Parte IV · Documento 170
El reino de los cielos
170:0.1EL SÁBADO por la tarde, 11 de marzo, Jesús predicó su último sermón en Pella. Este fue uno de los discursos notables de su ministerio público, pues abarcó una discusión plena y completa del reino de los cielos. Él era consciente de la confusión que existía en la mente de sus apóstoles y discípulos acerca del significado y del alcance de los términos «reino de los cielos» y «reino de Dios», que él usaba como designaciones intercambiables de su misión de otorgamiento. Aunque el término mismo de reino de los cielos debió haber bastado para separar lo que representaba de toda relación con los reinos terrenales y los gobiernos temporales, no fue así. La idea de un rey temporal estaba demasiado arraigada en la mente judía para ser desalojada así en una sola generación. Por eso Jesús no se opuso abiertamente al principio a este concepto del reino, alimentado durante tanto tiempo.
170:0.2Esta tarde de sábado el Maestro procuró aclarar la enseñanza sobre el reino de los cielos; trató el tema desde todos los puntos de vista y se esforzó por dejar en claro los muchos sentidos diferentes en que se había usado el término. En este relato ampliaremos el discurso con numerosas declaraciones que Jesús hizo en ocasiones anteriores y con algunas observaciones que hizo solo a los apóstoles durante las conversaciones de la noche de ese mismo día. También haremos ciertos comentarios sobre el desarrollo posterior de la idea del reino en su relación con la iglesia cristiana de tiempos posteriores.
1. Conceptos del reino de los cielos
170:1.1En relación con el relato del sermón de Jesús, hay que señalar que en todas las escrituras hebreas existía un concepto doble del reino de los cielos. Los profetas presentaban el reino de Dios como:
170:1.21. Una realidad presente; y como
170:1.32. Una esperanza futura —cuando el reino se haría realidad en plenitud con la aparición del Mesías. Este es el concepto del reino que enseñó Juan el Bautista.
170:1.4Desde el mismo principio Jesús y los apóstoles enseñaron ambos conceptos. Había otras dos ideas del reino que hay que tener presentes:
170:1.53. El concepto judío posterior de un reino mundial y trascendental, de origen sobrenatural e inauguración milagrosa.
170:1.64. Las enseñanzas persas que describían el establecimiento de un reino divino como la consecución del triunfo del bien sobre el mal al fin del mundo.
170:1.7Poco antes de la llegada de Jesús a la tierra, los judíos combinaron y confundieron todas estas ideas del reino en su concepto apocalíptico de la venida del Mesías para establecer la era del triunfo judío, la era eterna del gobierno supremo de Dios en la tierra, el nuevo mundo, la época en que toda la humanidad adoraría a Yahvé. Al decidir utilizar este concepto del reino de los cielos, Jesús eligió apropiarse de la herencia más vital y culminante de las religiones judía y persa.
170:1.8En el modo en que se lo ha comprendido y malentendido a lo largo de los siglos de la era cristiana, el reino de los cielos abarcó cuatro grupos de ideas bien diferenciados:
170:1.91. El concepto de los judíos.
170:1.102. El concepto de los persas.
170:1.113. El concepto de Jesús como experiencia personal —«el reino de los cielos dentro de ustedes».
170:1.124. Los conceptos compuestos y confusos que los fundadores y propagadores del cristianismo han procurado imprimir en el mundo.
170:1.13En distintos momentos y en circunstancias variadas parece que Jesús pudo haber presentado numerosos conceptos del «reino» en sus enseñanzas públicas, pero a sus apóstoles siempre les enseñó que el reino abarcaba la experiencia personal del hombre en relación con sus semejantes en la tierra y con el Padre que está en el cielo. Acerca del reino, su última palabra siempre era: «El reino está dentro de ustedes».
170:1.14Los siglos de confusión acerca del significado del término «reino de los cielos» se han debido a tres factores:
170:1.151. La confusión ocasionada al observar la idea del «reino» a medida que pasaba por las diversas fases progresivas de su reformulación por Jesús y sus apóstoles.
170:1.162. La confusión que acompañó inevitablemente al trasplante del cristianismo primitivo de un suelo judío a un suelo gentil.
170:1.173. La confusión que llevaba en sí el hecho de que el cristianismo llegara a ser una religión organizada alrededor de la idea central de la persona de Jesús; poco a poco, el evangelio del reino se fue transformando cada vez más en una religión sobre él.
2. El concepto de Jesús sobre el reino
170:2.1El Maestro dejó en claro que el reino de los cielos debe comenzar con el concepto doble de la verdad de la paternidad de Dios y del hecho correlativo de la fraternidad de los hombres, y estar centrado en él. La aceptación de tal enseñanza, declaró Jesús, liberaría al hombre de la servidumbre de edades al miedo animal y al mismo tiempo enriquecería la vida humana con las siguientes dotes de la nueva vida de libertad espiritual:
170:2.21. La posesión de un valor nuevo y de un poder espiritual acrecentado. El evangelio del reino había de liberar al hombre e inspirarlo a atreverse a esperar la vida eterna.
170:2.32. Para todos los hombres, incluso para los pobres, el evangelio traía un mensaje de nueva confianza y de verdadero consuelo.
170:2.43. Era en sí mismo una nueva norma de valores morales, un nuevo criterio ético con que medir la conducta humana. Describía el ideal de un nuevo orden resultante de la sociedad humana.
170:2.54. Enseñaba que lo espiritual tiene primacía sobre lo material; daba gloria a las realidades espirituales y elevaba los ideales sobrehumanos.
170:2.65. Este nuevo evangelio presentaba la consecución espiritual como la verdadera meta de la vida. La vida humana recibió una nueva dote de valor moral y de dignidad divina.
170:2.76. Jesús enseñó que el resultado (la recompensa) de un esfuerzo terrenal hecho con rectitud eran las realidades eternas. Al reconocerse un destino noble, la estancia mortal del hombre en la tierra adquirió nuevos significados.
170:2.87. El nuevo evangelio afirmaba que la salvación humana es la revelación de un propósito divino de gran alcance que ha de cumplirse y hacerse realidad en el destino futuro del servicio sin fin de los hijos de Dios rescatados.
170:2.9Estas enseñanzas comprenden la idea ampliada del reino que Jesús enseñó. Las enseñanzas elementales y confusas de Juan el Bautista sobre el reino apenas contenían este gran concepto.
170:2.10Los apóstoles no lograron captar el verdadero significado de las palabras del Maestro acerca del reino. La distorsión posterior de las enseñanzas de Jesús, tal como están registradas en el Nuevo Testamento, se debe a que el concepto de los escritores de los evangelios estaba teñido por la creencia de que Jesús estaba entonces ausente del mundo solo por poco tiempo; que pronto volvería para establecer el reino con poder y gloria —justamente la misma idea que tenían mientras él estaba con ellos en la carne. Pero Jesús no relacionó el establecimiento del reino con la idea de su regreso a este mundo. Que hayan pasado siglos sin señales de la aparición de la «Nueva Era» no está en modo alguno en desacuerdo con la enseñanza de Jesús.
170:2.11El gran esfuerzo que encerraba este sermón fue el intento de traducir el concepto del reino de los cielos al ideal de la idea de hacer la voluntad de Dios. Hacía mucho que el Maestro había enseñado a sus seguidores a orar: «Venga tu reino; hágase tu voluntad»; y en esta ocasión procuró con empeño inducirlos a abandonar el uso del término reino de Dios en favor de su equivalente más práctico, la voluntad de Dios. Pero no lo logró.
170:2.12Jesús deseaba sustituir la idea del reino, el rey y los súbditos por el concepto de la familia celestial, el Padre celestial y los hijos liberados de Dios, dedicados al servicio alegre y voluntario a sus semejantes y a la adoración sublime e inteligente de Dios el Padre.
170:2.13Hasta ese momento los apóstoles habían adquirido un punto de vista doble del reino; lo consideraban:
170:2.141. Un asunto de experiencia personal, presente ya entonces en el corazón de los verdaderos creyentes, y
170:2.152. Una cuestión de fenómenos raciales o mundiales; que el reino estaba en el futuro, algo que había que esperar.
170:2.16Consideraban la venida del reino en el corazón de los hombres como un desarrollo gradual, como la levadura en la masa o como el crecimiento de la semilla de mostaza. Creían que la venida del reino en el sentido racial o mundial sería a la vez repentina y espectacular. Jesús nunca se cansaba de decirles que el reino de los cielos era su experiencia personal de hacer realidad las cualidades superiores de la vida espiritual; que estas realidades de la experiencia del espíritu se trasladan progresivamente a niveles nuevos y más elevados de certeza divina y de grandeza eterna.
170:2.17Esa tarde el Maestro enseñó claramente un nuevo concepto de la doble naturaleza del reino, pues describió las dos fases siguientes:
170:2.18«Primero. El reino de Dios en este mundo, el anhelo supremo de cumplir la voluntad de Dios, el amor desinteresado del hombre, que da como buenos frutos una conducta ética y moral mejor.
170:2.19«Segunda. El reino de Dios en el cielo, la meta de los creyentes mortales, el estado en el que el amor a Dios se perfecciona y en el que la voluntad de Dios se hace de manera más divina».
170:2.20Jesús enseñó que, por la fe, el creyente entra en el reino ahora. En los diversos discursos enseñó que dos cosas son esenciales para la entrada por la fe en el reino:
170:2.211. Fe, sinceridad. Venir como un niño pequeño, recibir el otorgamiento de la filiación como un don; someterse a hacer la voluntad del Padre sin cuestionarla y con la plena seguridad y la genuina confianza en la sabiduría del Padre; entrar en el reino libre de prejuicios y de ideas preconcebidas; tener la mente abierta y estar dispuesto a aprender como un niño no malcriado.
170:2.222. Hambre de verdad. La sed de rectitud, un cambio de mente, la adquisición del motivo de ser como Dios y de encontrar a Dios.
170:2.23Jesús enseñó que el pecado no es hijo de una naturaleza defectuosa, sino más bien el fruto de una mente que sabe, dominada por una voluntad no sumisa. Respecto al pecado, enseñó que Dios ha perdonado; que nosotros hacemos ese perdón personalmente accesible mediante el acto de perdonar a nuestros semejantes. Cuando ustedes perdonan a su hermano en la carne, crean con ello en su propia alma la capacidad de recibir la realidad del perdón de Dios por sus propias faltas.
170:2.24Cuando el apóstol Juan comenzó a escribir la historia de la vida y las enseñanzas de Jesús, los primeros cristianos habían tenido tantos problemas con la idea del reino de Dios como generadora de persecución que en gran parte habían abandonado el uso del término. Juan habla mucho de la «vida eterna». Jesús a menudo se refería a ella como el «reino de la vida». También hablaba con frecuencia del «reino de Dios dentro de ustedes». Una vez habló de esa experiencia como el «compañerismo familiar con Dios el Padre». Jesús procuró sustituir el reino por muchos términos, pero siempre sin éxito. Entre otros, usó: la familia de Dios, la voluntad del Padre, los amigos de Dios, el compañerismo de los creyentes, la fraternidad de los hombres, el redil del Padre, los hijos de Dios, el compañerismo de los fieles, el servicio del Padre y los hijos liberados de Dios.
170:2.25Pero no pudo evitar el uso de la idea del reino. Fue más de cincuenta años después, y no antes de la destrucción de Jerusalén por los ejércitos romanos, cuando este concepto del reino comenzó a transformarse en el culto de la vida eterna, a medida que sus aspectos sociales e institucionales pasaban a manos de la iglesia cristiana, que se expandía y cristalizaba con rapidez.
3. En relación con la rectitud
170:3.1Jesús siempre procuraba inculcar a sus apóstoles y discípulos que debían adquirir, por la fe, una rectitud que superara la rectitud de las obras serviles que algunos de los escribas y fariseos exhibían con tanta vanagloria ante el mundo.
170:3.2Aunque Jesús enseñó que la fe, la creencia sencilla de un niño, es la llave de la puerta del reino, también enseñó que, una vez cruzada la puerta, están los pasos progresivos de rectitud que todo hijo creyente debe subir para crecer hasta la plena estatura de los hijos robustos de Dios.
170:3.3Es al considerar la técnica de recibir el perdón de Dios cuando se revela la consecución de la rectitud del reino. La fe es el precio que ustedes pagan por entrar en la familia de Dios; pero el perdón es el acto de Dios que acepta su fe como precio de admisión. Y la recepción del perdón de Dios por un creyente del reino implica una experiencia definida y real y consiste en los cuatro pasos siguientes, los pasos del reino de la rectitud interior:
170:3.41. El perdón de Dios se hace realmente accesible y el hombre lo experimenta personalmente justo en la medida en que él perdona a sus semejantes.
170:3.52. El hombre no perdonará de verdad a sus semejantes a menos que los ame como a sí mismo.
170:3.63. Amar así al prójimo como a uno mismo es la ética más elevada.
170:3.74. La conducta moral, la verdadera rectitud, se convierte entonces en el resultado natural de ese amor.
170:3.8Por lo tanto, es evidente que la religión verdadera e interior del reino tiende infaliblemente y cada vez más a manifestarse en cauces prácticos de servicio social. Jesús enseñó una religión viva que impulsaba a sus creyentes a dedicarse a prestar un servicio amoroso. Pero Jesús no puso la ética en lugar de la religión. Enseñó la religión como causa y la ética como resultado.
170:3.9La rectitud de cualquier acto debe medirse por el motivo; las formas más elevadas del bien son, por lo tanto, inconscientes. Jesús nunca se ocupó de la moral o de la ética como tales. Se ocupaba por completo de ese compañerismo interior y espiritual con Dios el Padre que tan cierta y directamente se manifiesta como servicio exterior y amoroso al hombre. Enseñó que la religión del reino es una experiencia personal genuina que ningún hombre puede contener dentro de sí mismo; que la conciencia de ser miembro de la familia de los creyentes conduce inevitablemente a la práctica de los preceptos de la conducta familiar, el servicio a los propios hermanos y hermanas en el esfuerzo por realzar y ampliar la fraternidad.
170:3.10La religión del reino es personal, individual; los frutos —los resultados— son familiares, sociales. En contraste con la comunidad, Jesús no dejó nunca de exaltar el carácter sagrado del individuo. Pero reconoció también que el hombre desarrolla su carácter mediante el servicio desinteresado; que su naturaleza moral se despliega en las relaciones de amor con sus semejantes.
170:3.11Al enseñar que el reino está dentro, al exaltar al individuo, Jesús asestó el golpe mortal a la vieja sociedad, pues inauguró la nueva dispensación de la verdadera rectitud social. El mundo ha conocido poco este nuevo orden de la sociedad porque se ha negado a practicar los principios del evangelio del reino de los cielos. Y cuando este reino de preeminencia espiritual llegue a la tierra, no se manifestará en meras condiciones sociales y materiales mejoradas, sino más bien en las glorias de esos valores espirituales realzados y enriquecidos que son característicos de la era que se aproxima, de relaciones humanas mejoradas y de consecuciones espirituales que avanzan.
4. La enseñanza de Jesús sobre el reino
170:4.1Jesús nunca dio una definición precisa del reino. Unas veces hablaba de una fase del reino, y otras veces trataba un aspecto distinto de la fraternidad del reinado de Dios en el corazón de los hombres. En el curso del sermón de esta tarde de sábado, Jesús señaló no menos de cinco fases, o épocas, del reino, que fueron estas:
170:4.21. La experiencia personal e interior de la vida espiritual del compañerismo del creyente individual con Dios el Padre.
170:4.32. La fraternidad creciente de los creyentes del evangelio, los aspectos sociales de la moral realzada y de la ética avivada que resultan del reinado del espíritu de Dios en el corazón de los creyentes individuales.
170:4.43. La fraternidad supermortal que, compuesta por seres espirituales que no se ven, impera tanto en la tierra como en el cielo: el reino sobrehumano de Dios.
170:4.54. La perspectiva de un cumplimiento más perfecto de la voluntad de Dios, el avance hacia el alba de un nuevo orden social en conexión con una vida espiritual mejorada —la próxima era del hombre.
170:4.65. El reino en su plenitud, la futura era espiritual de luz y vida en la tierra.
170:4.7Por eso siempre debemos examinar la enseñanza del Maestro para determinar a cuál de estas cinco fases puede referirse cuando usa el término reino de los cielos. Mediante este proceso de cambiar gradualmente la voluntad del hombre e influir así en las decisiones humanas, Miguel y sus asociados cambian también, de manera gradual pero segura, todo el curso de la evolución humana, social y de otro tipo.
170:4.8En esta ocasión el Maestro puso el énfasis en los cinco puntos siguientes como los rasgos cardinales del evangelio del reino:
170:4.91. La preeminencia del individuo.
170:4.102. La voluntad como factor determinante en la experiencia del hombre.
170:4.113. El compañerismo espiritual con Dios el Padre.
170:4.124. Las satisfacciones supremas del servicio amoroso al hombre.
170:4.135. La trascendencia de lo espiritual sobre lo material en la personalidad humana.
170:4.14Este mundo nunca ha puesto a prueba seria, sincera ni honestamente estas ideas dinámicas y estos ideales divinos de la doctrina de Jesús sobre el reino de los cielos. Pero ustedes no deben desanimarse por el progreso aparentemente lento de la idea del reino en Urantia. Recuerden que el orden de la evolución progresiva está sujeto a cambios periódicos repentinos e inesperados, tanto en el mundo material como en el espiritual. El otorgamiento de Jesús como Hijo encarnado fue precisamente un acontecimiento así, extraño e inesperado, en la vida espiritual del mundo. Tampoco cometan el error fatal, al buscar la manifestación del reino en una era, de no lograr su establecimiento dentro de sus propias almas.
170:4.15Aunque Jesús refirió una fase del reino al futuro y, en numerosas ocasiones, insinuó que tal acontecimiento podría aparecer como parte de una crisis mundial; y aunque de igual modo, con toda certeza, en varias ocasiones prometió claramente regresar algún día a Urantia, hay que dejar constancia de que nunca vinculó de manera positiva estas dos ideas. Prometió una nueva revelación del reino en la tierra y en algún momento futuro; también prometió volver algún día a este mundo en persona; pero no dijo que estos dos acontecimientos fueran sinónimos. Por todo lo que sabemos, estas promesas pueden referirse, o no, al mismo acontecimiento.
170:4.16Sus apóstoles y discípulos con toda certeza vincularon estas dos enseñanzas. Cuando el reino no llegó a materializarse como esperaban, al recordar la enseñanza del Maestro sobre un reino futuro y su promesa de volver, llegaron precipitadamente a la conclusión de que estas promesas se referían a un mismo acontecimiento; y por eso vivieron con la esperanza de su segunda venida inmediata para establecer el reino en su plenitud y con poder y gloria. Y así han vivido en la tierra las sucesivas generaciones de creyentes, abrigando la misma esperanza, inspiradora pero decepcionante.
5. Ideas posteriores sobre el reino
170:5.1Habiendo resumido las enseñanzas de Jesús sobre el reino de los cielos, se nos permite narrar ciertas ideas posteriores que se unieron al concepto del reino y hacer un pronóstico profético del reino tal como puede evolucionar en la era venidera.
170:5.2Durante los primeros siglos de la labor de difusión cristiana, la idea del reino de los cielos recibió una enorme influencia de las nociones del idealismo griego, que entonces se extendían con rapidez: la idea de lo natural como la sombra de lo espiritual —lo temporal como la sombra en el tiempo de lo eterno.
170:5.3Pero el gran paso que marcó el trasplante de las enseñanzas de Jesús de un suelo judío a un suelo gentil se dio cuando el Mesías del reino se convirtió en el Redentor de la iglesia, una organización religiosa y social que surgió de las actividades de Pablo y sus sucesores y que se basaba en las enseñanzas de Jesús tal como fueron complementadas por las ideas de Filón y por las doctrinas persas del bien y del mal.
170:5.4Las ideas y los ideales de Jesús, contenidos en la enseñanza del evangelio del reino, estuvieron a punto de no hacerse realidad a medida que sus seguidores distorsionaban progresivamente sus declaraciones. El concepto del reino que tenía el Maestro fue modificado notablemente por dos grandes tendencias:
170:5.51. Los creyentes judíos persistieron en considerarlo el Mesías. Creían que Jesús volvería muy pronto para establecer efectivamente el reino mundial y más o menos material.
170:5.62. Los cristianos gentiles comenzaron muy pronto a aceptar las doctrinas de Pablo, lo que condujo cada vez más a la creencia general de que Jesús era el Redentor de los hijos de la iglesia, la nueva sucesora institucional del concepto anterior de la fraternidad puramente espiritual del reino.
170:5.7La iglesia, como desarrollo social del reino, habría sido del todo natural e incluso deseable. El mal de la iglesia no fue su existencia, sino más bien que casi reemplazó por completo el concepto del reino de Jesús. La iglesia institucionalizada de Pablo se convirtió en un sustituto virtual del reino de los cielos que Jesús había proclamado.
170:5.8Pero no lo duden: este mismo reino de los cielos que, según enseñó el Maestro, existe en el corazón del creyente, será proclamado todavía a esta iglesia cristiana, como a todas las demás religiones, razas y naciones de la tierra —incluso a cada individuo.
170:5.9El reino de la enseñanza de Jesús, el ideal espiritual de la rectitud individual y el concepto del compañerismo divino del hombre con Dios, quedó sumergido gradualmente en la concepción mística de la persona de Jesús como Redentor-Creador y cabeza espiritual de una comunidad religiosa socializada. De este modo una iglesia formal e institucional se convirtió en el sustituto de la fraternidad del reino, guiada individualmente por el espíritu.
170:5.10La iglesia fue un resultado social de la vida y las enseñanzas de Jesús, un resultado inevitable y útil; lo trágico fue que esta reacción social ante las enseñanzas del reino desplazara de forma tan completa el concepto espiritual del reino verdadero, tal como Jesús lo enseñó y lo vivió.
170:5.11El reino, para los judíos, era la comunidad israelita; para los gentiles se convirtió en la iglesia cristiana. Para Jesús el reino era la suma de aquellos individuos que habían confesado su fe en la paternidad de Dios, declarando con ello su dedicación de todo corazón a hacer la voluntad de Dios y convirtiéndose así en miembros de la fraternidad espiritual de los hombres.
170:5.12El Maestro se daba plena cuenta de que ciertos resultados sociales aparecerían en el mundo como consecuencia de la difusión del evangelio del reino; pero quería que todas esas manifestaciones sociales deseables aparecieran como desarrollos inconscientes e inevitables, o frutos naturales, de esta experiencia personal interior de los creyentes individuales, de este compañerismo y comunión puramente espirituales con el espíritu divino que mora en todos esos creyentes y los activa.
170:5.13Jesús previó que tras el avance del verdadero reino espiritual vendría una organización social, o iglesia, y por esa razón nunca se opuso a que los apóstoles practicaran el rito del bautismo de Juan. Él enseñó que, por la fe, el alma amante de la verdad —la que tiene hambre y sed de rectitud, de Dios— es admitida en el reino espiritual; al mismo tiempo, los apóstoles enseñaban que a la organización social de los discípulos se admite a tal creyente mediante el rito exterior del bautismo.
170:5.14Cuando los seguidores inmediatos de Jesús reconocieron su fracaso parcial en hacer realidad el ideal que él tenía del establecimiento del reino en el corazón de los hombres mediante el dominio y la guía del espíritu sobre el creyente individual, se propusieron salvar su enseñanza de perderse por completo, sustituyendo el ideal del reino del Maestro por la creación gradual de una organización social visible, la iglesia cristiana. Y cuando hubieron llevado a cabo este programa de sustitución, a fin de mantener la coherencia y de dar cabida al reconocimiento de la enseñanza del Maestro sobre el hecho del reino, procedieron a situar el reino en el futuro. La iglesia, tan pronto como estuvo bien establecida, comenzó a enseñar que el reino iba a aparecer en realidad en la culminación de la era cristiana, en la segunda venida de Cristo.
170:5.15De esta manera el reino se convirtió en el concepto de una era, la idea de una visitación futura y el ideal de la redención final de los santos del Altísimo. Los primeros cristianos (y demasiados de los posteriores) perdieron de vista en general la idea de Padre e hijo contenida en la enseñanza de Jesús sobre el reino, mientras la sustituían por el compañerismo social bien organizado de la iglesia. Así, la iglesia se convirtió principalmente en una fraternidad social que desplazó de hecho el concepto y el ideal de Jesús de una fraternidad espiritual.
170:5.16El concepto ideal de Jesús fracasó en gran parte, pero sobre el fundamento de la vida personal y las enseñanzas del Maestro, complementadas por los conceptos griegos y persas de la vida eterna y aumentadas por la doctrina de Filón de lo temporal en contraste con lo espiritual, Pablo emprendió la construcción de una de las sociedades humanas más progresivas que han existido jamás en Urantia.
170:5.17El concepto de Jesús sigue vivo en las religiones avanzadas del mundo. La iglesia cristiana de Pablo es la sombra socializada y humanizada de lo que Jesús quiso que fuera el reino de los cielos —y de lo que con toda certeza llegará a ser todavía. Pablo y sus sucesores transfirieron en parte las cuestiones de la vida eterna del individuo a la iglesia. Cristo se convirtió así en la cabeza de la iglesia en lugar del hermano mayor de cada creyente individual en la familia del Padre del reino. Pablo y sus contemporáneos aplicaron todas las implicaciones espirituales de Jesús acerca de sí mismo y del creyente individual a la iglesia como grupo de creyentes; y al hacerlo, asestaron un golpe mortal al concepto de Jesús del reino divino en el corazón del creyente individual.
170:5.18Y así, durante siglos, la iglesia cristiana ha trabajado en un gran apuro porque se atrevió a reclamar esos poderes y privilegios misteriosos del reino, poderes y privilegios que solo pueden ejercerse y experimentarse entre Jesús y sus hermanos creyentes espirituales. Y así se hace evidente que ser miembro de la iglesia no significa necesariamente compañerismo en el reino; uno es espiritual, el otro principalmente social.
170:5.19Tarde o temprano ha de surgir otro Juan el Bautista, y más grande, que proclame «el reino de Dios está cerca» —con lo que querrá decir un regreso al elevado concepto espiritual de Jesús, que proclamó que el reino es la voluntad de su Padre celestial dominante y trascendente en el corazón del creyente— y que haga todo esto sin referirse en modo alguno ni a la iglesia visible en la tierra ni a la esperada segunda venida de Cristo. Debe llegar un renacimiento de las enseñanzas reales de Jesús, una nueva formulación tal que deshaga la obra de sus primeros seguidores, que se dedicaron a crear un sistema sociofilosófico de creencias acerca del hecho de la estancia de Miguel en la tierra. En poco tiempo la enseñanza de esta historia acerca de Jesús casi suplantó la predicación del evangelio del reino de Jesús. De este modo una religión histórica desplazó a aquella enseñanza en la que Jesús había fusionado las ideas morales más elevadas y los ideales espirituales del hombre con la esperanza más sublime del hombre para el futuro —la vida eterna. Y ese era el evangelio del reino.
170:5.20Precisamente porque el evangelio de Jesús tenía tantas facetas, en pocos siglos los estudiosos de los registros de sus enseñanzas se dividieron en tantos cultos y sectas. Esta lamentable subdivisión de los creyentes cristianos se debe a que no se discierne en las múltiples enseñanzas del Maestro la unidad divina de su vida incomparable. Pero algún día los verdaderos creyentes en Jesús no estarán así divididos espiritualmente en su actitud ante los no creyentes. Siempre podremos tener diversidad de comprensión e interpretación intelectual, incluso grados variados de socialización, pero la falta de fraternidad espiritual es a la vez inexcusable y reprensible.
170:5.21¡No se equivoquen!, hay en las enseñanzas de Jesús una naturaleza eterna que no permitirá que permanezcan para siempre infructuosas en el corazón de los hombres que piensan. El reino tal como Jesús lo concibió ha fracasado en gran medida en la tierra; por ahora, una iglesia exterior ha ocupado su lugar; pero ustedes deben comprender que esta iglesia es solo la fase larval del reino espiritual frustrado, que lo llevará a través de esta era material hasta una dispensación más espiritual en la que las enseñanzas del Maestro puedan gozar de una oportunidad más plena de desarrollo. Así es como la llamada iglesia cristiana se convierte en el capullo en el que dormita ahora el reino del concepto de Jesús. El reino de la fraternidad divina sigue vivo y saldrá con el tiempo, y con certeza, de esta larga inmersión, tan seguramente como la mariposa emerge con el tiempo como el hermoso despliegue de su criatura menos atractiva del desarrollo metamórfico.