Parte IV · Documento 142
La Pascua en Jerusalén
142:0.1EL mes de abril, Jesús y los apóstoles trabajaron en Jerusalén, y cada atardecer salían de la ciudad para pasar la noche en Betania. Jesús mismo pasaba una o dos noches por semana en Jerusalén, en la casa de Flavio, un judío griego, adonde muchos judíos prominentes acudían en secreto para entrevistarse con él.
142:0.2El primer día en Jerusalén, Jesús visitó a su amigo de años anteriores, Anás, antiguo sumo sacerdote y pariente de Salomé, la esposa de Zebedeo. Anás había oído hablar de Jesús y de sus enseñanzas, y cuando Jesús llegó a la casa del sumo sacerdote, fue recibido con mucha reserva. Cuando Jesús percibió la frialdad de Anás, se despidió de inmediato, y al partir dijo: «El temor es el principal esclavizador del hombre, y el orgullo su gran debilidad; ¿te traicionarás a ti mismo entregándote a la servidumbre de estos dos destructores de la alegría y de la libertad?». Pero Anás no respondió. El Maestro no volvió a ver a Anás hasta el momento en que este se sentó con su yerno para juzgar al Hijo del Hombre.
1. La enseñanza en el templo
142:1.1Durante todo este mes, Jesús o alguno de los apóstoles enseñaba a diario en el templo. Cuando las multitudes de la Pascua eran demasiado grandes para poder entrar a la enseñanza del templo, los apóstoles dirigieron muchos grupos de enseñanza fuera del recinto sagrado. La esencia de su mensaje era:
142:1.21. El reino de los cielos está cerca.
142:1.32. Por la fe en la paternidad de Dios ustedes pueden entrar en el reino de los cielos, y así llegan a ser hijos de Dios.
142:1.43. El amor es la regla de vida dentro del reino —devoción suprema a Dios, a la vez que aman a su prójimo como a sí mismos.
142:1.54. La obediencia a la voluntad del Padre, que produce los frutos del espíritu en la vida personal de cada uno, es la ley del reino.
142:1.6Las multitudes que vinieron a celebrar la Pascua oyeron esta enseñanza de Jesús, y cientos de ellos se alegraron con la buena nueva. Los jefes de los sacerdotes y los gobernantes de los judíos se preocuparon mucho por Jesús y sus apóstoles, y discutieron entre ellos qué se debía hacer con ellos.
142:1.7Además de enseñar en el templo y en sus alrededores, los apóstoles y otros creyentes se ocupaban en hacer mucho trabajo personal entre las multitudes de la Pascua. Estos hombres y mujeres interesados llevaron la noticia del mensaje de Jesús desde esta celebración de la Pascua hasta los confines del Imperio romano y también al Oriente. Este fue el comienzo de la difusión del evangelio del reino al mundo exterior. La obra de Jesús ya no iba a estar confinada a Palestina.
2. La ira de Dios
142:2.1Se encontraba en Jerusalén, asistiendo a las fiestas de la Pascua, un tal Jacob, un rico comerciante judío de Creta, y fue a ver a Andrés para pedirle ver a Jesús en privado. Andrés organizó este encuentro secreto con Jesús en la casa de Flavio para la noche del día siguiente. Este hombre no podía comprender las enseñanzas del Maestro, y vino porque deseaba indagar más a fondo acerca del reino de Dios. Jacob le dijo a Jesús: «Pero, Rabí, Moisés y los antiguos profetas nos dicen que Yahvé es un Dios celoso, un Dios de gran ira y de cólera feroz. Los profetas dicen que él odia a los malhechores y se venga de los que no obedecen su ley. Tú y tus discípulos nos enseñan que Dios es un Padre bondadoso y compasivo que ama tanto a todos los hombres que los recibiría de buen grado en este nuevo reino de los cielos, que ustedes proclaman tan cercano».
142:2.2Cuando Jacob terminó de hablar, Jesús respondió: «Jacob, has expuesto bien las enseñanzas de los antiguos profetas, que enseñaron a los hijos de su generación de acuerdo con la luz de su tiempo. Nuestro Padre que está en el Paraíso es inmutable. Pero el concepto de su naturaleza se ha ampliado y ha crecido desde los días de Moisés, a través de los tiempos de Amós, e incluso hasta la generación del profeta Isaías. Y ahora he venido yo en la carne para revelar al Padre con una nueva gloria y para mostrar su amor y su misericordia a todos los hombres en todos los mundos. A medida que el evangelio de este reino se extienda por el mundo con su mensaje de buen ánimo y de buena voluntad hacia todos los hombres, surgirán relaciones más elevadas y mejores entre las familias de todas las naciones. Con el paso del tiempo, los padres y sus hijos se amarán más unos a otros, y así se logrará una mejor comprensión del amor del Padre que está en el cielo por sus hijos en la tierra. Recuerda, Jacob, que un padre bueno y verdadero no solo ama a su familia como un todo —como familia—, sino que también ama de verdad y cuida con afecto a cada miembro individual».
142:2.3Después de una larga conversación sobre el carácter del Padre celestial, Jesús se detuvo para decir: «Tú, Jacob, que eres padre de muchos, conoces bien la verdad de mis palabras». Y Jacob dijo: «Pero, Maestro, ¿quién te dijo que yo era padre de seis hijos? ¿Cómo supiste esto de mí?». Y el Maestro respondió: «Baste decir que el Padre y el Hijo saben todas las cosas, porque en verdad lo ven todo. Puesto que amas a tus hijos como padre en la tierra, ahora debes aceptar como una realidad el amor del Padre celestial por ti —no solo por todos los hijos de Abraham, sino por ti, por tu alma individual».
142:2.4Luego Jesús continuó diciendo: «Cuando tus hijos son muy pequeños e inmaduros, y cuando tienes que castigarlos, ellos pueden pensar que su padre está enojado y lleno de una ira resentida. Su inmadurez no puede penetrar más allá del castigo para discernir el afecto previsor y correctivo del padre. Pero cuando estos mismos hijos llegan a ser hombres y mujeres adultos, ¿no sería una insensatez que se aferraran a esas nociones anteriores y equivocadas acerca de su padre? Como hombres y mujeres, ahora deberían discernir el amor de su padre en todas aquellas disciplinas tempranas. ¿Y no debería la humanidad, con el paso de los siglos, llegar a comprender mejor la verdadera naturaleza y el carácter amoroso del Padre que está en el cielo? ¿Qué provecho sacas de generaciones sucesivas de iluminación espiritual si persistes en ver a Dios como lo vieron Moisés y los profetas? Te digo, Jacob, que bajo la luz brillante de esta hora deberías ver al Padre como ninguno de los que te precedieron lo contempló jamás. Y al verlo así, deberías alegrarte de entrar en el reino donde gobierna un Padre tan misericordioso, y deberías procurar que su voluntad de amor domine tu vida de ahora en adelante».
142:2.5Y Jacob respondió: «Rabí, creo; deseo que me conduzcas al reino del Padre».
3. El concepto de Dios
142:3.1Los doce apóstoles, la mayoría de los cuales habían escuchado esta conversación sobre el carácter de Dios, esa noche le hicieron a Jesús muchas preguntas acerca del Padre que está en el cielo. Las respuestas del Maestro a estas preguntas se pueden presentar mejor en el siguiente resumen, con una fraseología moderna:
142:3.2Jesús reprendió con suavidad a los doce, y en sustancia les dijo: ¿No conocen las tradiciones de Israel relativas al crecimiento de la idea de Yahvé, e ignoran la enseñanza de las Escrituras acerca de la doctrina de Dios? Y entonces el Maestro procedió a instruir a los apóstoles sobre la evolución del concepto de la Deidad a lo largo del desarrollo del pueblo judío. Llamó la atención sobre las siguientes fases del crecimiento de la idea de Dios:
142:3.31. Yahvé —el dios de los clanes del Sinaí. Este fue el concepto primitivo de la Deidad que Moisés elevó al nivel superior del Señor Dios de Israel. El Padre que está en el cielo nunca deja de aceptar la adoración sincera de sus hijos en la tierra, por tosco que sea su concepto de la Deidad, o cualquiera que sea el nombre con que simbolicen su naturaleza divina.
142:3.42. El Altísimo. Este concepto del Padre que está en el cielo lo proclamó Melquisedec a Abraham, y lo llevaron lejos de Salem quienes después creyeron en esta idea ampliada y extendida de la Deidad. Abraham y su hermano dejaron Ur a causa del establecimiento de la adoración del sol, y llegaron a creer en la enseñanza de Melquisedec sobre El Elyon —el Dios Altísimo. El suyo era un concepto compuesto de Dios, que consistía en una mezcla de sus antiguas ideas mesopotámicas y de la doctrina del Altísimo.
142:3.53. El Shaddai. En aquellos primeros tiempos, muchos de los hebreos rendían culto a El Shaddai, la concepción egipcia del Dios del cielo, que habían conocido mientras estuvieron cautivos en la tierra del Nilo. Mucho después de la época de Melquisedec, los tres conceptos de Dios acabaron por unirse para dar forma a la doctrina de la Deidad creadora, el Señor Dios de Israel.
142:3.64. Elohim. Desde los tiempos de Adán ha persistido la enseñanza de la Trinidad del Paraíso. ¿No recuerdan cómo comienzan las Escrituras afirmando que «En el principio los Dioses crearon los cielos y la tierra»? Esto indica que, cuando se hizo aquel registro, el concepto trinitario de tres Dioses en uno se había alojado en la religión de nuestros antepasados.
142:3.75. El Yahvé Supremo. Hacia los tiempos de Isaías estas creencias sobre Dios se habían ampliado hasta el concepto de un Creador Universal que era a la vez todopoderoso y plenamente misericordioso. Y este concepto de Dios, que evolucionaba y se ampliaba, prácticamente reemplazó todas las ideas anteriores de la Deidad en la religión de nuestros padres.
142:3.86. El Padre que está en el cielo. Y ahora conocemos a Dios como nuestro Padre que está en el cielo. Nuestra enseñanza ofrece una religión en la que el creyente es un hijo de Dios. Esa es la buena nueva del evangelio del reino de los cielos. Coexistentes con el Padre están el Hijo y el Espíritu, y la revelación de la naturaleza y del ministerio de estas Deidades del Paraíso continuará ampliándose y haciéndose más luminosa a lo largo de las edades sin fin de la eterna progresión espiritual de los hijos de Dios ascendentes. En todo tiempo y durante todas las edades, el espíritu que mora en el interior reconoce la verdadera adoración de cualquier ser humano —en lo que concierne al progreso espiritual individual— como homenaje rendido al Padre que está en el cielo.
142:3.9Nunca antes se habían conmocionado tanto los apóstoles como al oír este relato del crecimiento del concepto de Dios en las mentes judías de generaciones anteriores; estaban demasiado desconcertados para hacer preguntas. Mientras estaban sentados en silencio delante de Jesús, el Maestro continuó: «Y ustedes habrían conocido estas verdades si hubieran leído las Escrituras. ¿No han leído en Samuel donde dice: “Y la ira del Señor se encendió contra Israel, tanto que movió a David contra ellos, diciendo: ve y haz el censo de Israel y de Judá”? Y esto no era extraño, porque en los días de Samuel los hijos de Abraham creían realmente que Yahvé creaba tanto el bien como el mal. Pero cuando un escritor posterior narró estos sucesos, después de la ampliación del concepto judío de la naturaleza de Dios, no se atrevió a atribuir el mal a Yahvé; por eso dijo: “Y Satanás se levantó contra Israel e incitó a David a hacer el censo de Israel”. ¿No pueden discernir que tales registros de las Escrituras muestran claramente cómo el concepto de la naturaleza de Dios siguió creciendo de una generación a otra?
142:3.10»Además, deberían haber discernido el crecimiento de la comprensión de la ley divina en perfecta armonía con estos conceptos de la divinidad que se ampliaban. Cuando los hijos de Israel salieron de Egipto, en los días anteriores a la revelación ampliada de Yahvé, tenían diez mandamientos que les sirvieron de ley hasta los tiempos en que acamparon delante del Sinaí. Y estos diez mandamientos eran:
142:3.11»1. No adorarás a ningún otro dios, porque el Señor es un Dios celoso.
142:3.12»2. No harás dioses de metal fundido.
142:3.13»3. No dejarás de guardar la fiesta de los panes sin levadura.
142:3.14»4. De todos los machos de los hombres o del ganado, los primogénitos son míos, dice el Señor.
142:3.15»5. Seis días podrás trabajar, pero el séptimo día descansarás.
142:3.16»6. No dejarás de observar la fiesta de las primicias y la fiesta de la cosecha al final del año.
142:3.17»7. No ofrecerás la sangre de ningún sacrificio con pan leudado.
142:3.18»8. El sacrificio de la fiesta de la Pascua no se dejará hasta la mañana.
142:3.19»9. Las primeras de las primicias de la tierra las traerás a la casa del Señor tu Dios.
142:3.20»10. No cocerás un cabrito en la leche de su madre.
142:3.21»Y luego, en medio de los truenos y los relámpagos del Sinaí, Moisés les dio los nuevos diez mandamientos, que todos ustedes admitirán que son expresiones más dignas para acompañar los conceptos de la Deidad en torno a Yahvé, cada vez más amplios. ¿Y nunca se fijaron en que estos mandamientos, registrados dos veces en las Escrituras, en el primer caso asignan la liberación de Egipto como la razón para guardar el sábado, mientras que en un registro posterior las creencias religiosas más avanzadas de nuestros antepasados exigieron que esto se cambiara por el reconocimiento del hecho de la creación como la razón para observar el sábado?
142:3.22»Y luego recordarán que una vez más —en la mayor iluminación espiritual de los días de Isaías— estos diez mandamientos negativos se transformaron en la gran ley positiva del amor, el mandato de amar a Dios por encima de todo y a su prójimo como a sí mismos. Y es esta ley suprema del amor a Dios y al hombre la que yo también les declaro como el deber completo del hombre».
142:3.23Y cuando terminó de hablar, nadie le hizo ninguna pregunta. Se fueron, cada uno a dormir.
4. Flavio y la cultura griega
142:4.1Flavio, el judío griego, era un prosélito de la puerta, pues no había sido circuncidado ni bautizado; y como era un gran amante de lo bello en el arte y la escultura, la casa que ocupaba cuando residía en Jerusalén era un edificio hermoso. Esta casa estaba exquisitamente adornada con tesoros de valor incalculable que había reunido aquí y allá en sus viajes por el mundo. Cuando pensó por primera vez en invitar a Jesús a su casa, temió que el Maestro se ofendiera al ver estas llamadas imágenes. Pero Flavio se sorprendió gratamente, cuando Jesús entró en la casa, de que, en lugar de reprenderlo por tener estos objetos supuestamente idólatras esparcidos por la casa, mostrara gran interés en toda la colección e hiciera muchas preguntas de aprecio sobre cada objeto mientras Flavio lo acompañaba de sala en sala, mostrándole todas sus estatuas favoritas.
142:4.2El Maestro vio que su anfitrión estaba desconcertado por su actitud amistosa hacia el arte; por eso, cuando terminaron de recorrer toda la colección, Jesús dijo: «Puesto que aprecias la belleza de las cosas creadas por mi Padre y modeladas por las manos artísticas del hombre, ¿por qué habrías de esperar una reprensión? Porque Moisés en otro tiempo procuró combatir la idolatría y la adoración de dioses falsos, ¿por qué habrían de mirar todos los hombres con desaprobación la reproducción de la gracia y de la belleza? Te digo, Flavio, que los hijos de Moisés lo han entendido mal, y ahora hacen dioses falsos incluso de sus prohibiciones de imágenes y de la semejanza de las cosas del cielo y de la tierra. Pero aunque Moisés enseñara tales restricciones a las mentes oscurecidas de aquellos días, ¿qué tiene eso que ver con este día, en que el Padre que está en el cielo se revela como el Gobernante espiritual universal sobre todo? Y, Flavio, te declaro que en el reino venidero ya no enseñarán: “No adores esto y no adores aquello”; ya no se ocuparán de mandatos de abstenerse de esto y de cuidarse de no hacer aquello, sino que todos se ocuparán más bien de un deber supremo. Y este deber del hombre se expresa en dos grandes privilegios: la adoración sincera del Creador infinito, el Padre del Paraíso, y el servicio amoroso otorgado a los propios semejantes. Si amas a tu prójimo como te amas a ti mismo, sabes en verdad que eres un hijo de Dios.
142:4.3»En una época en que mi Padre no era bien comprendido, Moisés tenía justificación en sus intentos de resistir la idolatría, pero en la época venidera el Padre habrá sido revelado en la vida del Hijo; y esta nueva revelación de Dios hará para siempre innecesario confundir al Padre Creador con ídolos de piedra o con imágenes de oro y de plata. De ahora en adelante, los hombres inteligentes pueden disfrutar de los tesoros del arte sin confundir esta apreciación material de la belleza con la adoración y el servicio del Padre que está en el Paraíso, el Dios de todas las cosas y de todos los seres».
142:4.4Flavio creyó todo lo que Jesús le enseñó. Al día siguiente fue a Betania más allá del Jordán, y fue bautizado por los discípulos de Juan. Y lo hizo porque los apóstoles de Jesús todavía no bautizaban a los creyentes. Cuando Flavio regresó a Jerusalén, hizo un gran banquete para Jesús e invitó a sesenta de sus amigos. Y muchos de estos invitados también llegaron a creer en el mensaje del reino venidero.
5. El discurso sobre la seguridad
142:5.1Uno de los grandes sermones que Jesús predicó en el templo esta semana de Pascua fue la respuesta a una pregunta que le hizo uno de sus oyentes, un hombre de Damasco. Este hombre le preguntó a Jesús: «Pero, Rabí, ¿cómo sabremos con certeza que tú eres enviado por Dios, y que podemos verdaderamente entrar en este reino que tú y tus discípulos declaran que está cerca?». Y Jesús respondió:
142:5.2«En cuanto a mi mensaje y a la enseñanza de mis discípulos, deberían juzgarlos por sus frutos. Si les proclamamos las verdades del espíritu, el espíritu dará testimonio en sus corazones de que nuestro mensaje es auténtico. En cuanto al reino y a su seguridad de ser aceptados por el Padre celestial, permítanme preguntar: ¿qué padre entre ustedes, que sea un padre digno y de buen corazón, mantendría a su hijo en ansiedad o en suspenso acerca de su posición en la familia o de su lugar seguro en los afectos del corazón de su padre? ¿Se complacen ustedes, padres terrenales, en torturar a sus hijos con la incertidumbre acerca de su lugar en el amor constante de sus corazones humanos? Tampoco su Padre que está en el cielo deja a sus hijos del espíritu por la fe en una incertidumbre dudosa acerca de su posición en el reino. Si reciben a Dios como su Padre, entonces de hecho y en verdad son ustedes hijos de Dios. Y si son hijos, entonces están seguros en la posición y la condición de todo lo que concierne a la filiación eterna y divina. Si creen mis palabras, por ello creen en Aquel que me envió, y al creer así en el Padre, han asegurado su condición en la ciudadanía celestial. Si hacen la voluntad del Padre que está en el cielo, nunca dejarán de alcanzar la vida eterna de progreso en el reino divino.
142:5.3»El Espíritu Supremo dará testimonio con sus espíritus de que ustedes son verdaderamente hijos de Dios. Y si son hijos de Dios, entonces han nacido del espíritu de Dios; y quien ha nacido del espíritu tiene en sí mismo el poder de vencer toda duda, y esta es la victoria que vence toda incertidumbre: su fe.
142:5.4»Dijo el profeta Isaías, hablando de estos tiempos: “Cuando el espíritu sea derramado sobre nosotros desde lo alto, entonces la obra de la justicia se volverá paz, tranquilidad y seguridad para siempre”. Y para todos los que creen de verdad en este evangelio, yo seré garante de su recepción en las misericordias eternas y en la vida sempiterna del reino de mi Padre. Ustedes, pues, que oyen este mensaje y creen en este evangelio del reino son hijos de Dios, y tienen vida sempiterna; y la evidencia para todo el mundo de que han nacido del espíritu es que se aman sinceramente unos a otros».
142:5.5La multitud de oyentes permaneció muchas horas con Jesús, haciéndole preguntas y escuchando con atención sus respuestas reconfortantes. Incluso los apóstoles se sintieron animados por la enseñanza de Jesús a predicar el evangelio del reino con más poder y seguridad. Esta experiencia en Jerusalén fue una gran inspiración para los doce. Fue su primer contacto con multitudes tan enormes, y aprendieron muchas lecciones valiosas que resultaron de gran ayuda en su trabajo posterior.
6. La visita de Nicodemo
142:6.1Una noche, en la casa de Flavio, vino a ver a Jesús un tal Nicodemo, un miembro rico y de edad avanzada del Sanedrín judío. Había oído mucho acerca de las enseñanzas de este galileo, y por eso fue una tarde a escucharlo mientras enseñaba en los atrios del templo. Habría ido a menudo a oír enseñar a Jesús, pero temía ser visto por la gente que asistía a su enseñanza, porque los gobernantes de los judíos ya estaban tan enfrentados con Jesús que ningún miembro del Sanedrín querría ser identificado abiertamente con él. Por eso, Nicodemo había acordado con Andrés ver a Jesús en privado, después del anochecer de esta noche en particular. Pedro, Santiago y Juan estaban en el jardín de Flavio cuando comenzó la entrevista, pero más tarde todos entraron en la casa, donde continuó el diálogo.
142:6.2Al recibir a Nicodemo, Jesús no mostró ninguna deferencia particular; al hablar con él, no hubo concesiones ni una persuasión excesiva. El Maestro no intentó rechazar a su visitante, que llegaba en secreto, ni empleó el sarcasmo. En todo su trato con el distinguido visitante, Jesús se mostró tranquilo, serio y digno. Nicodemo no era un delegado oficial del Sanedrín; vino a ver a Jesús solo por su interés personal y sincero en las enseñanzas del Maestro.
142:6.3Cuando Flavio lo presentó, Nicodemo dijo: «Rabí, sabemos que eres un maestro enviado por Dios, porque ningún hombre por sí solo podría enseñar así si Dios no estuviera con él. Y deseo saber más acerca de tus enseñanzas sobre el reino venidero».
142:6.4Jesús le respondió a Nicodemo: «En verdad, en verdad te digo, Nicodemo, que si un hombre no nace de lo alto, no puede ver el reino de Dios». Entonces Nicodemo replicó: «Pero ¿cómo puede un hombre nacer de nuevo cuando es viejo? No puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre para nacer».
142:6.5Jesús dijo: «Sin embargo, te declaro que si un hombre no nace del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del espíritu es espíritu. Pero no deberías maravillarte de que te dijera que debes nacer de lo alto. Cuando sopla el viento, oyes el susurro de las hojas, pero no ves el viento —de dónde viene ni adónde va—, y así sucede con todo el que nace del espíritu. Con los ojos de la carne puedes contemplar las manifestaciones del espíritu, pero no puedes discernir realmente el espíritu».
142:6.6Nicodemo respondió: «Pero no lo entiendo —¿cómo puede ser eso?». Jesús dijo: «¿Es posible que seas maestro en Israel y que, sin embargo, ignores todo esto? Entonces se vuelve un deber de los que conocen las realidades del espíritu revelar estas cosas a los que solo disciernen las manifestaciones del mundo material. Pero ¿nos creerás si te hablamos de las verdades celestiales? ¿Tienes el valor, Nicodemo, de creer en uno que ha descendido del cielo, es decir, en el Hijo del Hombre?».
142:6.7Y Nicodemo dijo: «Pero ¿cómo puedo empezar a asirme de este espíritu que ha de rehacerme como preparación para entrar en el reino?». Jesús respondió: «El espíritu del Padre que está en el cielo ya mora en ti. Si te dejaras guiar por este espíritu de lo alto, muy pronto empezarías a ver con los ojos del espíritu, y entonces, por la elección de todo corazón de la guía del espíritu, nacerías del espíritu, puesto que tu único propósito al vivir sería hacer la voluntad de tu Padre que está en el cielo. Y al encontrarte así nacido del espíritu y feliz en el reino de Dios, empezarías a dar en tu vida diaria los abundantes frutos del espíritu».
142:6.8Nicodemo era completamente sincero. Quedó profundamente impresionado, pero se fue desconcertado. Nicodemo había logrado mucho en el desarrollo de sí mismo, en el dominio de sí mismo e incluso en elevadas cualidades morales. Era refinado, egoísta y altruista; pero no sabía cómo someter su voluntad a la voluntad del Padre divino, como un niño pequeño está dispuesto a someterse a la guía y la dirección de un padre terrenal sabio y amoroso, para llegar así a ser en realidad un hijo de Dios, un heredero progresivo del reino eterno.
142:6.9Pero Nicodemo sí reunió fe suficiente para asirse del reino. Protestó débilmente cuando sus colegas del Sanedrín intentaron condenar a Jesús sin escucharlo; y con José de Arimatea, más tarde reconoció con valentía su fe y reclamó el cuerpo de Jesús, incluso cuando la mayoría de los discípulos habían huido con temor de los escenarios del sufrimiento final y de la muerte de su Maestro.
7. La lección sobre la familia
142:7.1Después del intenso período de enseñanza y de trabajo personal de la semana de Pascua en Jerusalén, Jesús pasó el miércoles siguiente en Betania con sus apóstoles, descansando. Esa tarde, Tomás hizo una pregunta que suscitó una respuesta larga e instructiva. Tomás dijo: «Maestro, el día en que fuimos apartados como embajadores del reino, nos dijiste muchas cosas y nos instruiste acerca de nuestro modo personal de vida, pero ¿qué enseñaremos a la multitud? ¿Cómo han de vivir estas personas cuando el reino venga más plenamente? ¿Tendrán esclavos tus discípulos? ¿Buscarán tus creyentes la pobreza y rehuirán la propiedad? ¿Prevalecerá solo la misericordia, de modo que ya no tengamos ley ni justicia?». Jesús y los doce pasaron toda la tarde y toda aquella noche, después de la cena, discutiendo las preguntas de Tomás. Para los fines de este relato presentamos el siguiente resumen de la instrucción del Maestro:
142:7.2Jesús procuró primero dejar claro a sus apóstoles que él mismo estaba en la tierra viviendo una vida única en la carne, y que ellos, los doce, habían sido llamados a participar en esta experiencia de otorgamiento del Hijo del Hombre; y como tales colaboradores, también ellos debían compartir muchas de las restricciones y obligaciones especiales de toda la experiencia de otorgamiento. Hubo una insinuación velada de que el Hijo del Hombre era la única persona que jamás había vivido en la tierra que podía ver a la vez el corazón mismo de Dios y las profundidades mismas del alma del hombre.
142:7.3Jesús explicó con mucha claridad que el reino de los cielos era una experiencia evolutiva, que comenzaba aquí en la tierra y progresaba hacia arriba a través de sucesivas estaciones de vida hasta el Paraíso. En el curso de la noche declaró de forma definida que en alguna etapa futura del desarrollo del reino volvería a visitar este mundo con poder espiritual y gloria divina.
142:7.4Luego explicó que la «idea del reino» no era la mejor manera de ilustrar la relación del hombre con Dios; que él empleaba tales figuras retóricas porque el pueblo judío esperaba el reino, y porque Juan había predicado en términos del reino venidero. Jesús dijo: «La gente de otra época comprenderá mejor el evangelio del reino cuando se presente en términos que expresen la relación familiar —cuando el hombre entienda la religión como la enseñanza de la paternidad de Dios y de la fraternidad de los hombres, la filiación con Dios». Entonces el Maestro habló con cierta extensión sobre la familia terrenal como ilustración de la familia celestial, y volvió a exponer las dos leyes fundamentales de la vida: el primer mandamiento, de amor al padre, la cabeza de la familia, y el segundo mandamiento, de amor mutuo entre los hijos, de amar a tu hermano como a ti mismo. Y luego explicó que tal cualidad de afecto fraternal se manifestaría invariablemente en un servicio social desinteresado y amoroso.
142:7.5A continuación vino la memorable discusión sobre las características fundamentales de la vida familiar y su aplicación a la relación que existe entre Dios y el hombre. Jesús afirmó que una verdadera familia se funda en los siete hechos siguientes:
142:7.61. El hecho de la existencia. Las relaciones de la naturaleza y los fenómenos de las semejanzas mortales están ligados en la familia: los hijos heredan ciertos rasgos de los padres. Los hijos tienen su origen en los padres; la existencia de la personalidad depende del acto del progenitor. La relación de padre e hijo es inherente a toda la naturaleza e impregna todas las existencias vivientes.
142:7.72. Seguridad y placer. Los padres verdaderos encuentran gran placer en proveer a las necesidades de sus hijos. Muchos padres no se contentan con suplir las simples carencias de sus hijos, sino que disfrutan también proveyendo para sus placeres.
142:7.83. Educación y formación. Los padres sabios planifican con cuidado la educación y la formación adecuada de sus hijos e hijas. Cuando son jóvenes, se los prepara para las mayores responsabilidades de la vida posterior.
142:7.94. Disciplina y contención. Los padres previsores también proveen la disciplina, la guía, la corrección y a veces la contención necesarias para su descendencia joven e inmadura.
142:7.105. Compañerismo y lealtad. El padre afectuoso mantiene un trato íntimo y amoroso con sus hijos. Su oído está siempre abierto a sus peticiones; está siempre dispuesto a compartir sus penalidades y a ayudarlos a superar sus dificultades. El padre se interesa supremamente por el bienestar progresivo de su prole.
142:7.116. Amor y misericordia. Un padre compasivo perdona libremente; los padres no guardan recuerdos vengativos contra sus hijos. Los padres no son como jueces, enemigos o acreedores. Las familias verdaderas se construyen sobre la tolerancia, la paciencia y el perdón.
142:7.127. Previsión para el futuro. A los padres terrenales les gusta dejar una herencia a sus hijos. De una generación a otra, la familia continúa. La muerte no hace más que cerrar una generación para señalar el comienzo de otra. Con la muerte termina una vida individual, pero no necesariamente la familia.
142:7.13Durante horas el Maestro habló sobre la aplicación de estas características de la vida familiar a las relaciones del hombre, el hijo de la tierra, con Dios, el Padre del Paraíso. Y esta fue su conclusión: «Toda esta relación de un hijo con el Padre la conozco en perfección, porque todo lo que ustedes deben alcanzar de filiación en el futuro eterno yo ya lo he alcanzado ahora. El Hijo del Hombre está preparado para ascender a la diestra del Padre, de modo que en mí el camino está ahora abierto aún más ampliamente para que todos ustedes vean a Dios y, antes de terminar la gloriosa progresión, lleguen a ser perfectos, así como su Padre que está en el cielo es perfecto».
142:7.14Cuando los apóstoles oyeron estas palabras asombrosas, recordaron las declaraciones que Juan hizo en el momento del bautismo de Jesús, y también recordaron vívidamente esta experiencia en relación con su predicación y su enseñanza después de la muerte y la resurrección del Maestro.
142:7.15Jesús es un Hijo divino, uno que goza de la plena confianza del Padre Universal. Había estado con el Padre y lo comprendía plenamente. Ahora había vivido su vida en la tierra para plena satisfacción del Padre, y esta encarnación en la carne le había permitido comprender plenamente al hombre. Jesús era la perfección del hombre; había alcanzado precisamente la perfección que todos los verdaderos creyentes están destinados a alcanzar en él y por medio de él. Jesús reveló al hombre un Dios de perfección, y en sí mismo presentó ante Dios al hijo perfeccionado de los reinos.
142:7.16Aunque Jesús habló durante varias horas, Tomás aún no estaba satisfecho, pues dijo: «Pero, Maestro, no encontramos que el Padre que está en el cielo nos trate siempre con bondad y misericordia. Muchas veces sufrimos penosamente en la tierra, y no siempre nuestras oraciones reciben respuesta. ¿En qué fallamos al captar el significado de tu enseñanza?».
142:7.17Jesús respondió: «Tomás, Tomás, ¿cuánto tiempo pasará antes de que adquieras la capacidad de escuchar con el oído del espíritu? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que disciernas que este reino es un reino espiritual, y que mi Padre es también un ser espiritual? ¿No entienden que les enseño como a hijos espirituales en la familia espiritual del cielo, cuya cabeza paterna es un espíritu infinito y eterno? ¿No me permitirán usar la familia terrenal como ilustración de las relaciones divinas sin aplicar tan literalmente mi enseñanza a los asuntos materiales? ¿No pueden separar en su mente las realidades espirituales del reino de los problemas materiales, sociales, económicos y políticos de la época? Cuando hablo el lenguaje del espíritu, ¿por qué insisten en traducir mi significado al lenguaje de la carne solo porque me permito emplear relaciones comunes y literales con fines de ilustración? Hijos míos, les ruego que dejen de aplicar la enseñanza del reino del espíritu a los asuntos sórdidos de la esclavitud, la pobreza, las casas y las tierras, y a los problemas materiales de la equidad y la justicia humanas. Estos asuntos temporales son la preocupación de los hombres de este mundo, y aunque de alguna manera afectan a todos los hombres, ustedes han sido llamados a representarme en el mundo, así como yo represento a mi Padre. Ustedes son embajadores espirituales de un reino espiritual, representantes especiales del Padre espiritual. A estas alturas debería ser posible instruirlos como hombres plenamente maduros del reino del espíritu. ¿Debo dirigirme a ustedes siempre solo como a niños? ¿Nunca crecerán en la percepción del espíritu? Sin embargo, los amo y los soportaré con paciencia, hasta el mismo final de nuestra asociación en la carne. E incluso entonces mi espíritu irá delante de ustedes a todo el mundo».
8. En el sur de Judea
142:8.1A finales de abril, la oposición a Jesús entre los fariseos y los saduceos se había vuelto tan marcada que el Maestro y sus apóstoles decidieron dejar Jerusalén por un tiempo, y fueron hacia el sur a trabajar en Belén y Hebrón. Todo el mes de mayo lo pasaron haciendo trabajo personal en estas ciudades y entre la gente de las aldeas de los alrededores. En este viaje no se hizo ninguna predicación pública, solo visitas de casa en casa. Parte de este tiempo, mientras los apóstoles enseñaban el evangelio y ministraban a los enfermos, Jesús y Abner lo pasaron en Engadi, visitando la colonia de los nazareos. Juan el Bautista había salido de este lugar, y Abner había sido el jefe de este grupo. Muchos de la fraternidad nazarea llegaron a creer en Jesús, pero la mayoría de estos hombres ascéticos y excéntricos se negaron a aceptarlo como un maestro enviado del cielo porque no enseñaba el ayuno ni otras formas de abnegación.
142:8.2La gente que vivía en esta región no sabía que Jesús había nacido en Belén. Siempre supusieron que el Maestro había nacido en Nazaret, como lo suponía la gran mayoría de sus discípulos, pero los doce conocían los hechos.
142:8.3Esta estancia en el sur de Judea fue una temporada de trabajo descansada y fructífera; muchas almas se añadieron al reino. Para los primeros días de junio, la agitación contra Jesús se había calmado tanto en Jerusalén que el Maestro y los apóstoles regresaron para instruir y consolar a los creyentes.
142:8.4Aunque Jesús y los apóstoles pasaron todo el mes de junio en Jerusalén o cerca de ella, no hicieron ninguna enseñanza pública durante este período. Vivían la mayor parte del tiempo en tiendas, que montaron en un parque sombreado, o jardín, conocido en aquel tiempo como Getsemaní. Este parque estaba situado en la ladera occidental del monte de los Olivos, no lejos del arroyo Cedrón. Los fines de semana del sábado solían pasarlos con Lázaro y sus hermanas en Betania. Jesús entró dentro de las murallas de Jerusalén solo unas pocas veces, pero un gran número de personas interesadas en indagar salió a Getsemaní para visitarlo. Un viernes al anochecer, Nicodemo y un tal José de Arimatea se aventuraron a salir para ver a Jesús, pero se volvieron atrás por temor, incluso después de estar ya de pie ante la entrada de la tienda del Maestro. Y, por supuesto, no se dieron cuenta de que Jesús sabía todo lo que hacían.
142:8.5Cuando los gobernantes de los judíos supieron que Jesús había regresado a Jerusalén, se prepararon para arrestarlo; pero cuando observaron que no hacía ninguna predicación pública, concluyeron que se había asustado por su agitación anterior y decidieron permitirle continuar su enseñanza de esta manera privada sin más molestias. Y así los asuntos avanzaron con tranquilidad hasta los últimos días de junio, cuando un tal Simón, miembro del Sanedrín, abrazó públicamente las enseñanzas de Jesús, después de haberse declarado así ante los gobernantes de los judíos. De inmediato surgió una nueva agitación para capturar a Jesús, y se hizo tan fuerte que el Maestro decidió retirarse a las ciudades de Samaria y de la Decápolis.