Parte IV · Documento 159
La gira por la Decápolis
159:0.1CUANDO Jesús y los doce llegaron al parque de Magadán, encontraron que los esperaba un grupo de casi cien evangelistas y discípulos, incluido el cuerpo de mujeres, y estaban listos para comenzar de inmediato la gira de enseñanza y predicación por las ciudades de la Decápolis.
159:0.2Este jueves por la mañana, 18 de agosto, el Maestro reunió a sus seguidores y dispuso que cada uno de los apóstoles se asociara con uno de los doce evangelistas, y que, junto con otros de los evangelistas, salieran en doce grupos a trabajar en las ciudades y aldeas de la Decápolis. Al cuerpo de mujeres y a otros de los discípulos les indicó que permanecieran con él. Jesús asignó cuatro semanas a esta gira y dio instrucciones a sus seguidores de que regresaran a Magadán no más tarde del viernes 16 de septiembre. Prometió visitarlos a menudo durante este tiempo. En el transcurso de este mes, estos doce grupos trabajaron en Gerasa, Gamala, Hipos, Zafón, Gadara, Abila, Edrei, Filadelfia, Hesbón, Dium, Escitópolis y muchas otras ciudades. Durante toda esta gira no hubo milagros de curación ni otros sucesos extraordinarios.
1. El sermón sobre el perdón
159:1.1Cierta noche en Hipos, para contestar lo que un discípulo le había preguntado, Jesús impartió la lección acerca del perdón. Estas fueron las palabras del Maestro:
159:1.2«Si un hombre de buen corazón tiene cien ovejas y una de ellas se extravía, ¿no deja enseguida las noventa y nueve y sale a buscar la que se ha extraviado? Y si es un buen pastor, ¿no seguirá buscando la oveja perdida hasta encontrarla? Y entonces, cuando el pastor ha encontrado su oveja perdida, la pone sobre sus hombros y, al volver a casa lleno de alegría, llama a sus amigos y vecinos: “Alégrense conmigo, porque he encontrado mi oveja que estaba perdida”. Yo les declaro que hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve personas justas que no necesitan arrepentimiento. Del mismo modo, no es la voluntad de mi Padre que está en el cielo que uno de estos pequeños se extravíe, y mucho menos que perezca. En la religión de ustedes, Dios puede recibir a los pecadores arrepentidos; en el evangelio del reino, el Padre sale a buscarlos incluso antes de que hayan pensado seriamente en arrepentirse.
159:1.3«El Padre que está en el cielo ama a sus hijos, y por eso deben ustedes aprender a amarse unos a otros; el Padre que está en el cielo les perdona sus pecados; por eso deben aprender a perdonarse unos a otros. Si su hermano peca contra ustedes, vayan a él y, con tacto y paciencia, muéstrenle su falta. Y hagan todo esto entre ustedes y él a solas. Si los escucha, entonces habrán ganado a su hermano. Pero si su hermano no quiere escucharlos, si persiste en el error de su camino, vayan otra vez a él, llevando consigo a uno o dos amigos comunes, para tener así dos o incluso tres testigos que confirmen su testimonio y establezcan el hecho de que han tratado con justicia y misericordia a su hermano ofensor. Ahora bien, si se niega a escuchar a sus hermanos, pueden contar toda la historia a la congregación, y entonces, si se niega a escuchar a la fraternidad, que esta tome las medidas que juzgue prudentes; que un miembro tan rebelde quede excluido del reino. Aunque no pueden pretender sentarse a juzgar las almas de sus semejantes, y aunque no pueden perdonar pecados ni presumir de otro modo de usurpar las prerrogativas de los supervisores de las huestes celestiales, al mismo tiempo se ha puesto en sus manos el deber de mantener el orden temporal en el reino en la tierra. Aunque no pueden entrometerse en los decretos divinos sobre la vida eterna, ustedes determinarán las cuestiones de conducta en lo que toca al bienestar temporal de la fraternidad en la tierra. Y así, en todos estos asuntos relacionados con la disciplina de la fraternidad, todo lo que ustedes decreten en la tierra será reconocido en el cielo. Aunque no pueden determinar el destino eterno del individuo, pueden legislar sobre la conducta del grupo, porque, donde dos o tres de ustedes se pongan de acuerdo sobre cualquiera de estas cosas y me lo pidan, se les concederá si su petición no es contraria a la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Y todo esto es siempre verdad, porque, donde dos o tres creyentes están reunidos, allí estoy yo en medio de ellos».
159:1.4Simón Pedro era el apóstol a cargo de los trabajadores en Hipos, y cuando oyó hablar así a Jesús, preguntó: «Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí y yo lo perdonaré? ¿Hasta siete veces?». Y Jesús respondió a Pedro: «No solo siete veces, sino incluso hasta setenta veces y siete. Por eso el reino de los cielos puede compararse a cierto rey que ordenó hacer cuentas con sus administradores. Y cuando habían comenzado a realizar este examen de las cuentas, trajeron ante él a uno de sus principales servidores, que confesó que debía a su rey diez mil talentos. Este funcionario de la corte del rey alegó que le habían llegado tiempos difíciles y que no tenía con qué pagar esta deuda. Y así el rey ordenó que se confiscaran sus bienes y que se vendiera a sus hijos para pagar su deuda. Cuando este administrador principal oyó este severo decreto, cayó rostro en tierra ante el rey y le suplicó que tuviera misericordia y le concediera más tiempo, diciendo: “Señor, tenga un poco más de paciencia conmigo, y se lo pagaré todo”. Y cuando el rey miró a este siervo negligente y a su familia, se movió a compasión. Ordenó que lo dejaran libre y que se le perdonara por completo el préstamo.
159:1.5«Y este administrador principal, después de recibir así misericordia y perdón de manos del rey, siguió con sus asuntos, y al encontrar a uno de los administradores que estaban bajo sus órdenes, que le debía apenas cien denarios, lo agarró y, tomándolo por el cuello, le dijo: “Págame todo lo que me debes”. Entonces este compañero administrador cayó ante el administrador principal y, suplicándole, le dijo: “Ten solo paciencia conmigo, y pronto podré pagarte”. Pero el administrador principal no quiso tener misericordia de su compañero, sino que lo hizo echar en la cárcel hasta que pagara su deuda. Cuando sus compañeros de servicio vieron lo que había sucedido, se afligieron tanto que fueron y se lo contaron a su señor y amo, el rey. Cuando el rey supo lo que había hecho su administrador principal, llamó ante sí a este hombre ingrato e incapaz de perdonar y le dijo: “Eres un administrador malvado e indigno. Cuando pediste compasión, te perdoné de buena gana toda tu deuda. ¿Por qué no tuviste tú también misericordia de tu compañero, así como yo tuve misericordia de ti?”. Y el rey se enojó tanto que entregó a su ingrato administrador principal a los carceleros para que lo retuvieran hasta que hubiera pagado todo lo que debía. Y así también mi Padre celestial mostrará una misericordia más abundante a quienes muestran misericordia de buena gana a sus semejantes. ¿Cómo pueden acercarse a Dios pidiendo consideración por sus faltas cuando acostumbran castigar a sus hermanos por ser culpables de estas mismas flaquezas humanas? Les digo a todos ustedes: gratuitamente han recibido las cosas buenas del reino; por lo tanto, den gratuitamente a sus semejantes en la tierra».
159:1.6Así enseñó Jesús los peligros de sentarse a juzgar personalmente a los semejantes y mostró su inequidad. Hay que mantener la disciplina y administrar la justicia, pero en todos estos asuntos debe prevalecer la sabiduría de la fraternidad. Jesús confirió la autoridad legislativa y judicial al grupo, no al individuo. Incluso esta autoridad conferida al grupo no debe ejercerse como autoridad personal. Siempre existe el peligro de que el veredicto de un individuo quede torcido por el prejuicio o deformado por la pasión. El juicio del grupo tiene más probabilidades de eliminar los peligros y suprimir la inequidad de la parcialidad personal. Jesús procuró siempre reducir al mínimo los elementos de inequidad, represalia y venganza.
159:1.7[El uso del término setenta y siete como ejemplo de misericordia y paciencia procede de las Escrituras que se refieren al júbilo de Lamec a causa de las armas de metal de su hijo Tubal-caín, quien, al comparar estos instrumentos superiores con los de sus enemigos, exclamó: «Si Caín, sin un arma en la mano, fue vengado siete veces, ahora yo seré vengado setenta y siete».]
2. El predicador extraño
159:2.1Jesús fue a Gamala para visitar a Juan y a quienes trabajaban con él en ese lugar. Esa noche, después de la sesión de preguntas y respuestas, Juan dijo a Jesús: «Maestro, ayer fui a Astarot a ver a un hombre que enseñaba en tu nombre y que incluso afirmaba poder expulsar diablos. Este hombre nunca había estado con nosotros, ni nos sigue; por eso le prohibí hacer tales cosas». Entonces dijo Jesús: «No se lo prohíbas. ¿No percibes que este evangelio del reino pronto será proclamado en todo el mundo? ¿Cómo puedes esperar que todos los que crean en el evangelio estén sujetos a tu dirección? Alégrate de que nuestra enseñanza ya haya comenzado a manifestarse más allá de los límites de nuestra influencia personal. ¿No ves, Juan, que quienes dicen hacer grandes obras en mi nombre tendrán que apoyar con el tiempo nuestra causa? Ciertamente no se apresurarán a hablar mal de mí. Hijo mío, en asuntos de esta clase sería mejor que consideraras que el que no está contra nosotros está a favor de nosotros. En las generaciones futuras, muchos que no son del todo dignos harán muchas cosas extrañas en mi nombre, pero no se lo prohibiré. Te digo que, incluso cuando se da un vaso de agua fría a un alma sedienta, los mensajeros del Padre dejarán siempre constancia de ese servicio de amor».
159:2.2Esta instrucción dejó muy perplejo a Juan. ¿No había oído al Maestro decir: «El que no está conmigo está contra mí»? Y no percibía que en este caso Jesús se refería a la relación personal del hombre con las enseñanzas espirituales del reino, mientras que en el otro caso se hacía referencia a las relaciones sociales externas y de gran alcance de los creyentes en cuanto a las cuestiones del control administrativo y de la jurisdicción de un grupo de creyentes sobre el trabajo de otros grupos que con el tiempo compondrían la futura fraternidad mundial.
159:2.3Pero Juan contó muchas veces esta experiencia en relación con sus trabajos posteriores en favor del reino. Sin embargo, muchas veces los apóstoles se ofendieron con quienes se atrevían a enseñar en nombre del Maestro. Siempre les pareció inapropiado que quienes nunca se habían sentado a los pies de Jesús se atrevieran a enseñar en su nombre.
159:2.4Este hombre a quien Juan prohibió enseñar y obrar en nombre de Jesús no hizo caso de la orden del apóstol. Siguió adelante con sus esfuerzos y formó una considerable compañía de creyentes en Kanata antes de proseguir hacia Mesopotamia. Este hombre, Aden, había llegado a creer en Jesús por el testimonio del demente a quien Jesús curó cerca de Kheresa, y que creía con tanta confianza que los supuestos espíritus malignos que el Maestro expulsó de él entraron en la piara de cerdos y la arrastraron de cabeza por el acantilado hasta su destrucción.
3. Instrucciones para maestros y creyentes
159:3.1En Edrei, donde trabajaban Tomás y sus asociados, Jesús pasó un día y una noche y, en el curso de la conversación de la noche, expresó los principios que deben guiar a quienes predican la verdad y que deben impulsar a todos los que enseñan el evangelio del reino. En forma resumida y expresada de nuevo en lenguaje moderno, Jesús enseñó:
159:3.2Respeten siempre la personalidad del hombre. Jamás debe promoverse una causa justa por la fuerza; las victorias espirituales solo pueden ganarse con poder espiritual. Esta prohibición de emplear influencias materiales se refiere tanto a la fuerza psíquica como a la fuerza física. No se deben emplear argumentos abrumadores ni la superioridad mental para obligar a hombres y mujeres a entrar en el reino. La mente del hombre no debe ser aplastada por el simple peso de la lógica ni intimidada por una elocuencia astuta. Aunque la emoción, como factor de las decisiones humanas, no puede eliminarse por completo, no se debe apelar directamente a ella en las enseñanzas de quienes quieran hacer avanzar la causa del reino. Dirijan sus llamamientos directamente al espíritu divino que mora en la mente de los hombres. No apelen al miedo, a la lástima ni al mero sentimiento. Al apelar a los hombres, sean equitativos; ejerzan el dominio de sí mismos y muestren la debida moderación; muestren el respeto debido a la personalidad de sus alumnos. Recuerden que he dicho: «Miren, estoy a la puerta y llamo, y si alguien abre, entraré».
159:3.3Al traer a los hombres al reino, no disminuyan ni destruyan su respeto propio. Aunque un respeto propio excesivo puede destruir la debida humildad y terminar en orgullo, engreimiento y arrogancia, la pérdida del respeto propio termina a menudo en la parálisis de la voluntad. El propósito de este evangelio es devolver el respeto propio a quienes lo han perdido y moderarlo en quienes lo tienen. No cometan el error de limitarse a condenar lo malo en la vida de sus alumnos; recuerden también reconocer con generosidad lo más digno de alabanza en sus vidas. No olviden que no me detendré ante nada para devolver el respeto propio a quienes lo han perdido y que de verdad desean recuperarlo.
159:3.4Cuiden de no herir el respeto propio de las almas tímidas y temerosas. No se permitan el sarcasmo a costa de mis hermanos sencillos. No sean cínicos con mis hijos dominados por el miedo. La ociosidad destruye el respeto propio; por eso, exhorten a sus hermanos a mantenerse siempre ocupados en las tareas que han elegido, y hagan todo lo posible por conseguir trabajo a quienes se encuentran sin empleo.
159:3.5Nunca sean culpables de tácticas tan indignas como intentar asustar a hombres y mujeres para que entren en el reino. Un padre amoroso no asusta a sus hijos para que obedezcan sus justas exigencias.
159:3.6Algún día los hijos del reino se darán cuenta de que los sentimientos de fuerte emoción no equivalen a las orientaciones del espíritu divino. Sentirse impulsado con fuerza y de manera extraña a hacer algo o a ir a cierto lugar no significa necesariamente que tales impulsos sean orientaciones del espíritu que mora en el interior.
159:3.7Adviertan de antemano a todos los creyentes sobre la franja de conflicto que deben atravesar todos los que pasan de la vida tal como se vive en la carne a la vida superior tal como se vive en el espíritu. Para quienes viven casi por completo dentro de uno u otro dominio, hay poco conflicto o confusión, pero todos están condenados a experimentar mayor o menor incertidumbre durante los tiempos de transición entre los dos niveles de vida. Al entrar en el reino, no pueden escapar de sus responsabilidades ni eludir sus obligaciones, pero recuerden: el yugo del evangelio es suave y la carga de la verdad es ligera.
159:3.8El mundo está lleno de almas hambrientas que pasan hambre en la presencia misma del pan de vida; los hombres mueren buscando al mismo Dios que vive en ellos. Los hombres buscan los tesoros del reino con corazones anhelantes y pies cansados cuando todos ellos están al alcance inmediato de la fe viva. La fe es a la religión lo que las velas son a un barco; es un aumento de poder, no una carga añadida a la vida. Para quienes entran en el reino solo hay una lucha, y es pelear el buen combate de la fe. El creyente tiene una sola batalla, y es contra la duda —la incredulidad.
159:3.9Al predicar el evangelio del reino, simplemente enseñan la amistad con Dios. Y este compañerismo atraerá por igual a hombres y mujeres, ya que ambos encontrarán lo que más verdaderamente satisface sus anhelos e ideales característicos. Digan a mis hijos que no solo soy tierno con sus sentimientos y paciente con sus flaquezas, sino que también soy despiadado con el pecado e intolerante con la iniquidad. Soy en verdad manso y humilde en la presencia de mi Padre, pero soy igual e implacablemente inexorable cuando hay maldad deliberada y rebelión pecaminosa contra la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
159:3.10No deben presentar a su maestro como un hombre de dolores. Las generaciones futuras conocerán también el resplandor de nuestra alegría, la vivacidad de nuestra buena voluntad y la inspiración de nuestro buen humor. Proclamamos un mensaje de buenas nuevas que es contagioso en su poder transformador. Nuestra religión palpita con vida nueva y con nuevos significados. Quienes aceptan esta enseñanza se llenan de alegría y en su corazón se sienten impulsados a regocijarse siempre. Una felicidad creciente es siempre la experiencia de todos los que tienen certeza de Dios.
159:3.11Enseñen a todos los creyentes a evitar apoyarse en los soportes inseguros de la falsa compasión. No pueden desarrollar caracteres fuertes a partir de la complacencia en la autocompasión; procuren honestamente evitar la influencia engañosa del mero compañerismo en la desdicha. Brinden compasión a los valientes y animosos, mientras niegan una lástima excesiva a esas almas cobardes que solo a medias hacen frente a las pruebas de la vida. No ofrezcan consuelo a quienes se rinden ante sus problemas sin luchar. No se compadezcan de sus semejantes solo para que ellos, a su vez, se compadezcan de ustedes.
159:3.12Cuando mis hijos tomen conciencia por sí mismos de la seguridad de la presencia divina, esa fe expandirá la mente, ennoblecerá el alma, reforzará la personalidad, aumentará la felicidad, hará más profunda la percepción espiritual y acrecentará el poder de amar y de ser amado.
159:3.13Enseñen a todos los creyentes que quienes entran en el reino no quedan por ello inmunes a los accidentes del tiempo ni a las catástrofes ordinarias de la naturaleza. Creer en el evangelio no impedirá que tengan dificultades, pero sí asegurará que estén sin temor cuando las dificultades los alcancen. Si se atreven a creer en mí y se disponen de todo corazón a seguirme, con toda certeza, al hacerlo, entrarán en el camino seguro hacia las dificultades. No prometo librarlos de las aguas de la adversidad, pero sí prometo atravesarlas todas con ustedes.
159:3.14Y mucho más enseñó Jesús a este grupo de creyentes antes de que se prepararan para el sueño de la noche. Y quienes oyeron estos dichos los guardaron en su corazón y los recitaron a menudo para edificación de los apóstoles y discípulos que no estaban presentes cuando fueron pronunciados.
4. La conversación con Natanael
159:4.1Y luego fue Jesús a Abila, donde trabajaban Natanael y sus asociados. A Natanael le inquietaban mucho algunas declaraciones de Jesús que parecían restar autoridad a las escrituras hebreas reconocidas. Por eso, esa noche, después del período habitual de preguntas y respuestas, Natanael apartó a Jesús de los demás y le preguntó: «Maestro, ¿podrías confiar en mí para conocer la verdad sobre las Escrituras? Observo que nos enseñas solo una parte de los escritos sagrados —la mejor, a mi parecer—, y deduzco que rechazas las enseñanzas de los rabinos según las cuales las palabras de la ley son las palabras mismas de Dios, que estuvieron con Dios en el cielo incluso antes de los tiempos de Abraham y de Moisés. ¿Cuál es la verdad sobre las Escrituras?». Cuando Jesús oyó la pregunta de su desconcertado apóstol, respondió:
159:4.2«Natanael, has juzgado bien; no considero las Escrituras como las consideran los rabinos. Hablaré contigo de este asunto con la condición de que no cuentes estas cosas a tus hermanos, que no están todos preparados para recibir esta enseñanza. Las palabras de la ley de Moisés y las enseñanzas de las Escrituras no existían antes de Abraham. Solo en tiempos recientes se han reunido las Escrituras tal como las tenemos ahora. Aunque contienen lo mejor de los pensamientos y anhelos más elevados del pueblo judío, contienen también mucho que está lejos de representar el carácter y las enseñanzas del Padre que está en el cielo; por eso debo escoger, entre las mejores enseñanzas, aquellas verdades que han de recogerse para el evangelio del reino.
159:4.3«Estos escritos son obra de hombres, algunos de ellos hombres santos, otros no tan santos. Las enseñanzas de estos libros representan las opiniones y el grado de iluminación de los tiempos en que tuvieron su origen. Como revelación de la verdad, los últimos son más fiables que los primeros. Las Escrituras tienen defectos y son de origen totalmente humano, pero no te equivoques: sí constituyen la mejor colección de sabiduría religiosa y de verdad espiritual que puede encontrarse en todo el mundo en este tiempo.
159:4.4«Muchos de estos libros no fueron escritos por las personas cuyos nombres llevan, pero eso de ningún modo resta valor a las verdades que contienen. Si la historia de Jonás no fuera un hecho, aun si Jonás nunca hubiera vivido, la verdad profunda de este relato, el amor de Dios por Nínive y por los llamados paganos, no sería menos preciosa a los ojos de todos los que aman a sus semejantes. Las Escrituras son sagradas porque presentan los pensamientos y los actos de hombres que buscaban a Dios y que en estos escritos dejaron constancia de sus conceptos más elevados de rectitud, verdad y santidad. Las Escrituras contienen mucho que es verdadero, muchísimo, pero a la luz de tu enseñanza actual, sabes que estos escritos contienen también mucho que representa mal al Padre que está en el cielo, el Dios amoroso a quien he venido a revelar a todos los mundos.
159:4.5«Natanael, nunca te permitas creer ni por un momento los relatos de las Escrituras que te dicen que el Dios de amor ordenó a tus antepasados salir a la batalla para matar a todos sus enemigos —hombres, mujeres y niños. Tales relatos son palabras de hombres, de hombres no muy santos, y no son la palabra de Dios. Las Escrituras siempre han reflejado, y siempre reflejarán, el estado intelectual, moral y espiritual de quienes las crean. ¿No has notado que los conceptos de Yahvé crecen en belleza y gloria a medida que los profetas hacen sus relatos desde Samuel hasta Isaías? Y debes recordar que las Escrituras están destinadas a la instrucción religiosa y a la orientación espiritual. No son obras ni de historiadores ni de filósofos.
159:4.6«Lo más deplorable no es solo esta idea errónea de la perfección absoluta del relato de las Escrituras y de la infalibilidad de sus enseñanzas, sino más bien la interpretación equivocada y confusa de estos escritos sagrados por parte de los escribas y fariseos de Jerusalén, esclavos de la tradición. Y ahora emplearán tanto la doctrina de la inspiración de las Escrituras como sus interpretaciones equivocadas de ellas en su decidido esfuerzo por oponerse a estas enseñanzas más nuevas del evangelio del reino. Natanael, nunca olvides que el Padre no limita la revelación de la verdad a ninguna generación ni a ningún pueblo. Muchos buscadores sinceros de la verdad han sido, y seguirán siendo, confundidos y desalentados por estas doctrinas de la perfección de las Escrituras.
159:4.7«La autoridad de la verdad es el espíritu mismo que mora en sus manifestaciones vivas, y no las palabras muertas de los hombres menos iluminados y supuestamente inspirados de otra generación. Y aunque estos hombres santos de otros tiempos vivieran vidas inspiradas y llenas del espíritu, eso no significa que sus palabras estuvieran igualmente inspiradas en lo espiritual. Hoy no dejamos ningún registro escrito de las enseñanzas de este evangelio del reino, no sea que, cuando yo me haya ido, se dividan pronto en diversos grupos de contendientes por la verdad como resultado de la diversidad de sus interpretaciones de mis enseñanzas. Para esta generación es mejor que vivamos estas verdades mientras evitamos hacer registros escritos.
159:4.8«Fíjate bien en mis palabras, Natanael: nada que la naturaleza humana haya tocado puede considerarse infalible. A través de la mente del hombre puede ciertamente brillar la verdad divina, pero siempre con una pureza relativa y una divinidad parcial. La criatura puede anhelar la infalibilidad, pero solo los Creadores la poseen.
159:4.9«Pero el mayor error de la enseñanza sobre las Escrituras es la doctrina de que son libros sellados de misterio y sabiduría que solo las mentes sabias de la nación se atreven a interpretar. Las revelaciones de la verdad divina no están selladas, salvo por la ignorancia, el fanatismo y la intolerancia estrecha de miras de los hombres. La luz de las Escrituras solo se empaña por el prejuicio y se oscurece por la superstición. Un falso temor a lo sagrado ha impedido que la religión esté protegida por el sentido común. El temor a la autoridad de los escritos sagrados del pasado impide eficazmente que las almas honestas de hoy acepten la nueva luz del evangelio, la luz que estos mismos hombres de otra generación, que conocían a Dios, tanto anhelaban ver.
159:4.10«Pero lo más triste de todo es el hecho de que algunos de los maestros de la santidad de este tradicionalismo conocen esta misma verdad. Entienden más o menos plenamente estas limitaciones de la Escritura, pero son cobardes morales, deshonestos en lo intelectual. Conocen la verdad sobre los escritos sagrados, pero prefieren ocultar al pueblo hechos tan inquietantes. Y así pervierten y deforman las Escrituras, y las convierten en guía de detalles serviles de la vida diaria y en autoridad en cosas no espirituales, en lugar de acudir a los escritos sagrados como depósito de la sabiduría moral, de la inspiración religiosa y de la enseñanza espiritual de los hombres de otras generaciones que conocían a Dios».
159:4.11Natanael quedó iluminado, y conmocionado, por la declaración del Maestro. Meditó largamente esta conversación en lo profundo de su alma, pero no habló a nadie de esta conferencia hasta después de la ascensión de Jesús; e incluso entonces temió comunicar la historia completa de la instrucción del Maestro.
5. El carácter positivo de la religión de Jesús
159:5.1En Filadelfia, donde trabajaba Santiago, Jesús enseñó a los discípulos sobre el carácter positivo del evangelio del reino. Cuando, en el curso de sus comentarios, dio a entender que algunas partes de la Escritura contenían más verdad que otras y exhortó a sus oyentes a alimentar su alma con lo mejor del alimento espiritual, Santiago interrumpió al Maestro y le preguntó: «¿Tendrías la bondad, Maestro, de indicarnos cómo podemos escoger los mejores pasajes de las Escrituras para nuestra edificación personal?». Y Jesús respondió: «Sí, Santiago, cuando leas las Escrituras, busca aquellas enseñanzas eternamente verdaderas y divinamente hermosas, como estas:
159:5.2«Crea en mí un corazón limpio, oh Señor.
159:5.3«El Señor es mi pastor; no careceré de nada.
159:5.4«Debes amar a tu prójimo como a ti mismo.
159:5.5«Porque yo, el Señor tu Dios, tomaré tu mano derecha y te diré: no temas; yo te ayudaré.
159:5.6«Tampoco aprenderán ya las naciones la guerra».
159:5.7Y esto ilustra la manera en que Jesús, día tras día, se apropiaba de lo más selecto de las escrituras hebreas para la instrucción de sus seguidores y para incluirlo en las enseñanzas del nuevo evangelio del reino. Otras religiones habían sugerido la idea de la cercanía de Dios al hombre, pero Jesús hizo que el cuidado de Dios por el hombre fuera como la solicitud de un padre amoroso por el bienestar de sus hijos dependientes, y luego hizo de esta enseñanza la piedra angular de su religión. Y así la doctrina de la paternidad de Dios hizo imperativa la práctica de la fraternidad de los hombres. La adoración de Dios y el servicio al hombre llegaron a ser la suma y la sustancia de su religión. Jesús tomó lo mejor de la religión judía y lo trasladó a un marco digno en las nuevas enseñanzas del evangelio del reino.
159:5.8Jesús infundió el espíritu de la acción positiva en las doctrinas pasivas de la religión judía. En lugar del cumplimiento negativo de requisitos ceremoniales, Jesús ordenó hacer de forma positiva lo que su nueva religión exigía de quienes la aceptaban. La religión de Jesús no consistía solo en creer, sino en hacer efectivamente las cosas que el evangelio exigía. No enseñó que la esencia de su religión consistiera en el servicio social, sino más bien que el servicio social era uno de los efectos seguros de poseer el espíritu de la verdadera religión.
159:5.9Jesús no vacilaba en apropiarse de la mejor mitad de un pasaje de la Escritura mientras repudiaba la parte menor. Su gran exhortación, «Ama a tu prójimo como a ti mismo», la tomó del pasaje de la Escritura que dice: «No te vengarás de los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo». Jesús se apropió de la parte positiva de este pasaje y rechazó la parte negativa. Incluso se opuso a la no resistencia negativa o puramente pasiva. Dijo: «Cuando un enemigo te golpee en una mejilla, no te quedes allí mudo y pasivo, sino que, con actitud positiva, vuelve la otra; es decir, haz activamente lo mejor posible para apartar a tu hermano que está en el error de los malos caminos y llevarlo a los caminos mejores de una vida recta». Jesús exigía a sus seguidores que reaccionaran de manera positiva y enérgica ante toda situación de la vida. Volver la otra mejilla, o cualquier acto que eso pueda representar, exige iniciativa, requiere una expresión vigorosa, activa y valiente de la personalidad del creyente.
159:5.10Jesús no abogaba por la práctica de la sumisión negativa a los ultrajes de quienes pudieran tratar a propósito de aprovecharse de los que practican la no resistencia al mal, sino más bien por que sus seguidores fueran sabios y estuvieran alerta en la reacción rápida y positiva del bien ante el mal, a fin de que pudieran vencer eficazmente el mal con el bien. No olviden que lo verdaderamente bueno es siempre más poderoso que el mal más perverso. El Maestro enseñó una norma positiva de rectitud: «Quien desee ser mi discípulo, que no se tome en cuenta a sí mismo y asuma cada día la plena medida de sus responsabilidades para seguirme». Y él mismo vivió así, pues «anduvo haciendo el bien». Y este aspecto del evangelio quedó bien ilustrado en muchas parábolas que contó más tarde a sus seguidores. Nunca exhortó a sus seguidores a soportar con paciencia sus obligaciones, sino más bien a vivir con energía y entusiasmo a la altura de la plena medida de sus responsabilidades humanas y de sus privilegios divinos en el reino de Dios.
159:5.11Cuando Jesús enseñó a sus apóstoles que, si alguien les quitaba injustamente la capa, ofrecieran la otra prenda, no se refería tanto a una segunda capa literal como a la idea de hacer algo positivo para salvar al malhechor, en lugar del antiguo consejo de tomar represalias —«ojo por ojo», y así sucesivamente. Jesús aborrecía la idea tanto de la represalia como de convertirse simplemente en un sufridor pasivo o en víctima de la injusticia. En esta ocasión les enseñó las tres maneras de enfrentarse al mal y de resistirlo:
159:5.121. Devolver mal por mal —el método positivo pero injusto.
159:5.132. Sufrir el mal sin queja y sin resistencia —el método puramente negativo.
159:5.143. Devolver bien por mal, afirmar la voluntad para llegar a ser dueño de la situación, vencer el mal con el bien —el método positivo y recto.
159:5.15Uno de los apóstoles preguntó una vez: «Maestro, ¿qué debo hacer si un extraño me obliga a llevar su carga una milla?». Jesús respondió: «No te sientes a suspirar por alivio mientras reprendes al extraño en voz baja. La rectitud no proviene de tales actitudes pasivas. Si no se te ocurre nada positivo más eficaz que hacer, al menos puedes llevar la carga una segunda milla. Eso sin duda desafiará al extraño injusto e impío».
159:5.16Los judíos habían oído hablar de un Dios que perdonaría a los pecadores arrepentidos y trataría de olvidar sus malas acciones, pero hasta que vino Jesús los hombres no oyeron hablar de un Dios que salía en busca de las ovejas perdidas, que tomaba la iniciativa de buscar a los pecadores y que se alegraba cuando los encontraba dispuestos a volver a la casa del Padre. Jesús extendió esta nota positiva en la religión incluso a sus oraciones. Y convirtió la regla de oro negativa en una exhortación positiva a la equidad humana.
159:5.17En toda su enseñanza, Jesús evitó invariablemente los detalles que distraen. Rehuía el lenguaje florido y evitaba las meras imágenes poéticas de un juego de palabras. Habitualmente ponía grandes significados en expresiones pequeñas. Para ilustrar, Jesús invirtió los significados corrientes de muchos términos, como sal, levadura, pesca y niños pequeños. Empleó con gran eficacia la antítesis, comparando lo minúsculo con lo infinito, y así sucesivamente. Sus imágenes eran llamativas, como: «Ciegos que guían a ciegos». Pero la mayor fuerza de su enseñanza ilustrativa era su naturalidad. Jesús bajó la filosofía de la religión del cielo a la tierra. Describió las necesidades elementales del alma con un nuevo discernimiento y un nuevo otorgamiento de afecto.
6. El regreso a Magadán
159:6.1El éxito de la misión de cuatro semanas en la Decápolis fue moderado. Fueron recibidas en el reino cientos de almas, y los apóstoles y los evangelistas vivieron una experiencia valiosa al proseguir su labor sin la inspiración de la presencia personal inmediata de Jesús.
159:6.2El viernes 16 de septiembre, todo el cuerpo de trabajadores se reunió, según lo acordado de antemano, en el parque de Magadán. El día de sábado se celebró un consejo de más de cien creyentes, en el que se examinaron a fondo los planes futuros para extender la obra del reino. Los mensajeros de David estaban presentes e informaron sobre el bienestar de los creyentes de toda Judea, Samaria, Galilea y los distritos vecinos.
159:6.3Pocos de los seguidores de Jesús en este tiempo apreciaban plenamente el gran valor de los servicios del cuerpo de mensajeros. Los mensajeros no solo mantenían a los creyentes de toda Palestina en contacto unos con otros y con Jesús y los apóstoles, sino que durante estos días oscuros sirvieron también como recaudadores de fondos, no solo para el sustento de Jesús y sus asociados, sino también para el mantenimiento de las familias de los doce apóstoles y de los doce evangelistas.
159:6.4Por este tiempo, Abner trasladó su base de operaciones de Hebrón a Belén, y este último lugar fue también el cuartel general en Judea de los mensajeros de David. David mantenía un servicio de mensajeros por relevos durante la noche entre Jerusalén y Betsaida. Estos corredores salían de Jerusalén cada tarde, se relevaban en Sicar y Escitópolis, y llegaban a Betsaida a la hora del desayuno de la mañana siguiente.
159:6.5Jesús y sus asociados se dispusieron ahora a tomar una semana de descanso antes de prepararse para iniciar la última época de sus trabajos en favor del reino. Este fue su último descanso, porque la misión de Perea se convirtió en una campaña de predicación y enseñanza que se prolongó sin interrupción hasta el momento de su llegada a Jerusalén y de la realización de los episodios finales de la carrera terrenal de Jesús.