Parte III · Documento 84

El matrimonio y la vida familiar

84:0.1LA necesidad material fundó el matrimonio, el hambre sexual lo embelleció, la religión lo sancionó y lo exaltó, el Estado lo exigió y lo reguló, mientras que en tiempos posteriores el amor en evolución comienza a justificar y a glorificar el matrimonio como el antepasado y el creador de la institución más útil y sublime de la civilización: el hogar. Y la edificación del hogar debería ser el centro y la esencia de todo esfuerzo educativo.

84:0.2El apareamiento es puramente un acto de autoperpetuación asociado a diversos grados de autogratificación; el matrimonio, la edificación del hogar, es en gran parte una cuestión de automantenimiento, e implica la evolución de la sociedad. La sociedad misma es la estructura agregada de las unidades familiares. Como factores planetarios, los individuos son muy temporales —solo las familias son agentes continuos de la evolución social. La familia es el canal por el que el río de la cultura y del conocimiento fluye de una generación a otra.

84:0.3El hogar es básicamente una institución sociológica. El matrimonio surgió de la cooperación en el automantenimiento y de la asociación en la autoperpetuación, y el elemento de la autogratificación fue en gran parte incidental. Sin embargo, el hogar sí abarca las tres funciones esenciales de la existencia humana, mientras que la propagación de la vida hace de él la institución humana fundamental, y el sexo lo distingue de todas las demás actividades sociales.

1. Las asociaciones primitivas de pareja

84:1.1El matrimonio no se fundó en las relaciones sexuales; estas fueron incidentales a él. El hombre primitivo no necesitaba el matrimonio, pues satisfacía libremente su apetito sexual sin cargarse con las responsabilidades de una esposa, de unos hijos y de un hogar.

84:1.2La mujer, a causa de su apego físico y emocional a su progenie, depende de la cooperación con el varón, y esto la impulsa hacia la protección y el amparo del matrimonio. Pero ningún impulso biológico directo llevó al hombre al matrimonio —y mucho menos lo retuvo en él. No fue el amor lo que hizo atractivo el matrimonio para el hombre, sino el hambre de alimento, que fue lo primero que atrajo al hombre salvaje hacia la mujer y hacia el refugio primitivo que compartían los hijos de ella.

84:1.3El matrimonio ni siquiera se originó por una toma de conciencia de las obligaciones de las relaciones sexuales. El hombre primitivo no comprendía ninguna conexión entre la actividad sexual y el nacimiento posterior de un hijo. En otro tiempo se creía universalmente que una virgen podía quedar embarazada. El salvaje concibió pronto la idea de que los bebés se hacían en la tierra de los espíritus; se creía que el embarazo era el resultado de que en una mujer entrara un espíritu, un fantasma en evolución. También se creía que tanto la alimentación como el mal de ojo podían causar el embarazo de una virgen o de una mujer soltera, mientras que creencias posteriores relacionaron los comienzos de la vida con el aliento y con la luz del sol.

84:1.4Muchos pueblos primitivos asociaban los fantasmas con el mar; por eso las vírgenes tenían grandes restricciones en sus costumbres de baño; las jóvenes temían mucho más bañarse en el mar con la marea alta que tener relaciones sexuales. Los bebés deformes o prematuros se consideraban crías de animales que habían entrado en el cuerpo de una mujer a causa de un baño descuidado o por la actividad de espíritus malévolos. Los salvajes, por supuesto, no tenían ningún reparo en estrangular a esos hijos al nacer.

84:1.5El primer paso hacia la ilustración llegó con la creencia de que las relaciones sexuales abrían el camino para que el fantasma fecundador entrara en la hembra. Desde entonces el hombre ha descubierto que el padre y la madre contribuyen por igual con los factores hereditarios vivos que dan comienzo a la progenie. Pero aun en el siglo veinte muchos padres todavía se esfuerzan por mantener a sus hijos en mayor o menor ignorancia acerca del origen de la vida humana.

84:1.6El hecho de que la función reproductora implique la relación entre la madre y el hijo aseguró una familia de algún tipo sencillo. El amor materno es instintivo; no se originó en las mores, como el matrimonio. Todo amor materno de los mamíferos es una dotación inherente de los espíritus ayudantes de la mente del universo local, y en fuerza y en devoción es siempre directamente proporcional a la duración de la infancia indefensa de la especie.

84:1.7La relación entre la madre y el hijo es natural, fuerte e instintiva, y es por ello una relación que obligó a las mujeres primitivas a someterse a muchas condiciones extrañas y a soportar penurias indecibles. Este apremiante amor materno es la emoción que pone trabas a la mujer y que siempre la ha puesto en tan tremenda desventaja en todas sus luchas con el hombre. Aun así, el instinto maternal en la especie humana no es irresistible; la ambición, el egoísmo y la convicción religiosa pueden frustrarlo.

84:1.8Aunque la asociación de la madre y el hijo no es ni matrimonio ni hogar, fue el núcleo del que ambos surgieron. El gran avance en la evolución del apareamiento llegó cuando estas uniones temporales duraron lo suficiente para criar a la progenie resultante, pues eso era formar un hogar.

84:1.9A pesar de los antagonismos de estas primeras parejas, y no obstante la poca firmeza de la unión, estas asociaciones de varón y hembra mejoraron mucho las posibilidades de supervivencia. Un hombre y una mujer que cooperan, aun aparte de la familia y de los hijos, son muy superiores en la mayoría de los aspectos tanto a dos hombres como a dos mujeres. Este emparejamiento de los sexos favoreció la supervivencia y fue el comienzo mismo de la sociedad humana. La división del trabajo por sexos también contribuyó a la comodidad y a una mayor felicidad.

2. La primitiva familia-madre

84:2.1La hemorragia periódica de la mujer y su pérdida adicional de sangre en el parto sugirieron pronto que la sangre era la creadora del hijo (incluso la sede del alma) y dieron origen al concepto del vínculo de sangre en las relaciones humanas. En los tiempos primitivos toda la descendencia se contaba por la línea femenina, pues era la única parte de la herencia que era del todo segura.

84:2.2La familia primitiva, que surgió del vínculo de sangre, biológico e instintivo, entre la madre y el hijo, fue inevitablemente una familia-madre; y muchas tribus mantuvieron durante mucho tiempo este orden. La familia-madre fue la única transición posible desde la etapa del matrimonio de grupo en la horda hasta la vida de hogar, posterior y mejorada, de las familias-padre polígamas y monógamas. La familia-madre era natural y biológica; la familia-padre es social, económica y política. La persistencia de la familia-madre entre los hombres rojos de Norteamérica es una de las principales razones por las que los iroqueses, por lo demás progresistas, nunca llegaron a ser un verdadero Estado.

84:2.3Bajo las mores de la familia-madre, la madre de la esposa gozaba de una autoridad prácticamente suprema en el hogar; incluso los hermanos de la esposa y los hijos de estos tomaban una parte más activa en la supervisión de la familia que el marido. A menudo a los padres se les daba un nuevo nombre según el de sus propios hijos.

84:2.4Las razas más primitivas daban poco mérito al padre y consideraban que el hijo procedía enteramente de la madre. Creían que los hijos se parecían al padre a causa de la convivencia, o que quedaban «marcados» de esa manera porque la madre deseaba que se parecieran al padre. Más tarde, cuando se pasó de la familia-madre a la familia-padre, el padre se atribuyó todo el mérito del hijo, y muchos de los tabúes sobre la mujer embarazada se extendieron después a su marido. El futuro padre dejaba de trabajar cuando se acercaba el momento del parto, y al nacer el hijo se acostaba junto con la esposa y permanecía en reposo de tres a ocho días. La esposa podía levantarse al día siguiente y dedicarse a trabajos duros, pero el marido seguía en cama para recibir las felicitaciones; todo esto formaba parte de las primeras mores destinadas a establecer el derecho del padre sobre el hijo.

84:2.5Al principio la costumbre era que el hombre fuera con la gente de su esposa, pero en tiempos posteriores, después de pagar el precio de la novia o de saldarlo con su trabajo, el hombre podía llevarse a su esposa y a sus hijos de vuelta con su propia gente. La transición de la familia-madre a la familia-padre explica las prohibiciones, que de otro modo no tendrían sentido, de algunos tipos de matrimonio entre primos, mientras que otros de igual parentesco se aprueban.

84:2.6Con la desaparición de las mores de los cazadores, cuando el pastoreo dio al hombre el control de la principal fuente de alimento, la familia-madre llegó a un rápido fin. Fracasó sencillamente porque no podía competir con éxito con la nueva familia-padre. El poder que residía en los parientes varones de la madre no podía competir con el poder concentrado en el marido-padre. La mujer no estaba a la altura de las tareas combinadas de tener hijos y de ejercer una autoridad continua y un poder doméstico creciente. La llegada del robo de esposas, y más tarde de la compra de esposas, aceleró el fin de la familia-madre.

84:2.7El enorme cambio de la familia-madre a la familia-padre es uno de los ajustes de giro total más radicales y completos que la raza humana haya realizado jamás. Este cambio condujo de inmediato a una mayor expresión social y a una mayor aventura familiar.

3. La familia bajo el dominio del padre

84:3.1Es posible que el instinto de la maternidad llevara a la mujer al matrimonio, pero fue la mayor fuerza del hombre, junto con la influencia de las mores, lo que prácticamente la obligó a permanecer en el matrimonio. La vida pastoril tendió a crear un nuevo sistema de mores, el tipo patriarcal de vida familiar; y la base de la unidad familiar bajo las mores de los pastores y de los primeros agricultores era la autoridad incuestionable y arbitraria del padre. Toda la sociedad, ya fuera nacional o familiar, pasó por la etapa de la autoridad autocrática de un orden patriarcal.

84:3.2La escasa cortesía que se mostraba a las mujeres durante la época del Antiguo Testamento es un fiel reflejo de las mores de los pastores. Los patriarcas hebreos eran todos pastores, como lo atestigua el dicho: «El Señor es mi Pastor».

84:3.3Pero en las edades pasadas el hombre no tuvo más culpa de su baja opinión de la mujer que la mujer misma. Ella no obtuvo reconocimiento social durante los tiempos primitivos porque no actuaba en las emergencias; no era una heroína espectacular ni de las crisis. La maternidad era una clara desventaja en la lucha por la existencia; el amor materno ponía trabas a las mujeres en la defensa tribal.

84:3.4Las mujeres primitivas también crearon sin querer su dependencia del varón con su admiración y su aplauso por la combatividad y la virilidad de él. Esta exaltación del guerrero elevó el ego masculino, mientras que rebajó en igual medida el de la mujer y la hizo más dependiente; un uniforme militar todavía conmueve poderosamente las emociones femeninas.

84:3.5Entre las razas más avanzadas, las mujeres no son tan grandes ni tan fuertes como los hombres. La mujer, por ser la más débil, se volvió por ello la más diplomática; pronto aprendió a sacar partido de sus encantos sexuales. Se volvió más alerta y más conservadora que el hombre, aunque un poco menos profunda. El hombre era superior a la mujer en el campo de batalla y en la caza; pero en el hogar la mujer por lo general ha superado en estrategia incluso al más primitivo de los hombres.

84:3.6El pastor buscaba su sustento en sus rebaños, pero a lo largo de estas edades pastoriles la mujer todavía tenía que proveer el alimento vegetal. El hombre primitivo rehuía la tierra; era demasiado pacífica, demasiado falta de aventura. Había también una antigua superstición de que las mujeres podían cultivar mejores plantas; eran madres. En muchas tribus atrasadas de hoy, los hombres cocinan la carne y las mujeres los vegetales, y cuando las tribus primitivas de Australia están en marcha, las mujeres nunca atacan a la caza, mientras que un hombre no se rebajaría a desenterrar una raíz.

84:3.7La mujer siempre ha tenido que trabajar; por lo menos hasta los tiempos modernos la mujer ha sido una verdadera productora. El hombre ha elegido por lo general el camino más fácil, y esta desigualdad ha existido a lo largo de toda la historia de la raza humana. La mujer siempre ha sido la que lleva las cargas: transportaba los bienes de la familia y cuidaba de los hijos, y así dejaba libres las manos del hombre para luchar o para cazar.

84:3.8La primera liberación de la mujer llegó cuando el hombre consintió en cultivar la tierra, consintió en hacer lo que hasta entonces se había considerado trabajo de mujeres. Fue un gran paso adelante cuando ya no se mató a los cautivos varones, sino que se los esclavizó como agricultores. Esto produjo la liberación de la mujer, de modo que pudo dedicar más tiempo a la formación del hogar y a la crianza de los hijos.

84:3.9La provisión de leche para los pequeños llevó a destetar antes a los bebés, y por ello a que las madres, así liberadas de su esterilidad a veces temporal, tuvieran más hijos, mientras que el uso de la leche de vaca y de la leche de cabra redujo mucho la mortalidad infantil. Antes de la etapa pastoril de la sociedad, las madres solían amamantar a sus bebés hasta que tenían cuatro y cinco años.

84:3.10La disminución de la guerra primitiva redujo mucho la disparidad en la división del trabajo basada en el sexo. Pero las mujeres todavía tenían que hacer el trabajo real mientras los hombres hacían guardia. Ningún campamento ni aldea podía quedar sin vigilancia de día o de noche, pero incluso esta tarea se alivió con la domesticación del perro. En general, la llegada de la agricultura ha realzado el prestigio y la posición social de la mujer; por lo menos esto fue así hasta el momento en que el hombre mismo se hizo agricultor. Y tan pronto como el hombre se dedicó al cultivo de la tierra, se produjo de inmediato una gran mejora en los métodos de la agricultura, que continuó a lo largo de las generaciones sucesivas. En la caza y en la guerra el hombre había aprendido el valor de la organización, e introdujo estas técnicas en la industria y más tarde, cuando asumió gran parte del trabajo de la mujer, mejoró mucho los métodos de trabajo poco ordenados de ella.

4. La condición de la mujer en la sociedad primitiva

84:4.1En términos generales, en cualquier época la condición de la mujer es un criterio justo del progreso evolutivo del matrimonio como institución social, mientras que el progreso del matrimonio mismo es una medida razonablemente exacta que registra los avances de la civilización humana.

84:4.2La condición de la mujer siempre ha sido una paradoja social; ella siempre ha sido una astuta manejadora de los hombres; siempre ha aprovechado el impulso sexual más fuerte del hombre para sus propios intereses y para su propio progreso. Al sacar partido sutilmente de sus encantos sexuales, a menudo ha podido ejercer un poder dominante sobre el hombre, incluso cuando él la tenía en la más abyecta esclavitud.

84:4.3Para el hombre, la mujer primitiva no era una amiga, una amada, una enamorada y una compañera, sino más bien una propiedad, una sirvienta o una esclava y, más tarde, una socia económica, un juguete y una madre de hijos. No obstante, las relaciones sexuales adecuadas y satisfactorias siempre han implicado el elemento de la elección y de la cooperación de la mujer, y esto siempre ha dado a las mujeres inteligentes una influencia considerable sobre su posición inmediata y personal, sin importar su posición social como sexo. Pero la desconfianza y la sospecha del hombre no se vieron favorecidas por el hecho de que las mujeres se vieran obligadas todo el tiempo a recurrir a la astucia en su esfuerzo por aliviar su servidumbre.

84:4.4Los sexos han tenido grandes dificultades para comprenderse el uno al otro. Al hombre le resultaba difícil comprender a la mujer, y la miraba con una extraña mezcla de desconfianza ignorante y de fascinación temerosa, cuando no con sospecha y desprecio. Muchas tradiciones tribales y raciales atribuyen las desgracias a Eva, a Pandora o a alguna otra representante del sexo femenino. Estas narraciones siempre se deformaron para que pareciera que la mujer había traído el mal sobre el hombre; y todo esto indica la desconfianza universal que hubo en otro tiempo hacia la mujer. Entre las razones citadas en apoyo de un sacerdocio célibe, la principal era la bajeza de la mujer. El hecho de que la mayoría de las supuestas brujas fueran mujeres no mejoró la antigua reputación de ese sexo.

84:4.5Durante mucho tiempo los hombres han considerado a las mujeres como peculiares, e incluso anormales. Hasta han creído que las mujeres no tenían alma; por eso se les negaban los nombres. En los tiempos primitivos existía un gran temor a la primera relación sexual con una mujer; por eso se hizo costumbre que un sacerdote tuviera la primera relación con una virgen. Se pensaba que incluso la sombra de una mujer era peligrosa.

84:4.6En otro tiempo se consideraba en general que dar a luz volvía a la mujer peligrosa e impura. Y muchas mores tribales decretaban que una madre debía someterse a extensas ceremonias de purificación después del nacimiento de un hijo. Excepto en aquellos grupos donde el marido participaba del reposo del parto, a la futura madre se la evitaba y se la dejaba sola. Los antiguos incluso evitaban que un niño naciera en la casa. Por fin, se permitió que las ancianas asistieran a la madre durante el parto, y esta práctica dio origen al oficio de partera. Durante el parto se decían y se hacían decenas de cosas necias en un esfuerzo por facilitar el alumbramiento. Era costumbre rociar al recién nacido con agua bendita para impedir la interferencia de los fantasmas.

84:4.7Entre las tribus no mezcladas, el parto era relativamente fácil y duraba solo dos o tres horas; rara vez es tan fácil entre las razas mezcladas. Si una mujer moría en el parto, sobre todo durante el nacimiento de gemelos, se creía que había sido culpable de adulterio con un espíritu. Más tarde, las tribus superiores consideraron la muerte en el parto como la voluntad del cielo; se consideraba que esas madres habían perecido por una causa noble.

84:4.8El llamado pudor de las mujeres respecto a su vestimenta y a la exposición de su persona surgió del terror mortal a ser observadas durante un período menstrual. Ser descubierta así era un pecado grave, la violación de un tabú. Bajo las mores de los tiempos antiguos, toda mujer, desde la adolescencia hasta el fin de la edad fértil, quedaba sometida a una cuarentena familiar y social completa durante una semana entera cada mes. Todo lo que ella tocara, o sobre lo que se sentara o se acostara, quedaba «contaminado». Durante mucho tiempo fue costumbre golpear brutalmente a una muchacha después de cada período mensual en un esfuerzo por expulsar de su cuerpo al espíritu maligno. Pero cuando una mujer pasaba de la edad fértil, por lo general se la trataba con más consideración, y se le concedían más derechos y privilegios. En vista de todo esto, no era extraño que se despreciara a las mujeres. Incluso los griegos tenían a la mujer menstruante por una de las tres grandes causas de contaminación, y las otras dos eran la carne de cerdo y el ajo.

84:4.9Por necias que fueran estas antiguas ideas, hicieron algún bien, ya que daban a las mujeres agobiadas de trabajo, por lo menos cuando eran jóvenes, una semana cada mes para un descanso bienvenido y una meditación provechosa. Así podían afinar su ingenio para tratar con sus asociados varones el resto del tiempo. Esta cuarentena de las mujeres también protegía a los hombres del exceso sexual, y de ese modo contribuía indirectamente a la limitación de la población y al aumento del dominio de sí mismo.

84:4.10Se logró un gran avance cuando se negó al hombre el derecho de matar a su esposa a voluntad. Del mismo modo, fue un paso adelante que la mujer pudiera poseer los regalos de boda. Más tarde obtuvo el derecho legal de poseer, administrar e incluso enajenar bienes, pero durante mucho tiempo se le negó el derecho de ocupar cargos en la iglesia o en el Estado. La mujer siempre ha sido tratada más o menos como una propiedad, hasta el siglo veinte después de Cristo y durante él. Todavía no ha obtenido en todo el mundo la libertad frente a la reclusión bajo el control del hombre. Incluso entre los pueblos avanzados, el intento del hombre de proteger a la mujer ha sido siempre una afirmación tácita de superioridad.

84:4.11Pero las mujeres primitivas no se compadecían de sí mismas como suelen hacerlo sus hermanas liberadas más recientemente. Después de todo, eran bastante felices y estaban contentas; no se atrevían a imaginar un modo de existencia mejor o diferente.

5. La mujer bajo las mores en desarrollo

84:5.1En la autoperpetuación la mujer es igual al hombre, pero en la asociación del automantenimiento trabaja con una clara desventaja, y esta limitación de la maternidad impuesta solo la pueden compensar las mores ilustradas de la civilización en progreso y el creciente sentido de equidad adquirida del hombre.

84:5.2A medida que la sociedad evolucionó, las normas sexuales se elevaron más entre las mujeres porque ellas sufrían más las consecuencias de la transgresión de las mores sexuales. Las normas sexuales del hombre solo mejoran tardíamente como resultado del simple sentido de esa equidad que la civilización exige. La naturaleza no sabe nada de equidad —hace que solo la mujer sufra los dolores del parto.

84:5.3La idea moderna de la igualdad de los sexos es hermosa y digna de una civilización en expansión, pero no se encuentra en la naturaleza. Cuando la fuerza hace el derecho, el hombre domina a la mujer; cuando prevalecen más la justicia, la paz y la equidad, ella sale gradualmente de la esclavitud y de la oscuridad. La posición social de la mujer ha variado por lo general en proporción inversa al grado de militarismo de cualquier nación o época.

84:5.4Pero el hombre no se apoderó consciente ni intencionalmente de los derechos de la mujer para luego devolvérselos poco a poco y a regañadientes; todo esto fue un episodio inconsciente y no planeado de la evolución social. Cuando de verdad llegó el momento de que la mujer gozara de más derechos, los obtuvo, y todo ello con total independencia de la actitud consciente del hombre. Lenta pero seguramente, las mores cambian para dar lugar a los ajustes sociales que forman parte de la evolución persistente de la civilización. Las mores en progreso proporcionaron poco a poco un trato cada vez mejor a las mujeres; las tribus que persistieron en la crueldad hacia ellas no sobrevivieron.

84:5.5Los Adamitas y los Noditas concedieron a las mujeres un mayor reconocimiento, y los grupos que recibieron la influencia de los Anditas migrantes han tendido a recibir la influencia de las enseñanzas edénicas acerca del lugar de la mujer en la sociedad.

84:5.6Los primeros chinos y los griegos trataron a las mujeres mejor que la mayoría de los pueblos que los rodeaban. Pero los hebreos desconfiaban muchísimo de ellas. En Occidente la mujer ha tenido un ascenso difícil bajo las doctrinas paulinas que se agregaron al cristianismo, aunque el cristianismo sí hizo avanzar las mores al imponer al hombre obligaciones sexuales más estrictas. La condición de la mujer es casi desesperada bajo la peculiar degradación que se le impone en el islam, y le va aún peor bajo las enseñanzas de varias otras religiones orientales.

84:5.7La ciencia, no la religión, fue la que realmente emancipó a la mujer; fue la fábrica moderna la que en gran parte la liberó de los confines del hogar. Las capacidades físicas del hombre dejaron de ser un elemento esencial y vital en el nuevo mecanismo de mantenimiento; la ciencia cambió tanto las condiciones de vida que la fuerza del hombre ya no era tan superior a la fuerza de la mujer.

84:5.8Estos cambios han tendido a la liberación de la mujer de la esclavitud doméstica y han producido tal modificación de su condición que ahora goza de un grado de libertad personal y de capacidad de decidir en lo sexual que prácticamente iguala al del hombre. En otro tiempo el valor de una mujer consistía en su capacidad de producir alimentos, pero la invención y la riqueza le han permitido crear un mundo nuevo en el cual actuar —esferas de gracia y de encanto. Así ha ganado la industria su lucha inconsciente y no intencionada por la emancipación social y económica de la mujer. Y una vez más la evolución ha logrado hacer lo que ni siquiera la revelación pudo realizar.

84:5.9La reacción de los pueblos ilustrados contra las mores injustas que regían el lugar de la mujer en la sociedad ha sido en verdad pendular por sus extremos. Entre las razas industrializadas ella ha recibido casi todos los derechos y goza de exención de muchas obligaciones, como el servicio militar. Todo alivio de la lucha por la existencia ha redundado en la liberación de la mujer, y ella se ha beneficiado directamente de cada avance hacia la monogamia. El más débil siempre obtiene ganancias desproporcionadas en cada ajuste de las mores en la evolución progresiva de la sociedad.

84:5.10En los ideales del matrimonio de pareja, la mujer ha ganado por fin reconocimiento, dignidad, independencia, igualdad y educación; pero ¿se mostrará digna de todo este logro nuevo y sin precedentes? ¿Responderá la mujer moderna a este gran logro de liberación social con ociosidad, indiferencia, esterilidad e infidelidad? ¡Hoy, en el siglo veinte, la mujer pasa por la prueba decisiva de su larga existencia en el mundo!

84:5.11La mujer es la compañera igual del hombre en la reproducción de la raza, y por tanto es igual de importante en el desarrollo de la evolución racial; por eso la evolución ha obrado cada vez más hacia la realización de los derechos de la mujer. Pero los derechos de la mujer no son en modo alguno los derechos del hombre. La mujer no puede prosperar con los derechos del hombre, como tampoco el hombre puede prosperar con los derechos de la mujer.

84:5.12Cada sexo tiene su propia esfera distintiva de existencia, junto con sus propios derechos dentro de esa esfera. Si la mujer aspira literalmente a gozar de todos los derechos del hombre, entonces, tarde o temprano, una competencia despiadada y sin emoción reemplazará sin duda esa caballerosidad y esa consideración especial de que gozan ahora muchas mujeres, y que tan recientemente han ganado de los hombres.

84:5.13La civilización nunca podrá borrar el abismo de conducta entre los sexos. De una época a otra las mores cambian, pero el instinto nunca. El afecto maternal innato nunca permitirá que la mujer emancipada se convierta en una seria rival del hombre en la industria. Cada sexo permanecerá para siempre supremo en su propio dominio, dominios que determinan la diferenciación biológica y la desemejanza mental.

84:5.14Cada sexo tendrá siempre su propia esfera especial, aunque una y otra vez se superpongan. Solo en lo social competirán los hombres y las mujeres en igualdad de condiciones.

6. La asociación del hombre y la mujer

84:6.1El impulso reproductor reúne infaliblemente a los hombres y a las mujeres para la autoperpetuación pero, por sí solo, no asegura que permanezcan juntos en cooperación mutua —la fundación de un hogar.

84:6.2Toda institución humana que tiene éxito abarca antagonismos de interés personal que se han ajustado a una armonía práctica de funcionamiento, y la formación del hogar no es una excepción. El matrimonio, la base de la edificación del hogar, es la manifestación más elevada de esa cooperación antagónica que caracteriza con tanta frecuencia los contactos de la naturaleza y de la sociedad. El conflicto es inevitable. El apareamiento es inherente; es natural. Pero el matrimonio no es biológico; es sociológico. La pasión asegura que el hombre y la mujer se unan, pero el instinto parental, más débil, y las mores sociales los mantienen unidos.

84:6.3El varón y la hembra son, considerados en la práctica, dos variedades distintas de la misma especie que viven en asociación estrecha e íntima. Sus puntos de vista y todas sus reacciones ante la vida son esencialmente diferentes; son totalmente incapaces de comprenderse el uno al otro de forma plena y real. La comprensión completa entre los sexos no se puede alcanzar.

84:6.4Las mujeres parecen tener más intuición que los hombres, pero también parecen ser algo menos lógicas. Sin embargo, la mujer siempre ha sido la abanderada moral y la guía espiritual de la humanidad. La mano que mece la cuna todavía fraterniza con el destino.

84:6.5Las diferencias de naturaleza, de reacción, de punto de vista y de pensamiento entre los hombres y las mujeres, lejos de causar preocupación, deberían considerarse muy beneficiosas para la humanidad, tanto individual como colectivamente. Muchos órdenes de criaturas del universo son creados en fases duales de manifestación de la personalidad. Entre los mortales, los Hijos Materiales y los midsonitarios, esta diferencia se describe como masculina y femenina; entre los serafines, los querubines y los Compañeros Morontiales, se ha denominado positiva o emprendedora y negativa o reservada. Tales asociaciones duales multiplican en gran medida la versatilidad y superan las limitaciones inherentes, al igual que lo hacen ciertas asociaciones trinas en el sistema Paraíso-Havona.

84:6.6Los hombres y las mujeres se necesitan mutuamente tanto en sus carreras morontiales y espirituales como en sus carreras mortales. Las diferencias de punto de vista entre el varón y la hembra persisten incluso más allá de la primera vida y a lo largo de las ascensiones en el universo local y en el superuniverso. E incluso en Havona, los peregrinos que fueron una vez hombres y mujeres seguirán ayudándose mutuamente en el ascenso al Paraíso. Nunca, ni siquiera en el Cuerpo de los Finalitarios, se metamorfoseará la criatura hasta el punto de borrar las tendencias de la personalidad que los humanos llaman masculina y femenina; siempre seguirán estas dos variaciones básicas de la humanidad intrigándose, estimulándose, animándose y ayudándose mutuamente; siempre dependerán la una de la otra para cooperar en la solución de los desconcertantes problemas del universo y en la superación de múltiples dificultades cósmicas.

84:6.7Aunque los sexos nunca pueden esperar comprenderse plenamente el uno al otro, son eficazmente complementarios, y aunque la cooperación sea a menudo más o menos antagónica en lo personal, es capaz de mantener y de reproducir la sociedad. El matrimonio es una institución destinada a conciliar las diferencias sexuales, mientras efectúa la continuidad de la civilización y asegura la reproducción de la raza.

84:6.8El matrimonio es la madre de todas las instituciones humanas, porque conduce directamente a la fundación y al mantenimiento del hogar, que es la base estructural de la sociedad. La familia está vitalmente ligada al mecanismo del automantenimiento; es la única esperanza de perpetuación de la raza bajo las mores de la civilización, y al mismo tiempo proporciona con la mayor eficacia ciertas formas muy satisfactorias de autogratificación. La familia es el mayor logro puramente humano del hombre, pues combina la evolución de las relaciones biológicas entre el varón y la hembra con las relaciones sociales entre el marido y la esposa.

7. Los ideales de la vida familiar

84:7.1El apareamiento sexual es instintivo, los hijos son su resultado natural, y la familia surge así automáticamente. Como son las familias de la raza o de la nación, así es su sociedad. Si las familias son buenas, la sociedad es igualmente buena. La gran estabilidad cultural de los pueblos judío y chino reside en la fuerza de sus grupos familiares.

84:7.2El instinto de la mujer de amar y cuidar a los hijos contribuyó a hacer de ella la parte interesada en promover el matrimonio y la vida familiar primitiva. El hombre solo se vio forzado a edificar un hogar por la presión de las mores y de las convenciones sociales posteriores; tardó en interesarse por el establecimiento del matrimonio y del hogar porque el acto sexual no le impone ninguna consecuencia biológica.

84:7.3La asociación sexual es natural, pero el matrimonio es social y siempre ha estado regulado por las mores. Las mores (religiosas, morales y éticas), junto con la propiedad, el orgullo y la caballerosidad, estabilizan las instituciones del matrimonio y de la familia. Siempre que las mores fluctúan, hay fluctuación en la estabilidad de la institución hogar-matrimonio. El matrimonio está pasando ahora de la etapa de la propiedad a la era personal. Antes el hombre protegía a la mujer porque era un bien suyo, y ella obedecía por la misma razón. Cualesquiera que fueran sus méritos, este sistema sí proporcionaba estabilidad. Ahora la mujer ya no se considera una propiedad, y surgen nuevas mores destinadas a estabilizar la institución matrimonio-hogar:

84:7.41. La religión asume un papel nuevo: enseña que la experiencia de ser padres es esencial, presenta la idea de engendrar ciudadanos cósmicos y amplía la comprensión del privilegio de procrear, que es dar hijos al Padre.

84:7.52. La ciencia asume un papel nuevo: cada vez más, la procreación depende de la voluntad y queda bajo el control del hombre. Antiguamente, como faltaba la comprensión, los hijos llegaban con seguridad aunque no hubiera ningún deseo de tenerlos.

84:7.63. La nueva función de los atractivos del placer: esto introduce un nuevo factor en la supervivencia racial; el hombre antiguo exponía a los hijos no deseados para que murieran; los modernos se niegan a tenerlos.

84:7.74. El fortalecimiento del instinto parental: cada generación tiende ahora a eliminar de la corriente reproductora de la raza a aquellos individuos en quienes el instinto parental no es lo bastante fuerte para asegurar la procreación de hijos, los futuros padres de la generación siguiente.

84:7.8Pero el hogar como institución, una asociación entre un hombre y una mujer, data más concretamente de los días de Dalamatia, hace cerca de medio millón de años, pues las prácticas monógamas de Andon y de sus descendientes inmediatos se habían abandonado mucho antes. Sin embargo, la vida familiar no era gran cosa antes de los días de los Noditas y de los Adamitas posteriores. Adán y Eva ejercieron una influencia duradera en toda la humanidad; por primera vez en la historia del mundo se vio a hombres y mujeres trabajar lado a lado en el Jardín. El ideal edénico, toda la familia como jardineros, era una idea nueva en Urantia.

84:7.9La familia primitiva abarcaba un grupo de trabajo emparentado, que incluía a los esclavos, y todos vivían en una sola vivienda. El matrimonio y la vida familiar no siempre han sido idénticos, pero por necesidad han estado estrechamente asociados. La mujer siempre quiso la familia individual, y con el tiempo se salió con la suya.

84:7.10El amor a la progenie es casi universal y tiene un claro valor de supervivencia. Los antiguos sacrificaban siempre los intereses de la madre en favor del bienestar del hijo; una madre esquimal todavía lame a su bebé en lugar de lavarlo. Pero las madres primitivas solo alimentaban y cuidaban a sus hijos cuando eran muy pequeños; como los animales, los abandonaban en cuanto crecían. Las asociaciones humanas duraderas y continuas nunca se han fundado solo en el afecto biológico. Los animales aman a sus hijos; el hombre —el hombre civilizado— ama a los hijos de sus hijos. Cuanto más elevada es la civilización, mayor es la alegría de los padres por el progreso y el éxito de los hijos; así nace la nueva y más elevada toma de conciencia del orgullo del nombre.

84:7.11Las familias numerosas de los pueblos antiguos no se debían necesariamente al afecto. Se deseaban muchos hijos porque:

84:7.121. Eran valiosos como trabajadores.

84:7.132. Eran un seguro para la vejez.

84:7.143. Las hijas se podían vender.

84:7.154. El orgullo familiar exigía la extensión del nombre.

84:7.165. Los hijos varones proporcionaban protección y defensa.

84:7.176. El miedo a los fantasmas producía terror a estar solo.

84:7.187. Ciertas religiones exigían descendencia.

84:7.19Los adoradores de los antepasados consideran que no tener hijos varones es la calamidad suprema para todo el tiempo y la eternidad. Desean por encima de todo tener hijos varones que oficien en los banquetes posteriores a la muerte, que ofrezcan los sacrificios requeridos para el progreso del fantasma a través de la tierra de los espíritus.

84:7.20Entre los salvajes antiguos, la disciplina de los hijos comenzaba muy temprano; y el niño se daba cuenta pronto de que la desobediencia significaba el fracaso o incluso la muerte, igual que para los animales. Es la protección que la civilización da al niño frente a las consecuencias naturales de una conducta necia lo que contribuye tanto a la insubordinación moderna.

84:7.21Los niños esquimales prosperan con tan poca disciplina y corrección simplemente porque son por naturaleza pequeños animales dóciles; los hijos de los hombres rojos y los de los hombres amarillos son casi igual de manejables. Pero en las razas que contienen herencia Andita, los niños no son tan plácidos; estos jóvenes más imaginativos y aventureros requieren más formación y disciplina. Los problemas modernos de la crianza de los hijos se vuelven cada vez más difíciles por:

84:7.221. El alto grado de mezcla racial.

84:7.232. La educación artificial y superficial.

84:7.243. La incapacidad del niño para adquirir cultura imitando a sus padres —los padres están ausentes del cuadro familiar durante gran parte del tiempo.

84:7.25Las antiguas ideas de la disciplina familiar eran biológicas, pues surgían de la toma de conciencia de que los padres eran los creadores del ser del hijo. Los ideales en progreso de la vida familiar conducen al concepto de que traer un hijo al mundo, en lugar de conferir ciertos derechos parentales, implica la responsabilidad suprema de la existencia humana.

84:7.26La civilización considera que los padres asumen todos los deberes y que el hijo tiene todos los derechos. El respeto del hijo por sus padres no surge del conocimiento de la obligación implícita en la procreación parental, sino que crece de forma natural como resultado del cuidado, de la formación y del afecto que se muestran con amor al ayudar al hijo a ganar la batalla de la vida. El verdadero progenitor está ocupado en un ministerio de servicio continuo que el hijo sabio llega a reconocer y a apreciar.

84:7.27En la actual era industrial y urbana, la institución del matrimonio evoluciona según nuevas líneas económicas. La vida familiar se ha vuelto cada vez más costosa, mientras que los hijos, que antes eran un activo, se han convertido en cargas económicas. Pero la seguridad de la civilización misma todavía descansa en la creciente disposición de una generación a invertir en el bienestar de la generación siguiente y de las futuras. Y todo intento de transferir la responsabilidad parental al Estado o a la iglesia resultará suicida para el bienestar y el progreso de la civilización.

84:7.28El matrimonio, con los hijos y la vida familiar consiguiente, estimula los potenciales más elevados de la naturaleza humana y a la vez proporciona el cauce ideal para la expresión de estos atributos avivados de la personalidad mortal. La familia provee a la perpetuación biológica de la especie humana. El hogar es el ámbito social natural en el que los hijos en crecimiento pueden captar la ética de la fraternidad de sangre. La familia es la unidad fundamental de fraternidad en la que los padres y los hijos aprenden esas lecciones de paciencia, altruismo, tolerancia e indulgencia que son tan esenciales para que se haga realidad la fraternidad entre todos los hombres.

84:7.29La sociedad humana mejoraría mucho si las razas civilizadas volvieran de manera más general a las prácticas de consejo familiar de los Anditas. Ellos no mantenían la forma patriarcal o autocrática de gobierno familiar. Eran muy fraternales y asociativos, y discutían libre y francamente toda propuesta y toda norma de carácter familiar. Eran idealmente fraternales en todo su gobierno familiar. En una familia ideal, el afecto filial y el afecto parental se acrecientan ambos por la devoción fraternal.

84:7.30La vida familiar es la progenitora de la verdadera moralidad, el antepasado de la conciencia de la lealtad al deber. Las asociaciones obligadas de la vida familiar estabilizan la personalidad y estimulan su crecimiento mediante la imposición de un ajuste necesario a otras personalidades diversas. Pero más aún, una verdadera familia —una buena familia— revela a los padres procreadores la actitud del Creador hacia sus hijos, mientras que al mismo tiempo esos verdaderos padres representan ante sus hijos la primera de una larga serie de manifestaciones ascendentes del amor del progenitor del Paraíso de todos los hijos del universo.

8. Los peligros de la autogratificación

84:8.1La gran amenaza contra la vida familiar es la amenazadora marea creciente de la autogratificación, la manía moderna del placer. El principal incentivo para el matrimonio solía ser económico; la atracción sexual era secundaria. El matrimonio, fundado en el automantenimiento, condujo a la autoperpetuación y al mismo tiempo proporcionó una de las formas más deseables de autogratificación. Es la única institución de la sociedad humana que abarca los tres grandes incentivos para vivir.

84:8.2Originalmente, la propiedad era la institución básica del automantenimiento, mientras que el matrimonio funcionaba como la institución única de la autoperpetuación. Aunque la satisfacción de comer, el juego y el humor, junto con la actividad sexual periódica, eran medios de autogratificación, sigue siendo un hecho que las mores en evolución no han logrado construir ninguna institución específica de autogratificación. Y es por este fracaso en desarrollar técnicas especializadas de disfrute placentero por lo que todas las instituciones humanas están tan completamente impregnadas de esta búsqueda del placer. La acumulación de propiedad se está convirtiendo en un instrumento para aumentar todas las formas de autogratificación, mientras que el matrimonio a menudo se ve solo como un medio de placer. Y este exceso, esta manía del placer tan extendida, constituye ahora la mayor amenaza que se haya dirigido jamás contra la institución social evolutiva de la vida familiar: el hogar.

84:8.3La raza violeta introdujo en la experiencia de la humanidad una característica nueva y solo imperfectamente realizada: el instinto del juego unido al sentido del humor. Existía en cierta medida en los Sangiks y en los Andonitas, pero el linaje adánico elevó esta propensión primitiva al potencial del placer, una forma nueva y glorificada de autogratificación. El tipo básico de autogratificación, aparte de calmar el hambre, es la gratificación sexual, y esta forma de placer sensual aumentó enormemente con la mezcla de los Sangiks y los Anditas.

84:8.4Hay un peligro real en la combinación de inquietud, curiosidad, aventura y abandono al placer que caracteriza a las razas post-Anditas. El hambre del alma no se puede satisfacer con placeres físicos; el amor al hogar y a los hijos no aumenta con la búsqueda imprudente del placer. Aunque ustedes agoten los recursos del arte, del color, del sonido, del ritmo, de la música y del adorno personal, no pueden esperar elevar así el alma ni nutrir el espíritu. La vanidad y la moda no pueden servir a la edificación del hogar ni a la crianza de los hijos; el orgullo y la rivalidad no tienen poder para realzar las cualidades de supervivencia de las generaciones sucesivas.

84:8.5Todos los seres celestiales en progreso disfrutan del descanso y del ministerio de los directores de reversión. Todos los esfuerzos por obtener una diversión sana y por dedicarse a juegos edificantes son acertados; el sueño reparador, el descanso, el recreo y todos los pasatiempos que evitan el aburrimiento de la monotonía valen la pena. Los juegos competitivos, el relato de historias e incluso el sabor de la buena comida pueden servir como formas de autogratificación. (Cuando ustedes usen sal para dar sabor a la comida, deténganse a considerar que, durante casi un millón de años, el hombre solo podía obtener sal mojando su comida en cenizas.)

84:8.6Que el hombre disfrute; que la raza humana encuentre placer de mil y una maneras; que la humanidad evolutiva explore todas las formas de autogratificación legítima, los frutos de la larga lucha biológica ascendente. El hombre se ha ganado bien algunas de sus alegrías y placeres actuales. ¡Pero miren bien la meta del destino! Los placeres son en verdad suicidas si logran destruir la propiedad, que se ha convertido en la institución del automantenimiento; y las autogratificaciones han costado en verdad un precio fatal si provocan el colapso del matrimonio, la decadencia de la vida familiar y la destrucción del hogar —la adquisición evolutiva suprema del hombre y la única esperanza de supervivencia de la civilización.

84:8.7[Presentado por el Jefe de los Serafines destinado en Urantia.]

Documento 84

El matrimonio y la vida familiar