Parte IV · Documento 131
Las religiones del mundo
131:0.1DURANTE la estancia de Jesús, Gonod y Ganid en Alejandría, el joven dedicó gran parte de su tiempo y no poco dinero de su padre a reunir una colección de las enseñanzas de las religiones del mundo acerca de Dios y de sus relaciones con el hombre mortal. Ganid empleó a más de sesenta traductores eruditos en la elaboración de este compendio de las doctrinas religiosas del mundo acerca de las Deidades. Y debe quedar claro en este relato que todas estas enseñanzas que presentaban el monoteísmo se derivaron en gran parte, directa o indirectamente, de las predicaciones de los misioneros de Machiventa Melquisedec, que salieron de su sede de Salem para difundir la doctrina de un solo Dios —el Altísimo— hasta los confines de la tierra.
131:0.2Se presenta aquí un compendio del manuscrito de Ganid, que él preparó en Alejandría y en Roma, y que se conservó en la India durante cientos de años después de su muerte. Reunió este material bajo diez apartados, como sigue:
1. Cinismo
131:1.1Las enseñanzas residuales de los discípulos de Melquisedec, salvo las que persistieron en la religión judía, se conservaron mejor en las doctrinas de los cínicos. La selección de Ganid abarcó lo siguiente:
131:1.2«Supremo es Dios; él es el Altísimo del cielo y de la tierra. Dios, círculo perfeccionado de la eternidad, gobierna el universo de universos. Él y nadie más es el hacedor de los cielos y de la tierra. Basta con que él decrete una cosa para que esa cosa sea. Uno solo es nuestro Dios, y es compasivo y misericordioso. Todo lo que es elevado, santo, verdadero y bello se parece a nuestro Dios. Luz del cielo y de la tierra es el Altísimo; él es el Dios del oriente, del occidente, del norte y del sur.
131:1.3«Aunque la tierra llegara a desaparecer, el rostro resplandeciente del Supremo permanecería en majestad y gloria. El Altísimo es el primero y el último, el principio y el fin de todas las cosas. No hay más que este único Dios, y su nombre es Verdad. Dios existe por sí mismo, y está libre de toda ira y enemistad; es inmortal e infinito. Nuestro Dios es omnipotente y generoso. Aunque tiene muchas manifestaciones, nosotros adoramos solo a Dios mismo. Dios lo sabe todo —nuestros secretos y nuestras declaraciones—; también sabe lo que cada uno de nosotros merece. Su poderío está a la altura de todas las cosas.
131:1.4«Dios es dador de paz y protector fiel de todos los que lo temen y confían en él. Da la salvación a todos los que le sirven. Toda la creación existe en el poder del Altísimo. Su amor divino brota de la santidad de su poder, y el afecto nace del poderío de su grandeza. El Altísimo ha decretado la unión del cuerpo y del alma, y ha dotado al hombre de su propio espíritu. Lo que el hombre hace ha de llegar a su fin, pero lo que el Creador hace continúa para siempre. Obtenemos conocimiento de la experiencia del hombre, pero derivamos la sabiduría de la contemplación del Altísimo.
131:1.5«Dios derrama la lluvia sobre la tierra, hace que el sol brille sobre el grano que brota, y nos da la cosecha abundante de las cosas buenas de esta vida y la salvación eterna en el mundo venidero. Nuestro Dios goza de gran autoridad; su nombre es Excelente y su naturaleza es insondable. Cuando estás enfermo, es el Altísimo quien te sana. Dios está lleno de bondad hacia todos los hombres; no tenemos amigo como el Altísimo. Su misericordia llena todos los lugares y su bondad abarca todas las almas. El Altísimo es inmutable; y él es nuestro auxilio en todo momento de necesidad. Dondequiera que te vuelvas para orar, allí está el rostro del Altísimo y el oído abierto de nuestro Dios. Puedes esconderte de los hombres, pero no de Dios. Dios no está a gran distancia de nosotros; es omnipresente. Dios llena todos los lugares y vive en el corazón del hombre que teme su santo nombre. La creación está en el Creador y el Creador en su creación. Buscamos al Altísimo y luego lo encontramos en nuestro corazón. Vas en busca de un amigo querido, y luego lo descubres dentro de tu alma.
131:1.6«El hombre que conoce a Dios considera iguales a todos los hombres; son sus hermanos. Los egoístas, los que desatienden a sus hermanos en la carne, solo tienen el cansancio como recompensa. Los que aman a sus semejantes y tienen el corazón puro verán a Dios. Dios nunca olvida la sinceridad. Él guiará a los de corazón honesto hacia la verdad, porque Dios es verdad.
131:1.7«En sus vidas, derriben el error y venzan el mal mediante el amor de la verdad viviente. En todas sus relaciones con los hombres, devuelvan bien por mal. El Señor Dios es misericordioso y amoroso; él perdona. Amemos a Dios, porque él nos amó primero. Por el amor de Dios y mediante su misericordia seremos salvados. Los pobres y los ricos son hermanos. Dios es su Padre. El mal que no quieran que les hagan a ustedes, no lo hagan a otros.
131:1.8«Invoquen su nombre en todo momento, y según crean en su nombre, así será escuchada su oración. ¡Qué gran honor es adorar al Altísimo! Todos los mundos y los universos adoran al Altísimo. Y con todas sus oraciones den gracias —asciendan a la adoración. La adoración unida a la oración rehúye el mal y prohíbe el pecado. Alabemos en todo momento el nombre del Altísimo. El hombre que se refugia en el Altísimo oculta sus defectos al universo. Cuando se presentan ante Dios con un corazón limpio, dejan de temer a toda la creación. El Altísimo es como un padre y una madre amorosos; él verdaderamente nos ama a nosotros, sus hijos en la tierra. Nuestro Dios nos perdonará y guiará nuestros pasos por los caminos de la salvación. Nos tomará de la mano y nos conducirá hacia sí. Dios salva a los que confían en él; no obliga al hombre a servir a su nombre.
131:1.9«Si la fe del Altísimo ha entrado en tu corazón, entonces vivirás libre de temor todos los días de tu vida. No te inquietes por la prosperidad de los impíos; no temas a los que traman el mal; que el alma se aparte del pecado, y pon toda tu confianza en el Dios de la salvación. El alma cansada del mortal errante halla descanso eterno en los brazos del Altísimo; el sabio tiene hambre del abrazo divino; el hijo de la tierra anhela la seguridad de los brazos del Padre Universal. El hombre noble busca ese estado elevado en el que el alma del mortal se funde con el espíritu del Supremo. Dios es justo: el fruto que no recibamos de nuestras siembras en este mundo, lo recibiremos en el siguiente.»
2. Judaísmo
131:2.1Los quenitas de Palestina rescataron gran parte de la enseñanza de Melquisedec, y de estos registros, tal como los conservaron y modificaron los judíos, Jesús y Ganid hicieron la siguiente selección:
131:2.2«En el principio Dios creó los cielos y la tierra y todas las cosas que hay en ellos. Y, en efecto, todo lo que creó era muy bueno. El Señor, él es Dios; no hay otro fuera de él, ni arriba en el cielo ni abajo en la tierra. Por eso amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. La tierra estará llena del conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar. Los cielos proclaman la gloria de Dios, y el firmamento muestra la obra de sus manos. Un día tras otro pronuncia palabras; una noche tras otra muestra conocimiento. No hay palabra ni lenguaje donde no se oiga su voz. La obra del Señor es grande, y con sabiduría hizo todas las cosas; la grandeza del Señor es inescrutable. Él conoce el número de las estrellas; las llama a todas por su nombre.
131:2.3«El poder del Señor es grande y su entendimiento, infinito. Dice el Señor: “Así como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que sus caminos, y mis pensamientos más altos que sus pensamientos”. Dios revela las cosas profundas y secretas porque la luz habita con él. El Señor es misericordioso y clemente; es paciente y abundante en bondad y verdad. El Señor es bueno y recto; guiará a los humildes en el juicio. ¡Gusten y vean que el Señor es bueno! Dichoso el hombre que confía en Dios. Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, una ayuda siempre presente en la angustia.
131:2.4«La misericordia del Señor es desde siempre y para siempre sobre los que le temen, y su rectitud llega hasta los hijos de nuestros hijos. El Señor es clemente y lleno de compasión. El Señor es bueno con todos, y sus tiernas misericordias están sobre toda su creación; sana a los de corazón quebrantado y venda sus heridas. ¿Adónde iré lejos del espíritu de Dios?, ¿adónde huiré de la presencia divina? Así dice el Alto y Excelso que habita la eternidad, cuyo nombre es Santo: “¡Yo habito en el lugar alto y santo, y también con el que tiene un corazón contrito y un espíritu humilde!”. Nadie puede esconderse de nuestro Dios, porque él llena el cielo y la tierra. Que se alegren los cielos y que se regocije la tierra. Que todas las naciones digan: ¡El Señor reina! Den gracias a Dios, porque su misericordia permanece para siempre.
131:2.5«Los cielos proclaman la rectitud de Dios, y todos los pueblos han visto su gloria. Es Dios quien nos hizo, y no nosotros mismos; somos su pueblo, las ovejas de su prado. Su misericordia es eterna, y su verdad permanece por todas las generaciones. Nuestro Dios es gobernante entre las naciones. ¡Que la tierra se llene de su gloria! ¡Ojalá los hombres alabaran al Señor por su bondad y por sus maravillosos dones a los hijos de los hombres!
131:2.6«Dios ha hecho al hombre poco menos que divino y lo ha coronado de amor y misericordia. El Señor conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos perecerá. El temor del Señor es el principio de la sabiduría; el conocimiento del Supremo es entendimiento. Dice Dios Todopoderoso: “Camina delante de mí y sé perfecto”. No olvides que el orgullo va antes de la destrucción, y el espíritu altivo, antes de la caída. El que domina su propio espíritu es más poderoso que el que toma una ciudad. Dice el Señor Dios, el Santo: “Al volver a su descanso espiritual serán salvados; en la quietud y la confianza estará su fuerza”. Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; se elevarán con alas como las águilas. Correrán y no se cansarán; caminarán y no desfallecerán. El Señor te dará descanso de tu temor. Dice el Señor: “No temas, porque yo estoy contigo. No te desanimes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré; te ayudaré; sí, te sostendré con la diestra de mi rectitud”.
131:2.7«Dios es nuestro Padre; el Señor es nuestro redentor. Dios ha creado las huestes universales, y las conserva a todas. Su rectitud es como las montañas y su juicio como el gran abismo. Nos hace beber del río de sus delicias, y en su luz veremos la luz. Es bueno dar gracias al Señor y cantar alabanzas al Altísimo; anunciar por la mañana la bondad amorosa y cada noche la fidelidad divina. El reino de Dios es un reino eterno, y su dominio permanece por todas las generaciones. El Señor es mi pastor; no me faltará nada. Me hace descansar en verdes pastos; me conduce junto a aguas tranquilas. Restaura mi alma. Me guía por las sendas de la rectitud. Sí, aunque camine por el valle de la sombra de la muerte, no temeré ningún mal, porque Dios está conmigo. Ciertamente la bondad y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor para siempre.
131:2.8«Yahvé es el Dios de mi salvación; por eso pondré mi confianza en el nombre divino. Confiaré en el Señor con todo mi corazón; no me apoyaré en mi propio entendimiento. En todos mis caminos lo reconoceré, y él dirigirá mis sendas. El Señor es fiel; cumple su palabra con los que le sirven; el justo vivirá por su fe. Si no obras bien, es porque el pecado está a la puerta; los hombres cosechan el mal que aran y el pecado que siembran. No te inquietes a causa de los malhechores. Si guardas iniquidad en tu corazón, el Señor no te escuchará; si pecas contra Dios, también dañas tu propia alma. Dios llevará a juicio la obra de todo hombre, con todo lo secreto, sea bueno o malo. Como piensa el hombre en su corazón, así es él.
131:2.9«El Señor está cerca de todos los que lo invocan con sinceridad y en verdad. El llanto puede durar una noche, pero la alegría llega por la mañana. Un corazón alegre hace bien como una medicina. Dios no negará ningún bien a los que caminan con rectitud. Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es todo el deber del hombre. Así dice el Señor que creó los cielos y que formó la tierra: “No hay Dios fuera de mí, un Dios justo y salvador. Vuélvanse a mí y sean salvados, todos los confines de la tierra. Si me buscan, me hallarán, si me buscan con todo su corazón”. Los humildes heredarán la tierra y se deleitarán en la abundancia de paz. Quien siembra iniquidad cosechará calamidad; los que siembran viento cosecharán torbellino.
131:2.10«“Vengan ahora y razonemos juntos”, dice el Señor, “aunque sus pecados sean como la escarlata, quedarán blancos como la nieve. Aunque sean rojos como el carmesí, quedarán como la lana”. Pero no hay paz para los malvados; son sus propios pecados los que les han privado de las cosas buenas. Dios es la salud de mi rostro y la alegría de mi alma. El Dios eterno es mi fuerza; él es nuestra morada, y debajo están los brazos eternos. El Señor está cerca de los que tienen el corazón quebrantado; salva a todos los que tienen un espíritu como el de un niño. Muchas son las aflicciones del justo, pero el Señor lo libra de todas ellas. Encomienda tu camino al Señor —confía en él—, y él lo llevará a cabo. El que habita en el lugar secreto del Altísimo morará bajo la sombra del Todopoderoso.
131:2.11«Ama a tu prójimo como a ti mismo; no guardes rencor a ningún hombre. No hagas a ningún hombre nada de lo que aborreces. Ama a tu hermano, porque el Señor ha dicho: “Amaré a mis hijos libremente”. La senda del justo es como una luz resplandeciente que brilla cada vez más hasta el día perfecto. Los sabios brillarán como el resplandor del firmamento, y los que conducen a muchos a la rectitud, como las estrellas por siempre jamás. Que el malvado abandone su mal camino, y el hombre injusto, sus pensamientos rebeldes. Dice el Señor: “Que vuelvan a mí, y tendré misericordia de ellos; perdonaré en abundancia”.
131:2.12«Dice Dios, el creador del cielo y de la tierra: “Gran paz tienen los que aman mi ley. Mis mandamientos son: Me amarás con todo tu corazón; no tendrás dioses delante de mí; no tomarás mi nombre en vano; acuérdate del día de sábado para santificarlo; honra a tu padre y a tu madre; no matarás; no cometerás adulterio; no robarás; no darás falso testimonio; no codiciarás”.
131:2.13«Y a todos los que aman al Señor por encima de todo y a su prójimo como a sí mismos, el Dios del cielo les dice: “Los rescataré de la tumba; los redimiré de la muerte. Seré misericordioso con sus hijos, además de justo. ¿No he dicho de mis criaturas en la tierra: ustedes son hijos del Dios viviente? ¿Y no los he amado con un amor eterno? ¿No los he llamado a llegar a ser como yo y a morar para siempre conmigo en el Paraíso?”».
3. Budismo
131:3.1Ganid quedó asombrado al descubrir lo cerca que estuvo el budismo de ser una religión grande y bella sin Dios, sin una Deidad personal y universal. Sin embargo, sí encontró algún registro de ciertas creencias anteriores que reflejaban algo de la influencia de las enseñanzas de los misioneros de Melquisedec, que continuaron su labor en la India hasta los tiempos de Buda. Jesús y Ganid reunieron las siguientes declaraciones de la literatura budista:
131:3.2«De un corazón puro brotará la alegría hacia el Infinito; todo mi ser estará en paz con este regocijo supermortal. Mi alma está llena de contento, y mi corazón rebosa de la dicha de una confianza apacible. No tengo miedo; estoy libre de ansiedad. Habito en seguridad, y mis enemigos no pueden alarmarme. Estoy satisfecho con los frutos de mi confianza. He encontrado que el acceso al Inmortal es fácil. Oro pidiendo fe para que me sostenga en el largo viaje; sé que la fe que viene del más allá no me fallará. Sé que mis hermanos prosperarán si se impregnan de la fe del Inmortal, la misma fe que crea modestia, integridad, sabiduría, valor, conocimiento y perseverancia. Abandonemos la tristeza y rechacemos el miedo. Por la fe aferrémonos a la verdadera rectitud y a la hombría genuina. Aprendamos a meditar sobre la justicia y la misericordia. La fe es la verdadera riqueza del hombre; es la dotación de la virtud y de la gloria.
131:3.3«La injusticia es despreciable; el pecado es vil. El mal es degradante, ya se tenga en el pensamiento o se lleve a cabo en hechos. El dolor y la tristeza siguen el camino del mal como el polvo sigue al viento. La felicidad y la paz mental siguen al pensamiento puro y a la vida virtuosa como la sombra sigue a la sustancia de las cosas materiales. El mal es el fruto del pensamiento mal dirigido. Es un mal ver pecado donde no hay pecado; no ver pecado donde hay pecado. El mal es el camino de las falsas doctrinas. Los que evitan el mal al ver las cosas como son obtienen alegría al abrazar así la verdad. Pon fin a tu desdicha aborreciendo el pecado. Cuando eleves la mirada hacia el Noble, apártate del pecado con todo el corazón. No te disculpes por el mal; no pongas excusas para el pecado. Con tus esfuerzos por reparar los pecados pasados adquieres fuerza para resistir las tendencias futuras hacia ellos. El dominio propio nace del arrepentimiento. No dejes ninguna falta sin confesar al Noble.
131:3.4«La alegría y el regocijo son las recompensas de las obras bien hechas y para la gloria del Inmortal. Ningún hombre puede robarte la libertad de tu propia mente. Cuando la fe de tu religión haya emancipado tu corazón, cuando la mente, como una montaña, esté asentada e inamovible, entonces la paz del alma fluirá serena como un río de aguas. Los que están seguros de la salvación están libres para siempre de la lujuria, la envidia, el odio y los engaños de la riqueza. Aunque la fe es la energía de la vida mejor, sin embargo debes obrar tu propia salvación con perseverancia. Si quieres estar seguro de tu salvación final, asegúrate de buscar sinceramente cumplir toda rectitud. Cultiva la seguridad del corazón que brota de dentro, y así llegarás a gozar del éxtasis de la salvación eterna.
131:3.5«Ningún hombre religioso que persista en ser perezoso, indolente, débil, ocioso, desvergonzado y egoísta puede esperar alcanzar la iluminación de la sabiduría inmortal. Pero quien es reflexivo, prudente, meditativo, ferviente y diligente —aun mientras vive todavía en la tierra— puede alcanzar la iluminación suprema de la paz y la libertad de la sabiduría divina. Recuerda que todo acto recibirá su recompensa. El mal acaba en tristeza y el pecado termina en dolor. La alegría y la felicidad son el resultado de una vida buena. Incluso el malhechor disfruta de un tiempo de gracia antes de que sus malas obras maduren del todo, pero inevitablemente ha de llegar la cosecha completa del mal obrar. Que nadie tome el pecado a la ligera, diciendo en su corazón: “El castigo de la mala acción no se acercará a mí”. Lo que hagas te será hecho, en el juicio de la sabiduría. La injusticia que cometas contra tus semejantes recaerá sobre ti. La criatura no puede escapar al destino de sus actos.
131:3.6«El necio ha dicho en su corazón: “El mal no me alcanzará”; pero la seguridad solo se encuentra cuando el alma desea la corrección y la mente busca la sabiduría. El sabio es un alma noble que se muestra amistosa en medio de sus enemigos, serena entre los turbulentos y generosa entre los codiciosos. El amor a sí mismo es como la mala hierba en un buen campo. El egoísmo lleva a la pena; la preocupación perpetua mata. La mente domada da felicidad. El mayor de los guerreros es el que se vence y se somete a sí mismo. La moderación en todas las cosas es buena. Solo es una persona superior quien estima la virtud y cumple su deber. No dejes que la ira y el odio te dominen. No hables con dureza de nadie. El contento es la mayor riqueza. Lo que se da con sabiduría queda bien guardado. No hagas a otros lo que no desearías que te hicieran a ti. Devuelve bien por mal; vence el mal con el bien.
131:3.7«Un alma recta es más deseable que la soberanía de toda la tierra. La inmortalidad es la meta de la sinceridad; la muerte, el fin de la vida irreflexiva. Los que son diligentes no mueren; los irreflexivos ya están muertos. Dichosos los que tienen discernimiento del estado sin muerte. Los que torturan a los vivos difícilmente hallarán felicidad después de la muerte. Los desinteresados van al cielo, donde se regocijan en la dicha de una liberalidad infinita y siguen creciendo en noble generosidad. Todo mortal que piensa con rectitud, habla con nobleza y actúa con desinterés no solo gozará aquí de la virtud durante esta breve vida, sino que también, tras la disolución del cuerpo, seguirá gozando de las delicias del cielo.»
4. Hinduismo
131:4.1Los misioneros de Melquisedec llevaban consigo las enseñanzas del único Dios dondequiera que viajaban. Gran parte de esta doctrina monoteísta, junto con otros conceptos anteriores, quedó incorporada en las enseñanzas posteriores del hinduismo. Jesús y Ganid hicieron los siguientes extractos:
131:4.2«Él es el gran Dios, supremo en todos los sentidos. Él es el Señor que abarca todas las cosas. Él es el creador y el controlador del universo de universos. Dios es un solo Dios; está solo y por sí mismo; es el único. Y este único Dios es nuestro Hacedor y el destino final del alma. El Uno Supremo es brillante más allá de toda descripción; él es la Luz de las Luces. Todo corazón y todo mundo está iluminado por esta luz divina. Dios es nuestro protector —está al lado de sus criaturas—, y los que aprenden a conocerlo se vuelven inmortales. Dios es la gran fuente de energía; él es la Gran Alma. Ejerce un señorío universal sobre todos. Este único Dios es amoroso, glorioso y adorable. Nuestro Dios es supremo en poder y mora en la morada suprema. Esta Persona verdadera es eterna y divina; es el Señor primordial del cielo. Todos los profetas lo han aclamado, y él se nos ha revelado. Lo adoramos. ¡Oh Persona Suprema, fuente de los seres, Señor de la creación y gobernante del universo, revélanos a nosotros, tus criaturas, el poder por el cual permaneces inmanente! Dios ha hecho el sol y las estrellas; es luminoso, puro y existente por sí mismo. Su conocimiento eterno es divinamente sabio. El Eterno es impenetrable al mal. Puesto que el universo surgió de Dios, él lo gobierna como corresponde. Él es la causa de la creación, y por eso todas las cosas están establecidas en él.
131:4.3«Dios es el refugio seguro de todo hombre bueno en la necesidad; el Uno Inmortal cuida de toda la humanidad. La salvación de Dios es fuerte y su amabilidad está llena de gracia. Él es un protector amoroso, un defensor bendito. Dice el Señor: “Yo habito dentro de sus propias almas como una lámpara de sabiduría. Soy el esplendor de lo espléndido y la bondad de los buenos. Donde dos o tres se reúnen, allí estoy yo también”. La criatura no puede escapar de la presencia del Creador. El Señor cuenta incluso el incesante parpadeo de los ojos de cada mortal; y adoramos a este Ser divino como nuestro compañero inseparable. Él prevalece en todo, es generoso, omnipresente e infinitamente bondadoso. El Señor es nuestro gobernante, nuestro amparo y nuestro controlador supremo, y su espíritu primigenio habita en el alma mortal. El Testigo Eterno del vicio y de la virtud habita en el corazón del hombre. Meditemos largamente sobre el adorable y divino Vivificador; que su espíritu dirija plenamente nuestros pensamientos. ¡De este mundo irreal condúcenos a lo real! ¡De la oscuridad condúcenos a la luz! ¡De la muerte guíanos a la inmortalidad!
131:4.4«Con el corazón purificado de todo odio, adoremos al Eterno. Nuestro Dios es el Señor de la oración; él oye el clamor de sus hijos. Que todos los hombres sometan su voluntad a él, el Resoluto. Deleitémonos en la liberalidad del Señor de la oración. Haz de la oración tu amiga más íntima y de la adoración el sostén de tu alma. “Si tan solo me adoras con amor”, dice el Eterno, “te daré la sabiduría para alcanzarme, porque mi adoración es la virtud común a todas las criaturas”. Dios es el que ilumina a los sombríos y el poder de los que desfallecen. Puesto que Dios es nuestro amigo fuerte, ya no tenemos miedo. Alabamos el nombre del Vencedor jamás vencido. Lo adoramos porque es el ayudante fiel y eterno del hombre. Dios es nuestro conductor seguro y nuestro guía infalible. Él es el gran progenitor del cielo y de la tierra, poseedor de una energía ilimitada y de una sabiduría infinita. Su esplendor es sublime y su belleza, divina. Él es el refugio supremo del universo y el guardián inmutable de la ley eterna. Nuestro Dios es el Señor de la vida y el Consolador de todos los hombres; él es el que ama a la humanidad y el que ayuda a los que están angustiados. Él es nuestro dador de vida y el Buen Pastor de los rebaños humanos. Dios es nuestro padre, hermano y amigo. Y anhelamos conocer a este Dios en nuestro ser interior.
131:4.5«Hemos aprendido a ganar la fe mediante el anhelo de nuestro corazón. Hemos alcanzado la sabiduría mediante el dominio de nuestros sentidos, y por la sabiduría hemos experimentado la paz en el Supremo. El que está lleno de fe adora de verdad cuando su yo interior está concentrado en Dios. Nuestro Dios lleva los cielos como un manto; también habita los otros seis vastos universos. Él es supremo sobre todo y en todo. Pedimos al Señor perdón por todas nuestras ofensas contra nuestros semejantes; y quisiéramos liberar a nuestro amigo del agravio que nos ha hecho. Nuestro espíritu aborrece todo mal; por tanto, oh Señor, líbranos de toda mancha de pecado. Oramos a Dios como a un consolador, protector y salvador —uno que nos ama.
131:4.6«El espíritu del Guardián del Universo entra en el alma de la criatura sencilla. Es sabio el hombre que adora al Dios Único. Los que se esfuerzan por la perfección deben ciertamente conocer al Señor Supremo. Nunca teme quien conoce la dichosa seguridad del Supremo, porque el Supremo dice a los que le sirven: “No teman, porque yo estoy con ustedes”. El Dios de la providencia es nuestro Padre. Dios es verdad. Y el deseo de Dios es que sus criaturas lo comprendan —que lleguen a conocer plenamente la verdad. La verdad es eterna; sostiene el universo. Nuestro deseo supremo será la unión con el Supremo. El Gran Controlador es el generador de todas las cosas— todo evoluciona a partir de él. Y esta es la suma del deber: Que ningún hombre haga a otro lo que le resultaría repugnante a sí mismo; no alimentes malicia, no golpees al que te golpea, vence la ira con misericordia y derrota el odio con la benevolencia. Y todo esto debemos hacerlo porque Dios es un amigo bondadoso y un padre lleno de gracia que perdona todas nuestras ofensas terrenales.
131:4.7«Dios es nuestro Padre, la tierra nuestra madre y el universo nuestro lugar de nacimiento. Sin Dios el alma es una prisionera; conocer a Dios libera al alma. Por la meditación en Dios, por la unión con él, llega la liberación de las ilusiones del mal y la salvación final de todas las ataduras materiales. Cuando el hombre enrolle el espacio como una pieza de cuero, entonces llegará el fin del mal, porque el hombre habrá encontrado a Dios. ¡Oh Dios, sálvanos de la triple ruina del infierno —la lujuria, la ira y la avaricia—! ¡Oh alma, prepárate para la lucha espiritual de la inmortalidad! Cuando llegue el fin de la vida mortal, no dudes en abandonar este cuerpo por una forma más adecuada y bella, y en despertar en los reinos del Supremo e Inmortal, donde no hay miedo, tristeza, hambre, sed ni muerte. Conocer a Dios es cortar las cuerdas de la muerte. El alma que conoce a Dios se eleva en el universo como la crema aparece encima de la leche. Adoramos a Dios, el que todo lo obra, la Gran Alma, que tiene siempre su asiento en el corazón de sus criaturas. Y los que saben que Dios está entronizado en el corazón humano están destinados a llegar a ser como él —inmortales. El mal debe quedar atrás en este mundo, pero la virtud sigue al alma hasta el cielo.
131:4.8«Solo los malvados dicen: El universo no tiene verdad ni gobernante; fue diseñado solo para nuestros apetitos. Tales almas están engañadas por la pequeñez de su intelecto. Así se abandonan al goce de sus apetitos y privan a sus almas de las alegrías de la virtud y de los placeres de la rectitud. ¿Qué puede ser más grande que experimentar la salvación del pecado? El hombre que ha visto al Supremo es inmortal. Los amigos de la carne del hombre no pueden sobrevivir a la muerte; solo la virtud camina al lado del hombre mientras él viaja siempre adelante hacia los campos alegres y soleados del Paraíso.»
5. Zoroastrismo
131:5.1Zoroastro mismo estuvo en contacto directo con los descendientes de los misioneros de Melquisedec de tiempos anteriores, y su doctrina del único Dios llegó a ser una enseñanza central de la religión que él fundó en Persia. Aparte del judaísmo, ninguna religión de aquel tiempo contenía más de estas enseñanzas de Salem. De los registros de esta religión Ganid hizo los siguientes extractos:
131:5.2«Todas las cosas proceden del Dios Único, y a él pertenecen —omnisapiente, bueno, justo, santo, resplandeciente y glorioso. Este, nuestro Dios, es la fuente de toda luminosidad. Él es el Creador, el Dios de todos los buenos propósitos y el protector de la justicia del universo. El camino sabio en la vida es actuar en consonancia con el espíritu de la verdad. Dios todo lo ve, y contempla tanto las malas obras de los malvados como las buenas obras de los justos; nuestro Dios observa todas las cosas con ojo centelleante. Su toque es el toque de la sanación. El Señor es un benefactor todopoderoso. Dios extiende su mano benéfica tanto a los justos como a los malvados. Dios estableció el mundo y dispuso las recompensas del bien y del mal. El Dios omnisapiente ha prometido la inmortalidad a las almas piadosas que piensan con pureza y actúan con rectitud. Según lo que desees supremamente, así serás. La luz del sol es como la sabiduría para los que disciernen a Dios en el universo.
131:5.3«Alaben a Dios buscando el agrado del Sabio. Adoren al Dios de la luz caminando con alegría por las sendas ordenadas por su religión revelada. No hay más que un Dios Supremo, el Señor de las Luces. Adoramos al que hizo las aguas, las plantas, los animales, la tierra y los cielos. Nuestro Dios es Señor, sumamente benéfico. Adoramos al más hermoso, al Inmortal generoso, dotado de luz eterna. Dios es el más lejano a nosotros y al mismo tiempo el más cercano, porque habita dentro de nuestras almas. Nuestro Dios es el Espíritu divino y santísimo del Paraíso, y sin embargo es más amistoso con el hombre que la más amistosa de todas las criaturas. Dios nos presta su mayor ayuda en esta tarea, la mayor de todas: conocerlo a él mismo. Dios es nuestro amigo más adorable y justo; es nuestra sabiduría, nuestra vida y el vigor del alma y del cuerpo. Mediante nuestro buen pensamiento, el Creador sabio nos capacitará para hacer su voluntad, y así alcanzar la realización de todo lo que es divinamente perfecto.
131:5.4«Señor, enséñanos a vivir esta vida en la carne mientras nos preparamos para la próxima vida del espíritu. Háblanos, Señor, y haremos lo que mandes. Enséñanos los buenos caminos, y andaremos rectamente. Concédenos alcanzar la unión contigo. Sabemos que es recta la religión que conduce a la unión con la rectitud. Dios es nuestra naturaleza sabia, nuestro mejor pensamiento y nuestro acto justo. ¡Que Dios nos conceda la unidad con el espíritu divino y la inmortalidad en él mismo!
131:5.5«Esta religión del Sabio limpia al creyente de todo mal pensamiento y de toda obra pecaminosa. Me inclino ante el Dios del cielo en arrepentimiento si he ofendido de pensamiento, palabra u obra —intencionadamente o sin intención—, y ofrezco oraciones pidiendo misericordia y alabanzas por el perdón. Sé que cuando me confieso, si me propongo no volver a hacer lo malo, ese pecado será quitado de mi alma. Sé que el perdón quita las ataduras del pecado. Los que hacen el mal recibirán castigo, pero los que siguen la verdad gozarán de la dicha de una salvación eterna. Por la gracia, aférrate a nosotros y ministra a nuestras almas el poder salvador. Reclamamos misericordia porque aspiramos a alcanzar la perfección; quisiéramos ser como Dios.»
6. Suduanismo (jainismo)
131:6.1El tercer grupo de creyentes religiosos que conservó la doctrina de un solo Dios en la India —lo que sobrevivía de la enseñanza de Melquisedec— era conocido en aquellos días como los suduanistas. En tiempos más recientes, estos creyentes llegaron a ser conocidos como seguidores del jainismo. Enseñaban:
131:6.2«El Señor del Cielo es supremo. Los que cometen pecado no ascenderán a lo alto, pero los que andan por las sendas de la rectitud hallarán un lugar en el cielo. Tenemos asegurada la vida del más allá si conocemos la verdad. El alma del hombre puede ascender al cielo más alto, para desarrollar allí su verdadera naturaleza espiritual, para alcanzar la perfección. El estado del cielo libra al hombre de la esclavitud del pecado y lo introduce en las bienaventuranzas finales; el hombre justo ya ha experimentado el fin del pecado y de todas las miserias asociadas a él. El yo es el enemigo invencible del hombre, y el yo se manifiesta como las cuatro mayores pasiones del hombre: la ira, el orgullo, el engaño y la codicia. La mayor victoria del hombre es la conquista de sí mismo. Cuando el hombre busca en Dios el perdón, y cuando se atreve a gozar de esa libertad, queda así liberado del miedo. El hombre debería recorrer la vida tratando a sus semejantes como le gustaría ser tratado.»
7. Sintoísmo
131:7.1Solo recientemente se habían depositado en la biblioteca de Alejandría los manuscritos de esta religión del Lejano Oriente. Era la única religión del mundo de la que Ganid nunca había oído hablar. Esta creencia también contenía restos de las primeras enseñanzas de Melquisedec, como lo muestran los siguientes extractos:
131:7.2«Dice el Señor: “Todos ustedes son receptores de mi poder divino; todos los hombres gozan de mi ministerio de misericordia. Me causa gran placer la multiplicación de los hombres justos por toda la tierra. Tanto en las bellezas de la naturaleza como en las virtudes de los hombres, el Príncipe del Cielo busca revelarse y mostrar su naturaleza justa. Puesto que los pueblos antiguos no conocían mi nombre, me manifesté naciendo en el mundo como una existencia visible y soporté tal humillación incluso para que el hombre no olvidara mi nombre. Yo soy el hacedor del cielo y de la tierra; el sol y la luna y todas las estrellas obedecen mi voluntad. Soy el gobernante de todas las criaturas en la tierra y en los cuatro mares. Aunque soy grande y supremo, aun así atiendo a la oración del hombre más pobre. Si alguna criatura me adora, escucharé su oración y le concederé el deseo de su corazón”.
131:7.3«“Cada vez que el hombre cede a la ansiedad, da un paso que lo aleja de la guía del espíritu de su corazón”. El orgullo oscurece a Dios. Si quieres obtener ayuda celestial, desecha tu orgullo; cada cabello de orgullo bloquea la luz salvadora, por así decirlo, como una gran nube. Si no estás bien por dentro, es inútil orar por lo que está fuera. “Si escucho tus oraciones, es porque vienes ante mí con un corazón limpio, libre de falsedad e hipocresía, con un alma que refleja la verdad como un espejo. Si quieres obtener la inmortalidad, abandona el mundo y ven a mí”.»
8. Taoísmo
131:8.1Los mensajeros de Melquisedec penetraron hasta muy adentro de China, y la doctrina de un solo Dios llegó a formar parte de las primeras enseñanzas de varias religiones chinas; la que persistió por más tiempo y contuvo la mayor parte de la verdad monoteísta fue el taoísmo, y Ganid reunió lo siguiente de las enseñanzas de su fundador:
131:8.2«¡Qué puro y sereno es el Uno Supremo, y sin embargo qué poderoso y fuerte, qué profundo e insondable! Este Dios del cielo es el honrado antepasado de todas las cosas. Si conoces al Eterno, estás iluminado y eres sabio. Si no conoces al Eterno, la ignorancia se manifiesta como mal, y así surgen las pasiones del pecado. Este Ser maravilloso existía antes de que existieran los cielos y la tierra. Es verdaderamente espiritual; está solo y no cambia. Es en verdad la madre del mundo, y toda la creación se mueve a su alrededor. Este Gran Uno se imparte a los hombres y así los capacita para sobresalir y sobrevivir. Aunque uno tenga solo un poco de conocimiento, todavía puede andar por los caminos del Supremo; puede conformarse a la voluntad del cielo.
131:8.3«Todas las buenas obras de verdadero servicio proceden del Supremo. Todas las cosas dependen de la Gran Fuente para la vida. El Gran Supremo no busca reconocimiento por sus otorgamientos. Es supremo en poder, y sin embargo permanece oculto a nuestra mirada. Transmuta sin cesar sus atributos mientras perfecciona a sus criaturas. La Razón celestial es lenta y paciente en sus designios, pero segura en sus logros. El Supremo se extiende por todo el universo y lo sostiene todo. ¡Qué grandes y poderosos son su influencia desbordante y su poder de atracción! La verdadera bondad es como el agua, porque bendice todo y no daña nada. Y como el agua, la verdadera bondad busca los lugares más bajos, incluso aquellos niveles que otros evitan, y eso es porque es afín al Supremo. El Supremo crea todas las cosas, nutriéndolas en la naturaleza y perfeccionándolas en el espíritu. Y es un misterio cómo el Supremo fomenta, protege y perfecciona a la criatura sin obligarla. Guía y dirige, pero sin imponerse. Ministra la progresión, pero sin dominación.
131:8.4«El sabio universaliza su corazón. Un poco de conocimiento es cosa peligrosa. Los que aspiran a la grandeza deben aprender a humillarse. En la creación, el Supremo llegó a ser la madre del mundo. Conocer a la propia madre es reconocer la propia filiación. Es sabio el hombre que considera todas las partes desde el punto de vista del todo. Relaciónate con cada hombre como si estuvieras en su lugar. Recompensa la ofensa con amabilidad. Si amas a la gente, se acercarán a ti —no tendrás dificultad en ganártelos.
131:8.5«El Gran Supremo lo penetra todo; está a la mano izquierda y a la derecha; sostiene toda la creación y habita en todos los seres verdaderos. No puedes encontrar al Supremo, ni puedes ir a un lugar donde él no esté. Si un hombre reconoce el mal de sus caminos y se arrepiente del pecado de corazón, entonces puede buscar el perdón; puede escapar del castigo; puede cambiar la calamidad en bendición. El Supremo es el refugio seguro para toda la creación; es el guardián y salvador de la humanidad. Si lo buscas cada día, lo encontrarás. Puesto que puede perdonar los pecados, es en verdad sumamente precioso para todos los hombres. Recuerda siempre que Dios no recompensa al hombre por lo que hace, sino por lo que es; por eso debes prestar ayuda a tus semejantes sin pensar en recompensas. Haz el bien sin pensar en el beneficio propio.
131:8.6«Los que conocen las leyes del Eterno son sabios. La ignorancia de la ley divina es miseria y desastre. Los que conocen las leyes de Dios son de mente amplia. Si conoces al Eterno, aunque tu cuerpo perezca, tu alma sobrevivirá en el servicio espiritual. Eres verdaderamente sabio cuando reconoces tu insignificancia. Si permaneces en la luz del Eterno, gozarás de la iluminación del Supremo. Los que dedican su persona al servicio del Supremo están gozosos en esta búsqueda del Eterno. Cuando el hombre muere, el espíritu comienza a emprender su largo vuelo en el gran viaje de regreso a casa.»
9. Confucianismo
131:9.1Incluso la religión que menos reconocía a Dios entre las grandes religiones del mundo admitió el monoteísmo de los misioneros de Melquisedec y de sus perseverantes sucesores. El resumen que hizo Ganid del confucianismo fue:
131:9.2«Lo que el Cielo dispone está libre de error. La verdad es real y divina. Todo se origina en el Cielo, y el Gran Cielo no se equivoca. El Cielo ha designado a muchos subordinados para que ayuden en la instrucción y la elevación de las criaturas inferiores. Grande, muy grande, es el Dios Único que gobierna al hombre desde lo alto. Dios es majestuoso en poder y temible en el juicio. Pero este Gran Dios ha conferido un sentido moral incluso a muchas personas inferiores. La generosidad del Cielo nunca cesa. La benevolencia es el don más selecto del Cielo a los hombres. El Cielo ha otorgado su nobleza al alma del hombre; las virtudes del hombre son el fruto de esta dotación de la nobleza del Cielo. El Gran Cielo todo lo discierne y acompaña al hombre en todos sus actos. Y hacemos bien cuando llamamos al Gran Cielo nuestro Padre y nuestra Madre. Si así somos siervos de nuestros antepasados divinos, entonces podemos orar al Cielo con confianza. En todo momento y en todas las cosas, permanezcamos con reverencia ante la majestad del Cielo. Reconocemos, oh Dios, Altísimo y Potentado soberano, que el juicio reside en ti, y que toda misericordia procede del corazón divino.
131:9.3«Dios está con nosotros; por eso no tenemos miedo en el corazón. Si se encuentra en mí alguna virtud, es la manifestación del Cielo que habita conmigo. Pero este Cielo que está dentro de mí con frecuencia exige mucho a mi fe. Si Dios está conmigo, he decidido no tener ninguna duda en el corazón. La fe debe estar muy cerca de la verdad de las cosas, y no veo cómo un hombre puede vivir sin esta buena fe. El bien y el mal no les ocurren a los hombres sin causa. El Cielo trata con el alma del hombre de acuerdo con su propósito. Cuando descubras que estás equivocado, no dudes en confesar tu error y apresúrate a reparar.
131:9.4«El sabio se ocupa de buscar la verdad, no de buscar un simple sustento. Alcanzar la perfección del Cielo es la meta del hombre. El hombre superior se dedica a ajustarse a sí mismo, y está libre de ansiedad y de miedo. Dios está contigo; no tengas duda en tu corazón. Toda buena obra tiene su recompensa. El hombre superior no murmura contra el Cielo ni guarda rencor a los hombres. Lo que no te gusta que te hagan a ti, no lo hagas a otros. Que la compasión sea parte de todo castigo; esfuérzate en todo sentido por hacer del castigo una bendición. Tal es el camino del Gran Cielo. Aunque todas las criaturas deben morir y volver a la tierra, el espíritu del hombre noble sale para ser manifestado en lo alto y para ascender a la gloriosa luz del resplandor final.»
10. «Nuestra religión»
131:10.1Después de la ardua labor de llevar a cabo esta compilación de las enseñanzas de las religiones del mundo acerca del Padre del Paraíso, Ganid se dedicó a la tarea de formular lo que consideraba un resumen de la creencia a la que había llegado acerca de Dios como resultado de la enseñanza de Jesús. Este joven tenía la costumbre de referirse a tales creencias como «nuestra religión». Este fue su registro:
131:10.2«El Señor nuestro Dios es un solo Señor, y debes amarlo con toda tu mente y tu corazón mientras haces todo lo posible por amar a todos sus hijos como te amas a ti mismo. Este único Dios es nuestro Padre celestial, en quien todas las cosas subsisten, y que habita, por su espíritu, en toda alma humana sincera. Y nosotros, que somos los hijos de Dios, debemos aprender a confiarle la custodia de nuestras almas como a un Creador fiel. Con nuestro Padre celestial todas las cosas son posibles. Puesto que él es el Creador, que ha hecho todas las cosas y todos los seres, no podría ser de otro modo. Aunque no podemos ver a Dios, podemos conocerlo. Y viviendo cada día la voluntad del Padre que está en el cielo, podemos revelarlo a nuestros semejantes.
131:10.3«Las riquezas divinas del carácter de Dios deben ser infinitamente profundas y eternamente sabias. No podemos descubrir a Dios mediante el conocimiento, pero podemos conocerlo en nuestro corazón por experiencia personal. Aunque su justicia pueda ser inescrutable, su misericordia puede recibirla el ser más humilde de la tierra. Aunque el Padre llena el universo, también vive en nuestro corazón. La mente del hombre es humana, mortal, pero el espíritu del hombre es divino, inmortal. Dios no solo es todopoderoso, sino también omnisapiente. Si nuestros padres terrenales, aun siendo de tendencia mala, saben amar a sus hijos y darles buenos regalos, cuánto más debe saber el buen Padre del cielo amar sabiamente a sus hijos en la tierra y otorgarles las bendiciones adecuadas.
131:10.4«El Padre que está en el cielo no permitirá que perezca un solo hijo en la tierra si ese hijo tiene el deseo de encontrar al Padre y anhela de verdad ser como él. Nuestro Padre ama incluso a los malvados y es siempre bondadoso con los ingratos. Si más seres humanos pudieran conocer la bondad de Dios, ciertamente serían llevados a arrepentirse de sus malos caminos y a abandonar todo pecado conocido. Todas las cosas buenas descienden del Padre de la luz, en quien no hay variación ni sombra de cambio. El espíritu del Dios verdadero está en el corazón del hombre. Él quiere que todos los hombres sean hermanos. Cuando los hombres empiezan a buscar a Dios a tientas, eso es prueba de que Dios los ha encontrado, y de que están en busca de conocimiento acerca de él. Vivimos en Dios y Dios habita en nosotros.
131:10.5«Ya no me conformaré con creer que Dios es el Padre de todo mi pueblo; de ahora en adelante creeré que también es mi Padre. Siempre trataré de adorar a Dios con la ayuda del Espíritu de la Verdad, que es mi ayudante cuando me he vuelto verdaderamente conocedor de Dios. Pero ante todo voy a practicar la adoración de Dios aprendiendo a hacer la voluntad de Dios en la tierra; es decir, voy a hacer todo lo posible por tratar a cada uno de mis compañeros mortales tal como pienso que a Dios le gustaría que fuera tratado. Y cuando vivimos esta clase de vida en la carne, podemos pedir muchas cosas a Dios, y él nos concederá el deseo de nuestro corazón para que estemos mejor preparados para servir a nuestros semejantes. Y todo este servicio amoroso de los hijos de Dios amplía nuestra capacidad para recibir y experimentar los gozos del cielo, los altos placeres del ministerio del espíritu del cielo.
131:10.6«Daré gracias a Dios cada día por sus dones inefables; lo alabaré por sus obras maravillosas para con los hijos de los hombres. Para mí él es el Todopoderoso, el Creador, el Poder y la Misericordia, pero lo mejor de todo es que es mi Padre espiritual, y como hijo suyo de la tierra, algún día iré a verlo. Y mi tutor ha dicho que buscándolo llegaré a ser como él. Por la fe en Dios he alcanzado la paz con él. Esta nueva religión nuestra está muy llena de alegría, y genera una felicidad duradera. Tengo la confianza de que seré fiel hasta la muerte, y de que sin duda recibiré la corona de la vida eterna.
131:10.7«Estoy aprendiendo a examinarlo todo y a retener lo que es bueno. Todo lo que quisiera que los hombres me hicieran a mí, eso haré a mis semejantes. Por esta nueva fe sé que el hombre puede llegar a ser hijo de Dios, pero a veces me aterra cuando me detengo a pensar que todos los hombres son mis hermanos, pero tiene que ser verdad. No veo cómo puedo regocijarme en la paternidad de Dios mientras me niego a aceptar la fraternidad de los hombres. Quien invoque el nombre del Señor será salvado. Si eso es verdad, entonces todos los hombres tienen que ser mis hermanos.
131:10.8«De ahora en adelante haré mis buenas obras en secreto; también oraré más cuando esté a solas. No juzgaré, para no ser injusto con mis semejantes. Voy a aprender a amar a mis enemigos; no he dominado verdaderamente esta práctica de ser semejante a Dios. Aunque veo a Dios en estas otras religiones, lo encuentro en “nuestra religión” más bello, amoroso, misericordioso, personal y positivo. Pero sobre todo, este Ser grande y glorioso es mi Padre espiritual; yo soy su hijo. Y por ningún otro medio que mi sincero deseo de ser como él, he de encontrarlo finalmente y servirlo eternamente. Por fin tengo una religión con un Dios, un Dios maravilloso, y él es un Dios de salvación eterna.»