Parte III · Documento 73

El Jardín del Edén

73:0.1LA decadencia cultural y la pobreza espiritual que resultaron de la caída de Caligastia y de la consiguiente confusión social tuvieron poco efecto en el estado físico o biológico de los pueblos de Urantia. La evolución orgánica avanzó a buen ritmo, sin tener en cuenta el retroceso cultural y moral que siguió tan rápidamente a la deslealtad de Caligastia y Daligastia. Y llegó un momento en la historia planetaria, hace casi cuarenta mil años, en que los Portadores de Vida de servicio observaron que, desde un punto de vista puramente biológico, el progreso en el desarrollo de las razas de Urantia se acercaba a su apogeo. Los síndicos Melquisedec, que coincidían en esta opinión, aceptaron de buen grado unirse a los Portadores de Vida en una petición a los Altísimos de Edentia para solicitar que Urantia fuera inspeccionada con miras a autorizar el envío de elevadores biológicos, un Hijo y una Hija Materiales.

73:0.2Esta solicitud se dirigió a los Altísimos de Edentia porque estos habían ejercido jurisdicción directa sobre muchos de los asuntos de Urantia desde la caída de Caligastia y la vacancia temporal de la autoridad en Jerusem.

73:0.3Tabamantia, supervisor soberano de la serie de mundos decimales o experimentales, vino a inspeccionar el planeta y, tras su examen del progreso racial, recomendó debidamente que se concedieran Hijos Materiales a Urantia. Poco menos de cien años después de esta inspección, Adán y Eva, un Hijo y una Hija Materiales del sistema local, llegaron y comenzaron la difícil tarea de intentar desenredar los asuntos confusos de un planeta retrasado por la rebelión y que se encontraba bajo la interdicción del aislamiento espiritual.

1. Los Noditas y los Amadonitas

73:1.1En un planeta normal, la llegada del Hijo Material anunciaría por lo común la proximidad de una gran era de invención, progreso material e iluminación intelectual. La era postadánica es la gran era científica de la mayoría de los mundos, pero no fue así en Urantia. Aunque el planeta estaba poblado por razas físicamente aptas, las tribus languidecían en las profundidades del salvajismo y del estancamiento moral.

73:1.2Diez mil años después de la rebelión, prácticamente todos los logros de la administración del Príncipe se habían borrado; las razas del mundo estaban apenas un poco mejor que si este Hijo descarriado nunca hubiera venido a Urantia. Solo entre los Noditas y los Amadonitas persistían las tradiciones de Dalamatia y la cultura del Príncipe Planetario.

73:1.3Los Noditas eran los descendientes de los miembros rebeldes del personal del Príncipe, y su nombre procedía de su primer líder, Nod, en otro tiempo presidente de la comisión de industria y comercio de Dalamatia. Los Amadonitas eran los descendientes de aquellos Andonitas que decidieron permanecer leales con Van y Amadon. «Amadonita» es más una designación cultural y religiosa que un término racial; desde el punto de vista racial, los Amadonitas eran esencialmente Andonitas. «Nodita» es un término a la vez cultural y racial, porque los Noditas mismos constituían la octava raza de Urantia.

73:1.4Existía una enemistad tradicional entre los Noditas y los Amadonitas. Esta disputa salía a la superficie constantemente cada vez que los descendientes de estos dos grupos intentaban emprender alguna empresa común. Incluso más tarde, en los asuntos del Edén, les resultó sumamente difícil trabajar juntos en paz.

73:1.5Al poco tiempo de ser destruida Dalamatia, los seguidores de Nod quedaron repartidos en tres grupos principales. Cerca de la cabecera del golfo Pérsico, en las inmediaciones mismas de su primer hogar, permaneció el grupo central. Hacia las tierras altas de Elam, justo al este del valle del Éufrates, emigró el grupo oriental. En cuanto al grupo occidental, quedó asentado en las costas sirias del nordeste del Mediterráneo y en el territorio contiguo.

73:1.6Estos Noditas se habían apareado libremente con las razas Sangiks y habían dejado una descendencia capaz. Y algunos de los descendientes de los dalamatianos rebeldes se unieron más tarde a Van y a sus leales seguidores en las tierras al norte de Mesopotamia. Allí, en las cercanías del lago Van y de la región del sur del mar Caspio, los Noditas se mezclaron y cruzaron con los Amadonitas, y se los contaba entre los «hombres poderosos de la antigüedad».

73:1.7Estos grupos —Noditas y Amadonitas— constituían, antes de que Adán y Eva llegaran, las razas de mayor avance y cultura de la tierra.

2. La planificación del Jardín

73:2.1Durante casi cien años antes de la inspección de Tabamantia, Van y sus asociados, desde su sede de las tierras altas, centro de la ética y la cultura del mundo, habían predicado la venida de un Hijo de Dios prometido, un elevador racial, un maestro de la verdad y el digno sucesor del traidor Caligastia. Aunque la mayoría de los habitantes del mundo de aquellos días mostraba poco o ningún interés por tal predicción, quienes estaban en contacto inmediato con Van y Amadon tomaron en serio esa enseñanza y empezaron a planear la recepción efectiva del Hijo prometido.

73:2.2Van contó a sus asociados más cercanos la historia de los Hijos Materiales de Jerusem; lo que había sabido de ellos antes de venir a Urantia. Sabía bien que estos Hijos Adánicos vivían siempre en hogares de jardín sencillos pero encantadores, y propuso, ochenta y tres años antes de la llegada de Adán y Eva, que se dedicaran a proclamar su venida y a preparar un hogar de jardín para recibirlos.

73:2.3Desde su sede de las tierras altas y desde sesenta y un asentamientos muy dispersos, Van y Amadon reclutaron un cuerpo de más de tres mil trabajadores dispuestos y entusiastas que, en asamblea solemne, se consagraron a esta misión de prepararse para el Hijo prometido —o al menos esperado.

73:2.4Van dividió a sus voluntarios en cien compañías, con un capitán al frente de cada una y un asociado que servía en su propio personal como oficial de enlace, y conservó a Amadon como su propio asociado. Todas estas comisiones comenzaron con empeño su trabajo preliminar, y el comité de ubicación del Jardín salió en busca del lugar ideal.

73:2.5Aunque Caligastia y Daligastia habían sido privados de gran parte de su poder para el mal, hicieron todo lo posible para frustrar y obstaculizar la obra de preparación del Jardín. Pero sus maquinaciones malvadas fueron contrarrestadas en gran parte por las fieles actividades de las casi diez mil criaturas intermedias leales que trabajaron tan incansablemente para hacer avanzar la empresa.

3. El emplazamiento del Jardín

73:3.1El comité de ubicación estuvo ausente casi tres años. Informó favorablemente sobre tres posibles ubicaciones: la primera era una isla en el golfo Pérsico; la segunda, el emplazamiento junto al río que más tarde se ocupó como segundo jardín; la tercera, una península larga y estrecha —casi una isla— que se proyectaba hacia el oeste desde las costas orientales del mar Mediterráneo.

73:3.2El comité favoreció casi por unanimidad la tercera opción. Se eligió este lugar, y se emplearon dos años en trasladar la sede cultural del mundo, incluido el árbol de la vida, a esta península mediterránea. Todos los habitantes de la península, excepto un solo grupo, la abandonaron pacíficamente cuando llegaron Van y su compañía.

73:3.3Esta península mediterránea tenía un clima saludable y una temperatura uniforme; este tiempo estable se debía a las montañas que la rodeaban y al hecho de que la zona era prácticamente una isla en un mar interior. Aunque llovía copiosamente en las tierras altas circundantes, rara vez llovía en el Edén propiamente dicho. Pero cada noche, desde la extensa red de canales de riego artificial, «subía una neblina» que refrescaba la vegetación del Jardín.

73:3.4La línea costera de esta masa de tierra era considerablemente elevada, y el istmo que la unía con el continente tenía solo veintisiete millas de ancho en su punto más estrecho. El gran río que regaba el Jardín bajaba de las tierras más altas de la península y corría hacia el este a través del istmo peninsular hasta el continente, y de allí a través de las tierras bajas de Mesopotamia hasta el mar lejano. Lo alimentaban cuatro afluentes que nacían en las colinas costeras de la península edénica, y estos son las «cuatro cabezas» del río que «salía del Edén», y que más tarde se confundieron con los brazos de los ríos que rodeaban el segundo jardín.

73:3.5Las montañas que rodeaban el Jardín abundaban en piedras y metales preciosos, aunque se les prestó muy poca atención. La idea dominante había de ser la glorificación de la horticultura y la exaltación de la agricultura.

73:3.6El lugar elegido para el Jardín era probablemente el sitio más hermoso de su clase en todo el mundo, y el clima era entonces ideal. En ninguna otra parte había un lugar que se hubiera prestado tan perfectamente a convertirse en semejante paraíso de expresión botánica. En este lugar de encuentro se reunía lo más selecto de la civilización de Urantia. Fuera y más allá, el mundo yacía en tinieblas, ignorancia y salvajismo. El Edén era el único punto luminoso de Urantia; era por naturaleza un sueño de hermosura, y pronto se convirtió en un poema de exquisita y perfeccionada gloria paisajística.

4. El establecimiento del Jardín

73:4.1Cuando los Hijos Materiales, los elevadores biológicos, comienzan su estancia en un mundo evolutivo, su lugar de residencia se llama a menudo el Jardín del Edén porque se caracteriza por la belleza floral y la grandiosidad botánica de Edentia, la capital de la constelación. Van conocía bien estas costumbres y, en consecuencia, dispuso que toda la península se destinara al Jardín. Se proyectaron los pastos y la cría de animales para el continente adyacente. De la vida animal, solo las aves y las diversas especies domesticadas se encontraban en el parque. Las instrucciones de Van eran que el Edén había de ser un jardín, y solo un jardín. Nunca se sacrificó ningún animal dentro de su recinto. Toda la carne que comieron los trabajadores del Jardín durante todos los años de construcción se traía de los rebaños mantenidos bajo custodia en el continente.

73:4.2La primera tarea fue construir el muro de ladrillo a través del istmo de la península. Una vez terminado este, el verdadero trabajo de embellecimiento del paisaje y construcción de viviendas pudo avanzar sin obstáculos.

73:4.3Se creó un jardín zoológico mediante la construcción de un muro más pequeño justo por fuera del muro principal; el espacio intermedio, ocupado por toda clase de fieras, servía como defensa adicional contra ataques hostiles. Esta colección de animales se organizó en doce grandes divisiones, y senderos amurallados conducían entre estos grupos hasta las doce puertas del Jardín, mientras el río y sus pastos adyacentes ocupaban la zona central.

73:4.4En la preparación del Jardín solo se emplearon trabajadores voluntarios; nunca se utilizaron asalariados. Cultivaban el Jardín y cuidaban sus rebaños para su sustento; también se recibían aportaciones de alimentos de los creyentes de los alrededores. Y esta gran empresa se llevó a término a pesar de las dificultades que acompañaban el estado confuso del mundo durante aquellos tiempos turbulentos.

73:4.5Pero fue motivo de gran decepción cuando Van, sin saber cuán pronto podrían venir el Hijo y la Hija esperados, sugirió que también se formara a la generación más joven en el trabajo de continuar la empresa por si su llegada se retrasaba. Esto pareció una admisión de falta de fe por parte de Van y causó considerables problemas, provocó muchas deserciones; pero Van siguió adelante con su plan de preparación, y entretanto llenó los puestos de los desertores con voluntarios más jóvenes.

5. El hogar del Jardín

73:5.1En el centro de la península edénica estaba el exquisito templo de piedra del Padre Universal, el santuario sagrado del Jardín. Al norte se estableció la sede administrativa; al sur se construyeron las casas de los trabajadores y sus familias; al oeste se reservó la parcela de terreno para las escuelas proyectadas del sistema educativo del Hijo esperado, mientras que «al oriente del Edén» se construyeron las moradas destinadas al Hijo prometido y a su descendencia inmediata. Los planos arquitectónicos del Edén preveían viviendas y tierra abundante para un millón de seres humanos.

73:5.2En el momento de la llegada de Adán, aunque el Jardín solo estaba terminado en una cuarta parte, tenía miles de millas de acequias de riego y más de doce mil millas de senderos y caminos pavimentados. Había algo más de cinco mil edificios de ladrillo en los diversos sectores, y los árboles y las plantas eran casi innumerables. Siete era el mayor número de casas que componía un grupo en el parque. Y aunque las construcciones del Jardín eran sencillas, eran sumamente artísticas. Los caminos y senderos estaban bien construidos, y el paisajismo era exquisito.

73:5.3Las instalaciones sanitarias del Jardín estaban muy por delante de todo lo que se había intentado hasta entonces en Urantia. El agua potable del Edén se mantenía saludable mediante la estricta observancia de las normas sanitarias concebidas para conservar su pureza. Durante aquellos primeros tiempos surgieron muchos problemas por el descuido de estas reglas, pero Van inculcó poco a poco a sus asociados la importancia de no dejar que nada cayera en el suministro de agua del Jardín.

73:5.4Antes del establecimiento posterior de un sistema de eliminación de aguas residuales, los Edenitas practicaban el entierro escrupuloso de todos los desechos o materias en descomposición. Los inspectores de Amadon hacían sus rondas cada día en busca de posibles causas de enfermedad. Los urantianos no volvieron a darse cuenta de la importancia de la prevención de las enfermedades humanas hasta los tiempos posteriores de los siglos XIX y XX. Antes de la desintegración del régimen adánico se había construido un sistema de evacuación por conductos cubiertos de ladrillo que pasaba por debajo de los muros y desembocaba en el río del Edén casi a una milla más allá del muro exterior o menor del Jardín.

73:5.5Para cuando llegó Adán, la mayoría de las plantas de aquella parte del mundo crecían en el Edén. Muchas de las frutas, cereales y nueces ya se habían mejorado mucho. Muchas hortalizas y cereales modernos se cultivaron aquí por primera vez, pero decenas de variedades de plantas alimenticias se perdieron después para el mundo.

73:5.6Alrededor del cinco por ciento del Jardín estaba bajo un cultivo artificial intenso, el quince por ciento parcialmente cultivado, y el resto se dejó en un estado más o menos natural en espera de la llegada de Adán, pues se pensó que era mejor terminar el parque de acuerdo con sus ideas.

73:5.7Y así se preparó el Jardín del Edén para la recepción del Adán prometido y su consorte. Y este Jardín habría honrado a un mundo bajo una administración perfeccionada y un control normal. Adán y Eva quedaron muy complacidos con el plan general del Edén, aunque hicieron muchos cambios en el mobiliario de su propia vivienda personal.

73:5.8Aunque la obra de embellecimiento apenas estaba terminada cuando llegó Adán, el lugar era ya una joya de belleza botánica; y durante los primeros días de su estancia en el Edén, todo el Jardín tomó una forma nueva y asumió nuevas proporciones de belleza y grandiosidad. Nunca antes ni después ha albergado Urantia una exhibición tan hermosa y completa de horticultura y agricultura.

6. El árbol de la vida

73:6.1En el centro del templo del Jardín, Van plantó el árbol de la vida, tanto tiempo custodiado, cuyas hojas eran para la «curación de las naciones», y cuyo fruto lo había sostenido tanto tiempo en la tierra. Van sabía bien que Adán y Eva también dependerían de este don de Edentia para el mantenimiento de su vida una vez que aparecieran en Urantia en forma material.

73:6.2Los Hijos Materiales de las capitales de sistema no necesitan el árbol de la vida para su sustento. Solo en la repersonalización planetaria dependen de este complemento de la inmortalidad física.

73:6.3El «árbol del conocimiento del bien y del mal» puede ser una figura retórica, una designación simbólica que abarca una multitud de experiencias humanas, pero el «árbol de la vida» no era un mito; era real y estuvo presente durante mucho tiempo en Urantia. Cuando los Altísimos de Edentia aprobaron la comisión de Caligastia como Príncipe Planetario de Urantia y la de los cien ciudadanos de Jerusem como su personal administrativo, enviaron al planeta, por medio de los Melquisedecs, un arbusto de Edentia, y esta planta llegó a ser el árbol de la vida en Urantia. Esta forma de vida no inteligente es originaria de las esferas sede de las constelaciones, y se encuentra también en los mundos sede de los universos locales y de los superuniversos, así como en las esferas de Havona, pero no en las capitales de sistema.

73:6.4Esta superplanta almacenaba ciertas energías del espacio que eran un antídoto contra los elementos que producen el envejecimiento en la existencia animal. El fruto del árbol de la vida era como un acumulador superquímico, que liberaba de manera misteriosa la fuerza de prolongación de la vida del universo cuando se comía. Esta forma de sustento era del todo inútil para los seres evolutivos ordinarios de Urantia, pero era útil específicamente para los cien miembros materializados del personal de Caligastia y para los cien Andonitas modificados que habían aportado su plasma de vida al personal del Príncipe, y que, a cambio, fueron hechos poseedores de aquel complemento de vida que les permitía utilizar el fruto del árbol de la vida para prolongar indefinidamente su existencia, de otro modo mortal.

73:6.5Durante los días del gobierno del Príncipe, el árbol crecía de la tierra en el patio central y circular del templo del Padre. Al estallar la rebelión, Van y sus asociados lo hicieron crecer de nuevo a partir del núcleo central en su campamento temporal. Este arbusto de Edentia fue llevado después a su refugio de las tierras altas, donde sirvió tanto a Van como a Amadon durante más de ciento cincuenta mil años.

73:6.6Cuando Van y sus asociados prepararon el Jardín para Adán y Eva, trasplantaron el árbol de Edentia al Jardín del Edén, donde, una vez más, creció en un patio central y circular de otro templo del Padre. Y Adán y Eva comían periódicamente de su fruto para el mantenimiento de su forma dual de vida física.

73:6.7Cuando los planes del Hijo Material se malograron, a Adán y a su familia no se les permitió llevarse el núcleo del árbol fuera del Jardín. Cuando los Noditas invadieron el Edén, se les dijo que serían como «dioses si comían del fruto del árbol». Para su gran sorpresa, lo encontraron sin vigilancia. Comieron libremente del fruto durante años, pero no les hizo nada; todos eran mortales materiales del mundo; les faltaba aquella dotación que actuaba como complemento del fruto del árbol. Se enfurecieron por su incapacidad de beneficiarse del árbol de la vida, y en relación con una de sus guerras internas, el templo y el árbol fueron destruidos por el fuego; solo el muro de piedra quedó en pie hasta que el Jardín se sumergió más tarde. Este fue el segundo templo del Padre que pereció.

73:6.8Y ahora toda carne en Urantia debe seguir el curso natural de la vida y la muerte. Adán, Eva, sus hijos y los hijos de sus hijos, junto con sus asociados, perecieron todos con el paso del tiempo, y quedaron así sujetos al esquema de ascensión del universo local, en el que la resurrección en los mundos morada sigue a la muerte material.

7. El destino del Edén

73:7.1Después de que Adán dejara el primer jardín, lo ocuparon en distintos momentos los Noditas, los Cutitas y los Suntitas. Más tarde se convirtió en la morada de los Noditas del norte, que se oponían a cooperar con los Adamitas. La península había sido invadida por estos Noditas de tipo inferior durante casi cuatro mil años después de que Adán dejara el Jardín cuando, en relación con la violenta actividad de los volcanes circundantes y la sumersión del puente terrestre siciliano hacia África, el fondo oriental del mar Mediterráneo se hundió y arrastró bajo las aguas toda la península edénica. Junto con esta vasta sumersión, la línea costera del Mediterráneo oriental se elevó mucho. Y este fue el fin de la creación natural más hermosa que Urantia haya albergado jamás. El hundimiento no fue repentino, pues se necesitaron varios cientos de años para sumergir completamente toda la península.

73:7.2No podemos considerar esta desaparición del Jardín de ningún modo como resultado del fracaso de los planes divinos ni como resultado de los errores de Adán y Eva. No consideramos la sumersión del Edén como otra cosa que un suceso natural, pero sí nos parece que el hundimiento del Jardín estaba calculado para ocurrir más o menos en la fecha en que se habían acumulado las reservas de la raza violeta para emprender la obra de rehabilitar a los pueblos del mundo.

73:7.3Los Melquisedecs aconsejaron a Adán que no iniciara el programa de elevación y mezcla raciales hasta que su propia familia llegara a medio millón. Nunca se pretendió que el Jardín fuera el hogar permanente de los Adamitas. Habían de convertirse en emisarios de una nueva vida para todo el mundo; habían de movilizarse para otorgarse sin egoísmo a las razas necesitadas de la tierra.

73:7.4Las instrucciones dadas a Adán por los Melquisedecs implicaban que él había de establecer sedes raciales, continentales y divisionales, a cargo de sus hijos e hijas inmediatos, mientras que él y Eva habían de repartir su tiempo entre estas diversas capitales mundiales como consejeros y coordinadores del ministerio mundial de elevación biológica, avance intelectual y rehabilitación moral.

73:7.5[Presentado por Solonia, la seráfica «voz en el Jardín».]

Documento 73

El Jardín del Edén