Parte IV · Documento 140
La ordenación de los doce
140:0.1POCO antes del mediodía del domingo 12 de enero del año 27 d. C., Jesús reunió a los apóstoles para su ordenación como predicadores públicos del evangelio del reino. Los doce esperaban ser llamados casi cualquier día; por eso, esa mañana no se alejaron mucho de la orilla para pescar. Varios de ellos se entretenían cerca de la orilla, remendando sus redes y arreglando sus aparejos de pesca.
140:0.2Cuando Jesús empezó a recorrer la orilla del lago llamando a los apóstoles, primero saludó a Andrés y a Pedro, que pescaban cerca de la orilla; luego hizo señas a Santiago y a Juan, que estaban en una barca cerca de allí, conversando con su padre, Zebedeo, y remendando sus redes. De dos en dos reunió a los demás apóstoles, y cuando tuvo reunidos a los doce, se dirigió con ellos a las tierras altas al norte de Cafarnaúm, donde se puso a instruirlos como preparación para su ordenación formal.
140:0.3Por una vez, los doce apóstoles estaban callados; incluso Pedro estaba pensativo. ¡Por fin había llegado la hora tan esperada! Iban a apartarse con el Maestro para participar en algún tipo de ceremonia solemne de consagración personal y de dedicación colectiva a la obra sagrada de representar a su Maestro en la proclamación de la venida del reino de su Padre.
1. Instrucción preliminar
140:1.1Antes del servicio formal de ordenación, Jesús habló a los doce mientras estaban sentados a su alrededor: «Hermanos míos, ha llegado esta hora del reino. Los he traído aquí, apartados conmigo, para presentarlos al Padre como embajadores del reino. Algunos de ustedes me oyeron hablar de este reino en la sinagoga cuando fueron llamados por primera vez. Cada uno de ustedes ha aprendido más sobre el reino del Padre desde que está conmigo trabajando en las ciudades de los alrededores del mar de Galilea. Pero ahora mismo tengo algo más que decirles acerca de este reino.
140:1.2«El nuevo reino que mi Padre está a punto de establecer en el corazón de sus hijos de la tierra será un dominio eterno. No tendrá fin este gobierno de mi Padre en el corazón de los que desean hacer su divina voluntad. Les declaro que mi Padre no es el Dios del judío ni del gentil. Muchos vendrán del oriente y del occidente para sentarse con nosotros en el reino del Padre, mientras que muchos de los hijos de Abraham se negarán a entrar en esta nueva fraternidad del gobierno del espíritu del Padre en el corazón de los hijos de los hombres.
140:1.3«El poder de este reino no consistirá en la fuerza de los ejércitos ni en el poderío de las riquezas, sino más bien en la gloria del espíritu divino que vendrá a enseñar a las mentes y a gobernar los corazones de los ciudadanos renacidos de este reino celestial, los hijos de Dios. Esta es la fraternidad del amor en la que reina la rectitud, y cuyo grito de batalla será: Paz en la tierra y buena voluntad para con todos los hombres. Este reino, que tan pronto van a salir a proclamar, es el deseo de los hombres buenos de todas las épocas, la esperanza de toda la tierra y el cumplimiento de las sabias promesas de todos los profetas.
140:1.4«Pero para ustedes, hijos míos, y para todos los demás que quieran seguirlos a este reino, se ha establecido una prueba severa. Solo la fe les hará atravesar sus puertas, pero deben producir los frutos del espíritu de mi Padre si quieren seguir ascendiendo en la vida progresiva del compañerismo divino. En verdad, en verdad les digo que no todo el que dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino más bien el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
140:1.5«Su mensaje al mundo será: Busquen primero el reino de Dios y su rectitud, y al encontrarlos, todas las demás cosas esenciales para la supervivencia eterna quedarán aseguradas con ellos. Y ahora quiero dejarles claro que este reino de mi Padre no vendrá con una exhibición exterior de poder ni con demostraciones impropias. No han de salir de aquí a proclamar el reino diciendo: “está aquí” o “está allí”, porque este reino que ustedes predican es Dios dentro de ustedes.
140:1.6«El que quiera llegar a ser grande en el reino de mi Padre se hará ministro de todos; y el que quiera ser el primero entre ustedes, que se haga servidor de sus hermanos. Pero una vez que sean recibidos verdaderamente como ciudadanos del reino celestial, ya no serán siervos sino hijos, hijos del Dios vivo. Y así progresará este reino en el mundo hasta que derribe toda barrera y lleve a todos los hombres a conocer a mi Padre y a creer en la verdad salvadora que he venido a declarar. Ya ahora el reino está cerca, y algunos de ustedes no morirán hasta que hayan visto llegar el reinado de Dios con gran poder.
140:1.7«Y esto que sus ojos contemplan ahora, este pequeño comienzo de doce hombres comunes, se multiplicará y crecerá hasta que finalmente toda la tierra se llene de la alabanza de mi Padre. Y no será tanto por las palabras que digan como por la vida que vivan que los hombres sabrán que han estado conmigo y han aprendido las realidades del reino. Y aunque no quisiera poner cargas penosas sobre sus mentes, estoy a punto de poner sobre sus almas la solemne responsabilidad de representarme en el mundo cuando pronto los deje, como yo ahora represento a mi Padre en esta vida que vivo en la carne». Y cuando terminó de hablar, se puso de pie.
2. La ordenación
140:2.1Jesús indicó entonces a los doce mortales que acababan de escuchar su declaración sobre el reino que se arrodillaran en círculo a su alrededor. Luego el Maestro puso las manos sobre la cabeza de cada apóstol, empezando por Judas Iscariote y terminando por Andrés. Después de bendecirlos, extendió las manos y oró:
140:2.2«Padre mío, ahora te traigo a estos hombres, mis mensajeros. De entre nuestros hijos de la tierra he escogido a estos doce para que salgan a representarme como yo vine a representarte a ti. Ámalos y acompáñalos como me has amado y acompañado a mí. Y ahora, Padre mío, da sabiduría a estos hombres, pues pongo en sus manos todos los asuntos del reino venidero. Y quisiera, si es tu voluntad, quedarme en la tierra un tiempo para ayudarlos en sus trabajos por el reino. Y otra vez, Padre mío, te doy gracias por estos hombres, y los encomiendo a tu cuidado mientras sigo adelante para terminar la obra que me has dado que haga».
140:2.3Cuando Jesús terminó de orar, los apóstoles permanecieron cada uno inclinado en su lugar. Y pasaron muchos minutos antes de que incluso Pedro se atreviera a alzar los ojos para mirar al Maestro. Uno a uno abrazaron a Jesús, pero nadie dijo nada. Un gran silencio llenó el lugar mientras una multitud de seres celestiales contemplaba desde lo alto esta escena solemne y sagrada —el Creador de un universo que ponía los asuntos de la divina fraternidad de los hombres bajo la dirección de mentes humanas.
3. El sermón de la ordenación
140:3.1Entonces Jesús habló, diciendo: «Ahora que son embajadores del reino de mi Padre, se han convertido por eso en una clase de hombres separada y distinta de todos los demás hombres de la tierra. Ya no son como hombres entre los hombres, sino como los ciudadanos iluminados de otro país, un país celestial, entre las criaturas ignorantes de este mundo oscuro. No basta con que vivan como vivían antes de esta hora; de ahora en adelante deben vivir como quienes han probado las glorias de una vida mejor y han sido enviados de regreso a la tierra como embajadores del Soberano de ese mundo nuevo y mejor. Del maestro se espera más que del alumno; al amo se le exige más que al siervo. A los ciudadanos del reino celestial se les pide más que a los ciudadanos del gobierno terrenal. Algunas de las cosas que estoy a punto de decirles pueden parecer duras, pero ustedes han elegido representarme en el mundo así como yo represento ahora al Padre; y como mis agentes en la tierra estarán obligados a atenerse a las enseñanzas y prácticas que reflejan mis ideales de la vida mortal en los mundos del espacio, y que yo ejemplifico en mi vida terrenal al revelar al Padre que está en el cielo.
140:3.2«Los envío a proclamar la libertad a los cautivos espirituales, la alegría a los que están en la esclavitud del miedo, y a sanar a los enfermos de acuerdo con la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Cuando encuentren a mis hijos en la aflicción, háblenles con palabras de ánimo, diciendo:
140:3.3«Felices los pobres de espíritu, los humildes, porque de ellos son los tesoros del reino de los cielos.
140:3.4«Felices los que tienen hambre y sed de rectitud, porque serán saciados.
140:3.5«Felices los mansos, porque heredarán la tierra.
140:3.6«Felices los puros de corazón, porque verán a Dios.
140:3.7«Y de la misma manera, digan a mis hijos estas otras palabras de consuelo y de promesa espirituales:
140:3.8«Felices los que están de duelo, porque serán consolados. Felices los que lloran, porque recibirán el espíritu de la alegría.
140:3.9«Felices los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.
140:3.10«Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados los hijos de Dios.
140:3.11«Felices los perseguidos por causa de la rectitud, porque de ellos es el reino de los cielos. Felices ustedes cuando los hombres los insulten y los persigan y digan falsamente toda clase de mal contra ustedes. Alégrense y estén sumamente contentos, porque grande es su recompensa en el cielo.
140:3.12«Hermanos míos, al enviarlos, ustedes son la sal de la tierra, una sal de sabor salvador. Pero si esta sal ha perdido su sabor, ¿con qué se salará? Desde entonces no sirve para nada, sino para ser arrojada fuera y pisoteada por los hombres.
140:3.13«Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Tampoco encienden los hombres una vela para ponerla debajo de un cajón, sino sobre un candelero; y alumbra a todos los que están en la casa. Que su luz brille así delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y sean llevados a glorificar a su Padre que está en el cielo.
140:3.14«Los envío al mundo para que me representen y actúen como embajadores del reino de mi Padre, y cuando salgan a proclamar las buenas nuevas, pongan su confianza en el Padre de quien son mensajeros. No resistan por la fuerza a la injusticia; no pongan su confianza en el brazo de la carne. Si su prójimo los golpea en la mejilla derecha, preséntenle también la otra. Estén dispuestos a sufrir injusticia antes que acudir a la ley entre ustedes. Con bondad y con misericordia, ministren a todos los que están en aflicción y en necesidad.
140:3.15«Les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen y oren por los que los ultrajan. Y todo lo que crean que yo haría a los hombres, háganlo también ustedes a ellos.
140:3.16«Su Padre que está en el cielo hace brillar el sol sobre los malos así como sobre los buenos; de igual modo envía la lluvia sobre los justos y los injustos. Ustedes son los hijos de Dios; más aún, ahora son los embajadores del reino de mi Padre. Sean misericordiosos, así como Dios es misericordioso, y en el futuro eterno del reino serán perfectos, así como su Padre celestial es perfecto.
140:3.17«Se les encomienda salvar a los hombres, no juzgarlos. Al final de su vida en la tierra, todos ustedes esperarán misericordia; por eso les exijo que durante su vida mortal muestren misericordia a todos sus hermanos en la carne. No cometan el error de intentar sacar una paja del ojo de su hermano cuando hay una viga en su propio ojo. Después de sacar primero la viga de su propio ojo, podrán ver mejor para sacar la paja del ojo de su hermano.
140:3.18«Disciernan la verdad con claridad; vivan la vida recta sin temor; y así serán mis apóstoles y los embajadores de mi Padre. Han oído decir: “Si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo”. Si quieren guiar a otros al reino, ustedes mismos deben andar en la luz clara de la verdad viva. En todos los asuntos del reino los exhorto a mostrar un juicio justo y una sabiduría aguda. No den lo santo a los perros, ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que pisoteen sus joyas y se vuelvan para despedazarlos.
140:3.19«Les advierto contra los falsos profetas que vendrán a ustedes vestidos de ovejas, mientras que por dentro son como lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Recogen los hombres uvas de los espinos o higos de los cardos? Así también, todo árbol bueno da buen fruto, pero el árbol corrompido da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, ni un árbol corrompido puede producir fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto es pronto cortado y echado al fuego. Para ganar la entrada en el reino de los cielos, lo que cuenta es el motivo. Mi Padre mira el corazón de los hombres y juzga por sus anhelos interiores y sus intenciones sinceras.
140:3.20«En el gran día del juicio del reino, muchos me dirán: “¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre hicimos muchas obras maravillosas?”. Pero me veré obligado a decirles: “Nunca los conocí; apártense de mí, ustedes que son falsos maestros”. Pero todo el que oiga este encargo y cumpla sinceramente su misión de representarme ante los hombres, así como yo he representado a mi Padre ante ustedes, hallará una entrada abundante en mi servicio y en el reino del Padre celestial».
140:3.21Nunca antes habían oído los apóstoles a Jesús hablar de esta manera, porque les había hablado como quien tiene autoridad suprema. Bajaron del monte hacia la puesta del sol, pero nadie le hizo a Jesús ninguna pregunta.
4. Ustedes son la sal de la tierra
140:4.1El llamado «Sermón de la Montaña» no es el evangelio de Jesús. Sí contiene mucha instrucción útil, pero fue el encargo de ordenación de Jesús a los doce apóstoles. Fue la comisión personal del Maestro a los que iban a seguir predicando el evangelio y aspiraban a representarlo en el mundo de los hombres, así como él representaba a su Padre con tanta elocuencia y perfección.
140:4.2«Ustedes son la sal de la tierra, una sal de sabor salvador. Pero si esta sal ha perdido su sabor, ¿con qué se salará? Desde entonces no sirve para nada, sino para ser arrojada fuera y pisoteada por los hombres».
140:4.3En tiempos de Jesús la sal era valiosa. Incluso se usaba como dinero. La palabra moderna «salario» se deriva de la sal. La sal no solo da sabor a los alimentos, sino que también es un conservante. Hace que otras cosas sean más sabrosas, y así sirve al ser gastada.
140:4.4«Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Tampoco encienden los hombres una vela para ponerla debajo de un cajón, sino sobre un candelero; y alumbra a todos los que están en la casa. Que su luz brille así delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y sean llevados a glorificar a su Padre que está en el cielo».
140:4.5Aunque la luz disipa la oscuridad, también puede ser tan «deslumbrante» que confunda y frustre. Se nos exhorta a dejar que nuestra luz brille de tal modo que nuestros semejantes sean guiados a caminos nuevos y piadosos de una vida enriquecida. Nuestra luz debería brillar de modo que no atraiga la atención hacia uno mismo. Incluso la propia vocación puede utilizarse como un «reflector» eficaz para la difusión de esta luz de la vida.
140:4.6Los caracteres fuertes no se derivan de no hacer el mal, sino más bien de hacer efectivamente el bien. La ausencia de egoísmo es la insignia de la grandeza humana. Los niveles más altos de autorrealización se alcanzan mediante la adoración y el servicio. La persona feliz y eficaz está motivada, no por el miedo a obrar mal, sino por el amor a obrar bien.
140:4.7«Por sus frutos los conocerán». La personalidad es básicamente invariable; lo que cambia —lo que crece— es el carácter moral. El error principal de las religiones modernas es el negativismo. El árbol que no da fruto es «cortado y echado al fuego». El valor moral no puede derivarse de la mera represión, de obedecer el mandato «No harás». El miedo y la vergüenza son motivaciones indignas para la vida religiosa. La religión solo es válida cuando revela la paternidad de Dios y engrandece la fraternidad de los hombres.
140:4.8Una filosofía de vida eficaz se forma por la combinación del discernimiento cósmico y la suma de las propias reacciones emocionales ante el entorno social y económico. Recuerden: aunque los impulsos heredados no pueden modificarse en lo fundamental, las respuestas emocionales a esos impulsos sí pueden cambiarse; por tanto, la naturaleza moral puede modificarse, el carácter puede mejorarse. En el carácter fuerte las respuestas emocionales están integradas y coordinadas, y así se produce una personalidad unificada. Una unificación deficiente debilita la naturaleza moral y engendra infelicidad.
140:4.9Sin una meta digna, la vida se vuelve sin rumbo e improductiva, y de ello resulta mucha infelicidad. El discurso de Jesús en la ordenación de los doce constituye una filosofía de vida magistral. Jesús exhortó a sus seguidores a ejercer una fe experiencial. Les advirtió que no dependieran del mero asentimiento intelectual, de la credulidad ni de la autoridad establecida.
140:4.10La educación debería ser una técnica para aprender (descubrir) los mejores métodos de satisfacer nuestros impulsos naturales y heredados, y la felicidad es la suma resultante de estas técnicas mejoradas de satisfacción emocional. La felicidad depende poco del entorno, aunque un entorno agradable puede contribuir mucho a ella.
140:4.11Todo mortal anhela de verdad ser una persona completa, ser perfecto así como el Padre que está en el cielo es perfecto, y ese logro es posible porque, en último análisis, el «universo es verdaderamente paternal».
5. Amor paternal y amor fraternal
140:5.1Desde el Sermón de la Montaña hasta el discurso de la Última Cena, Jesús enseñó a sus seguidores a manifestar un amor paternal más que un amor fraternal. El amor fraternal amaría al prójimo como uno se ama a sí mismo, y eso sería un cumplimiento suficiente de la «regla de oro». Pero el afecto paternal exigiría que ustedes amaran a sus semejantes mortales como Jesús los ama a ustedes.
140:5.2Jesús ama a la humanidad con un afecto doble. Vivió en la tierra como una personalidad dual —humana y divina. Como Hijo de Dios ama al hombre con un amor paternal —él es el Creador del hombre, su Padre de universo. Como Hijo del Hombre, Jesús ama a los mortales como un hermano —fue verdaderamente un hombre entre los hombres.
140:5.3Jesús no esperaba que sus seguidores lograran una manifestación imposible de amor fraternal, pero sí esperaba que se esforzaran tanto por ser como Dios —por ser perfectos así como el Padre que está en el cielo es perfecto— que pudieran empezar a mirar al hombre como Dios mira a sus criaturas y, por tanto, pudieran empezar a amar a los hombres como Dios los ama —a mostrar los comienzos de un afecto paternal. En el curso de estas exhortaciones a los doce apóstoles, Jesús trató de revelar este nuevo concepto de amor paternal en su relación con ciertas actitudes emocionales implicadas en realizar numerosos ajustes sociales al entorno.
140:5.4El Maestro introdujo este discurso de tanta importancia llamando la atención sobre cuatro actitudes de fe, como preludio a la descripción posterior de sus cuatro reacciones trascendentes y supremas de amor paternal, en contraste con las limitaciones del mero amor fraternal.
140:5.5Primero habló de los que eran pobres de espíritu, tenían hambre de rectitud, perseveraban en la mansedumbre y eran puros de corazón. De tales mortales, que disciernen el espíritu, se podía esperar que alcanzaran niveles tales de desprendimiento divino que pudieran intentar el asombroso ejercicio del afecto paternal; que aun estando de duelo tuvieran la capacidad de mostrar misericordia, promover la paz y soportar persecuciones, y que a lo largo de todas estas situaciones difíciles amaran incluso a la humanidad poco digna de amor con un amor paternal. El afecto de un padre puede alcanzar niveles de devoción que trascienden inconmensurablemente el afecto de un hermano.
140:5.6Con la fe y el amor que hay en estas bienaventuranzas, el carácter moral se fortalece y nace la felicidad. Lo que debilita el carácter y destruye la felicidad son el temor y la ira. Fue con una nota de felicidad como se inició este sermón trascendental.
140:5.71. «Felices los pobres de espíritu, los humildes». Para un niño, la felicidad es la satisfacción del deseo de placer inmediato. El adulto está dispuesto a sembrar semillas de abnegación para recoger después cosechas de una felicidad mayor. En tiempos de Jesús, y desde entonces, la felicidad se ha asociado con demasiada frecuencia a la idea de poseer riquezas. En la historia del fariseo y el publicano que oraban en el templo, el uno se sentía rico de espíritu, egocéntrico; el otro se sentía «pobre de espíritu», humilde. Uno era autosuficiente; el otro era dócil para aprender y buscaba la verdad. Los pobres de espíritu buscan metas de riqueza espiritual: a Dios. Y estos buscadores de la verdad no tienen que esperar recompensas en un futuro lejano; son recompensados ahora. Encuentran el reino de los cielos dentro de su propio corazón, y experimentan esa felicidad ahora.
140:5.82. «Felices los que tienen hambre y sed de rectitud, porque serán saciados». Solo los que se sienten pobres de espíritu tendrán alguna vez hambre de rectitud. Solo los humildes buscan la fuerza divina y anhelan el poder espiritual. Pero es muy peligroso practicar a sabiendas el ayuno espiritual para mejorar el apetito de dones espirituales. El ayuno físico se vuelve peligroso después de cuatro o cinco días; uno tiende a perder todo deseo de comer. El ayuno prolongado, ya sea físico o espiritual, tiende a destruir el hambre.
140:5.9La rectitud experiencial es un placer, no un deber. La rectitud de Jesús es un amor dinámico —afecto paternal-fraternal. No es el tipo de rectitud negativa o del «no harás». ¿Cómo podría alguien tener hambre de algo negativo— de algo que «no hay que hacer»?
140:5.10No es tan fácil enseñar a una mente infantil estas dos primeras bienaventuranzas, pero la mente madura debería captar su significado.
140:5.113. «Felices los mansos, porque heredarán la tierra». La verdadera mansedumbre no tiene relación con el miedo. Es más bien una actitud del hombre que coopera con Dios: «Hágase tu voluntad». Abarca la paciencia y la longanimidad, y está motivada por una fe inquebrantable en un universo regido por leyes y amistoso. Domina todas las tentaciones de rebelarse contra la guía divina. Jesús fue el hombre manso ideal de Urantia, y heredó un vasto universo.
140:5.124. «Felices los puros de corazón, porque verán a Dios». La pureza espiritual no es una cualidad negativa, salvo en que carece de sospecha y de venganza. Al hablar de la pureza, Jesús no quiso tratar exclusivamente de las actitudes sexuales humanas. Se refería más bien a esa fe que el hombre debe tener en su prójimo; esa fe que un padre tiene en su hijo, y que le permite amar a sus semejantes como los amaría un padre. El amor de un padre no necesita mimar, y no tolera el mal, pero siempre es anticínico. El amor paternal tiene unidad de propósito, y siempre busca lo mejor en el hombre; esa es la actitud de un verdadero padre.
140:5.13Ver a Dios —por la fe— significa adquirir un verdadero discernimiento espiritual. Y el discernimiento espiritual acrecienta la guía del Ajustador, y estos, al final, aumentan la conciencia de Dios. Y cuando ustedes conocen al Padre, quedan confirmados en la seguridad de la filiación divina, y pueden amar cada vez más a cada uno de sus hermanos en la carne, no solo como un hermano —con amor fraternal— sino también como un padre —con afecto paternal.
140:5.14Es fácil enseñar esta exhortación incluso a un niño. Los niños son confiados por naturaleza, y los padres deberían procurar que no pierdan esa fe sencilla. En el trato con los niños, eviten todo engaño y absténganse de sugerir sospechas. Ayúdenlos con sabiduría a escoger a sus héroes y a elegir la obra de su vida.
140:5.15Y luego Jesús pasó a instruir a sus seguidores en la realización del propósito principal de todo esfuerzo humano —la perfección— incluso la consecución divina. Siempre los exhortaba: «Sean perfectos, así como su Padre que está en el cielo es perfecto». No exhortó a los doce a amar a su prójimo como se amaban a sí mismos. Eso habría sido un logro digno; habría indicado el logro del amor fraternal. Más bien exhortó a sus apóstoles a amar a los hombres como él los había amado —a amar con un afecto paternal además de fraternal. Y lo ilustró señalando cuatro reacciones supremas del amor paternal:
140:5.161. «Felices los que están de duelo, porque serán consolados». El llamado sentido común o la mejor de las lógicas nunca sugeriría que la felicidad pudiera derivarse del duelo. Pero Jesús no se refería al duelo exterior u ostentoso. Aludía a una actitud emocional de ternura de corazón. Es un gran error enseñar a los muchachos y a los jóvenes que es poco varonil mostrar ternura o dar de otro modo muestras de sentimiento emocional o de sufrimiento físico. La empatía es un atributo digno tanto del varón como de la mujer. No es necesario ser insensible para ser varonil. Esta es la manera equivocada de formar hombres valientes. Los grandes hombres del mundo no han tenido miedo de estar de duelo. Moisés, el que conocía el duelo, fue un hombre más grande que Sansón o que Goliat. Moisés fue un líder magnífico, pero también fue un hombre de mansedumbre. Ser sensible y responder a la necesidad humana crea una felicidad genuina y duradera, mientras que tales actitudes bondadosas protegen al alma de las influencias destructivas de la ira, el odio y la sospecha.
140:5.172. «Felices los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia». La misericordia denota aquí la altura, la profundidad y la anchura de la amistad más verdadera —la bondad amorosa. La misericordia a veces puede ser pasiva, pero aquí es activa y dinámica —una cualidad paternal suprema. Un padre amoroso tiene poca dificultad para perdonar a su hijo, aun muchas veces. Y en un niño no malcriado, el impulso de aliviar el sufrimiento es natural. Los niños son normalmente bondadosos y compasivos cuando tienen edad suficiente para apreciar las condiciones reales.
140:5.183. «Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados los hijos de Dios». Los oyentes de Jesús anhelaban una liberación militar, no a personas que trabajaran por la paz. Pero la paz de Jesús no es de la clase pacífica y negativa. Frente a las pruebas y las persecuciones dijo: «Mi paz les dejo». «Que su corazón no se turbe, ni tenga miedo». Esta es la paz que previene los conflictos ruinosos. La paz personal integra la personalidad. La paz social previene el miedo, la codicia y la ira. La paz política previene los antagonismos raciales, las sospechas nacionales y la guerra. Trabajar por la paz es el remedio de la desconfianza y la sospecha.
140:5.19A los niños se les puede enseñar fácilmente a actuar como personas que trabajan por la paz. Disfrutan de las actividades en equipo; les gusta jugar juntos. Dijo el Maestro en otra ocasión: «El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida la hallará».
140:5.204. «Felices los perseguidos por causa de la rectitud, porque de ellos es el reino de los cielos. Felices ustedes cuando los hombres los insulten y los persigan y digan falsamente toda clase de mal contra ustedes. Alégrense y estén sumamente contentos, porque grande es su recompensa en el cielo».
140:5.21Muy a menudo la persecución sigue a la paz. Pero los jóvenes y los adultos valientes nunca rehúyen la dificultad ni el peligro. «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos». Y un amor paternal puede hacer libremente todas estas cosas —cosas que el amor fraternal apenas puede abarcar. Y el progreso siempre ha sido la cosecha final de la persecución.
140:5.22Los niños siempre responden al desafío del valor. La juventud siempre está dispuesta a «aceptar un reto». Y todo niño debería aprender pronto a sacrificarse.
140:5.23Y así se revela que las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña se basan en la fe y el amor, y no en la ley —la ética y el deber.
140:5.24El amor paternal se deleita en devolver bien por mal —en hacer el bien en represalia por la injusticia.
6. La noche de la ordenación
140:6.1El domingo por la noche, al llegar a la casa de Zebedeo desde las tierras altas al norte de Cafarnaúm, Jesús y los doce tomaron una comida sencilla. Después, mientras Jesús salía a caminar por la playa, los doce conversaron entre sí. Tras una breve reunión, mientras los gemelos encendían una pequeña fogata para darles calor y más luz, Andrés salió a buscar a Jesús, y cuando lo alcanzó, le dijo: «Maestro, mis hermanos no logran comprender lo que has dicho sobre el reino. No nos sentimos capaces de empezar esta obra hasta que nos des más instrucción. He venido a pedirte que te reúnas con nosotros en el jardín y nos ayudes a entender el significado de tus palabras». Y Jesús fue con Andrés a reunirse con los apóstoles.
140:6.2Cuando entró en el jardín, reunió a los apóstoles a su alrededor y les siguió enseñando, diciendo: «Les resulta difícil recibir mi mensaje porque quieren construir la nueva enseñanza directamente sobre la antigua, pero yo les declaro que deben renacer. Deben empezar de nuevo como niños pequeños y estar dispuestos a confiar en mi enseñanza y a creer en Dios. El nuevo evangelio del reino no puede hacerse conformar a lo que ya existe. Tienen ideas equivocadas sobre el Hijo del Hombre y su misión en la tierra. Pero no cometan el error de pensar que he venido a dejar de lado la ley y los profetas; no he venido a destruir sino a cumplir, a ampliar y a iluminar. No vengo a transgredir la ley, sino más bien a escribir estos nuevos mandamientos en las tablas de su corazón.
140:6.3«Les exijo una rectitud que supere la rectitud de los que buscan obtener el favor del Padre mediante la limosna, la oración y el ayuno. Si quieren entrar en el reino, deben tener una rectitud que consista en el amor, la misericordia y la verdad —el deseo sincero de hacer la voluntad de mi Padre que está en el cielo».
140:6.4Entonces dijo Simón Pedro: «Maestro, si tienes un nuevo mandamiento, quisiéramos oírlo. Revélanos el nuevo camino». Jesús respondió a Pedro: «Han oído decir a los que enseñan la ley: “No matarás; el que mate será sometido a juicio”. Pero yo miro más allá del acto para descubrir el motivo. Les declaro que todo el que se enoja con su hermano está en peligro de condenación. El que alimenta el odio en su corazón y planea la venganza en su mente está en peligro de juicio. Ustedes deben juzgar a sus semejantes por sus actos; el Padre que está en el cielo juzga por la intención.
140:6.5«Han oído decir a los maestros de la ley: “No cometerás adulterio”. Pero yo les digo que todo hombre que mira a una mujer con intención de desearla ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Ustedes solo pueden juzgar a los hombres por sus actos, pero mi Padre mira el corazón de sus hijos y con misericordia los juzga de acuerdo con sus intenciones y sus deseos reales».
140:6.6Jesús tenía la intención de seguir hablando de los otros mandamientos cuando Santiago Zebedeo lo interrumpió, preguntando: «Maestro, ¿qué debemos enseñar al pueblo sobre el divorcio? ¿Permitiremos que un hombre se divorcie de su esposa como lo ha dispuesto Moisés?». Y cuando Jesús oyó esta pregunta, dijo: «No he venido a legislar sino a iluminar. No he venido a reformar los reinos de este mundo, sino más bien a establecer el reino de los cielos. No es la voluntad del Padre que yo ceda a la tentación de enseñarles reglas de gobierno, de comercio o de conducta social, que, aunque pudieran ser buenas para hoy, estarían lejos de ser adecuadas para la sociedad de otra época. Estoy en la tierra únicamente para consolar las mentes, liberar los espíritus y salvar las almas de los hombres. Pero diré, sobre esta cuestión del divorcio, que, aunque Moisés miraba con favor tales cosas, no era así en los días de Adán y en el Jardín».
140:6.7Después de que los apóstoles hablaron entre sí un rato, Jesús continuó diciendo: «Siempre deben reconocer los dos puntos de vista de toda conducta mortal —el humano y el divino; los caminos de la carne y el camino del espíritu; la estimación del tiempo y el punto de vista de la eternidad». Y aunque los doce no podían comprender todo lo que les enseñaba, esta instrucción los ayudó de verdad.
140:6.8Y entonces dijo Jesús: «Pero tropezarán con mi enseñanza porque suelen interpretar mi mensaje al pie de la letra; son lentos para discernir el espíritu de mi enseñanza. Deben recordar otra vez que son mis mensajeros; están obligados a vivir su vida como yo he vivido la mía en espíritu. Son mis representantes personales; pero no se equivoquen esperando que todos los hombres vivan como ustedes en todos los detalles. También deben recordar que tengo ovejas que no son de este rebaño, y que tengo un deber también con ellas, de modo que debo darles el patrón de cómo hacer la voluntad de Dios mientras se vive la vida de la naturaleza mortal».
140:6.9Entonces preguntó Natanael: «Maestro, ¿no daremos lugar a la justicia? La ley de Moisés dice: “Ojo por ojo y diente por diente”. ¿Qué diremos?». Y Jesús respondió: «Devolverán bien por mal. Mis mensajeros no deben pelear con los hombres, sino ser amables con todos. Medida por medida no será su norma. Los gobernantes de los hombres pueden tener tales leyes, pero no así en el reino; la misericordia determinará siempre sus juicios, y el amor, su conducta. Y si estas son palabras duras, todavía pueden volverse atrás. Si encuentran demasiado duros los requisitos del apostolado, pueden volver al camino menos riguroso del discipulado».
140:6.10Al escuchar palabras tan asombrosas, los apóstoles se retiraron aparte durante un tiempo, aunque pronto regresaron, y Pedro habló así: «Maestro, nuestro deseo es seguir adelante contigo; nadie de entre nosotros volverá atrás. Para pagar el precio adicional estamos plenamente preparados; la copa la beberemos. No meros discípulos, sino apóstoles: eso es lo que queremos ser».
140:6.11Cuando Jesús oyó esto, dijo: «Estén dispuestos, entonces, a asumir sus responsabilidades y a seguirme. Hagan sus buenas obras en secreto; cuando den limosna, que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. Y cuando oren, apártense a solas y no usen repeticiones vanas ni frases sin sentido. Recuerden siempre que el Padre sabe lo que necesitan aun antes de que se lo pidan. Y no se entreguen al ayuno con semblante triste para ser vistos por los hombres. Como mis apóstoles escogidos, ahora apartados para el servicio del reino, no acumulen para ustedes tesoros en la tierra, sino que, por su servicio desinteresado, acumulen para ustedes tesoros en el cielo, porque donde estén sus tesoros, allí estará también su corazón.
140:6.12«La lámpara del cuerpo es el ojo; por tanto, si su ojo es generoso, todo su cuerpo estará lleno de luz. Pero si su ojo es egoísta, todo el cuerpo estará lleno de oscuridad. Si la luz misma que hay en ustedes se convierte en oscuridad, ¡cuán grande es esa oscuridad!».
140:6.13Y entonces Tomás preguntó a Jesús si debían «seguir teniéndolo todo en común». Dijo el Maestro: «Sí, hermanos míos, quisiera que viviéramos juntos como una sola familia que se comprende. Se les ha confiado una gran obra, y anhelo su servicio íntegro. Saben que con razón se ha dicho: “Nadie puede servir a dos señores”. No pueden adorar sinceramente a Dios y al mismo tiempo servir de todo corazón a las riquezas. Ahora que se han alistado sin reservas en la obra del reino, no se inquieten por su vida; mucho menos se preocupen por lo que comerán o lo que beberán; ni tampoco por su cuerpo, por la ropa que vestirán. Ya han aprendido que las manos dispuestas y los corazones fervientes no pasarán hambre. Y ahora, cuando se preparan para dedicar todas sus energías a la obra del reino, tengan la seguridad de que el Padre no se olvidará de sus necesidades. Busquen primero el reino de Dios, y cuando hayan hallado la entrada en él, todas las cosas necesarias les serán añadidas. No se inquieten, pues, excesivamente por el mañana. A cada día le basta su propio problema».
140:6.14Cuando Jesús vio que estaban dispuestos a quedarse levantados toda la noche haciendo preguntas, les dijo: «Hermanos míos, ustedes son vasos de barro; lo mejor para ustedes es irse a descansar para estar listos para el trabajo de mañana». Pero el sueño se había ido de sus ojos. Pedro se atrevió a pedir a su Maestro «tener una pequeña conversación en privado contigo. No es que quiera tener secretos con mis hermanos, pero tengo el espíritu turbado, y si por casualidad merezco una reprensión de mi Maestro, podría soportarla mejor a solas contigo». Y Jesús dijo: «Ven conmigo, Pedro» —y lo condujo a la casa. Cuando Pedro regresó de la presencia de su Maestro muy animado y muy alentado, Santiago decidió entrar a hablar con Jesús. Y así, durante las primeras horas de la mañana, los demás apóstoles entraron uno a uno a hablar con el Maestro. Cuando todos habían tenido conversaciones personales con él, excepto los gemelos, que se habían quedado dormidos, Andrés entró a ver a Jesús y le dijo: «Maestro, los gemelos se han quedado dormidos en el jardín junto al fuego; ¿los despierto para preguntarles si también quieren hablar contigo?». Y Jesús, sonriendo, dijo a Andrés: «Hacen bien— no los molestes». Y ya la noche pasaba; amanecía la luz de otro día.
7. La semana que siguió a la ordenación
140:7.1Después de unas pocas horas de sueño, cuando los doce se reunieron con Jesús para un desayuno tardío, él dijo: «Ahora deben empezar su obra de predicar las buenas nuevas y de instruir a los creyentes. Prepárense para ir a Jerusalén». Después de que Jesús habló, Tomás reunió valor para decir: «Sé, Maestro, que ahora deberíamos estar listos para emprender la obra, pero temo que todavía no somos capaces de llevar a cabo esta gran empresa. ¿Consentirías en que nos quedemos por aquí solo unos pocos días más antes de empezar la obra del reino?». Y cuando Jesús vio que todos sus apóstoles estaban dominados por este mismo miedo, dijo: «Será como han pedido; nos quedaremos aquí durante el sábado».
140:7.2Durante semanas y semanas, pequeños grupos de fervientes buscadores de la verdad, junto con espectadores curiosos, habían venido a Betsaida para ver a Jesús. La noticia sobre él ya se había extendido por la región; habían llegado grupos de indagadores de ciudades tan lejanas como Tiro, Sidón, Damasco, Cesarea y Jerusalén. Hasta entonces, Jesús había recibido a esta gente y les había enseñado acerca del reino, pero ahora el Maestro confió esta labor a los doce. Andrés escogía a uno de los apóstoles y lo asignaba a un grupo de visitantes, y a veces los doce estaban ocupados así.
140:7.3Trabajaron durante dos días, enseñando de día y teniendo reuniones privadas hasta muy entrada la noche. El tercer día Jesús visitó a Zebedeo y a Salomé, mientras enviaba a sus apóstoles a «ir a pescar, buscar un cambio sin preocupaciones o, quizás, visitar a sus familias». El jueves regresaron para tres días más de enseñanza.
140:7.4Muchas veces a lo largo de esta semana de ensayos les repitió Jesús a sus apóstoles cuáles eran los dos grandes motivos de su misión en la tierra después de su bautismo:
140:7.51. Revelar al Padre al hombre.
140:7.62. Llevar a los hombres a tener conciencia de su filiación —a comprender por la fe que son los hijos del Altísimo.
140:7.7Una semana de esta experiencia variada hizo mucho por los doce; algunos incluso adquirieron un exceso de confianza en sí mismos. En la última reunión, la noche después del sábado, Pedro y Santiago se acercaron a Jesús, diciendo: «Estamos listos —vayamos ahora a tomar el reino». A lo cual Jesús respondió: «Que su sabiduría iguale a su celo, y que su valor compense su ignorancia».
140:7.8Aunque los apóstoles no lograron comprender gran parte de su enseñanza, no dejaron de captar el significado de la vida encantadoramente hermosa que él vivió con ellos.
8. La tarde del jueves en el lago
140:8.1Jesús sabía bien que sus apóstoles no estaban asimilando plenamente sus enseñanzas. Decidió dar una instrucción especial a Pedro, Santiago y Juan, con la esperanza de que pudieran aclarar las ideas de sus asociados. Vio que, aunque los doce captaban algunos aspectos de la idea de un reino espiritual, persistían firmemente en unir estas nuevas enseñanzas espirituales directamente a sus viejos y arraigados conceptos literales del reino de los cielos como una restauración del trono de David y el restablecimiento de Israel como un poder temporal en la tierra. Por eso, el jueves por la tarde Jesús salió de la orilla en una barca con Pedro, Santiago y Juan para hablar de los asuntos del reino. Fue una reunión de enseñanza de cuatro horas, que abarcó decenas de preguntas y respuestas, y puede incluirse con más provecho en este relato reorganizando el resumen de esta tarde de tanta importancia tal como Simón Pedro lo dio a su hermano, Andrés, a la mañana siguiente:
140:8.21. Hacer la voluntad del Padre. La enseñanza de Jesús de confiar en el supercuidado del Padre celestial no era un fatalismo ciego y pasivo. Esa tarde citó con aprobación un antiguo dicho hebreo: «El que no quiera trabajar no comerá». Señaló su propia experiencia como comentario suficiente de sus enseñanzas. Sus preceptos sobre la confianza en el Padre no deben juzgarse según las condiciones sociales o económicas de los tiempos modernos ni de ninguna otra época. Su instrucción abarca los principios ideales de vivir cerca de Dios en todas las épocas y en todos los mundos.
140:8.3Jesús dejó clara a los tres la diferencia entre los requisitos del apostolado y los del discipulado. Y aun entonces no prohibió a los doce ejercer la prudencia y la previsión. Lo que él condenaba en su predicación no era la precaución sino la ansiedad, la preocupación. Enseñó la sumisión activa y alerta a la voluntad de Dios. En respuesta a muchas de sus preguntas sobre la frugalidad y el ahorro, simplemente llamó la atención sobre su vida como carpintero, constructor de barcas y pescador, y sobre su cuidadosa organización de los doce. Trató de dejar claro que el mundo no debe considerarse un enemigo; que las circunstancias de la vida constituyen una dispensación divina que obra junto con los hijos de Dios.
140:8.4A Jesús le costó mucho hacerles entender su práctica personal de la no resistencia. Se negaba absolutamente a defenderse, y a los apóstoles les parecía que a él le agradaría que ellos siguieran la misma conducta. Les enseñó a no resistir al mal, a no combatir la injusticia ni el agravio, pero no enseñó la tolerancia pasiva del mal obrar. Y dejó claro esa tarde que aprobaba el castigo social de los malhechores y criminales, y que el gobierno civil a veces debe emplear la fuerza para mantener el orden social y para ejecutar la justicia.
140:8.5Nunca dejó de advertir a sus discípulos contra la mala práctica de la represalia; no admitía la venganza, la idea de desquitarse. Deploraba el guardar rencores. Rechazó la idea del ojo por ojo y diente por diente. Desaprobaba todo el concepto de la venganza privada y personal, y asignaba estos asuntos al gobierno civil, por una parte, y al juicio de Dios, por otra. Dejó claro a los tres que sus enseñanzas se aplicaban al individuo, no al Estado. Resumió sus instrucciones hasta ese momento sobre estos asuntos de esta manera:
140:8.6Amen a sus enemigos —recuerden las exigencias morales de la fraternidad humana.
140:8.7La inutilidad del mal: la venganza no repara una injusticia. No caigan en el error de combatir el mal con las mismas armas que él usa.
140:8.8Tengan fe —confianza en el triunfo final de la justicia divina y de la bondad eterna.
140:8.92. Actitud política. Advirtió a sus apóstoles que fueran discretos en sus comentarios sobre las tensas relaciones que existían entonces entre el pueblo judío y el gobierno romano; les prohibió que se enredaran de cualquier modo en estas dificultades. Siempre tuvo cuidado de evitar las trampas políticas de sus enemigos, y respondía siempre: «Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Se negó a que su atención se desviara de su misión de establecer un nuevo camino de salvación; no se permitía preocuparse por ninguna otra cosa. En su vida personal siempre observó debidamente todas las leyes y reglamentos civiles; en todas sus enseñanzas públicas no tomó en cuenta los ámbitos cívico, social y económico. Dijo a los tres apóstoles que solo le interesaban los principios de la vida espiritual interior y personal del hombre.
140:8.10Por tanto, Jesús no era un reformador político. No vino a reorganizar el mundo; aunque lo hubiera hecho, eso solo habría sido aplicable a aquel día y aquella generación. Sin embargo, sí mostró al hombre la mejor manera de vivir, y ninguna generación está exenta de la labor de descubrir cómo adaptar mejor la vida de Jesús a sus propios problemas. Pero nunca cometan el error de identificar las enseñanzas de Jesús con ninguna teoría política o económica, ni con ningún sistema social o industrial.
140:8.113. Actitud social. Los rabinos judíos llevaban mucho tiempo debatiendo la pregunta: ¿Quién es mi prójimo? Jesús vino a presentar la idea de una bondad activa y espontánea, un amor a los semejantes tan genuino que ampliaba la vecindad hasta incluir al mundo entero, y así hacía de todos los hombres el prójimo de cada uno. Pero con todo esto, a Jesús solo le interesaba el individuo, no la masa. Jesús no era sociólogo, pero sí trabajó para derribar toda forma de aislamiento egoísta. Enseñó la empatía pura, la compasión. Miguel de Nebadon es un Hijo dominado por la misericordia; la compasión es su naturaleza misma.
140:8.12El Maestro no dijo que los hombres nunca debieran agasajar a sus amigos a la mesa, pero sí dijo que sus seguidores debían hacer banquetes para los pobres y los desafortunados. Jesús tenía un firme sentido de la justicia, pero siempre estaba templado por la misericordia. No enseñó a sus apóstoles que debían dejarse explotar por los parásitos sociales o por los que piden limosna como oficio. Lo más cerca que estuvo de hacer declaraciones sociológicas fue decir: «No juzguen, para que no sean juzgados».
140:8.13Dejó claro que la bondad indiscriminada puede ser culpable de muchos males sociales. Al día siguiente, Jesús dio a Judas instrucciones precisas de que no se diera nada de los fondos apostólicos como limosna, salvo a petición suya o a petición conjunta de dos de los apóstoles. En todos estos asuntos, Jesús tenía la costumbre de decir siempre: «Sean sabios como serpientes, pero inofensivos como palomas». En todas las situaciones sociales parecía ser su propósito enseñar la paciencia, la tolerancia y el perdón.
140:8.14La familia ocupaba el centro mismo de la filosofía de vida de Jesús —aquí y en el más allá. Basó sus enseñanzas sobre Dios en la familia, a la vez que trataba de corregir la tendencia judía a honrar en exceso a los antepasados. Exaltó la vida familiar como el deber humano más alto, pero dejó claro que las relaciones familiares no deben interferir con las obligaciones religiosas. Llamó la atención sobre el hecho de que la familia es una institución temporal; que no sobrevive a la muerte. Jesús no dudó en renunciar a su familia cuando la familia se oponía a la voluntad del Padre. Enseñó la nueva y más amplia fraternidad de los hombres— los hijos de Dios. En tiempos de Jesús, las prácticas de divorcio eran laxas en Palestina y en todo el Imperio romano. Se negó repetidas veces a establecer leyes sobre el matrimonio y el divorcio, pero muchos de los primeros seguidores de Jesús tenían opiniones firmes sobre el divorcio y no dudaron en atribuírselas a él. Todos los escritores del Nuevo Testamento sostuvieron estas ideas más estrictas y avanzadas sobre el divorcio, excepto Juan Marcos.
140:8.154. Actitud económica. Jesús trabajó, vivió y comerció en el mundo tal como lo encontró. No era un reformador económico, aunque con frecuencia llamó la atención sobre la injusticia de la distribución desigual de la riqueza. Pero no ofreció ninguna sugerencia a modo de remedio. Dejó claro a los tres que, aunque sus apóstoles no debían tener propiedades, él no predicaba contra la riqueza y la propiedad, sino solo contra su distribución desigual e injusta. Reconoció la necesidad de la justicia social y de la equidad industrial, pero no ofreció reglas para alcanzarlas.
140:8.16Nunca enseñó a sus seguidores a evitar los bienes terrenales; solo a sus doce apóstoles. Lucas, el médico, creía firmemente en la igualdad social, e hizo mucho por interpretar los dichos de Jesús en armonía con sus creencias personales. Jesús nunca ordenó personalmente a sus seguidores que adoptaran un modo de vida comunitario; no hizo ninguna declaración de ningún tipo sobre tales asuntos.
140:8.17Jesús advertía con frecuencia a sus oyentes contra la codicia, declarando que «la felicidad de un hombre no consiste en la abundancia de sus bienes materiales». Repetía constantemente: «¿De qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero si pierde su propia alma?». No atacó directamente la posesión de la propiedad, pero sí insistió en que es eternamente esencial que los valores espirituales vayan primero. En sus enseñanzas posteriores trató de corregir muchos conceptos erróneos de Urantia sobre la vida narrando numerosas parábolas que presentó en el curso de su ministerio público. Jesús nunca tuvo la intención de formular teorías económicas; sabía bien que cada época debe desarrollar sus propios remedios para los problemas existentes. Y si Jesús estuviera hoy en la tierra, viviendo su vida en la carne, sería una gran decepción para la mayoría de los hombres y las mujeres buenos, por la simple razón de que no tomaría partido en las disputas políticas, sociales o económicas actuales. Se mantendría noblemente al margen mientras les enseñaba a ustedes cómo perfeccionar su vida espiritual interior para hacerlos muchas veces más competentes para abordar la solución de sus problemas puramente humanos.
140:8.18Jesús querría hacer a todos los hombres semejantes a Dios y luego quedarse a su lado con comprensión mientras estos hijos de Dios resuelven sus propios problemas políticos, sociales y económicos. No era la riqueza lo que él denunciaba, sino lo que la riqueza hace a la mayoría de sus devotos. Este jueves por la tarde Jesús dijo por primera vez a sus asociados que «hay más bendición en dar que en recibir».
140:8.195. Religión personal. Ustedes, como hicieron sus apóstoles, deberían comprender mejor las enseñanzas de Jesús por su vida. Vivió una vida perfeccionada en Urantia, y sus enseñanzas únicas solo pueden entenderse cuando esa vida se visualiza en su contexto inmediato. Es su vida, y no sus lecciones a los doce ni sus sermones a las multitudes, la que más ayudará a revelar el carácter divino y la personalidad amorosa del Padre.
140:8.20Jesús no atacó las enseñanzas de los profetas hebreos ni de los moralistas griegos. El Maestro reconoció las muchas cosas buenas que defendían estos grandes maestros, pero había bajado a la tierra para enseñar algo adicional, «la conformidad voluntaria de la voluntad del hombre con la voluntad de Dios». Jesús no quería simplemente producir un hombre religioso, un mortal ocupado por entero en sentimientos religiosos y movido solo por impulsos espirituales. Si hubieran podido verlo una sola vez, habrían sabido que Jesús era un hombre real de gran experiencia en las cosas de este mundo. Las enseñanzas de Jesús en este aspecto han sido gravemente pervertidas y muy tergiversadas a lo largo de todos los siglos de la era cristiana; ustedes también han tenido ideas pervertidas sobre la mansedumbre y la humildad del Maestro. Lo que él buscaba en su vida parece haber sido un magnífico respeto de sí mismo. Solo aconsejaba al hombre que se humillara para que pudiera ser verdaderamente exaltado; lo que realmente buscaba era la verdadera humildad ante Dios. Daba gran valor a la sinceridad —un corazón puro. La fidelidad era una virtud cardinal en su estimación del carácter, mientras que el valor era el corazón mismo de sus enseñanzas. «No teman» era su lema, y la paciente perseverancia, su ideal de la fortaleza de carácter. Las enseñanzas de Jesús constituyen una religión de valentía, coraje y heroísmo. Y precisamente por eso escogió como sus representantes personales a doce hombres comunes, la mayoría de los cuales eran pescadores recios, viriles y varoniles.
140:8.21Jesús dijo poco sobre los vicios sociales de su tiempo; rara vez se refirió a la delincuencia moral. Era un maestro positivo de la verdadera virtud. Evitaba con cuidado el método negativo de impartir instrucción; se negaba a hacer publicidad del mal. Ni siquiera era un reformador moral. Sabía bien, y así lo enseñó a sus apóstoles, que los impulsos sensuales de la humanidad no se suprimen ni con la reprensión religiosa ni con las prohibiciones legales. Sus pocas denuncias se dirigieron sobre todo contra el orgullo, la crueldad, la opresión y la hipocresía.
140:8.22Jesús no denunció con vehemencia ni siquiera a los fariseos, como hizo Juan. Sabía que muchos de los escribas y fariseos eran de corazón honrado; comprendía su esclavizante sujeción a las tradiciones religiosas. Jesús puso gran énfasis en «hacer primero bueno el árbol». Hizo comprender a los tres que él valoraba la vida entera, no solo unas pocas virtudes especiales.
140:8.23Lo único que Juan sacó de la enseñanza de este día fue que el corazón de la religión de Jesús consistía en adquirir un carácter compasivo unido a una personalidad motivada para hacer la voluntad del Padre que está en el cielo.
140:8.24Pedro captó la idea de que el evangelio que estaban a punto de proclamar era de verdad un nuevo comienzo para toda la raza humana. Más tarde transmitió esta impresión a Pablo, quien formuló a partir de ella su doctrina de Cristo como «el segundo Adán».
140:8.25Santiago captó la emocionante verdad de que Jesús quería que sus hijos en la tierra vivieran como si ya fueran ciudadanos del reino celestial completado.
140:8.26Jesús sabía que los hombres eran diferentes, y así lo enseñó a sus apóstoles. Los exhortaba constantemente a abstenerse de tratar de moldear a los discípulos y creyentes según un patrón fijo. Buscaba permitir que cada alma se desarrollara a su manera, como un individuo separado y en perfeccionamiento ante Dios. En respuesta a una de las muchas preguntas de Pedro, el Maestro dijo: «Quiero liberar a los hombres para que puedan empezar de nuevo como niños pequeños la vida nueva y mejor». Jesús siempre insistía en que la verdadera bondad debe ser inconsciente, y en que, al dar caridad, no se debe permitir que la mano izquierda sepa lo que hace la derecha.
140:8.27Los tres apóstoles se escandalizaron esa tarde cuando se dieron cuenta de que la religión de su Maestro no preveía ningún autoexamen espiritual. Todas las religiones anteriores y posteriores a los tiempos de Jesús, incluso el cristianismo, prevén cuidadosamente el autoexamen concienzudo. Pero no así la religión de Jesús de Nazaret. La filosofía de vida de Jesús carece de introspección religiosa. El hijo del carpintero nunca enseñó la construcción del carácter; enseñó el crecimiento del carácter, declarando que el reino de los cielos es como una semilla de mostaza. Pero Jesús no dijo nada que prohibiera el autoanálisis como prevención del egotismo engreído.
140:8.28El derecho a entrar en el reino está condicionado por la fe, la creencia personal. El costo de permanecer en el ascenso progresivo del reino es la perla de gran precio, para poseer la cual un hombre vende todo lo que tiene.
140:8.29La enseñanza de Jesús es una religión para todos, no solo para los débiles y los esclavos. Su religión nunca se cristalizó (en su época) en credos ni en leyes teológicas; no dejó tras de sí ni una línea escrita. Su vida y sus enseñanzas fueron legadas al universo como una herencia inspiradora e idealista, adecuada para la guía espiritual y la instrucción moral de todas las épocas en todos los mundos. Y aun hoy, la enseñanza de Jesús se mantiene aparte de todas las religiones como tales, aunque es la esperanza viva de cada una de ellas.
140:8.30Jesús no enseñó a sus apóstoles que la religión es la única ocupación terrenal del hombre; esa era la idea judía de servir a Dios. Pero sí insistió en que la religión era la ocupación exclusiva de los doce. Jesús no enseñó nada que apartara a sus creyentes de la búsqueda de una cultura genuina; solo restó mérito a las escuelas religiosas de Jerusalén atadas a la tradición. Era liberal, generoso, culto y tolerante. La piedad consciente de sí misma no tenía lugar en su filosofía de la vida recta.
140:8.31Para los problemas no religiosos de su tiempo, o de cualquier época que viniera después, el Maestro no ofreció solución alguna. Lo que Jesús quería era desarrollar el discernimiento espiritual de las realidades eternas y estimular la iniciativa en la originalidad del vivir; de lo único que se ocupó fue de las necesidades espirituales, subyacentes y permanentes, de la raza humana. Lo que reveló fue una bondad igual a Dios. Al amor —verdad, belleza y bondad— lo exaltó como el ideal divino y la realidad eterna.
140:8.32El Maestro vino a crear en el hombre un espíritu nuevo, una voluntad nueva —a impartir una nueva capacidad para conocer la verdad, experimentar la compasión y escoger la bondad—, la voluntad de estar en armonía con la voluntad de Dios, unida al impulso eterno de llegar a ser perfecto, así como el Padre que está en el cielo es perfecto.
9. El día de la consagración
140:9.1El sábado siguiente Jesús lo dedicó a sus apóstoles, y volvió a la tierra alta donde los había ordenado; y allí, después de un largo y hermosamente conmovedor mensaje personal de aliento, realizó el acto solemne de la consagración de los doce. Esa tarde de sábado, Jesús reunió a los apóstoles a su alrededor en la ladera y los entregó en manos de su Padre celestial, como preparación para el día en que se vería obligado a dejarlos solos en el mundo. En esta ocasión no hubo ninguna enseñanza nueva, solo conversación y comunión.
140:9.2Jesús repasó muchos aspectos del sermón de la ordenación, pronunciado en este mismo lugar, y luego, llamándolos ante sí uno por uno, les encomendó salir al mundo como sus representantes. El encargo de consagración del Maestro fue: «Vayan por todo el mundo y prediquen las buenas nuevas del reino. Liberen a los cautivos espirituales, consuelen a los oprimidos y ministren a los afligidos. Gratis han recibido, den gratis».
140:9.3Jesús les aconsejó que no llevaran ni dinero ni ropa de más, diciendo: «El trabajador es digno de su salario». Y finalmente dijo: «Miren, los envío como ovejas en medio de lobos; sean, pues, sabios como serpientes e inofensivos como palomas. Pero tengan cuidado, porque sus enemigos los llevarán ante sus consejos, y en sus sinagogas los castigarán. Serán llevados ante gobernadores y gobernantes porque creen este evangelio, y su mismo testimonio será para ellos un testimonio en mi favor. Y cuando los lleven a juicio, no se inquieten por lo que han de decir, porque el espíritu de mi Padre mora en ustedes y en ese momento hablará por medio de ustedes. A algunos de ustedes los matarán, y antes de que establezcan el reino en la tierra, muchos pueblos los odiarán a causa de este evangelio; pero no teman; yo estaré con ustedes, y mi espíritu irá delante de ustedes a todo el mundo. Y la presencia de mi Padre permanecerá con ustedes mientras van primero a los judíos y luego a los gentiles».
140:9.4Y cuando bajaron del monte, regresaron a su hogar en la casa de Zebedeo.
10. La noche después de la consagración
140:10.1Esa noche, mientras enseñaba en la casa, porque había empezado a llover, Jesús habló largamente, tratando de mostrar a los doce lo que debían ser, no lo que debían hacer. Solo conocían una religión que imponía el hacer ciertas cosas como medio de alcanzar la rectitud, la salvación. Pero Jesús repetía: «En el reino deben ser rectos para hacer la obra». Muchas veces repitió: «Sean, pues, perfectos, así como su Padre que está en el cielo es perfecto». Todo el tiempo el Maestro explicaba a sus desconcertados apóstoles que la salvación que había venido a traer al mundo solo se obtenía creyendo, por la fe sencilla y sincera. Dijo Jesús: «Juan predicó un bautismo de arrepentimiento, de pesar por la antigua manera de vivir. Ustedes han de proclamar el bautismo del compañerismo con Dios. Prediquen el arrepentimiento a los que necesitan esa enseñanza, pero a los que ya buscan sinceramente la entrada en el reino, ábranles las puertas de par en par e invítenlos a entrar en el gozoso compañerismo de los hijos de Dios». Pero era una tarea difícil persuadir a estos pescadores galileos de que, en el reino, ser recto, por la fe, debe preceder a practicar la rectitud en la vida diaria de los mortales de la tierra.
140:10.2Otra gran dificultad en esta labor de enseñar a los doce era su tendencia a tomar principios muy idealistas y espirituales de la verdad religiosa y rehacerlos como reglas concretas de conducta personal. Jesús les presentaba el hermoso espíritu de la actitud del alma, pero ellos insistían en traducir esas enseñanzas en reglas de comportamiento personal. Muchas veces, cuando sí se aseguraban de recordar lo que el Maestro decía, era casi seguro que olvidaban lo que no decía. Pero asimilaron lentamente su enseñanza porque Jesús era todo lo que enseñaba. Lo que no podían obtener de su instrucción verbal, lo adquirieron poco a poco al vivir con él.
140:10.3Para los apóstoles no era evidente que su Maestro estuviera ocupado en vivir una vida de inspiración espiritual para toda persona de toda época en todo mundo de un universo inmenso. A pesar de lo que Jesús les decía de vez en cuando, los apóstoles no captaron la idea de que él hacía una obra en este mundo pero para todos los demás mundos de su vasta creación. Jesús vivió su vida terrenal en Urantia, no para dar un ejemplo personal de vida mortal a los hombres y las mujeres de este mundo, sino más bien para crear un alto ideal espiritual e inspirador para todos los seres mortales de todos los mundos.
140:10.4Esa misma noche Tomás preguntó a Jesús: «Maestro, dices que debemos hacernos como niños pequeños antes de poder entrar en el reino del Padre, y sin embargo nos has advertido que no nos dejemos engañar por los falsos profetas ni seamos culpables de echar nuestras perlas a los cerdos. Ahora estoy sinceramente desconcertado. No puedo entender tu enseñanza». Jesús respondió a Tomás: «¡Hasta cuándo tendré que soportarte! Siempre insistes en tomar al pie de la letra todo lo que enseño. Cuando les pedí que se hicieran como niños pequeños como precio para entrar en el reino, no me refería a la facilidad para ser engañados, a la mera disposición a creer ni a la rapidez para confiar en extraños agradables. Lo que sí deseaba que aprendieras de la ilustración era la relación hijo-padre. Tú eres el hijo, y es en el reino de tu Padre donde buscas entrar. Existe ese afecto natural entre todo hijo normal y su padre que asegura una relación comprensiva y amorosa, y que excluye para siempre toda disposición a regatear el amor y la misericordia del Padre. Y el evangelio que vas a salir a predicar tiene que ver con una salvación que nace de la comprensión por la fe de esta misma y eterna relación hijo-padre».
140:10.5La única característica de la enseñanza de Jesús era que la moralidad de su filosofía se originaba en la relación personal del individuo con Dios —esta misma relación hijo-padre. Jesús puso el énfasis en el individuo, no en la raza ni en la nación. Mientras cenaban, Jesús tuvo con Mateo la conversación en la que le explicó que la moralidad de cualquier acto está determinada por el motivo del individuo. La moralidad de Jesús fue siempre positiva. La regla de oro, tal como Jesús la volvió a formular, exige un contacto social activo; la regla negativa más antigua podía obedecerse en aislamiento. Jesús despojó a la moralidad de todas las reglas y ceremonias y la elevó a niveles majestuosos de pensamiento espiritual y de vida verdaderamente recta.
140:10.6Esta nueva religión de Jesús no carecía de implicaciones prácticas, pero todo valor práctico político, social o económico que pueda encontrarse en su enseñanza es el resultado natural de esta experiencia interior del alma cuando manifiesta los frutos del espíritu en el ministerio diario y espontáneo de una experiencia religiosa personal genuina.
140:10.7Después de que Jesús y Mateo terminaron de hablar, Simón Zelotes preguntó: «Pero, Maestro, ¿son todos los hombres los hijos de Dios?». Y Jesús respondió: «Sí, Simón, todos los hombres son los hijos de Dios, y esa es la buena noticia que ustedes van a proclamar». Pero los apóstoles no podían captar tal doctrina; era un anuncio nuevo, extraño y sorprendente. Y fue por su deseo de grabar esta verdad en ellos que Jesús enseñó a sus seguidores a tratar a todos los hombres como sus hermanos.
140:10.8En respuesta a una pregunta que hizo Andrés, el Maestro dejó claro que la moralidad de su enseñanza era inseparable de la religión de su vida. Enseñó la moralidad, no a partir de la naturaleza del hombre, sino a partir de la relación del hombre con Dios.
140:10.9Juan preguntó a Jesús: «Maestro, ¿qué es el reino de los cielos?». Y Jesús respondió: «El reino de los cielos consiste en estos tres elementos esenciales: primero, el reconocimiento del hecho de la soberanía de Dios; segundo, la creencia en la verdad de la filiación con Dios; y tercero, la fe en la eficacia del deseo humano supremo de hacer la voluntad de Dios —de ser como Dios. Y esta es la buena noticia del evangelio: que por la fe todo mortal puede tener todos estos elementos esenciales de la salvación».
140:10.10Y ahora la semana de espera había terminado, y se prepararon para partir al día siguiente hacia Jerusalén.