Parte I · Documento 16

Los Siete Espíritus Maestros

16:0.1LOS Siete Espíritus Maestros del Paraíso son las personalidades primarias del Espíritu Infinito. En este acto creador séptuple de autoduplicación, el Espíritu Infinito agotó las posibilidades asociativas que son matemáticamente inherentes a la existencia fáctica de las tres personas de la Deidad. Si hubiera sido posible producir un número mayor de Espíritus Maestros, se habrían creado, pero en tres Deidades hay exactamente siete posibilidades asociativas inherentes, y solo siete. Y esto explica por qué el universo se opera en siete grandes divisiones, y por qué el número siete es básicamente fundamental en su organización y su administración.

16:0.2Los Siete Espíritus Maestros tienen así su origen en las siete semejanzas siguientes, y de ellas derivan sus características individuales:

16:0.31. El Padre Universal.

16:0.42. El Hijo Eterno.

16:0.53. El Espíritu Infinito.

16:0.64. El Padre y el Hijo.

16:0.75. El Padre y el Espíritu.

16:0.86. El Hijo y el Espíritu.

16:0.97. El Padre, el Hijo y el Espíritu.

16:0.10Sabemos muy poco sobre la acción del Padre y del Hijo en la creación de los Espíritus Maestros. Al parecer, los actos personales del Espíritu Infinito los trajeron a la existencia, pero se nos ha enseñado de forma definida que tanto el Padre como el Hijo participaron en su origen.

16:0.11En carácter y naturaleza de espíritu, estos Siete Espíritus del Paraíso son como uno solo, pero en todos los demás aspectos de su identidad son muy diferentes, y los resultados de su actuación en los superuniversos son tales que las diferencias individuales de cada uno se disciernen sin lugar a error. Todos los planes posteriores de los siete segmentos del gran universo —e incluso de los segmentos correlativos del espacio exterior— han quedado condicionados por la diversidad no espiritual de estos Siete Espíritus Maestros de supervisión suprema y última.

16:0.12Los Espíritus Maestros tienen muchas funciones, pero en el momento presente su dominio particular es la supervisión central de los siete superuniversos. Cada Espíritu Maestro mantiene una enorme sede focal de fuerza, que circula lentamente alrededor de la periferia del Paraíso y siempre mantiene una posición frente al superuniverso bajo su supervisión inmediata, en el punto focal del Paraíso de su control especializado del poder y de su distribución segmentaria de la energía. Las líneas limítrofes radiales de cualquiera de los superuniversos convergen efectivamente en la sede del Paraíso del Espíritu Maestro que lo supervisa.

1. Relación con la Deidad trina

16:1.1El Creador Conjunto, el Espíritu Infinito, es necesario para completar la personalización trina de la Deidad indivisa. Esta personalización triple de la Deidad es, por su propia naturaleza, séptuple en sus posibilidades de expresión individual y asociativa; por eso, el plan que vino después, de crear universos habitados por seres inteligentes y potencialmente espirituales que expresaran como corresponde al Padre, al Hijo y al Espíritu, hizo ineludible la personalización de los Siete Espíritus Maestros. Con el tiempo nos acostumbramos a llamar a la personalización triple de la Deidad la inevitabilidad absoluta, y a ver la aparición de los Siete Espíritus Maestros como la inevitabilidad subabsoluta.

16:1.2Aunque los Siete Espíritus Maestros apenas expresan a la Deidad triple, son la representación eterna de la Deidad séptuple, las funciones activas y asociativas de las tres personas de la Deidad, que existen desde siempre. Por estos Siete Espíritus, en ellos y a través de ellos, el Padre Universal, el Hijo Eterno o el Espíritu Infinito, o cualquier asociación doble, puede actuar como tal. Cuando el Padre, el Hijo y el Espíritu actúan juntos, pueden actuar, y actúan, por medio del Espíritu Maestro Número Siete, pero no como la Trinidad. Los Espíritus Maestros, por separado y en conjunto, representan todas y cada una de las funciones posibles de la Deidad, singulares y plurales, pero no colectivas, no la Trinidad. El Espíritu Maestro Número Siete no actúa personalmente con respecto a la Trinidad del Paraíso, y precisamente por eso puede actuar personalmente por el Ser Supremo.

16:1.3Pero cuando los Siete Espíritus Maestros dejan sus sedes individuales de poder personal y de autoridad superuniversal y se reúnen alrededor del Actor Conjunto en la presencia trina de la Deidad del Paraíso, entonces y allí representan colectivamente el poder funcional, la sabiduría y la autoridad de la Deidad indivisa —la Trinidad— ante los universos en evolución y dentro de ellos. Esa unión en el Paraíso de la expresión séptuple primaria de la Deidad abarca efectivamente, y contiene de modo literal, la totalidad de cada atributo y cada actitud de las tres Deidades eternas en la Supremacía y en la Ultimidad. A todos los efectos prácticos, los Siete Espíritus Maestros abarcan entonces y allí el dominio funcional del Supremo-Último ante el universo maestro y dentro de él.

16:1.4Hasta donde podemos discernir, estos Siete Espíritus están asociados con las actividades divinas de las tres personas eternas de la Deidad; no detectamos ninguna prueba de asociación directa con las presencias en función de las tres fases eternas del Absoluto. Cuando están asociados, los Espíritus Maestros representan a las Deidades del Paraíso en lo que se puede concebir, a grandes rasgos, como el dominio finito de acción. Podría abarcar mucho de lo que es último, pero no absoluto.

2. Relación con el Espíritu Infinito

16:2.1Así como el Hijo Eterno y Original se revela por medio de las personas del número siempre creciente de Hijos divinos, así el Espíritu Infinito y Divino se revela por los canales de los Siete Espíritus Maestros y de sus grupos de espíritus asociados. En el centro de los centros se puede llegar al Espíritu Infinito, pero no todos los que alcanzan el Paraíso pueden discernir de inmediato su personalidad y su presencia diferenciada; sin embargo, todos los que alcanzan el universo central pueden comunicarse de inmediato, y se comunican, con uno de los Siete Espíritus Maestros, el que preside el superuniverso del que procede el peregrino del espacio recién llegado.

16:2.2Al universo de universos el Padre del Paraíso solo le habla por medio de su Hijo, mientras que él y el Hijo actúan conjuntamente solo por medio del Espíritu Infinito. Fuera del Paraíso y de Havona, el Espíritu Infinito habla solo por las voces de los Siete Espíritus Maestros.

16:2.3El Espíritu Infinito ejerce una influencia de presencia personal dentro de los límites del sistema Paraíso-Havona; en otras partes, su presencia personal de espíritu se ejerce por uno de los Siete Espíritus Maestros y a través de él. Por eso la presencia de espíritu de la Tercera Fuente y Centro en el superuniverso, en cualquier mundo o en cualquier individuo, está condicionada por la naturaleza única del Espíritu Maestro que supervisa ese segmento de la creación. A la inversa, las líneas combinadas de fuerza espiritual y de inteligencia pasan hacia dentro, hasta la Tercera Persona de la Deidad, por la vía de los Siete Espíritus Maestros.

16:2.4Los Siete Espíritus Maestros están dotados colectivamente de los atributos supremo-últimos de la Tercera Fuente y Centro. Aunque cada uno participa individualmente de esta dotación, solo en conjunto revelan los atributos de omnipotencia, omnisciencia y omnipresencia. Ninguno de ellos puede actuar así de modo universal; como individuos, y en el ejercicio de estos poderes de supremacía y ultimidad, cada uno está limitado personalmente al superuniverso bajo su supervisión inmediata.

16:2.5Todo lo que se les ha dicho a ustedes sobre la divinidad y la personalidad del Actor Conjunto se aplica igual y plenamente a los Siete Espíritus Maestros, que distribuyen tan eficazmente al Espíritu Infinito entre los siete segmentos del gran universo conforme a su dotación divina y a la manera de sus naturalezas, que son diferentes y únicas en cada uno. Por tanto, sería correcto aplicar al grupo colectivo de los siete cualquiera de los nombres del Espíritu Infinito, o todos ellos. En conjunto son uno con el Creador Conjunto en todos los niveles subabsolutos.

3. Identidad y diversidad de los Espíritus Maestros

16:3.1Los Siete Espíritus Maestros son seres indescriptibles, pero son personales de modo claro y definido. Tienen nombres, pero preferimos presentarlos por número. Como personalizaciones primarias del Espíritu Infinito, son afines, pero como expresiones primarias de las siete asociaciones posibles de la Deidad trina, son de naturaleza esencialmente diversa, y esta diversidad de naturaleza determina la diferencia de su conducta en los superuniversos. Estos Siete Espíritus Maestros se pueden describir así:

16:3.2Espíritu Maestro Número Uno. De manera especial, este Espíritu es la representación directa del Padre del Paraíso. Es una manifestación particular y eficaz del poder, el amor y la sabiduría del Padre Universal. Es el asociado cercano y el consejero celestial del jefe de los Monitores de Misterio, el ser que preside el Colegio de Ajustadores Personalizados en Divinington. En todas las asociaciones de los Siete Espíritus Maestros, siempre es el Espíritu Maestro Número Uno quien habla por el Padre Universal.

16:3.3Este Espíritu preside el primer superuniverso y, aunque muestra sin falta la naturaleza divina de una personalización primaria del Espíritu Infinito, parece asemejarse más especialmente al Padre Universal en su carácter. Siempre está en enlace personal con los siete Espíritus Reflectivos de la sede del primer superuniverso.

16:3.4Espíritu Maestro Número Dos. Este Espíritu representa adecuadamente la naturaleza incomparable y el carácter encantador del Hijo Eterno, el primogénito de toda la creación. Siempre está en asociación cercana con todas las órdenes de los Hijos de Dios cada vez que se encuentran en el universo residencial, ya sea como individuos o en alegre cónclave. En todas las asambleas de los Siete Espíritus Maestros, siempre habla por el Hijo Eterno y en su nombre.

16:3.5Este Espíritu dirige los destinos del superuniverso número dos y gobierna este vasto dominio de manera muy parecida a como lo haría el Hijo Eterno. Siempre está en enlace con los siete Espíritus Reflectivos situados en la capital del segundo superuniverso.

16:3.6Espíritu Maestro Número Tres. Esta personalidad de Espíritu se parece especialmente al Espíritu Infinito, y dirige los movimientos y el trabajo de muchas de las altas personalidades del Espíritu Infinito. Preside sus asambleas y está estrechamente asociado con todas las personalidades que tienen su origen exclusivamente en la Tercera Fuente y Centro. Cuando los Siete Espíritus Maestros están en consejo, siempre es el Espíritu Maestro Número Tres quien habla por el Espíritu Infinito.

16:3.7Este Espíritu está a cargo del superuniverso número tres, y administra los asuntos de este segmento de manera muy parecida a como lo haría el Espíritu Infinito. Siempre está en enlace con los Espíritus Reflectivos de la sede del tercer superuniverso.

16:3.8Espíritu Maestro Número Cuatro. Como participa de las naturalezas combinadas del Padre y del Hijo, este Espíritu Maestro es la influencia determinante en cuanto a las políticas y los procedimientos del Padre y el Hijo en los consejos de los Siete Espíritus Maestros. Este Espíritu es el director principal y el consejero de los seres ascendentes que han alcanzado al Espíritu Infinito y que así se han hecho candidatos para ver al Hijo y al Padre. Fomenta ese enorme grupo de personalidades que tienen su origen en el Padre y el Hijo. Cuando es necesario representar al Padre y al Hijo en la asociación de los Siete Espíritus Maestros, siempre es el Espíritu Maestro Número Cuatro quien habla.

16:3.9Este Espíritu fomenta el cuarto segmento del gran universo conforme a su asociación particular de los atributos del Padre Universal y del Hijo Eterno. Siempre está en enlace personal con los Espíritus Reflectivos de la sede del cuarto superuniverso.

16:3.10Espíritu Maestro Número Cinco. Esta personalidad divina, que combina de modo exquisito el carácter del Padre Universal y el del Espíritu Infinito, es la consejera de ese enorme grupo de seres conocidos como directores del poder, centros del poder y controladores físicos. Este Espíritu fomenta también a todas las personalidades que tienen su origen en el Padre y el Actor Conjunto. En los consejos de los Siete Espíritus Maestros, cuando se trata de la actitud del Padre y el Espíritu, siempre es el Espíritu Maestro Número Cinco quien habla.

16:3.11Este Espíritu dirige el bienestar del quinto superuniverso de una manera que sugiere la acción combinada del Padre Universal y del Espíritu Infinito. Siempre está en enlace con los Espíritus Reflectivos de la sede del quinto superuniverso.

16:3.12Espíritu Maestro Número Seis. Este ser divino parece reflejar el carácter combinado del Hijo Eterno y del Espíritu Infinito. Cada vez que las criaturas creadas en conjunto por el Hijo y el Espíritu se reúnen en el universo central, quien las aconseja es este Espíritu Maestro; y cada vez que en los consejos de los Siete Espíritus Maestros hace falta hablar a la vez en nombre del Hijo Eterno y del Espíritu Infinito, el que responde es el Espíritu Maestro Número Seis.

16:3.13Este Espíritu dirige los asuntos del sexto superuniverso de manera muy parecida a como lo harían el Hijo Eterno y el Espíritu Infinito. Siempre está en enlace con los Espíritus Reflectivos de la sede del sexto superuniverso.

16:3.14Espíritu Maestro Número Siete. El Espíritu que preside el séptimo superuniverso es una representación singularmente equilibrada del Padre Universal, del Hijo Eterno y del Espíritu Infinito. El Séptimo Espíritu, consejero protector de todos los seres de origen trino, es también el consejero y director de todos los peregrinos ascendentes de Havona, esos seres humildes que han alcanzado las cortes de la gloria por el ministerio combinado del Padre, del Hijo y del Espíritu.

16:3.15El Séptimo Espíritu Maestro no representa orgánicamente a la Trinidad del Paraíso; pero es un hecho conocido que su naturaleza personal y espiritual es el retrato que el Actor Conjunto hace, en proporciones iguales, de las tres personas infinitas cuya unión de Deidad es la Trinidad del Paraíso, y cuya función como tal es la fuente de la naturaleza personal y espiritual de Dios el Supremo. Por eso el Séptimo Espíritu Maestro revela una relación personal y orgánica con la persona de espíritu del Supremo en evolución. Por tanto, en los consejos de los Espíritus Maestros en lo alto, cuando es necesario emitir el voto por la actitud personal combinada del Padre, del Hijo y del Espíritu, o representar la actitud espiritual del Ser Supremo, es el Espíritu Maestro Número Siete quien actúa. Así llega a ser, de modo inherente, el jefe que preside el consejo del Paraíso de los Siete Espíritus Maestros.

16:3.16Ninguno de los Siete Espíritus representa orgánicamente a la Trinidad del Paraíso, pero cuando se unen como Deidad séptuple, esa unión en sentido de deidad —no en sentido personal— equivale a un nivel funcional que se puede asociar con las funciones de la Trinidad. En este sentido, el «Espíritu Séptuple» se puede asociar funcionalmente con la Trinidad del Paraíso. También en este sentido el Espíritu Maestro Número Siete habla a veces para confirmar las actitudes de la Trinidad o, mejor dicho, hace de portavoz de la actitud de la unión del Espíritu Séptuple con respecto a la actitud de la unión de la Deidad Triple, que es la actitud de la Trinidad del Paraíso.

16:3.17Las múltiples funciones del Séptimo Espíritu Maestro van así desde un retrato combinado de las naturalezas personales del Padre, del Hijo y del Espíritu, pasando por una representación de la actitud personal de Dios el Supremo, hasta una revelación de la actitud de deidad de la Trinidad del Paraíso. Y en ciertos aspectos este Espíritu que preside expresa de manera parecida las actitudes del Último y del Supremo-Último.

16:3.18Es el Espíritu Maestro Número Siete quien, en sus múltiples capacidades, patrocina personalmente el progreso de los candidatos a la ascensión procedentes de los mundos del tiempo en sus intentos de llegar a comprender la Deidad indivisa de la Supremacía. Esta comprensión implica captar la soberanía existencial de la Trinidad de la Supremacía, coordinada de tal modo con un concepto de la soberanía experiencial creciente del Ser Supremo que constituye la captación, por parte de la criatura, de la unidad de la Supremacía. La comprensión que la criatura logra de estos tres factores equivale a la comprensión que Havona tiene de la realidad de la Trinidad, y dota a los peregrinos del tiempo de la capacidad de penetrar finalmente en la Trinidad, de descubrir a las tres personas infinitas de la Deidad.

16:3.19La incapacidad de los peregrinos de Havona para encontrar plenamente a Dios el Supremo la compensa el Séptimo Espíritu Maestro, cuya naturaleza trina revela de manera tan particular a la persona de espíritu del Supremo. Durante la presente era del universo, en la que no se puede contactar a la persona del Supremo, el Espíritu Maestro Número Siete actúa en lugar del Dios de las criaturas ascendentes en lo que toca a las relaciones personales. Es el único ser de espíritu elevado que todos los ascendentes reconocerán con seguridad y comprenderán en alguna medida cuando lleguen a los centros de gloria.

16:3.20Este Espíritu Maestro siempre está en enlace con los Espíritus Reflectivos de Uversa, la sede del séptimo superuniverso, nuestro propio segmento de la creación. Su administración de Orvonton revela la maravillosa simetría de la combinación coordinada de las naturalezas divinas del Padre, del Hijo y del Espíritu.

4. Atributos y funciones de los Espíritus Maestros

16:4.1Los Siete Espíritus Maestros son la representación plena del Espíritu Infinito ante los universos evolutivos. Representan a la Tercera Fuente y Centro en las relaciones de energía, mente y espíritu. Aunque actúan como jefes coordinadores del control administrativo universal del Actor Conjunto, no olviden ustedes que tienen su origen en los actos creadores de las Deidades del Paraíso. Es literalmente cierto que estos Siete Espíritus son el poder físico, la mente cósmica y la presencia espiritual personalizados de la Deidad trina, «los Siete Espíritus de Dios enviados a todo el universo».

16:4.2Los Espíritus Maestros son únicos en cuanto actúan en todos los niveles de realidad del universo, excepto el absoluto. Son, por tanto, supervisores eficaces y perfectos de todas las fases de los asuntos administrativos en todos los niveles de las actividades del superuniverso. A la mente mortal le resulta difícil entender gran cosa sobre los Espíritus Maestros, porque su trabajo es tan sumamente especializado y a la vez tan abarcador, tan excepcionalmente material y al mismo tiempo tan exquisitamente espiritual. Estos versátiles creadores de la mente cósmica son los antepasados de los Directores del Poder del Universo y son, ellos mismos, directores supremos de la vasta y extensa creación de criaturas espirituales.

16:4.3Los Siete Espíritus Maestros son los creadores de los Directores del Poder del Universo y de sus asociados, entidades indispensables para la organización, el control y la regulación de las energías físicas del gran universo. Y estos mismos Espíritus Maestros ayudan de manera muy concreta a los Hijos Creadores en el trabajo de dar forma a los universos locales y de organizarlos.

16:4.4No podemos encontrar ninguna conexión personal entre el trabajo de los Espíritus Maestros con la energía cósmica y las funciones de fuerza del Absoluto Incondicionado. Las manifestaciones de energía bajo la jurisdicción de los Espíritus Maestros se dirigen todas desde la periferia del Paraíso; no parecen estar asociadas de ningún modo directo con los fenómenos de fuerza que se identifican con la superficie inferior del Paraíso.

16:4.5Sin duda alguna, cuando encontramos las actividades funcionales de los diversos Supervisores del Poder Morontial, estamos frente a frente con algunas de las actividades no reveladas de los Espíritus Maestros. ¿Quién, aparte de estos antepasados tanto de los controladores físicos como de los ministros espirituales, podría haber ideado la manera de combinar y asociar las energías materiales y espirituales para producir una fase de la realidad del universo que no existía hasta entonces: la sustancia morontial y la mente morontial?

16:4.6Gran parte de la realidad de los mundos espirituales es del orden morontial, una fase de la realidad del universo totalmente desconocida en Urantia. La meta de la existencia de la personalidad es espiritual, pero las creaciones morontiales siempre se interponen y tienden un puente sobre el abismo entre los reinos materiales de origen mortal y las esferas del superuniverso de condición espiritual avanzada. Es en este reino donde los Espíritus Maestros hacen su gran contribución al plan de la ascensión del hombre al Paraíso.

16:4.7Los Siete Espíritus Maestros tienen representantes personales que actúan en todo el gran universo; pero como una gran mayoría de estos seres subordinados no se ocupa directamente del plan ascendente de la progresión mortal en el camino de la perfección del Paraíso, poco o nada se ha revelado sobre ellos. Mucho, muchísimo, de la actividad de los Siete Espíritus Maestros sigue oculto al entendimiento humano, porque de ningún modo se relaciona directamente con el problema de ustedes, el ascenso al Paraíso.

16:4.8Es muy probable, aunque no podemos ofrecer una prueba definida, que el Espíritu Maestro de Orvonton ejerza una influencia decidida en las siguientes esferas de actividad:

16:4.91. Los procedimientos de iniciación de la vida de los Portadores de Vida del universo local.

16:4.102. Las activaciones de vida de los espíritus ayudantes de la mente que un Espíritu Creativo del universo local otorga a los mundos.

16:4.113. Las fluctuaciones en las manifestaciones de energía que muestran las unidades de materia organizada que responden a la gravedad lineal.

16:4.124. El comportamiento de la energía emergente cuando queda plenamente liberada del dominio del Absoluto Incondicionado y se vuelve así sensible a la influencia directa de la gravedad lineal y a las manipulaciones de los Directores del Poder del Universo y de sus asociados.

16:4.135. El otorgamiento del espíritu de ministerio de un Espíritu Creativo de universo local, al que en Urantia se conoce como el Espíritu Santo.

16:4.146. El otorgamiento posterior del espíritu de los Hijos de otorgamiento, llamado en Urantia el Consolador o el Espíritu de la Verdad.

16:4.157. El mecanismo de reflectividad de los universos locales y del superuniverso. Muchos rasgos relacionados con este fenómeno extraordinario apenas se pueden explicar de manera razonable o entender de manera racional sin postular la actividad de los Espíritus Maestros en asociación con el Actor Conjunto y el Ser Supremo.

16:4.16A pesar de que no logramos comprender adecuadamente las múltiples operaciones de los Siete Espíritus Maestros, estamos seguros de que hay dos reinos, en la vasta gama de actividades del universo, con los que no tienen absolutamente nada que ver: el otorgamiento y el ministerio de los Ajustadores del Pensamiento y las funciones inescrutables del Absoluto Incondicionado.

5. Relación con las criaturas

16:5.1Cada segmento del gran universo, cada universo y cada mundo individual, disfruta de los beneficios del consejo y la sabiduría unidos de los Siete Espíritus Maestros, pero recibe el toque y el matiz personal de solo uno de ellos. Y la naturaleza personal de cada Espíritu Maestro impregna por entero su superuniverso y lo condiciona de manera única.

16:5.2Por medio de esta influencia personal de los Siete Espíritus Maestros, toda criatura de cualquier orden de seres inteligentes, fuera del Paraíso y de Havona, tiene que llevar el sello característico de individualidad que indica la naturaleza ancestral de alguno de estos Siete Espíritus del Paraíso. En lo que toca a los siete superuniversos, cada criatura nativa, hombre o ángel, llevará para siempre esta marca de identificación natal.

16:5.3Los Siete Espíritus Maestros no invaden directamente las mentes materiales de las criaturas individuales en los mundos evolutivos del espacio. Los mortales de Urantia no experimentan la presencia personal de la influencia de mente y espíritu del Espíritu Maestro de Orvonton. Si este Espíritu Maestro llega a tener algún tipo de contacto con la mente mortal individual durante las primeras eras evolutivas de un mundo habitado, tiene que ocurrir por medio del ministerio del Espíritu Creativo del universo local, la consorte y asociada del Hijo Creador de Dios que preside los destinos de cada creación local. Pero esta misma Espíritu Madre Creativo es, en naturaleza y en carácter, muy parecida al Espíritu Maestro de Orvonton.

16:5.4El sello físico de un Espíritu Maestro es parte del origen material del hombre. Toda la carrera morontial se vive bajo la influencia continua de este mismo Espíritu Maestro. No es extraño que la carrera espiritual posterior de un mortal ascendente así nunca borre del todo el sello característico de este mismo Espíritu supervisor. La impronta de un Espíritu Maestro es básica para la existencia misma de cada etapa de la ascensión mortal anterior a Havona.

16:5.5Las tendencias distintivas de la personalidad que se muestran en la experiencia de vida de los mortales evolutivos, que son características en cada superuniverso y que expresan directamente la naturaleza del Espíritu Maestro dominante, nunca se borran del todo, ni siquiera después de que esos ascendentes pasan por la larga formación y la disciplina unificadora que encuentran en los mil millones de esferas educativas de Havona. Ni siquiera la intensa cultura posterior del Paraíso basta para erradicar las señales del origen superuniversal. Por toda la eternidad, un mortal ascendente mostrará rasgos que indican el Espíritu que preside su superuniverso de nacimiento. Incluso en el Cuerpo de los Finalitarios, cuando se desea llegar a una relación completa de la Trinidad con la creación evolutiva, o representarla, siempre se reúne un grupo de siete finalitarios, uno de cada superuniverso.

6. La mente cósmica

16:6.1La fuente séptuple de la mente cósmica, el potencial intelectual del gran universo, son los Espíritus Maestros. Esta mente cósmica, manifestación subabsoluta de la mente de la Tercera Fuente y Centro, guarda en ciertos aspectos una relación funcional con la mente del Ser Supremo en evolución.

16:6.2En un mundo como Urantia no observamos la influencia directa de los Siete Espíritus Maestros en los asuntos de las razas humanas. Ustedes viven bajo la influencia inmediata del Espíritu Creativo de Nebadon. Aun así, estos mismos Espíritus Maestros dominan las reacciones básicas de toda mente de criatura, porque son las fuentes reales de los potenciales intelectuales y espirituales que se especializaron en los universos locales para actuar en la vida de los individuos que habitan los mundos evolutivos del tiempo y del espacio.

16:6.3El hecho de la mente cósmica explica el parentesco de diversos tipos de mentes humanas y sobrehumanas. No solo se atraen entre sí los espíritus afines, sino que también las mentes afines son muy fraternales y se inclinan a cooperar unas con otras. A veces se observa que las mentes humanas corren por cauces de asombrosa semejanza y de acuerdo inexplicable.

16:6.4En todas las asociaciones de personalidad de la mente cósmica existe una cualidad que se podría llamar la «respuesta a la realidad». Es esta dotación cósmica universal de las criaturas volitivas la que las libra de convertirse en víctimas indefensas de los supuestos a priori implícitos de la ciencia, la filosofía y la religión. Esta sensibilidad a la realidad de la mente cósmica responde a ciertas fases de la realidad, así como la energía-materia responde a la gravedad. Sería aún más correcto decir que estas realidades supermateriales responden así a la mente del cosmos.

16:6.5La mente cósmica responde sin falta (reconoce la respuesta) en tres niveles de la realidad del universo. Estas respuestas son evidentes por sí mismas para las mentes que razonan con claridad y piensan con profundidad. Estos niveles de realidad son:

16:6.61. Causalidad: el dominio de realidad de los sentidos físicos, los reinos científicos de la uniformidad lógica, la diferenciación entre lo fáctico y lo no fáctico, las conclusiones reflexivas basadas en la respuesta cósmica. Esta es la forma matemática del discernimiento cósmico.

16:6.72. Deber: el dominio de realidad de la moral en el reino filosófico, el campo de la razón, el reconocimiento del bien y del mal relativos. Esta es la forma judicial del discernimiento cósmico.

16:6.83. Adoración: el dominio espiritual de la realidad de la experiencia religiosa, la vivencia personal de la comunión divina, el reconocimiento de los valores del espíritu, la seguridad de la supervivencia eterna, el ascenso desde la condición de siervos de Dios hasta la alegría y la libertad de los hijos de Dios. Este es el discernimiento más alto de la mente cósmica, la forma reverente y adoradora del discernimiento cósmico.

16:6.9Estos discernimientos científicos, morales y espirituales, estas respuestas cósmicas, son innatos en la mente cósmica, que dota a todas las criaturas volitivas. La experiencia de vivir nunca deja de desarrollar estas tres intuiciones cósmicas; son constitutivas de la conciencia de sí del pensamiento reflexivo. Pero es triste dejar constancia de que tan pocas personas en Urantia se deleitan en cultivar estas cualidades del pensamiento cósmico valiente e independiente.

16:6.10En los otorgamientos de mente del universo local, estos tres discernimientos de la mente cósmica constituyen los supuestos a priori que hacen posible que el hombre actúe como una personalidad racional y consciente de sí en los reinos de la ciencia, la filosofía y la religión. Dicho de otro modo, el reconocimiento de la realidad de estas tres manifestaciones del Infinito se produce por una técnica cósmica de autorrevelación. La materia-energía se reconoce por la lógica matemática de los sentidos; la mente-razón conoce intuitivamente su deber moral; la fe-espíritu (la adoración) es la religión de la realidad de la experiencia espiritual. Estos tres factores básicos del pensamiento reflexivo pueden unificarse y coordinarse en el desarrollo de la personalidad, o pueden volverse desproporcionados y prácticamente inconexos en sus funciones respectivas. Pero cuando se unifican, producen un carácter fuerte que consiste en la correlación de una ciencia fáctica, una filosofía moral y una experiencia religiosa genuina. Y son estas tres intuiciones cósmicas las que dan validez objetiva, realidad, a la experiencia del hombre en las cosas, los significados y los valores, y con ellos.

16:6.11A la educación le corresponde desarrollar y afinar estas dotes innatas de la mente humana; a la civilización, expresarlas; a la experiencia de la vida, hacerlas realidad; a la religión, ennoblecerlas; y a la personalidad, unificarlas.

7. Moral, virtud y personalidad

16:7.1La inteligencia sola no puede explicar la naturaleza moral. La moralidad, la virtud, es propia de la personalidad humana. La intuición moral, la conciencia del deber, es un componente de la dotación de la mente humana y está asociada con los otros elementos inalienables de la naturaleza humana: la curiosidad científica y el discernimiento espiritual. La mentalidad del hombre trasciende con mucho la de sus primos animales, pero son sus naturalezas moral y religiosa las que lo distinguen especialmente del mundo animal.

16:7.2La respuesta selectiva de un animal se limita al nivel motor del comportamiento. El supuesto discernimiento de los animales superiores está en un nivel motor y por lo general aparece solo después de la experiencia motora de ensayo y error. El hombre puede ejercer un discernimiento científico, moral y espiritual antes de toda exploración o experimentación.

16:7.3Solo una personalidad puede saber lo que hace antes de hacerlo; solo las personalidades poseen discernimiento antes de la experiencia. Una personalidad puede mirar antes de saltar y, por tanto, puede aprender tanto de mirar como de saltar. Un animal no personal por lo general aprende solo saltando.

16:7.4Como resultado de la experiencia, un animal llega a ser capaz de examinar las distintas maneras de alcanzar una meta y de elegir un enfoque basado en la experiencia acumulada. Pero una personalidad puede examinar también la meta misma y juzgar si vale la pena, juzgar su valor. La inteligencia sola puede discernir cuáles son los mejores medios para alcanzar fines no discernidos, pero un ser moral posee un discernimiento que le permite distinguir entre los fines así como entre los medios. Y un ser moral, al elegir la virtud, no deja por ello de ser inteligente. Sabe lo que hace, por qué lo hace, adónde va y cómo llegará allí.

16:7.5Cuando el hombre no logra discernir los fines de su esfuerzo mortal, se encuentra actuando en el nivel animal de la existencia. No ha sabido aprovechar las ventajas superiores de esa agudeza material, ese discernimiento moral y ese discernimiento espiritual que son parte integral de su dotación de mente cósmica como ser personal.

16:7.6La virtud es rectitud: conformidad con el cosmos. Nombrar las virtudes no es definirlas, pero vivirlas es conocerlas. La virtud no es mero conocimiento ni tampoco sabiduría, sino más bien la realidad de la experiencia progresiva en la conquista de niveles ascendentes de logro cósmico. En la vida diaria del hombre mortal, la virtud se lleva a cabo al elegir con constancia el bien en lugar del mal, y esa capacidad de elegir es prueba de que se posee una naturaleza moral.

16:7.7La elección del hombre entre el bien y el mal está influida no solo por la agudeza de su naturaleza moral, sino también por influencias como la ignorancia, la inmadurez y el engaño. El sentido de la proporción interviene también en el ejercicio de la virtud, porque se puede cometer el mal cuando se elige lo menor en lugar de lo mayor como resultado de una distorsión o de un engaño. El arte de la estimación relativa o de la medición comparativa entra en la práctica de las virtudes del reino moral.

16:7.8Sin el arte de medir, esa facultad de distinguir que se plasma en su capacidad para escrutar los significados, la naturaleza moral del hombre no tendría poder alguno. De igual manera, de nada serviría la elección moral si faltara aquel discernimiento cósmico que da como fruto la conciencia de los valores espirituales. Considerado desde la inteligencia, el hombre asciende al nivel de un ser moral por estar dotado de personalidad.

16:7.9La moralidad nunca puede avanzar por la ley ni por la fuerza. Es un asunto personal y de libre albedrío, y debe difundirse por el contagio del contacto de las personas de fragancia moral con las que responden menos a lo moral, pero que también desean en alguna medida hacer la voluntad del Padre.

16:7.10Los actos morales son aquellos actos humanos que se caracterizan por la inteligencia más alta, dirigida por un discernimiento selectivo en la elección de fines superiores así como en la selección de medios morales para alcanzar esos fines. Esa conducta es virtuosa. La virtud suprema, entonces, es elegir de todo corazón hacer la voluntad del Padre que está en el cielo.

8. La personalidad en Urantia

16:8.1El Padre Universal otorga personalidad a numerosas órdenes de seres a medida que actúan en diversos niveles de la realidad en acto del universo. Los seres humanos de Urantia están dotados de una personalidad del tipo finito-mortal, que actúa en el nivel de los hijos de Dios ascendentes.

16:8.2Aunque apenas podemos intentar definir la personalidad, podemos intentar relatar lo que entendemos de los factores conocidos que forman el conjunto de energías materiales, mentales y espirituales cuya interasociación constituye el mecanismo en el que, sobre el que y con el que el Padre Universal hace actuar la personalidad que él otorga.

16:8.3La personalidad es una dote única de naturaleza original, cuya existencia no depende del otorgamiento del Ajustador del Pensamiento y es anterior a él. Aun así, la presencia del Ajustador sí aumenta la manifestación cualitativa de la personalidad. Cuando salen del Padre, los Ajustadores del Pensamiento son idénticos en naturaleza, pero la personalidad es diversa, original y exclusiva; y la manifestación de la personalidad está además condicionada y modificada por la naturaleza y las cualidades de las energías asociadas, de índole material, mental y espiritual, que forman el vehículo organísmico por el cual se manifiesta la personalidad.

16:8.4Las personalidades pueden ser semejantes, pero nunca son iguales. Las personas de una serie, un tipo, un orden o un patrón dados pueden parecerse entre sí, y se parecen, pero nunca son idénticas. La personalidad es ese rasgo de un individuo que conocemos, y que nos permite identificar a ese ser en algún momento futuro sin importar la naturaleza y el alcance de los cambios en su forma, su mente o su condición de espíritu. La personalidad es esa parte de cualquier individuo que nos permite reconocer e identificar con certeza a esa persona como la que hemos conocido antes, por mucho que haya cambiado a causa de la modificación del vehículo de expresión y manifestación de su personalidad.

16:8.5La personalidad de la criatura se distingue por dos fenómenos característicos, que se manifiestan por sí mismos, del comportamiento reactivo mortal: la conciencia de sí y el libre albedrío relativo asociado a ella.

16:8.6La conciencia de sí consiste en la percepción intelectual de la realidad en acto de la personalidad; incluye la capacidad de reconocer la realidad de otras personalidades. Indica capacidad para una experiencia individualizada en las realidades cósmicas y con ellas, lo que equivale a alcanzar la condición de identidad en las relaciones de personalidad del universo. La conciencia de sí implica el reconocimiento de la realidad en acto del ministerio de la mente y la percepción de una independencia relativa del libre albedrío creativo y determinante.

16:8.7El libre albedrío relativo que caracteriza la conciencia de sí de la personalidad humana interviene en:

16:8.81. La decisión moral, la sabiduría más alta.

16:8.92. La elección espiritual, el discernimiento de la verdad.

16:8.103. El amor desinteresado, el servicio fraternal.

16:8.114. La cooperación con propósito, la lealtad al grupo.

16:8.125. El discernimiento cósmico, la captación de los significados del universo.

16:8.136. La dedicación de la personalidad, la entrega de todo corazón a hacer la voluntad del Padre.

16:8.147. La adoración, es decir, la búsqueda sincera de los valores divinos y el amor sin reservas por el divino Dador de Valores.

16:8.15El tipo de personalidad humana de Urantia se puede considerar como un tipo que actúa en un mecanismo físico que consiste en la modificación planetaria del tipo de organismo de Nebadon, perteneciente al orden electroquímico de activación de la vida, y dotado del orden de Nebadon de la serie de Orvonton de la mente cósmica de patrón reproductivo parental. El otorgamiento del don divino de la personalidad a un mecanismo mortal así dotado de mente confiere la dignidad de la ciudadanía cósmica y permite que esa criatura mortal se vuelva de inmediato sensible al reconocimiento constitutivo de las tres realidades mentales básicas del cosmos:

16:8.161. El reconocimiento matemático o lógico de la uniformidad de la causalidad física.

16:8.172. El reconocimiento razonado de la obligación de la conducta moral.

16:8.183. La captación por la fe de la adoración en comunión con la Deidad, asociada con el servicio amoroso a la humanidad.

16:8.19El funcionamiento pleno de esa dotación de personalidad es el comienzo de la toma de conciencia del parentesco con la Deidad. Esa mismidad, en la que mora un fragmento prepersonal de Dios el Padre, es en verdad y de hecho un hijo espiritual de Dios. Esa criatura no solo revela capacidad para recibir el don de la presencia divina, sino que también muestra una respuesta reactiva al circuito de gravedad de la personalidad del Padre del Paraíso de todas las personalidades.

9. Realidad de la conciencia humana

16:9.1La criatura personal, dotada de mente cósmica y en la que mora un Ajustador, posee un reconocimiento-percepción innato de la realidad de la energía, la realidad de la mente y la realidad del espíritu. La criatura volitiva está así equipada para discernir el hecho, la ley y el amor de Dios. Aparte de estos tres elementos inalienables de la conciencia humana, toda la experiencia humana es en realidad subjetiva, excepto que la percepción intuitiva de validez acompaña a la unificación de estas tres respuestas a la realidad del universo que da el reconocimiento cósmico.

16:9.2El mortal que discierne a Dios puede percibir el valor de unificación de estas tres cualidades cósmicas en la evolución del alma que sobrevive, la empresa suprema del hombre en el tabernáculo físico, donde la mente moral colabora con el espíritu divino que mora en ella para dualizar el alma inmortal. Desde su comienzo más temprano, el alma es real; tiene cualidades cósmicas de supervivencia.

16:9.3Si el hombre mortal no logra sobrevivir a la muerte natural, los valores espirituales reales de su experiencia humana sobreviven como parte de la experiencia continua del Ajustador del Pensamiento. Los valores de personalidad de quien no sobrevive así persisten como un factor en la personalidad del Ser Supremo que se actualiza. Esas cualidades persistentes de la personalidad quedan privadas de identidad, pero no de los valores experienciales acumulados durante la vida mortal en la carne. La supervivencia de la identidad depende de la supervivencia del alma inmortal de condición morontial y de valor cada vez más divino. La identidad de la personalidad sobrevive en la supervivencia del alma y por ella.

16:9.4La conciencia de sí humana implica el reconocimiento de la realidad de otros yoes distintos del yo consciente, e implica además que esa conciencia es mutua: que el yo es conocido así como conoce. Esto se muestra de una manera puramente humana en la vida social del hombre. Pero ustedes no pueden llegar a estar tan absolutamente seguros de la realidad de un semejante como de la realidad de la presencia de Dios que vive dentro de ustedes. La conciencia social no es inalienable como la conciencia de Dios; es un desarrollo cultural y depende del conocimiento, de los símbolos y de las contribuciones de las dotaciones constitutivas del hombre: la ciencia, la moralidad y la religión. Y estos dones cósmicos, socializados, constituyen la civilización.

16:9.5Las civilizaciones son inestables porque no son cósmicas; no son innatas en los individuos de las razas. Tienen que nutrirse de las contribuciones combinadas de los factores constitutivos del hombre: la ciencia, la moralidad y la religión. Las civilizaciones vienen y van, pero la ciencia, la moralidad y la religión siempre sobreviven al derrumbe.

16:9.6Jesús no solo reveló a Dios al hombre, sino que también hizo una nueva revelación del hombre a sí mismo y a los demás hombres. En la vida de Jesús ustedes ven al hombre en lo mejor de sí. El hombre llega así a ser tan bellamente real porque Jesús tenía tanto de Dios en su vida, y la percepción (el reconocimiento) de Dios es inalienable y constitutiva en todos los hombres.

16:9.7El desinterés, aparte del instinto parental, no es del todo natural; a las demás personas no se las ama ni se las sirve socialmente de forma natural. Se requiere la iluminación de la razón, la moralidad y el impulso de la religión, el conocimiento de Dios, para generar un orden social desinteresado y altruista. La conciencia que el hombre tiene de su propia personalidad, la conciencia de sí, depende también directamente de este mismo hecho de la conciencia innata del otro, de esta capacidad innata de reconocer y captar la realidad de otra personalidad, desde la humana hasta la divina.

16:9.8La conciencia social desinteresada tiene que ser, en el fondo, una conciencia religiosa; es decir, si es objetiva; de lo contrario, es una abstracción filosófica puramente subjetiva y, por tanto, carente de amor. Solo un individuo que conoce a Dios puede amar a otra persona como se ama a sí mismo.

16:9.9La conciencia de sí es en esencia una conciencia comunitaria: Dios y el hombre, el Padre y el hijo, el Creador y la criatura. En la conciencia de sí humana están latentes e inherentes cuatro percepciones de la realidad del universo:

16:9.101. La búsqueda del conocimiento, la lógica de la ciencia.

16:9.112. La búsqueda de los valores morales, el sentido del deber.

16:9.123. La búsqueda de los valores espirituales, la experiencia religiosa.

16:9.134. La búsqueda de los valores de la personalidad, la capacidad de reconocer la realidad de Dios como personalidad y la percepción simultánea de nuestra relación fraternal con las demás personalidades.

16:9.14Ustedes llegan a ser conscientes del hombre como su hermano criatura porque ya son conscientes de Dios como su Padre Creador. La paternidad es la relación a partir de la cual razonamos hasta llegar al reconocimiento de la fraternidad. Y la paternidad llega a ser, o puede llegar a ser, una realidad del universo para todas las criaturas morales, porque el Padre mismo ha otorgado personalidad a todos esos seres y los ha incluido en el circuito, al alcance del circuito universal de la personalidad. Adoramos a Dios, primero, porque él es; luego, porque él está en nosotros; y por último, porque nosotros estamos en él.

16:9.15¿Es extraño que la mente cósmica sea consciente de sí y de su propia fuente, la mente infinita del Espíritu Infinito, y al mismo tiempo consciente de la realidad física de los universos lejanos, de la realidad espiritual del Hijo Eterno y de la realidad de personalidad del Padre Universal?

16:9.16[Patrocinado por un Censor Universal de Uversa].

Documento 16

Los Siete Espíritus Maestros