable que Judas Iscariote no hubiera podido oír la primera mitad de este discurso de despedida, la que ofrecía misericordia. No oyó esta última oferta de misericordia a los gobernantes judíos porque aún estaba reunido con cierto grupo de parientes y amigos saduceos con quienes había almorzado, y con quienes deliberaba sobre la manera más adecuada de separarse de Jesús y de sus compañeros apóstoles. Fue mientras escuchaba la acusación final del Maestro contra los dirigentes y gobernantes judíos cuando Judas decidió finalmente y por completo abandonar el movimiento del evangelio y lavarse las manos de toda la empresa. Sin embargo, salió del templo en compañía de los doce, fue con ellos al monte de los Olivos, donde, con sus compañeros apóstoles, escuchó aquel fatídico discurso sobre la destrucción de Jerusalén y el fin de la nación judía, y se quedó con ellos aquel martes por la noche en el nuevo campamento cerca de Getsemaní.
175:4.2La multitud que oyó a Jesús pasar de su llamamiento misericordioso a los dirigentes judíos a aquella repentina y mordaz reprensión que rayaba en una denuncia despiadada quedó atónita y desconcertada. Aquella noche, mientras el Sanedrín sesionaba para juzgar a muerte a Jesús, y mientras el Maestro estaba sentado con sus apóstoles y algunos de sus discípulos en el monte de los Olivos prediciendo la muerte de la nación judía, toda Jerusalén estaba entregada a la discusión seria y contenida de una sola pregunta: «¿Qué harán con Jesús?».
175:4.3En la casa de Nicodemo, más de treinta judíos prominentes que eran creyentes secretos en el reino se reunieron y debatieron qué camino seguirían en caso de que se produjera una ruptura abierta con el Sanedrín. Todos los presentes acordaron que reconocerían abiertamente su lealtad al Maestro en la misma hora en que se enteraran de su arresto. Y eso es exactamente lo que hicieron.
175:4.4Los saduceos, que ahora controlaban y dominaban el Sanedrín, deseaban deshacerse de Jesús por las siguientes razones:
175:4.51. Temían que el creciente favor popular con que la multitud lo miraba amenazara con poner en peligro la existencia de la nación judía por un posible conflicto con las autoridades romanas.
175:4.62. Su celo por la reforma del templo golpeaba directamente sus ingresos; la purificación del templo afectaba a sus bolsillos.
175:4.73. Se sentían responsables de la preservación del orden social, y temían las consecuencias de una mayor difusión de la extraña y nueva doctrina de Jesús sobre la fraternidad de los hombres.
175:4.8Los fariseos tenían motivos diferentes para querer ver a Jesús condenado a muerte. Le temían porque:
175:4.91. Se alzaba en una oposición eficaz contra el dominio tradicional que ellos tenían sobre el pueblo. Los fariseos eran ultraconservadores, y se resentían amargamente de estos ataques supuestamente radicales contra su prestigio establecido como maestros religiosos.
175:4.102. Sostenían que Jesús era un transgresor de la ley; que había mostrado un total desprecio por el sábado y por muchos otros requisitos legales y ceremoniales.
175:4.113. Lo acusaban de blasfemia porque se refería a Dios como su Padre.
175:4.124. Y ahora estaban profundamente enojados con él a causa de su último discurso de amarga denuncia, que había pronunciado ese día en el templo como parte final de su discurso de despedida.
175:4.13El Sanedrín, habiendo decretado formalmente la muerte de Jesús y dado órdenes para su arresto, levantó la sesión este martes cerca de la medianoche, después de acordar reunirse a las diez de la mañana siguiente en la casa de Caifás, el sumo sacerdote, con el fin de formular los cargos por los que Jesús sería llevado a juicio.
175:4.14Un pequeño grupo de saduceos había llegado a proponer que se eliminara a Jesús mediante el asesinato, pero los fariseos se negaron rotundamente a consentir semejante procedimiento.
175:4.15Y esta era la situación en Jerusalén y entre los hombres en este día agitado, mientras una inmensa multitud de seres celestiales se cernía sobre esta trascendental escena de la tierra, deseosos de hacer algo para ayudar a su amado Soberano, pero sin poder actuar porque sus superiores al mando los contenían eficazmente.