Parte IV · Documento 141

Comienzo de la obra pública

141:0.1EL PRIMER día de la semana, el 19 de enero del año 27 d. C., Jesús y los doce apóstoles se prepararon para partir de su sede en Betsaida. Los doce no sabían nada de los planes de su Maestro, salvo que subían a Jerusalén para asistir a la fiesta de la Pascua en abril, y que la intención era viajar por el valle del Jordán. No lograron salir de la casa de Zebedeo hasta cerca del mediodía, porque las familias de los apóstoles y otros de los discípulos habían venido a despedirse y a desearles lo mejor en la nueva obra que estaban a punto de comenzar.

141:0.2Justo antes de partir, los apóstoles echaron de menos al Maestro, y Andrés salió a buscarlo. Tras una breve búsqueda, encontró a Jesús sentado en una barca, más abajo en la playa, y estaba llorando. Los doce habían visto a menudo a su Maestro cuando parecía afligido, y habían presenciado sus breves períodos de seria preocupación mental, pero ninguno de ellos lo había visto nunca llorar. Andrés se sobresaltó un poco al ver al Maestro tan afectado en la víspera de su partida hacia Jerusalén, y se atrevió a acercarse a Jesús y a preguntarle: «En este gran día, Maestro, en que vamos a partir hacia Jerusalén para proclamar el reino del Padre, ¿por qué lloras? ¿Cuál de nosotros te ha ofendido?». Y Jesús, mientras volvía con Andrés para reunirse con los doce, le respondió: «Ninguno de ustedes me ha afligido. Solo estoy triste porque nadie de la familia de mi padre José se ha acordado de venir a desearnos buen viaje». En ese tiempo, Rut estaba de visita en casa de su hermano José, en Nazaret. A otros miembros de su familia los retuvieron el orgullo, la decepción, la incomprensión y un resentimiento mezquino que se permitieron a causa de sus sentimientos heridos.

1. La partida de Galilea

141:1.1Cafarnaúm no estaba lejos de Tiberíades, y la fama de Jesús había comenzado a extenderse ampliamente por toda Galilea e incluso por regiones más allá. Jesús sabía que Herodes pronto empezaría a fijarse en su obra; por eso consideró mejor viajar hacia el sur y entrar en Judea con sus apóstoles. Un grupo de más de cien creyentes deseaba ir con ellos, pero Jesús les habló y les rogó que no acompañaran al grupo apostólico en su descenso por el Jordán. Aunque consintieron en quedarse, muchos de ellos siguieron al Maestro a los pocos días.

141:1.2El primer día, Jesús y los apóstoles solo viajaron hasta Tariquea, donde descansaron por la noche. Al día siguiente se dirigieron a un lugar del Jordán cerca de Pella donde Juan había predicado alrededor de un año antes, y donde Jesús había recibido el bautismo. Allí permanecieron más de dos semanas, enseñando y predicando. Al final de la primera semana, varios cientos de personas se habían reunido en un campamento cerca de donde vivían Jesús y los doce, y habían venido de Galilea, Fenicia, Siria, la Decápolis, Perea y Judea.

141:1.3Jesús no predicó en público. Andrés dividió a la multitud y asignó a los predicadores para las asambleas de la mañana y de la tarde; después de la cena, Jesús conversaba con los doce. No les enseñó nada nuevo, sino que repasó sus enseñanzas anteriores y respondió a sus muchas preguntas. Una de esas noches les contó a los doce algo sobre los cuarenta días que había pasado en las colinas cerca de este lugar.

141:1.4Muchos de los que venían de Perea y de Judea habían sido bautizados por Juan y tenían interés en saber más sobre las enseñanzas de Jesús. Los apóstoles avanzaron mucho en la enseñanza de los discípulos de Juan, puesto que no restaban valor en modo alguno a la predicación de Juan, y ya que en ese tiempo ni siquiera bautizaban a sus nuevos discípulos. Pero para los seguidores de Juan siempre fue una piedra de tropiezo que Jesús, si era todo lo que Juan había anunciado, no hiciera nada para sacarlo de la prisión. Los discípulos de Juan nunca pudieron entender por qué Jesús no impidió la cruel muerte de su amado líder.

141:1.5Noche tras noche, Andrés instruía con esmero a sus compañeros apóstoles en la delicada y difícil tarea de llevarse bien con los seguidores de Juan el Bautista. Durante este primer año del ministerio público de Jesús, más de tres cuartas partes de sus seguidores habían seguido antes a Juan y habían recibido su bautismo. Todo este año 27 d. C. se dedicó a hacerse cargo en silencio de la obra de Juan en Perea y Judea.

2. La ley de Dios y la voluntad del Padre

141:2.1La noche antes de partir de Pella, Jesús dio a los apóstoles algunas instrucciones más acerca del nuevo reino. Dijo el Maestro: «Se les ha enseñado a esperar la venida del reino de Dios, y ahora vengo yo a anunciar que este reino tanto tiempo esperado está cerca, e incluso que ya está aquí y en medio de nosotros. En todo reino debe haber un rey sentado en su trono y que decrete las leyes del reino. Y así se han formado ustedes un concepto del reino de los cielos como un gobierno glorificado del pueblo judío sobre todos los pueblos de la tierra, con el Mesías sentado en el trono de David y promulgando desde este lugar de poder milagroso las leyes de todo el mundo. Pero, hijos míos, ustedes no ven con el ojo de la fe, ni oyen con el entendimiento del espíritu. Yo declaro que el reino de los cielos es la toma de conciencia y el reconocimiento del gobierno de Dios dentro de los corazones de los hombres. Es verdad que hay un Rey en este reino, y ese Rey es mi Padre y el Padre de ustedes. Somos en verdad sus súbditos leales, pero, muy por encima de ese hecho, está la verdad transformadora de que somos sus hijos. En mi vida, esta verdad ha de hacerse manifiesta a todos. Nuestro Padre también se sienta en un trono, pero no en uno hecho por manos. El trono del Infinito es la morada eterna del Padre en el cielo de los cielos; él llena todas las cosas y proclama sus leyes a universos tras universos. Y el Padre también gobierna dentro de los corazones de sus hijos en la tierra por medio del espíritu que ha enviado a vivir dentro de las almas de los hombres mortales.

141:2.2«Cuando son súbditos de este reino, en verdad se les hace oír la ley del Gobernante del Universo; pero cuando, a causa del evangelio del reino que he venido a declarar, se descubren por la fe como hijos, desde entonces ya no se ven a sí mismos como criaturas sujetas a la ley de un rey todopoderoso, sino como hijos privilegiados de un Padre amoroso y divino. En verdad, en verdad les digo que, cuando la voluntad del Padre es para ustedes ley, apenas están en el reino. Pero cuando la voluntad del Padre llega a ser verdaderamente la voluntad de ustedes, entonces están de verdad en el reino, porque así el reino ha llegado a ser una experiencia establecida en ustedes. Cuando la voluntad de Dios es para ustedes ley, son nobles súbditos esclavos; pero cuando creen en este nuevo evangelio de la filiación divina, la voluntad de mi Padre se convierte en la voluntad de ustedes, y son elevados a la alta posición de hijos libres de Dios, hijos liberados del reino».

141:2.3Algunos de los apóstoles captaron algo de esta enseñanza, pero ninguno de ellos comprendió el significado pleno de este tremendo anuncio, a menos que fuera Santiago Zebedeo. Pero estas palabras penetraron en su corazón y resurgieron para alegrar su ministerio durante los años posteriores de servicio.

3. La estancia en Amatus

141:3.1El Maestro y sus apóstoles permanecieron cerca de Amatus casi tres semanas. Los apóstoles siguieron predicando dos veces al día a la multitud, y Jesús predicaba cada sábado por la tarde. Se hizo imposible mantener el tiempo de recreo del miércoles; por eso Andrés dispuso que dos apóstoles descansaran cada día de los seis días de la semana, mientras que todos estaban de servicio durante los oficios del sábado.

141:3.2Pedro, Santiago y Juan hicieron la mayor parte de la predicación pública. Felipe, Natanael, Tomás y Simón hicieron gran parte del trabajo personal y dirigieron clases para grupos especiales de interesados; los gemelos continuaron con su supervisión general de vigilancia, mientras que Andrés, Mateo y Judas se convirtieron en un comité general de administración de tres miembros, aunque cada uno de estos tres también realizó una considerable labor religiosa.

141:3.3Andrés estaba muy ocupado con la tarea de arreglar los malentendidos y desacuerdos que surgían constantemente entre los discípulos de Juan y los discípulos más nuevos de Jesús. Cada pocos días surgían situaciones graves, pero Andrés, con la ayuda de sus asociados apostólicos, lograba inducir a las partes en disputa a llegar a algún tipo de acuerdo, al menos temporalmente. Jesús se negó a participar en ninguna de estas conferencias; tampoco quiso dar ningún consejo sobre la manera adecuada de resolver estas dificultades. Ni una sola vez ofreció una sugerencia sobre cómo debían resolver los apóstoles estos problemas desconcertantes. Cuando Andrés acudía a Jesús con estas cuestiones, él siempre decía: «No es prudente que el anfitrión participe en los problemas familiares de sus huéspedes; un padre sabio nunca toma partido en las pequeñas disputas de sus propios hijos».

141:3.4El Maestro mostró gran sabiduría y manifestó una equidad perfecta en todo su trato con sus apóstoles y con todos sus discípulos. Jesús era verdaderamente un maestro de hombres; ejercía una gran influencia sobre sus semejantes debido al encanto y la fuerza combinados de su personalidad. Había una sutil influencia de mando en su vida ruda, nómada y sin hogar. Había atractivo intelectual y poder de atracción espiritual en su manera autorizada de enseñar, en su lógica lúcida, su fuerza de razonamiento, su perspicacia sagaz, su viveza mental, su aplomo incomparable y su sublime tolerancia. Era sencillo, varonil, honesto e intrépido. Junto con toda esta influencia física e intelectual que se manifestaba en la presencia del Maestro, estaban también todos aquellos encantos espirituales del ser que han llegado a asociarse con su personalidad: paciencia, ternura, mansedumbre, dulzura y humildad.

141:3.5Jesús de Nazaret era en verdad una personalidad fuerte y enérgica; era un poder intelectual y una fortaleza espiritual. Su personalidad atraía no solo a las mujeres de mente espiritual entre sus seguidores, sino también al instruido e intelectual Nicodemo y al recio soldado romano, el capitán apostado de guardia junto a la cruz, quien, cuando terminó de ver morir al Maestro, dijo: «Verdaderamente, este era un Hijo de Dios». Y los pescadores galileos, recios y llenos de vigor, lo llamaban Maestro.

141:3.6Los retratos de Jesús han sido de lo más desafortunados. Estas pinturas del Cristo han ejercido una influencia perjudicial en la juventud; los mercaderes del templo difícilmente habrían huido ante Jesús si él hubiera sido un hombre como suelen representarlo los artistas de ustedes. La suya era una hombría digna; era bueno, pero natural. Jesús no se presentaba como un místico apacible, dulce, suave y bondadoso. Su enseñanza era de un dinamismo emocionante. No solo tenía buenas intenciones, sino que de hecho andaba haciendo el bien.

141:3.7El Maestro nunca dijo: «Vengan a mí todos los que son indolentes y todos los que son soñadores». Pero sí dijo muchas veces: «Vengan a mí todos los que trabajan, y yo les daré descanso, fuerza espiritual». El yugo del Maestro es, en verdad, fácil, pero aun así él nunca lo impone; cada individuo debe tomar este yugo por su propio libre albedrío.

141:3.8Jesús representó la conquista mediante el sacrificio, el sacrificio del orgullo y del egoísmo. Al mostrar misericordia, quería representar la liberación espiritual de todos los rencores, los agravios, la ira y el ansia de poder egoísta y de venganza. Y cuando dijo: «No resistan al mal», explicó más tarde que no quería decir que se tolerara el pecado ni aconsejar la fraternidad con la iniquidad. Su intención era más bien enseñar el perdón, «no resistir el mal trato a la propia personalidad, el daño malintencionado a los propios sentimientos de dignidad personal».

4. La enseñanza sobre el Padre

141:4.1Mientras permanecía en Amatus, Jesús pasó mucho tiempo con los apóstoles instruyéndolos en el nuevo concepto de Dios; una y otra vez les inculcó que Dios es un Padre, no un gran contable supremo que se ocupa principalmente de hacer anotaciones perjudiciales contra sus hijos descarriados en la tierra, registros de pecado y de mal que se usarán contra ellos cuando más tarde se siente a juzgarlos como el Juez justo de toda la creación. Los judíos habían concebido desde hacía mucho a Dios como un rey sobre todos, incluso como un Padre de la nación, pero nunca antes un gran número de hombres mortales había tenido la idea de Dios como un Padre amoroso del individuo.

141:4.2Jesús respondió a la pregunta de Tomás, «¿Quién es este Dios del reino?», de este modo: «Dios es tu Padre, y la religión —mi evangelio— consiste, ni más ni menos, en reconocer con fe la verdad de que eres hijo suyo. Y para aclarar estas dos ideas con mi vida y mis enseñanzas estoy aquí entre ustedes, en la carne».

141:4.3Jesús también trató de liberar la mente de sus apóstoles de la idea de ofrecer sacrificios de animales como un deber religioso. Pero estos hombres, formados en la religión del sacrificio diario, tardaban en comprender lo que él quería decir. Sin embargo, el Maestro no se cansaba de enseñar. Cuando no lograba llegar a la mente de todos los apóstoles por medio de una ilustración, volvía a formular su mensaje y empleaba otro tipo de parábola con fines de esclarecimiento.

141:4.4En este mismo tiempo, Jesús comenzó a enseñar a los doce más plenamente acerca de su misión de «consolar a los afligidos y ministrar a los enfermos». El Maestro les enseñó mucho sobre el hombre completo: la unión del cuerpo, la mente y el espíritu que forma al hombre o a la mujer individual. Jesús habló a sus asociados de las tres formas de aflicción que encontrarían y pasó a explicarles cómo debían ministrar a todos los que sufren los pesares de la enfermedad humana. Les enseñó a reconocer:

141:4.51. Las enfermedades de la carne: aquellas aflicciones que comúnmente se consideran enfermedad física.

141:4.62. Las mentes perturbadas: aquellas aflicciones no físicas que más tarde se consideraron dificultades y trastornos emocionales y mentales.

141:4.73. La posesión por espíritus malignos.

141:4.8Jesús explicó a sus apóstoles en varias ocasiones la naturaleza, y algo acerca del origen, de estos espíritus malignos, que en aquel tiempo a menudo también se llamaban espíritus impuros. El Maestro conocía bien la diferencia entre la posesión por espíritus malignos y la locura, pero los apóstoles no. Tampoco era posible, en vista de su conocimiento limitado de la historia primitiva de Urantia, que Jesús se propusiera hacer este asunto plenamente comprensible. Pero muchas veces les dijo, aludiendo a estos espíritus malignos: «Ya no molestarán a los hombres cuando yo haya ascendido a mi Padre que está en el cielo, y después de que haya derramado mi espíritu sobre toda carne en aquellos tiempos en que el reino vendrá con gran poder y gloria espiritual».

141:4.9De semana en semana y de mes en mes, a lo largo de todo este año, los apóstoles prestaron cada vez más atención al ministerio de curación de los enfermos.

5. La unidad espiritual

141:5.1Una de las más memorables de todas las conferencias vespertinas en Amatus fue la sesión que trató de la unidad espiritual. Santiago Zebedeo había preguntado: «Maestro, ¿cómo aprenderemos a ver igual y a gozar así de más armonía entre nosotros?». Cuando Jesús oyó esta pregunta, se conmovió en su espíritu, tanto que respondió: «Santiago, Santiago, ¿cuándo te enseñé que todos ustedes debían ver igual? He venido al mundo a proclamar la libertad espiritual a fin de que los mortales estén capacitados para vivir vidas individuales de originalidad y libertad delante de Dios. No deseo que la armonía social y la paz fraternal se compren con el sacrificio de la personalidad libre y de la originalidad espiritual. Lo que les pido a ustedes, mis apóstoles, es unidad de espíritu, y esa la pueden experimentar en el gozo de su dedicación unida a hacer de todo corazón la voluntad de mi Padre que está en el cielo. No tienen que ver igual ni sentir igual, ni siquiera pensar igual, para ser iguales espiritualmente. La unidad espiritual se deriva de la conciencia de que cada uno de ustedes está habitado, y cada vez más dominado, por el don espiritual del Padre celestial. La armonía apostólica de ustedes debe surgir del hecho de que la esperanza espiritual de cada uno es idéntica en origen, naturaleza y destino.

141:5.2«De esta manera pueden experimentar una unidad perfeccionada de propósito espiritual y de comprensión espiritual que surge de la conciencia mutua de la identidad de cada uno de los espíritus del Paraíso que moran en ustedes; y pueden gozar de toda esta profunda unidad espiritual aun frente a la máxima diversidad de sus actitudes individuales de pensamiento intelectual, de sentimiento temperamental y de conducta social. Sus personalidades pueden ser diversas de un modo refrescante y notablemente diferentes, mientras que sus naturalezas espirituales y sus frutos del espíritu de adoración divina y de amor fraternal pueden estar tan unificados que todos los que contemplen sus vidas se darán cuenta con certeza de esta identidad de espíritu y de esta unidad de alma; reconocerán que ustedes han estado conmigo y que así han aprendido, y de manera aceptable, a hacer la voluntad del Padre que está en el cielo. Pueden lograr la unidad del servicio de Dios aun mientras prestan ese servicio de acuerdo con la técnica de sus propias dotes originales de mente, cuerpo y alma.

141:5.3«La unidad de espíritu de ustedes implica dos cosas, que siempre se hallará que armonizan en la vida de los creyentes individuales: Primero, poseen un motivo común para el servicio de la vida; todos desean por encima de todo hacer la voluntad del Padre que está en el cielo. Segundo, todos tienen una meta común de existencia; todos se proponen encontrar al Padre que está en el cielo, demostrando así al universo que han llegado a ser semejantes a él».

141:5.4Muchas veces durante la formación de los doce, Jesús volvió a este tema. Repetidamente les dijo que no era su deseo que quienes creían en él llegaran a ser dogmatizados y estandarizados de acuerdo con las interpretaciones religiosas aun de hombres buenos. Una y otra vez advirtió a sus apóstoles contra la formulación de credos y el establecimiento de tradiciones como medio de guiar y controlar a los creyentes en el evangelio del reino.

6. La última semana en Amatus

141:6.1Cerca del final de la última semana en Amatus, Simón Zelotes llevó ante Jesús a un tal Teherma, un persa que tenía negocios en Damasco. Teherma había oído hablar de Jesús y había venido a Cafarnaúm para verlo, y al enterarse allí de que Jesús había bajado con sus apóstoles por el Jordán camino de Jerusalén, salió a buscarlo. Andrés había presentado a Teherma a Simón para que lo instruyera. Simón consideraba al persa un «adorador del fuego», aunque Teherma se esforzó mucho en explicar que el fuego era solo el símbolo visible del Puro y Santo. Después de hablar con Jesús, el persa expresó su intención de quedarse varios días para oír la enseñanza y escuchar la predicación.

141:6.2Cuando Simón Zelotes y Jesús estuvieron a solas, Simón preguntó al Maestro: «¿Por qué no pude persuadirlo? ¿Por qué se me resistió tanto y a ti te prestó oídos con tanta facilidad?». Jesús respondió: «Simón, Simón, ¿cuántas veces te he enseñado a abstenerte de todo esfuerzo por sacar algo fuera del corazón de quienes buscan la salvación? ¿Cuántas veces te he dicho que trabajes solo para poner algo dentro de estas almas hambrientas? Lleva a los hombres al reino, y las grandes y vivas verdades del reino pronto expulsarán todo error grave. Cuando le hayas presentado al hombre mortal la buena nueva de que Dios es su Padre, podrás persuadirlo más fácilmente de que él es en realidad un hijo de Dios. Y una vez hecho esto, habrás llevado la luz de la salvación a quien está sentado en tinieblas. Simón, cuando el Hijo del Hombre vino por primera vez a ti, ¿vino denunciando a Moisés y a los profetas y proclamando una nueva y mejor manera de vivir? No. Yo no vine a quitarte lo que tenías de tus antepasados, sino a mostrarte la visión perfeccionada de aquello que tus padres vieron solo en parte. Ve, pues, Simón, a enseñar y predicar el reino, y cuando tengas a un hombre a salvo y con seguridad dentro del reino, entonces es el momento, cuando tal persona venga a ti con preguntas, de impartirle una instrucción que trate del avance progresivo del alma dentro del reino divino».

141:6.3Simón quedó asombrado por estas palabras, pero hizo como Jesús le había indicado, y Teherma, el persa, fue contado entre los que entraron en el reino.

141:6.4Esa noche Jesús habló a los apóstoles sobre la nueva vida en el reino. Dijo en parte: «Cuando entran en el reino, renacen. No pueden enseñar las cosas profundas del espíritu a quienes han nacido solo de la carne; primero procuren que los hombres nazcan del espíritu antes de intentar instruirlos en los caminos avanzados del espíritu. No se propongan mostrar a los hombres las bellezas del templo hasta que primero los hayan llevado al templo. Presenten a los hombres a Dios, y como hijos de Dios, antes de disertar sobre las doctrinas de la paternidad de Dios y la filiación de los hombres. No contiendan con los hombres; sean siempre pacientes. No es el reino de ustedes; ustedes son solo embajadores. Simplemente salgan a proclamar: Este es el reino de los cielos; Dios es su Padre y ustedes son sus hijos, y esta buena nueva, si la creen de todo corazón, es su salvación eterna».

141:6.5Los apóstoles hicieron grandes progresos durante la estancia en Amatus. Pero se sintieron muy decepcionados de que Jesús no quisiera darles ninguna sugerencia sobre cómo tratar con los discípulos de Juan. Incluso en el importante asunto del bautismo, todo lo que Jesús dijo fue: «Juan en verdad bautizó con agua, pero cuando ustedes entren en el reino de los cielos, serán bautizados con el Espíritu».

7. En Betania más allá del Jordán

141:7.1El 26 de febrero, Jesús, sus apóstoles y un gran grupo de seguidores bajaron por el Jordán hasta el vado cerca de Betania, en Perea, el lugar donde Juan había proclamado por primera vez el reino venidero. Jesús y sus apóstoles permanecieron aquí, enseñando y predicando, durante cuatro semanas antes de subir a Jerusalén.

141:7.2La segunda semana de la estancia en Betania más allá del Jordán, Jesús llevó a Pedro, a Santiago y a Juan a las colinas del otro lado del río, al sur de Jericó, para un descanso de tres días. El Maestro enseñó a estos tres muchas verdades nuevas y avanzadas sobre el reino de los cielos. Para los fines de este relato, reorganizaremos y clasificaremos estas enseñanzas de la siguiente manera:

141:7.3Jesús se esforzó por dejar claro que deseaba que sus discípulos, habiendo probado las buenas realidades espirituales del reino, vivieran en el mundo de tal manera que los hombres, al ver sus vidas, llegaran a ser conscientes del reino y, por tanto, fueran llevados a preguntar a los creyentes acerca de los caminos del reino. Todos esos buscadores sinceros de la verdad siempre se alegran de oír las buenas nuevas del don de la fe que asegura la entrada en el reino con sus realidades espirituales eternas y divinas.

141:7.4El Maestro procuró inculcar a todos los que enseñan el evangelio del reino que su única tarea era revelar a Dios al hombre individual como su Padre: llevar a este hombre individual a ser consciente de su filiación; y luego presentar a este mismo hombre a Dios como su hijo por la fe. Ambas revelaciones esenciales se realizan en Jesús. Él llegó a ser, en verdad, «el camino, la verdad y la vida». La religión de Jesús se basaba enteramente en el vivir de su vida de otorgamiento en la tierra. Cuando Jesús partió de este mundo, no dejó tras de sí libros, leyes ni otras formas de organización humana que afectaran a la vida religiosa del individuo.

141:7.5Jesús dejó claro que había venido a establecer con los hombres relaciones personales y eternas que debían tener para siempre precedencia sobre todas las demás relaciones humanas. Y recalcó que este íntimo compañerismo espiritual debía extenderse a todos los hombres de todas las épocas y de todas las condiciones sociales entre todos los pueblos. La única recompensa que ofrecía a sus hijos era: en este mundo, el gozo espiritual y la comunión divina; en el mundo siguiente, la vida eterna en el progreso de las realidades espirituales divinas del Padre del Paraíso.

141:7.6Jesús puso gran énfasis en lo que él llamaba las dos verdades de primera importancia en las enseñanzas del reino, y son estas: la consecución de la salvación por la fe, y solo por la fe, asociada a la enseñanza revolucionaria de la consecución de la libertad humana mediante el reconocimiento sincero de la verdad: «Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». Jesús era la verdad hecha manifiesta en la carne, y prometió enviar su Espíritu de la Verdad a los corazones de todos sus hijos después de su regreso al Padre que está en el cielo.

141:7.7El Maestro estaba enseñando a estos apóstoles lo esencial de la verdad para toda una era en la tierra. A menudo escuchaban sus enseñanzas cuando en realidad lo que decía estaba destinado a la inspiración y edificación de otros mundos. Él ejemplificó un plan de vida nuevo y original. Desde el punto de vista humano era en verdad un judío, pero vivió su vida para todo el mundo como un mortal del reino.

141:7.8Para asegurar el reconocimiento de su Padre en el desarrollo del plan del reino, Jesús explicó que había dejado de lado a propósito a los «grandes hombres de la tierra». Comenzó su obra con los pobres, la misma clase que tanto habían descuidado la mayoría de las religiones evolutivas de los tiempos anteriores. No despreció a ningún hombre; su plan era mundial, e incluso universal. Fue tan audaz y enfático en estos anuncios que incluso Pedro, Santiago y Juan sintieron la tentación de pensar que tal vez estuviera fuera de sí.

141:7.9Procuró con suavidad transmitir a estos apóstoles la verdad de que había venido en esta misión de otorgamiento, no para dar ejemplo a unas pocas criaturas de la tierra, sino para establecer y demostrar una norma de vida humana para todos los pueblos de todos los mundos de todo su universo. Y esta norma se acercaba a la más alta perfección, incluso a la bondad final del Padre Universal. Pero los apóstoles no pudieron captar el significado de sus palabras.

141:7.10Anunció que había venido para actuar como maestro, un maestro enviado del cielo para presentar la verdad espiritual a la mente material. Y eso es exactamente lo que hizo; era un maestro, no un predicador. Desde el punto de vista humano, Pedro era un predicador mucho más eficaz que Jesús. La predicación de Jesús era tan eficaz por su personalidad única, no tanto por una oratoria convincente o un llamamiento a las emociones. Jesús hablaba directamente a las almas de los hombres. Era un maestro del espíritu del hombre, pero a través de la mente. Vivía con los hombres.

141:7.11Fue en esta ocasión cuando Jesús insinuó a Pedro, Santiago y Juan que su obra en la tierra iba a estar limitada en algunos aspectos por el encargo de su «asociado en lo alto», refiriéndose a las instrucciones anteriores al otorgamiento de su hermano del Paraíso, Emanuel. Les dijo que había venido a hacer la voluntad de su Padre, y solo la voluntad de su Padre. Al estar así motivado de todo corazón por un único propósito, el mal del mundo no lo inquietaba con ansiedad.

141:7.12Los apóstoles comenzaban a reconocer la amabilidad sin afectación de Jesús. Aunque el Maestro era fácil de abordar, siempre vivió independiente de todos los seres humanos y por encima de ellos. Ni por un momento estuvo jamás dominado por ninguna influencia puramente mortal ni sujeto al frágil juicio humano. No prestaba atención a la opinión pública, y los elogios no lo influían. Rara vez se detenía a corregir malentendidos o a mostrar resentimiento por las tergiversaciones. Nunca pidió consejo a ningún hombre; nunca pidió que oraran por él.

141:7.13Santiago se asombraba de cómo Jesús parecía ver el fin desde el principio. El Maestro rara vez parecía sorprendido. Nunca estaba alterado, irritado ni desconcertado. Nunca se disculpó ante ningún hombre. A veces estaba triste, pero nunca desanimado.

141:7.14Juan reconocía con más claridad que, a pesar de todas sus dotes divinas, después de todo, él era humano. Jesús vivía como un hombre entre los hombres y comprendía, amaba y sabía cómo tratar a los hombres. En su vida personal era tan humano y, sin embargo, tan intachable. Y siempre era desinteresado.

141:7.15Aunque Pedro, Santiago y Juan no pudieron entender gran parte de lo que Jesús dijo en esta ocasión, sus palabras llenas de gracia permanecieron en sus corazones, y después de la crucifixión y la resurrección resurgieron para enriquecer y alegrar en gran manera su ministerio posterior. No es de extrañar que estos apóstoles no comprendieran plenamente las palabras del Maestro, pues él les estaba proyectando el plan de una nueva era.

8. El trabajo en Jericó

141:8.1Durante las cuatro semanas de estancia en Betania más allá del Jordán, varias veces por semana Andrés asignaba a parejas de apóstoles para que subieran a Jericó por uno o dos días. Juan tenía muchos creyentes en Jericó, y la mayoría de ellos acogieron las enseñanzas más avanzadas de Jesús y sus apóstoles. En estas visitas a Jericó, los apóstoles comenzaron a cumplir de manera más concreta las instrucciones de Jesús de ministrar a los enfermos; visitaron cada casa de la ciudad y procuraron consolar a cada persona afligida.

141:8.2Los apóstoles hicieron algo de trabajo público en Jericó, pero sus esfuerzos fueron principalmente de una naturaleza más tranquila y personal. Ahora descubrieron que la buena nueva del reino era muy reconfortante para los enfermos; que su mensaje llevaba curación a los afligidos. Y fue en Jericó donde el encargo que Jesús dio a los doce de predicar las buenas nuevas del reino y ministrar a los afligidos se llevó a efecto plenamente por primera vez.

141:8.3Se detuvieron en Jericó camino de Jerusalén, y allí los alcanzó una delegación de Mesopotamia que había venido a conferenciar con Jesús. Los apóstoles habían planeado pasar aquí solo un día, pero cuando llegaron estos buscadores de la verdad del Oriente, Jesús pasó tres días con ellos, y regresaron a sus diversos hogares a lo largo del Éufrates, felices con el conocimiento de las nuevas verdades del reino de los cielos.

9. La partida hacia Jerusalén

141:9.1El lunes, último día de marzo, Jesús y los apóstoles comenzaron su viaje por las colinas hacia Jerusalén. Lázaro de Betania había bajado dos veces al Jordán para ver a Jesús, y se había dispuesto todo para que el Maestro y sus apóstoles tuvieran su sede en casa de Lázaro y sus hermanas, en Betania, mientras desearan permanecer en Jerusalén.

141:9.2Los discípulos de Juan permanecieron en Betania más allá del Jordán, enseñando y bautizando a las multitudes, de modo que Jesús llegó a la casa de Lázaro acompañado solo por los doce. Aquí Jesús y los apóstoles se quedaron cinco días, descansando y reponiendo fuerzas antes de seguir hacia Jerusalén para la Pascua. Fue un gran acontecimiento en la vida de Marta y María tener al Maestro y a sus apóstoles en la casa de su hermano, donde podían atender a sus necesidades.

141:9.3El domingo por la mañana, 6 de abril, Jesús y los apóstoles bajaron a Jerusalén; y esta fue la primera vez que el Maestro y todos los doce estuvieron allí juntos.

Documento 141

Comienzo de la obra pública