Parte IV · Documento 143

A través de Samaria

143:0.1A FINALES de junio del año 27 d. C., a causa de la creciente oposición de los dirigentes religiosos judíos, Jesús y los doce partieron de Jerusalén, después de enviar sus tiendas y sus escasos efectos personales para que se guardaran en la casa de Lázaro en Betania. Yendo hacia el norte, a Samaria, se detuvieron durante el sábado en Betel. Allí predicaron durante varios días a la gente que venía de Gofna y de Efraín. Un grupo de ciudadanos de Arimatea y de Tamna vino a invitar a Jesús a visitar sus aldeas. El Maestro y sus apóstoles pasaron más de dos semanas enseñando a los judíos y a los samaritanos de esta región, muchos de los cuales venían desde lugares tan lejanos como Antípatris para oír la buena nueva del reino.

143:0.2La gente del sur de Samaria escuchó a Jesús con alegría, y los apóstoles, con la excepción de Judas Iscariote, lograron superar gran parte de su prejuicio contra los samaritanos. A Judas le resultaba muy difícil amar a estos samaritanos. La última semana de julio, Jesús y sus asociados se prepararon para partir hacia las nuevas ciudades griegas de Fasaelis y Arquelais, cerca del Jordán.

1. La predicación en Arquelais

143:1.1Durante la primera quincena del mes de agosto, el grupo apostólico estableció su cuartel general en las ciudades griegas de Arquelais y Fasaelis, donde tuvieron su primera experiencia de predicar a reuniones casi exclusivamente de gentiles —griegos, romanos y sirios—, pues pocos judíos vivían en estas dos ciudades griegas. Al entrar en contacto con estos ciudadanos romanos, los apóstoles encontraron nuevas dificultades en la proclamación del mensaje del reino venidero, y se toparon con nuevas objeciones a las enseñanzas de Jesús. En una de las muchas conferencias vespertinas con sus apóstoles, Jesús escuchó atentamente estas objeciones al evangelio del reino mientras los doce relataban sus experiencias con las personas a quienes dirigían su labor personal.

143:1.2Una pregunta que hizo Felipe era típica de sus dificultades. Dijo Felipe: «Maestro, estos griegos y romanos se burlan de nuestro mensaje y dicen que tales enseñanzas solo sirven para los débiles y los esclavos. Afirman que la religión de los paganos es superior a nuestra enseñanza porque inspira a adquirir un carácter fuerte, robusto y agresivo. Aseguran que convertiríamos a todos los hombres en especímenes debilitados de no resistentes pasivos que pronto perecerían de la faz de la tierra. Te aprecian, Maestro, y admiten con franqueza que tu enseñanza es celestial e ideal, pero no nos toman en serio. Afirman que tu religión no es para este mundo; que los hombres no pueden vivir como tú enseñas. Y ahora, Maestro, ¿qué debemos decir a estos gentiles?».

143:1.3Después de que Jesús oyó objeciones similares al evangelio del reino, presentadas por Tomás, Natanael, Simón Zelotes y Mateo, dijo a los doce:

143:1.4«He venido a este mundo para hacer la voluntad de mi Padre y para revelar su carácter amoroso a toda la humanidad. Esa, hermanos míos, es mi misión. Y esto haré, sin importar la incomprensión de mis enseñanzas por parte de judíos o gentiles de este tiempo o de otra generación. Pero no deben pasar por alto el hecho de que incluso el amor divino tiene sus disciplinas severas. El amor de un padre por su hijo impulsa muchas veces al padre a refrenar los actos imprudentes de su irreflexivo vástago. El niño no siempre comprende los motivos sabios y amorosos de la disciplina con que el padre lo refrena. Pero yo les declaro que mi Padre en el Paraíso sí gobierna un universo de universos por el poder apremiante de su amor. El amor es la más grande de todas las realidades del espíritu. La verdad es una revelación liberadora, pero el amor es la relación suprema. Y sin importar los errores que cometan sus semejantes en su gestión del mundo de hoy, en una era venidera el evangelio que yo les declaro gobernará este mismo mundo. La meta final del progreso humano es el reconocimiento reverente de la paternidad de Dios y la materialización amorosa de la fraternidad de los hombres.

143:1.5»Pero ¿quién les dijo que mi evangelio estaba destinado solo a los esclavos y a los débiles? ¿Se parecen ustedes, mis apóstoles elegidos, a unos débiles? ¿Parecía Juan un débil? ¿Observan que yo esté esclavizado por el miedo? Es cierto que a los pobres y oprimidos de esta generación se les predica el evangelio. Las religiones de este mundo han descuidado a los pobres, pero mi Padre no hace acepción de personas. Además, los pobres de este tiempo son los primeros en atender el llamado al arrepentimiento y a la aceptación de la filiación. El evangelio del reino se ha de predicar a todos los hombres —judío y gentil, griego y romano, rico y pobre, libre y esclavo— e igualmente a jóvenes y ancianos, hombres y mujeres.

143:1.6»Por el hecho de que mi Padre es un Dios de amor y se deleita en la práctica de la misericordia, no se dejen llevar por la idea de que el servicio del reino ha de ser una tarea de monótona comodidad. El ascenso al Paraíso es la aventura suprema de todos los tiempos, el arduo logro de la eternidad. El servicio del reino en la tierra exigirá toda la hombría valerosa que ustedes y sus colaboradores puedan reunir. A muchos de ustedes les darán muerte por su lealtad al evangelio de este reino. Es fácil morir en la línea de una batalla física cuando su valor se ve fortalecido por la presencia de sus compañeros de lucha, pero se requiere una forma más elevada y más profunda de valor y de devoción humanos para entregar su vida con calma y en total soledad por amor a una verdad atesorada en su corazón mortal.

143:1.7»Hoy los incrédulos pueden burlarse de ustedes porque predican un evangelio de no resistencia y viven vidas de no violencia, pero ustedes son los primeros voluntarios de una larga fila de creyentes sinceros en el evangelio de este reino que asombrarán a toda la humanidad con su heroica devoción a estas enseñanzas. Ningún ejército del mundo ha mostrado jamás más valor y valentía que los que mostrarán ustedes y sus leales sucesores, que saldrán a todo el mundo a proclamar la buena nueva: la paternidad de Dios y la fraternidad de los hombres. El valor de la carne es la forma más baja de valentía. La valentía de la mente es un tipo más elevado de valor humano, pero el más alto y supremo es la lealtad sin concesiones a las convicciones esclarecidas de profundas realidades espirituales. Y tal valor constituye el heroísmo del hombre que conoce a Dios. Y todos ustedes son hombres que conocen a Dios; en verdad son los asociados personales del Hijo del Hombre».

143:1.8Esto no fue todo lo que Jesús dijo en aquella ocasión, pero es la introducción de su discurso, y continuó extensamente ampliando e ilustrando esta declaración. Fue uno de los discursos más apasionados que Jesús pronunció jamás ante los doce. Rara vez hablaba el Maestro a sus apóstoles con un sentimiento fuerte y evidente, pero esta fue una de esas pocas ocasiones en que habló con manifiesto fervor, acompañado de una marcada emoción.

143:1.9El efecto sobre la predicación pública y el ministerio personal de los apóstoles fue inmediato; desde ese mismo día su mensaje adquirió una nueva nota de dominio valeroso. Los doce siguieron adquiriendo el espíritu de agresividad positiva en el nuevo evangelio del reino. De ese día en adelante ya no se ocuparon tanto de predicar las virtudes negativas y los mandatos pasivos de la enseñanza polifacética de su Maestro.

2. Lección sobre el autodominio

143:2.1El Maestro era un ejemplar perfeccionado de dominio humano de sí. Cuando lo injuriaban, no injuriaba; cuando sufría, no profería amenazas contra sus atormentadores; cuando sus enemigos lo denunciaban, simplemente se encomendaba al justo juicio del Padre que está en el cielo.

143:2.2En una de las conferencias vespertinas, Andrés preguntó a Jesús: «Maestro, ¿debemos practicar la abnegación como nos enseñó Juan, o debemos esforzarnos por alcanzar el dominio de sí de tu enseñanza? ¿En qué difiere tu enseñanza de la de Juan?». Jesús respondió: «Juan ciertamente les enseñó el camino de la rectitud de acuerdo con la luz y las leyes de sus padres, y esa era la religión del examen de sí mismo y de la abnegación. Pero yo vengo con un nuevo mensaje de olvido de sí y de dominio de sí. Les muestro el camino de la vida tal como me lo ha revelado mi Padre que está en el cielo.

143:2.3»En verdad, en verdad les digo que quien se gobierna a sí mismo es más grande que quien conquista una ciudad. El autodominio es la medida de la naturaleza moral del hombre y el indicador de su desarrollo espiritual. En el antiguo orden ustedes ayunaban y oraban; como nueva criatura del renacimiento del espíritu, se les enseña a creer y a regocijarse. En el reino del Padre han de llegar a ser nuevas criaturas; las cosas viejas han de pasar; he aquí que les muestro cómo todas las cosas han de ser hechas nuevas. Y por su amor los unos a los otros han de convencer al mundo de que han pasado de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida eterna.

143:2.4»Por el camino antiguo, ustedes procuran reprimir, obedecer y ajustarse a las reglas de vida; por el camino nuevo, primero son transformados por el Espíritu de la Verdad y, de ese modo, fortalecidos en su alma interior por la constante renovación espiritual de su mente, y así son dotados del poder de cumplir con certeza y alegría la voluntad bondadosa, aceptable y perfecta de Dios. No olviden: es su fe personal en las grandísimas y preciosas promesas de Dios lo que asegura que lleguen a ser partícipes de la naturaleza divina. Así, por su fe y por la transformación del espíritu, llegan a ser en realidad templos de Dios, y su espíritu mora efectivamente en ustedes. Si, pues, el espíritu mora en ustedes, ya no son esclavos de la carne, sino hijos libres y liberados del espíritu. La nueva ley del espíritu los dota de la libertad del autodominio en lugar de la antigua ley del temor a la esclavitud de sí mismos y de la servidumbre de la abnegación.

143:2.5»Muchas veces, cuando han obrado mal, han pensado atribuir sus actos a la influencia del maligno, cuando en realidad solo los han extraviado sus propias tendencias naturales. ¿No les dijo hace mucho tiempo el profeta Jeremías que el corazón humano es engañoso más que todas las cosas y a veces incluso desesperadamente perverso? ¡Qué fácil es para ustedes engañarse a sí mismos y caer así en temores necios, en diversas pasiones, en placeres que esclavizan, en la malicia, en la envidia e incluso en el odio vengativo!

143:2.6»La salvación es por la regeneración del espíritu y no por las obras de justicia propia de la carne. Ustedes son justificados por la fe y acogidos en comunión por la gracia, no por el miedo y la abnegación de la carne, aunque los hijos del Padre que han nacido del espíritu son siempre y en todo momento dueños de sí mismos y de todo lo que concierne a los deseos de la carne. Cuando saben que son salvos por la fe, tienen verdadera paz con Dios. Y todos los que siguen el camino de esta paz celestial están destinados a ser santificados para el servicio eterno de los hijos en continuo avance del Dios eterno. De ahora en adelante, no es un deber, sino más bien su exaltado privilegio, purificarse de todos los males de la mente y del cuerpo mientras buscan la perfección en el amor de Dios.

143:2.7»Su filiación se funda en la fe, y han de permanecer imperturbables ante el miedo. Su gozo nace de la confianza en la palabra divina, y por lo tanto no serán llevados a dudar de la realidad del amor y de la misericordia del Padre. Es la bondad misma de Dios la que conduce a los hombres a un arrepentimiento verdadero y genuino. Su secreto del dominio de sí mismos está ligado a su fe en el espíritu que mora en ustedes, que siempre obra por el amor. Ni siquiera esta fe salvadora la tienen por ustedes mismos; también es un don de Dios. Y si son hijos de esta fe viva, ya no son esclavos del yo, sino más bien dueños triunfantes de sí mismos, los hijos liberados de Dios.

143:2.8»Si, pues, hijos míos, han nacido del espíritu, quedan liberados para siempre de la esclavitud, consciente de sí, de una vida de abnegación y de cuidado vigilante sobre los deseos de la carne, y son trasladados al gozoso reino del espíritu, desde donde muestran espontáneamente los frutos del espíritu en su vida diaria; y los frutos del espíritu son la esencia del tipo más elevado de un dominio de sí gozoso y ennoblecedor, incluso las cumbres del logro mortal terrestre: el verdadero autodominio».

3. Esparcimiento y relajación

143:3.1Por esta época se produjo un estado de gran tensión nerviosa y emocional entre los apóstoles y sus asociados discípulos más cercanos. Apenas se habían acostumbrado a vivir y trabajar juntos. Experimentaban crecientes dificultades para mantener relaciones armoniosas con los discípulos de Juan. El contacto con los gentiles y los samaritanos era una gran prueba para estos judíos. Y además de todo esto, las recientes palabras de Jesús habían aumentado su inquietud mental. Andrés estaba casi fuera de sí; no sabía qué hacer a continuación, y por eso fue al Maestro con sus problemas y perplejidades. Cuando Jesús terminó de escuchar al jefe apostólico relatar sus dificultades, dijo: «Andrés, no se puede sacar a los hombres de sus perplejidades con palabras cuando llegan a tal grado de enredo y cuando están implicadas tantas personas con sentimientos fuertes. No puedo hacer lo que me pides —no participaré en estas dificultades sociales personales—, pero me uniré a ti para disfrutar de un período de tres días de descanso y relajación. Ve a tus hermanos y anúnciales que todos ustedes han de ir conmigo al monte Sartaba, donde deseo descansar uno o dos días.

143:3.2»Ahora debes ir a cada uno de tus once hermanos y hablar con él en privado, diciéndole: “El Maestro desea que nos apartemos con él por un tiempo para descansar y relajarnos. Como todos hemos experimentado recientemente mucha aflicción de espíritu y tensión mental, propongo que no se mencionen nuestras pruebas y dificultades durante estos días de asueto. ¿Puedo contar contigo para cooperar conmigo en este asunto?”. De este modo, acércate en privado y personalmente a cada uno de tus hermanos». Y Andrés hizo como el Maestro le había indicado.

143:3.3Fue una ocasión maravillosa en la experiencia de cada uno de ellos; nunca olvidaron el día de la subida al monte. Durante todo el viaje apenas se dijo una palabra sobre sus dificultades. Al llegar a la cima del monte, Jesús los sentó a su alrededor y les dijo: «Hermanos míos, todos ustedes deben aprender el valor del descanso y la eficacia de la relajación. Deben darse cuenta de que el mejor método para resolver algunos problemas enredados es abandonarlos por un tiempo. Luego, cuando vuelven renovados de su descanso o de su adoración, son capaces de atacar sus dificultades con la cabeza más clara y la mano más firme, por no mencionar un corazón más resuelto. Además, muchas veces descubren que su problema se ha reducido en tamaño y en proporciones mientras ustedes descansaban la mente y el cuerpo».

143:3.4Al día siguiente, Jesús asignó a cada uno de los doce un tema de conversación. Todo el día se dedicó a recuerdos y a hablar de asuntos no relacionados con su obra religiosa. Se escandalizaron momentáneamente cuando Jesús incluso omitió dar gracias —de palabra— al partir el pan para su almuerzo del mediodía. Era la primera vez que lo veían omitir tales formalidades.

143:3.5Cuando subieron al monte, la cabeza de Andrés estaba llena de problemas. Juan estaba desmesuradamente perplejo en su corazón. Santiago estaba gravemente afligido en su alma. Mateo estaba en apuros por falta de fondos, ya que habían permanecido entre los gentiles. Pedro estaba sobreexcitado y últimamente había estado de un humor más cambiante que de costumbre. Judas sufría un ataque periódico de susceptibilidad y egoísmo. Simón estaba inusualmente alterado en sus esfuerzos por conciliar su patriotismo con el amor de la fraternidad de los hombres. Felipe estaba cada vez más desconcertado por el rumbo que tomaban las cosas. Natanael había mostrado menos humor desde que habían entrado en contacto con las poblaciones gentiles, y Tomás estaba en medio de un severo período de depresión. Solo los gemelos estaban normales y tranquilos. Todos ellos estaban sumamente perplejos sobre cómo llevarse en paz con los discípulos de Juan.

143:3.6Al tercer día, cuando emprendieron la bajada del monte y el regreso a su campamento, se había producido en ellos un gran cambio. Habían hecho el importante descubrimiento de que muchas perplejidades humanas en realidad no existen, de que muchas dificultades apremiantes son creaciones del miedo exagerado y fruto de una aprensión acrecentada. Habían aprendido que todas esas perplejidades se manejan mejor abandonándolas; al marcharse, habían dejado que esos problemas se resolvieran solos.

143:3.7Su regreso de estos días de asueto marcó el comienzo de un período de relaciones muy mejoradas con los seguidores de Juan. Muchos de los doce se entregaron verdaderamente a la alegría cuando notaron el estado de ánimo cambiado de todos y observaron que se habían librado de la irritabilidad nerviosa como resultado de sus tres días de descanso de los deberes rutinarios de la vida. Siempre existe el peligro de que la monotonía del contacto humano multiplique en gran medida las perplejidades y agrande las dificultades.

143:3.8No muchos de los gentiles de las dos ciudades griegas de Arquelais y Fasaelis creyeron en el evangelio, pero los doce apóstoles adquirieron una valiosa experiencia en este, su primer trabajo extenso con poblaciones exclusivamente gentiles. Un lunes por la mañana, hacia mediados del mes, Jesús dijo a Andrés: «Vamos a Samaria». Y partieron de inmediato hacia la ciudad de Sicar, cerca del pozo de Jacob.

4. Los judíos y los samaritanos

143:4.1Durante más de seiscientos años, los judíos de Judea, y más tarde también los de Galilea, habían estado enemistados con los samaritanos. Esta animosidad entre los judíos y los samaritanos surgió de esta manera: unos setecientos años a. C., Sargón, rey de Asiria, al sofocar una revuelta en Palestina central, llevó en cautiverio a más de veinticinco mil judíos del reino septentrional de Israel e instaló en su lugar a un número casi igual de descendientes de los cuteos, los sefarvitas y los hamateos. Más tarde, Asurbanipal envió aún otras colonias a habitar en Samaria.

143:4.2La enemistad religiosa entre los judíos y los samaritanos databa del regreso de los primeros del cautiverio babilónico, cuando los samaritanos trabajaron para impedir la reconstrucción de Jerusalén. Más tarde ofendieron a los judíos al prestar ayuda amistosa a los ejércitos de Alejandro. A cambio de su amistad, Alejandro dio a los samaritanos permiso para construir un templo en el monte Gerizim, donde adoraban a Yahvé y a sus dioses tribales y ofrecían sacrificios muy al estilo de los servicios del templo de Jerusalén. Al menos continuaron esta adoración hasta la época de los Macabeos, cuando Juan Hircano destruyó su templo en el monte Gerizim. El apóstol Felipe, en sus labores en favor de los samaritanos después de la muerte de Jesús, celebró muchas reuniones en el lugar de este antiguo templo samaritano.

143:4.3Los antagonismos entre los judíos y los samaritanos eran antiguos e históricos; desde los días de Alejandro, cada vez más, no habían tenido trato unos con otros. Los doce apóstoles no se oponían a predicar en las ciudades griegas y en otras ciudades gentiles de la Decápolis y de Siria, pero fue una dura prueba de su lealtad al Maestro cuando él dijo: «Vayamos a Samaria». Pero en algo más de un año que llevaban con Jesús, habían desarrollado una forma de lealtad personal que trascendía incluso su fe en sus enseñanzas y sus prejuicios contra los samaritanos.

5. La mujer de Sicar

143:5.1Cuando el Maestro y los doce llegaron al pozo de Jacob, Jesús, cansado del viaje, se quedó junto al pozo mientras Felipe llevaba consigo a los apóstoles para ayudar a traer comida y tiendas desde Sicar, pues tenían la intención de quedarse en esta zona durante un tiempo. Pedro y los hijos de Zebedeo se habrían quedado con Jesús, pero él les pidió que fueran con sus hermanos, diciendo: «No teman por mí; estos samaritanos serán amistosos; solo nuestros hermanos, los judíos, procuran hacernos daño». Y eran casi las seis de esta tarde de verano cuando Jesús se sentó junto al pozo a esperar el regreso de los apóstoles.

143:5.2El agua del pozo de Jacob era menos mineral que la de los pozos de Sicar y, por eso, se apreciaba mucho para beber. Jesús tenía sed, pero no había manera de sacar agua del pozo. Por eso, cuando una mujer de Sicar llegó con su cántaro y se dispuso a sacar agua del pozo, Jesús le dijo: «Dame de beber». Esta mujer de Samaria supo por su aspecto y su vestimenta que Jesús era judío, y supuso por su acento que era un judío galileo. Se llamaba Nalda y era una mujer agraciada. Le sorprendió mucho que un hombre judío le hablara así junto al pozo y le pidiera agua, pues en aquellos días no se consideraba apropiado que un hombre que se respetara hablara con una mujer en público, y mucho menos que un judío conversara con una samaritana. Por eso Nalda preguntó a Jesús: «¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, una mujer samaritana?». Jesús respondió: «Ciertamente te he pedido de beber, pero si tan solo pudieras comprender, tú me pedirías a mí un trago del agua viva». Entonces dijo Nalda: «Pero, Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Eres tú más grande que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y del cual bebieron él mismo, sus hijos y también su ganado?».

143:5.3Jesús respondió: «Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero quien beba del agua del espíritu vivo nunca tendrá sed. Y esta agua viva se convertirá en él en un pozo de frescura que brotará hasta la vida eterna». Nalda dijo entonces: «Dame esta agua, para que no tenga sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla. Además, cualquier cosa que una mujer samaritana pudiera recibir de un judío tan digno de elogio sería un placer».

143:5.4Nalda no sabía cómo interpretar la disposición de Jesús a hablar con ella. Contemplaba en el rostro del Maestro el semblante de un hombre recto y santo, pero confundió la cordialidad con una familiaridad corriente, e interpretó mal su figura retórica como una forma de insinuarse a ella. Y como era una mujer de moral relajada, estaba dispuesta a coquetear abiertamente, cuando Jesús, mirándola directamente a los ojos, con voz autoritaria le dijo: «Mujer, ve a buscar a tu marido y tráelo aquí». Esta orden hizo que Nalda volviera en sí. Vio que había juzgado mal la bondad del Maestro; comprendió que había malinterpretado su manera de hablar. Se asustó; empezó a darse cuenta de que estaba en presencia de una persona fuera de lo común y, buscando a tientas en su mente una respuesta adecuada, con gran confusión, dijo: «Pero, Señor, no puedo llamar a mi marido, porque no tengo marido». Entonces dijo Jesús: «Has dicho la verdad, porque, aunque quizás tuviste un marido alguna vez, aquel con quien vives ahora no es tu marido. Sería mejor que dejaras de jugar con mis palabras y buscaras el agua viva que hoy te he ofrecido».

143:5.5Para entonces, Nalda se había serenado, y su mejor yo había despertado. No era una mujer inmoral totalmente por elección. Su marido la había repudiado de forma despiadada e injusta, y en una situación desesperada había consentido en vivir con cierto griego como su esposa, pero sin estar casada. Nalda sintió ahora mucha vergüenza por haber hablado a Jesús tan irreflexivamente, y se dirigió al Maestro con gran contrición, diciendo: «Señor mío, me arrepiento de mi manera de hablarte, porque percibo que eres un hombre santo o quizás un profeta». Y estaba a punto de buscar la ayuda directa y personal del Maestro cuando hizo lo que tantos han hecho antes y después: eludir la cuestión de la salvación personal desviándose hacia la discusión de teología y filosofía. Rápidamente desvió la conversación de sus propias necesidades hacia una controversia teológica. Señalando hacia el monte Gerizim, continuó: «Nuestros padres adoraron en este monte, y sin embargo tú dirías que en Jerusalén está el lugar donde los hombres deben adorar; ¿cuál es, pues, el lugar correcto para adorar a Dios?».

143:5.6Jesús percibió el intento del alma de la mujer de evitar un contacto directo y escrutador con su Hacedor, pero también vio que en su alma estaba presente un deseo de conocer el mejor camino de vida. Después de todo, había en el corazón de Nalda una verdadera sed del agua viva; por eso él la trató con paciencia, diciendo: «Mujer, déjame decirte que pronto llega el día en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre. Pero ahora ustedes adoran lo que no conocen, una mezcla de la religión de muchos dioses paganos y de filosofías gentiles. Los judíos al menos saben a quién adoran; han eliminado toda confusión al concentrar su adoración en un solo Dios, Yahvé. Pero debes creerme cuando digo que pronto llegará la hora —y ya es ahora— en que todos los adoradores sinceros adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque son precisamente tales adoradores los que el Padre busca. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad. Tu salvación no viene de saber cómo o dónde deberían adorar los demás, sino de recibir en tu propio corazón esta agua viva que te estoy ofreciendo ahora mismo».

143:5.7Pero Nalda quiso hacer un esfuerzo más por evitar hablar de la incómoda cuestión de su vida personal en la tierra y del estado de su alma ante Dios. Una vez más recurrió a cuestiones de religión general, diciendo: «Sí, Señor, sé que Juan ha predicado sobre la venida del Convertidor, aquel que será llamado el Libertador, y que, cuando venga, nos declarará todas las cosas», y Jesús, interrumpiendo a Nalda, dijo con una seguridad sorprendente: «Soy yo, que te hablo».

143:5.8Esta fue la primera declaración directa, positiva y sin disimulo de su naturaleza divina y de su filiación que Jesús había hecho en la tierra; y fue hecha a una mujer, a una mujer samaritana, y a una mujer de reputación dudosa a los ojos de los hombres hasta ese momento, pero una mujer a quien el ojo divino contemplaba como alguien contra quien se había pecado más que como alguien que pecaba por su propio deseo, y como alguien que ahora era un alma humana que deseaba la salvación, que la deseaba con sinceridad y de todo corazón, y eso bastaba.

143:5.9Cuando Nalda estaba a punto de expresar su anhelo real y personal de cosas mejores y de una manera más noble de vivir, justo cuando estaba lista para decir el verdadero deseo de su corazón, los doce apóstoles regresaron de Sicar y, al encontrarse con esta escena de Jesús hablando tan íntimamente con esta mujer —esta mujer samaritana, y a solas—, quedaron más que asombrados. Dejaron rápidamente sus provisiones y se apartaron, sin que nadie se atreviera a reprenderlo, mientras Jesús decía a Nalda: «Mujer, sigue tu camino; Dios te ha perdonado. De ahora en adelante vivirás una vida nueva. Has recibido el agua viva, y una nueva alegría brotará dentro de tu alma, y llegarás a ser una hija del Altísimo». Y la mujer, al percibir la desaprobación de los apóstoles, dejó su cántaro y huyó a la ciudad.

143:5.10Al entrar en la ciudad, proclamó a todos los que encontraba: «Salgan al pozo de Jacob, y vayan pronto, porque allí verán a un hombre que me dijo todo lo que he hecho en mi vida. ¿Será este el Convertidor?». Y antes de que se pusiera el sol, una gran multitud se había reunido en el pozo de Jacob para oír a Jesús. Y el Maestro les habló más acerca del agua de la vida, el don del espíritu que mora en el interior.

143:5.11Los apóstoles nunca dejaron de escandalizarse por la disposición de Jesús a hablar con mujeres, mujeres de reputación dudosa, incluso mujeres inmorales. A Jesús le resultaba muy difícil enseñar a sus apóstoles que las mujeres, incluso las llamadas mujeres inmorales, tienen almas que pueden elegir a Dios como su Padre, llegando así a ser hijas de Dios y candidatas a la vida eterna. Incluso diecinueve siglos después, muchos muestran la misma resistencia a captar las enseñanzas del Maestro. Incluso la religión cristiana se ha construido con persistencia en torno al hecho de la muerte de Cristo en lugar de en torno a la verdad de su vida. El mundo debería preocuparse más por su vida feliz y reveladora de Dios que por su muerte trágica y dolorosa.

143:5.12Nalda contó toda esta historia al apóstol Juan al día siguiente, pero él nunca la reveló completamente a los demás apóstoles, y Jesús no habló de ella en detalle a los doce.

143:5.13Nalda le dijo a Juan que Jesús le había dicho «todo lo que he hecho en mi vida». Juan quiso muchas veces preguntar a Jesús sobre este encuentro con Nalda, pero nunca lo hizo. Jesús le dijo solo una cosa sobre ella misma, pero su mirada a los ojos de ella y la manera en que la trató habían hecho pasar toda su accidentada vida en una revisión panorámica ante su mente en un instante, de tal modo que ella asoció toda esta autorrevelación de su vida pasada con la mirada y la palabra del Maestro. Jesús nunca le dijo que había tenido cinco maridos. Había vivido con cuatro hombres distintos desde que su marido la repudió, y esto, con todo su pasado, surgió tan vívidamente en su mente en el momento en que se dio cuenta de que Jesús era un hombre de Dios, que después repitió a Juan que Jesús realmente le había contado todo sobre ella misma.

6. El despertar samaritano

143:6.1La tarde en que Nalda sacó a la multitud de Sicar para ver a Jesús, los doce acababan de regresar con comida, y le rogaron a Jesús que comiera con ellos en lugar de hablar a la gente, porque habían estado sin comer todo el día y tenían hambre. Pero Jesús sabía que pronto caería la oscuridad; por eso persistió en su determinación de hablar a la gente antes de despedirla. Cuando Andrés trató de persuadirlo de que comiera un bocado antes de hablar a la multitud, Jesús dijo: «Tengo un alimento para comer que ustedes no conocen». Cuando los apóstoles oyeron esto, dijeron entre sí: «¿Le habrá traído alguien algo de comer? ¿Será que la mujer le dio comida además de bebida?». Cuando Jesús los oyó hablar entre sí, antes de hablar a la gente, se apartó y dijo a los doce: «Mi alimento es hacer la voluntad de Aquel que me envió y llevar a cabo su obra. Ya no deben decir que falta tal o cual tiempo hasta la cosecha. Miren a esta gente que sale de una ciudad samaritana para oírnos; les digo que los campos ya están blancos para la cosecha. El que siega recibe salario y recoge este fruto para la vida eterna; por consiguiente, los sembradores y los segadores se regocijan juntos. Porque en esto es verdadero el dicho: “Uno siembra y otro siega”. Ahora los envío a segar aquello en lo que no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes están a punto de entrar en su trabajo». Esto lo dijo en referencia a la predicación de Juan el Bautista.

143:6.2Jesús y los apóstoles entraron en Sicar y predicaron dos días antes de establecer su campamento en el monte Gerizim. Y muchos de los habitantes de Sicar creyeron el evangelio y pidieron el bautismo, pero los apóstoles de Jesús todavía no bautizaban.

143:6.3La primera noche del campamento en el monte Gerizim, los apóstoles esperaban que Jesús los reprendiera por su actitud hacia la mujer del pozo de Jacob, pero él no hizo ninguna referencia al asunto. En cambio, les dio aquella memorable charla sobre «Las realidades que son centrales en el reino de Dios». En cualquier religión es muy fácil permitir que los valores se vuelvan desproporcionados y dejar que los hechos ocupen el lugar de la verdad en la propia teología. El hecho de la cruz se convirtió en el centro mismo del cristianismo posterior; pero no es la verdad central de la religión que puede derivarse de la vida y las enseñanzas de Jesús de Nazaret.

143:6.4El tema de la enseñanza de Jesús en el monte Gerizim fue este: que él quiere que todos los hombres vean a Dios como un Padre-amigo, así como él (Jesús) es un hermano-amigo. Y una y otra vez les inculcó que el amor es la relación más grande del mundo —del universo—, así como la verdad es la declaración más grande de la observación de estas relaciones divinas.

143:6.5Ante los samaritanos, Jesús se dio a conocer de un modo tan pleno porque le era posible hacerlo sin riesgo, y porque sabía que ya no regresaría al corazón de Samaria a predicar el evangelio del reino.

143:6.6Jesús y los doce acamparon en el monte Gerizim hasta finales de agosto. Predicaban de día la buena nueva del reino —la paternidad de Dios— a los samaritanos en las ciudades y pasaban las noches en el campamento. La obra que Jesús y los doce realizaron en estas ciudades samaritanas produjo muchas almas para el reino y contribuyó mucho a preparar el camino para la maravillosa obra de Felipe en estas regiones después de la muerte y la resurrección de Jesús, tras la dispersión de los apóstoles hasta los confines de la tierra a causa de la amarga persecución de los creyentes en Jerusalén.

7. Enseñanzas sobre la oración y la adoración

143:7.1En las conferencias vespertinas en el monte Gerizim, Jesús enseñó muchas grandes verdades, y en particular puso énfasis en lo siguiente:

143:7.2La religión verdadera consiste en el acto que realiza un alma individual en sus relaciones conscientes de sí con el Creador; lo que el hombre intenta con la religión organizada es socializar la adoración de cada uno de los religionistas.

143:7.3La adoración —contemplación de lo espiritual— debe alternar con el servicio, el contacto con la realidad material. El trabajo debe alternar con el juego; la religión debe equilibrarse con el humor. La filosofía profunda debe aliviarse con poesía rítmica. La tensión de vivir —la tensión temporal de la personalidad— debe relajarse con el reposo de la adoración. Los sentimientos de inseguridad que surgen del miedo al aislamiento de la personalidad en el universo deben encontrar su antídoto en la contemplación del Padre por la fe y en el intento de tomar conciencia del Supremo.

143:7.4La oración está concebida para que el hombre piense menos pero tome más conciencia; no está concebida para aumentar el conocimiento, sino más bien para ampliar el discernimiento.

143:7.5La adoración tiene por objeto anticipar la vida mejor que está por delante y luego reflejar estos nuevos significados espirituales sobre la vida presente. La oración sostiene espiritualmente, pero la adoración es divinamente creativa.

143:7.6La adoración es la técnica de mirar al Uno para inspirarse en el servicio a los muchos. La adoración es el patrón que mide el grado de desapego del alma respecto del universo material y su simultáneo y seguro apego a las realidades espirituales de toda la creación.

143:7.7La oración es recordarse a sí mismo: pensamiento sublime; la adoración es olvidarse de sí mismo: superpensamiento. La adoración es atención sin esfuerzo, verdadero e ideal descanso del alma, una forma de esfuerzo espiritual reposado.

143:7.8La adoración es el acto de una parte que se identifica con el Todo; de lo finito con el Infinito; del hijo con el Padre; del tiempo en el acto de acompasar su paso con la eternidad. La adoración es el acto de la comunión personal del hijo con el Padre divino, la adopción de actitudes refrescantes, creativas, fraternales y románticas por parte del alma-espíritu humana.

143:7.9Aunque los apóstoles captaron solo unas pocas de sus enseñanzas en el campamento, otros mundos sí las captaron, y otras generaciones en la tierra lo harán.

Documento 143

A través de Samaria