Parte III · Documento 99
Los problemas sociales de la religión
99:0.1LA RELIGIÓN alcanza su más alto ministerio social cuando menos conexión tiene con las instituciones seculares de la sociedad. En las épocas pasadas, como las reformas sociales se limitaban en gran parte a los dominios morales, la religión no tuvo que adaptar su actitud a cambios extensos en los sistemas económicos y políticos. El principal problema de la religión era el esfuerzo por reemplazar el mal con el bien dentro del orden social existente de la cultura política y económica. Así, la religión ha tendido indirectamente a perpetuar el orden establecido de la sociedad, a favorecer el mantenimiento del tipo existente de civilización.
99:0.2Sin embargo, ni la creación de nuevos órdenes sociales ni la conservación de los antiguos deberían ser un asunto directo de la religión. Es cierto que la religión verdadera se opone a la violencia como técnica de la evolución social, pero nada tiene en contra de los esfuerzos inteligentes que hace la sociedad por adaptar sus usos y ajustar sus instituciones a las condiciones económicas y a las exigencias culturales nuevas.
99:0.3La religión sí aprobó las reformas sociales ocasionales de los siglos pasados, pero en el siglo veinte se ve llamada por necesidad a afrontar la adaptación a una reconstrucción social extensa y continua. Las condiciones de vida cambian con tanta rapidez que las modificaciones institucionales deben acelerarse mucho, y la religión debe, en consecuencia, apresurar su adaptación a este nuevo orden social en cambio constante.
1. La religión y la reconstrucción social
99:1.1Los inventos mecánicos y la difusión del conocimiento están modificando la civilización; ciertos ajustes económicos y cambios sociales son imperativos si se quiere evitar un desastre cultural. Este nuevo orden social que se aproxima no se asentará complacientemente durante un milenio. La raza humana debe reconciliarse con una sucesión de cambios, ajustes y reajustes. La humanidad está en marcha hacia un destino planetario nuevo y no revelado.
99:1.2La religión debe llegar a ser una influencia vigorosa en favor de la estabilidad moral y de la progresión espiritual, que funcione de manera dinámica en medio de estas condiciones siempre cambiantes y de estos ajustes económicos interminables.
99:1.3La sociedad de Urantia no puede esperar nunca asentarse como en las épocas pasadas. El barco social ha salido de las bahías protegidas de la tradición establecida y ha comenzado su travesía por la alta mar del destino evolutivo; y el alma del hombre, como nunca antes en la historia del mundo, necesita examinar con cuidado sus cartas de navegación de la moralidad y observar con esmero la brújula de la guía religiosa. La misión primordial de la religión como influencia social es estabilizar los ideales de la humanidad durante estos tiempos peligrosos de transición de una fase de la civilización a otra, de un nivel de cultura a otro.
99:1.4La religión no tiene nuevos deberes que cumplir, pero se le pide con urgencia que funcione como guía sabia y consejera experimentada en todas estas situaciones humanas nuevas y de rápido cambio. La sociedad se vuelve más mecánica, más compacta, más compleja y de una interdependencia más crítica. La religión debe funcionar para impedir que estas nuevas e íntimas interasociaciones lleguen a ser mutuamente regresivas o incluso destructivas. La religión debe actuar como la sal cósmica que impide que los fermentos de la progresión destruyan el sabor cultural de la civilización. Estas nuevas relaciones sociales y convulsiones económicas solo pueden dar como resultado una fraternidad duradera mediante el ministerio de la religión.
99:1.5Un humanitarismo sin Dios es, humanamente hablando, un gesto noble, pero la verdadera religión es el único poder que puede aumentar de manera duradera la sensibilidad de un grupo social ante las necesidades y los sufrimientos de otros grupos. En el pasado, la religión institucional podía permanecer pasiva mientras los estratos superiores de la sociedad hacían oídos sordos a los sufrimientos y a la opresión de los estratos inferiores indefensos, pero en los tiempos modernos estos órdenes sociales inferiores ya no son tan abyectamente ignorantes ni tan políticamente indefensos.
99:1.6La religión no debe involucrarse orgánicamente en la obra secular de la reconstrucción social y la reorganización económica. Pero debe mantenerse activamente al paso de todos estos avances de la civilización formulando de nuevo, de forma nítida y vigorosa, sus mandatos morales y sus preceptos espirituales, su filosofía progresiva de la vida humana y de la supervivencia trascendente. El espíritu de la religión es eterno, pero la forma de su expresión debe formularse de nuevo cada vez que se revisa el diccionario del lenguaje humano.
2. Debilidad de la religión institucional
99:2.1La religión institucional no puede dar inspiración ni proporcionar liderazgo en esta inminente reconstrucción social y reorganización económica de alcance mundial, porque desgraciadamente ha llegado a ser, en mayor o menor medida, una parte orgánica del orden social y del sistema económico que está destinado a sufrir una reconstrucción. Solo la religión real de la experiencia espiritual personal puede funcionar de manera útil y creativa en la crisis presente de la civilización.
99:2.2La religión institucional se encuentra ahora atrapada en el punto muerto de un círculo vicioso. No puede reconstruir la sociedad sin reconstruirse primero a sí misma; y, al ser en tal medida una parte integral del orden establecido, no puede reconstruirse a sí misma hasta que la sociedad haya sido reconstruida radicalmente.
99:2.3Los hombres religiosos deben actuar en la sociedad, en la industria y en la política como individuos, no como grupos, partidos o instituciones. Un grupo religioso que pretende actuar como tal, aparte de las actividades religiosas, se convierte de inmediato en un partido político, una organización económica o una institución social. El colectivismo religioso debe limitar sus esfuerzos al fomento de las causas religiosas.
99:2.4Los hombres religiosos no tienen más valor que los no religiosos en las tareas de la reconstrucción social, excepto en la medida en que su religión les haya conferido una mayor previsión cósmica y los haya dotado de esa sabiduría social superior que nace del deseo sincero de amar a Dios supremamente y de amar a cada hombre como a un hermano en el reino celestial. Un orden social ideal es aquel en el que cada hombre ama a su prójimo como se ama a sí mismo.
99:2.5Puede que la iglesia institucionalizada haya parecido servir a la sociedad en el pasado al glorificar los órdenes políticos y económicos establecidos, pero debe dejar pronto de actuar así si quiere sobrevivir. Su única actitud apropiada consiste en enseñar la no violencia, la doctrina de la evolución pacífica en lugar de la revolución violenta —paz en la tierra y buena voluntad entre todos los hombres.
99:2.6A la religión moderna le resulta difícil adaptar su actitud a los cambios sociales que se suceden con rapidez solo porque se ha permitido volverse tan completamente tradicionalizada, dogmatizada e institucionalizada. La religión de la experiencia viva no tiene dificultad en mantenerse por delante de todos estos desarrollos sociales y convulsiones económicas, en medio de los cuales funciona siempre como estabilizador moral, guía social y piloto espiritual. La verdadera religión transmite de una época a otra la cultura valiosa y esa sabiduría que nace de la experiencia de conocer a Dios y de esforzarse por ser como él.
3. La religión y el hombre religioso
99:3.1El cristianismo primitivo estaba completamente libre de todo enredo civil, compromiso social y alianza económica. Solo más tarde el cristianismo institucionalizado se convirtió en parte orgánica de la estructura política y social de la civilización occidental.
99:3.2El reino de los cielos no es un orden social ni económico; es una fraternidad exclusivamente espiritual de individuos que conocen a Dios. Es cierto que tal fraternidad es en sí misma un fenómeno social nuevo y asombroso, acompañado de repercusiones políticas y económicas sorprendentes.
99:3.3El hombre religioso no carece de compasión ante el sufrimiento social, no es indiferente a la injusticia civil, no está aislado del pensamiento económico, ni es insensible a la tiranía política. La religión influye directamente en la reconstrucción social porque espiritualiza e idealiza al ciudadano individual. Indirectamente, la civilización cultural recibe la influencia de la actitud de estos hombres religiosos individuales a medida que se convierten en miembros activos e influyentes de diversos grupos sociales, morales, económicos y políticos.
99:3.4Alcanzar una alta civilización cultural exige, primero, el tipo ideal de ciudadano y, después, mecanismos sociales ideales y adecuados con los que tal ciudadanía pueda controlar las instituciones económicas y políticas de una sociedad humana tan avanzada.
99:3.5La iglesia, a causa de un exceso de falso sentimiento, ha ministrado durante mucho tiempo a los desfavorecidos y a los desafortunados, y todo esto ha estado bien, pero este mismo sentimiento ha llevado a la perpetuación imprudente de linajes racialmente degenerados que han retrasado enormemente el progreso de la civilización.
99:3.6Muchos reconstructores sociales individuales, aunque repudian con vehemencia la religión institucionalizada, son, después de todo, celosamente religiosos en la propagación de sus reformas sociales. Y así es como la motivación religiosa, personal y más o menos no reconocida, desempeña un gran papel en el programa de reconstrucción social de nuestros días.
99:3.7La gran debilidad de todo este tipo de actividad religiosa no reconocida e inconsciente es que no puede sacar provecho de la crítica religiosa abierta y alcanzar así niveles provechosos de autocorrección. Es un hecho que la religión no crece a menos que la discipline la crítica constructiva, la amplíe la filosofía, la purifique la ciencia y la nutra un compañerismo leal.
99:3.8Siempre existe el gran peligro de que la religión se distorsione y se pervierta en la búsqueda de metas falsas, como cuando en tiempos de guerra cada nación contendiente prostituye su religión y la convierte en propaganda militar. El celo sin amor es siempre perjudicial para la religión, mientras que la persecución desvía las actividades de la religión hacia la consecución de algún impulso sociológico o teológico.
99:3.9La religión solo puede mantenerse libre de alianzas seculares profanas mediante:
99:3.101. Una filosofía críticamente correctiva.
99:3.112. La libertad respecto de toda alianza social, económica y política.
99:3.123. Compañerismos creativos, reconfortantes y que acrecienten el amor.
99:3.134. El aumento progresivo del discernimiento espiritual y de la apreciación de los valores cósmicos.
99:3.145. La prevención del fanatismo mediante las compensaciones de la actitud mental científica.
99:3.15Los hombres religiosos, como grupo, nunca deben ocuparse de nada que no sea la religión, aunque cualquiera de esos hombres religiosos, como ciudadano individual, puede llegar a ser el líder destacado de algún movimiento de reconstrucción social, económica o política.
99:3.16La tarea de la religión es crear, sostener e inspirar en el ciudadano individual una lealtad cósmica tal que lo dirija a lograr el éxito en el avance de todos estos servicios sociales difíciles pero deseables.
4. Dificultades de la transición
99:4.1La religión genuina hace al hombre religioso socialmente fragante y crea percepciones profundas del compañerismo humano. Pero la formalización de los grupos religiosos destruye muchas veces los mismos valores para cuya promoción se organizó el grupo. La amistad humana y la religión divina se ayudan mutuamente y se iluminan de manera significativa si el crecimiento de cada una se equilibra y se armoniza. La religión pone un nuevo significado en todas las asociaciones de grupo —familias, escuelas y clubes. Imparte nuevos valores al juego y exalta todo verdadero humor.
99:4.2El liderazgo social se transforma mediante el discernimiento espiritual; la religión impide que todos los movimientos colectivos pierdan de vista sus verdaderos objetivos. Junto con los hijos, la religión es la gran unificadora de la vida familiar, siempre que sea una fe viva y en crecimiento. No se puede tener vida familiar sin hijos; se la puede vivir sin religión, pero tal desventaja multiplica enormemente las dificultades de esta íntima asociación humana. Durante las primeras décadas del siglo veinte, la vida familiar, después de la experiencia religiosa personal, es la que más sufre por la decadencia que resulta de la transición de las antiguas lealtades religiosas a los nuevos significados y valores que surgen.
99:4.3La religión verdadera es un modo significativo de vivir con dinamismo, de cara a las realidades ordinarias de la vida de todos los días. Pero la religión no debe estar estandarizada si ha de estimular el desarrollo individual del carácter y aumentar la integración de la personalidad. Tampoco debe estar estereotipada si ha de estimular la evaluación de la experiencia y servir de atracción hacia los valores. Y no debe volverse formal si ha de promover las lealtades supremas.
99:4.4Sean cuales sean las convulsiones que acompañen el crecimiento social y económico de la civilización, la religión es genuina y valiosa si fomenta en el individuo una experiencia en la que prevalece la soberanía de la verdad, la belleza y la bondad, porque ese es el verdadero concepto espiritual de la realidad suprema. Y mediante el amor y la adoración, esto llega a ser significativo como compañerismo con el hombre y filiación con Dios.
99:4.5Después de todo, es lo que uno cree, más que lo que uno sabe, lo que determina la conducta y domina las actuaciones personales. El conocimiento puramente fáctico ejerce muy poca influencia sobre el hombre común, a menos que se active emocionalmente. Pero la activación de la religión es superemocional y unifica toda la experiencia humana en niveles trascendentes mediante el contacto con las energías espirituales, y la liberación de estas, en la vida mortal.
99:4.6Durante los tiempos psicológicamente inestables del siglo veinte, en medio de las convulsiones económicas, las contracorrientes morales y las corrientes de resaca sociológicas de las transiciones ciclónicas de una era científica, miles y miles de hombres y mujeres han quedado humanamente desplazados; están ansiosos, inquietos, temerosos, inseguros e inestables; como nunca antes en la historia del mundo, necesitan el consuelo y la estabilización de una religión sana. Frente a logros científicos sin precedentes y a un desarrollo mecánico sin precedentes, hay estancamiento espiritual y caos filosófico.
99:4.7No hay peligro en que la religión se vuelva cada vez más un asunto privado —una experiencia personal—, siempre que no pierda su motivación para el servicio social desinteresado y amoroso. La religión ha sufrido muchas influencias secundarias: la mezcla repentina de culturas, la entremezcla de credos, la disminución de la autoridad eclesiástica, el cambio de la vida familiar, junto con la urbanización y la mecanización.
99:4.8El mayor peligro espiritual del hombre consiste en el progreso parcial, la difícil situación del crecimiento inacabado: abandonar las religiones evolutivas del temor sin captar de inmediato la religión revelatoria del amor. La ciencia moderna, en particular la psicología, solo ha debilitado aquellas religiones que dependen en tan gran medida del temor, la superstición y la emoción.
99:4.9La transición siempre va acompañada de confusión, y habrá poca tranquilidad en el mundo religioso hasta que termine la gran lucha entre las tres filosofías contendientes de la religión:
99:4.101. La creencia espiritualista (en una Deidad providencial) de muchas religiones.
99:4.112. La creencia humanista e idealista de muchas filosofías.
99:4.123. Las concepciones mecanicistas y naturalistas de muchas ciencias.
99:4.13Y estos tres enfoques parciales de la realidad del cosmos deben con el tiempo armonizarse mediante la presentación revelatoria de la religión, la filosofía y la cosmología que describe la existencia trina del espíritu, la mente y la energía, que proceden de la Trinidad del Paraíso y alcanzan la unificación en el tiempo-espacio dentro de la Deidad del Supremo.
5. Aspectos sociales de la religión
99:5.1Si bien la religión es exclusivamente una experiencia espiritual personal —conocer a Dios como Padre—, el corolario de esta experiencia —conocer al hombre como hermano— implica la adaptación del yo a otros yoes, y eso involucra el aspecto social o de grupo de la vida religiosa. La religión es primero un ajuste interior o personal, y luego se convierte en una cuestión de servicio social o de ajuste de grupo. El hecho del carácter gregario del hombre determina forzosamente que surjan grupos religiosos. Lo que les suceda a estos grupos religiosos depende mucho de un liderazgo inteligente. En la sociedad primitiva, el grupo religioso no siempre es muy diferente de los grupos económicos o políticos. La religión ha sido siempre conservadora de la moral y estabilizadora de la sociedad. Y esto sigue siendo cierto, a pesar de la enseñanza contraria de muchos socialistas y humanistas modernos.
99:5.2Tengan siempre presente: La verdadera religión es conocer a Dios como su Padre y al hombre como su hermano. La religión no es una creencia servil en amenazas de castigo ni en promesas mágicas de futuras recompensas místicas.
99:5.3La religión de Jesús es la influencia más dinámica que jamás haya activado a la raza humana. Jesús hizo añicos la tradición, destruyó el dogma y llamó a la humanidad a alcanzar sus más altos ideales en el tiempo y en la eternidad —a ser perfectos, así como el Padre en el cielo es perfecto.
99:5.4La religión tiene pocas posibilidades de funcionar hasta que el grupo religioso se separe de todos los demás grupos —la asociación social de quienes son miembros espirituales del reino de los cielos.
99:5.5La doctrina de la depravación total del hombre destruyó gran parte del potencial de la religión para producir repercusiones sociales de naturaleza elevadora y de valor inspirador. Jesús procuró restaurar la dignidad del hombre cuando declaró que todos los hombres son hijos de Dios.
99:5.6Toda creencia religiosa que sea eficaz para espiritualizar al creyente tendrá con seguridad poderosas repercusiones en la vida social de ese hombre religioso. La experiencia religiosa produce infaliblemente los «frutos del espíritu» en la vida diaria del mortal guiado por el espíritu.
99:5.7Tan ciertamente como los hombres comparten sus creencias religiosas, crean un grupo religioso de algún tipo que con el tiempo crea metas comunes. Algún día los hombres religiosos se unirán y llevarán a cabo realmente la cooperación sobre la base de la unidad de ideales y propósitos, en lugar de intentar hacerlo sobre la base de opiniones psicológicas y creencias teológicas. Las metas, más que los credos, deben unificar a los hombres religiosos. Puesto que la verdadera religión es un asunto de experiencia espiritual personal, es inevitable que cada hombre religioso individual tenga su propia interpretación personal de la toma de conciencia de esa experiencia espiritual. Que el término «fe» represente la relación del individuo con Dios, más que la formulación en un credo de aquello en lo que algún grupo de mortales ha podido ponerse de acuerdo como actitud religiosa común. «¿Tienes fe? Entonces tenla para ti mismo.»
99:5.8Que la fe se ocupa solo de la captación de los valores ideales lo muestra la definición del Nuevo Testamento que declara que la fe es la sustancia de las cosas que se esperan y la evidencia de las cosas que no se ven.
99:5.9El hombre primitivo hizo poco esfuerzo por poner en palabras sus convicciones religiosas. Su religión se bailaba más que se pensaba. Los hombres modernos han elaborado con el pensamiento muchos credos y han creado muchas pruebas de fe religiosa. Los hombres religiosos del futuro deben vivir plenamente su religión, dedicarse al servicio de todo corazón de la fraternidad de los hombres. Ya es hora de que el hombre tenga una experiencia religiosa tan personal y tan sublime que solo se pueda tomar conciencia de ella y expresarla mediante «sentimientos demasiado profundos para las palabras».
99:5.10Jesús no exigió a sus seguidores que se reunieran periódicamente y recitaran una fórmula de palabras que indicara sus creencias comunes. Solo dispuso que se reunieran para hacer algo — participar en la cena comunitaria del recuerdo de su vida de otorgamiento en Urantia.
99:5.11¡Qué error cometen los cristianos cuando, al presentar a Cristo como el ideal supremo de liderazgo espiritual, se atreven a exigir a hombres y mujeres conscientes de Dios que rechacen el liderazgo histórico de los hombres que conocían a Dios y que contribuyeron a su particular iluminación nacional o racial durante las épocas pasadas!
6. La religión institucional
99:6.1El sectarismo es una enfermedad de la religión institucional, y el dogmatismo es una esclavización de la naturaleza espiritual. Es mucho mejor tener una religión sin iglesia que una iglesia sin religión. La agitación religiosa del siglo veinte no presagia, en sí misma y por sí misma, decadencia espiritual. La confusión precede tanto al crecimiento como a la destrucción.
99:6.2Hay un propósito real en la socialización de la religión. El propósito de las actividades religiosas de grupo es dramatizar las lealtades de la religión; magnificar los atractivos de la verdad, la belleza y la bondad; fomentar las atracciones de los valores supremos; realzar el servicio del compañerismo desinteresado; glorificar los potenciales de la vida familiar; promover la educación religiosa; proporcionar consejo sabio y guía espiritual; y fomentar la adoración en grupo. Y todas las religiones vivas fomentan la amistad humana, conservan la moralidad, promueven el bienestar del vecindario y facilitan la difusión del evangelio esencial de sus respectivos mensajes de salvación eterna.
99:6.3Pero a medida que la religión se institucionaliza, su poder para el bien se reduce, mientras que las posibilidades para el mal se multiplican enormemente. Los peligros de la religión formalizada son: la fijación de las creencias y la cristalización de los sentimientos; la acumulación de intereses creados con el aumento de la secularización; la tendencia a estandarizar y fosilizar la verdad; la desviación de la religión del servicio de Dios al servicio de la iglesia; la inclinación de los líderes a convertirse en administradores en lugar de ministros; la tendencia a formar sectas y divisiones competidoras; el establecimiento de una autoridad eclesiástica opresiva; la creación de la actitud aristocrática de «pueblo elegido»; el fomento de ideas falsas y exageradas de sacralidad; la rutinización de la religión y la petrificación de la adoración; la tendencia a venerar el pasado mientras se ignoran las exigencias presentes; el fracaso en hacer interpretaciones actualizadas de la religión; el enredo con funciones de instituciones seculares; crea la perniciosa discriminación de las castas religiosas; se convierte en un juez intolerante de la ortodoxia; no logra mantener el interés de la juventud aventurera y pierde gradualmente el mensaje salvador del evangelio de la salvación eterna.
99:6.4En lugar de liberar a los hombres para un servicio más elevado como constructores del reino, la religión formal los refrena en sus actividades espirituales personales.
7. La contribución de la religión
99:7.1Aunque las iglesias y todos los demás grupos religiosos deben mantenerse apartados de todas las actividades seculares, al mismo tiempo la religión no debe hacer nada que obstaculice o retrase la coordinación social de las instituciones humanas. La vida debe seguir creciendo en significado; el hombre debe continuar con su reforma de la filosofía y su clarificación de la religión.
99:7.2La ciencia política debe llevar a cabo la reconstrucción de la economía y la industria mediante las técnicas que aprende de las ciencias sociales y mediante los discernimientos y motivos que proporciona la vida religiosa. En toda reconstrucción social, la religión proporciona una lealtad estabilizadora hacia un objeto trascendente, una meta que da firmeza más allá y por encima del objetivo inmediato y temporal. En medio de las confusiones de un entorno que cambia con rapidez, el hombre mortal necesita el sustento de una perspectiva cósmica de amplio alcance.
99:7.3La religión inspira al hombre a vivir con valentía y alegría sobre la faz de la tierra; une la paciencia con la pasión, el discernimiento con el celo, la compasión con el poder y los ideales con la energía.
99:7.4Si no medita en presencia de la soberanía de Dios y no cuenta con las realidades de los significados divinos y de los valores espirituales, el hombre jamás podrá tomar decisiones sabias sobre los asuntos temporales ni trascender el egoísmo de los intereses personales.
99:7.5La interdependencia económica y la confraternidad social conducirán finalmente a la fraternidad. El hombre es por naturaleza un soñador, pero la ciencia lo está volviendo sobrio, de modo que la religión pueda pronto activarlo con mucho menos peligro de provocar reacciones fanáticas. Las necesidades económicas atan al hombre a la realidad, y la experiencia religiosa personal pone a este mismo hombre frente a frente con las realidades eternas de una ciudadanía cósmica en continua expansión y progreso.
99:7.6[Presentado por un Melquisedec de Nebadon.]