Parte IV · Documento 165

Comienza la misión en Perea

165:0.1EL MARTES 3 de enero del año 30 d. C., Abner, antiguo jefe de los doce apóstoles de Juan el Bautista, nazareo y en otro tiempo director de la escuela nazarea de Engadi, ahora jefe de los setenta mensajeros del reino, reunió a sus asociados y les dio las últimas instrucciones antes de enviarlos en misión a todas las ciudades y aldeas de Perea. Esta misión en Perea duró casi tres meses y fue el último ministerio del Maestro. De estas labores Jesús pasó directamente a Jerusalén para atravesar sus experiencias finales en la carne. Los setenta, con el refuerzo de las labores periódicas de Jesús y de los doce apóstoles, trabajaron en las siguientes ciudades y pueblos y en unas cincuenta aldeas más: Zafón, Gadara, Macad, Arbela, Ramat, Edrei, Bosora, Caspin, Mizpa, Gerasa, Ragaba, Sucot, Amatus, Adam, Penuel, Capitolias, Dión, Hatita, Gadda, Filadelfia, Jogbeha, Galaad, Bet-nimra, Tyrus, Eleale, Livias, Hesbón, Calírroe, Bet-peor, Sitim, Sibma, Medeba, Bet-meón, Areópolis y Aroer.

165:0.2Durante toda esta gira por Perea, el cuerpo de mujeres, que ahora contaba sesenta y dos miembros, se hizo cargo de la mayor parte del trabajo de atender a los enfermos. Este fue el período final del desarrollo de los aspectos espirituales más elevados del evangelio del reino, y por ello no hubo obras milagrosas. Ninguna otra parte de Palestina fue trabajada tan a fondo por los apóstoles y discípulos de Jesús, y en ninguna otra región aceptaron de manera tan general las mejores clases de ciudadanos la enseñanza del Maestro.

165:0.3En esta época Perea era más o menos mitad gentil y mitad judía, pues en general los judíos habían sido retirados de estas regiones en tiempos de Judas Macabeo. Perea era la provincia más hermosa y pintoresca de toda Palestina. Los judíos solían llamarla «la tierra del otro lado del Jordán».

165:0.4Durante todo este período, Jesús repartía su tiempo entre el campamento de Pella y los viajes que hacía con los doce para ayudar a los setenta en las distintas ciudades donde estos enseñaban y predicaban. Siguiendo las indicaciones de Abner, los setenta bautizaban a todos los creyentes, a pesar de que Jesús no les había dado tal encargo.

1. En el campamento de Pella

165:1.1A mediados de enero había más de mil doscientas personas reunidas en Pella, y Jesús enseñaba a esta multitud al menos una vez al día cuando residía en el campamento; por lo general hablaba a las nueve de la mañana, si la lluvia no se lo impedía. Pedro y los demás apóstoles enseñaban todas las tardes. Jesús reservaba las noches para las habituales sesiones de preguntas y respuestas con los doce y con otros discípulos avanzados. Los grupos de la noche eran, por término medio, de unas cincuenta personas.

165:1.2A mediados de marzo, cuando Jesús comenzó su viaje hacia Jerusalén, más de cuatro mil personas formaban el gran auditorio que cada mañana escuchaba predicar a Jesús o a Pedro. El Maestro eligió terminar su obra en la tierra cuando el interés por su mensaje había llegado a un punto alto, el punto más alto alcanzado en esta segunda fase, o fase no milagrosa, del progreso del reino. Aunque tres cuartas partes de la multitud buscaban la verdad, también estaban presentes muchos fariseos de Jerusalén y de otros lugares, junto con muchos que dudaban y muchos que ponían reparos a todo.

165:1.3Jesús y los doce apóstoles dedicaron gran parte de su tiempo a la multitud reunida en el campamento de Pella. Los doce prestaron poca o ninguna atención al trabajo de campo, y solo salían con Jesús de vez en cuando para visitar a los asociados de Abner. Abner conocía muy bien el distrito de Perea, pues era el campo en el que su antiguo maestro, Juan el Bautista, había hecho la mayor parte de su obra. Después de comenzar la misión en Perea, Abner y los setenta nunca volvieron al campamento de Pella.

2. Sermón sobre el Buen Pastor

165:2.1Un grupo de más de trescientos habitantes de Jerusalén, fariseos y otros, siguió a Jesús hacia el norte hasta Pella cuando él se alejó apresuradamente de la jurisdicción de los gobernantes judíos al terminar la fiesta de la dedicación; y fue en presencia de estos maestros y dirigentes judíos, y también a oídos de los doce apóstoles, cuando Jesús predicó el sermón sobre el «Buen Pastor». Después de media hora de conversación informal, hablando a un grupo de unas cien personas, Jesús dijo:

165:2.2«Esta noche tengo mucho que decirles, y como muchos de ustedes son mis discípulos y algunos de ustedes mis enemigos encarnizados, presentaré mi enseñanza en una parábola, para que cada uno tome para sí lo que encuentre acogida en su corazón.

165:2.3«Esta noche, aquí delante de mí, hay hombres que estarían dispuestos a morir por mí y por este evangelio del reino, y algunos de ellos se ofrecerán así en los años venideros; y aquí también están algunos de ustedes, esclavos de la tradición, que me han seguido desde Jerusalén y que, con sus dirigentes entenebrecidos y engañados, buscan matar al Hijo del Hombre. La vida que ahora vivo en la carne los juzgará a unos y a otros, a los verdaderos pastores y a los falsos pastores. Si el falso pastor fuera ciego, no tendría pecado, pero ustedes afirman que ven; profesan ser maestros en Israel; por eso su pecado permanece sobre ustedes.

165:2.4«En tiempos de peligro, el verdadero pastor recoge su rebaño en el redil para pasar la noche. Y cuando llega la mañana, entra en el redil por la puerta, y cuando llama, las ovejas conocen su voz. Todo pastor que consigue entrar en el redil por cualquier otro medio que no sea la puerta es un ladrón y un salteador. El verdadero pastor entra en el redil después de que el portero le abre la puerta, y sus ovejas, que conocen su voz, salen a su palabra; y cuando las que son suyas han salido así, el verdadero pastor va delante de ellas; él abre el camino y las ovejas lo siguen. Sus ovejas lo siguen porque conocen su voz; no seguirán a un extraño. Huirán del extraño porque no conocen su voz. Esta multitud que está reunida aquí a nuestro alrededor es como ovejas sin pastor, pero cuando les hablamos, conocen la voz del pastor y nos siguen; al menos lo hacen los que tienen hambre de verdad y sed de rectitud. Algunos de ustedes no son de mi redil; no conocen mi voz y no me siguen. Y como ustedes son falsos pastores, las ovejas no conocen su voz y no los seguirán.»

165:2.5Y cuando Jesús terminó de decir esta parábola, nadie le hizo ninguna pregunta. Al cabo de un rato volvió a hablar y pasó a comentar la parábola:

165:2.6«Ustedes, que quieren ser los pastores auxiliares de los rebaños de mi Padre, no solo deben ser dirigentes dignos, sino que también deben alimentar al rebaño con buena comida; no son verdaderos pastores a menos que conduzcan sus rebaños a verdes pastos y junto a aguas tranquilas.

165:2.7«Y ahora, para que ninguno de ustedes comprenda esta parábola con demasiada facilidad, declararé que yo soy a la vez la puerta del redil del Padre y el verdadero pastor de los rebaños de mi Padre. Todo pastor que intente entrar en el redil sin mí fracasará, y las ovejas no oirán su voz. Yo, con los que ministran conmigo, soy la puerta. Toda alma que entre en el camino eterno por los medios que yo he creado y ordenado será salva y podrá seguir adelante hasta alcanzar los pastos eternos del Paraíso.

165:2.8«Pero yo también soy el verdadero pastor que está dispuesto incluso a dar su vida por las ovejas. El ladrón irrumpe en el redil solo para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que todos ustedes tengan vida, y la tengan en mayor abundancia. El que es asalariado, cuando surge el peligro, huirá y dejará que las ovejas se dispersen y sean destruidas; pero el verdadero pastor no huirá cuando venga el lobo; protegerá a su rebaño y, si es necesario, dará su vida por sus ovejas. En verdad, en verdad les digo, amigos y enemigos, que yo soy el verdadero pastor; conozco a los míos y los míos me conocen. No huiré ante el peligro. Terminaré este servicio de llevar a cabo por completo la voluntad de mi Padre, y no abandonaré el rebaño que el Padre ha confiado a mi cuidado.

165:2.9«Pero tengo muchas otras ovejas que no son de este redil, y estas palabras no son verdad solo de este mundo. Estas otras ovejas también oyen y conocen mi voz, y he prometido al Padre que todas serán traídas a un solo redil, a una sola fraternidad de los hijos de Dios. Y entonces todos ustedes conocerán la voz de un solo pastor, el verdadero pastor, y todos reconocerán la paternidad de Dios.

165:2.10«Y así sabrán por qué el Padre me ama y ha puesto en mis manos, para que los guarde, todos sus rebaños de este dominio; es porque el Padre sabe que no flaquearé en la protección del redil, que no abandonaré a mis ovejas y que, si fuera necesario, no dudaré en dar mi vida al servicio de sus múltiples rebaños. Pero tengan presente que, si doy mi vida, la volveré a tomar. Ningún hombre ni ninguna otra criatura puede quitarme la vida. Tengo el derecho y el poder de dar mi vida, y tengo el mismo poder y derecho de volver a tomarla. Ustedes no pueden entender esto, pero recibí esa autoridad de mi Padre aun antes de que este mundo existiera.»

165:2.11Cuando oyeron estas palabras, sus apóstoles quedaron confundidos y sus discípulos asombrados, mientras que los fariseos de Jerusalén y de los alrededores salieron a la noche diciendo: «Está loco o tiene un demonio». Pero incluso algunos de los maestros de Jerusalén dijeron: «Habla como quien tiene autoridad; además, ¿quién ha visto jamás que alguien que tiene un demonio abra los ojos de un hombre nacido ciego y haga todas las cosas maravillosas que este hombre ha hecho?».

165:2.12Al día siguiente, cerca de la mitad de estos maestros judíos declaró que creía en Jesús, mientras que la otra mitad, consternada, regresó a Jerusalén y a sus hogares.

3. Sermón del sábado en Pella

165:3.1A finales de enero, las multitudes de la tarde del sábado sumaban casi tres mil personas. El sábado 28 de enero, Jesús predicó el memorable sermón sobre «La confianza y la preparación espiritual». Después de unas palabras preliminares de Simón Pedro, el Maestro dijo:

165:3.2«Lo que muchas veces he dicho a mis apóstoles y a mis discípulos, lo declaro ahora a esta multitud: Guárdense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, nacida del prejuicio y alimentada en la servidumbre de la tradición, aunque muchos de estos fariseos son de corazón honesto y algunos de ellos permanecen aquí como mis discípulos. Pronto todos ustedes entenderán mi enseñanza, porque no hay nada ahora encubierto que no vaya a ser revelado. Todo lo que ahora se les oculta se dará a conocer cuando el Hijo del Hombre haya completado su misión en la tierra y en la carne.

165:3.3«Pronto, muy pronto, las cosas que nuestros enemigos traman ahora en secreto y en la oscuridad saldrán a la luz y serán proclamadas desde las azoteas. Pero yo les digo, amigos míos, que cuando busquen destruir al Hijo del Hombre, no les tengan miedo. No teman a quienes, aunque puedan matar el cuerpo, después de eso ya no tienen más poder sobre ustedes. Los exhorto a no temer a nadie, ni en el cielo ni en la tierra, sino a alegrarse en el conocimiento de Aquel que tiene poder para librarlos de toda falta de rectitud y presentarlos sin culpa ante el tribunal de un universo.

165:3.4«¿No se venden cinco gorriones por dos monedas? Y sin embargo, cuando estos pájaros revolotean en busca de su sustento, ninguno de ellos existe sin que lo sepa el Padre, la fuente de toda vida. Para los guardianes seráficos, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Y si todo esto es verdad, ¿por qué habrían de vivir con temor por las muchas pequeñeces que surgen en su vida diaria? Yo les digo: No teman; ustedes valen mucho más que muchos gorriones.

165:3.5«A todos ustedes que han tenido el valor de confesar su fe en mi evangelio delante de los hombres, yo los reconoceré pronto delante de los ángeles del cielo; pero el que a sabiendas niegue la verdad de mis enseñanzas delante de los hombres será negado por su guardián del destino aun delante de los ángeles del cielo.

165:3.6«Digan lo que quieran del Hijo del Hombre, y les será perdonado; pero el que se atreva a blasfemar contra Dios difícilmente hallará perdón. Cuando los hombres llegan al punto de atribuir a sabiendas las obras de Dios a las fuerzas del mal, esos rebeldes deliberados difícilmente buscarán el perdón de sus pecados.

165:3.7«Y cuando nuestros enemigos los lleven ante los jefes de las sinagogas y ante otras altas autoridades, no se preocupen por lo que deben decir ni se inquieten por cómo deben responder a sus preguntas, porque el espíritu que mora dentro de ustedes les enseñará ciertamente en esa misma hora lo que deben decir en honor del evangelio del reino.

165:3.8«¿Hasta cuándo se demorarán en el valle de la decisión? ¿Por qué vacilan entre dos opiniones? ¿Por qué habría de dudar el judío o el gentil en aceptar la buena nueva de que es hijo del Dios eterno? ¿Cuánto tiempo nos llevará persuadirlos de que entren con alegría en su herencia espiritual? Vine a este mundo para revelarles al Padre y para conducirlos al Padre. Lo primero ya lo he hecho, pero lo segundo no puedo hacerlo sin su consentimiento; el Padre nunca obliga a ningún hombre a entrar en el reino. La invitación siempre ha sido y siempre será: El que quiera, que venga y tome libremente del agua de la vida.»

165:3.9Una vez que Jesús terminó de hablar, fueron muchos los que salieron para que los apóstoles los bautizaran en el Jordán, y entretanto él atendía a las preguntas de quienes se habían quedado.

4. Repartir la herencia

165:4.1Mientras los apóstoles bautizaban a los creyentes, el Maestro conversaba con los que se habían quedado. Y cierto joven le dijo: «Maestro, mi padre murió y nos dejó muchos bienes a mi hermano y a mí, pero mi hermano se niega a darme lo que es mío. ¿Quieres, entonces, mandar a mi hermano que reparta conmigo esta herencia?». Jesús se indignó levemente de que este joven de mente materialista planteara para su discusión semejante asunto de negocios; pero procedió a aprovechar la ocasión para impartir más enseñanza. Dijo Jesús: «Hombre, ¿quién me ha puesto como repartidor entre ustedes? ¿De dónde sacaste la idea de que yo me ocupo de los asuntos materiales de este mundo?». Y luego, volviéndose hacia todos los que lo rodeaban, dijo: «Tengan cuidado y manténganse libres de la codicia; la vida de un hombre no consiste en la abundancia de las cosas que pueda poseer. La felicidad no viene del poder de la riqueza, y la alegría no brota de las riquezas. La riqueza, en sí misma, no es una maldición, pero el amor a las riquezas muchas veces lleva a tal devoción a las cosas de este mundo que el alma se vuelve ciega a los hermosos atractivos de las realidades espirituales del reino de Dios en la tierra y a los gozos de la vida eterna en el cielo.

165:4.2«Permítanme contarles la historia de cierto hombre rico cuyas tierras produjeron en abundancia; y cuando se hizo muy rico, comenzó a razonar consigo mismo, diciendo: “¿Qué haré con todas mis riquezas? Ahora tengo tanto que no tengo lugar donde guardar mi riqueza”. Y después de meditar en su problema, dijo: “Esto haré: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes, y así tendré amplio espacio donde guardar mis frutos y mis bienes. Entonces podré decirle a mi alma: Alma, tienes mucha riqueza guardada para muchos años; descansa ahora; come, bebe y alégrate, porque eres rica y has aumentado tus bienes”.

165:4.3«Pero este hombre rico era también insensato. Al atender a las necesidades materiales de su mente y de su cuerpo, no había acumulado tesoros en el cielo para la satisfacción del espíritu y para la salvación del alma. Y ni siquiera iba a disfrutar del placer de consumir su riqueza acumulada, porque esa misma noche le fue reclamada su alma. Esa noche llegaron los bandidos, que irrumpieron en su casa para matarlo, y después de saquear sus graneros, quemaron lo que quedaba. Y por los bienes que escaparon a los ladrones, sus herederos se pusieron a pelear entre sí. Este hombre acumuló tesoros para sí en la tierra, pero no era rico para con Dios.»

165:4.4Así trató Jesús al joven y el asunto de su herencia, porque sabía que lo que le aquejaba era la codicia. Aunque no hubiera sido ese el caso, el Maestro no habría intervenido, pues jamás se entrometía en los asuntos temporales ni siquiera de sus apóstoles, y mucho menos en los de sus discípulos.

165:4.5Cuando Jesús terminó su relato, otro hombre se levantó y le preguntó: «Maestro, sé que tus apóstoles han vendido todas sus posesiones terrenales para seguirte, y que tienen todas las cosas en común como los esenios, pero ¿quieres que todos los que somos tus discípulos hagamos lo mismo? ¿Es pecado poseer una riqueza honesta?». Y Jesús respondió a esta pregunta: «Amigo mío, no es pecado tener una riqueza honorable; pero es pecado si conviertes la riqueza de las posesiones materiales en tesoros que pueden absorber tus intereses y desviar tus afectos de la devoción a las ocupaciones espirituales del reino. No hay pecado en tener posesiones honestas en la tierra siempre que tu tesoro esté en el cielo, porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón. Hay una gran diferencia entre la riqueza que lleva a la codicia y al egoísmo y la que tienen y distribuyen con espíritu de administración quienes poseen abundancia de los bienes de este mundo y contribuyen tan generosamente al sostén de los que dedican todas sus energías a la obra del reino. Muchos de ustedes, que están aquí y sin dinero, reciben comida y alojamiento en aquella ciudad de tiendas porque hombres y mujeres generosos que tienen medios han dado fondos a su anfitrión, David Zebedeo, para esos fines.

165:4.6«Pero nunca olviden que, al fin y al cabo, la riqueza no perdura. El amor a las riquezas con demasiada frecuencia oscurece y hasta destruye la visión espiritual. No dejen de reconocer el peligro de que la riqueza llegue a ser, no su sirviente, sino su amo.»

165:4.7Jesús no enseñaba ni aprobaba la imprevisión, la ociosidad, la indiferencia ante la obligación de proveer a las necesidades físicas de la propia familia, ni la dependencia de las limosnas. Pero sí enseñaba que lo material y temporal debe subordinarse al bienestar del alma y al progreso de la naturaleza espiritual en el reino de los cielos.

165:4.8Luego, mientras la gente bajaba al río para presenciar los bautismos, el primer hombre vino en privado a Jesús por lo de su herencia, pues pensaba que Jesús lo había tratado con dureza; y cuando el Maestro lo escuchó de nuevo, le respondió: «Hijo mío, ¿por qué pierdes la oportunidad de alimentarte del pan de vida en un día como este para satisfacer tu inclinación codiciosa? ¿No sabes que las leyes judías de herencia se aplicarán con justicia si llevas tu queja al tribunal de la sinagoga? ¿No ves que mi obra consiste en asegurarme de que conozcas tu herencia celestial? ¿No has leído la Escritura: “Hay quien se enriquece a fuerza de cautela y de mucha tacañería, y esta es la parte de su recompensa: Mientras dice: He hallado descanso y ahora podré comer continuamente de mis bienes, no sabe lo que el tiempo le traerá, ni que tendrá que dejar todas estas cosas a otros cuando muera”? ¿No has leído el mandamiento: “No codiciarás”? Y también: “Comieron y se saciaron y engordaron, y luego se volvieron a otros dioses”. ¿Has leído en los Salmos que “el Señor aborrece al codicioso”, y que “lo poco que tiene el justo es mejor que las riquezas de muchos malvados”? “Si las riquezas aumentan, no pongas en ellas tu corazón.” ¿Has leído donde Jeremías dijo: “No se gloríe el rico en sus riquezas”; y que Ezequiel dijo la verdad cuando dijo: “Con la boca hacen alarde de amor, pero su corazón está puesto en su propia ganancia egoísta”?»

165:4.9Jesús despidió al joven con estas palabras: «Hijo mío, ¿qué provecho sacarás si ganas el mundo entero y pierdes tu propia alma?».

165:4.10A otro que estaba cerca y que preguntó a Jesús qué situación tendrían los ricos en el día del juicio, le respondió: «No he venido a juzgar ni a los ricos ni a los pobres, pero las vidas que viven los hombres juzgarán a todos. Sea lo que sea que pueda importar a los ricos en el juicio, al menos tres preguntas deben responder todos los que adquieren gran riqueza, y estas preguntas son:

165:4.11«1. ¿Cuánta riqueza acumulaste?

165:4.12«2. ¿Cómo obtuviste esta riqueza?

165:4.13«3. ¿Cómo usaste tu riqueza?»

165:4.14Luego Jesús entró en su tienda para descansar un rato antes de la cena. Cuando los apóstoles terminaron con los bautismos, vinieron también y habrían querido hablar con él sobre la riqueza en la tierra y el tesoro en el cielo, pero estaba dormido.

5. Palabras a los apóstoles sobre la riqueza

165:5.1Esa noche, después de la cena, cuando Jesús y los doce se reunieron para su conferencia diaria, Andrés preguntó: «Maestro, mientras bautizábamos a los creyentes, dijiste a la multitud que se quedó muchas palabras que nosotros no oímos. ¿Estarías dispuesto a repetir esas palabras para nuestro provecho?». Y en respuesta a la petición de Andrés, Jesús dijo:

165:5.2«Sí, Andrés, les hablaré de estos asuntos de la riqueza y del propio sustento, pero mis palabras a ustedes, los apóstoles, deben ser algo diferentes de las que dije a los discípulos y a la multitud, ya que ustedes lo han dejado todo, no solo para seguirme, sino para ser ordenados como embajadores del reino. Ya tienen la experiencia de varios años, y saben que el Padre cuyo reino proclaman no los abandonará. Han dedicado su vida al ministerio del reino; por lo tanto, no se inquieten ni se preocupen por las cosas de la vida temporal, por lo que comerán, ni tampoco por su cuerpo, por lo que vestirán. El bienestar del alma es más que la comida y la bebida; el progreso en el espíritu está muy por encima de la necesidad de vestido. Cuando sientan la tentación de dudar de la seguridad de su pan, consideren a los cuervos: no siembran ni cosechan, no tienen despensas ni graneros, y sin embargo el Padre provee alimento a cada uno de ellos que lo busca. ¡Y cuánto más valen ustedes que muchas aves! Además, toda su ansiedad o sus dudas inquietas no pueden hacer nada para suplir sus necesidades materiales. ¿Quién de ustedes, por mucho que se angustie, puede añadir un palmo a su estatura o un día a su vida? Puesto que tales asuntos no están en sus manos, ¿por qué se preocupan con ansiedad por cualquiera de estos problemas?

165:5.3«Consideren los lirios, cómo crecen; no trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba del campo, que hoy está viva y mañana es cortada y echada al fuego, cuánto más los vestirá a ustedes, los embajadores del reino celestial. ¡Oh, ustedes, hombres de poca fe! Cuando se dedican de todo corazón a la proclamación del evangelio del reino, no deberían tener la mente llena de dudas sobre su propio sustento o el de las familias que han dejado. Si entregan de verdad su vida al evangelio, vivirán del evangelio. Si solo son discípulos creyentes, deben ganarse su propio pan y contribuir al sustento de todos los que enseñan, predican y curan. Si se inquietan por su pan y su agua, ¿en qué se diferencian de las naciones del mundo que con tanta diligencia buscan esas cosas necesarias? Dedíquense a su trabajo, creyendo que tanto el Padre como yo sabemos que ustedes necesitan todas estas cosas. Permítanme asegurarles, de una vez por todas, que, si dedican su vida a la obra del reino, todas sus necesidades reales serán satisfechas. Busquen lo mayor, y lo menor se encontrará en ello; pidan lo celestial, y lo terrenal quedará incluido. La sombra sigue con certeza a la sustancia.

165:5.4«Ustedes son solo un grupo pequeño, pero si tienen fe, si no tropiezan por miedo, declaro que es el beneplácito de mi Padre darles este reino. Han guardado sus tesoros donde la bolsa no envejece, donde ningún ladrón puede saquear y donde ninguna polilla puede destruir. Y como dije a la gente, donde está su tesoro, allí estará también su corazón.

165:5.5«Pero en la obra que tenemos justo por delante, y en la que les queda a ustedes después de que yo vaya al Padre, serán probados duramente. Todos ustedes deben estar en guardia contra el miedo y las dudas. Todos y cada uno de ustedes, cíñanse los lomos de la mente y mantengan encendidas sus lámparas. Sean como hombres que esperan vigilantes a que su señor vuelva de la fiesta de bodas para que, cuando llegue y llame, puedan abrirle enseguida. Esos siervos vigilantes reciben la bendición del señor que los encuentra fieles en un momento tan grande. Entonces el señor hará que sus siervos se sienten a la mesa mientras él mismo los sirve. En verdad, en verdad les digo que una crisis está justo por delante en sus vidas, y les conviene velar y estar preparados.

165:5.6«Ustedes entienden bien que ningún hombre permitiría que entraran a robar en su casa si supiera a qué hora iba a venir el ladrón. Estén también ustedes en guardia, porque a la hora que menos sospechen y de la manera que no piensan, partirá el Hijo del Hombre.»

165:5.7Durante algunos minutos los doce permanecieron sentados en silencio. Algunas de estas advertencias ya las habían oído antes, pero no en el contexto en que se les presentaban esta vez.

6. Respuesta a la pregunta de Pedro

165:6.1Mientras permanecían sentados meditando, Simón Pedro preguntó: «¿Es para nosotros, tus apóstoles, esta parábola que cuentas, o va dirigida a todos los discípulos?». Y Jesús contestó:

165:6.2«En el tiempo de la prueba se revela el alma de un hombre; la prueba descubre lo que de verdad hay en el corazón. Cuando el siervo ha sido puesto a prueba y ha demostrado su valía, entonces el señor de la casa puede poner a ese siervo al frente de su casa y confiar con seguridad en este fiel administrador para que sus hijos sean alimentados y criados. Del mismo modo, pronto sabré a quién se le puede confiar el bienestar de mis hijos cuando yo haya vuelto al Padre. Así como el señor de la casa pondrá al siervo leal y probado al frente de los asuntos de su familia, así también exaltaré yo en los asuntos de mi reino a los que soporten las pruebas de esta hora.

165:6.3«Pero si el siervo es perezoso y empieza a decir en su corazón: “Mi señor tarda en venir”, y empieza a maltratar a sus compañeros de servicio y a comer y beber con los borrachos, entonces el señor de ese siervo vendrá en un momento en que no lo espera y, al encontrarlo infiel, lo echará fuera con deshonra. Por eso hacen bien en prepararse para el día en que serán visitados de repente y de una manera inesperada. Recuerden: se les ha dado mucho; por eso se les exigirá mucho. Se les acercan pruebas de fuego. Tengo un bautismo con que ser bautizado, y estoy en vela hasta que esto se cumpla. Ustedes predican paz en la tierra, pero mi misión no traerá paz en los asuntos materiales de los hombres —al menos, no por un tiempo. La división solo puede ser el resultado cuando dos miembros de una familia creen en mí y tres miembros rechazan este evangelio. Los amigos, los parientes y los seres queridos están destinados a ser puestos unos contra otros por el evangelio que ustedes predican. Es cierto que cada uno de estos creyentes tendrá una paz grande y duradera en su propio corazón, pero la paz en la tierra no vendrá hasta que todos estén dispuestos a creer y a entrar en su gloriosa herencia de filiación con Dios. No obstante, vayan por todo el mundo proclamando este evangelio a todas las naciones, a cada hombre, mujer y niño.»

165:6.4Con esto llegó a su fin un día de sábado pleno y atareado. Jesús y los doce fueron al día siguiente a las ciudades del norte de Perea a visitar a los setenta, quienes, bajo la supervisión de Abner, trabajaban en estas regiones.

Documento 165

Comienza la misión en Perea