Parte IV · Documento 160

Rodan de Alejandría

160:0.1EL DOMINGO por la mañana, 18 de septiembre, Andrés anunció que no se planearía ningún trabajo para la semana siguiente. Todos los apóstoles, excepto Natanael y Tomás, se fueron a casa para visitar a sus familias o para pasar unos días con amigos. Esta semana Jesús disfrutó de un período de descanso casi completo, pero Natanael y Tomás estuvieron muy ocupados con sus conversaciones con cierto filósofo griego de Alejandría llamado Rodan. Este griego se había hecho discípulo de Jesús poco tiempo antes, gracias a la enseñanza de uno de los asociados de Abner que había dirigido una misión en Alejandría. Rodan estaba ahora dedicado con empeño a la tarea de armonizar su filosofía de la vida con las nuevas enseñanzas religiosas de Jesús, y había venido a Magadán con la esperanza de que el Maestro examinara con él estos problemas. También deseaba obtener una versión directa y autorizada del evangelio, ya fuera de Jesús o de uno de sus apóstoles. Aunque el Maestro declinó entrar en tal conferencia con Rodan, sí lo recibió con amabilidad y dispuso de inmediato que Natanael y Tomás escucharan todo lo que tuviera que decir y que, a cambio, le hablaran del evangelio.

1. La filosofía griega de Rodan

160:1.1El lunes, muy temprano por la mañana, Rodan comenzó una serie de diez discursos dirigidos a Natanael, a Tomás y a un grupo de unas dos docenas de creyentes que por casualidad se encontraban en Magadán. Estas charlas, condensadas, combinadas y expresadas de nuevo en lenguaje moderno, presentan los siguientes pensamientos para su consideración:

160:1.2La vida humana consiste en tres grandes fuerzas impulsoras —impulsos, deseos y atractivos. Un carácter fuerte, una personalidad que se impone, solo se adquiere convirtiendo el impulso natural de la vida en el arte social de vivir, transformando los deseos presentes en aquellos anhelos más elevados que son capaces de un logro duradero, mientras que el atractivo común de la existencia debe trasladarse de las propias ideas convencionales y establecidas a los reinos superiores de las ideas inexploradas y de los ideales no descubiertos.

160:1.3Cuanto más compleja se vuelva la civilización, más difícil se volverá el arte de vivir. Cuanto más rápidos sean los cambios en los usos sociales, más complicada se volverá la tarea de desarrollar el carácter. Cada diez generaciones, la humanidad debe aprender de nuevo el arte de vivir si el progreso ha de continuar. Y si el hombre llega a ser tan ingenioso que aumenta con mayor rapidez las complejidades de la sociedad, el arte de vivir tendrá que volver a dominarse en menos tiempo, quizá en cada generación. Si la evolución del arte de vivir no logra mantener el ritmo de la técnica de la existencia, la humanidad volverá rápidamente al simple impulso de vivir —la consecución de la satisfacción de los deseos presentes. Así la humanidad seguirá siendo inmadura; la sociedad no logrará crecer hasta la plena madurez.

160:1.4La madurez social equivale al grado en que el hombre está dispuesto a renunciar a la gratificación de los deseos meramente pasajeros y presentes para acoger aquellos anhelos superiores cuyo esfuerzo por alcanzarlos proporciona las satisfacciones más abundantes del avance progresivo hacia metas permanentes. Pero la verdadera insignia de la madurez social es la disposición de un pueblo a renunciar al derecho de vivir en paz y contento bajo las normas cómodas del atractivo de las creencias establecidas y de las ideas convencionales, a cambio del atractivo inquietante y exigente de energía que supone perseguir las posibilidades inexploradas de alcanzar metas no descubiertas de realidades espirituales idealistas.

160:1.5Los animales responden noblemente al impulso de la vida, pero solo el hombre puede alcanzar el arte de vivir, aunque la mayoría de la humanidad solo experimenta el impulso animal de vivir. Los animales solo conocen este impulso ciego e instintivo; el hombre es capaz de trascender este impulso a la función natural. El hombre puede elegir vivir en el elevado plano del arte inteligente, incluso en el de la alegría celestial y el éxtasis espiritual. Los animales no indagan sobre los propósitos de la vida; por eso nunca se preocupan, ni tampoco se suicidan. El suicidio entre los hombres atestigua que tales seres han salido de la etapa puramente animal de la existencia, y atestigua además el hecho de que los esfuerzos exploratorios de tales seres humanos no han logrado alcanzar los niveles artísticos de la experiencia mortal. Los animales no conocen el significado de la vida; el hombre no solo posee capacidad para reconocer los valores y comprender los significados, sino que también es consciente del significado de los significados —tiene conciencia de su propio discernimiento.

160:1.6Cuando los hombres se atreven a abandonar una vida de apetencia natural por una de arte aventurado y de lógica incierta, deben esperar sufrir los consiguientes peligros de las bajas emocionales —conflictos, infelicidad e incertidumbres—, al menos hasta el momento en que alcancen cierto grado de madurez intelectual y emocional. El desánimo, la preocupación y la indolencia son pruebas positivas de inmadurez moral. La sociedad humana se enfrenta a dos problemas: alcanzar la madurez del individuo y alcanzar la madurez de la raza. El ser humano maduro pronto empieza a mirar a todos los demás mortales con sentimientos de ternura y con emociones de tolerancia. Los hombres maduros miran a las personas inmaduras con el amor y la consideración que los padres tienen a sus hijos.

160:1.7Vivir con éxito no es ni más ni menos que el arte de dominar técnicas fiables para resolver los problemas comunes. El primer paso en la solución de cualquier problema es localizar la dificultad, aislar el problema y reconocer con franqueza su naturaleza y su gravedad. El gran error es que, cuando los problemas de la vida despiertan nuestros temores profundos, nos negamos a reconocerlos. Del mismo modo, cuando el reconocimiento de nuestras dificultades implica reducir nuestra vanidad largamente acariciada, admitir la envidia o abandonar prejuicios profundamente arraigados, la persona corriente prefiere aferrarse a las viejas ilusiones de seguridad y a los falsos sentimientos de protección largamente acariciados. Solo una persona valiente está dispuesta a admitir con honestidad, y a afrontar sin miedo, lo que descubre una mente sincera y lógica.

160:1.8La solución sabia y eficaz de cualquier problema exige que la mente esté libre de parcialidad, de pasión y de todos los demás prejuicios puramente personales que pudieran interferir en el examen desinteresado de los factores reales que componen el problema que se presenta para su solución. La solución de los problemas de la vida requiere valor y sinceridad. Solo los individuos honestos y valientes son capaces de seguir con denuedo, a través del laberinto desconcertante y confuso de la vida, hasta donde pueda llevarlos la lógica de una mente sin miedo. Y esta emancipación de la mente y del alma nunca puede llevarse a cabo sin la fuerza impulsora de un entusiasmo inteligente que raya en el celo religioso. Se requiere el atractivo de un gran ideal para impulsar al hombre a perseguir una meta que está rodeada de difíciles problemas materiales y de múltiples peligros intelectuales.

160:1.9Aunque estén eficazmente armados para afrontar las situaciones difíciles de la vida, difícilmente pueden esperar el éxito a menos que estén dotados de esa sabiduría de mente y ese encanto de personalidad que les permiten ganarse el apoyo cordial y la cooperación de sus semejantes. No pueden esperar una gran medida de éxito en el trabajo secular ni en el religioso a menos que aprendan a persuadir a sus semejantes, a prevalecer con los hombres. Sencillamente, deben tener tacto y tolerancia.

160:1.10Pero el mayor de todos los métodos para resolver problemas lo he aprendido de Jesús, su Maestro. Me refiero a lo que él practica con tanta constancia, y que les ha enseñado con tanta fidelidad: el aislamiento de la meditación de adoración. En esta costumbre de Jesús de retirarse con tanta frecuencia a solas para comulgar con el Padre que está en el cielo se encuentra la técnica, no solo para reunir fuerza y sabiduría para los conflictos ordinarios de la vida, sino también para apropiarse de la energía para resolver los problemas más elevados de naturaleza moral y espiritual. Pero ni siquiera los métodos correctos de resolver problemas compensarán los defectos inherentes de la personalidad ni repararán la ausencia del hambre y la sed de verdadera rectitud.

160:1.11Me impresiona profundamente la costumbre de Jesús de apartarse a solas para dedicarse a estos períodos de examen solitario de los problemas de la vida; para buscar nuevas reservas de sabiduría y de energía con que satisfacer las múltiples exigencias del servicio social; para avivar y ahondar el propósito supremo de vivir sometiendo realmente la personalidad total a la conciencia de estar en contacto con la divinidad; para tratar de adquirir métodos nuevos y mejores de adaptarse a las situaciones siempre cambiantes de la existencia viviente; para efectuar aquellas reconstrucciones y reajustes vitales de las propias actitudes personales que son tan esenciales para un discernimiento mayor de todo lo que vale la pena y es real; y para hacer todo esto con la mirada puesta solo en la gloria de Dios —musitar con sinceridad la oración favorita de su Maestro: «No se haga mi voluntad, sino la tuya».

160:1.12Esta práctica de adoración de su Maestro trae esa relajación que renueva la mente; esa iluminación que inspira el alma; ese valor que permite afrontar con valentía los propios problemas; esa comprensión de sí mismo que suprime el temor debilitante; y esa conciencia de unión con la divinidad que dota al hombre de la seguridad que le permite atreverse a ser semejante a Dios. La relajación de la adoración, o comunión espiritual tal como la practica el Maestro, alivia la tensión, elimina los conflictos y aumenta poderosamente los recursos totales de la personalidad. Y toda esta filosofía, más el evangelio del reino, constituye la nueva religión tal como yo la entiendo.

160:1.13El prejuicio ciega el alma para el reconocimiento de la verdad, y el prejuicio solo puede eliminarse mediante la devoción sincera del alma a la veneración de una causa que lo abarque todo e incluya a todos los semejantes. El prejuicio está ligado inseparablemente al egoísmo. El prejuicio solo puede eliminarse abandonando la búsqueda del propio interés y sustituyéndola por la búsqueda de la satisfacción de servir a una causa que no solo es más grande que el yo, sino que es incluso más grande que toda la humanidad —la búsqueda de Dios, la consecución de la divinidad. La prueba de la madurez de la personalidad consiste en la transformación del deseo humano de modo que busque constantemente la realización de aquellos valores que son los más elevados y los más divinamente reales.

160:1.14En un mundo que cambia continuamente, en medio de un orden social que evoluciona, es imposible mantener metas de destino fijas y establecidas. La estabilidad de la personalidad solo pueden experimentarla aquellos que han descubierto y abrazado al Dios vivo como la meta eterna de una consecución infinita. Y así, trasladar la propia meta del tiempo a la eternidad, de la tierra al Paraíso, de lo humano a lo divino, requiere que el hombre sea regenerado, convertido, que nazca de nuevo; que llegue a ser el hijo recreado del espíritu divino; que obtenga la entrada en la fraternidad del reino de los cielos. Todas las filosofías y religiones que no alcanzan estos ideales son inmaduras. La filosofía que yo enseño, unida al evangelio que ustedes predican, representa la nueva religión de la madurez, el ideal de todas las generaciones futuras. Y esto es verdad porque nuestro ideal es final, infalible, eterno, universal, absoluto e infinito.

160:1.15Mi filosofía me dio el impulso de buscar las realidades del verdadero logro, la meta de la madurez. Pero mi impulso era impotente; a mi búsqueda le faltaba fuerza impulsora; mi indagación sufría por la falta de certeza en el direccionamiento. Y estas deficiencias las ha suplido en abundancia este nuevo evangelio de Jesús, con su aumento del discernimiento, su elevación de los ideales y su firmeza de metas. Sin dudas ni recelos, ahora puedo emprender de todo corazón la empresa eterna.

2. El arte de vivir

160:2.1Solo hay dos maneras en que los mortales pueden vivir juntos: la manera material o animal y la manera espiritual o humana. Mediante el uso de señales y sonidos, los animales pueden comunicarse entre sí de forma limitada. Pero tales formas de comunicación no transmiten significados, valores ni ideas. La única distinción entre el hombre y el animal es que el hombre puede comunicarse con sus semejantes por medio de símbolos que con toda certeza designan e identifican significados, valores, ideas e incluso ideales.

160:2.2Puesto que los animales no pueden comunicarse ideas entre sí, no pueden desarrollar personalidad. El hombre desarrolla personalidad porque así puede comunicarse con sus semejantes acerca de ideas y también de ideales.

160:2.3Es esta capacidad de comunicar y compartir significados lo que constituye la cultura humana y permite al hombre, por medio de las asociaciones sociales, construir civilizaciones. El conocimiento y la sabiduría se vuelven acumulativos debido a la capacidad del hombre de comunicar estas posesiones a las generaciones siguientes. Y de ahí surgen las actividades culturales de la raza: el arte, la ciencia, la religión y la filosofía.

160:2.4El surgimiento de los grupos sociales viene predeterminado por la comunicación simbólica entre los seres humanos. De todos los grupos sociales, ninguno es tan eficaz como la familia, y más concretamente los dos padres. Lo que mantiene unidas estas asociaciones materiales es un vínculo espiritual: el afecto personal. Entre dos personas del mismo sexo también puede darse una relación así de eficaz, como lo muestra con tanta abundancia la devoción de las amistades auténticas.

160:2.5Puesto que fomentan y facilitan los siguientes factores esenciales de los niveles superiores del arte de vivir, estas asociaciones de amistad y de afecto mutuo tienen un efecto socializador y ennoblecedor:

160:2.61. Expresión mutua de uno mismo y comprensión de uno mismo. Muchos nobles impulsos humanos mueren porque no hay nadie que oiga su expresión. En verdad, no es bueno que el hombre esté solo. Cierto grado de reconocimiento y cierta medida de aprecio son esenciales para el desarrollo del carácter humano. Sin el amor genuino de un hogar, ningún niño puede lograr el pleno desarrollo de un carácter normal. El carácter es algo más que mera mente y moral. De todas las relaciones sociales apropiadas para desarrollar el carácter, la más eficaz e ideal es la amistad afectuosa y comprensiva del hombre y la mujer en el abrazo mutuo de una unión conyugal inteligente. El matrimonio, con sus múltiples relaciones, es el medio más adecuado para hacer surgir aquellos impulsos preciosos y aquellos motivos superiores que son indispensables para el desarrollo de un carácter fuerte. No dudo en glorificar así la vida familiar, porque su Maestro ha escogido sabiamente la relación padre-hijo como la piedra angular misma de este nuevo evangelio del reino. Y una comunidad de relación tan incomparable, el hombre y la mujer en el abrazo cariñoso de los ideales más elevados del tiempo, es una experiencia tan valiosa y satisfactoria que vale cualquier precio, cualquier sacrificio, que se requiera para poseerla.

160:2.72. Unión de las almas —la movilización de la sabiduría. Todo ser humano, tarde o temprano, adquiere cierto concepto de este mundo y cierta visión del siguiente. Ahora bien, mediante la asociación de personalidades es posible unir estas visiones de la existencia temporal y de las perspectivas eternas. Así, la mente de uno aumenta sus valores espirituales al obtener mucho del discernimiento del otro. De esta manera los hombres enriquecen el alma al poner en común sus respectivas posesiones espirituales. Asimismo, de esta misma manera, el hombre puede evitar esa tendencia siempre presente a caer víctima de la distorsión de la visión, del prejuicio del punto de vista y de la estrechez de juicio. El temor, la envidia y la vanidad solo pueden prevenirse mediante el contacto íntimo con otras mentes. Les hago notar que el Maestro nunca los envía solos a trabajar por la extensión del reino; siempre los envía de dos en dos. Y puesto que la sabiduría es superconocimiento, se deduce que, en la unión de la sabiduría, el grupo social, pequeño o grande, comparte mutuamente todo el conocimiento.

160:2.83. El entusiasmo por vivir. El aislamiento tiende a agotar la carga de energía del alma. La asociación con los semejantes es esencial para renovar el gusto por la vida y es indispensable para mantener el valor de librar las batallas que resultan del ascenso a los niveles superiores de la vida humana. La amistad acrecienta las alegrías y glorifica los triunfos de la vida. Las asociaciones humanas afectuosas e íntimas tienden a quitarle al sufrimiento su pena y a la adversidad gran parte de su amargura. La presencia de un amigo realza toda belleza y exalta toda bondad. Mediante símbolos inteligentes el hombre puede avivar y ampliar las capacidades de apreciación de sus amigos. Una de las glorias supremas de la amistad humana es este poder y esta posibilidad de estimularse mutuamente la imaginación. Un gran poder espiritual es inherente a la conciencia de una devoción de todo corazón a una causa común, de una lealtad mutua a una Deidad cósmica.

160:2.94. La defensa reforzada contra todo mal. La asociación de personalidades y el afecto mutuo son un seguro eficaz contra el mal. Las dificultades, la pena, la decepción y la derrota son más dolorosas y desalentadoras cuando se soportan a solas. La asociación no transmuta el mal en rectitud, pero sí ayuda a aliviar en gran medida su aguijón. Dijo su Maestro: «Felices los que lloran»—si hay un amigo cerca para consolarlos. Hay una fuerza positiva en saber que ustedes viven para el bienestar de otros, y que esos otros viven igualmente para el bienestar y el progreso de ustedes. El hombre languidece en el aislamiento. Los seres humanos se desaniman indefectiblemente cuando solo ven las transacciones pasajeras del tiempo. El presente, separado del pasado y del futuro, se vuelve exasperantemente trivial. Solo una vislumbre del círculo de la eternidad puede inspirar al hombre a dar lo mejor de sí y puede desafiar lo mejor que hay en él a hacer todo lo posible. Y cuando el hombre está así en su mejor momento, vive de la manera más desinteresada por el bien de los demás, sus compañeros de paso por el tiempo y la eternidad.

160:2.10Lo repito: esa asociación inspiradora y ennoblecedora encuentra sus posibilidades ideales en la relación del matrimonio humano. Es cierto que mucho se logra fuera del matrimonio, y que muchos, muchísimos matrimonios fracasan por completo en producir estos frutos morales y espirituales. Con demasiada frecuencia contraen matrimonio quienes buscan otros valores, inferiores a estos acompañamientos superiores de la madurez humana. El matrimonio ideal debe fundarse en algo más estable que las fluctuaciones del sentimiento y la inconstancia de la mera atracción sexual; debe basarse en una devoción personal genuina y mutua. Y así, si pueden construir tales unidades pequeñas, confiables y eficaces de asociación humana, cuando estas se reúnan en su conjunto, el mundo contemplará una gran y glorificada estructura social, la civilización de la madurez mortal. Una raza así podría comenzar a hacer realidad algo del ideal de su Maestro de «paz en la tierra y buena voluntad entre los hombres». Aunque tal sociedad no sería perfecta ni estaría enteramente libre del mal, al menos se acercaría a la estabilización de la madurez.

3. Los atractivos de la madurez

160:3.1El esfuerzo hacia la madurez exige trabajo, y el trabajo requiere energía. ¿De dónde viene el poder para lograr todo esto? Las cosas físicas pueden darse por sentadas, pero el Maestro ha dicho bien: «El hombre no puede vivir solo de pan». Dada la posesión de un cuerpo normal y de una salud razonablemente buena, debemos buscar a continuación aquellos atractivos que actúen como estímulo para despertar las fuerzas espirituales dormidas del hombre. Jesús nos ha enseñado que Dios vive en el hombre; entonces, ¿cómo podemos inducir al hombre a liberar estos poderes de divinidad e infinitud ligados al alma? ¿Cómo induciremos a los hombres a soltar a Dios para que él pueda brotar para refrescar nuestras propias almas en su tránsito hacia fuera, y luego para servir al propósito de iluminar, elevar y bendecir a innumerables otras almas? ¿Cuál es la mejor manera en que puedo despertar estos poderes latentes para el bien que yacen dormidos en sus almas? De una cosa estoy seguro: la excitación emocional no es el estímulo espiritual ideal. La excitación no aumenta la energía; más bien agota los poderes de la mente y del cuerpo. ¿De dónde viene, entonces, la energía para hacer estas grandes cosas? Miren a su Maestro. Incluso ahora está allá en las colinas recibiendo poder, mientras nosotros estamos aquí dando energía. El secreto de todo este problema está envuelto en la comunión espiritual, en la adoración. Desde el punto de vista humano, es una cuestión de meditación y relajación combinadas. La meditación establece el contacto de la mente con el espíritu; la relajación determina la capacidad de receptividad espiritual. Y este intercambio de fuerza por debilidad, de valor por temor, de la voluntad de Dios por la mente del yo, constituye la adoración. Al menos, así es como lo ve el filósofo.

160:3.2Cuando estas experiencias se repiten con frecuencia, se cristalizan en hábitos, hábitos de adoración que dan fuerza, y tales hábitos con el tiempo se formulan en un carácter espiritual, y tal carácter es finalmente reconocido por los semejantes como una personalidad madura. Estas prácticas son difíciles y consumen tiempo al principio, pero cuando se vuelven habituales, son a la vez reposantes y ahorran tiempo. Cuanto más compleja se vuelve la sociedad, y cuanto más se multiplican los atractivos de la civilización, más urgente se volverá la necesidad de que los individuos que conocen a Dios formen tales prácticas habituales protectoras, destinadas a conservar y aumentar sus energías espirituales.

160:3.3Otro requisito para alcanzar la madurez es la adaptación cooperativa de los grupos sociales a un entorno siempre cambiante. El individuo inmaduro despierta los antagonismos de sus semejantes; el hombre maduro se gana la cooperación cordial de sus asociados, y así multiplica muchas veces los frutos de los esfuerzos de su vida.

160:3.4Mi filosofía me dice que hay momentos en que debo luchar, si es necesario, en defensa de mi concepto de la rectitud, pero no dudo de que el Maestro, con un tipo de personalidad más madura, obtendría con facilidad y elegancia una victoria igual mediante su técnica superior y cautivadora de tacto y tolerancia. Con demasiada frecuencia, cuando combatimos por lo recto, resulta que tanto el vencedor como el vencido han sufrido una derrota. Ayer mismo oí decir al Maestro que el «hombre sabio, cuando busca entrar por la puerta cerrada con llave, no destruiría la puerta, sino que más bien buscaría la llave con la cual abrirla». Con demasiada frecuencia entablamos una lucha solo para convencernos de que no tenemos miedo.

160:3.5Este nuevo evangelio del reino presta un gran servicio al arte de vivir, porque proporciona un incentivo nuevo y más rico para una vida más elevada. Presenta una meta de destino nueva y exaltada, un propósito supremo para la vida. Y estos nuevos conceptos de la meta eterna y divina de la existencia son en sí mismos estímulos trascendentes, que despiertan la reacción de lo mejor que reside en la naturaleza superior del hombre. En cada cumbre del pensamiento intelectual se encuentran relajación para la mente, fuerza para el alma y comunión para el espíritu. Desde tales posiciones ventajosas de la vida elevada, el hombre puede trascender las irritaciones materiales de los niveles inferiores del pensamiento —la preocupación, los celos, la envidia, la venganza y el orgullo de la personalidad inmadura. Estas almas que escalan alturas se liberan de multitud de conflictos de corrientes cruzadas de las nimiedades de la vida, y así quedan libres para alcanzar la conciencia de las corrientes superiores del concepto espiritual y de la comunicación celestial. Pero el propósito de la vida debe protegerse celosamente de la tentación de buscar un logro fácil y pasajero; asimismo, debe fomentarse de tal modo que se vuelva inmune a las amenazas desastrosas del fanatismo.

4. El equilibrio de la madurez

160:4.1Mientras tienen la mirada puesta solo en alcanzar las realidades eternas, deben también atender a las necesidades de la vida temporal. Aunque el espíritu es nuestra meta, la carne es un hecho. De vez en cuando las cosas necesarias para vivir pueden caer en nuestras manos por accidente, pero, en general, debemos trabajar inteligentemente para obtenerlas. Los dos problemas principales de la vida son: ganarse el sustento temporal y lograr la supervivencia eterna. E incluso el problema de ganarse el sustento requiere la religión para su solución ideal. Ambos son problemas sumamente personales. La verdadera religión, de hecho, no funciona separada del individuo.

160:4.2Lo esencial de la vida temporal, tal como yo lo veo, es lo siguiente:

160:4.31. Buena salud física.

160:4.42. Pensamiento claro y limpio.

160:4.53. Aptitud y destreza.

160:4.64. Riqueza —los bienes de la vida.

160:4.75. Capacidad para resistir la derrota.

160:4.86. Cultura —educación y sabiduría.

160:4.9Incluso los problemas físicos de la salud y la eficiencia corporales se resuelven mejor cuando se contemplan desde el punto de vista religioso de la enseñanza de nuestro Maestro: que el cuerpo y la mente del hombre son la morada del don de los Dioses, al convertirse el espíritu de Dios en el espíritu del hombre. La mente del hombre se convierte así en la mediadora entre las cosas materiales y las realidades espirituales.

160:4.10Se requiere inteligencia para asegurarse la parte que a uno le corresponde de las cosas deseables de la vida. Es totalmente erróneo suponer que la fidelidad en hacer el trabajo diario asegurará las recompensas de la riqueza. Salvo la adquisición ocasional y accidental de riqueza, se observa que las recompensas materiales de la vida temporal fluyen por ciertos canales bien organizados, y solo quienes tienen acceso a estos canales pueden esperar ser bien recompensados por sus esfuerzos temporales. La pobreza debe ser siempre la suerte de todos los hombres que buscan la riqueza por canales aislados e individuales. La planificación sabia, por tanto, se convierte en lo único esencial para la prosperidad mundana. El éxito requiere no solo dedicación al propio trabajo, sino también que uno funcione como parte de alguno de los canales de la riqueza material. Si no son sabios, pueden entregar una vida de dedicación a su generación sin recompensa material; si son beneficiarios accidentales del flujo de la riqueza, pueden vivir rodeados de lujo aunque no hayan hecho nada que valga la pena por sus semejantes.

160:4.11La aptitud es lo que se hereda, mientras que la destreza es lo que se adquiere. La vida no es real para quien no sabe hacer bien, con pericia, alguna cosa. La destreza es una de las verdaderas fuentes de la satisfacción de vivir. La aptitud implica el don de la previsión, de la visión de largo alcance. No se dejen engañar por las tentadoras recompensas del logro deshonesto; estén dispuestos a esforzarse por los beneficios posteriores inherentes al esfuerzo honesto. El hombre sabio es capaz de distinguir entre los medios y los fines; de lo contrario, a veces el exceso de planificación para el futuro frustra su propio elevado propósito. Como buscadores de placer, deben aspirar siempre a ser productores además de consumidores.

160:4.12Entrenen su memoria para guardar como un depósito sagrado los episodios de la vida que dan fuerza y que valen la pena, los cuales pueden recordar a voluntad para su placer y edificación. Construyan así para ustedes y en ustedes mismos galerías de reserva de belleza, bondad y grandeza artística. Pero los más nobles de todos los recuerdos son las memorias atesoradas de los grandes momentos de una amistad excelente. Y todos estos tesoros de la memoria irradian sus influencias más preciosas y exaltadoras bajo el toque liberador de la adoración espiritual.

160:4.13Pero la vida se convertirá en una carga de la existencia a menos que aprendan a fracasar con elegancia. Hay un arte en la derrota que las almas nobles siempre adquieren; deben saber perder con alegría; no deben temer la decepción. Nunca duden en admitir el fracaso. No intenten ocultar el fracaso bajo sonrisas engañosas y un optimismo radiante. Suena bien proclamar siempre el éxito, pero los resultados finales son espantosos. Tal técnica lleva directamente a la creación de un mundo de irrealidad y al inevitable derrumbe de la desilusión final.

160:4.14El éxito puede generar valor y fomentar la confianza, pero la sabiduría solo procede de las experiencias de adaptación a los resultados de los propios fracasos. Los hombres que prefieren las ilusiones optimistas a la realidad nunca pueden llegar a ser sabios. Solo quienes afrontan los hechos y los ajustan a los ideales pueden alcanzar la sabiduría. La sabiduría abarca tanto el hecho como el ideal, y por eso salva a sus devotos de ambos extremos estériles de la filosofía —el hombre cuyo idealismo excluye los hechos y el materialista que carece de perspectiva espiritual. Esas almas tímidas que solo pueden mantener la lucha de la vida con la ayuda de continuas falsas ilusiones de éxito están condenadas a sufrir el fracaso y a experimentar la derrota cuando finalmente despierten del mundo de ensueño de sus propias imaginaciones.

160:4.15Y es en esta tarea de afrontar el fracaso y adaptarse a la derrota donde la visión de largo alcance de la religión ejerce su influencia suprema. El fracaso es simplemente un episodio educativo —un experimento cultural en la adquisición de sabiduría— en la experiencia del hombre que busca a Dios y que se ha embarcado en la aventura eterna de la exploración de un universo. Para tales hombres, la derrota no es más que una nueva herramienta para alcanzar niveles superiores de la realidad del universo.

160:4.16La carrera de un hombre que busca a Dios puede resultar un gran éxito a la luz de la eternidad, aun cuando todo el proyecto de la vida temporal pueda parecer un fracaso abrumador, siempre que cada fracaso de la vida haya producido la cultura de la sabiduría y el logro espiritual. No cometan el error de confundir el conocimiento, la cultura y la sabiduría. Están relacionados en la vida, pero representan valores espirituales muy diferentes; la sabiduría siempre domina el conocimiento y siempre glorifica la cultura.

5. La religión del ideal

160:5.1Ustedes me han dicho que su Maestro considera la religión humana genuina como la experiencia del individuo con las realidades espirituales. Yo he considerado la religión como la experiencia del hombre de reaccionar ante algo que él considera digno del homenaje y de la devoción de toda la humanidad. En este sentido, la religión simboliza nuestra devoción suprema a aquello que representa nuestro concepto más elevado de los ideales de la realidad y el alcance más lejano de nuestra mente hacia las posibilidades eternas de logro espiritual.

160:5.2Cuando los hombres reaccionan ante la religión en el sentido tribal, nacional o racial, es porque consideran a los que están fuera de su grupo como no verdaderamente humanos. Siempre consideramos el objeto de nuestra lealtad religiosa como digno de la reverencia de todos los hombres. La religión nunca puede ser una cuestión de mera creencia intelectual o de razonamiento filosófico; la religión es siempre y para siempre una manera de reaccionar ante las situaciones de la vida; es una especie de conducta. La religión abarca el pensar, el sentir y el actuar con reverencia hacia alguna realidad que consideramos digna de adoración universal.

160:5.3Si algo se ha convertido en una religión en su experiencia, es evidente por sí mismo que ustedes ya se han convertido en evangelistas activos de esa religión, puesto que consideran que el concepto supremo de su religión es digno de la adoración de toda la humanidad, de todas las inteligencias del universo. Si no son evangelistas positivos y misioneros de su religión, se engañan a sí mismos, pues lo que llaman religión es solo una creencia tradicional o un mero sistema de filosofía intelectual. Si su religión es una experiencia espiritual, su objeto de adoración debe ser la realidad espiritual universal y el ideal de todos sus conceptos espiritualizados. Todas las religiones basadas en el temor, la emoción, la tradición y la filosofía las llamo religiones intelectuales, mientras que a las basadas en una verdadera experiencia espiritual las llamaría religiones verdaderas. El objeto de la devoción religiosa puede ser material o espiritual, verdadero o falso, real o irreal, humano o divino. Por tanto, las religiones pueden ser buenas o malas.

160:5.4La moralidad y la religión no son necesariamente lo mismo. Un sistema de moral, al captar un objeto de adoración, puede convertirse en una religión. Una religión, al perder su apelación universal a la lealtad y a la devoción suprema, puede evolucionar hasta convertirse en un sistema de filosofía o en un código de moral. Esta cosa, ser, estado u orden de existencia, o posibilidad de logro, que constituye el ideal supremo de la lealtad religiosa, y que es el receptor de la devoción religiosa de los que adoran, es Dios. Sea cual sea el nombre que se dé a este ideal de realidad espiritual, es Dios.

160:5.5Las características sociales de una religión verdadera consisten en el hecho de que invariablemente busca convertir al individuo y transformar el mundo. La religión implica la existencia de ideales no descubiertos que trascienden con mucho las normas conocidas de la ética y la moralidad, incorporadas incluso en los usos sociales más elevados de las instituciones más maduras de la civilización. La religión se extiende hacia ideales no descubiertos, realidades inexploradas, valores sobrehumanos, sabiduría divina y verdadero logro espiritual. La verdadera religión hace todo esto; todas las demás creencias no son dignas de ese nombre. No pueden tener una religión espiritual genuina sin el ideal supremo y excelso de un Dios eterno. Una religión sin este Dios es una invención del hombre, una institución humana de creencias intelectuales sin vida y de ceremonias emocionales sin sentido. Una religión podría reclamar como objeto de su devoción un gran ideal. Pero tales ideales de irrealidad no son alcanzables; tal concepto es ilusorio. Los únicos ideales susceptibles de ser alcanzados por el hombre son las realidades divinas de los valores infinitos que residen en el hecho espiritual del Dios eterno.

160:5.6La palabra Dios, la idea de Dios en contraste con el ideal de Dios, puede llegar a formar parte de cualquier religión, por pueril o falsa que esa religión pueda ser. Y esta idea de Dios puede llegar a ser cualquier cosa que quienes la sostienen decidan hacer de ella. Las religiones inferiores moldean sus ideas de Dios para satisfacer el estado natural del corazón humano; las religiones superiores exigen que el corazón humano cambie para satisfacer las exigencias de los ideales de la verdadera religión.

160:5.7La religión de Jesús trasciende todos nuestros conceptos anteriores de la idea de la adoración, porque él no solo presenta a su Padre como el ideal de la realidad infinita, sino que declara positivamente que esta fuente divina de valores y centro eterno del universo es verdadera y personalmente alcanzable por toda criatura mortal que elija entrar en el reino de los cielos en la tierra, reconociendo así la aceptación de la filiación con Dios y de la fraternidad con el hombre. Ese es, a mi juicio, el concepto más elevado de la religión que el mundo haya conocido jamás, y declaro que nunca podrá haber uno más elevado, puesto que este evangelio abarca la infinitud de las realidades, la divinidad de los valores y la eternidad de los logros universales. Tal concepto constituye el logro de la experiencia del idealismo de lo supremo y de lo último.

160:5.8No solo me fascinan los ideales consumados de esta religión de su Maestro, sino que me siento poderosamente movido a profesar mi creencia en su anuncio de que estos ideales de las realidades espirituales son alcanzables; que ustedes y yo podemos emprender esta larga y eterna aventura con la seguridad que él da de la certeza de nuestra llegada final a los portales del Paraíso. Hermanos míos, soy creyente, me he embarcado; voy en camino con ustedes en esta empresa eterna. El Maestro dice que vino del Padre, y que nos mostrará el camino. Estoy plenamente persuadido de que dice la verdad. Estoy finalmente convencido de que no hay ideales alcanzables de realidad ni valores de perfección fuera del eterno Padre Universal.

160:5.9Vengo, pues, a adorar no solo al Dios de las existencias, sino al Dios de la posibilidad de todas las existencias futuras. Por tanto, su devoción a un ideal supremo, si ese ideal es real, debe ser devoción a este Dios de los universos pasados, presentes y futuros de cosas y seres. Y no hay otro Dios, porque no puede haber de ningún modo otro Dios. Todos los demás dioses son ficciones de la imaginación, ilusiones de la mente mortal, distorsiones de la lógica falsa y los ídolos autoengañosos de quienes los crean. Sí, pueden tener una religión sin este Dios, pero no significa nada. Y si tratan de sustituir la realidad de este ideal del Dios vivo por la palabra Dios, solo se han engañado a sí mismos al poner una idea en el lugar de un ideal, de una realidad divina. Tales creencias son meramente religiones de la fantasía de los deseos.

160:5.10Veo en las enseñanzas de Jesús la religión en su mejor expresión. Este evangelio nos permite buscar al Dios verdadero y encontrarlo. Pero ¿estamos dispuestos a pagar el precio de esta entrada en el reino de los cielos? ¿Estamos dispuestos a nacer de nuevo?, ¿a ser rehechos? ¿Estamos dispuestos a someternos a este terrible y probatorio proceso de destrucción del yo y de reconstrucción del alma? ¿No ha dicho el Maestro: «El que quiera salvar su vida debe perderla. No piensen que he venido a traer paz, sino más bien una lucha del alma»? Es verdad que, después de pagar el precio de la dedicación a la voluntad del Padre, experimentamos una gran paz, siempre que continuemos caminando por estas sendas espirituales de una vida consagrada.

160:5.11Ahora sí estamos abandonando de verdad los atractivos del orden conocido de la existencia, mientras dedicamos sin reservas nuestra búsqueda a los atractivos del orden desconocido e inexplorado de la existencia de una vida futura de aventura en los mundos del espíritu del idealismo superior de la realidad divina. Y buscamos aquellos símbolos de significado con los cuales transmitir a nuestros semejantes estos conceptos de la realidad del idealismo de la religión de Jesús, y no dejaremos de orar por el día en que toda la humanidad se estremezca con la visión común de esta verdad suprema. Por ahora, nuestro concepto focalizado del Padre, tal como lo tenemos en nuestro corazón, es que Dios es espíritu; tal como lo transmitimos a nuestros semejantes, que Dios es amor.

160:5.12La religión de Jesús exige una experiencia viva y espiritual. Otras religiones pueden consistir en creencias tradicionales, sentimientos emocionales, conciencia filosófica y todo eso, pero la enseñanza del Maestro requiere alcanzar niveles efectivos de verdadera progresión espiritual.

160:5.13La conciencia del impulso de ser semejante a Dios no es verdadera religión. Los sentimientos de la emoción de adorar a Dios no son verdadera religión. El conocimiento de la convicción de abandonar el yo y servir a Dios no es verdadera religión. La sabiduría del razonamiento de que esta religión es la mejor de todas no es la religión como experiencia personal y espiritual. La verdadera religión se refiere al destino y a la realidad del logro, así como a la realidad y al idealismo de aquello que se acepta por la fe de todo corazón. Y todo esto debe hacérsenos personal mediante la revelación del Espíritu de la Verdad.

160:5.14Y así llegaron a su fin las disertaciones de aquel filósofo griego, uno de los más grandes de su raza, que había llegado a creer en el evangelio de Jesús.

Documento 160

Rodan de Alejandría