Parte IV · Documento 154

Últimos días en Cafarnaúm

154:0.1EN LA agitada noche del sábado 30 de abril, mientras Jesús dirigía palabras de consuelo y de valor a sus discípulos abatidos y desconcertados, en Tiberíades se celebraba un consejo entre Herodes Antipas y un grupo de comisionados especiales que representaban al Sanedrín de Jerusalén. Estos escribas y fariseos instaron a Herodes a arrestar a Jesús; hicieron todo lo posible por convencerlo de que Jesús incitaba al pueblo a la discordia e incluso a la rebelión. Pero Herodes se negó a actuar contra él como delincuente político. Los consejeros de Herodes le habían informado correctamente del episodio al otro lado del lago, cuando el pueblo quiso proclamar rey a Jesús, y de cómo él rechazó la propuesta.

154:0.2Uno de los miembros de la casa oficial de Herodes, Cusa, cuya esposa pertenecía al cuerpo ministrante de las mujeres, le había informado de que Jesús no se proponía entrometerse en los asuntos del gobierno terrenal; que solo le interesaba establecer la fraternidad espiritual de sus creyentes, fraternidad a la que llamaba el reino de los cielos. Herodes confiaba en los informes de Cusa, tanto que se negó a interferir en las actividades de Jesús. En este tiempo, Herodes también estaba influido en su actitud hacia Jesús por su temor supersticioso a Juan el Bautista. Herodes era uno de esos judíos apóstatas que, aunque no creía en nada, lo temía todo. Tenía mala conciencia por haber dado muerte a Juan, y no quería enredarse en estas intrigas contra Jesús. Conocía muchos casos de enfermedad que Jesús al parecer había curado, y lo consideraba un profeta o un fanático religioso relativamente inofensivo.

154:0.3Cuando los judíos amenazaron con informar al César de que él protegía a un súbdito traidor, Herodes los echó de su sala del consejo. Así quedaron las cosas durante una semana, tiempo en el que Jesús preparó a sus seguidores para la dispersión inminente.

1. Una semana de consulta

154:1.1Del 1 al 7 de mayo, Jesús celebró consultas íntimas con sus seguidores en la casa de Zebedeo. Solo se admitió en estas conferencias a los discípulos probados y de confianza. En este tiempo solo había unos cien discípulos que tenían el valor moral de desafiar la oposición de los fariseos y declarar abiertamente su adhesión a Jesús. Con este grupo celebró sesiones por la mañana, por la tarde y por la noche. Cada tarde se reunían a la orilla del mar pequeños grupos de personas interesadas, a quienes hablaban algunos de los evangelistas o de los apóstoles. Estos grupos rara vez pasaban de cincuenta personas.

154:1.2El viernes de esa semana, los jefes de la sinagoga de Cafarnaúm tomaron la decisión oficial de cerrar la casa de Dios a Jesús y a todos sus seguidores. Esta decisión se tomó por instigación de los fariseos de Jerusalén. Jairo renunció como jefe principal y se puso abiertamente del lado de Jesús.

154:1.3La última de las reuniones a la orilla del mar se celebró la tarde del sábado 7 de mayo. Jesús habló a menos de ciento cincuenta personas que se habían reunido en ese momento. Esa noche del sábado marcó el punto más bajo de la marea de la estima popular por Jesús y sus enseñanzas. A partir de entonces hubo un crecimiento constante, lento, pero más sano y más fiable del sentimiento favorable; se formó un nuevo grupo de seguidores, mejor fundado en la fe espiritual y en la verdadera experiencia religiosa. La etapa de transición, más o menos compuesta y contemporizadora, entre los conceptos materialistas del reino que tenían los seguidores del Maestro y los conceptos más idealistas y espirituales que enseñaba Jesús, había terminado ya definitivamente. Desde entonces hubo una proclamación más abierta del evangelio del reino en su alcance más amplio y en sus implicaciones espirituales de largo alcance.

2. Una semana de descanso

154:2.1El domingo 8 de mayo del año 29 d. C., en Jerusalén, el Sanedrín aprobó un decreto que cerraba todas las sinagogas de Palestina a Jesús y a sus seguidores. Fue una usurpación de autoridad nueva y sin precedentes por parte del Sanedrín de Jerusalén. Hasta entonces, cada sinagoga había existido y funcionado como una congregación independiente de fieles, bajo el gobierno y la dirección de su propia junta de gobierno. Solo las sinagogas de Jerusalén habían estado sujetas a la autoridad del Sanedrín. A esta acción sumaria del Sanedrín siguió la renuncia de cinco de sus miembros. De inmediato se enviaron cien mensajeros para comunicar y hacer cumplir este decreto. En el breve plazo de dos semanas, todas las sinagogas de Palestina se habían sometido a este manifiesto del Sanedrín, excepto la sinagoga de Hebrón. Los jefes de la sinagoga de Hebrón se negaron a reconocer el derecho del Sanedrín a ejercer tal jurisdicción sobre su asamblea. Esta negativa a acatar el decreto de Jerusalén se basaba en su defensa de la autonomía de la congregación más que en una simpatía por la causa de Jesús. Poco después, la sinagoga de Hebrón fue destruida por un incendio.

154:2.2Ese mismo domingo por la mañana, Jesús declaró una semana de asueto e instó a todos sus discípulos a volver a sus hogares o con sus amigos para que descansaran sus almas turbadas y dijeran palabras de aliento a sus seres queridos. Dijo: «Vayan cada uno a su lugar a divertirse o a pescar, mientras oran por la extensión del reino».

154:2.3Esta semana de descanso permitió a Jesús visitar a muchas familias y grupos de la orilla del mar. También fue a pescar con David Zebedeo en varias ocasiones, y aunque andaba solo gran parte del tiempo, siempre rondaban cerca dos o tres de los mensajeros de más confianza de David, que tenían órdenes muy claras de su jefe respecto a la protección de Jesús. Durante esta semana de descanso no hubo enseñanza pública de ningún tipo.

154:2.4Fue la semana en que Natanael y Santiago Zebedeo sufrieron algo más que una ligera enfermedad. Durante tres días y tres noches padecieron de forma aguda un doloroso trastorno digestivo. La tercera noche, Jesús mandó a descansar a Salomé, la madre de Santiago, mientras él atendía a sus apóstoles dolientes. Desde luego, Jesús podría haber curado al instante a estos dos hombres, pero ese no es el método ni del Hijo ni del Padre al tratar estas dificultades y aflicciones comunes de los hijos de los hombres en los mundos evolutivos del tiempo y del espacio. Ni una sola vez, en toda su agitada vida en la carne, realizó Jesús ningún tipo de ministerio sobrenatural para ningún miembro de su familia terrenal ni en favor de ninguno de sus seguidores inmediatos.

154:2.5Las dificultades del universo deben afrontarse y los obstáculos planetarios deben encontrarse como parte de la formación por la experiencia que se proporciona para el crecimiento y el desarrollo, la perfección progresiva, de las almas en evolución de las criaturas mortales. La espiritualización del alma humana requiere una experiencia íntima con la resolución educativa de una amplia gama de problemas reales del universo. La naturaleza animal y las formas inferiores de las criaturas volitivas no progresan favorablemente en un entorno cómodo. Las situaciones problemáticas, unidas a los estímulos del esfuerzo, se conjugan para producir esas actividades de la mente, del alma y del espíritu que contribuyen poderosamente a lograr metas dignas de la progresión mortal y a alcanzar niveles más elevados de destino espiritual.

3. La segunda conferencia de Tiberíades

154:3.1El 16 de mayo se reunió en Tiberíades la segunda conferencia entre las autoridades de Jerusalén y Herodes Antipas. Asistieron tanto los dirigentes religiosos como los políticos de Jerusalén. Los dirigentes judíos pudieron informar a Herodes de que prácticamente todas las sinagogas, tanto de Galilea como de Judea, estaban cerradas a las enseñanzas de Jesús. Se hizo un nuevo intento de que Herodes arrestara a Jesús, pero él se negó a hacer lo que le pedían. Sin embargo, el 18 de mayo Herodes aceptó el plan de permitir que las autoridades del Sanedrín prendieran a Jesús y lo llevaran a Jerusalén para juzgarlo por acusaciones religiosas, siempre que el gobernante romano de Judea estuviera de acuerdo con tal arreglo. Mientras tanto, los enemigos de Jesús difundían con empeño por toda Galilea el rumor de que Herodes se había vuelto hostil a Jesús y de que pensaba exterminar a todos los que creían en sus enseñanzas.

154:3.2La noche del sábado 21 de mayo llegó a Tiberíades la noticia de que las autoridades civiles de Jerusalén no tenían objeción al acuerdo entre Herodes y los fariseos de que Jesús fuera prendido y llevado a Jerusalén para ser juzgado ante el Sanedrín, acusado de despreciar las leyes sagradas de la nación judía. En consecuencia, poco antes de la medianoche de ese día, Herodes firmó el decreto que autorizaba a los oficiales del Sanedrín a prender a Jesús dentro de los dominios de Herodes y a llevarlo por la fuerza a Jerusalén para juzgarlo. Antes de que Herodes consintiera en conceder este permiso, se ejerció sobre él una fuerte presión desde muchos lados, y él sabía bien que Jesús no podía esperar un juicio justo ante sus enconados enemigos de Jerusalén.

4. Sábado por la noche en Cafarnaúm

154:4.1Esa misma noche del sábado, en Cafarnaúm, un grupo de cincuenta ciudadanos destacados se reunió en la sinagoga para tratar la trascendental cuestión: «¿Qué haremos con Jesús?». Hablaron y debatieron hasta pasada la medianoche, pero no pudieron encontrar ningún terreno común para un acuerdo. Aparte de unas pocas personas que se inclinaban a creer que Jesús podía ser el Mesías, al menos un hombre santo, o quizás un profeta, la reunión estaba dividida en cuatro grupos casi iguales, que sostenían, respectivamente, las siguientes opiniones sobre Jesús:

154:4.21. Que era un fanático religioso iluso e inofensivo.

154:4.32. Que era un agitador peligroso e intrigante que podía incitar a la rebelión.

154:4.43. Que estaba aliado con los demonios, que incluso podía ser un príncipe de los demonios.

154:4.54. Que estaba fuera de sí, que estaba loco, mentalmente desequilibrado.

154:4.6Se habló mucho de que Jesús predicaba doctrinas que eran perturbadoras para la gente común; sus enemigos sostenían que sus enseñanzas eran poco prácticas, que todo se vendría abajo si todo el mundo hiciera un esfuerzo sincero por vivir de acuerdo con sus ideas. Y los hombres de muchas generaciones posteriores han dicho lo mismo. Muchos hombres inteligentes y bienintencionados, incluso en la época más ilustrada de estas revelaciones, sostienen que la civilización moderna no podría haberse construido sobre las enseñanzas de Jesús —y en parte tienen razón—. Pero todos esos escépticos olvidan que sobre sus enseñanzas podría haberse construido una civilización mucho mejor, y algún día se construirá. Este mundo nunca ha intentado en serio llevar a cabo las enseñanzas de Jesús a gran escala, a pesar de que a menudo se han hecho intentos poco entusiastas de seguir las doctrinas del llamado cristianismo.

5. La agitada mañana del domingo

154:5.1El 22 de mayo fue un día lleno de acontecimientos en la vida de Jesús. Ese domingo por la mañana, antes del amanecer, uno de los mensajeros de David llegó a toda prisa de Tiberíades con la noticia de que Herodes había autorizado, o estaba a punto de autorizar, el arresto de Jesús por los oficiales del Sanedrín. Al recibir la noticia de este peligro inminente, David Zebedeo despertó a sus mensajeros y los envió a todos los grupos locales de discípulos para convocarlos a un consejo de emergencia a las siete de esa mañana. Cuando la cuñada de Judas (el hermano de Jesús) oyó esta alarmante noticia, avisó a toda prisa a todos los familiares de Jesús que vivían cerca y los convocó a reunirse de inmediato en la casa de Zebedeo. Y en respuesta a este apresurado llamado, pronto se reunieron María, Santiago, José, Judas y Rut.

154:5.2En esta reunión de primera hora de la mañana, Jesús dio sus instrucciones de despedida a los discípulos reunidos; es decir, se despidió de ellos por el momento, sabiendo bien que pronto serían dispersados de Cafarnaúm. Les indicó a todos que buscaran en Dios su guía y que continuaran la obra del reino sin importar las consecuencias. Los evangelistas debían trabajar como les pareciera conveniente hasta el momento en que pudieran ser llamados. Eligió a doce de los evangelistas para que lo acompañaran; a los doce apóstoles les indicó que permanecieran con él pasara lo que pasara. A las doce mujeres les mandó que se quedaran en la casa de Zebedeo y en la casa de Pedro hasta que él mandara a buscarlas.

154:5.3Jesús consintió en que David Zebedeo continuara su servicio de mensajeros por todo el país, y al despedirse poco después del Maestro, David dijo: «Ve a tu obra, Maestro. No dejes que los fanáticos te atrapen, y nunca dudes de que los mensajeros te seguirán. Mis hombres nunca perderán el contacto contigo, y por medio de ellos sabrás del reino en otros lugares, y por ellos todos sabremos de ti. Nada de lo que pueda ocurrirme interferirá en este servicio, porque he nombrado un primer y un segundo jefe, e incluso un tercero. No soy maestro ni predicador, pero está en mi corazón hacer esto, y nadie puede impedírmelo».

154:5.4Hacia las 7:30 de esa mañana, Jesús comenzó su discurso de despedida a casi cien creyentes que se habían apretujado en el interior para oírlo. Era una ocasión solemne para todos los presentes, pero Jesús parecía inusualmente alegre; volvía a ser el de siempre. La seriedad de semanas había desaparecido, y los inspiró a todos con sus palabras de fe, de esperanza y de valor.

6. Llega la familia de Jesús

154:6.1Eran cerca de las ocho de ese domingo por la mañana cuando cinco miembros de la familia terrenal de Jesús llegaron al lugar en respuesta al urgente aviso de la cuñada de Judas. De toda su familia en la carne, solo una, Rut, creía de todo corazón y de manera continua en la divinidad de su misión en la tierra. Judas y Santiago, e incluso José, aún conservaban mucha de su fe en Jesús, pero habían permitido que el orgullo interfiriera en su mejor juicio y en sus verdaderas inclinaciones espirituales. María también estaba dividida entre el amor y el temor, entre el amor de madre y el orgullo familiar. Aunque la acosaban las dudas, nunca pudo olvidar del todo la visita de Gabriel antes de que Jesús naciera. Los fariseos se habían esforzado por convencer a María de que Jesús estaba fuera de sí, trastornado. La instaron a ir con sus hijos y tratar de disuadirlo de nuevos esfuerzos de enseñanza pública. Le aseguraron a María que pronto la salud de Jesús se quebrantaría y que, si le permitían continuar, solo podrían caer la deshonra y la vergüenza sobre toda la familia. Y así, cuando llegó el aviso de la cuñada de Judas, los cinco partieron de inmediato hacia la casa de Zebedeo, pues habían estado juntos en el hogar de María, donde se habían reunido con los fariseos la noche anterior. Habían hablado con los dirigentes de Jerusalén hasta bien entrada la noche, y todos estaban más o menos convencidos de que Jesús actuaba de manera extraña, de que hacía tiempo que actuaba de manera extraña. Aunque Rut no podía explicar toda su conducta, insistía en que él siempre había tratado con justicia a su familia, y se negó a aceptar el plan de intentar disuadirlo de seguir con su obra.

154:6.2De camino a la casa de Zebedeo hablaron de estas cosas y acordaron entre ellos tratar de convencer a Jesús de que volviera a casa con ellos, porque, dijo María: «Sé que podría influir en mi hijo si tan solo viniera a casa y me escuchara». Santiago y Judas habían oído rumores sobre los planes de arrestar a Jesús y llevarlo a Jerusalén para juzgarlo. También temían por su propia seguridad. Mientras Jesús fue una figura popular ante los ojos del público, su familia dejó que las cosas siguieran su curso, pero ahora que la gente de Cafarnaúm y los dirigentes de Jerusalén se habían vuelto de pronto contra él, empezaron a sentir intensamente el peso de la supuesta deshonra de su incómoda situación.

154:6.3Habían esperado encontrarse con Jesús, llevarlo aparte e instarlo a que fuera a casa con ellos. Habían pensado asegurarle que olvidarían su descuido hacia ellos —que perdonarían y olvidarían— si tan solo abandonaba la locura de intentar predicar una nueva religión que solo podía traerle problemas a él y deshonra a su familia. A todo esto, Rut solo decía: «Le diré a mi hermano que creo que es un hombre de Dios, y que espero que esté dispuesto a morir antes que permitir que estos malvados fariseos detengan su predicación». José prometió mantener callada a Rut mientras los demás trataban de convencer a Jesús.

154:6.4Cuando llegaron a la casa de Zebedeo, Jesús estaba en pleno discurso de despedida a los discípulos. Intentaron entrar en la casa, pero estaba llena a rebosar. Finalmente se instalaron en el porche trasero e hicieron pasar el aviso a Jesús, de persona en persona, de modo que al fin se lo susurró Simón Pedro, quien interrumpió su discurso con ese fin y le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están afuera, y tienen mucho deseo de hablar contigo». Ahora bien, a su madre no se le ocurrió lo importante que era dar este mensaje de despedida a sus seguidores, ni sabía que su discurso podía terminar en cualquier momento por la llegada de quienes venían a prenderlo. Ella creía realmente que, tras un distanciamiento aparente tan largo, y dado que ella y sus hermanos habían tenido la gentileza de venir hasta él en persona, Jesús dejaría de hablar y saldría a su encuentro en el momento en que recibiera el aviso de que lo esperaban.

154:6.5Era solo uno más de esos casos en que su familia terrenal no podía comprender que él debía ocuparse de los asuntos de su Padre. Y así, María y sus hermanos se sintieron profundamente heridos cuando, aunque él se detuvo en su discurso para recibir el mensaje, en lugar de salir corriendo a saludarlos, oyeron su voz musical decir con mayor volumen: «Di a mi madre y a mis hermanos que no deben temer por mí. El Padre que me envió al mundo no me abandonará; tampoco le ocurrirá ningún mal a mi familia. Diles que tengan buen ánimo y que pongan su confianza en el Padre del reino. Pero, después de todo, ¿quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y extendiendo las manos hacia todos sus discípulos reunidos en la sala, dijo: «No tengo madre; no tengo hermanos. ¡Miren a mi madre y miren a mis hermanos! Porque quien hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi madre, mi hermano y mi hermana».

154:6.6Y cuando María oyó estas palabras, se desplomó en los brazos de Judas. La llevaron al jardín para reanimarla mientras Jesús pronunciaba las palabras finales de su mensaje de despedida. Después él habría salido a hablar con su madre y sus hermanos, pero llegó a toda prisa un mensajero de Tiberíades con la noticia de que los oficiales del Sanedrín estaban en camino con autoridad para arrestar a Jesús y llevarlo a Jerusalén. Andrés recibió este mensaje e, interrumpiendo a Jesús, se lo comunicó.

154:6.7Andrés no recordó que David había apostado unos veinticinco centinelas alrededor de la casa de Zebedeo, y que nadie podía tomarlos por sorpresa; así que preguntó a Jesús qué se debía hacer. El Maestro permaneció allí en silencio mientras su madre, que había oído las palabras «No tengo madre», se recuperaba de la impresión en el jardín. Fue precisamente en ese momento cuando una mujer que estaba en la sala se puso de pie y exclamó: «Bendito el vientre que te llevó y benditos los pechos que te amamantaron». Jesús se apartó un momento de su conversación con Andrés para responder a esta mujer diciendo: «No, más bien es bendito el que oye la palabra de Dios y se atreve a obedecerla».

154:6.8María y los hermanos de Jesús pensaban que Jesús no los comprendía, que había perdido el interés por ellos, sin darse cuenta de que eran ellos los que no lograban comprender a Jesús. Jesús comprendía plenamente lo difícil que es para los hombres romper con su pasado. Sabía cómo los seres humanos se dejan llevar por la elocuencia del predicador, y cómo la conciencia moral responde al llamado emocional como la mente responde a la lógica y a la razón, pero también sabía cuánto más difícil es persuadir a los hombres de que repudien el pasado.

154:6.9Es verdad para siempre que todos los que piensen que no son comprendidos o no son apreciados tienen en Jesús un amigo compasivo y un consejero comprensivo. Él había advertido a sus apóstoles que los enemigos de un hombre pueden ser los de su propia casa, pero apenas se había dado cuenta de cuán cerca llegaría esta predicción a aplicarse a su propia experiencia. Jesús no abandonó a su familia terrenal para hacer la obra de su Padre —fueron ellos quienes lo abandonaron a él—. Más tarde, después de la muerte y la resurrección del Maestro, cuando Santiago se vinculó al primer movimiento cristiano, sufrió de manera inconmensurable como consecuencia de no haber disfrutado de esta asociación anterior con Jesús y sus discípulos.

154:6.10Al pasar por estos acontecimientos, Jesús eligió guiarse por el conocimiento limitado de su mente humana. Deseaba vivir la experiencia con sus asociados como un simple hombre. Y estaba en la mente humana de Jesús ver a su familia antes de partir. No quería detenerse en medio de su discurso y hacer así de su primer encuentro, después de una separación tan larga, un asunto tan público. Había tenido la intención de terminar su discurso y luego visitarlos antes de irse, pero este plan quedó frustrado por la conjunción de los acontecimientos que siguieron de inmediato.

154:6.11La prisa de su huida aumentó con la llegada de un grupo de mensajeros de David a la entrada trasera de la casa de Zebedeo. El alboroto que produjeron estos hombres asustó a los apóstoles, que pensaron que los recién llegados podían ser quienes venían a prenderlos, y por temor a un arresto inmediato, salieron a toda prisa por la entrada principal hacia la barca que los esperaba. Y todo esto explica por qué Jesús no vio a su familia que esperaba en el porche trasero.

154:6.12Pero sí le dijo a David Zebedeo, al subir a la barca en su apresurada huida: «Di a mi madre y a mis hermanos que agradezco que hayan venido, y que tenía la intención de verlos. Exhórtalos a no encontrar en mí motivo de ofensa, sino más bien a buscar el conocimiento de la voluntad de Dios y la gracia y el valor para hacer esa voluntad».

7. La huida apresurada

154:7.1Y así fue como en este domingo por la mañana, el veintidós de mayo del año 29 d. C., Jesús, con sus doce apóstoles y los doce evangelistas, emprendió esta apresurada huida de los oficiales del Sanedrín, que iban camino de Betsaida con autoridad de Herodes Antipas para arrestarlo y llevarlo a Jerusalén para juzgarlo por acusaciones de blasfemia y de otras violaciones de las leyes sagradas de los judíos. Eran casi las ocho y media de esta hermosa mañana cuando este grupo de veinticinco tomó los remos y bogó hacia la orilla oriental del mar de Galilea.

154:7.2Tras la barca del Maestro iba otra embarcación más pequeña, con seis de los mensajeros de David, que tenían instrucciones de mantener el contacto con Jesús y sus asociados y de procurar que se transmitiera con regularidad información sobre su paradero y su seguridad a la casa de Zebedeo en Betsaida, que desde hacía algún tiempo servía de cuartel general para la obra del reino. Pero Jesús nunca volvería a tener su hogar en la casa de Zebedeo. A partir de entonces, durante todo el resto de su vida terrenal, el Maestro verdaderamente «no tenía dónde recostar la cabeza». Ya no tuvo ni siquiera la apariencia de una residencia fija.

154:7.3Remaron hasta cerca del pueblo de Kheresa, dejaron su barca al cuidado de unos amigos y comenzaron los recorridos de este agitado último año de la vida del Maestro en la tierra. Durante un tiempo permanecieron en los dominios de Filipo, yendo desde Kheresa hasta Cesarea de Filipo, y desde allí se dirigieron a la costa de Fenicia.

154:7.4La multitud se quedó en los alrededores de la casa de Zebedeo viendo cómo estas dos barcas cruzaban el lago hacia la orilla oriental, y ya iban bien lejos cuando llegaron apresuradamente los oficiales de Jerusalén y comenzaron a buscar a Jesús. Se negaron a creer que se les había escapado, y mientras Jesús y su grupo viajaban hacia el norte a través de Batanea, los fariseos y sus ayudantes pasaron casi una semana entera buscándolo en vano por los alrededores de Cafarnaúm.

154:7.5La familia de Jesús volvió a su hogar en Cafarnaúm y pasó casi una semana hablando, debatiendo y orando. Estaban llenos de confusión y de consternación. No tuvieron paz mental hasta el jueves por la tarde, cuando Rut regresó de una visita a la casa de Zebedeo, donde supo por David que su padre-hermano estaba a salvo y con buena salud, y que se dirigía hacia la costa fenicia.

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