Parte IV · Documento 134
Los años de transición
134:0.1DURANTE el viaje por el Mediterráneo, Jesús había estudiado con cuidado a las personas que conoció y los países por los que pasó, y hacia esta época llegó a su decisión final sobre el resto de su vida en la tierra. Había considerado plenamente, y ahora aprobaba por fin, el plan que disponía que naciera de padres judíos en Palestina, y por eso regresó deliberadamente a Galilea para esperar el comienzo de la obra de su vida como maestro público de la verdad; empezó a hacer planes para una carrera pública en la tierra del pueblo de su padre José, y lo hizo por su propio libre albedrío.
134:0.2Jesús había descubierto, por experiencia personal y humana, que Palestina era el mejor lugar de todo el mundo romano para exponer los capítulos finales, y representar las últimas escenas, de su vida en la tierra. Por primera vez quedó plenamente satisfecho con el programa de manifestar abiertamente su verdadera naturaleza y de revelar su identidad divina entre los judíos y los gentiles de su Palestina natal. Decidió de manera definitiva terminar su vida en la tierra y completar su carrera de existencia mortal en la misma tierra en la que había entrado en la experiencia humana como un bebé indefenso. Su carrera en Urantia comenzó entre los judíos en Palestina, y él eligió terminar su vida en Palestina y entre los judíos.
1. El trigésimo año (24 d. C.)
134:1.1Después de despedirse de Gonod y Ganid en Cárax (en diciembre del año 23 d. C.), Jesús regresó por Ur a Babilonia, donde se unió a una caravana del desierto que iba camino de Damasco. De Damasco fue a Nazaret, y se detuvo solo unas horas en Cafarnaúm, donde hizo una pausa para visitar a la familia de Zebedeo. Allí se encontró con su hermano Santiago, que algún tiempo antes había ido a trabajar en su lugar en el taller de barcas de Zebedeo. Después de hablar con Santiago y con Judas (que por casualidad también estaba en Cafarnaúm), y después de entregar a su hermano Santiago la pequeña casa que Juan Zebedeo había logrado comprar, Jesús siguió hasta Nazaret.
134:1.2Al final de su viaje por el Mediterráneo, Jesús había recibido dinero suficiente para cubrir sus gastos de vida casi hasta el momento del comienzo de su ministerio público. Pero, aparte de Zebedeo de Cafarnaúm y de las personas que conoció en este viaje extraordinario, el mundo nunca supo que hizo este viaje. Su familia siempre creyó que pasó este tiempo estudiando en Alejandría. Jesús nunca confirmó estas creencias, ni tampoco desmintió abiertamente tales malentendidos.
134:1.3Durante su estancia de unas pocas semanas en Nazaret, Jesús visitó a su familia y a sus amigos, pasó algún tiempo en el taller de reparaciones con su hermano José, pero dedicó la mayor parte de su atención a María y a Rut. Rut tenía entonces casi quince años, y esta fue la primera oportunidad de Jesús de tener largas conversaciones con ella desde que se había convertido en una joven.
134:1.4Tanto Simón como Judas querían casarse desde hacía algún tiempo, pero no les había gustado hacerlo sin el consentimiento de Jesús; por eso habían aplazado estas bodas, con la esperanza del regreso de su hermano mayor. Aunque todos consideraban a Santiago como el cabeza de familia en la mayoría de los asuntos, cuando se trataba de casarse, querían la bendición de Jesús. Así pues, Simón y Judas se casaron en una boda doble a principios de marzo de este año, el 24 d. C. Todos los hijos mayores estaban ahora casados; solo Rut, la menor, seguía en casa con María.
134:1.5Jesús visitaba a cada uno de los miembros de su familia de manera muy normal y natural, pero cuando estaban todos juntos, tenía tan poco que decir que lo comentaban entre ellos. María, en especial, estaba desconcertada por esta conducta tan inusualmente peculiar de su hijo primogénito.
134:1.6Por la época en que Jesús se preparaba para salir de Nazaret, el conductor de una gran caravana que pasaba por la ciudad cayó gravemente enfermo, y Jesús, que dominaba varias lenguas, se ofreció a ocupar su lugar. Como este viaje exigiría su ausencia durante un año, y puesto que todos sus hermanos estaban casados y su madre vivía en casa con Rut, Jesús convocó un consejo familiar en el que propuso que su madre y Rut fueran a Cafarnaúm a vivir en la casa que tan recientemente había dado a Santiago. En consecuencia, unos días después de que Jesús partiera con la caravana, María y Rut se mudaron a Cafarnaúm, donde vivieron el resto de la vida de María en la casa que Jesús les había proporcionado. José y su familia se mudaron a la antigua casa de Nazaret.
134:1.7Este fue uno de los años más insólitos en la experiencia interior del Hijo del Hombre; se hicieron grandes progresos para lograr una armonía funcional entre su mente humana y el Ajustador que moraba en él. El Ajustador se había ocupado activamente en reorganizar el pensamiento y en ejercitar la mente para los grandes acontecimientos que estaban en un futuro entonces no lejano. La personalidad de Jesús se preparaba para su gran cambio de actitud hacia el mundo. Estos fueron los tiempos intermedios, la etapa de transición de aquel ser que comenzó la vida como Dios que aparece como hombre, y que ahora se preparaba para completar su carrera en la tierra como hombre que aparece como Dios.
2. El viaje en caravana al Caspio
134:2.1Era el primero de abril del año 24 d. C. cuando Jesús salió de Nazaret en el viaje en caravana a la región del mar Caspio. La caravana a la que Jesús se unió como conductor iba de Jerusalén, por Damasco y el lago Urmia, a través de Asiria, Media y Partia, hasta la región sudoriental del mar Caspio. Pasó un año entero antes de que regresara de este viaje.
134:2.2Para Jesús, este viaje en caravana fue otra aventura de exploración y de ministerio personal. Tuvo una experiencia interesante con su familia de la caravana—pasajeros, guardias y camelleros. Decenas de hombres, mujeres y niños que vivían a lo largo de la ruta seguida por la caravana vivieron vidas más ricas como resultado de su contacto con Jesús, que para ellos era el extraordinario conductor de una caravana corriente. No todos los que disfrutaron de estas ocasiones de su ministerio personal sacaron provecho de ellas, pero la gran mayoría de los que lo conocieron y hablaron con él fueron mejores durante el resto de su vida natural.
134:2.3De todos sus viajes por el mundo, este viaje al mar Caspio fue el que llevó a Jesús más cerca del Oriente y le permitió comprender mejor a los pueblos del Lejano Oriente. Tuvo un contacto íntimo y personal con cada una de las razas supervivientes de Urantia, excepto la roja. Disfrutó por igual de su ministerio personal a cada una de estas razas diversas y pueblos mezclados, y todos ellos fueron receptivos a la verdad viva que les llevó. Los europeos del Lejano Occidente y los asiáticos del Lejano Oriente prestaron atención por igual a sus palabras de esperanza y de vida eterna, y fueron influidos por igual por la vida de servicio amoroso y de ministerio espiritual que él vivió con tanta gracia entre ellos.
134:2.4El viaje en caravana fue un éxito en todos los sentidos. Este fue un episodio muy interesante en la vida humana de Jesús, pues durante este año ejerció funciones de dirección y era responsable del material confiado a su cargo y de la conducción segura de los viajeros que formaban el grupo de la caravana. Y cumplió con gran fidelidad, eficacia y sabiduría sus múltiples deberes.
134:2.5A la vuelta de la región del Caspio, Jesús dejó la dirección de la caravana en el lago Urmia, donde se quedó algo más de dos semanas. Regresó como pasajero con una caravana posterior hasta Damasco, donde los dueños de los camellos le rogaron que siguiera a su servicio. Rechazó esta oferta y continuó con la caravana hasta Cafarnaúm, adonde llegó el primero de abril del año 25 d. C. Ya no consideraba Nazaret como su hogar. Cafarnaúm se había convertido en el hogar de Jesús, Santiago, María y Rut. Pero Jesús nunca volvió a vivir con su familia; cuando estaba en Cafarnaúm, vivía con los Zebedeo.
3. Las conferencias de Urmia
134:3.1Camino del mar Caspio, Jesús se había detenido varios días para descansar y reponerse en la antigua ciudad persa de Urmia, en la orilla occidental del lago Urmia. En la mayor de un grupo de islas situadas a poca distancia de la costa, cerca de Urmia, había un gran edificio —un anfiteatro para conferencias— dedicado al «espíritu de la religión». Esta construcción era en realidad un templo de la filosofía de las religiones.
134:3.2Este templo de la religión lo habían construido un rico comerciante, ciudadano de Urmia, y sus tres hijos. Este hombre era Cymboyton, y contaba entre sus antepasados a muchos pueblos diversos.
134:3.3Las conferencias y las discusiones en esta escuela de religión comenzaban a las diez de cada mañana de la semana. Las sesiones de la tarde empezaban a las tres, y los debates de la noche se abrían a las ocho. Cymboyton o uno de sus tres hijos presidía siempre estas sesiones de enseñanza, discusión y debate. El fundador de esta singular escuela de religiones vivió y murió sin revelar nunca sus creencias religiosas personales.
134:3.4En varias ocasiones Jesús participó en estas discusiones, y antes de que saliera de Urmia, Cymboyton acordó con Jesús que se quedaría con ellos dos semanas en su viaje de regreso y daría veinticuatro conferencias sobre «La fraternidad de los hombres», y que dirigiría doce sesiones nocturnas de preguntas, discusiones y debates sobre sus conferencias en particular y sobre la fraternidad de los hombres en general.
134:3.5Conforme a este acuerdo, Jesús se detuvo en el viaje de regreso y dio estas conferencias. Esta fue la más sistemática y formal de todas las enseñanzas del Maestro en Urantia. Nunca antes ni después dijo tanto sobre un solo tema como lo que contenían estas conferencias y discusiones sobre la fraternidad de los hombres. En realidad, estas conferencias trataban del «Reino de Dios» y de los «Reinos de los Hombres».
134:3.6Más de treinta religiones y cultos religiosos estaban representados en el profesorado de este templo de filosofía religiosa. Estos maestros eran elegidos, mantenidos y plenamente acreditados por sus respectivos grupos religiosos. En esa época había unos setenta y cinco maestros en el profesorado, y vivían en casitas que alojaban cada una a una docena de personas aproximadamente. En cada luna nueva, estos grupos se cambiaban echando suertes. La intolerancia, un espíritu pendenciero o cualquier otra disposición a estorbar la buena marcha de la comunidad provocaría la destitución inmediata y sumaria del maestro infractor. Sería despedido sin contemplaciones, y su suplente en espera sería instalado de inmediato en su lugar.
134:3.7Estos maestros de las diversas religiones se esforzaban mucho por mostrar cuán semejantes eran sus religiones en lo que respecta a las cosas fundamentales de esta vida y de la siguiente. Había una sola doctrina que era preciso aceptar para obtener un puesto en este profesorado—todo maestro debía representar una religión que reconociera a Dios, algún tipo de Deidad suprema. Había en el profesorado cinco maestros independientes que no representaban a ninguna religión organizada, y fue como uno de esos maestros independientes como Jesús se presentó ante ellos.
134:3.8[Cuando nosotros, los seres intermedios, preparamos por primera vez el resumen de las enseñanzas de Jesús en Urmia, surgió un desacuerdo entre los serafines de las iglesias y los serafines del progreso sobre la conveniencia de incluir estas enseñanzas en la Revelación de Urantia. Las condiciones del siglo XX, que predominan tanto en la religión como en los gobiernos humanos, son tan diferentes de las que predominaban en tiempos de Jesús que fue en verdad difícil adaptar las enseñanzas del Maestro en Urmia a los problemas del reino de Dios y de los reinos de los hombres tal como estas funciones del mundo existen en el siglo XX. Nunca pudimos formular una exposición de las enseñanzas del Maestro que fuera aceptable para ambos grupos de estos serafines del gobierno planetario. Finalmente, el presidente Melquisedec de la comisión reveladora nombró una comisión de tres de nosotros para preparar nuestro punto de vista sobre las enseñanzas del Maestro en Urmia, adaptadas a las condiciones religiosas y políticas del siglo XX en Urantia. En consecuencia, nosotros, tres seres intermedios secundarios, completamos esa adaptación de las enseñanzas de Jesús, reformulando sus declaraciones tal como las aplicaríamos a las condiciones del mundo actual, y ahora presentamos estas declaraciones tal como quedan después de haber sido revisadas por el presidente Melquisedec de la comisión reveladora.]
4. La soberanía, divina y humana
134:4.1La fraternidad de los hombres se basa en la paternidad de Dios. La familia de Dios procede del amor de Dios—Dios es amor. Dios el Padre ama divinamente a sus hijos, a todos ellos.
134:4.2El reino de los cielos, que es el gobierno divino, se funda en el hecho de la soberanía divina—Dios es espíritu. Puesto que Dios es espíritu, este reino tiene carácter espiritual. El reino de los cielos no es material, ni tampoco solo intelectual; consiste en una relación espiritual entre Dios y el hombre.
134:4.3Si las diferentes religiones reconocen la soberanía espiritual de Dios el Padre, entonces todas esas religiones permanecerán en paz. Solo cuando una religión supone que es de algún modo superior a todas las demás, y que posee una autoridad exclusiva sobre otras religiones, pretenderá esa religión ser intolerante con otras religiones o se atreverá a perseguir a otros creyentes religiosos.
134:4.4Nunca podrá haber paz religiosa —fraternidad— a menos que todas las religiones estén dispuestas a despojarse por completo de toda autoridad eclesiástica y a renunciar plenamente a cualquier concepto de soberanía espiritual. Solo Dios es soberano espiritual.
134:4.5Sin guerras religiosas no es posible lograr la igualdad entre las religiones (la libertad religiosa), a no ser que todas ellas consientan en transferir toda soberanía religiosa a algún nivel sobrehumano, a Dios mismo.
134:4.6Cuando el reino de los cielos esté en el corazón de los hombres, producirá unidad religiosa (no necesariamente uniformidad), porque todo grupo religioso, cualquiera que sea, formado por creyentes así estará libre de toda noción de autoridad eclesiástica—de soberanía religiosa.
134:4.7Dios es espíritu, y da un fragmento de su propio ser espiritual para que more en el corazón del hombre. En el plano espiritual, todos los hombres son iguales. En el reino de los cielos no hay castas, ni clases, ni niveles sociales, ni grupos económicos. Todos ustedes son hermanos.
134:4.8Pero en el momento en que pierdan de vista la soberanía espiritual de Dios el Padre, alguna religión empezará a afirmar su superioridad sobre otras religiones; y entonces, en lugar de paz en la tierra y buena voluntad entre los hombres, comenzarán las disensiones, las recriminaciones, e incluso las guerras religiosas, o al menos las guerras entre hombres religiosos.
134:4.9Los seres de libre albedrío que se consideran iguales, a menos que se reconozcan mutuamente sujetos a alguna supersoberanía, a alguna autoridad por encima de ellos mismos, tarde o temprano se ven tentados a poner a prueba su capacidad de obtener poder y autoridad sobre otras personas y grupos. El concepto de igualdad nunca trae la paz, salvo en el reconocimiento mutuo de alguna influencia supercontroladora de supersoberanía.
134:4.10Los hombres religiosos de Urmia vivían juntos en relativa paz y tranquilidad porque habían renunciado plenamente a todas sus nociones de soberanía religiosa. Espiritualmente, todos creían en un Dios soberano; socialmente, la autoridad plena e indiscutible residía en su presidente—Cymboyton. Sabían bien lo que le ocurriría a cualquier maestro que pretendiera enseñorearse de los demás maestros. No puede haber una paz religiosa duradera en Urantia hasta que todos los grupos religiosos renuncien libremente a todas sus nociones de favor divino, de pueblo elegido y de soberanía religiosa. Solo cuando Dios el Padre llegue a ser supremo se convertirán los hombres en hermanos religiosos y vivirán juntos en paz religiosa en la tierra.
5. La soberanía política
134:5.1[Aunque la enseñanza del Maestro sobre la soberanía de Dios es una verdad —complicada solo por la aparición posterior de la religión acerca de él entre las religiones del mundo—, sus exposiciones sobre la soberanía política se complican enormemente por la evolución política de la vida de las naciones durante los últimos mil novecientos años y más. En tiempos de Jesús solo había dos grandes potencias mundiales —el Imperio romano en Occidente y el Imperio han en Oriente—, y estaban muy separadas por el reino parto y otras tierras intermedias de las regiones del Caspio y del Turquestán. Por eso, en la exposición que sigue, nos hemos apartado más ampliamente de la sustancia de las enseñanzas del Maestro en Urmia acerca de la soberanía política, y al mismo tiempo hemos intentado describir el alcance de esas enseñanzas tal como se aplican a la etapa particularmente crítica de la evolución de la soberanía política en el siglo XX después de Cristo.]
134:5.2La guerra en Urantia nunca terminará mientras las naciones se aferren a las nociones ilusorias de una soberanía nacional ilimitada. Solo hay dos niveles de soberanía relativa en un mundo habitado: el libre albedrío espiritual del mortal individual y la soberanía colectiva de la humanidad en su conjunto. Entre el nivel del ser humano individual y el nivel de la totalidad de la humanidad, todas las agrupaciones y asociaciones son relativas, transitorias y de valor solo en la medida en que favorezcan la prosperidad, el bienestar y el progreso del individuo y del gran total planetario—el hombre y la humanidad.
134:5.3Los maestros religiosos deben recordar siempre que la soberanía espiritual de Dios prevalece sobre todas las lealtades espirituales interpuestas e intermedias. Algún día los gobernantes civiles aprenderán que los Altísimos gobiernan en los reinos de los hombres.
134:5.4Este gobierno de los Altísimos en los reinos de los hombres no es para el beneficio especial de ningún grupo de mortales especialmente favorecido. No existe tal cosa como un «pueblo elegido». El gobierno de los Altísimos, los supercontroladores de la evolución política, es un gobierno concebido para fomentar el mayor bien para el mayor número de todos los hombres y durante el mayor tiempo posible.
134:5.5La soberanía es poder, y crece por medio de la organización. Que la organización del poder político crezca de este modo es bueno y apropiado, ya que tiende a abarcar porciones cada vez más amplias del conjunto de la humanidad. Sin embargo, ese mismo crecimiento de las organizaciones políticas plantea un problema en cada una de las etapas que median entre la organización inicial y natural del poder político—la familia—y la consumación final del desarrollo político—el gobierno de toda la humanidad, por toda la humanidad y para toda la humanidad.
134:5.6Partiendo del poder de los padres en el grupo familiar, la soberanía política evoluciona por medio de la organización a medida que las familias se superponen en clanes consanguíneos, que se unen, por diversas razones, en unidades tribales—agrupaciones políticas superconsanguíneas. Y después, por el intercambio, el comercio y la conquista, las tribus se unifican como nación, mientras que las propias naciones se unifican a veces por medio del imperio.
134:5.7A medida que la soberanía pasa de grupos más pequeños a grupos más grandes, las guerras disminuyen. Es decir, disminuyen las guerras menores entre naciones más pequeñas, pero aumenta la posibilidad de guerras mayores a medida que las naciones que ejercen la soberanía se hacen cada vez más grandes. Con el tiempo, cuando todo el mundo haya sido explorado y ocupado, cuando las naciones sean pocas, fuertes y poderosas, cuando estas naciones grandes y supuestamente soberanas lleguen a tener fronteras comunes, cuando solo los océanos las separen, entonces estará preparado el escenario para las guerras mayores, los conflictos mundiales. Las naciones llamadas soberanas no pueden codearse sin generar conflictos y desembocar en guerras.
134:5.8La dificultad de la evolución de la soberanía política desde la familia hasta toda la humanidad reside en la resistencia de inercia que se manifiesta en todos los niveles intermedios. En ocasiones las familias han desafiado a su clan, mientras que los clanes y las tribus han socavado a menudo la soberanía del Estado territorial. Cada nueva evolución de la soberanía política que avanza se ve (y siempre se ha visto) entorpecida y obstaculizada por las «etapas de andamiaje» de los desarrollos anteriores de la organización política. Y esto es así porque las lealtades humanas, una vez movilizadas, son difíciles de cambiar. La misma lealtad que hace posible la evolución de la tribu dificulta la evolución de la supertribu—el Estado territorial. Y la misma lealtad (el patriotismo) que hace posible la evolución del Estado territorial complica enormemente el desarrollo evolutivo del gobierno de toda la humanidad.
134:5.9La soberanía política se crea a partir de la renuncia al autodeterminismo, primero por parte del individuo dentro de la familia y luego por parte de las familias y los clanes en relación con la tribu y con agrupaciones mayores. Esta transferencia progresiva de la autodeterminación desde las organizaciones políticas más pequeñas hacia otras cada vez mayores ha continuado por lo general sin disminuir en Oriente desde el establecimiento de las dinastías Ming y mogol. En Occidente se mantuvo durante más de mil años hasta el final de la Guerra Mundial, cuando un desafortunado movimiento retrógrado invirtió temporalmente esta tendencia normal al restablecer la soberanía política sumergida de numerosos grupos pequeños en Europa.
134:5.10Urantia no gozará de una paz duradera hasta que las naciones llamadas soberanas entreguen de forma inteligente y plena sus poderes soberanos en manos de la fraternidad de los hombres—el gobierno de la humanidad. El internacionalismo—las Ligas de Naciones—nunca puede traer una paz permanente a la humanidad. Las confederaciones mundiales de naciones impedirán eficazmente las guerras menores y controlarán de manera aceptable a las naciones más pequeñas, pero no impedirán las guerras mundiales ni controlarán a los tres, cuatro o cinco gobiernos más poderosos. Ante conflictos reales, una de estas potencias mundiales se retirará de la Liga y declarará la guerra. No se puede impedir que las naciones vayan a la guerra mientras sigan infectadas con el virus ilusorio de la soberanía nacional. El internacionalismo es un paso en la dirección correcta. Una fuerza policial internacional impedirá muchas guerras menores, pero no será eficaz para impedir las guerras mayores, los conflictos entre los grandes gobiernos militares de la tierra.
134:5.11A medida que disminuye el número de naciones verdaderamente soberanas (grandes potencias), aumentan tanto la oportunidad como la necesidad de un gobierno de la humanidad. Cuando solo haya unas pocas potencias realmente soberanas (grandes), o bien deberán emprender la lucha a vida o muerte por la supremacía nacional (imperial), o bien, mediante la renuncia voluntaria a ciertas prerrogativas de soberanía, deberán crear el núcleo esencial de poder supranacional que servirá de comienzo de la soberanía real de toda la humanidad.
134:5.12La paz no llegará a Urantia hasta que cada nación llamada soberana entregue su poder de hacer la guerra en manos de un gobierno representativo de toda la humanidad. La soberanía política es innata en los pueblos del mundo. Cuando todos los pueblos de Urantia creen un gobierno mundial, tienen el derecho y el poder de hacer SOBERANO a ese gobierno; y cuando ese poder mundial representativo o democrático controle las fuerzas terrestres, aéreas y navales del mundo, la paz en la tierra y la buena voluntad entre los hombres podrán prevalecer—pero no antes.
134:5.13Para usar un importante ejemplo de los siglos XIX y XX: los cuarenta y ocho estados de la Unión Federal Americana han gozado de paz durante mucho tiempo. Ya no tienen guerras entre ellos. Han entregado su soberanía al gobierno federal y, por el arbitraje de la guerra, han abandonado toda pretensión a las ilusiones de la autodeterminación. Aunque cada estado regula sus asuntos internos, no se ocupa de las relaciones exteriores, los aranceles, la inmigración, los asuntos militares ni el comercio entre estados. Tampoco los estados individuales se ocupan de cuestiones de ciudadanía. Los cuarenta y ocho estados sufren los estragos de la guerra solo cuando la soberanía del gobierno federal se ve amenazada de algún modo.
134:5.14Estos cuarenta y ocho estados, que han abandonado los sofismas gemelos de la soberanía y la autodeterminación, gozan de paz y tranquilidad entre ellos. Así también las naciones de Urantia empezarán a gozar de paz cuando entreguen libremente sus respectivas soberanías en manos de un gobierno global—la soberanía de la fraternidad de los hombres. En este Estado mundial, las naciones pequeñas serán tan poderosas como las grandes, del mismo modo que el pequeño estado de Rhode Island tiene sus dos senadores en el Congreso americano igual que el populoso estado de Nueva York o el gran estado de Texas.
134:5.15La soberanía limitada (de estado) de estos cuarenta y ocho estados fue creada por los hombres y para los hombres. La soberanía superestatal (nacional) de la Unión Federal Americana fue creada por los trece estados originales para su propio beneficio y para el beneficio de los hombres. Algún día, la soberanía supranacional del gobierno planetario de la humanidad será creada de forma semejante por las naciones para su propio beneficio y para el beneficio de todos los hombres.
134:5.16Los ciudadanos no nacen para el beneficio de los gobiernos; los gobiernos son organizaciones creadas y concebidas para el beneficio de los hombres. No puede haber un fin para la evolución de la soberanía política antes de que aparezca el gobierno de la soberanía de todos los hombres. Todas las demás soberanías son relativas en valor, intermedias en significado y subordinadas en condición.
134:5.17Con el progreso científico, las guerras se volverán cada vez más devastadoras hasta llegar a ser casi un suicidio racial. ¿Cuántas guerras mundiales habrá que librar y cuántas ligas de naciones tendrán que fracasar antes de que los hombres estén dispuestos a establecer el gobierno de la humanidad y empiecen a gozar de las bendiciones de la paz permanente y a prosperar en la tranquilidad de la buena voluntad —buena voluntad mundial— entre los hombres?
6. Ley, libertad y soberanía
134:6.1Si un hombre anhela la libertad —ser libre—, debe recordar que todos los demás hombres anhelan la misma libertad. Los grupos de esos mortales amantes de la libertad no pueden vivir juntos en paz sin someterse a las leyes, normas y reglamentos que concedan a cada persona el mismo grado de libertad y que, al mismo tiempo, protejan un grado igual de libertad para todos sus semejantes mortales. Si un hombre ha de ser absolutamente libre, entonces otro debe convertirse en un esclavo absoluto. Y la naturaleza relativa de la libertad es cierta en lo social, en lo económico y en lo político. La libertad es el don de la civilización, hecho posible por la aplicación de la LEY.
134:6.2La religión hace espiritualmente posible llevar a cabo la fraternidad de los hombres, pero se necesitará un gobierno de la humanidad para regular los problemas sociales, económicos y políticos asociados con tal meta de felicidad y eficiencia humanas.
134:6.3Mientras la soberanía política del mundo permanezca dividida y la retenga injustamente un grupo de estados-nación, habrá guerras y rumores de guerras—se alzará nación contra nación. Inglaterra, Escocia y Gales lucharon siempre entre sí hasta que renunciaron a sus respectivas soberanías y las depositaron en el Reino Unido.
134:6.4Otra guerra mundial enseñará a las naciones llamadas soberanas a formar algún tipo de federación, y creará así el mecanismo para impedir las guerras pequeñas, las guerras entre las naciones menores. Pero las guerras globales continuarán hasta que se cree el gobierno de la humanidad. La soberanía global impedirá las guerras globales—ninguna otra cosa puede hacerlo.
134:6.5Los cuarenta y ocho estados libres americanos viven juntos en paz. Entre los ciudadanos de estos cuarenta y ocho estados se encuentran todas las diversas nacionalidades y razas que viven en las naciones siempre en guerra de Europa. Estos americanos representan casi todas las religiones, sectas y cultos religiosos del mundo entero y, sin embargo, aquí en América del Norte viven juntos en paz. Y todo esto es posible porque estos cuarenta y ocho estados han entregado su soberanía y han abandonado todas las nociones de los supuestos derechos de autodeterminación.
134:6.6No es una cuestión de armamentos o de desarme. Tampoco la cuestión del servicio militar obligatorio o voluntario entra en estos problemas de mantener la paz mundial. Si se les quitan a las naciones fuertes todas las formas de armamento mecánico moderno y todos los tipos de explosivos, lucharán con los puños, con piedras y con garrotes mientras se aferren a sus ilusiones del derecho divino de la soberanía nacional.
134:6.7No es la guerra la gran y temible dolencia del hombre; la guerra constituye un síntoma, una consecuencia. El virus de la soberanía nacional es la dolencia auténtica.
134:6.8Las naciones de Urantia no han poseído una soberanía real; nunca han tenido una soberanía que pudiera protegerlas de los estragos y las devastaciones de las guerras mundiales. Al crear el gobierno global de la humanidad, las naciones no renuncian tanto a la soberanía como crean efectivamente una soberanía mundial real, auténtica y duradera, que en adelante será plenamente capaz de protegerlas de toda guerra. Los asuntos locales serán gestionados por los gobiernos locales; los asuntos nacionales, por los gobiernos nacionales; los asuntos internacionales serán administrados por el gobierno global.
134:6.9La paz mundial no puede mantenerse mediante tratados, diplomacia, políticas exteriores, alianzas, equilibrios de poder ni ningún otro tipo de malabarismo improvisado con las soberanías del nacionalismo. La ley mundial debe llegar a existir y debe ser aplicada por el gobierno mundial—la soberanía de toda la humanidad.
134:6.10El individuo gozará de mucha más libertad bajo un gobierno mundial. Hoy, los ciudadanos de las grandes potencias son gravados con impuestos, regulados y controlados de manera casi opresiva, y gran parte de esta interferencia actual en las libertades individuales desaparecerá cuando los gobiernos nacionales estén dispuestos a confiar en fideicomiso su soberanía, en lo que respecta a los asuntos internacionales, en manos del gobierno global.
134:6.11Bajo un gobierno global, los grupos nacionales tendrán una oportunidad real de llevar a cabo y disfrutar las libertades personales de una democracia auténtica. Se pondrá fin a la falacia de la autodeterminación. Con la regulación global del dinero y del comercio llegará la nueva era de paz mundial. Pronto podrá evolucionar un idioma global, y habrá al menos alguna esperanza de tener algún día una religión global—o religiones con un punto de vista global.
134:6.12La seguridad colectiva nunca proporcionará la paz hasta que la colectividad incluya a toda la humanidad.
134:6.13La soberanía política de un gobierno representativo de la humanidad traerá una paz duradera a la tierra, y la fraternidad espiritual de los hombres asegurará para siempre la buena voluntad entre todos los hombres. Y no hay otro camino por el cual puedan llevarse a cabo la paz en la tierra y la buena voluntad entre los hombres.
134:6.14* * *
134:6.15Después de la muerte de Cymboyton, sus hijos encontraron grandes dificultades para mantener un profesorado en paz. Las repercusiones de las enseñanzas de Jesús habrían sido mucho mayores si los maestros cristianos posteriores que se unieron al profesorado de Urmia hubieran mostrado más sabiduría y hubieran ejercido más tolerancia.
134:6.16El hijo mayor de Cymboyton había pedido ayuda a Abner en Filadelfia, pero la elección de maestros que hizo Abner fue muy desafortunada, ya que resultaron ser inflexibles e intransigentes. Estos maestros intentaron hacer que su religión dominara sobre las demás creencias. Nunca sospecharon que las conferencias del conductor de caravana, a las que tantas veces se hacía referencia, las había dado Jesús mismo.
134:6.17A medida que aumentaba la confusión en el profesorado, los tres hermanos retiraron su apoyo económico, y al cabo de cinco años la escuela cerró. Más tarde se reabrió como templo mitraico y finalmente se incendió con ocasión de una de sus celebraciones orgiásticas.
7. El trigésimo primer año (25 d. C.)
134:7.1Cuando Jesús regresó del viaje al mar Caspio, sabía que sus viajes por el mundo casi habían terminado. Hizo solo un viaje más fuera de Palestina, y fue a Siria. Después de una breve visita a Cafarnaúm, fue a Nazaret, donde se detuvo unos días de visita. A mediados de abril salió de Nazaret hacia Tiro. Desde allí continuó hacia el norte, y se quedó unos días en Sidón, pero su destino era Antioquía.
134:7.2Este es el año de los recorridos solitarios de Jesús por Palestina y Siria. A lo largo de este año de viajes se le conoció por diversos nombres en distintas partes del país: el carpintero de Nazaret, el constructor de barcas de Cafarnaúm, el escriba de Damasco y el maestro de Alejandría.
134:7.3En Antioquía, el Hijo del Hombre vivió más de dos meses, trabajando, observando, estudiando, visitando, ministrando y aprendiendo todo el tiempo cómo vive el hombre, cómo piensa, siente y reacciona ante el entorno de la existencia humana. Durante tres semanas de este período trabajó como fabricante de tiendas. Permaneció más tiempo en Antioquía que en ningún otro lugar que visitó en este viaje. Diez años después, cuando el apóstol Pablo predicaba en Antioquía y oyó a sus seguidores hablar de las doctrinas del escriba de Damasco, poco sabía que sus discípulos habían oído la voz, y escuchado las enseñanzas, del Maestro mismo.
134:7.4Desde Antioquía, Jesús viajó hacia el sur a lo largo de la costa hasta Cesarea, donde se quedó unas semanas, y continuó bajando por la costa hasta Jope. Desde Jope viajó tierra adentro hasta Jamnia, Asdod y Gaza. Desde Gaza tomó el camino interior hacia Beerseba, donde permaneció una semana.
134:7.5Jesús emprendió entonces su último recorrido, como particular, por el corazón de Palestina, desde Beerseba en el sur hasta Dan en el norte. En este viaje hacia el norte se detuvo en Hebrón, Belén (donde vio el lugar de su nacimiento), Jerusalén (no visitó Betania), Beerot, Lebona, Sicar, Siquem, Samaria, Geba, En-ganim, Endor, Madón; pasando por Magdala y Cafarnaúm, siguió hacia el norte; y pasando al este de las aguas de Merom, fue por Karahta hasta Dan, o Cesarea de Filipo.
134:7.6El Ajustador del Pensamiento que moraba en él llevó entonces a Jesús a abandonar las moradas de los hombres y a retirarse al monte Hermón para terminar su obra de dominar su mente humana y completar la tarea de llevar a cabo su plena consagración al resto de la obra de su vida en la tierra.
134:7.7Esta fue una de esas épocas insólitas y extraordinarias de la vida terrenal del Maestro en Urantia. Otra, muy similar, fue la experiencia que vivió cuando estuvo solo en las colinas cerca de Pella, justo después de su bautismo. Este período de aislamiento en el monte Hermón marcó el final de su carrera puramente humana, es decir, el final técnico del otorgamiento mortal, mientras que el aislamiento posterior marcó el comienzo de la fase más divina del otorgamiento. Y Jesús vivió solo con Dios durante seis semanas en las laderas del monte Hermón.
8. La estancia en el monte Hermón
134:8.1Después de pasar algún tiempo en los alrededores de Cesarea de Filipo, Jesús preparó sus provisiones y, tras conseguir una bestia de carga y a un muchacho llamado Tiglath, siguió por el camino de Damasco hasta una aldea conocida en otro tiempo como Beit Jenn, en las estribaciones del monte Hermón. Allí, hacia mediados de agosto del año 25 d. C., estableció su cuartel general y, dejando sus provisiones bajo la custodia de Tiglath, subió por las solitarias laderas de la montaña. Tiglath acompañó a Jesús este primer día montaña arriba hasta un punto señalado, a unos 6000 pies sobre el nivel del mar, donde construyeron un recipiente de piedra en el que Tiglath debía depositar comida dos veces por semana.
134:8.2El primer día, después de dejar a Tiglath, Jesús había subido solo un corto trecho de la montaña cuando se detuvo a orar. Entre otras cosas, pidió a su Padre que enviara de vuelta a los serafines guardianes a «estar con Tiglath». Pidió que se le permitiera subir solo a su última lucha con las realidades de la existencia mortal. Y su petición fue concedida. Entró en la gran prueba con solo el Ajustador que moraba en él para guiarlo y sostenerlo.
134:8.3Jesús comió frugalmente mientras estuvo en la montaña; se abstuvo de todo alimento solo uno o dos días seguidos. Los seres sobrehumanos que se le enfrentaron en esta montaña, y con quienes luchó en espíritu, y a quienes derrotó en poder, eran reales; eran sus archienemigos en el sistema de Satania; no eran fantasmas de la imaginación surgidos de los desvaríos intelectuales de un mortal debilitado y hambriento que no podía distinguir la realidad de las visiones de una mente trastornada.
134:8.4Jesús pasó las tres últimas semanas de agosto y las tres primeras semanas de septiembre en el monte Hermón. Durante estas semanas terminó la tarea mortal de alcanzar los círculos de la comprensión mental y del control de la personalidad. A lo largo de este período de comunión con su Padre celestial, el Ajustador que moraba en él completó también los servicios asignados. Allí se alcanzó la meta mortal de esta criatura terrenal. Solo quedaba por consumar la fase final de la sintonía de la mente y el Ajustador.
134:8.5Después de más de cinco semanas de comunión ininterrumpida con su Padre del Paraíso, Jesús quedó absolutamente seguro de su naturaleza y de la certeza de su triunfo sobre los niveles materiales de manifestación de la personalidad en el tiempo-espacio. Creyó plenamente en la supremacía de su naturaleza divina sobre su naturaleza humana, y no vaciló en afirmarla.
134:8.6Cerca del final de la estancia en la montaña, Jesús preguntó a su Padre si se le permitiría celebrar una conferencia con sus enemigos de Satania como el Hijo del Hombre, como Josué ben José. Esta petición fue concedida. Durante la última semana en el monte Hermón tuvo lugar la gran tentación, la prueba del universo. Satanás (en representación de Lucifer) y el Príncipe Planetario rebelde, Caligastia, estuvieron presentes con Jesús y se le hicieron plenamente visibles. Y esta «tentación», esta prueba final de la lealtad humana frente a las tergiversaciones de las personalidades rebeldes, no tuvo que ver con la comida, con los pináculos del templo ni con actos presuntuosos. No tuvo que ver con los reinos de este mundo, sino con la soberanía de un universo poderoso y glorioso. El simbolismo de sus registros estaba destinado a las edades atrasadas del pensamiento infantil del mundo. Y las generaciones posteriores deberían comprender por qué gran lucha pasó el Hijo del Hombre aquel día memorable en el monte Hermón.
134:8.7A las muchas propuestas y contrapropuestas de los emisarios de Lucifer, Jesús solo respondió: «Que prevalezca la voluntad de mi Padre del Paraíso, y a ti, mi hijo rebelde, que los Ancianos de Días te juzguen divinamente. Yo soy tu padre-Creador; difícilmente puedo juzgarte con justicia, y mi misericordia ya la has despreciado. Te encomiendo al juicio de los Jueces de un universo mayor».
134:8.8A todas las componendas y expedientes sugeridos por Lucifer, a todas esas propuestas engañosas sobre el otorgamiento de la encarnación, Jesús solo respondió: «Hágase la voluntad de mi Padre en el Paraíso». Y cuando la dura prueba terminó, los serafines guardianes que habían sido apartados regresaron al lado de Jesús y le ministraron.
134:8.9Una tarde de finales del verano, entre los árboles y en el silencio de la naturaleza, Miguel de Nebadon ganó la soberanía indiscutible de su universo. Ese día completó la tarea fijada para los Hijos Creadores de vivir plenamente la vida encarnada a semejanza de la carne mortal en los mundos evolutivos del tiempo y del espacio. El anuncio en el universo de este logro trascendental no se hizo hasta el día de su bautismo, meses después, pero todo ocurrió realmente aquel día en la montaña. Y cuando Jesús bajó de su estancia en el monte Hermón, la rebelión de Lucifer en Satania y la secesión de Caligastia en Urantia estaban prácticamente resueltas. Jesús había pagado el último precio que se le exigía para alcanzar la soberanía de su universo, lo cual por sí mismo regula la condición de todos los rebeldes y determina que todas esas futuras convulsiones (si es que alguna vez ocurren) puedan tratarse de forma sumaria y eficaz. En consecuencia, puede verse que la llamada «gran tentación» de Jesús tuvo lugar algún tiempo antes de su bautismo y no justo después de ese acontecimiento.
134:8.10Al final de esta estancia en la montaña, mientras Jesús bajaba, se encontró con Tiglath, que subía al lugar de encuentro con comida. Le hizo volver y solo le dijo: «El período de descanso ha terminado; debo volver a los asuntos de mi Padre». Era un hombre silencioso y muy cambiado mientras regresaban a Dan, donde se despidió del muchacho y le dio el asno. Después siguió hacia el sur por el mismo camino por el que había venido, hasta Cafarnaúm.
9. El tiempo de espera
134:9.1Era ya cerca del final del verano, hacia el tiempo del día de la expiación y de la fiesta de los tabernáculos. Jesús tuvo una reunión familiar en Cafarnaúm durante el sábado, y al día siguiente partió hacia Jerusalén con Juan, el hijo de Zebedeo; fueron por el este del lago, por Gerasa, y bajaron por el valle del Jordán. Mientras conversaba un poco con su compañero por el camino, Juan notó un gran cambio en Jesús.
134:9.2Jesús y Juan pasaron la noche en Betania con Lázaro y sus hermanas, y fueron temprano a la mañana siguiente a Jerusalén. Pasaron casi tres semanas en la ciudad y sus alrededores, al menos Juan. Muchos días Juan iba solo a Jerusalén mientras Jesús caminaba por las colinas cercanas y se entregaba a muchos períodos de comunión espiritual con su Padre en los cielos.
134:9.3Ambos estuvieron presentes en los solemnes oficios del día de la expiación. Juan quedó muy impresionado por las ceremonias de este día de días del ritual religioso judío, pero Jesús permaneció como un espectador pensativo y silencioso. Para el Hijo del Hombre, esta representación era lastimosa y penosa. La veía toda como una falsa representación del carácter y los atributos de su Padre en los cielos. Consideraba lo que se hacía este día como una parodia de los hechos de la justicia divina y de las verdades de la misericordia infinita. Ardía en deseos de dar salida a la declaración de la verdad real sobre el carácter amoroso de su Padre y su conducta misericordiosa en el universo, pero su fiel Monitor le advirtió que su hora aún no había llegado. Pero aquella noche, en Betania, Jesús sí dejó caer numerosos comentarios que inquietaron mucho a Juan; y Juan nunca comprendió del todo el verdadero significado de lo que Jesús dijo en su presencia aquella noche.
134:9.4Jesús planeaba quedarse con Juan durante toda la semana de la fiesta de los tabernáculos. Esta fiesta era la celebración anual de toda Palestina; era el tiempo de vacaciones de los judíos. Aunque Jesús no participó en la alegría de la ocasión, era evidente que sentía placer y experimentaba satisfacción al contemplar el abandono despreocupado y gozoso de jóvenes y viejos.
134:9.5En medio de la semana de celebración, y antes de que terminaran las festividades, Jesús se despidió de Juan, diciendo que deseaba retirarse a las colinas, donde podría estar mejor en comunión con su Padre del Paraíso. Juan habría ido con él, pero Jesús insistió en que se quedara durante las festividades, y le dijo: «No se te exige llevar la carga del Hijo del Hombre; solo el centinela debe velar mientras la ciudad duerme en paz». Jesús no regresó a Jerusalén. Después de casi una semana solo en las colinas cerca de Betania, partió hacia Cafarnaúm. En el camino a casa pasó un día y una noche solo en las laderas del Gilboa, cerca de donde el rey Saúl se había quitado la vida; y cuando llegó a Cafarnaúm, parecía más alegre que cuando había dejado a Juan en Jerusalén.
134:9.6A la mañana siguiente, Jesús fue al baúl que contenía sus efectos personales, que había permanecido en el taller de Zebedeo, se puso el delantal y se presentó para trabajar, diciendo: «Me conviene mantenerme ocupado mientras espero que llegue mi hora». Y trabajó varios meses, hasta enero del año siguiente, en el taller de barcas, al lado de su hermano Santiago. Después de este período de trabajo con Jesús, por muchas dudas que surgieran para nublar la comprensión que Santiago tenía de la obra de la vida del Hijo del Hombre, nunca volvió a abandonar real y totalmente su fe en la misión de Jesús.
134:9.7Durante este último período del trabajo de Jesús en el taller de barcas, pasó la mayor parte de su tiempo en el acabado interior de algunas de las embarcaciones más grandes. Ponía gran esmero en todo su trabajo manual y parecía experimentar la satisfacción del logro humano cuando había terminado una obra digna de elogio. Aunque perdía poco tiempo en nimiedades, era un trabajador meticuloso en lo que se refería a lo esencial de cualquier tarea.
134:9.8Con el paso del tiempo llegaron a Cafarnaúm rumores de un tal Juan que predicaba mientras bautizaba a los penitentes en el Jordán, y Juan predicaba: «El reino de los cielos está cerca; arrepiéntanse y bautícense». Jesús escuchaba estas noticias mientras Juan subía lentamente por el valle del Jordán desde el vado del río más cercano a Jerusalén. Pero Jesús siguió trabajando, haciendo barcas, hasta que Juan llegó, río arriba, a un punto cercano a Pella, en el mes de enero del año siguiente, el 26 d. C., cuando dejó sus herramientas, declarando: «Ha llegado mi hora», y poco después se presentó ante Juan para ser bautizado.
134:9.9Pero un gran cambio se había ido produciendo en Jesús. Pocas de las personas que habían disfrutado de sus visitas y de su ministerio mientras recorría el país reconocieron después en el maestro público a la misma persona que habían conocido y amado como particular en años anteriores. Y había una razón para que sus primeros beneficiarios no lo reconocieran en su papel posterior de maestro público y con autoridad. Durante largos años se había estado produciendo esta transformación de la mente y del espíritu, y se completó durante la memorable estancia en el monte Hermón.