Parte III · Documento 68
El amanecer de la civilización
68:0.1ESTE es el comienzo del relato de la larga, larguísima lucha de la especie humana por avanzar desde una condición que era poco mejor que una existencia animal, a través de las edades intermedias, hasta los tiempos más recientes, cuando una civilización real, aunque imperfecta, había evolucionado entre las razas superiores de la humanidad.
68:0.2La civilización es una adquisición racial; no es biológicamente inherente; por eso todos los niños deben criarse en un ambiente de cultura, mientras que cada generación sucesiva de jóvenes debe recibir de nuevo su educación. Las cualidades superiores de la civilización —científicas, filosóficas y religiosas— no se transmiten de una generación a otra por herencia directa. Estos logros culturales se conservan solo mediante la preservación ilustrada de la herencia social.
68:0.3La evolución social de tipo cooperativo la iniciaron los maestros de Dalamatia, y durante trescientos mil años la humanidad se nutrió de la idea de las actividades en grupo. El hombre azul fue el que más aprovechó estas primeras enseñanzas sociales, el hombre rojo en cierta medida, y el hombre negro el que menos. En tiempos más recientes, la raza amarilla y la raza blanca han presentado el desarrollo social más avanzado de Urantia.
1. Socialización protectora
68:1.1Cuando se los reúne estrechamente, los hombres a menudo aprenden a apreciarse unos a otros, pero el hombre primitivo no rebosaba por naturaleza del espíritu de sentimiento fraternal ni del deseo de contacto social con sus semejantes. Más bien, las primeras razas aprendieron por triste experiencia que «en la unión está la fuerza»; y es esta falta de atracción fraternal natural lo que ahora se interpone en el camino de la realización inmediata de la fraternidad de los hombres en Urantia.
68:1.2La asociación se convirtió pronto en el precio de la supervivencia. El hombre solitario estaba indefenso a menos que llevara una marca tribal que atestiguara que pertenecía a un grupo que sin duda vengaría cualquier agresión contra él. Incluso en los días de Caín era fatal salir lejos solo, sin alguna marca de pertenencia a un grupo. La civilización se ha convertido en el seguro del hombre contra la muerte violenta, mientras que las primas se pagan con la sumisión a las numerosas exigencias legales de la sociedad.
68:1.3Así pues, la sociedad primitiva se fundó en la reciprocidad de la necesidad y en la mayor seguridad de la asociación. Y la sociedad humana ha evolucionado en ciclos de larguísima duración como resultado de este miedo al aislamiento y por medio de una cooperación reticente.
68:1.4Los seres humanos primitivos aprendieron pronto que los grupos son mucho mayores y más fuertes que la mera suma de sus unidades individuales. Cien hombres unidos y que trabajan al unísono pueden mover una gran piedra; una veintena de guardianes de la paz bien adiestrados pueden contener a una multitud enfurecida. Y así nació la sociedad, no de la mera asociación de números, sino más bien como resultado de la organización de cooperadores inteligentes. Pero la cooperación no es un rasgo natural del hombre; él aprende a cooperar primero por miedo y luego, más tarde, porque descubre que es sumamente beneficioso para hacer frente a las dificultades del tiempo y protegerse de los supuestos peligros de la eternidad.
68:1.5Los pueblos que así se organizaron pronto en una sociedad primitiva tuvieron más éxito en sus ataques a la naturaleza, así como en la defensa contra sus semejantes; poseían mayores posibilidades de supervivencia; por eso la civilización ha progresado de forma constante en Urantia, a pesar de sus muchos reveses. Y es solo debido al aumento del valor de supervivencia en la asociación que los muchos desatinos del hombre no han logrado hasta ahora detener ni destruir la civilización humana.
68:1.6Que la sociedad cultural contemporánea es un fenómeno bastante reciente lo muestra bien la supervivencia actual de condiciones sociales tan primitivas como las que caracterizan a los nativos australianos y a los bosquimanos y pigmeos de África. Entre estos pueblos atrasados puede observarse algo de la temprana hostilidad de grupo, la desconfianza personal y otros rasgos sumamente antisociales que fueron tan característicos de todas las razas primitivas. Estos míseros restos de los pueblos no sociales de los tiempos antiguos dan elocuente testimonio del hecho de que la tendencia individualista natural del hombre no puede competir con éxito con las organizaciones y asociaciones más potentes y poderosas de la progresión social. Estas razas antisociales, atrasadas y desconfiadas, que hablan un dialecto distinto cada cuarenta o cincuenta millas, ilustran en qué clase de mundo podrían ustedes estar viviendo ahora de no ser por la enseñanza combinada del personal corpóreo del Príncipe Planetario y las labores posteriores del grupo adánico de elevadores raciales.
68:1.7La frase moderna «volver a la naturaleza» es un engaño de la ignorancia, una creencia en la realidad de la ficticia «edad de oro» de otro tiempo. La única base de la leyenda de la edad de oro es el hecho histórico de Dalamatia y del Edén. Pero estas sociedades mejoradas distaban mucho de realizar los sueños utópicos.
2. Factores de la progresión social
68:2.1La sociedad civilizada es el resultado de los primeros esfuerzos del hombre por superar su aversión al aislamiento. Pero esto no significa necesariamente afecto mutuo, y el estado turbulento actual de ciertos grupos primitivos ilustra bien aquello por lo que pasaron las primeras tribus en su ascenso. Pero aunque los individuos de una civilización choquen entre sí y luchen unos contra otros, y aunque la civilización misma parezca una masa incoherente de afanes y luchas, sí da prueba de un esfuerzo serio, no de la monotonía mortal del estancamiento.
68:2.2Si bien el nivel de inteligencia ha contribuido considerablemente al ritmo del progreso cultural, la sociedad está diseñada esencialmente para reducir el elemento de riesgo en el modo de vida del individuo, y ha progresado con la misma rapidez con que ha logrado reducir el dolor y aumentar el elemento de placer en la vida. Así, todo el cuerpo social avanza lentamente hacia la meta del destino —extinción o supervivencia—, según que esa meta sea el automantenimiento o la autogratificación. El automantenimiento da origen a la sociedad, mientras que la autogratificación excesiva destruye la civilización.
68:2.3La sociedad se ocupa de la autoperpetuación, el automantenimiento y la autogratificación, pero la autorrealización humana es digna de convertirse en la meta inmediata de muchos grupos culturales.
68:2.4El instinto de rebaño en el hombre natural apenas basta para explicar el desarrollo de una organización social como la que existe ahora en Urantia. Aunque esta propensión gregaria innata está en el fondo de la sociedad humana, gran parte de la sociabilidad del hombre es una adquisición. Dos grandes influencias que contribuyeron a la asociación temprana de los seres humanos fueron el hambre de alimento y el amor sexual; estos impulsos instintivos el hombre los comparte con el mundo animal. Otras dos emociones que empujaron a los seres humanos a unirse y los mantuvieron unidos fueron la vanidad y el miedo, más en particular el miedo a los fantasmas.
68:2.5La historia no es más que el registro de la lucha milenaria del hombre por el alimento. El hombre primitivo solo pensaba cuando tenía hambre; el ahorro de alimento fue su primera abnegación, su primera autodisciplina. Con el crecimiento de la sociedad, el hambre de alimento dejó de ser el único incentivo para la asociación mutua. Muchos otros tipos de hambre, la toma de conciencia de diversas necesidades, condujeron todos a una asociación más estrecha de la humanidad. Pero hoy la sociedad está desequilibrada por el crecimiento desmedido de supuestas necesidades humanas. La civilización occidental del siglo veinte gime fatigada bajo la enorme sobrecarga del lujo y la multiplicación desmedida de los deseos y anhelos humanos. La sociedad moderna soporta la tensión de una de sus fases más peligrosas de interasociación de gran alcance y de interdependencia sumamente complicada.
68:2.6El hambre, la vanidad y el miedo a los fantasmas ejercían una presión social continua, pero la gratificación sexual era pasajera y espasmódica. El impulso sexual por sí solo no llevó a los hombres y mujeres primitivos a asumir las pesadas cargas del mantenimiento del hogar. El hogar primitivo se fundó sobre la inquietud sexual del varón cuando se veía privado de gratificación frecuente y sobre ese abnegado amor materno de la hembra humana, que en cierta medida ella comparte con las hembras de todos los animales superiores. La presencia de un bebé indefenso determinó la temprana diferenciación de las actividades masculinas y femeninas; la mujer tenía que mantener una residencia fija donde pudiera cultivar la tierra. Y desde los tiempos más remotos, el lugar donde estaba la mujer siempre se ha considerado el hogar.
68:2.7Así pues, la mujer se volvió pronto indispensable para el esquema social en evolución, no tanto por la fugaz pasión sexual como a consecuencia de la necesidad de alimento; era una colaboradora esencial en el automantenimiento. Era proveedora de alimento, bestia de carga y una compañera que soportaba grandes malos tratos sin un resentimiento violento, y además de todos estos rasgos deseables, era un medio siempre presente de gratificación sexual.
68:2.8Casi todo lo que tiene valor duradero en la civilización tiene sus raíces en la familia. La familia fue el primer grupo de paz que tuvo éxito, pues el hombre y la mujer aprendían a conciliar sus antagonismos mientras, al mismo tiempo, enseñaban a sus hijos las ocupaciones de la paz.
68:2.9La función del matrimonio en la evolución es asegurar la supervivencia de la raza, no simplemente la realización de la felicidad personal; el automantenimiento y la autoperpetuación son los verdaderos objetivos del hogar. La autogratificación es incidental y no esencial, salvo como incentivo que asegura la asociación sexual. La naturaleza exige la supervivencia, pero las artes de la civilización siguen aumentando los placeres del matrimonio y las satisfacciones de la vida familiar.
68:2.10Si se amplía la vanidad para abarcar el orgullo, la ambición y el honor, entonces podemos discernir no solo cómo estas propensiones contribuyen a la formación de las asociaciones humanas, sino también cómo mantienen unidos a los hombres, puesto que tales emociones son inútiles sin un público ante el cual exhibirse. Pronto la vanidad asoció consigo otras emociones e impulsos que requerían un escenario social donde pudieran exhibirse y satisfacerse. Este grupo de emociones dio origen a los primeros comienzos de todo arte, del ceremonial y de todas las formas de juegos deportivos y certámenes.
68:2.11La vanidad contribuyó poderosamente al nacimiento de la sociedad; pero en el momento de estas revelaciones, los afanes tortuosos de una generación vanagloriosa amenazan con anegar y sumergir toda la complicada estructura de una civilización altamente especializada. El deseo de placer reemplazó hace mucho a la necesidad del hambre; los fines sociales legítimos del automantenimiento se están transformando rápidamente en formas bajas y amenazadoras de autogratificación. El automantenimiento construye la sociedad; la autogratificación desenfrenada destruye infaliblemente la civilización.
3. Influencia socializadora del miedo a los fantasmas
68:3.1Los deseos primitivos produjeron la sociedad original, pero el miedo a los fantasmas la mantuvo unida y dio a su existencia un aspecto extrahumano. El miedo común era de origen fisiológico: miedo al dolor físico, al hambre insatisfecha o a alguna calamidad terrenal; pero el miedo a los fantasmas era una clase nueva y sublime de terror.
68:3.2Probablemente el factor individual más importante en la evolución de la sociedad humana fue el sueño de fantasmas. Aunque la mayoría de los sueños perturbaban mucho a la mente primitiva, el sueño de fantasmas aterrorizaba realmente a los primeros hombres y empujaba a estos soñadores supersticiosos a los brazos unos de otros, en una asociación voluntaria y sincera para protegerse mutuamente de los peligros imaginarios, vagos e invisibles, del mundo de los espíritus. El sueño de fantasmas fue una de las primeras diferencias que aparecieron entre los tipos de mente animal y humano. Los animales no se representan la supervivencia después de la muerte.
68:3.3Salvo por este factor de los fantasmas, toda la sociedad se fundó en necesidades fundamentales e impulsos biológicos básicos. Pero el miedo a los fantasmas introdujo un factor nuevo en la civilización, un miedo que se extiende hacia fuera y más allá de las necesidades elementales del individuo, y que se eleva muy por encima incluso de las luchas por mantener el grupo. El pavor a los espíritus de los muertos que habían partido sacó a la luz una forma nueva y asombrosa de miedo, un terror espantoso y poderoso, que contribuyó a transformar a la fuerza los órdenes sociales poco cohesionados de las primeras edades en los grupos primitivos más disciplinados y mejor controlados de los tiempos antiguos. Esta superstición insensata, parte de la cual todavía persiste, preparó la mente de los hombres, mediante el temor supersticioso a lo irreal y lo sobrenatural, para el descubrimiento posterior de «el temor del Señor, que es el principio de la sabiduría». Los miedos infundados de la evolución están destinados a ser reemplazados por el sobrecogimiento ante la Deidad que inspira la revelación. El culto primitivo del miedo a los fantasmas se convirtió en un poderoso vínculo social, y desde aquel día tan lejano la humanidad se ha esforzado más o menos por alcanzar la espiritualidad.
68:3.4El hambre y el amor unieron a los hombres; la vanidad y el miedo a los fantasmas los mantuvieron unidos. Pero estas emociones por sí solas, sin la influencia de revelaciones que promuevan la paz, son incapaces de soportar la tensión de las sospechas e irritaciones de las interasociaciones humanas. Sin ayuda de fuentes sobrehumanas, la tensión de la sociedad llega a un punto de ruptura al alcanzar ciertos límites, y estas mismas influencias de movilización social —el hambre, el amor, la vanidad y el miedo— conspiran para precipitar a la humanidad en la guerra y el derramamiento de sangre.
68:3.5La tendencia a la paz de la raza humana no es una dotación natural; se deriva de las enseñanzas de la religión revelada, de la experiencia acumulada de las razas progresivas, pero más especialmente de las enseñanzas de Jesús, el Príncipe de Paz.
4. Evolución de los mores
68:4.1Todas las instituciones sociales modernas surgen de la evolución de las costumbres primitivas de los antepasados salvajes de ustedes; las convenciones de hoy son las costumbres de ayer, modificadas y ampliadas. Lo que el hábito es para el individuo, la costumbre lo es para el grupo; y las costumbres del grupo se desarrollan hasta convertirse en usos populares o tradiciones tribales —convenciones de masas—. De estos primeros comienzos toman su humilde origen todas las instituciones de la sociedad humana actual.
68:4.2Hay que tener presente que los mores se originaron en un esfuerzo por ajustar la vida del grupo a las condiciones de la existencia en masa; los mores fueron la primera institución social del hombre. Y todas estas reacciones tribales surgieron del esfuerzo por evitar el dolor y la humillación mientras se buscaba, al mismo tiempo, disfrutar del placer y del poder. El origen de los usos populares, como el origen de los idiomas, es siempre inconsciente e involuntario y, por lo tanto, está siempre envuelto en misterio.
68:4.3El miedo a los fantasmas llevó al hombre primitivo a concebir lo sobrenatural y así sentó firmemente los cimientos de esas poderosas influencias sociales de la ética y la religión que, a su vez, preservaron inviolados los mores y las costumbres de la sociedad de generación en generación. Lo único que estableció y cristalizó tempranamente los mores fue la creencia de que los muertos eran celosos de las maneras en que habían vivido y muerto; por eso infligirían un castigo terrible a los mortales vivos que se atrevieran a tratar con descuidado desdén las reglas de vida que ellos habían honrado cuando estaban en la carne. Todo esto lo ilustra mejor la veneración actual de la raza amarilla por sus antepasados. La religión primitiva, que se desarrolló más tarde, reforzó mucho el miedo a los fantasmas en la estabilización de los mores, pero la civilización en avance ha liberado cada vez más a la humanidad de la servidumbre del miedo y de la esclavitud de la superstición.
68:4.4Antes de la instrucción liberadora y liberalizadora de los maestros de Dalamatia, el hombre antiguo era una víctima indefensa del ritual de los mores; el salvaje primitivo estaba cercado por un ceremonial interminable. Todo lo que hacía, desde el momento de despertarse por la mañana hasta el instante en que se dormía por la noche en su cueva, tenía que hacerse exactamente así, de acuerdo con los usos populares de la tribu. Era esclavo de la tiranía del uso; su vida no contenía nada libre, espontáneo ni original. No había ningún progreso natural hacia una existencia mental, moral o social superior.
68:4.5El hombre de los primeros tiempos estaba poderosamente atenazado por la costumbre; el salvaje era un verdadero esclavo del uso; pero de cuando en cuando han surgido esas variaciones del tipo que se han atrevido a inaugurar nuevas formas de pensar y métodos de vida mejorados. Sin embargo, la inercia del hombre primitivo constituye el freno biológico de seguridad contra una precipitación demasiado repentina en el desajuste ruinoso de una civilización que avanza con excesiva rapidez.
68:4.6Pero estas costumbres no son un mal sin atenuantes; su evolución debe continuar. Es casi fatal para la continuidad de la civilización emprender su modificación total mediante una revolución radical. La costumbre ha sido el hilo de continuidad que ha mantenido unida a la civilización. El camino de la historia humana está sembrado de restos de costumbres desechadas y de prácticas sociales obsoletas; pero ninguna civilización ha perdurado tras abandonar sus mores, salvo cuando fue para adoptar costumbres mejores y más adecuadas.
68:4.7La supervivencia de una sociedad depende principalmente de la evolución progresiva de sus mores. El proceso de evolución de las costumbres nace del deseo de experimentar; se presentan ideas nuevas y sobreviene la competencia. Una civilización en progreso acoge la idea progresista y perdura; el tiempo y las circunstancias seleccionan finalmente al grupo más apto para la supervivencia. Pero esto no significa que cada cambio separado y aislado en la composición de la sociedad humana haya sido para mejor. ¡No!, ¡de ninguna manera!, porque ha habido muchas, muchas regresiones en la larga lucha de avance de la civilización de Urantia.
5. Técnicas de la tierra: artes de mantenimiento
68:5.1La tierra es el escenario de la sociedad; los hombres son los actores. Y el hombre debe siempre ajustar sus actuaciones para adaptarse a la situación de la tierra. La evolución de los mores depende siempre de la proporción tierra-hombre. Esto es cierto a pesar de la dificultad de discernirlo. La técnica de la tierra del hombre, o sus artes de mantenimiento, más sus niveles de vida, equivalen a la suma total de los usos populares, los mores. Y la suma de la adaptación del hombre a las exigencias de la vida equivale a su civilización cultural.
68:5.2Las primeras culturas humanas surgieron a lo largo de los ríos del hemisferio oriental, y hubo cuatro grandes pasos en la marcha hacia adelante de la civilización. Fueron estos:
68:5.31. La etapa de recolección. La coerción del alimento, el hambre, condujo a la primera forma de organización industrial, las filas primitivas de recolección de alimentos. A veces, una de esas filas de la marcha del hambre llegaba a medir diez millas de largo mientras recorría la tierra espigando alimento. Esta era la etapa nómada primitiva de la cultura y es el modo de vida que siguen actualmente los bosquimanos africanos.
68:5.42. La etapa de caza. La invención de herramientas que servían de armas permitió al hombre convertirse en cazador y así obtener una libertad considerable de la esclavitud del alimento. Un andonita reflexivo que se había magullado gravemente el puño en un combate serio redescubrió la idea de usar un palo largo como brazo y un trozo de pedernal duro, atado al extremo con tendones, como puño. Muchas tribus hicieron descubrimientos independientes de este tipo, y estas diversas formas de martillos representaron uno de los grandes pasos hacia adelante de la civilización humana. Hoy algunos nativos australianos han progresado poco más allá de esta etapa.
68:5.5Los hombres azules se hicieron expertos cazadores y tramperos; cercando los ríos capturaban peces en gran número, y secaban el excedente para usarlo en invierno. Se emplearon muchas formas de lazos y trampas ingeniosas para capturar la caza, pero las razas más primitivas no cazaban los animales más grandes.
68:5.63. La etapa pastoril. Esta fase de la civilización fue posible gracias a la domesticación de los animales. Los árabes y los nativos de África se cuentan entre los pueblos pastoriles más recientes.
68:5.7La vida pastoril proporcionó un nuevo alivio de la esclavitud del alimento; el hombre aprendió a vivir de los intereses de su capital, el aumento de sus rebaños; y esto le dio más tiempo libre para la cultura y el progreso.
68:5.8La sociedad prepastoril era de cooperación entre los sexos, pero la difusión de la cría de animales redujo a las mujeres a las profundidades de la esclavitud social. En tiempos anteriores, era deber del hombre conseguir el alimento animal y asunto de la mujer proveer los comestibles vegetales. Por eso, cuando el hombre entró en la era pastoril de su existencia, la dignidad de la mujer cayó mucho. Ella todavía tenía que afanarse para producir los productos vegetales necesarios para la vida, mientras que el hombre solo tenía que ir a sus rebaños para proveer abundante alimento animal. Así, el hombre se volvió relativamente independiente de la mujer; a lo largo de toda la edad pastoril, la condición de la mujer decayó sin cesar. Hacia el final de esta era, ella apenas era más que un animal humano, destinada a trabajar y a dar a luz descendencia humana, de manera muy semejante a como se esperaba que los animales del rebaño trabajaran y parieran crías. Los hombres de las edades pastoriles amaban mucho a su ganado; es tanto más lamentable que no pudieran desarrollar un afecto más profundo por sus esposas.
68:5.94. La etapa agrícola. Esta era se produjo por la domesticación de las plantas, y representa el tipo más elevado de civilización material. Tanto Caligastia como Adán se esforzaron por enseñar la horticultura y la agricultura. Adán y Eva eran jardineros, no pastores, y la jardinería era una cultura avanzada en aquellos días. El cultivo de las plantas ejerce una influencia ennoblecedora en todas las razas de la humanidad.
68:5.10Con la agricultura, la proporción entre la tierra y el hombre en el mundo se multiplicó por más de cuatro. Es posible combinarla con las ocupaciones pastoriles de la etapa cultural precedente. Los hombres cazan y las mujeres labran la tierra cuando las tres etapas se superponen.
68:5.11Siempre ha habido fricción entre los pastores y los labradores de la tierra. El cazador y el pastor eran militantes, belicosos; el agricultor es un tipo más amante de la paz. La asociación con los animales sugiere lucha y fuerza; la asociación con las plantas infunde paciencia, quietud y paz. La agricultura y el industrialismo son las actividades de la paz. Pero la debilidad de ambos, como actividades sociales mundiales, es que les faltan la emoción y la aventura.
68:5.12La sociedad humana ha evolucionado desde la etapa de caza, pasando por la de los pastores, hasta la etapa territorial de la agricultura. Y cada etapa de esta civilización progresiva fue acompañada de cada vez menos nomadismo; cada vez más, el hombre empezó a vivir en el hogar.
68:5.13Y ahora la industria complementa a la agricultura, con el consiguiente aumento de la urbanización y la multiplicación de grupos no agrícolas de clases ciudadanas. Pero una era industrial no puede esperar sobrevivir si sus dirigentes no reconocen que incluso los desarrollos sociales más elevados deben descansar siempre sobre una base agrícola sólida.
6. Evolución de la cultura
68:6.1El hombre es una criatura del suelo, un hijo de la naturaleza; por mucho que se esfuerce en escapar de la tierra, al final es seguro que fracasará. «Polvo eres y al polvo volverás» es literalmente cierto de toda la humanidad. La lucha básica del hombre fue, es y siempre será por la tierra. Las primeras asociaciones sociales de los seres humanos primitivos tuvieron el propósito de ganar estas luchas por la tierra. La proporción tierra-hombre está en la base de toda civilización social.
68:6.2La inteligencia del hombre, por medio de las artes y las ciencias, aumentó el rendimiento de la tierra; al mismo tiempo, el aumento natural de la descendencia se puso en cierta medida bajo control, y así se obtuvieron el sustento y el tiempo libre para construir una civilización cultural.
68:6.3La sociedad humana está regida por una ley que decreta que la población debe variar en proporción directa con las artes de la tierra y en proporción inversa con un nivel de vida dado. A lo largo de estas primeras edades, aún más que en el presente, la ley de la oferta y la demanda, en lo que tocaba a los hombres y la tierra, determinaba el valor estimado de ambos. En los tiempos de tierra abundante —territorio desocupado—, la necesidad de hombres era grande, y por eso el valor de la vida humana aumentaba mucho; de ahí que la pérdida de vidas fuera más horrorosa. Durante los períodos de escasez de tierra y de la consiguiente superpoblación, la vida humana se abarató comparativamente, de modo que la guerra, el hambre y la peste se miraban con menos preocupación.
68:6.4Cuando se reduce el rendimiento de la tierra o aumenta la población, la lucha inevitable se renueva; los peores rasgos de la naturaleza humana salen a la superficie. La mejora del rendimiento de la tierra, la extensión de las artes mecánicas y la reducción de la población tienden todas a fomentar el desarrollo del lado mejor de la naturaleza humana.
68:6.5La sociedad de frontera desarrolla el lado menos diestro de la humanidad; las bellas artes y el verdadero progreso científico, junto con la cultura espiritual, han prosperado todos mejor en los grandes centros de vida cuando los sostenía una población agrícola e industrial algo inferior a la proporción tierra-hombre. Las ciudades siempre multiplican el poder de sus habitantes para el bien o para el mal.
68:6.6El tamaño de la familia siempre ha estado influido por los niveles de vida. Cuanto más alto es el nivel, más pequeña es la familia, hasta el punto de un estatus estable o de la extinción gradual.
68:6.7A lo largo de las edades, los niveles de vida han determinado la calidad de una población superviviente en contraste con la mera cantidad. Los niveles de vida locales de clase dan origen a nuevas castas sociales, a nuevos mores. Cuando los niveles de vida se vuelven demasiado complicados o demasiado lujosos, pronto se vuelven suicidas. La casta es el resultado directo de la alta presión social de la intensa competencia que producen las poblaciones densas.
68:6.8Las primeras razas recurrieron a menudo a prácticas destinadas a restringir la población; todas las tribus primitivas mataban a los niños deformes y enfermizos. A las niñas recién nacidas se las mataba con frecuencia antes de los tiempos de la compra de esposas. A veces se estrangulaba a los niños al nacer, pero el método preferido era el abandono a la intemperie. El padre de gemelos solía insistir en que se matara a uno, puesto que se creía que los nacimientos múltiples eran causados por la magia o por la infidelidad. Sin embargo, por regla general, se perdonaba la vida a los gemelos del mismo sexo. Aunque estos tabúes sobre los gemelos fueron en otro tiempo casi universales, nunca formaron parte de los mores andonitas; estos pueblos siempre consideraron a los gemelos como presagios de buena suerte.
68:6.9Muchas razas aprendieron la técnica del aborto, y esta práctica se volvió muy común después de establecerse el tabú sobre el parto entre las solteras. Durante mucho tiempo fue costumbre que una doncella matara a su criatura, pero entre los grupos más civilizados estos hijos ilegítimos pasaban a estar bajo la tutela de la madre de la joven. Muchos clanes primitivos fueron prácticamente exterminados por la práctica conjunta del aborto y el infanticidio. Pero sin tener en cuenta los dictados de los mores, muy pocos niños fueron destruidos jamás después de haber sido amamantados una vez: el afecto materno es demasiado fuerte.
68:6.10Incluso en el siglo veinte persisten restos de estos controles primitivos de la población. Hay una tribu en Australia cuyas madres se niegan a criar más de dos o tres hijos. No hace mucho, una tribu caníbal se comía a cada quinto niño que nacía. En Madagascar algunas tribus todavía destruyen a todos los niños nacidos en ciertos días de mala suerte, lo que causa la muerte de alrededor del veinticinco por ciento de todos los bebés.
68:6.11Desde un punto de vista mundial, la superpoblación nunca ha sido un problema grave en el pasado, pero si la guerra disminuye y la ciencia controla cada vez más las enfermedades humanas, puede convertirse en un problema grave en el futuro cercano. En ese momento se presentará la gran prueba de la sabiduría del liderazgo mundial. ¿Tendrán los gobernantes de Urantia la perspicacia y el valor de fomentar la multiplicación del ser humano medio o estabilizado en lugar de los extremos de los supernormales y de los grupos enormemente crecientes de los subnormales? Al hombre normal hay que fomentarlo; es la columna vertebral de la civilización y la fuente de los genios mutantes de la raza. Al hombre subnormal hay que mantenerlo bajo el control de la sociedad; no deben producirse más de los que se requieren para administrar los niveles inferiores de la industria, esas tareas que exigen una inteligencia superior al nivel animal pero que plantean exigencias de tan bajo grado que resultan una verdadera esclavitud y servidumbre para los tipos superiores de la humanidad.
68:6.12[Presentado por un Melquisedec destinado en otro tiempo en Urantia.]