Parte IV · Documento 133
El regreso de Roma
133:0.1CUANDO se preparaba para salir de Roma, Jesús no se despidió de ninguno de sus amigos. El escriba de Damasco apareció en Roma sin anunciarse y desapareció del mismo modo. Pasó un año entero antes de que quienes lo conocían y lo amaban perdieran la esperanza de volver a verlo. Antes del final del segundo año, pequeños grupos de los que lo habían conocido se encontraron reunidos por su interés común en sus enseñanzas y por el recuerdo compartido de los buenos momentos que habían pasado con él. Y estos pequeños grupos de estoicos, cínicos y seguidores de los cultos mistéricos siguieron celebrando estas reuniones irregulares e informales hasta el momento mismo en que aparecieron en Roma los primeros predicadores de la religión cristiana.
133:0.2Gonod y Ganid habían comprado tantas cosas en Alejandría y en Roma que enviaron por delante todas sus pertenencias en una recua de animales de carga hasta Tarento, mientras los tres viajeros cruzaban Italia a pie, sin prisa, por la gran vía Apia. En este viaje se encontraron con toda clase de seres humanos. Muchos nobles ciudadanos romanos y colonos griegos vivían a lo largo de esta vía, pero ya empezaba a aparecer la descendencia de grandes cantidades de esclavos inferiores.
133:0.3Un día, mientras descansaban a la hora del almuerzo, a mitad de camino de Tarento, Ganid le hizo a Jesús una pregunta directa sobre lo que pensaba del sistema de castas de la India. Jesús dijo: «Aunque los seres humanos difieren en muchos aspectos, unos de otros, ante Dios y en el mundo espiritual todos los mortales están en pie de igualdad. A los ojos de Dios solo hay dos grupos de mortales: los que desean hacer su voluntad y los que no. Cuando el universo contempla un mundo habitado, discierne del mismo modo dos grandes clases: los que conocen a Dios y los que no. Los que no pueden conocer a Dios se cuentan entre los animales de cualquier dominio dado. La humanidad puede dividirse con propiedad en muchas clases según sus diferentes cualidades, tal como se las considere en lo físico, lo mental, lo social, lo vocacional o lo moral, pero cuando estas diferentes clases de mortales comparecen ante el tribunal de juicio de Dios, están en pie de igualdad; Dios en verdad no hace distinción de personas. Aunque no puedes dejar de reconocer las diferencias de capacidades y dotes humanas en los asuntos intelectuales, sociales y morales, no debes hacer tales distinciones en la fraternidad espiritual de los hombres cuando se reúnen para adorar en la presencia de Dios.»
1. Misericordia y justicia
133:1.1Una tarde, junto al camino, cuando se acercaban a Tarento, ocurrió un incidente muy interesante. Vieron a un joven rudo y abusivo que atacaba con brutalidad a un muchacho más pequeño. Jesús se apresuró a ayudar al joven agredido, y después de rescatarlo, sujetó con firmeza al agresor hasta que el muchacho más pequeño logró escapar. En el momento en que Jesús soltó al pequeño matón, Ganid se abalanzó sobre el muchacho y empezó a darle una buena paliza, y para asombro de Ganid, Jesús intervino de inmediato. Después de contener a Ganid y de permitir que el muchacho asustado escapara, el joven, en cuanto recuperó el aliento, exclamó con agitación: «No te entiendo, Maestro. Si la misericordia exige que rescates al muchacho más pequeño, ¿no exige la justicia el castigo del joven más grande, que fue el agresor?» Al responder, Jesús dijo:
133:1.2«Ganid, es verdad, no entiendes. El ministerio de la misericordia es siempre obra del individuo, pero el castigo de la justicia es función de los grupos sociales, gubernamentales o administrativos del universo. Como individuo, tengo el deber de mostrar misericordia; debo acudir al rescate del muchacho agredido, y con toda coherencia puedo emplear la fuerza suficiente para contener al agresor. Y eso es precisamente lo que hice. Logré la liberación del muchacho agredido; ahí terminó el ministerio de la misericordia. Luego retuve por la fuerza al agresor el tiempo suficiente para que la parte más débil de la disputa pudiera escapar, y después me retiré del asunto. No me puse a juzgar al agresor, para pronunciarme así sobre su motivo —para juzgar todo lo que intervino en su ataque contra su semejante— y luego emprender la ejecución del castigo que mi mente pudiera dictar como justa retribución por su mala acción. Ganid, la misericordia puede ser pródiga, pero la justicia es precisa. ¿No puedes discernir que es poco probable que dos personas se pongan de acuerdo sobre el castigo que satisfaría las exigencias de la justicia? Uno impondría cuarenta azotes, otro veinte, mientras que otro más aconsejaría el aislamiento en una celda como castigo justo. ¿No ves que en este mundo es mejor que tales responsabilidades recaigan en el grupo o que las administren representantes elegidos del grupo? En el universo, el juicio está confiado a quienes conocen plenamente los antecedentes de toda mala acción, así como su motivación. En una sociedad civilizada y en un universo organizado, la administración de la justicia presupone que se dicte una sentencia justa como consecuencia de un juicio equitativo, y tales prerrogativas están confiadas a los grupos jurídicos de los mundos y a los administradores omniscientes de los universos superiores de toda la creación.»
133:1.3Durante días hablaron de este problema de manifestar la misericordia y administrar la justicia. Y Ganid, al menos hasta cierto punto, comprendió por qué Jesús no quería entrar en un combate personal. Pero Ganid hizo una última pregunta, a la que nunca recibió una respuesta del todo satisfactoria; y esa pregunta fue: «Pero, Maestro, si una criatura más fuerte y de mal carácter te atacara y amenazara con destruirte, ¿qué harías? ¿No harías ningún esfuerzo por defenderte?» Aunque Jesús no podía responder plena y satisfactoriamente a la pregunta del muchacho, puesto que no estaba dispuesto a revelarle que él (Jesús) vivía en la tierra como ejemplo del amor del Padre del Paraíso ante un universo que lo observaba, sí le dijo lo siguiente:
133:1.4«Ganid, comprendo bien que algunos de estos problemas te dejen perplejo, y procuraré responder a tu pregunta. En primer lugar, en cualquier ataque que pudiera hacerse contra mi persona, yo determinaría si el agresor era o no un hijo de Dios—mi hermano en la carne—, y si pensara que tal criatura no poseía juicio moral ni razón espiritual, me defendería sin vacilar con toda la capacidad de mis poderes de resistencia, sin importar las consecuencias para el atacante. Pero no atacaría así a un semejante con condición de filiación, ni siquiera en defensa propia. Es decir, no lo castigaría de antemano y sin juicio por su ataque contra mí. Por todos los recursos posibles procuraría impedirle y disuadirle de hacer tal ataque, y mitigarlo en caso de no lograr frustrarlo. Ganid, tengo una confianza absoluta en el supercuidado de mi Padre celestial; estoy consagrado a hacer la voluntad de mi Padre que está en el cielo. No creo que pueda ocurrirme un daño real; no creo que la obra de mi vida pueda ponerse realmente en peligro por nada que mis enemigos quisieran infligirme, y ciertamente no tenemos que temer ninguna violencia de nuestros amigos. Estoy absolutamente seguro de que el universo entero es amistoso conmigo—esta verdad todopoderosa insisto en creerla con una confianza de todo corazón, a pesar de todas las apariencias en contra.»
133:1.5Pero Ganid no quedó del todo satisfecho. Muchas veces hablaron de estos asuntos, y Jesús le contó algunas de sus experiencias de la niñez y también le habló de Jacob, el hijo del cantero. Al enterarse de cómo Jacob se había nombrado a sí mismo defensor de Jesús, Ganid dijo: «¡Ah, empiezo a entender! En primer lugar, muy rara vez un ser humano normal querría atacar a una persona tan bondadosa como tú, y aun si alguien fuera tan irreflexivo como para hacer algo así, es bastante seguro que habrá cerca algún otro mortal que acudirá volando en tu ayuda, así como tú siempre vas al rescate de cualquier persona que ves en apuros. En mi corazón, Maestro, estoy de acuerdo contigo, pero en mi cabeza todavía pienso que, si yo hubiera sido Jacob, habría disfrutado castigando a esos individuos groseros que se atrevieron a atacarte solo porque pensaban que no te defenderías. Supongo que estás bastante seguro en tu viaje por la vida, ya que pasas gran parte de tu tiempo ayudando a otros y ministrando a tus semejantes en apuros —bueno, lo más probable es que siempre haya alguien a mano para defenderte.» Y Jesús respondió: «Esa prueba aún no ha llegado, Ganid, y cuando llegue, tendremos que atenernos a la voluntad del Padre.» Y eso fue casi todo lo que el muchacho logró que su maestro dijera sobre este difícil tema de la defensa propia y la no resistencia. En otra ocasión sí obtuvo de Jesús la opinión de que la sociedad organizada tenía pleno derecho a emplear la fuerza en la ejecución de sus justos mandatos.
2. El embarque en Tarento
133:2.1Mientras se detenían en el embarcadero, esperando que el barco descargara su mercancía, los viajeros vieron a un hombre que maltrataba a su esposa. Como era su costumbre, Jesús intervino en favor de la persona agredida. Se acercó por detrás al marido enfurecido y, tocándole suavemente el hombro, dijo: «Amigo mío, ¿puedo hablar contigo en privado un momento?» El hombre enojado quedó desconcertado ante tal manera de abordarlo y, tras un momento de incómoda vacilación, balbuceó—«eh — pues — sí, ¿qué quieres de mí?» Cuando Jesús lo llevó a un lado, le dijo: «Amigo mío, percibo que algo terrible debe de haberte ocurrido; deseo mucho que me digas qué pudo ocurrirle a un hombre tan fuerte como para llevarlo a atacar a su esposa, la madre de sus hijos, y eso aquí mismo, a la vista de todos. Estoy seguro de que debes de sentir que tienes alguna buena razón para esta agresión. ¿Qué hizo la mujer para merecer tal trato de su marido? Al mirarte, creo discernir en tu rostro el amor a la justicia, si no el deseo de mostrar misericordia. Me atrevo a decir que, si me encontraras junto al camino, atacado por asaltantes, correrías sin vacilar a rescatarme. Me atrevo a decir que has hecho muchas cosas valientes como esa en el curso de tu vida. Ahora, amigo mío, dime, ¿qué te pasa? ¿Hizo la mujer algo malo, o perdiste la cabeza tontamente y la agrediste sin pensar?» No fue tanto lo que dijo lo que tocó el corazón de este hombre como la mirada bondadosa y la sonrisa compasiva que Jesús le dirigió al final de sus palabras. El hombre dijo: «Percibo que eres un sacerdote de los cínicos, y te agradezco que me hayas contenido. Mi esposa no ha hecho nada muy malo; es una buena mujer, pero me irrita por la manera en que me critica en público, y pierdo la calma. Lamento mi falta de dominio de mí mismo, y prometo tratar de cumplir mi antiguo compromiso con uno de tus hermanos que me enseñó el mejor camino hace muchos años. Te lo prometo.»
133:2.2Y entonces, al despedirse de él, Jesús dijo: «Hermano mío, recuerda siempre que el hombre no tiene ninguna autoridad legítima sobre la mujer, a menos que la mujer le haya dado tal autoridad de buen grado y por su propia voluntad. Tu esposa se ha comprometido a recorrer la vida contigo, a ayudarte a librar sus batallas y a asumir la parte mucho mayor de la carga de dar a luz y criar a tus hijos; y a cambio de este servicio especial, es justo que reciba de ti esa protección especial que el hombre puede dar a la mujer como la compañera que debe llevar en su seno, dar a luz y nutrir a los hijos. El cuidado amoroso y la consideración que un hombre está dispuesto a dar a su esposa y a sus hijos son la medida de lo que ese hombre ha alcanzado en los niveles superiores de la conciencia de sí creativa y espiritual. ¿No sabes que los hombres y las mujeres son asociados de Dios en cuanto cooperan para crear seres que crecen hasta poseer el potencial de almas inmortales? El Padre que está en el cielo trata a la Madre Espíritu de los hijos del universo como a una igual a sí mismo. Es propio de Dios compartir tu vida y todo lo que se relaciona con ella en igualdad de condiciones con la madre que es tu compañera y que comparte tan plenamente contigo esa experiencia divina de reproducirse ustedes mismos en la vida de sus hijos. Si tan solo puedes amar a tus hijos como Dios te ama a ti, amarás y apreciarás a tu esposa como el Padre que está en el cielo honra y exalta al Espíritu Infinito, la madre de todos los hijos espirituales de un vasto universo.»
133:2.3Al subir a bordo del barco, volvieron la vista hacia la escena de la pareja, con los ojos llenos de lágrimas, de pie en un abrazo silencioso. Gonod, que había oído la segunda mitad del mensaje de Jesús al hombre, estuvo todo el día ocupado en meditar sobre él, y resolvió reorganizar su hogar cuando regresara a la India.
133:2.4El viaje a Nicópolis fue agradable pero lento, porque el viento no era favorable. Los tres pasaron muchas horas relatando sus experiencias en Roma y recordando todo lo que les había sucedido desde que se conocieron en Jerusalén. Ganid se iba impregnando del espíritu del ministerio personal. Comenzó a trabajar con el mayordomo del barco, pero al segundo día, cuando se metió en aguas religiosas profundas, pidió a Josué que lo ayudara a salir.
133:2.5Pasaron varios días en Nicópolis, la ciudad que Augusto había fundado unos cincuenta años antes como la «ciudad de la victoria» en conmemoración de la batalla de Accio, pues ese lugar era el terreno donde había acampado con su ejército antes de la batalla. Se alojaron en la casa de un tal Jeramy, un prosélito griego de la fe judía, a quien habían conocido a bordo. El apóstol Pablo pasó todo un invierno con el hijo de Jeramy en esa misma casa en el curso de su tercer viaje misionero. Desde Nicópolis zarparon en el mismo barco hacia Corinto, la capital de la provincia romana de Acaya.
3. En Corinto
133:3.1Cuando llegaron a Corinto, Ganid se interesaba ya mucho por la religión judía, y por eso no fue extraño que, un día en que pasaban junto a la sinagoga y veían entrar a la gente, pidiera a Jesús que lo llevara al servicio. Ese día oyeron a un rabino erudito disertar sobre el «Destino de Israel», y después del servicio conocieron a un tal Crispo, el principal dirigente de esta sinagoga. Muchas veces volvieron a los servicios de la sinagoga, pero sobre todo para ver a Crispo. Ganid llegó a apreciar mucho a Crispo, a su esposa y a sus cinco hijos. Disfrutaba mucho observando cómo un judío llevaba su vida familiar.
133:3.2Mientras Ganid estudiaba la vida familiar, Jesús enseñaba a Crispo los mejores caminos de la vida religiosa. Jesús tuvo más de veinte sesiones con este judío de visión progresista; y no es de extrañar que, años después, cuando Pablo predicaba en esta misma sinagoga, y cuando los judíos rechazaron su mensaje y votaron prohibirle seguir predicando en la sinagoga, y cuando él se dirigió entonces a los gentiles, Crispo abrazara con toda su familia la nueva religión, y que llegara a ser uno de los principales apoyos de la iglesia cristiana que Pablo organizó después en Corinto.
133:3.3Durante los dieciocho meses que Pablo predicó en Corinto, donde más tarde se le unieron Silas y Timoteo, conoció a muchos otros a quienes había enseñado el «tutor judío del hijo de un mercader indio».
133:3.4En Corinto conocieron a personas de todas las razas, venidas de tres continentes. Después de Alejandría y Roma, era la ciudad más cosmopolita del imperio mediterráneo. Había mucho en esta ciudad que atraía la atención, y Ganid nunca se cansaba de visitar la ciudadela, que se alzaba a casi dos mil pies sobre el mar. También pasaba gran parte de su tiempo libre en los alrededores de la sinagoga y en la casa de Crispo. Al principio le chocó, y más tarde le encantó, la condición de la mujer en el hogar judío; fue una revelación para este joven indio.
133:3.5Jesús y Ganid eran con frecuencia huéspedes de otro hogar judío, el de Justo, un mercader devoto que vivía junto a la sinagoga. Y muchas veces, después, cuando el apóstol Pablo se hospedó en esta casa, escuchó el relato de estas visitas del muchacho indio y su tutor judío, mientras Pablo y Justo se preguntaban qué habría sido de un maestro hebreo tan sabio y brillante.
133:3.6Cuando estaban en Roma, Ganid observó que Jesús se negaba a acompañarlos a los baños públicos. Varias veces después, el joven trató de inducir a Jesús a expresarse más sobre las relaciones entre los sexos. Aunque respondía a las preguntas del muchacho, nunca parecía dispuesto a tratar estos temas con mucha extensión. Una noche, mientras paseaban por Corinto, cerca del lugar donde la muralla de la ciudadela bajaba hasta el mar, los abordaron dos mujeres públicas. Ganid se había formado la idea, y con razón, de que Jesús era un hombre de altos ideales y de que aborrecía todo lo que participaba de la impureza o tenía sabor a mal; por eso habló con dureza a estas mujeres y con un gesto grosero les indicó que se fueran. Al ver esto, Jesús le dijo a Ganid: «Tienes buena intención, pero no debes atreverte a hablar así a los hijos de Dios, aunque resulten ser sus hijos extraviados. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a estas mujeres? ¿Conoces por casualidad todas las circunstancias que las llevaron a recurrir a tales medios para ganarse la vida? Quédate aquí conmigo mientras hablamos de estas cosas.» Las cortesanas quedaron asombradas por lo que dijo, aún más que Ganid.
133:3.7Mientras estaban allí a la luz de la luna, Jesús siguió diciendo: «En toda mente humana vive un espíritu divino, el don del Padre que está en el cielo. Este espíritu bueno se esfuerza siempre por conducirnos a Dios, por ayudarnos a encontrar a Dios y a conocer a Dios; pero en los mortales hay también muchas tendencias físicas naturales que el Creador puso allí para servir al bienestar del individuo y de la raza. Ahora bien, a menudo los hombres y las mujeres se confunden en sus esfuerzos por entenderse a sí mismos y por enfrentarse a las múltiples dificultades de ganarse la vida en un mundo dominado en tan gran medida por el egoísmo y el pecado. Percibo, Ganid, que ninguna de estas mujeres es malvada por voluntad propia. Puedo ver por sus rostros que han conocido mucho dolor; han sufrido mucho a manos de un destino en apariencia cruel; no han elegido intencionadamente esta clase de vida; en un desaliento que rayaba en la desesperación, han cedido a la presión del momento y han aceptado este medio desagradable de ganarse la vida como la mejor salida de una situación que a ellas les parecía sin esperanza. Ganid, algunas personas son realmente malvadas de corazón; eligen deliberadamente hacer cosas viles; pero dime, al mirar estos rostros ahora bañados en lágrimas, ¿ves algo malo o malvado?» Y cuando Jesús hizo una pausa para esperar su respuesta, la voz de Ganid se quebró mientras balbuceaba su respuesta: «No, Maestro, no lo veo. Y pido disculpas por mi grosería con ellas —imploro su perdón.» Entonces Jesús dijo: «Y yo hablo por ellas para decirte que te han perdonado, como hablo por mi Padre que está en el cielo para decir que él las ha perdonado. Ahora vengan todos ustedes conmigo a la casa de un amigo, donde buscaremos algo con que reponernos y haremos planes para la vida nueva y mejor que tienen por delante.» Hasta ese momento, las mujeres asombradas no habían pronunciado ni una palabra; se miraron una a otra y siguieron en silencio a los hombres, que iban delante.
133:3.8Imagínense la sorpresa de la esposa de Justo cuando, a esa hora tan avanzada, apareció Jesús con Ganid y estas dos desconocidas, diciendo: «Perdonarás que vengamos a esta hora, pero Ganid y yo deseamos comer algo, y querríamos compartirlo con estas nuevas amigas nuestras, que también necesitan alimento; y además de todo esto, venimos a ti con la idea de que te interesará aconsejarnos sobre la mejor manera de ayudar a estas mujeres a empezar de nuevo en la vida. Ellas pueden contarte su historia, pero supongo que han pasado muchas dificultades, y su misma presencia aquí en tu casa atestigua con cuánta seriedad anhelan conocer a gente buena, y con cuánta disposición aprovecharán la oportunidad de mostrar a todo el mundo —y aun a los ángeles del cielo— qué mujeres valientes y nobles pueden llegar a ser.»
133:3.9Cuando Marta, la esposa de Justo, sirvió la comida en la mesa, Jesús, despidiéndose de ellas inesperadamente, dijo: «Como se hace tarde, y puesto que el padre del joven nos estará esperando, les rogamos que nos disculpen mientras las dejamos aquí juntas —tres mujeres—, las amadas hijas del Altísimo. Y yo oraré por su guía espiritual mientras hacen planes para una vida nueva y mejor en la tierra y para la vida eterna en el gran más allá.»
133:3.10Así se despidieron Jesús y Ganid de las mujeres. Hasta entonces las dos cortesanas no habían dicho nada; Ganid también estaba sin habla. Y por unos momentos también lo estuvo Marta, pero pronto supo estar a la altura de la situación e hizo por estas desconocidas todo lo que Jesús había esperado. La mayor de estas dos mujeres murió poco tiempo después, con brillantes esperanzas de supervivencia eterna, y la más joven trabajó en el negocio de Justo y más tarde fue miembro, durante toda su vida, de la primera iglesia cristiana de Corinto.
133:3.11Varias veces, en la casa de Crispo, Jesús y Ganid se encontraron con un tal Gayo, que más tarde llegó a ser un leal partidario de Pablo. Durante estos dos meses en Corinto tuvieron conversaciones íntimas con decenas de personas valiosas, y como resultado de todos estos contactos, en apariencia casuales, más de la mitad de las personas así influidas llegaron a ser miembros de la comunidad cristiana posterior.
133:3.12Cuando Pablo fue por primera vez a Corinto, no tenía la intención de hacer una visita prolongada. Pero no sabía cuán bien había preparado el tutor judío el camino para sus labores. Y además, descubrió que Aquila y Priscila ya habían despertado un gran interés; Aquila era uno de los cínicos con quienes Jesús había tenido contacto cuando estuvo en Roma. Esta pareja era de refugiados judíos de Roma, y abrazaron rápidamente las enseñanzas de Pablo. Él vivió con ellos y trabajó con ellos, pues también eran fabricantes de tiendas. Fue por estas circunstancias por lo que Pablo prolongó su estancia en Corinto.
4. La labor personal en Corinto
133:4.1Jesús y Ganid tuvieron muchas otras experiencias interesantes en Corinto. Mantuvieron un trato cercano con un gran número de personas que sacaron gran provecho de la instrucción que recibieron de Jesús.
133:4.2Al molinero le enseñó a moler los granos de la verdad en el molino de la experiencia viviente, para hacer que las cosas difíciles de la vida divina puedan ser recibidas con facilidad aun por los débiles y frágiles de entre sus semejantes mortales. Jesús dijo: «Da la leche de la verdad a los que son niños pequeños en la percepción espiritual. En tu ministerio viviente y amoroso, sirve el alimento espiritual en una forma atractiva y adecuada a la capacidad de recepción de cada uno de los que te consultan.»
133:4.3Al centurión romano le dijo: «Da al César las cosas que son del César, y a Dios las cosas que son de Dios. El servicio sincero a Dios y el servicio leal al César no están en conflicto, a menos que el César pretendiera atribuirse ese homenaje que solo la Deidad puede reclamar. La lealtad a Dios, si llegaras a conocerlo, te haría aún más leal y fiel en tu devoción a un emperador digno.»
133:4.4Al fervoroso dirigente del culto mitraico le dijo: «Haces bien en buscar una religión de salvación eterna, pero te equivocas al ir en pos de una verdad tan gloriosa entre misterios hechos por el hombre y filosofías humanas. ¿No sabes que el misterio de la salvación eterna mora en tu propia alma? ¿No sabes que el Dios del cielo ha enviado su espíritu a vivir dentro de ti, y que este espíritu conducirá a todos los mortales que aman la verdad y sirven a Dios fuera de esta vida y a través de las puertas de la muerte hasta las alturas eternas de la luz, donde Dios espera para recibir a sus hijos? Y nunca olvides: Ustedes, los que conocen a Dios, son los hijos de Dios si de verdad anhelan ser como él.»
133:4.5Al maestro epicúreo le dijo: «Haces bien en elegir lo mejor y estimar lo bueno, pero ¿eres sabio cuando no logras discernir las cosas más grandes de la vida mortal, que están contenidas en los dominios del espíritu que se derivan de la toma de conciencia de la presencia de Dios en el corazón humano? Lo grande de toda la experiencia humana es la toma de conciencia de conocer al Dios cuyo espíritu vive dentro de ti y busca conducirte en ese largo y casi interminable viaje hasta alcanzar la presencia personal de nuestro Padre común, el Dios de toda la creación, el Señor de los universos.»
133:4.6Al contratista y constructor griego le dijo: «Amigo mío, mientras construyes las estructuras materiales de los hombres, haz crecer un carácter espiritual a semejanza del espíritu divino que está en tu alma. No dejes que tus logros como constructor temporal se adelanten a tu progreso como hijo espiritual del reino de los cielos. Mientras construyes las moradas del tiempo para otro, no descuides asegurarte para ti el título de las moradas de la eternidad. Recuerda siempre que hay una ciudad cuyos cimientos son la rectitud y la verdad, y cuyo constructor y hacedor es Dios.»
133:4.7Al juez romano le dijo: «Cuando juzgues a los hombres, recuerda que tú mismo también comparecerás algún día a juicio ante el tribunal de los Gobernantes de un universo. Juzga con justicia, incluso con misericordia, así como algún día tú anhelarás una consideración misericordiosa de manos del Árbitro Supremo. Juzga como quisieras ser juzgado en circunstancias semejantes, guiándote así por el espíritu de la ley tanto como por su letra. Y así como concedes una justicia dominada por la equidad a la luz de la necesidad de quienes comparecen ante ti, así tendrás derecho a esperar una justicia templada por la misericordia cuando algún día estés ante el Juez de toda la tierra.»
133:4.8A la dueña de la posada griega le dijo: «Ofrece tu hospitalidad como quien recibe a los hijos del Altísimo. Eleva la pesadez de tu trabajo diario a los altos niveles de un arte refinado mediante la creciente toma de conciencia de que ministras a Dios en las personas en quienes él mora por su espíritu, que ha descendido a vivir en el corazón de los hombres y que así busca transformar su mente y conducir su alma al conocimiento del Padre del Paraíso de todos estos dones otorgados del espíritu divino.»
133:4.9Jesús se reunió muchas veces con un mercader chino. Al despedirse, le exhortó: «Adora solo a Dios, que es tu verdadero antepasado espiritual. Recuerda que el espíritu del Padre vive siempre dentro de ti y orienta siempre tu alma hacia el cielo. Si sigues las orientaciones inconscientes de este espíritu inmortal, es seguro que continuarás por el camino elevado de encontrar a Dios. Y cuando alcances al Padre que está en el cielo, será porque, al buscarlo, te habrás vuelto cada vez más semejante a él. Así que adiós, Chang, pero solo por un tiempo, porque volveremos a encontrarnos en los mundos de luz, donde el Padre de las almas espirituales ha provisto muchas escalas agradables para los que van rumbo al Paraíso.»
133:4.10Al viajero de Britania le dijo: «Hermano mío, percibo que buscas la verdad, y te sugiero que el espíritu del Padre de toda verdad quizá more dentro de ti. ¿Has intentado alguna vez sinceramente hablar con el espíritu de tu propia alma? Tal cosa es en verdad difícil y rara vez produce la conciencia de haber tenido éxito; pero todo intento honesto de la mente material de comunicarse con el espíritu que mora en ella tiene un éxito seguro, aunque la mayoría de todas estas magníficas experiencias humanas deban permanecer por largo tiempo como registros superconscientes en el alma de estos mortales que conocen a Dios.»
133:4.11Al muchacho fugitivo Jesús le dijo: «Recuerda que hay dos cosas de las que no puedes huir —Dios y tú mismo. Dondequiera que vayas, llevas contigo a ti mismo y al espíritu del Padre celestial que vive dentro de tu corazón. Hijo mío, deja de intentar engañarte; aplícate a la práctica valiente de afrontar los hechos de la vida; aférrate con firmeza a las seguridades de la filiación con Dios y a la certeza de la vida eterna, como te he enseñado. Desde hoy proponte ser un hombre de verdad, un hombre decidido a afrontar la vida con valentía e inteligencia.»
133:4.12Al criminal condenado le dijo en la última hora: «Hermano mío, has caído en malos tiempos. Perdiste tu camino; te enredaste en las redes del crimen. Por lo que he hablado contigo, sé bien que no planeaste hacer lo que está a punto de costarte la vida temporal. Pero sí cometiste este mal, y tus semejantes te han declarado culpable; han determinado que debes morir. Ni tú ni yo podemos negar al Estado este derecho de defenderse de la manera que él mismo elija. Parece que no hay manera humana de escapar de la pena por tu mala acción. Tus semejantes deben juzgarte por lo que hiciste, pero hay un Juez a quien puedes apelar para obtener perdón, y que te juzgará por tus motivos reales y tus mejores intenciones. No tienes por qué temer comparecer ante el juicio de Dios si tu arrepentimiento es genuino y tu fe sincera. El hecho de que tu error acarree la pena de muerte impuesta por el hombre no perjudica la oportunidad de tu alma de obtener justicia y gozar de misericordia ante los tribunales celestiales.»
133:4.13Jesús disfrutó de muchas charlas íntimas con un gran número de almas hambrientas, demasiadas para que encuentren lugar en este relato. Los tres viajeros disfrutaron de su estancia en Corinto. Excepto Atenas, que tenía más renombre como centro educativo, Corinto era la ciudad más importante de Grecia en aquellos tiempos romanos, y su estancia de dos meses en este próspero centro comercial dio a los tres la oportunidad de adquirir mucha experiencia valiosa. Su estancia en esta ciudad fue una de las más interesantes de todas sus paradas en el viaje de regreso de Roma.
133:4.14Gonod tenía muchos intereses en Corinto, pero al fin terminó sus negocios, y se prepararon para zarpar hacia Atenas. Viajaron en un barco pequeño que podía transportarse por tierra, sobre una vía terrestre, desde uno de los puertos de Corinto hasta el otro, una distancia de diez millas.
5. En Atenas—Discurso sobre la ciencia
133:5.1Pronto llegaron al antiguo centro de la ciencia y el saber griegos, y Ganid estaba emocionado con la idea de estar en Atenas, de estar en Grecia, el centro cultural del antiguo imperio alejandrino, que había extendido sus fronteras incluso hasta su propia tierra, la India. Había pocos negocios que tratar; así que Gonod pasó la mayor parte de su tiempo con Jesús y Ganid, visitando los muchos lugares de interés y escuchando las interesantes discusiones del muchacho y su versátil maestro.
133:5.2En Atenas aún prosperaba una gran universidad, y los tres visitaban con frecuencia sus salas de estudio. Jesús y Ganid habían discutido a fondo las enseñanzas de Platón cuando asistieron a las conferencias del museo de Alejandría. Todos disfrutaban del arte de Grecia, del que aún podían encontrarse ejemplos aquí y allá por la ciudad.
133:5.3Tanto el padre como el hijo disfrutaron mucho de la discusión sobre la ciencia que Jesús tuvo una noche en su posada con un filósofo griego. Después de que este pedante habló durante casi tres horas, y cuando terminó su disertación, Jesús, en términos del pensamiento moderno, dijo:
133:5.4Puede que los científicos midan algún día la energía, o las manifestaciones de fuerza, de la gravitación, la luz y la electricidad, pero esos mismos científicos nunca podrán decirles (científicamente) lo que estos fenómenos del universo son. La ciencia se ocupa de las actividades de la energía física; la religión se ocupa de los valores eternos. La verdadera filosofía nace de la sabiduría que hace todo lo posible por correlacionar estas observaciones cuantitativas y cualitativas. Siempre existe el peligro de que el científico puramente físico se vea afligido por el orgullo matemático y el egotismo estadístico, por no mencionar la ceguera espiritual.
133:5.5La lógica es válida en el mundo material, y las matemáticas son fiables cuando su aplicación se limita a las cosas físicas; pero ninguna de las dos debe considerarse del todo segura o infalible cuando se aplica a los problemas de la vida. La vida abarca fenómenos que no son del todo materiales. La aritmética dice que, si un hombre pudiera esquilar una oveja en diez minutos, diez hombres podrían esquilarla en un minuto. Eso es matemática correcta, pero no es verdad, porque los diez hombres no podrían hacerlo así; se estorbarían tanto unos a otros que el trabajo se retrasaría mucho.
133:5.6Las matemáticas afirman que, si una persona representa cierta unidad de valor intelectual y moral, diez personas representarían diez veces ese valor. Pero cuando se trata de la personalidad humana, sería más cercano a la verdad decir que tal asociación de personalidades es una suma igual al cuadrado del número de personalidades que intervienen en la ecuación, más que la simple suma aritmética. Un grupo social de seres humanos en armonía de trabajo coordinado representa una fuerza mucho mayor que la simple suma de sus partes.
133:5.7La cantidad puede identificarse como un hecho, y así se convierte en una uniformidad científica. La calidad, por ser un asunto de interpretación de la mente, representa una estimación de valores, y debe, por tanto, seguir siendo una experiencia del individuo. Cuando tanto la ciencia como la religión se vuelvan menos dogmáticas y más tolerantes con la crítica, la filosofía empezará entonces a lograr la unidad en la comprensión inteligente del universo.
133:5.8Hay unidad en el universo cósmico, si tan solo pudieran discernir cómo funciona en la realidad en acto. El universo real es amistoso con todo hijo del Dios eterno. El verdadero problema es: ¿Cómo puede la mente finita del hombre lograr una unidad de pensamiento lógica, verdadera y correspondiente? Este estado mental de conocimiento del universo solo puede obtenerse concibiendo que el hecho cuantitativo y el valor cualitativo tienen una causación común en el Padre del Paraíso. Tal concepción de la realidad da una visión más amplia de la unidad intencional de los fenómenos del universo; revela incluso una meta espiritual de logro progresivo de la personalidad. Y este es un concepto de unidad que puede percibir el trasfondo inmutable de un universo viviente de relaciones impersonales en cambio continuo y de relaciones personales en evolución.
133:5.9La materia y el espíritu, y el estado que media entre ellos, son tres niveles interrelacionados e interasociados de la verdadera unidad del universo real. Por divergentes que parezcan los fenómenos universales del hecho y del valor, están, después de todo, unificados en el Supremo.
133:5.10La realidad de la existencia material pertenece tanto a la energía no reconocida como a la materia visible. Cuando las energías del universo se frenan hasta adquirir el grado de movimiento necesario, entonces, en condiciones favorables, esas mismas energías se convierten en masa. Y no olviden que la mente, que es la única que puede percibir la presencia de las realidades aparentes, es en sí misma también real. Y la causa fundamental de este universo de energía-masa, mente y espíritu es eterna—existe y consiste en la naturaleza y las reacciones del Padre Universal y de sus coordinados absolutos.
133:5.11Las palabras de Jesús dejaron a todos más que asombrados, y el griego, en el momento de despedirse de ellos, dijo: «Por fin han visto mis ojos a un judío que piensa en algo más que la superioridad racial y que habla de algo más que de religión». Luego se retiraron a descansar.
133:5.12La estancia en Atenas fue agradable y provechosa, pero no fue especialmente fructífera en contactos humanos. Demasiados atenienses de aquella época eran o bien orgullosos intelectualmente de su reputación de otro tiempo, o bien torpes e ignorantes mentalmente, pues eran descendientes de los esclavos inferiores de aquellos períodos anteriores en que había gloria en Grecia y sabiduría en la mente de su pueblo. Aun así, todavía podían encontrarse muchas mentes agudas entre los ciudadanos de Atenas.
6. En Éfeso—Discurso sobre el alma
133:6.1Al salir de Atenas, los viajeros fueron por Troas a Éfeso, la capital de la provincia romana de Asia. Hicieron muchas excursiones al famoso templo de Artemisa de los efesios, a unas dos millas de la ciudad. Artemisa era la diosa más famosa de toda Asia Menor y una continuación de la diosa madre, aún más antigua, de los tiempos de la antigua Anatolia. Se decía que el tosco ídolo expuesto en el enorme templo dedicado a su adoración había caído del cielo. No se había erradicado del todo la formación temprana de Ganid en el respeto a las imágenes como símbolos de la divinidad, y pensó que lo mejor era comprar un pequeño santuario de plata en honor de esta diosa de la fertilidad de Asia Menor. Esa noche hablaron largamente sobre la adoración de cosas hechas por manos humanas.
133:6.2El tercer día de su estancia bajaron caminando junto al río para observar el dragado de la desembocadura del puerto. Al mediodía hablaron con un joven fenicio que sentía nostalgia de su tierra y estaba muy desanimado; pero sobre todo, envidiaba a cierto joven que había recibido un ascenso por encima de él. Jesús le dirigió palabras de consuelo y citó el antiguo proverbio hebreo: «El don de un hombre le hace lugar y lo lleva ante los grandes hombres.»
133:6.3De todas las grandes ciudades que visitaron en esta gira por el Mediterráneo, aquí fue donde lograron menos de valor para la obra posterior de los misioneros cristianos. El cristianismo comenzó en Éfeso en gran parte gracias a los esfuerzos de Pablo, que residió aquí más de dos años, fabricando tiendas para ganarse la vida y dando cada noche conferencias sobre religión y filosofía en la sala principal de audiencias de la escuela de Tirano.
133:6.4Había un pensador progresista vinculado a esta escuela local de filosofía, y Jesús tuvo varias sesiones provechosas con él. En el curso de estas charlas, Jesús había usado repetidamente la palabra «alma». Este griego erudito le preguntó por fin qué quería decir con «alma», y él respondió:
133:6.5«El alma es la parte del hombre que reflexiona sobre sí misma, que discierne la verdad y que percibe el espíritu, y que eleva para siempre al ser humano por encima del nivel del mundo animal. La conciencia de sí, en sí misma y por sí misma, no es el alma. La conciencia de sí moral es la verdadera autorrealización humana y constituye el fundamento del alma humana, y el alma es aquella parte del hombre que representa el valor de supervivencia potencial de la experiencia humana. La elección moral y el logro espiritual, la capacidad de conocer a Dios y el impulso de ser como él, son las características del alma. El alma del hombre no puede existir separada del pensamiento moral y de la actividad espiritual. Un alma estancada es un alma que muere. Pero el alma del hombre es distinta del espíritu divino que mora en la mente. El espíritu divino llega al mismo tiempo que la primera actividad moral de la mente humana, y ese es el momento del nacimiento del alma.
133:6.6«La salvación o la pérdida de un alma depende de si la consciencia moral alcanza o no la condición de supervivencia mediante una alianza eterna con su dotación asociada de espíritu inmortal. La salvación es la espiritualización de la autorrealización de la consciencia moral, que de ese modo llega a poseer valor de supervivencia. Todas las formas de conflicto del alma consisten en la falta de armonía entre la conciencia de sí moral, o espiritual, y la conciencia de sí puramente intelectual.
133:6.7«El alma humana, cuando ha madurado, se ha ennoblecido y se ha espiritualizado, se acerca a la condición celestial en cuanto llega casi a ser una entidad que media entre lo material y lo espiritual, entre el yo material y el espíritu divino. El alma en evolución de un ser humano es difícil de describir y más difícil de demostrar, porque no puede descubrirse por los métodos ni de la investigación material ni de la prueba espiritual. La ciencia material no puede demostrar la existencia de un alma, y tampoco puede hacerlo la pura prueba del espíritu. A pesar del fracaso tanto de la ciencia material como de los criterios espirituales para descubrir la existencia del alma humana, todo mortal moralmente consciente sabe de la existencia de su alma como una experiencia personal real y efectiva.»
7. La estancia en Chipre—Discurso sobre la mente
133:7.1Poco después los viajeros zarparon hacia Chipre, con escala en Rodas. Disfrutaron de la larga travesía por mar y llegaron a la isla de su destino muy descansados de cuerpo y renovados de espíritu.
133:7.2Su plan era disfrutar de un período de verdadero descanso y recreo en esta visita a Chipre, ya que su gira por el Mediterráneo se acercaba a su fin. Desembarcaron en Pafos y enseguida empezaron a reunir provisiones para una estancia de varias semanas en las montañas cercanas. Al tercer día de su llegada partieron hacia las colinas con sus animales de carga bien cargados.
133:7.3Durante dos semanas los tres lo pasaron muy bien, y entonces, sin previo aviso, el joven Ganid cayó gravemente enfermo de repente. Durante dos semanas sufrió una fiebre violenta, y a menudo deliraba; tanto Jesús como Gonod estuvieron ocupados atendiendo al muchacho enfermo. Jesús cuidó al muchacho con habilidad y ternura, y el padre se asombró tanto de la delicadeza como de la destreza que mostraba en todo su ministerio al joven afligido. Estaban lejos de los lugares habitados, y el muchacho estaba demasiado enfermo para trasladarlo; así que se prepararon lo mejor que pudieron para cuidarlo hasta que recobrara la salud allí mismo, en las montañas.
133:7.4Durante las tres semanas de convalecencia de Ganid, Jesús le contó muchas cosas interesantes sobre la naturaleza y sus diversos estados de ánimo. Y cuánto se divirtieron mientras recorrían las montañas, el muchacho haciendo preguntas, Jesús respondiéndolas y el padre maravillándose de todo aquello.
133:7.5La última semana de su estancia en las montañas, Jesús y Ganid tuvieron una larga charla sobre las funciones de la mente humana. Después de varias horas de discusión, el muchacho hizo esta pregunta: «Pero, Maestro, ¿qué quieres decir cuando dices que el hombre experimenta una forma más elevada de conciencia de sí que los animales superiores?» Y, tal como se expresa de nuevo en lenguaje moderno, Jesús respondió:
133:7.6Hijo mío, ya te he dicho mucho sobre la mente del hombre y el espíritu divino que vive en ella, pero ahora déjame recalcar que la conciencia de sí es una realidad. Cuando un animal llega a ser consciente de sí, se convierte en un hombre primitivo. Tal logro resulta de una coordinación de función entre la energía impersonal y la mente que concibe el espíritu, y es este fenómeno el que justifica el otorgamiento de un punto focal absoluto para la personalidad humana, el espíritu del Padre que está en el cielo.
133:7.7Las ideas no son simplemente un registro de sensaciones; las ideas son sensaciones más las interpretaciones reflexivas del yo personal; y el yo es más que la suma de las propias sensaciones. En una mismidad en evolución empieza a haber algo así como una aproximación a la unidad, y esa unidad se deriva de la presencia que mora en ella de una parte de la unidad absoluta, que activa espiritualmente a tal mente consciente de sí y de origen animal.
133:7.8Ningún simple animal podría poseer una conciencia de sí temporal. Los animales poseen una coordinación fisiológica del reconocimiento de sensaciones asociadas y de su memoria, pero ninguno experimenta un reconocimiento significativo de la sensación ni muestra una asociación intencional de estas experiencias físicas combinadas como la que se manifiesta en las conclusiones de las interpretaciones humanas inteligentes y reflexivas. Y este hecho de la existencia consciente de sí, asociado con la realidad de su experiencia espiritual posterior, hace del hombre un hijo potencial del universo y anuncia su consecución final de la Unidad Suprema del universo.
133:7.9Tampoco es el yo humano simplemente la suma de los estados sucesivos de conciencia. Sin el funcionamiento eficaz de un clasificador y asociador de la conciencia, no existiría la unidad suficiente para justificar la designación de una mismidad. Una mente tan poco unificada difícilmente podría alcanzar niveles conscientes de condición humana. Si las asociaciones de la conciencia fueran un simple accidente, las mentes de todos los hombres mostrarían entonces las asociaciones incontroladas y aleatorias de ciertas fases de la locura mental.
133:7.10Una mente humana construida únicamente a partir de la conciencia de las sensaciones físicas nunca podría alcanzar niveles espirituales; esta clase de mente material carecería por completo del sentido de los valores morales y no tendría un sentido orientador del predominio espiritual, que es tan esencial para lograr la unidad armoniosa de la personalidad en el tiempo, y que es inseparable de la supervivencia de la personalidad en la eternidad.
133:7.11La mente humana empieza pronto a manifestar cualidades que son supermateriales; el intelecto humano verdaderamente reflexivo no está del todo atado a los límites del tiempo. El hecho de que los individuos difieran tanto en lo que realizan en la vida indica no solo las diversas dotes de la herencia y las diferentes influencias del ambiente, sino también el grado de unificación con el espíritu del Padre que mora en él que el yo ha logrado, la medida de la identificación del uno con el otro.
133:7.12La mente humana no soporta bien el conflicto de una doble lealtad. Es una dura tensión para el alma pasar por la experiencia de intentar servir a la vez al bien y al mal. La mente supremamente feliz y eficazmente unificada es la que está dedicada por completo a hacer la voluntad del Padre que está en el cielo. Los conflictos no resueltos destruyen la unidad y pueden terminar en la desintegración de la mente. Pero el carácter de supervivencia de un alma no se fomenta intentando conseguir la paz mental a cualquier precio, renunciando a las aspiraciones nobles y transigiendo con los ideales espirituales; más bien, tal paz se alcanza mediante la firme afirmación del triunfo de lo que es verdadero, y esta victoria se logra al vencer el mal con la fuerza poderosa del bien.
133:7.13Al día siguiente partieron hacia Salamina, donde embarcaron para Antioquía, en la costa siria.
8. En Antioquía
133:8.1Antioquía era la capital de la provincia romana de Siria, y aquí tenía su residencia el gobernador imperial. Antioquía tenía medio millón de habitantes; era la tercera ciudad del imperio en tamaño y la primera en maldad e inmoralidad descarada. Gonod tenía bastantes negocios que tratar; así que Jesús y Ganid estuvieron mucho tiempo solos. Visitaron todo lo que había en esta ciudad políglota, excepto el bosque de Dafne. Gonod y Ganid visitaron este infame santuario de la vergüenza, pero Jesús se negó a acompañarlos. Tales escenas no resultaban tan escandalosas para los indios, pero eran repugnantes para un hebreo idealista.
133:8.2Jesús se volvió serio y reflexivo a medida que se acercaba a Palestina y al final de su viaje. Visitó a pocas personas en Antioquía; rara vez salía por la ciudad. Después de muchas preguntas sobre por qué su maestro mostraba tan poco interés por Antioquía, Ganid logró por fin que Jesús dijera: «Esta ciudad no está lejos de Palestina; quizá vuelva aquí algún día.»
133:8.3Ganid tuvo una experiencia muy interesante en Antioquía. Este joven había demostrado ser un alumno capaz y ya había empezado a hacer uso práctico de algunas de las enseñanzas de Jesús. Había cierto indio relacionado con el negocio de su padre en Antioquía que se había vuelto tan desagradable y descontento que se había considerado despedirlo. Cuando Ganid oyó esto, se fue al lugar de negocios de su padre y tuvo una larga conversación con su compatriota. Este hombre sentía que lo habían puesto en un trabajo que no le correspondía. Ganid le habló del Padre que está en el cielo y amplió de muchas maneras sus ideas sobre la religión. Pero de todo lo que dijo Ganid, lo que más bien hizo fue la cita de un proverbio hebreo, y esa palabra de sabiduría fue: «Todo lo que tu mano encuentre para hacer, hazlo con todas tus fuerzas.»
133:8.4Después de preparar su equipaje para la caravana de camellos, bajaron hasta Sidón y de allí pasaron a Damasco, y al cabo de tres días se dispusieron para la larga travesía por las arenas del desierto.
9. En Mesopotamia
133:9.1El viaje en caravana por el desierto no era una experiencia nueva para estos hombres que habían viajado tanto. Después de que Ganid vio a su maestro ayudar a cargar sus veinte camellos y lo observó ofrecerse para conducir su propio animal, exclamó: «Maestro, ¿hay algo que no puedas hacer?» Jesús solo sonrió y dijo: «Sin duda, el maestro no carece de honra a los ojos de un alumno diligente.» Y así partieron hacia la antigua ciudad de Ur.
133:9.2Jesús se interesó mucho por la historia temprana de Ur, el lugar de nacimiento de Abraham, y le fascinaron igualmente las ruinas y las tradiciones de Susa, tanto que Gonod y Ganid prolongaron tres semanas su estancia en esa región para dar a Jesús más tiempo para hacer sus investigaciones y también para tener una mejor oportunidad de persuadirlo de que volviera con ellos a la India.
133:9.3Fue en Ur donde Ganid tuvo una larga charla con Jesús sobre la diferencia entre el conocimiento, la sabiduría y la verdad. Y le encantó mucho el dicho del sabio hebreo: «La sabiduría es lo principal; por eso, adquiere sabiduría. Con toda tu búsqueda de conocimiento, adquiere entendimiento. Exalta la sabiduría y ella te elevará. Ella te llevará a la honra si tan solo la abrazas.»
133:9.4Por fin llegó el día de la separación. Todos fueron valientes, en especial el muchacho, pero fue una prueba dura. Tenían lágrimas en los ojos, pero valor en el corazón. Al despedirse de su maestro, Ganid dijo: «Adiós, Maestro, pero no para siempre. Cuando vuelva a Damasco, te buscaré. Te quiero, porque pienso que el Padre que está en el cielo debe de ser algo parecido a ti; al menos sé que tú te pareces mucho a lo que me has contado de él. Recordaré tu enseñanza, pero sobre todo, nunca te olvidaré.» El padre dijo: «Adiós a un gran maestro, uno que nos ha hecho mejores y nos ha ayudado a conocer a Dios.» Y Jesús respondió: «La paz sea con ustedes, y que la bendición del Padre que está en el cielo permanezca siempre con ustedes.» Y Jesús se quedó en la orilla y observó mientras el pequeño bote los llevaba hasta su barco anclado. Así dejó el Maestro a sus amigos de la India en Cárax, para no volver a verlos en este mundo; ni ellos, en este mundo, llegarían a saber nunca que el hombre que más tarde apareció como Jesús de Nazaret era este mismo amigo del que acababan de despedirse—Josué, su maestro.
133:9.5En la India, Ganid llegó a ser un hombre influyente, un digno sucesor de su eminente padre, y difundió por todas partes muchas de las nobles verdades que había aprendido de Jesús, su amado maestro. Más adelante en su vida, cuando Ganid oyó hablar del extraño maestro de Palestina que terminó su carrera en una cruz, aunque reconoció la semejanza entre el evangelio de este Hijo del Hombre y las enseñanzas de su tutor judío, nunca se le ocurrió que estos dos fueran en realidad la misma persona.
133:9.6Así terminó ese capítulo de la vida del Hijo del Hombre que podría titularse: La misión de Josué el maestro.