Parte IV · Documento 132
La estancia en Roma
132:0.1COMO Gonod llevaba saludos de los príncipes de la India para Tiberio, el gobernante romano, al tercer día de su llegada a Roma los dos indios y Jesús se presentaron ante él. El taciturno emperador estaba inusualmente alegre ese día y conversó largo rato con los tres. Y cuando se retiraron de su presencia, el emperador, refiriéndose a Jesús, le comentó al ayudante que estaba a su derecha: «Si yo tuviera el porte regio y los modales afables de ese hombre, sería un verdadero emperador, ¿eh?».
132:0.2Mientras estaban en Roma, Ganid tenía horas fijas para estudiar y para visitar lugares de interés de la ciudad. Su padre tenía muchos negocios que tratar, y como deseaba que su hijo creciera hasta llegar a ser un digno sucesor en la gestión de sus vastos intereses comerciales, pensó que había llegado el momento de introducir al muchacho en el mundo de los negocios. Había muchos ciudadanos de la India en Roma, y a menudo uno de los propios empleados de Gonod lo acompañaba como intérprete, de modo que Jesús tenía días enteros para sí; esto le dio tiempo para conocer a fondo esta ciudad de dos millones de habitantes. Con frecuencia se le podía encontrar en el foro, el centro de la vida política, jurídica y comercial. A menudo subía al Capitolio y meditaba sobre la servidumbre de la ignorancia en que vivían estos romanos, mientras contemplaba aquel magnífico templo dedicado a Júpiter, Juno y Minerva. También pasaba mucho tiempo en el monte Palatino, donde se encontraban la residencia del emperador, el templo de Apolo y las bibliotecas griega y latina.
132:0.3Por aquel entonces el Imperio romano comprendía todo el sur de Europa, Asia Menor, Siria, Egipto y el noroeste de África; y entre sus habitantes había ciudadanos de todos los países del hemisferio oriental. Su deseo de estudiar esta aglomeración cosmopolita de mortales de Urantia y de mezclarse con ella fue la razón principal por la que Jesús consintió en hacer este viaje.
132:0.4Jesús aprendió mucho sobre los hombres mientras estuvo en Roma, pero la más valiosa de todas las múltiples experiencias de su estancia de seis meses en esa ciudad fue su contacto con los líderes religiosos de la capital del imperio y su influencia sobre ellos. Antes de terminar la primera semana en Roma, Jesús ya había buscado y conocido a los líderes de valía de los cínicos, de los estoicos y de los cultos mistéricos, en particular del grupo mitraico. Fuera o no evidente para Jesús que los judíos iban a rechazar su misión, sin duda alguna previó que sus mensajeros vendrían pronto a Roma a proclamar el reino de los cielos; y por eso se dispuso, de la manera más asombrosa, a preparar el camino para una recepción mejor y más segura de su mensaje. Eligió a cinco de los principales estoicos, a once de los cínicos y a dieciséis de los líderes de los cultos mistéricos, y durante casi seis meses dedicó gran parte de su tiempo libre a una relación íntima con estos maestros religiosos. Y este era su método de enseñanza: ni una sola vez atacó sus errores, ni mencionó siquiera los defectos de sus enseñanzas. En cada caso escogía la verdad que había en lo que enseñaban y luego procedía a embellecer e iluminar esa verdad en sus mentes de tal manera que en muy poco tiempo este realce de la verdad desplazaba eficazmente al error asociado; y así estos hombres y mujeres instruidos por Jesús quedaron preparados para reconocer más tarde otras verdades semejantes en las enseñanzas de los primeros misioneros cristianos. Fue esta temprana aceptación de las enseñanzas de los predicadores del evangelio lo que dio aquel poderoso impulso a la rápida difusión del cristianismo en Roma y, desde allí, por todo el imperio.
132:0.5El significado de esta notable labor se puede comprender mejor cuando dejamos constancia del hecho de que, de este grupo de treinta y dos líderes religiosos de Roma instruidos por Jesús, solo dos no dieron fruto; los treinta llegaron a ser personas clave en el establecimiento del cristianismo en Roma, y algunos de ellos también ayudaron a convertir el principal templo mitraico en la primera iglesia cristiana de esa ciudad. Nosotros, que observamos las actividades humanas desde detrás de la escena y a la luz de diecinueve siglos de tiempo, reconocemos solo tres factores de valor primordial en la temprana preparación del escenario para la rápida difusión del cristianismo por toda Europa, y son los siguientes:
132:0.61. La elección de Simón Pedro como apóstol y el hecho de conservarlo como tal.
132:0.72. La conversación en Jerusalén con Esteban, cuya muerte llevó a ganar a Saulo de Tarso.
132:0.83. La preparación preliminar de estos treinta romanos para su posterior liderazgo de la nueva religión en Roma y en todo el imperio.
132:0.9A lo largo de todas sus experiencias, ni Esteban ni los treinta elegidos se dieron cuenta nunca de que una vez habían hablado con el hombre cuyo nombre llegó a ser el tema de su enseñanza religiosa. La labor de Jesús en favor de los treinta y dos originales fue enteramente personal. En sus trabajos con estas personas, el escriba de Damasco nunca se reunió con más de tres de ellos a la vez, rara vez con más de dos, y la mayoría de las veces les enseñaba de uno en uno. Y pudo realizar esta gran obra de formación religiosa porque estos hombres y mujeres no estaban atados a la tradición; no eran víctimas de una idea preconcebida y fija acerca de todos los desarrollos religiosos futuros.
132:0.10Muchas fueron las veces, en los años que tan pronto iban a seguir, en que Pedro, Pablo y los demás maestros cristianos de Roma oyeron hablar de este escriba de Damasco que los había precedido y que tan evidentemente (y, según suponían, sin saberlo) había preparado el camino para su llegada con el nuevo evangelio. Aunque Pablo nunca llegó a sospechar de verdad la identidad de este escriba de Damasco, poco antes de su muerte sí llegó, por la semejanza de las descripciones personales, a la conclusión de que el «fabricante de tiendas de Antioquía» era también el «escriba de Damasco». En una ocasión, mientras predicaba en Roma, Simón Pedro, al escuchar una descripción del escriba de Damasco, supuso que esa persona podría haber sido Jesús, pero desechó rápidamente la idea, pues sabía muy bien (según creía) que el Maestro nunca había estado en Roma.
1. Los verdaderos valores
132:1.1Fue con Angamon, el líder de los estoicos, con quien Jesús tuvo una conversación que duró toda la noche, al principio de su estancia en Roma. Este hombre llegó a ser después un gran amigo de Pablo y resultó ser uno de los firmes sostenedores de la iglesia cristiana de Roma. En sustancia, y expresado de nuevo en lenguaje moderno, Jesús le enseñó a Angamon:
132:1.2La norma de los verdaderos valores debe buscarse en el mundo espiritual y en los niveles divinos de la realidad eterna. Para un mortal ascendente, todas las normas inferiores y materiales deben reconocerse como pasajeras, parciales e inferiores. El científico, como tal, se limita a descubrir la relación entre los hechos materiales. Técnicamente, no tiene derecho a afirmar que es materialista o idealista, pues al hacerlo ha pretendido abandonar la actitud de un verdadero científico, ya que todas y cada una de esas afirmaciones de actitud son la esencia misma de la filosofía.
132:1.3A menos que el discernimiento moral y la consecución espiritual de la humanidad aumenten en la misma proporción, el avance ilimitado de una cultura puramente materialista puede llegar a ser con el tiempo una amenaza para la civilización. Una ciencia puramente materialista alberga en sí misma la semilla potencial de la destrucción de todo esfuerzo científico, pues esta misma actitud presagia el colapso final de una civilización que ha abandonado su sentido de los valores morales y ha repudiado su meta espiritual de consecución.
132:1.4El científico materialista y el idealista extremo están destinados a estar siempre enfrentados. Esto no ocurre con los científicos e idealistas que poseen una norma común de valores morales elevados y de niveles espirituales de prueba. En todas las épocas, los científicos y los religionistas deben reconocer que están sometidos a juicio ante el tribunal de la necesidad humana. Deben evitar toda guerra entre ellos mientras se esfuerzan valientemente por justificar su supervivencia continuada mediante una mayor dedicación al servicio del progreso humano. Si la llamada ciencia o religión de cualquier época es falsa, entonces debe purificar sus actividades o desaparecer ante el surgimiento de una ciencia material o de una religión espiritual de un orden más verdadero y más digno.
2. El bien y el mal
132:2.1Mardus era el líder reconocido de los cínicos de Roma, y llegó a ser un gran amigo del escriba de Damasco. Día tras día conversaba con Jesús, y noche tras noche escuchaba su enseñanza celestial. Entre las conversaciones más importantes con Mardus estuvo la que tenía por objeto responder a la pregunta de este sincero cínico acerca del bien y del mal. En sustancia, y en lenguaje del siglo veinte, Jesús dijo:
132:2.2Hermano mío, el bien y el mal son meramente palabras que simbolizan niveles relativos de la comprensión humana del universo observable. Si eres éticamente perezoso y socialmente indiferente, puedes tomar como norma del bien los usos sociales vigentes. Si eres espiritualmente indolente y moralmente estancado, puedes tomar como normas del bien las prácticas y tradiciones religiosas de tus contemporáneos. Pero el alma que sobrevive al tiempo y emerge en la eternidad debe hacer una elección viva y personal entre el bien y el mal, tal como los determinan los verdaderos valores de las normas espirituales establecidas por el espíritu divino que el Padre que está en el cielo ha enviado a morar en el corazón del hombre. Este espíritu que mora en el interior es la norma de la supervivencia de la personalidad.
132:2.3La bondad, como la verdad, es siempre relativa e indefectiblemente contrastada con el mal. Es la percepción de estas cualidades de la bondad y de la verdad lo que permite a las almas en evolución de los hombres tomar esas decisiones personales de elección que son esenciales para la supervivencia eterna.
132:2.4La persona espiritualmente ciega que sigue lógicamente los dictados de la ciencia, los usos sociales y los dogmas religiosos corre el grave peligro de sacrificar su libertad moral y de perder su libertad espiritual. Un alma así está destinada a convertirse en un loro intelectual, un autómata social y un esclavo de la autoridad religiosa.
132:2.5La bondad crece siempre hacia nuevos niveles de la libertad creciente de la autorrealización moral y de la consecución de la personalidad espiritual —el descubrimiento del Ajustador que mora en el interior y la identificación con él. Una experiencia es buena cuando eleva la apreciación de la belleza, aumenta la voluntad moral, realza el discernimiento de la verdad, amplía la capacidad de amar y servir a los semejantes, exalta los ideales espirituales y unifica los supremos motivos humanos del tiempo con los planes eternos del Ajustador que mora en el interior, todo lo cual conduce directamente a un mayor deseo de hacer la voluntad del Padre, y fomenta así la pasión divina de encontrar a Dios y de ser más semejante a él.
132:2.6A medida que asciendas en la escala universal del desarrollo de las criaturas, encontrarás una bondad creciente y un mal decreciente, en perfecta concordancia con tu capacidad para la experiencia de la bondad y el discernimiento de la verdad. La capacidad de albergar el error o de experimentar el mal no se perderá por completo hasta que el alma humana ascendente alcance los niveles espirituales finales.
132:2.7La bondad es viva, relativa, siempre progresiva, invariablemente una experiencia personal y eternamente correlacionada con el discernimiento de la verdad y de la belleza. La bondad se encuentra en el reconocimiento de los valores-verdad positivos del nivel espiritual, que en la experiencia humana deben contrastarse con su contrapartida negativa —las sombras del mal potencial.
132:2.8Hasta que alcances los niveles del Paraíso, la bondad será siempre más una búsqueda que una posesión, más una meta que una experiencia de consecución. Pero aun mientras tienes hambre y sed de rectitud, experimentas una satisfacción creciente en la consecución parcial de la bondad. La presencia de la bondad y del mal en el mundo es en sí misma una prueba positiva de la existencia y de la realidad de la voluntad moral del hombre, la personalidad, que así identifica estos valores y también es capaz de elegir entre ellos.
132:2.9Para cuando se alcanza el Paraíso, la capacidad del mortal ascendente para identificar el yo con los verdaderos valores espirituales se ha ampliado tanto que da como resultado la consecución de la perfección de la posesión de la luz de la vida. Una personalidad espiritual así perfeccionada llega a estar tan plena, divina y espiritualmente unificada con las cualidades positivas y supremas de la bondad, la belleza y la verdad, que no queda ninguna posibilidad de que un espíritu tan recto proyecte una sombra negativa de mal potencial cuando se expone a la luminosidad escrutadora de la luz divina de los Gobernantes infinitos del Paraíso. En todas esas personalidades espirituales, la bondad ya no es parcial, contrastiva ni comparativa; ha llegado a ser divinamente completa y espiritualmente plena; se acerca a la pureza y a la perfección del Supremo.
132:2.10La posibilidad del mal es necesaria para la elección moral, pero no su realidad en acto. Una sombra es solo relativamente real. El mal en acto no es necesario como experiencia personal. El mal potencial actúa igualmente bien como estímulo para decidir en los dominios del progreso moral en los niveles inferiores del desarrollo espiritual. El mal se convierte en una realidad de la experiencia personal solo cuando una mente moral hace del mal su elección.
3. La verdad y la fe
132:3.1Nabon era un judío griego y el primero entre los líderes del principal culto mistérico de Roma, el mitraico. Aunque este sumo sacerdote del mitraísmo tuvo muchas conversaciones con el escriba de Damasco, lo que influyó en él de manera más permanente fue la conversación que tuvieron una noche sobre la verdad y la fe. Nabon había pensado convertir a Jesús e incluso le había sugerido que regresara a Palestina como maestro mitraico. Poco se imaginaba que Jesús lo estaba preparando para llegar a ser uno de los primeros conversos al evangelio del reino. Expresada de nuevo en lenguaje moderno, la sustancia de la enseñanza de Jesús fue:
132:3.2La verdad no puede definirse con palabras, solo viviendo. La verdad es siempre más que el conocimiento. El conocimiento se refiere a las cosas observadas, pero la verdad trasciende esos niveles puramente materiales, ya que se une a la sabiduría y abarca imponderables como la experiencia humana, e incluso realidades espirituales y vivas. El conocimiento se origina en la ciencia; la sabiduría, en la verdadera filosofía; la verdad, en la experiencia religiosa de la vida espiritual. El conocimiento trata de los hechos; la sabiduría, de las relaciones; la verdad, de los valores de la realidad.
132:3.3El hombre tiende a cristalizar la ciencia, a formular la filosofía y a dogmatizar la verdad porque es mentalmente perezoso para adaptarse a las luchas progresivas de la vida, y además tiene un miedo terrible a lo desconocido. El hombre natural es lento para iniciar cambios en sus hábitos de pensamiento y en sus técnicas de vida.
132:3.4La verdad revelada, la verdad descubierta personalmente, es el supremo deleite del alma humana; es la creación conjunta de la mente material y del espíritu que mora en el interior. La salvación eterna de esta alma que discierne la verdad y ama la belleza está asegurada por esa hambre y sed de bondad que lleva a este mortal a desarrollar una unidad de propósito para hacer la voluntad del Padre, para encontrar a Dios y llegar a ser como él. Nunca hay conflicto entre el verdadero conocimiento y la verdad. Puede haber conflicto entre el conocimiento y las creencias humanas, creencias teñidas de prejuicio, distorsionadas por el miedo y dominadas por el temor a afrontar nuevos hechos del descubrimiento material o del progreso espiritual.
132:3.5Pero la verdad nunca puede llegar a ser posesión del hombre sin el ejercicio de la fe. Esto es así porque los pensamientos, la sabiduría, la ética y los ideales del hombre nunca se elevarán por encima de su fe, de su sublime esperanza. Y toda fe verdadera de este tipo se basa en una reflexión profunda, una autocrítica sincera y una consciencia moral sin concesiones. La fe es la inspiración de la imaginación creativa espiritizada.
132:3.6La fe actúa para liberar las actividades sobrehumanas de la chispa divina, el germen inmortal, que vive en la mente del hombre y que es el potencial de la supervivencia eterna. Las plantas y los animales sobreviven en el tiempo mediante la técnica de transmitir de una generación a otra partículas idénticas de sí mismos. El alma humana (personalidad) del hombre sobrevive a la muerte mortal mediante la asociación de identidad con esta chispa de divinidad que mora en el interior, que es inmortal y que funciona para perpetuar la personalidad humana en un nivel continuo y más elevado de existencia progresiva en el universo. La semilla oculta del alma humana es un espíritu inmortal. La segunda generación del alma es la primera de una sucesión de manifestaciones de la personalidad de existencias espirituales y progresivas, que solo termina cuando esta entidad divina alcanza la fuente de su existencia, la fuente personal de toda existencia, Dios, el Padre Universal.
132:3.7La vida humana continúa —sobrevive— porque tiene una función en el universo, la tarea de encontrar a Dios. El alma del hombre, activada por la fe, no puede detenerse antes de alcanzar esta meta del destino; y una vez que alcanza esta meta divina, nunca puede terminar, porque ha llegado a ser como Dios —eterna.
132:3.8La evolución espiritual es una experiencia de la elección creciente y voluntaria de la bondad, acompañada de una disminución igual y progresiva de la posibilidad del mal. Con la consecución de la finalidad de elección por la bondad y de la capacidad completa de apreciar la verdad, llega a existir una perfección de belleza y santidad cuya rectitud impide eternamente la posibilidad de que surja siquiera el concepto del mal potencial. Un alma así, que conoce a Dios, no proyecta ninguna sombra de mal dubitativo cuando funciona en un nivel espiritual tan alto de bondad divina.
132:3.9La presencia del espíritu del Paraíso en la mente del hombre constituye la promesa de la revelación y la garantía de la fe de una existencia eterna de progresión divina para toda alma que busca alcanzar la identidad con este fragmento espiritual inmortal del Padre Universal que mora en su interior.
132:3.10El progreso en el universo se caracteriza por una libertad creciente de la personalidad, porque está asociado con la consecución progresiva de niveles cada vez más elevados de autocomprensión y de la consiguiente autorrestricción voluntaria. La consecución de la perfección de la autorrestricción espiritual equivale a la plenitud de la libertad universal y de la libertad personal. La fe fomenta y sostiene el alma del hombre en medio de la confusión de su orientación inicial en un universo tan vasto, mientras que la oración llega a ser la gran unificadora de las diversas inspiraciones de la imaginación creativa y de los impulsos de fe de un alma que trata de identificarse con los ideales espirituales de la presencia divina que mora en ella y que está asociada a ella.
132:3.11Nabon quedó muy impresionado por estas palabras, como lo quedaba con cada una de sus conversaciones con Jesús. Estas verdades siguieron ardiendo en su corazón, y fue de gran ayuda para los predicadores del evangelio de Jesús que llegaron más tarde.
4. El ministerio personal
132:4.1Jesús no dedicó todo su tiempo libre en Roma a esta labor de preparar a hombres y mujeres para que llegaran a ser futuros discípulos en el reino venidero. Pasó mucho tiempo adquiriendo un conocimiento íntimo de todas las razas y clases de hombres que vivían en esta, la ciudad más grande y más cosmopolita del mundo. En cada uno de estos numerosos contactos humanos Jesús tenía un doble propósito: deseaba conocer sus reacciones ante la vida que vivían en la carne, y también estaba dispuesto a decir o hacer algo para que esa vida fuera más rica y valiera más la pena. Sus enseñanzas religiosas durante estas semanas no fueron distintas de las que caracterizaron su vida posterior como maestro de los doce y predicador de las multitudes.
132:4.2El tema constante de su mensaje era siempre este: el hecho del amor del Padre celestial y la verdad de su misericordia, junto con la buena nueva de que el hombre es un hijo por la fe de este mismo Dios de amor. La técnica habitual de Jesús en el contacto social era hacer que la gente se abriera y conversara con él haciéndoles preguntas. La entrevista solía comenzar con preguntas de él y terminar con preguntas de ellos. Era igualmente hábil para enseñar haciendo preguntas o respondiéndolas. Por regla general, a quienes más enseñaba, menos les decía. Los que más provecho sacaban de su ministerio personal eran mortales agobiados, ansiosos y abatidos, que obtenían mucho alivio gracias a la oportunidad de desahogar el alma ante un oyente comprensivo y lleno de simpatía, y él era todo eso y más. Y cuando estos seres humanos inadaptados le habían contado a Jesús sus problemas, siempre podía ofrecerles sugerencias prácticas e inmediatamente útiles para corregir sus dificultades reales, aunque no dejaba de pronunciar palabras de consuelo presente y de alivio inmediato. E invariablemente les hablaba a estos mortales afligidos del amor de Dios y les comunicaba, por métodos variados y diversos, que eran hijos de este Padre amoroso que está en los cielos.
132:4.3De esta manera, durante la estancia en Roma, Jesús entró personalmente en contacto afectuoso y edificante con más de quinientos mortales del mundo. Así adquirió un conocimiento de las diferentes razas de la humanidad que nunca podría haber adquirido en Jerusalén y apenas siquiera en Alejandría. Siempre consideró estos seis meses como uno de los períodos más ricos e instructivos de su vida en la tierra.
132:4.4Como era de esperar, un hombre tan versátil y emprendedor no podía actuar así durante seis meses en la metrópoli del mundo sin que se le acercaran numerosas personas que deseaban obtener sus servicios para algún negocio o, más a menudo, para algún proyecto de enseñanza, de reforma social o de movimiento religioso. Se le hicieron más de una docena de ofrecimientos de este tipo, y aprovechó cada uno como una oportunidad para transmitir algún pensamiento de ennoblecimiento espiritual mediante palabras bien escogidas o mediante algún servicio amable. A Jesús le gustaba mucho hacer cosas —incluso cosas pequeñas— por toda clase de personas.
132:4.5Habló con un senador romano sobre política y arte de gobernar, y este único contacto con Jesús causó tal impresión en este legislador que pasó el resto de su vida tratando en vano de convencer a sus colegas de que cambiaran el rumbo de la política gobernante, de la idea de que el gobierno sostenga y alimente al pueblo a la de que el pueblo sostenga al gobierno. Jesús pasó una velada con un rico propietario de esclavos, habló del hombre como hijo de Dios, y al día siguiente este hombre, Claudio, dio la libertad a ciento diecisiete esclavos. Compartió una cena con un médico griego, al que le dijo que sus pacientes tenían mente y alma además de cuerpo, y así llevó a este hábil médico a intentar un ministerio de mayor alcance hacia sus semejantes. Habló con toda clase de personas de todos los ámbitos de la vida. El único lugar de Roma que no visitó fueron los baños públicos. Se negó a acompañar a sus amigos a los baños debido a la promiscuidad sexual que allí reinaba.
132:4.6A un soldado romano, mientras caminaban a lo largo del Tíber, le dijo: «Sé valiente de corazón tanto como de mano. Atrévete a hacer justicia y sé lo bastante grande para mostrar misericordia. Obliga a tu naturaleza inferior a obedecer a tu naturaleza superior como tú obedeces a tus superiores. Venera la bondad y exalta la verdad. Escoge lo bello en lugar de lo feo. Ama a tus semejantes y tiende hacia Dios con todo tu corazón, porque Dios es tu Padre que está en el cielo».
132:4.7Al orador del foro le dijo: «Tu elocuencia es grata, tu lógica es admirable, tu voz es agradable, pero tu enseñanza apenas es verdadera. Si tan solo pudieras disfrutar de la satisfacción inspiradora de conocer a Dios como tu Padre espiritual, entonces podrías emplear tus dotes de palabra para liberar a tus semejantes de la servidumbre de las tinieblas y de la esclavitud de la ignorancia». Este era el Marco que oyó predicar a Pedro en Roma y llegó a ser su sucesor. Cuando crucificaron a Simón Pedro, fue este hombre quien desafió a los perseguidores romanos y siguió predicando con valentía el nuevo evangelio.
132:4.8Al encontrarse con un hombre pobre que había sido acusado falsamente, Jesús fue con él ante el magistrado y, tras recibir un permiso especial para comparecer en su favor, pronunció aquel magnífico discurso en el curso del cual dijo: «La justicia engrandece a una nación, y cuanto más grande es una nación, más se preocupará de que la injusticia no alcance ni siquiera a su ciudadano más humilde. ¡Ay de la nación en la que solo los que poseen dinero e influencia pueden obtener una justicia rápida ante sus tribunales! Es deber sagrado de un magistrado absolver al inocente tanto como castigar al culpable. De la imparcialidad, la equidad y la integridad de sus tribunales depende la permanencia de una nación. El gobierno civil se funda en la justicia, así como la verdadera religión se funda en la misericordia». El juez reabrió el caso y, cuando se examinaron las pruebas, dejó en libertad al preso. De todas las actividades de Jesús durante estos días de ministerio personal, esta fue la que más se acercó a una aparición pública.
5. Consejos al hombre rico
132:5.1Cierto hombre rico, ciudadano romano y estoico, se interesó mucho en la enseñanza de Jesús, tras haberle sido presentado por Angamon. Después de muchas conversaciones íntimas, este ciudadano adinerado le preguntó a Jesús qué haría él con la riqueza si la tuviera, y Jesús le respondió: «Otorgaría la riqueza material para el mejoramiento de la vida material, así como ministraría conocimiento, sabiduría y servicio espiritual para el enriquecimiento de la vida intelectual, el ennoblecimiento de la vida social y el avance de la vida espiritual. Administraría la riqueza material como un custodio sabio y eficaz de los recursos de una generación, para el beneficio y el ennoblecimiento de la generación siguiente y de las que vengan después».
132:5.2Pero el hombre rico no quedó del todo satisfecho con la respuesta de Jesús. Se atrevió a preguntar de nuevo: «Pero ¿qué crees que debería hacer con su riqueza un hombre en mi posición? ¿Debería conservarla o debería regalarla?». Y cuando Jesús percibió que realmente deseaba saber más de la verdad acerca de su lealtad a Dios y de su deber hacia los hombres, le respondió además: «Mi buen amigo, percibo que eres un sincero buscador de la sabiduría y un honrado amante de la verdad; por eso estoy dispuesto a exponerte mi punto de vista sobre la solución de tus problemas relacionados con las responsabilidades de la riqueza. Hago esto porque me has pedido consejo, y al darte este consejo no me ocupo de la riqueza de ningún otro hombre rico; te ofrezco consejo solo a ti y para tu orientación personal. Si de verdad deseas considerar tu riqueza como un cargo de confianza, si realmente quieres llegar a ser un administrador sabio y eficiente de tu riqueza acumulada, entonces te aconsejaría que hicieras el siguiente análisis de las fuentes de tus riquezas: pregúntate, y haz todo lo posible por encontrar la respuesta honrada, ¿de dónde vino esta riqueza? Y como ayuda en el estudio de las fuentes de tu gran fortuna, te sugeriría que tuvieras presentes los diez métodos diferentes de amasar riqueza material que siguen:
132:5.3«1. Riqueza heredada —riquezas que provienen de los padres y de otros antepasados.
132:5.4«2. Riqueza descubierta —riquezas que provienen de los recursos no cultivados de la madre tierra.
132:5.5«3. Riqueza comercial —riquezas obtenidas como ganancia justa en el intercambio y el trueque de bienes materiales.
132:5.6«4. Riqueza injusta —riquezas que provienen de la explotación injusta o de la esclavización de los semejantes.
132:5.7«5. Riqueza de intereses —ingresos que provienen de las posibilidades de ganancia equitativas y justas del capital invertido.
132:5.8«6. Riqueza del genio —riquezas que provienen de las recompensas de los dones creativos e inventivos de la mente humana.
132:5.9«7. Riqueza accidental —riquezas que provienen de la generosidad de los semejantes o que tienen su origen en las circunstancias de la vida.
132:5.10«8. Riqueza robada —riquezas obtenidas mediante la injusticia, la deshonestidad, el robo o el fraude.
132:5.11«9. Fondos en custodia —riqueza depositada en tus manos por tus semejantes para algún uso específico, ahora o en el futuro.
132:5.12«10. Riqueza ganada —riquezas que provienen directamente de tu propio trabajo personal, la recompensa equitativa y justa de tus propios esfuerzos diarios de mente y cuerpo.
132:5.13«Así pues, amigo mío, si quieres ser un administrador fiel y justo de tu gran fortuna, ante Dios y al servicio de los hombres, debes dividir aproximadamente tu riqueza en estas diez grandes categorías y luego proceder a administrar cada parte de acuerdo con la interpretación sabia y honrada de las leyes de la justicia, de lo equitativo, de la equidad y de la verdadera eficiencia; aunque el Dios del cielo no te condenaría si a veces te equivocaras, en situaciones dudosas, del lado de una consideración misericordiosa y desinteresada hacia la aflicción de las víctimas que sufren las desafortunadas circunstancias de la vida mortal. Cuando tengas una duda honrada acerca de lo equitativo y lo justo de las situaciones materiales, que tus decisiones favorezcan a los necesitados, que favorezcan a los que sufren la desgracia de penurias inmerecidas».
132:5.14Después de tratar estos asuntos durante varias horas, y en respuesta a la petición del hombre rico de una instrucción adicional y más detallada, Jesús pasó a ampliar su consejo, y dijo en sustancia: «Mientras te ofrezco nuevas sugerencias acerca de tu actitud hacia la riqueza, te exhorto a que recibas mi consejo como dado solo a ti y para tu orientación personal. Hablo solo por mí mismo y a ti como a un amigo que pregunta. Te pido encarecidamente que no te conviertas en un dictador sobre cómo deben considerar su riqueza otros hombres ricos. Te aconsejaría:
132:5.15«1. Como administrador de una riqueza heredada, debes considerar sus fuentes. Tienes la obligación moral de representar a la generación pasada en la transmisión honrada de la riqueza legítima a las generaciones siguientes, después de descontar una parte justa en beneficio de la generación presente. Pero no estás obligado a perpetuar ninguna deshonestidad o injusticia que haya intervenido en la acumulación injusta de la riqueza por parte de tus antepasados. Cualquier parte de tu riqueza heredada que resulte haber provenido del fraude o de la injusticia, puedes distribuirla de acuerdo con tus convicciones de justicia, generosidad y restitución. El resto de tu riqueza heredada legítima puedes usarlo de manera equitativa y transmitirlo con seguridad como custodio de una generación para otra. Un discernimiento sabio y un juicio sólido deben dictar tus decisiones en cuanto al legado de riquezas a tus sucesores.
132:5.16«2. Todo el que disfruta de una riqueza como resultado de un descubrimiento debe recordar que un individuo solo puede vivir en la tierra una breve temporada y debe, por tanto, tomar las medidas adecuadas para que el mayor número posible de sus semejantes comparta estos descubrimientos de maneras provechosas. Aunque al descubridor no se le debe negar toda recompensa por sus esfuerzos de descubrimiento, tampoco debe pretender egoístamente reclamar para sí todas las ventajas y bendiciones que se derivan de sacar a la luz los recursos acumulados de la naturaleza.
132:5.17«3. Mientras los hombres elijan llevar los negocios del mundo mediante el comercio y el trueque, tienen derecho a una ganancia justa y legítima. Todo comerciante merece un salario por sus servicios; el mercader tiene derecho a su paga. La equidad del comercio y el trato honrado que se da a los semejantes en los negocios organizados del mundo crean muchas clases diferentes de riqueza de ganancias, y todas estas fuentes de riqueza deben juzgarse por los más altos principios de justicia, honradez y equidad. El comerciante honrado no debe dudar en tomar la misma ganancia que él concedería con gusto a su colega comerciante en una transacción similar. Aunque esta clase de riqueza no es idéntica a los ingresos ganados individualmente cuando los negocios se llevan a cabo a gran escala, al mismo tiempo esa riqueza acumulada honradamente le otorga a su poseedor un derecho considerable a tener voz en su distribución posterior.
132:5.18«4. Ningún mortal que conoce a Dios y busca hacer la voluntad divina puede rebajarse a participar en las opresiones de la riqueza. Ningún hombre noble se esforzará por acumular riquezas y amasar el poder de la riqueza mediante la esclavización o la explotación injusta de sus hermanos en la carne. Las riquezas son una maldición moral y un estigma espiritual cuando provienen del sudor del hombre mortal oprimido. Toda riqueza de este tipo debe ser devuelta a quienes han sido así despojados, o a sus hijos y a los hijos de sus hijos. No se puede construir una civilización duradera sobre la práctica de defraudar al trabajador en su salario.
132:5.19«5. La riqueza honrada tiene derecho a interés. Mientras los hombres pidan prestado y presten, se puede cobrar lo que sea un interés justo, siempre que el capital prestado fuera riqueza legítima. Purifica primero tu capital antes de reclamar el interés. No te vuelvas tan mezquino y codicioso que llegues a rebajarte a la práctica de la usura. Nunca te permitas ser tan egoísta como para emplear el poder del dinero a fin de obtener una ventaja injusta sobre tus semejantes que luchan. No cedas a la tentación de cobrar usura a tu hermano que está en apuros económicos.
132:5.20«6. Si llegas a obtener riqueza por vuelos del genio, si tus riquezas provienen de las recompensas de un don inventivo, no reclames una parte injusta de esas recompensas. El genio debe algo tanto a sus antepasados como a su descendencia; asimismo tiene una obligación con la raza, la nación y las circunstancias de sus descubrimientos inventivos; también debe recordar que fue como hombre entre los hombres como trabajó y llevó a cabo sus invenciones. Sería igualmente injusto privar al genio de todo su incremento de riqueza. Y siempre será imposible que los hombres establezcan reglas y normas aplicables por igual a todos estos problemas de la distribución equitativa de la riqueza. Primero debes reconocer al hombre como tu hermano, y si deseas honradamente hacer por él lo que quisieras que él hiciera por ti, los dictados comunes de la justicia, la honradez y la equidad te guiarán en la solución justa e imparcial de cada problema recurrente de las recompensas económicas y de la justicia social.
132:5.21«7. Salvo por los honorarios justos y legítimos ganados en la administración, ningún hombre debe reclamar personalmente la riqueza que el tiempo y el azar hagan caer en sus manos. Las riquezas accidentales deben considerarse en cierto modo como un cargo de confianza que se ha de emplear en beneficio del propio grupo social o económico. A los poseedores de tal riqueza se les debe conceder la voz principal en la determinación de la distribución sabia y eficaz de esos recursos no ganados. El hombre civilizado no siempre considerará todo lo que controla como posesión personal y privada suya.
132:5.22«8. Si alguna parte de tu fortuna se ha obtenido a sabiendas mediante el fraude; si algo de tu riqueza se ha acumulado mediante prácticas deshonestas o métodos injustos; si tus riquezas son el producto de tratos injustos con tus semejantes, apresúrate a devolver todas estas ganancias mal habidas a sus legítimos dueños. Repara plenamente el daño y limpia así tu fortuna de todas las riquezas deshonestas.
132:5.23«9. La custodia de la riqueza de una persona en beneficio de otras es una responsabilidad solemne y sagrada. No arriesgues ni pongas en peligro ese cargo de confianza. Toma para ti de cualquier cargo de confianza solo aquello que todos los hombres honrados permitirían.
132:5.24«10. La parte de tu fortuna que representa las ganancias de tus propios esfuerzos mentales y físicos —si tu trabajo se ha realizado con equidad y de manera equitativa— es verdaderamente tuya. Nadie puede negar tu derecho a conservar y usar esa riqueza como mejor te parezca, siempre que tu ejercicio de este derecho no cause daño a tus semejantes».
132:5.25Cuando Jesús terminó de aconsejarlo, este romano adinerado se levantó de su diván y, al despedirse por esa noche, hizo esta promesa: «Mi buen amigo, percibo que eres un hombre de gran sabiduría y bondad, y mañana comenzaré a administrar toda mi riqueza de acuerdo con tu consejo».
6. El ministerio social
132:6.1También aquí en Roma ocurrió aquel conmovedor episodio en que el Creador de un universo pasó varias horas devolviendo un niño perdido a su angustiada madre. Este niño se había alejado de su casa, y Jesús lo encontró llorando angustiado. Él y Ganid iban de camino a las bibliotecas, pero se dedicaron a llevar al niño de regreso a su casa. Ganid nunca olvidó el comentario de Jesús: «Sabes, Ganid, la mayoría de los seres humanos son como el niño perdido. Pasan gran parte de su tiempo llorando de miedo y sufriendo de pena cuando, en verdad, están a solo una corta distancia de un lugar seguro y protegido, así como este niño estaba solo a un pequeño trecho de su casa. Y todos los que conocen el camino de la verdad y disfrutan de la seguridad de conocer a Dios deberían considerar un privilegio, no un deber, ofrecer orientación a sus semejantes en sus esfuerzos por encontrar las satisfacciones de la vida. ¿No disfrutamos supremamente de este ministerio de devolver el niño a su madre? Así experimentan los que conducen a los hombres a Dios la suprema satisfacción del servicio humano». Y desde aquel día, durante el resto de su vida natural, Ganid estuvo siempre atento a los niños perdidos a los que pudiera devolver a sus hogares.
132:6.2Estaba la viuda con cinco hijos cuyo marido había muerto en un accidente. Jesús le contó a Ganid la pérdida de su propio padre en un accidente, y fueron repetidamente a consolar a esta madre y a sus hijos, mientras Ganid pedía dinero a su padre para proporcionarles comida y ropa. No cesaron en sus esfuerzos hasta que encontraron un empleo para el hijo mayor, de modo que pudiera ayudar a mantener a la familia.
132:6.3Aquella noche, mientras Gonod escuchaba el relato de estas experiencias, le dijo a Jesús con buen humor: «Me propongo hacer de mi hijo un erudito o un hombre de negocios, y ahora tú empiezas a hacer de él un filósofo o un filántropo». Y Jesús respondió sonriendo: «Quizás hagamos de él las cuatro cosas; así podrá disfrutar de una satisfacción cuádruple en la vida, ya que su oído para la melodía humana podrá reconocer cuatro tonos en lugar de uno». Entonces dijo Gonod: «Percibo que de verdad eres un filósofo. Debes escribir un libro para las generaciones futuras». Y Jesús respondió: «No un libro —mi misión es vivir una vida en esta generación y para todas las generaciones. Yo—», pero se detuvo y le dijo a Ganid: «Hijo mío, es hora de retirarse».
7. Viajes por los alrededores de Roma
132:7.1Jesús, Gonod y Ganid hicieron cinco viajes fuera de Roma a lugares de interés del territorio circundante. En su visita a los lagos del norte de Italia, Jesús tuvo con Ganid la larga conversación acerca de la imposibilidad de enseñar a un hombre sobre Dios si ese hombre no desea conocer a Dios. Durante su viaje hacia los lagos se habían encontrado por casualidad con un pagano irreflexivo, y Ganid se sorprendió de que Jesús no siguiera su práctica habitual de atraer al hombre a una conversación que llevara de forma natural a tratar cuestiones espirituales. Cuando Ganid le preguntó a su maestro por qué mostraba tan poco interés en este pagano, Jesús respondió:
132:7.2«Ganid, ese hombre no tenía hambre de la verdad. No estaba insatisfecho consigo mismo. No estaba dispuesto a pedir ayuda, y los ojos de su mente no estaban abiertos para recibir luz para el alma. Ese hombre no estaba maduro para la cosecha de la salvación; hay que concederle más tiempo para que las pruebas y dificultades de la vida lo preparen para recibir la sabiduría y un saber más elevado. O bien, si pudiéramos hacer que viviera con nosotros, quizás podríamos mostrarle con nuestras vidas al Padre que está en el cielo, y así se sentiría tan atraído por nuestras vidas como hijos de Dios que se vería impulsado a preguntar por nuestro Padre. No puedes revelar a Dios a quienes no lo buscan; no puedes llevar a las almas que no lo desean a los gozos de la salvación. El hombre debe llegar a tener hambre de la verdad como resultado de las experiencias de la vida, o debe desear conocer a Dios como resultado del contacto con la vida de quienes conocen al Padre divino, antes de que otro ser humano pueda actuar como el medio para conducir a ese semejante mortal al Padre que está en el cielo. Si conocemos a Dios, nuestra verdadera tarea en la tierra es vivir de tal manera que permitamos al Padre revelarse en nuestras vidas, y así todas las personas que buscan a Dios verán al Padre y nos pedirán ayuda para saber más acerca del Dios que de esta manera encuentra expresión en nuestras vidas».
132:7.3Fue en la visita a Suiza, arriba en las montañas, donde Jesús tuvo con el padre y el hijo una conversación de todo un día sobre el budismo. Muchas veces Ganid le había hecho a Jesús preguntas directas sobre Buda, pero siempre había recibido respuestas más o menos evasivas. Ahora, en presencia del hijo, el padre le hizo a Jesús una pregunta directa sobre Buda, y recibió una respuesta directa. Dijo Gonod: «Me gustaría mucho saber qué piensas de Buda». Y Jesús respondió:
132:7.4«Tu Buda fue mucho mejor que tu budismo. Buda fue un gran hombre, incluso un profeta para su pueblo, pero fue un profeta huérfano; con eso quiero decir que pronto perdió de vista a su Padre espiritual, al Padre que está en el cielo. Su experiencia fue trágica. Intentó vivir y enseñar como mensajero de Dios, pero sin Dios. Buda guio su nave de salvación hasta el mismo puerto seguro, hasta la misma entrada del refugio de la salvación mortal, y allí, a causa de unas cartas de navegación defectuosas, la buena nave encalló. Allí ha permanecido durante estas muchas generaciones, inmóvil y varada casi sin esperanza. Y en ella han permanecido muchos de tu pueblo todos estos años. Viven al alcance de la voz de las aguas seguras del reposo, pero se niegan a entrar porque la noble embarcación del buen Buda sufrió la desgracia de encallar justo fuera del puerto. Y los pueblos budistas nunca entrarán en este puerto a menos que abandonen la embarcación filosófica de su profeta y se aferren a su noble espíritu. Si tu pueblo hubiera permanecido fiel al espíritu de Buda, ustedes habrían entrado hace mucho en su refugio de tranquilidad espiritual, de reposo del alma y de seguridad de salvación.
132:7.5«Verás, Gonod, Buda conoció a Dios en espíritu, pero no llegó a descubrirlo claramente en la mente; los judíos descubrieron a Dios en la mente, pero en gran parte no llegaron a conocerlo en espíritu. Hoy, los budistas andan a tientas en una filosofía sin Dios, mientras que mi pueblo está lamentablemente esclavizado al temor de un Dios sin una filosofía salvadora de la vida y de la libertad. Ustedes tienen una filosofía sin Dios; los judíos tienen un Dios, pero en gran parte carecen de una filosofía de vida relacionada con él. Buda, al no concebir a Dios como espíritu y como Padre, no logró dar a su enseñanza la energía moral y la fuerza espiritual impulsora que una religión debe poseer si ha de cambiar una raza y exaltar una nación».
132:7.6Entonces exclamó Ganid: «Maestro, hagamos tú y yo una nueva religión, una lo bastante buena para la India y lo bastante grande para Roma, y quizás podamos cambiársela a los judíos por Yahvé». Y Jesús respondió: «Ganid, las religiones no se hacen. Las religiones de los hombres crecen a lo largo de grandes períodos de tiempo, mientras que las revelaciones de Dios destellan sobre la tierra en la vida de los hombres que revelan a Dios a sus semejantes». Pero no comprendieron el significado de estas palabras proféticas.
132:7.7Aquella noche, después de que se retiraron, Ganid no podía dormir. Habló largo rato con su padre y finalmente dijo: «Sabes, padre, a veces pienso que Josué es un profeta». Y su padre solo respondió, soñoliento: «Hijo mío, hay otros—».
132:7.8Desde aquel día, durante el resto de su vida natural, Ganid siguió desarrollando una religión propia. Se sintió poderosamente conmovido en su propia mente por la amplitud de miras, la equidad y la tolerancia de Jesús. En todas sus conversaciones sobre filosofía y religión, este joven nunca experimentó sentimientos de resentimiento ni reacciones de antagonismo.
132:7.9¡Qué escena para que la contemplaran las inteligencias celestiales, este espectáculo del muchacho indio que proponía al Creador de un universo que hicieran una nueva religión! Y aunque el joven no lo sabía, estaban haciendo una religión nueva y eterna allí mismo y en ese momento —este nuevo camino de salvación, la revelación de Dios al hombre por medio de Jesús y en Jesús. Lo que el muchacho más deseaba hacer, lo estaba haciendo de verdad sin saberlo. Y así fue, y es, siempre. Lo que la imaginación humana iluminada y reflexiva de la enseñanza y la guía espirituales desea hacer y ser, de todo corazón y sin egoísmo, llega a ser creativo en cierta medida, de acuerdo con el grado de consagración mortal a la acción divina de hacer la voluntad del Padre. Cuando el hombre se asocia con Dios, pueden suceder grandes cosas, y suceden.