Parte IV · Documento 181

Exhortaciones y advertencias finales

181:0.1DESPUÉS de terminar el discurso de despedida a los once, Jesús conversó informalmente con ellos y relató muchas experiencias que les concernían como grupo y como individuos. Por fin empezaba a hacerse claro para estos galileos que su amigo y maestro iba a dejarlos, y su esperanza se aferró a la promesa de que, dentro de poco, él estaría otra vez con ellos, pero tendían a olvidar que esta visita de regreso sería también por poco tiempo. Muchos de los apóstoles y de los discípulos principales pensaban realmente que esta promesa de volver por una breve temporada (el corto intervalo entre la resurrección y la ascensión) indicaba que Jesús solo se iba para una breve visita a su Padre, después de la cual volvería para establecer el reino. Y tal interpretación de su enseñanza se ajustaba tanto a sus creencias preconcebidas como a sus ardientes esperanzas. Puesto que sus creencias de toda la vida y sus esperanzas de ver cumplidos sus deseos coincidían así, no les fue difícil encontrar una interpretación de las palabras del Maestro que justificara sus intensos anhelos.

181:0.2Después de que se habló del discurso de despedida y este empezó a asentarse en sus mentes, Jesús llamó de nuevo al orden a los apóstoles y comenzó a impartir sus exhortaciones y advertencias finales.

1. Últimas palabras de consuelo

181:1.1Cuando los once tomaron asiento, Jesús se puso de pie y les habló: «Mientras esté con ustedes en la carne, solo puedo ser un individuo en medio de ustedes o en el mundo entero. Pero cuando haya sido liberado de esta investidura de naturaleza mortal, podré regresar como un espíritu que mora en cada uno de ustedes y en todos los demás creyentes en este evangelio del reino. De este modo el Hijo del Hombre se convertirá en una encarnación espiritual en las almas de todos los verdaderos creyentes.

181:1.2«Cuando haya vuelto para vivir en ustedes y obrar por medio de ustedes, podré guiarlos mejor a lo largo de esta vida y conducirlos a través de las muchas moradas de la vida futura en el cielo de los cielos. La vida en la creación eterna del Padre no es un descanso sin fin de ociosidad y comodidad egoísta, sino más bien una progresión incesante en gracia, verdad y gloria. Cada una de las muchas, muchas estaciones de la casa de mi Padre es un lugar de parada, una vida concebida para prepararlos para la siguiente. Y así avanzarán los hijos de la luz de gloria en gloria hasta que alcancen el estado divino en el que estén espiritualmente perfeccionados, así como el Padre es perfecto en todas las cosas.

181:1.3«Si quieren seguirme cuando los deje, pongan su empeño sincero en vivir de acuerdo con el espíritu de mis enseñanzas y con el ideal de mi vida —hacer la voluntad de mi Padre—. Hagan esto en lugar de intentar imitar mi vida natural en la carne tal como he tenido, por fuerza, que vivirla en este mundo.

181:1.4«El Padre me envió a este mundo, pero solo unos pocos de ustedes han elegido recibirme plenamente. Derramaré mi espíritu sobre toda carne, pero no todos los hombres elegirán recibir a este nuevo maestro como guía y consejero del alma. Pero todos los que lo reciban serán iluminados, purificados y consolados. Y este Espíritu de la Verdad llegará a ser en ellos un pozo de agua viva que brota para la vida eterna.

181:1.5«Y ahora, cuando estoy a punto de dejarlos, quisiera decirles palabras de consuelo. La paz les dejo; mi paz les doy. No hago estos dones como el mundo da —con medida—; doy a cada uno de ustedes todo lo que reciba. No se turbe su corazón, ni sienta temor. Yo he vencido al mundo, y en mí todos ustedes triunfarán por la fe. Les he advertido que al Hijo del Hombre lo matarán, pero les aseguro que volveré antes de ir al Padre, aunque sea solo por poco tiempo. Y después de haber ascendido al Padre, ciertamente enviaré al nuevo maestro para que esté con ustedes y more en sus mismos corazones. Y cuando vean que todo esto sucede, no se desanimen, sino más bien crean, puesto que lo sabían todo de antemano. Los he amado con un gran afecto, y no quisiera dejarlos, pero es la voluntad del Padre. Ha llegado mi hora.

181:1.6«No duden de ninguna de estas verdades aun después de que la persecución los haya dispersado y estén abatidos por muchas penas. Cuando sientan que están solos en el mundo, yo sabré de su aislamiento, así como, cuando estén dispersos cada uno a su propio lugar, dejando al Hijo del Hombre en manos de sus enemigos, ustedes sabrán del mío. Pero yo nunca estoy solo; siempre está el Padre conmigo. Aun en ese momento oraré por ustedes. Y todas estas cosas les he dicho para que tengan paz y la tengan en mayor abundancia. En este mundo tendrán tribulación, pero tengan ánimo; yo he triunfado en el mundo y les he mostrado el camino al gozo eterno y al servicio perpetuo».

181:1.7Jesús da paz a los que, con él, hacen la voluntad de Dios, pero no a la manera de los gozos y satisfacciones de este mundo material. Los materialistas incrédulos y los fatalistas solo pueden esperar disfrutar de dos clases de paz y consuelo del alma: o bien tienen que ser estoicos, decididos con firme resolución a afrontar lo inevitable y a soportar lo peor; o bien tienen que ser optimistas, entregándose siempre a esa esperanza que brota eterna en el pecho humano, anhelando en vano una paz que nunca llega realmente.

181:1.8Cierta medida tanto de estoicismo como de optimismo es útil para vivir una vida en la tierra, pero ninguno de los dos tiene nada que ver con esa paz excelsa que el Hijo de Dios otorga a sus hermanos en la carne. La paz que Miguel da a sus hijos en la tierra es esa misma paz que llenaba su propia alma cuando él mismo vivió la vida mortal en la carne y en este mismo mundo. La paz de Jesús es el gozo y la satisfacción de un individuo que conoce a Dios y que ha alcanzado el triunfo de aprender plenamente a hacer la voluntad de Dios mientras vive la vida mortal en la carne. La paz de la mente de Jesús se fundaba en una fe humana absoluta en la realidad en acto del supercuidado sabio y comprensivo del Padre divino. Jesús tuvo dificultades en la tierra, incluso se le ha llamado falsamente el «hombre de dolores», pero en y a través de todas estas experiencias disfrutó del consuelo de esa confianza que siempre le dio fuerza para seguir adelante con el propósito de su vida, con la plena seguridad de que estaba cumpliendo la voluntad del Padre.

181:1.9Jesús era decidido, perseverante y totalmente consagrado al cumplimiento de su misión, pero no era un estoico insensible y endurecido; siempre buscaba los aspectos alegres de las experiencias de su vida, pero no era un optimista ciego y engañado por sí mismo. El Maestro sabía todo lo que le iba a suceder, y no tenía miedo. Después de haber otorgado esta paz a cada uno de sus seguidores, pudo decir con coherencia: «No se turbe su corazón, ni tenga miedo».

181:1.10La paz de Jesús es, pues, la paz y la seguridad de un hijo que cree plenamente que su carrera en el tiempo y en la eternidad está a salvo y por completo bajo el cuidado y la custodia de un Padre espíritu omnisapiente, todopoderoso y que todo lo ama. Y esta es, en verdad, una paz que sobrepasa el entendimiento de la mente mortal, pero que el corazón humano creyente puede disfrutar en plenitud.

2. Exhortaciones personales de despedida

181:2.1El Maestro había terminado de dar sus instrucciones de despedida y de impartir sus exhortaciones finales a los apóstoles como grupo. Luego se dispuso a despedirse de cada uno y a dar a cada cual una palabra de consejo personal, junto con su bendición de despedida. Los apóstoles seguían sentados alrededor de la mesa como cuando se sentaron por primera vez para participar de la Última Cena, y a medida que el Maestro rodeaba la mesa hablándoles, cada hombre se ponía de pie cuando Jesús se dirigía a él.

181:2.2A Juan, Jesús le dijo: «Tú, Juan, eres el más joven de mis hermanos. Has estado muy cerca de mí, y aunque los amo a todos con el mismo amor que un padre da a sus hijos, Andrés te designó como uno de los tres que debían estar siempre cerca de mí. Además de esto, has actuado en mi lugar y debes seguir actuando así en muchos asuntos que conciernen a mi familia terrenal. Y me voy al Padre, Juan, con plena confianza en que seguirás velando por los que son míos en la carne. Procura que su confusión presente en cuanto a mi misión no te impida de ningún modo brindarles toda comprensión, consejo y ayuda, así como sabes que yo lo haría si permaneciera en la carne. Y cuando todos ellos lleguen a ver la luz y entren plenamente en el reino, aunque todos ustedes los recibirán con alegría, cuento contigo, Juan, para que los recibas en mi nombre.

181:2.3«Y ahora, al entrar en las horas finales de mi carrera terrenal, quédate cerca para que pueda dejarte cualquier mensaje respecto a mi familia. En cuanto a la obra que el Padre puso en mis manos, ya está terminada excepto mi muerte en la carne, y estoy listo para beber esta última copa. Pero en cuanto a las responsabilidades que me dejó mi padre terrenal, José, aunque las he atendido durante mi vida, ahora debo contar contigo para que actúes en mi lugar en todos estos asuntos. Y te he escogido para que hagas esto por mí, Juan, porque eres el más joven y por lo tanto muy probablemente sobrevivirás a estos otros apóstoles.

181:2.4«Una vez los llamamos a ti y a tu hermano hijos del trueno. Empezaste con nosotros siendo de voluntad férrea e intolerante, pero has cambiado mucho desde que querías que yo hiciera bajar fuego sobre las cabezas de incrédulos ignorantes e irreflexivos. Y debes cambiar aún más. Deberías llegar a ser el apóstol del nuevo mandamiento que esta noche les he dado. Dedica tu vida a enseñar a tus hermanos a amarse unos a otros, así como yo los he amado».

181:2.5Mientras Juan Zebedeo estaba allí de pie en la sala de arriba, con las lágrimas rodándole por las mejillas, miró al Maestro a la cara y dijo: «Así lo haré, Maestro mío, pero ¿cómo puedo aprender a amar más a mis hermanos?». Y entonces respondió Jesús: «Aprenderás a amar más a tus hermanos cuando primero aprendas a amar más a su Padre que está en el cielo, y después de que te hayas interesado de verdad más por su bienestar en el tiempo y en la eternidad. Y todo interés humano de esta clase se fomenta mediante la compasión comprensiva, el servicio desinteresado y el perdón sin reservas. Nadie debe menospreciar tu juventud, pero te exhorto a que siempre tengas debidamente en cuenta el hecho de que la edad a menudo representa experiencia, y de que nada en los asuntos humanos puede ocupar el lugar de la experiencia real. Esfuérzate por vivir en paz con todos los hombres, especialmente con tus amigos de la fraternidad del reino celestial. Y, Juan, recuerda siempre: no contiendas con las almas que quieras ganar para el reino».

181:2.6Y entonces el Maestro, pasando alrededor de su propio asiento, se detuvo un momento junto al lugar de Judas Iscariote. Los apóstoles estaban bastante sorprendidos de que Judas no hubiera regresado antes de esto, y tenían mucha curiosidad por saber el significado del semblante triste de Jesús mientras estaba de pie junto al asiento vacío del traidor. Pero ninguno de ellos, excepto quizás Andrés, tenía ni el más leve pensamiento de que su tesorero hubiera salido para traicionar a su Maestro, como Jesús les había insinuado antes esa noche y durante la cena. Habían sucedido tantas cosas que, por el momento, habían olvidado por completo el anuncio del Maestro de que uno de ellos lo traicionaría.

181:2.7Jesús se acercó entonces a Simón Zelotes, que se puso de pie y escuchó esta exhortación: «Eres un verdadero hijo de Abraham, pero ¡cuánto me ha costado intentar hacer de ti un hijo de este reino celestial! Te amo, y también te aman todos tus hermanos. Sé que me amas, Simón, y que también amas el reino, pero todavía estás empeñado en hacer que este reino venga a tu gusto. Sé muy bien que con el tiempo comprenderás la naturaleza espiritual y el significado de mi evangelio, y que harás una obra valerosa en su proclamación, pero me aflige lo que pueda sucederte cuando me vaya. Me alegraría saber que no vacilarás; me haría feliz si pudiera saber que, después de irme al Padre, no dejarás de ser mi apóstol, y que te comportarás de manera aceptable como embajador del reino celestial».

181:2.8Apenas había terminado Jesús de hablar a Simón Zelotes cuando el ardiente patriota, secándose los ojos, respondió: «Maestro, no temas por mi lealtad. He dado la espalda a todo para poder dedicar mi vida al establecimiento de tu reino en la tierra, y no vacilaré. He sobrevivido hasta ahora a toda decepción, y no te abandonaré».

181:2.9Y entonces, poniéndole la mano en el hombro a Simón, Jesús dijo: «Es en verdad reconfortante oírte hablar así, sobre todo en un momento como este, pero, mi buen amigo, todavía no sabes de qué estás hablando. Ni por un momento dudaría de tu lealtad, de tu devoción; sé que no vacilarías en salir a la batalla y morir por mí, como lo harían todos estos otros» (y todos asintieron con vigorosa aprobación), «pero eso no se te pedirá. Te he dicho repetidas veces que mi reino no es de este mundo, y que mis discípulos no lucharán para lograr su establecimiento. Te lo he dicho muchas veces, Simón, pero te niegas a afrontar la verdad. No me preocupa tu lealtad hacia mí y hacia el reino, pero ¿qué harás cuando me vaya y despiertes por fin a la toma de conciencia de que no has captado el significado de mi enseñanza, y de que debes ajustar tus conceptos erróneos a la realidad de otro orden de cosas, un orden espiritual, en el reino?».

181:2.10Simón quería hablar más, pero Jesús levantó la mano y, deteniéndolo, prosiguió: «Ninguno de mis apóstoles es más sincero y honesto de corazón que tú, pero ninguno de ellos quedará tan trastornado y descorazonado como tú después de mi partida. En todo tu desaliento mi espíritu permanecerá contigo, y estos, tus hermanos, no te abandonarán. No olvides lo que te he enseñado sobre la relación entre la ciudadanía en la tierra y la filiación en el reino espiritual del Padre. Medita bien todo lo que te he dicho acerca de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Dedica tu vida, Simón, a mostrar de qué manera aceptable puede el hombre mortal cumplir mi mandato sobre el reconocimiento simultáneo del deber temporal hacia los poderes civiles y del servicio espiritual en la fraternidad del reino. Si te dejas enseñar por el Espíritu de la Verdad, nunca habrá conflicto entre los requisitos de la ciudadanía en la tierra y los de la filiación en el cielo, a menos que los gobernantes temporales pretendan exigirte el homenaje y la adoración que pertenecen solo a Dios.

181:2.11«Y ahora, Simón, cuando finalmente veas todo esto, y después de que te hayas sacudido tu abatimiento y hayas salido a proclamar este evangelio con gran poder, nunca olvides que yo estuve contigo aun durante toda tu temporada de desaliento, y que seguiré contigo hasta el fin. Siempre serás mi apóstol, y después de que estés dispuesto a ver con el ojo del espíritu y a someter más plenamente tu voluntad a la voluntad del Padre que está en el cielo, entonces volverás a trabajar como mi embajador, y nadie te quitará la autoridad que te he conferido, por causa de tu lentitud en comprender las verdades que te he enseñado. Y así, Simón, una vez más te advierto que los que luchan con la espada perecen por la espada, mientras que los que trabajan en el espíritu alcanzan la vida eterna en el reino venidero, con gozo y paz en el reino que ahora existe. Y cuando la obra puesta en tus manos esté terminada en la tierra, tú, Simón, te sentarás conmigo en mi reino allá. Verás realmente el reino que has anhelado, pero no en esta vida. Sigue creyendo en mí y en lo que te he revelado, y recibirás el don de la vida eterna».

181:2.12Cuando Jesús terminó de hablar a Simón Zelotes, se acercó a Mateo Leví y le dijo: «Ya no te corresponderá a ti proveer para la tesorería del grupo apostólico. Pronto, muy pronto, todos ustedes serán dispersados; no se les permitirá disfrutar de la compañía reconfortante y sustentadora ni siquiera de uno solo de sus hermanos. A medida que avancen predicando este evangelio del reino, tendrán que buscarse nuevos asociados. Los he enviado de dos en dos durante los tiempos de su formación, pero ahora que los dejo, después de que se hayan recuperado de la conmoción, saldrán solos, y hasta los confines de la tierra, a proclamar esta buena nueva: que los mortales vivificados por la fe son los hijos de Dios».

181:2.13Entonces habló Mateo: «Pero, Maestro, ¿quién nos enviará, y cómo sabremos adónde ir? ¿Nos mostrará Andrés el camino?». Y Jesús respondió: «No, Leví, Andrés ya no los dirigirá en la proclamación del evangelio. Él seguirá, en efecto, como amigo y consejero de ustedes hasta el día en que venga el nuevo maestro, y entonces el Espíritu de la Verdad guiará a cada uno de ustedes por el mundo para trabajar por la extensión del reino. Muchos cambios se han producido en ti desde aquel día en la oficina de aduanas cuando por primera vez te pusiste a seguirme; pero muchos más deben producirse antes de que puedas ver la visión de una fraternidad en la que el gentil se sienta junto al judío en asociación fraternal. Pero continúa con tu afán de ganar a tus hermanos judíos hasta que estés plenamente satisfecho, y luego vuélvete con poder hacia los gentiles. De una cosa puedes estar seguro, Leví: te has ganado la confianza y el afecto de tus hermanos; todos ellos te aman». (Y los diez manifestaron su conformidad con las palabras del Maestro).

181:2.14«Leví, sé mucho de tus inquietudes, sacrificios y trabajos para mantener llena la tesorería, que tus hermanos no conocen, y me alegro de que, aunque el que llevaba la bolsa esté ausente, el embajador publicano esté aquí en mi reunión de despedida con los mensajeros del reino. Ruego que puedas discernir el significado de mi enseñanza con los ojos del espíritu. Y cuando el nuevo maestro entre en tu corazón, sigue adelante como él te guíe y deja que tus hermanos vean —incluso todo el mundo— lo que el Padre puede hacer por un odiado recaudador de impuestos que se atrevió a seguir al Hijo del Hombre y a creer en el evangelio del reino. Desde el principio, Leví, te amé como amé a estos otros galileos. Sabiendo, pues, tan bien que ni el Padre ni el Hijo hacen acepción de personas, procura no hacer tales distinciones entre los que lleguen a ser creyentes en el evangelio por medio de tu ministerio. Y así, Mateo, dedica todo tu servicio futuro en la vida a mostrar a todos los hombres que Dios no hace acepción de personas; que, a los ojos de Dios y en el compañerismo del reino, todos los hombres son iguales, todos los creyentes son los hijos de Dios».

181:2.15Jesús se acercó luego a Santiago Zebedeo, que permaneció en silencio mientras el Maestro se dirigía a él, diciendo: «Santiago, cuando tú y tu hermano menor vinieron una vez a mí buscando preferencia en los honores del reino, y les dije que tales honores le correspondía al Padre otorgarlos, les pregunté si podían beber mi copa, y ambos respondieron que sí. Aunque entonces no fueras capaz, y aunque ahora no lo seas, pronto estarás preparado para tal servicio por la experiencia por la que estás a punto de pasar. Con esa conducta ustedes enojaron entonces a sus hermanos. Si todavía no los han perdonado del todo, lo harán cuando te vean beber mi copa. Sea tu ministerio largo o corto, posee tu alma con paciencia. Cuando venga el nuevo maestro, deja que te enseñe el equilibrio de la compasión y esa tolerancia comprensiva que nace de la confianza sublime en mí y de la sumisión perfecta a la voluntad del Padre. Dedica tu vida a demostrar esa unión de afecto humano y dignidad divina del discípulo que conoce a Dios y que cree en el Hijo. Y todos los que así viven revelarán el evangelio incluso en la manera de su muerte. Tú y tu hermano Juan irán por caminos diferentes, y uno de ustedes puede sentarse conmigo en el reino eterno mucho antes que el otro. Te ayudaría mucho que aprendieras que la verdadera sabiduría abarca tanto la discreción como el valor. Debes aprender sagacidad que acompañe tu combatividad. Llegarán esos momentos supremos en que mis discípulos no vacilarán en dar su vida por este evangelio, pero en todas las circunstancias ordinarias sería mucho mejor aplacar la ira de los incrédulos para que puedas vivir y seguir predicando las buenas nuevas. En cuanto esté en tu poder, vive largo tiempo en la tierra para que tu vida de muchos años sea fructífera en almas ganadas para el reino celestial».

181:2.16Cuando el Maestro terminó de hablar a Santiago Zebedeo, rodeó la mesa hasta el extremo donde estaba sentado Andrés y, mirando a los ojos a su fiel ayudante, dijo: «Andrés, me has representado fielmente como jefe interino de los embajadores del reino celestial. Aunque a veces has dudado y otras veces has mostrado una timidez peligrosa, aun así siempre has sido sinceramente justo y sumamente equitativo en el trato con tus asociados. Desde la ordenación de ti y de tus hermanos como mensajeros del reino, ustedes han sido autónomos en todos los asuntos administrativos del grupo, excepto en que yo te designé como jefe interino de estos escogidos. En ningún otro asunto temporal he actuado para dirigir o influir en sus decisiones. Y esto lo hice para proveer un liderazgo en la dirección de todas sus deliberaciones de grupo posteriores. En mi universo y en el universo de universos de mi Padre, a nuestros hermanos-hijos se les trata como individuos en todas sus relaciones espirituales, pero en todas las relaciones de grupo proveemos indefectiblemente un liderazgo definido. Nuestro reino es un dominio de orden, y donde dos o más criaturas volitivas actúan en cooperación, siempre se provee la autoridad del liderazgo.

181:2.17«Y ahora, Andrés, puesto que eres el jefe de tus hermanos por la autoridad de mi nombramiento, y puesto que así has servido como mi representante personal, y como estoy a punto de dejarte e ir a mi Padre, te libero de toda responsabilidad en lo que respecta a estos asuntos temporales y administrativos. De ahora en adelante no podrás ejercer ninguna jurisdicción sobre tus hermanos excepto la que te hayas ganado en tu calidad de líder espiritual, y que tus hermanos por tanto reconocen libremente. Desde esta hora no podrás ejercer ninguna autoridad sobre tus hermanos a menos que ellos te restituyan esa jurisdicción mediante una acción legislativa definida después de que yo me haya ido al Padre. Pero esta liberación de responsabilidad como cabeza administrativa de este grupo no disminuye de ningún modo tu responsabilidad moral de hacer todo lo que esté en tu poder para mantener unidos a tus hermanos con mano firme y amorosa durante el difícil tiempo que se avecina, esos días que deben transcurrir entre mi partida en la carne y el envío del nuevo maestro que vivirá en sus corazones, y que finalmente los guiará a toda la verdad. Al prepararme para dejarte, quisiera liberarte de toda responsabilidad administrativa que tuvo su comienzo y su autoridad en mi presencia como uno entre ustedes. En adelante ejerceré solamente autoridad espiritual sobre ustedes y entre ustedes.

181:2.18«Si tus hermanos desean conservarte como su consejero, te ordeno que, en todos los asuntos temporales y espirituales, hagas todo lo posible por promover la paz y la armonía entre los diversos grupos de creyentes sinceros del evangelio. Dedica el resto de tu vida a promover los aspectos prácticos del amor fraternal entre tus hermanos. Sé bondadoso con mis hermanos en la carne cuando lleguen a creer plenamente en este evangelio; muestra una devoción amorosa e imparcial a los griegos en el Occidente y a Abner en el Oriente. Aunque estos, mis apóstoles, pronto van a ser dispersados a los cuatro rincones de la tierra, para proclamar allí la buena nueva de la salvación de la filiación con Dios, tú has de mantenerlos unidos durante el difícil tiempo que se avecina, esa temporada de intensa prueba durante la cual debes aprender a creer en este evangelio sin mi presencia personal mientras esperas pacientemente la llegada del nuevo maestro, el Espíritu de la Verdad. Y así, Andrés, aunque quizás no te toque hacer las grandes obras tal como las ven los hombres, conténtate con ser el maestro y consejero de los que hacen tales cosas. Prosigue con tu obra en la tierra hasta el fin, y entonces continuarás este ministerio en el reino eterno, porque ¿no te he dicho muchas veces que tengo otras ovejas que no son de este rebaño?».

181:2.19Jesús se acercó luego a los gemelos Alfeo y, de pie entre ellos, dijo: «Hijitos míos, ustedes son uno de los tres grupos de hermanos que eligieron seguirme. Los seis han hecho bien en trabajar en paz con su propia carne y sangre, pero ninguno lo ha hecho mejor que ustedes. Tiempos difíciles nos esperan. Quizás no comprendan todo lo que les sucederá a ustedes y a sus hermanos, pero nunca duden de que una vez fueron llamados a la obra del reino. Durante algún tiempo no habrá multitudes que manejar, pero no se desanimen; cuando la obra de su vida esté terminada, los recibiré en lo alto, donde en gloria hablarán de su salvación a las huestes seráficas y a multitudes de los altos Hijos de Dios. Dediquen sus vidas a enaltecer el trabajo cotidiano. Muestren a todos los hombres de la tierra y a los ángeles del cielo con cuánta alegría y valor el hombre mortal puede, después de haber sido llamado a trabajar por una temporada en el servicio especial de Dios, regresar a las labores de días pasados. Si, por el momento, su trabajo en los asuntos exteriores del reino quedara completado, deberían volver a sus labores anteriores con la nueva iluminación de la experiencia de la filiación con Dios y con la elevada toma de conciencia de que, para el que conoce a Dios, no existe tal cosa como un trabajo común o una faena secular. Para ustedes que han trabajado conmigo, todas las cosas se han vuelto sagradas, y todo trabajo terrenal se ha convertido en un servicio incluso a Dios el Padre. Y cuando oigan las noticias de lo que hacen sus antiguos compañeros apostólicos, alégrense con ellos y continúen su trabajo diario como quienes esperan en Dios y sirven mientras esperan. Ustedes han sido mis apóstoles, y siempre lo serán, y los recordaré en el reino venidero».

181:2.20Y entonces Jesús se acercó a Felipe, quien, poniéndose de pie, oyó este mensaje de su Maestro: «Felipe, me has hecho muchas preguntas necias, pero he hecho todo lo posible por responder a cada una, y ahora quisiera responder a la última de esas preguntas que han surgido en tu mente tan honesta pero poco espiritual. Todo el tiempo que he venido acercándome a ti, has estado diciéndote: “¿Qué haré si el Maestro se va y nos deja solos en el mundo?”. ¡Oh, tú, de poca fe! Y sin embargo tienes casi tanta como muchos de tus hermanos. Has sido un buen mayordomo, Felipe. Nos fallaste solo unas pocas veces, y una de esas fallas la utilizamos para manifestar la gloria del Padre. Tu oficio de mayordomía está por terminar. Pronto debes hacer más plenamente la obra a la que fuiste llamado —la predicación de este evangelio del reino—. Felipe, siempre has querido que te mostraran, y muy pronto verás grandes cosas. Sería mucho mejor que hubieras visto todo esto por la fe, pero puesto que fuiste sincero incluso en tu visión material, vivirás para ver cumplidas mis palabras. Y entonces, cuando seas bendecido con la visión espiritual, sal a tu obra, dedicando tu vida a la causa de conducir a la humanidad a buscar a Dios y a procurar las realidades eternas con el ojo de la fe espiritual y no con los ojos de la mente material. Recuerda, Felipe, que tienes una gran misión en la tierra, porque el mundo está lleno de quienes miran la vida tal como tú has tendido a mirarla. Tienes una gran obra que hacer, y cuando esté terminada en la fe, vendrás a mí en mi reino, y tendré gran placer en mostrarte lo que ojo no vio, ni oído oyó, ni concibió la mente mortal. Mientras tanto, hazte como un niño pequeño en el reino del espíritu y permíteme, como el espíritu del nuevo maestro, guiarte hacia adelante en el reino espiritual. Y de este modo podré hacer por ti mucho que no pude lograr cuando permanecí contigo como un mortal del reino. Y recuerda siempre, Felipe: el que me ha visto a mí ha visto al Padre».

181:2.21Luego el Maestro se acercó a Natanael. Cuando Natanael se puso de pie, Jesús le indicó que se sentara y, sentándose a su lado, dijo: «Natanael, desde que te hiciste mi apóstol has aprendido a vivir por encima de los prejuicios y a practicar una tolerancia mayor. Pero hay mucho más que debes aprender. Has sido una bendición para tus compañeros, en cuanto que siempre los ha amonestado tu sinceridad constante. Cuando me haya ido, puede ser que tu franqueza te impida llevarte bien con tus hermanos, tanto los antiguos como los nuevos. Debes aprender que la expresión incluso de un buen pensamiento ha de modularse de acuerdo con el nivel intelectual y el desarrollo espiritual del que escucha. La sinceridad es más útil en la obra del reino cuando va unida a la discreción.

181:2.22«Si aprendieras a trabajar con tus hermanos, podrías lograr cosas más permanentes, pero si te encuentras apartándote en busca de los que piensan como tú, en ese caso dedica tu vida a demostrar que el discípulo que conoce a Dios puede llegar a ser un constructor del reino aun cuando esté solo en el mundo y totalmente aislado de sus compañeros creyentes. Sé que serás fiel hasta el fin, y algún día te daré la bienvenida al servicio ampliado de mi reino en lo alto».

181:2.23Entonces habló Natanael, haciendo a Jesús esta pregunta: «He escuchado tu enseñanza desde que me llamaste por primera vez al servicio de este reino, pero sinceramente no puedo comprender el significado pleno de todo lo que nos dices. No sé qué esperar después, y creo que la mayoría de mis hermanos están igualmente perplejos, pero vacilan en confesar su confusión. ¿Puedes ayudarme?». Jesús, poniéndole la mano en el hombro a Natanael, dijo: «Amigo mío, no es extraño que encuentres perplejidad en tu intento de captar el significado de mis enseñanzas espirituales, puesto que estás tan limitado por tus ideas preconcebidas de la tradición judía y tan confundido por tu persistente tendencia a interpretar mi evangelio de acuerdo con las enseñanzas de los escribas y los fariseos.

181:2.24«Te he enseñado mucho de palabra, y he vivido mi vida entre ustedes. He hecho todo lo que se puede hacer para iluminar sus mentes y liberar sus almas, y lo que no has podido obtener de mis enseñanzas y de mi vida, debes prepararte ahora para adquirirlo de la mano de ese maestro de todos los maestros —la experiencia real—. Y en toda esta nueva experiencia que ahora te espera, yo iré delante de ti y el Espíritu de la Verdad estará contigo. No temas; lo que ahora no logras comprender, el nuevo maestro, cuando haya venido, te lo revelará a lo largo del resto de tu vida en la tierra y durante tu formación en las eras eternas».

181:2.25Y entonces el Maestro, volviéndose a todos ellos, dijo: «No se desanimen por no captar el significado pleno del evangelio. Ustedes no son más que hombres finitos y mortales, y lo que les he enseñado es infinito, divino y eterno. Sean pacientes y tengan buen ánimo, puesto que tienen las eras eternas por delante para continuar su consecución progresiva de la experiencia de llegar a ser perfectos, así como su Padre en el Paraíso es perfecto».

181:2.26Y entonces Jesús se acercó a Tomás, quien, poniéndose de pie, le oyó decir: «Tomás, a menudo te ha faltado fe; sin embargo, cuando has tenido tus temporadas de duda, nunca te ha faltado valor. Sé bien que los falsos profetas y los maestros espurios no te engañarán. Después de que me haya ido, tus hermanos apreciarán más tu manera crítica de ver las nuevas enseñanzas. Y cuando todos ustedes estén dispersos hasta los confines de la tierra en los tiempos venideros, recuerda que sigues siendo mi embajador. Dedica tu vida a la gran obra de mostrar cómo la mente material y crítica del hombre puede triunfar sobre la inercia de la duda intelectual cuando se enfrenta a la demostración de la manifestación de la verdad viva tal como actúa en la experiencia de los hombres y mujeres nacidos del espíritu que dan los frutos del espíritu en sus vidas, y que se aman unos a otros, así como yo los he amado. Tomás, me alegro de que te unieras a nosotros, y sé que, después de un breve período de perplejidad, seguirás adelante en el servicio del reino. Tus dudas han dejado perplejos a tus hermanos, pero nunca me han inquietado a mí. Tengo confianza en ti, e iré delante de ti aun hasta los confines más lejanos de la tierra».

181:2.27Luego el Maestro se acercó a Simón Pedro, que se puso de pie mientras Jesús se dirigía a él: «Pedro, sé que me amas, y que dedicarás tu vida a la proclamación pública de este evangelio del reino a judíos y gentiles, pero me aflige que tus años de tan estrecha asociación conmigo no hayan hecho más para ayudarte a pensar antes de hablar. ¿Por qué experiencia tendrás que pasar antes de que aprendas a poner guarda a tus labios? ¡Cuántos problemas nos has causado con tu hablar irreflexivo, con tu presuntuosa confianza en ti mismo! Y estás destinado a causarte muchos más problemas a ti mismo si no dominas esta flaqueza. Sabes que tus hermanos te aman a pesar de esta debilidad, y también deberías comprender que este defecto de ningún modo disminuye mi afecto por ti, pero reduce tu utilidad y nunca deja de causarte problemas. Pero sin duda recibirás gran ayuda de la experiencia por la que pasarás esta misma noche. Y lo que ahora te digo a ti, Simón Pedro, lo digo igualmente a todos tus hermanos aquí reunidos: esta noche todos ustedes estarán en gran peligro de tropezar por causa de mí. Saben que está escrito: “El pastor será herido y las ovejas serán dispersadas”. Cuando yo no esté, hay gran peligro de que algunos de ustedes sucumban a las dudas y tropiecen por lo que me suceda. Pero ahora les prometo que volveré a ustedes por poco tiempo, y que entonces iré delante de ustedes a Galilea».

181:2.28Entonces dijo Pedro, poniendo la mano en el hombro de Jesús: «Aunque todos mis hermanos sucumbieran a las dudas por causa de ti, te prometo que yo no tropezaré por nada que hagas. Iré contigo y, si es necesario, moriré por ti».

181:2.29Mientras Pedro estaba allí de pie ante su Maestro, todo tembloroso por la intensa emoción y desbordante de genuino amor por él, Jesús lo miró fijamente a los ojos humedecidos y dijo: «Pedro, en verdad, en verdad te digo que esta noche no cantará el gallo hasta que me hayas negado tres o cuatro veces. Y así, lo que no has logrado aprender en el trato pacífico conmigo, lo aprenderás a través de muchos problemas y muchas penas. Y después de que hayas aprendido realmente esta lección necesaria, deberás fortalecer a tus hermanos y seguir viviendo una vida dedicada a predicar este evangelio, aunque puedas caer en prisión y, quizás, seguirme pagando el precio supremo del servicio amoroso en la construcción del reino del Padre.

181:2.30«Pero recuerda mi promesa: cuando yo sea levantado, permaneceré con ustedes por una temporada antes de ir al Padre. Y esta misma noche suplicaré al Padre que fortalezca a cada uno de ustedes para lo que ahora tan pronto deben atravesar. Los amo a todos con el amor con que el Padre me ama, y por eso deberían amarse en adelante unos a otros, así como yo los he amado».

181:2.31Y entonces, después de cantar un himno, partieron hacia el campamento del monte de los Olivos.

Documento 181

Exhortaciones y advertencias finales