Parte IV · Documento 156
La estancia en Tiro y Sidón
156:0.1EL VIERNES por la tarde, 10 de junio, Jesús y sus asociados llegaron a las cercanías de Sidón, donde se detuvieron en la casa de una mujer acomodada que había sido paciente en el hospital de Betsaida en los tiempos en que Jesús estaba en la cumbre de su favor popular. Los evangelistas y los apóstoles se alojaron con amigos de ella en la vecindad inmediata, y descansaron durante el día de sábado en este entorno reconfortante. Pasaron casi dos semanas y media en Sidón y sus alrededores antes de prepararse para visitar las ciudades de la costa hacia el norte.
156:0.2Este día de sábado de junio fue de gran quietud. Los evangelistas y los apóstoles estaban totalmente absortos en sus meditaciones sobre los discursos del Maestro acerca de la religión que habían escuchado camino de Sidón. Todos ellos fueron capaces de apreciar algo de lo que él les había dicho, pero ninguno captó plenamente el alcance de su enseñanza.
1. La mujer siria
156:1.1Cerca de la casa de Karuska, donde se alojaba el Maestro, vivía una mujer siria que había oído hablar mucho de Jesús como gran sanador y maestro, y esta tarde de sábado se acercó, trayendo a su pequeña hija. La niña, de unos doce años, padecía un grave trastorno nervioso caracterizado por convulsiones y otras manifestaciones angustiosas.
156:1.2Jesús había encargado a sus asociados que no dijeran a nadie que él estaba en la casa de Karuska, y les explicó que deseaba descansar. Aunque ellos habían obedecido las instrucciones de su Maestro, el sirviente de Karuska había ido a la casa de esta mujer siria, Norana, para informarle que Jesús se alojaba en la casa de su ama, y había instado a esta madre angustiada a traer a su hija enferma para que fuera sanada. Esta madre, por supuesto, creía que su hija estaba poseída por un demonio, un espíritu impuro.
156:1.3Cuando Norana llegó con su hija, los gemelos Alfeo explicaron por medio de un intérprete que el Maestro estaba descansando y que no se le podía molestar; a lo cual Norana respondió que ella y la niña se quedarían allí mismo hasta que el Maestro terminara su descanso. Pedro también trató de razonar con ella y de convencerla de que se fuera a casa. Le explicó que Jesús estaba cansado de tanto enseñar y sanar, y que había venido a Fenicia para un período de quietud y descanso. Pero fue inútil; Norana no quería irse. A los ruegos de Pedro ella solo respondió: «No me iré hasta que haya visto a tu Maestro. Sé que él puede expulsar el demonio de mi hija, y no me iré hasta que el sanador haya mirado a mi hija».
156:1.4Entonces Tomás intentó despedir a la mujer, pero no obtuvo más que un fracaso. A él le dijo: «Tengo fe en que tu Maestro puede expulsar a este demonio que atormenta a mi hija. He oído hablar de sus obras poderosas en Galilea, y creo en él. ¿Qué les ha pasado a ustedes, sus discípulos, que quieren despedir a quienes vienen a buscar la ayuda de su Maestro?». Y cuando ella hubo hablado así, Tomás se retiró.
156:1.5Entonces se adelantó Simón Zelotes para reprender a Norana. Dijo Simón: «Mujer, tú eres una gentil que habla griego. No está bien que esperes que el Maestro tome el pan destinado a los hijos de la casa favorecida y se lo eche a los perros». Pero Norana se negó a ofenderse por la estocada de Simón. Ella solo respondió: «Sí, maestro, entiendo tus palabras. A los ojos de los judíos no soy más que un perro, pero en lo que toca a tu Maestro, soy un perro creyente. Estoy decidida a que él vea a mi hija, porque estoy convencida de que, con solo mirarla, la sanará. Y ni siquiera tú, buen hombre, te atreverías a privar a los perros del privilegio de obtener las migajas que por casualidad caen de la mesa de los hijos».
156:1.6En ese preciso momento la niña fue presa de una violenta convulsión delante de todos ellos, y la madre gritó: «Miren, pueden ver que mi hija está poseída por un espíritu maligno. Si nuestra necesidad no los conmueve a ustedes, sí conmovería a su Maestro, que, según me han dicho, ama a todos los hombres y se atreve incluso a sanar a los gentiles cuando creen. Ustedes no son dignos de ser sus discípulos. No me iré hasta que mi hija haya sido curada».
156:1.7Jesús, que había oído toda esta conversación por una ventana abierta, salió entonces, para gran sorpresa de ellos, y dijo: «Oh mujer, grande es tu fe, tan grande que no puedo negarte lo que deseas; vete en paz. Tu hija ya ha quedado sana». Y la niña quedó bien desde aquella hora. Cuando Norana y la niña se despidieron, Jesús les rogó que no contaran a nadie lo sucedido; y aunque sus asociados sí cumplieron este pedido, la madre y la niña no dejaron de proclamar el hecho de la curación de la niña por toda la comarca y aun en Sidón, tanto que Jesús consideró conveniente cambiar de alojamiento a los pocos días.
156:1.8Al día siguiente, mientras Jesús enseñaba a sus apóstoles, comentando la curación de la hija de la mujer siria, dijo: «Y así ha sido todo el camino; ustedes mismos ven cómo los gentiles son capaces de ejercer una fe salvadora en las enseñanzas del evangelio del reino de los cielos. En verdad, en verdad les digo que el reino del Padre será tomado por los gentiles si los hijos de Abraham no se disponen a mostrar fe suficiente para entrar en él».
2. La enseñanza en Sidón
156:2.1Al entrar en Sidón, Jesús y sus asociados pasaron por un puente, el primero que muchos de ellos habían visto jamás. Mientras caminaban sobre este puente, Jesús, entre otras cosas, dijo: «Este mundo no es más que un puente; pueden pasar por él, pero no deben pensar en construir sobre él una morada».
156:2.2Cuando los veinticuatro comenzaron sus labores en Sidón, Jesús fue a alojarse en una casa justo al norte de la ciudad, la casa de Justa y de su madre, Berenice. Jesús enseñaba a los veinticuatro cada mañana en la casa de Justa, y ellos salían por Sidón a enseñar y a predicar durante las tardes y las noches.
156:2.3Los apóstoles y los evangelistas se sintieron muy animados por la manera en que los gentiles de Sidón recibieron su mensaje; durante su corta estancia muchos se añadieron al reino. Este período de unas seis semanas en Fenicia fue un tiempo muy fructífero en la obra de ganar almas, pero los escritores judíos posteriores de los Evangelios solían pasar por alto a la ligera el relato de esta cálida acogida de las enseñanzas de Jesús por parte de estos gentiles en este mismo tiempo en que un número tan grande de los de su propio pueblo estaba en formación hostil contra él.
156:2.4En muchos aspectos, estos creyentes gentiles apreciaron las enseñanzas de Jesús más plenamente que los judíos. Muchos de estos sirofenicios de habla griega llegaron a saber no solo que Jesús era como Dios, sino también que Dios era como Jesús. Estos llamados paganos lograron una buena comprensión de las enseñanzas del Maestro sobre la uniformidad de las leyes de este mundo y del universo entero. Captaron la enseñanza de que Dios no hace distinción de personas, razas ni naciones; de que no hay favoritismo en el Padre Universal; de que el universo se atiene por completo y siempre a la ley y es infaliblemente digno de confianza. Estos gentiles no tenían miedo de Jesús; se atrevieron a aceptar su mensaje. A lo largo de todas las épocas, los hombres no han sido incapaces de comprender a Jesús; han tenido miedo de hacerlo.
156:2.5Jesús dejó claro a los veinticuatro que no había huido de Galilea por falta de valor para enfrentarse a sus enemigos. Ellos comprendieron que él aún no estaba preparado para un choque abierto con la religión establecida, y que no buscaba convertirse en mártir. Fue durante una de estas conferencias en la casa de Justa cuando el Maestro dijo por primera vez a sus discípulos que «aunque el cielo y la tierra pasen, mis palabras de verdad no pasarán».
156:2.6El tema de las instrucciones de Jesús durante la estancia en Sidón fue la progresión espiritual. Les dijo que no podían quedarse quietos; debían avanzar en la rectitud o retroceder hacia el mal y el pecado. Los exhortó a «olvidar las cosas que están en el pasado mientras avanzan para abrazar las realidades mayores del reino». Les rogó que no se contentaran con su infancia en el evangelio, sino que se esforzaran por alcanzar la plena estatura de la filiación divina en la comunión del espíritu y en el compañerismo de los creyentes.
156:2.7Dijo Jesús: «Mis discípulos no solo deben dejar de hacer el mal, sino aprender a hacer el bien; ustedes no solo deben ser limpiados de todo pecado consciente, sino que deben negarse a albergar incluso los sentimientos de culpa. Si confiesan sus pecados, estos son perdonados; por lo tanto, deben mantener una conciencia moral libre de ofensa».
156:2.8Jesús disfrutaba mucho del agudo sentido del humor que mostraban estos gentiles. Fue el sentido del humor de Norana, la mujer siria, así como su fe grande y persistente, lo que tanto tocó el corazón del Maestro y apeló a su misericordia. Jesús lamentaba mucho que su pueblo —los judíos— tuviera tan poco humor. Una vez dijo a Tomás: «Mi pueblo se toma a sí mismo demasiado en serio; casi no tiene aprecio por el humor. La religión agobiante de los fariseos nunca habría podido originarse en un pueblo con sentido del humor. Les falta también coherencia; cuelan mosquitos y se tragan camellos».
3. El viaje costa arriba
156:3.1El Maestro salió de Sidón con sus asociados el martes 28 de junio, y subieron por la costa rumbo a Porfireón y Heldua. Los gentiles les dieron una buena acogida, y en esta semana de enseñanza y predicación fueron muchos los que entraron en el reino. En Porfireón predicaron los apóstoles, mientras que en Heldua enseñaron los evangelistas. Jesús, en tanto que los veinticuatro estaban así dedicados a su labor, se separó de ellos por un lapso de tres o cuatro días y fue a Beirut, ciudad de la costa; allí pasó un tiempo con Malach, un sirio que era creyente y que el año anterior había estado en Betsaida.
156:3.2El miércoles 6 de julio todos regresaron a Sidón y se quedaron en la casa de Justa hasta el domingo por la mañana, cuando partieron hacia Tiro, yendo hacia el sur por la costa pasando por Sarepta, y llegaron a Tiro el lunes 11 de julio. Para entonces los apóstoles y los evangelistas se estaban acostumbrando a trabajar entre estos llamados gentiles, que en realidad descendían principalmente de las antiguas tribus cananeas, de un origen semita todavía más antiguo. Todos estos pueblos hablaban la lengua griega. Fue una gran sorpresa para los apóstoles y los evangelistas observar el afán de estos gentiles por oír el evangelio y notar la prontitud con que muchos de ellos creían.
4. En Tiro
156:4.1Del 11 al 24 de julio enseñaron en Tiro. Cada uno de los apóstoles llevó consigo a uno de los evangelistas, y así, de dos en dos, enseñaron y predicaron en todas partes de Tiro y sus alrededores. La población políglota de este activo puerto de mar los escuchó con gusto, y muchos fueron bautizados en el compañerismo externo del reino. Jesús mantuvo su cuartel general en la casa de un judío llamado José, un creyente, que vivía a tres o cuatro millas al sur de Tiro, no lejos de la tumba de Hiram, que había sido rey de la ciudad-estado de Tiro en los tiempos de David y Salomón.
156:4.2Diariamente, durante este período de dos semanas, los apóstoles y los evangelistas entraban en Tiro por el malecón de Alejandro para dirigir pequeñas reuniones, y cada noche la mayoría de ellos regresaba al campamento en la casa de José, al sur de la ciudad. Todos los días salían creyentes de la ciudad para hablar con Jesús en su lugar de descanso. El Maestro habló en Tiro una sola vez, la tarde del 20 de julio, cuando enseñó a los creyentes acerca del amor del Padre por toda la humanidad y acerca de la misión del Hijo de revelar al Padre a todas las razas de los hombres. Había tal interés por el evangelio del reino entre estos gentiles que, en esta ocasión, se le abrieron las puertas del templo de Melkart, y es interesante dejar constancia de que en años posteriores se construyó una iglesia cristiana en el mismo lugar de este antiguo templo.
156:4.3Muchos de los dirigentes de la fabricación de la púrpura de Tiro, el tinte que hizo famosas a Tiro y a Sidón en el mundo entero y que tanto contribuyó a su comercio mundial y a su consiguiente enriquecimiento, creyeron en el reino. Cuando, poco después, la provisión de los animales marinos que eran la fuente de este tinte comenzó a disminuir, estos fabricantes de tinte salieron en busca de nuevos hábitats de estos moluscos. Y así, al emigrar hasta los confines de la tierra, llevaron consigo el mensaje de la paternidad de Dios y de la fraternidad de los hombres —el evangelio del reino.
5. La enseñanza de Jesús en Tiro
156:5.1Esta tarde de miércoles, en el curso de su discurso, Jesús contó por primera vez a sus seguidores la historia del lirio blanco que eleva su cabeza pura y nívea bien alto hacia la luz del sol mientras sus raíces están asentadas en el limo y el fango del suelo oscuro de abajo. «Del mismo modo —dijo él—, el hombre mortal, aunque tiene sus raíces de origen y de ser en el suelo animal de la naturaleza humana, puede por la fe elevar su naturaleza espiritual hasta la luz del sol de la verdad celestial y dar realmente los nobles frutos del espíritu».
156:5.2Fue durante este mismo sermón cuando Jesús utilizó su primera y única parábola relacionada con su propio oficio —la carpintería. En el curso de su exhortación a «construir bien los cimientos para el crecimiento de un carácter noble de dotes espirituales», dijo: «Para dar los frutos del espíritu, deben nacer del espíritu. Deben ser enseñados por el espíritu y guiados por el espíritu si quieren vivir la vida llena del espíritu entre sus semejantes. Pero no cometan el error del carpintero necio que pierde un tiempo valioso escuadrando, midiendo y alisando su madera carcomida y podrida por dentro, y luego, cuando así ha puesto todo su trabajo en la viga defectuosa, tiene que rechazarla por no ser apta para entrar en los cimientos del edificio que quería construir para resistir los embates del tiempo y de la tormenta. Que cada hombre se asegure de que los cimientos intelectuales y morales del carácter sean tales que sostengan adecuadamente la superestructura de la naturaleza espiritual que se agranda y se ennoblece, la cual ha de transformar así la mente mortal y luego, en asociación con esa mente recreada, ha de lograr la evolución del alma de destino inmortal. Su naturaleza espiritual —el alma creada conjuntamente— es un crecimiento vivo, pero la mente y la moral del individuo son el suelo del que deben brotar estas manifestaciones superiores del desarrollo humano y del destino divino. El suelo del alma en evolución es humano y material, pero el destino de esta criatura combinada de mente y espíritu es espiritual y divino».
156:5.3En la noche de este mismo día, Natanael preguntó a Jesús: «Maestro, ¿por qué oramos para que Dios no nos lleve a la tentación, cuando sabemos bien por tu revelación del Padre que él nunca hace tales cosas?». Jesús respondió a Natanael:
156:5.4«No es extraño que hagas tales preguntas, puesto que estás comenzando a conocer al Padre como yo lo conozco, y no como lo veían tan vagamente los antiguos profetas hebreos. Sabes bien cómo nuestros antepasados estaban dispuestos a ver a Dios en casi todo lo que sucedía. Buscaban la mano de Dios en todos los sucesos naturales y en cada episodio insólito de la experiencia humana. Relacionaban a Dios tanto con el bien como con el mal. Pensaban que él ablandó el corazón de Moisés y endureció el corazón del faraón. Cuando el hombre sentía un fuerte impulso de hacer algo, bueno o malo, tenía la costumbre de explicar estas emociones insólitas comentando: “El Señor me habló diciendo: haz esto y aquello, o ve aquí y allá”. En consecuencia, puesto que los hombres caían tan a menudo y tan violentamente en la tentación, nuestros antepasados se acostumbraron a creer que Dios los llevaba allí para probarlos, castigarlos o fortalecerlos. Pero tú, en verdad, ahora lo sabes mejor. Sabes que los hombres son llevados a la tentación con demasiada frecuencia por el impulso de su propio egoísmo y por los impulsos de su naturaleza animal. Cuando seas tentado de esta manera, te exhorto a que, mientras reconoces la tentación honesta y sinceramente como lo que es, redirijas con inteligencia las energías del espíritu, de la mente y del cuerpo, que buscan expresarse, hacia cauces más elevados y hacia metas más idealistas. De esta manera puedes transformar tus tentaciones en los tipos más elevados de ministerio mortal edificante, mientras evitas casi por completo estos conflictos derrochadores y debilitantes entre la naturaleza animal y la espiritual.
156:5.5»Pero permíteme advertirte contra la insensatez de intentar superar la tentación mediante el esfuerzo de sustituir un deseo por otro deseo supuestamente superior por la mera fuerza de la voluntad humana. Si quieres triunfar de verdad sobre las tentaciones de la naturaleza menor e inferior, tienes que llegar a ese lugar de ventaja espiritual donde hayas desarrollado real y verdaderamente un interés efectivo por esas formas de conducta más elevadas y más idealistas, y un amor por ellas, que tu mente desea poner en lugar de estos hábitos de comportamiento inferiores y menos idealistas que reconoces como tentación. De esta manera serás liberado por la transformación espiritual en lugar de verte cada vez más sobrecargado con la supresión engañosa de los deseos mortales. Lo viejo y lo inferior será olvidado en el amor por lo nuevo y lo superior. La belleza siempre triunfa sobre la fealdad en los corazones de todos los que están iluminados por el amor a la verdad. Hay un poder inmenso en la energía expulsiva de un afecto espiritual nuevo y sincero. Y otra vez te digo: no te dejes vencer por el mal, sino más bien vence el mal con el bien».
156:5.6Hasta muy entrada la noche, los apóstoles y los evangelistas siguieron haciendo preguntas, y de las muchas respuestas quisiéramos presentar los siguientes pensamientos, expresados de nuevo en lenguaje moderno:
156:5.7Para el éxito material son esenciales una ambición enérgica, un juicio inteligente y una sabiduría madurada por la experiencia. De la aptitud natural, la prudencia, la fuerza de voluntad y la resolución depende el liderazgo. En cuanto al destino espiritual, este depende de la fe, el amor y la consagración a la verdad —el hambre y la sed de rectitud—, del deseo de todo corazón de hallar a Dios y de ser como él.
156:5.8No se desanimen al descubrir que son humanos. La naturaleza humana puede tender hacia el mal, pero no es intrínsecamente pecaminosa. No se abatan por no lograr olvidar por completo algunas de sus experiencias lamentables. Los errores que no logren olvidar en el tiempo serán olvidados en la eternidad. Aligeren sus cargas del alma adquiriendo pronto una visión a larga distancia de su destino, una expansión universal de su carrera.
156:5.9No cometan el error de estimar el valor del alma por las imperfecciones de la mente o por los apetitos del cuerpo. No juzguen el alma ni evalúen su destino según la norma de un solo episodio humano desafortunado. Su destino espiritual está condicionado solo por sus anhelos y propósitos espirituales.
156:5.10La religión es la experiencia exclusivamente espiritual del alma inmortal en evolución del hombre que conoce a Dios, pero el poder moral y la energía espiritual son fuerzas poderosas que pueden utilizarse para tratar situaciones sociales difíciles y para resolver problemas económicos complejos. Estas dotes morales y espirituales hacen más ricos y más llenos de sentido todos los niveles de la vida humana.
156:5.11Están destinados a vivir una vida estrecha y mezquina si aprenden a amar solo a quienes los aman. El amor humano puede ser recíproco, pero el amor divino se dirige hacia afuera en toda su búsqueda de satisfacción. Cuanto menos amor hay en la naturaleza de una criatura, mayor es la necesidad de amor, y más busca el amor divino satisfacer esa necesidad. El amor nunca se busca a sí mismo, y no puede otorgarse a sí mismo. El amor divino no puede quedar encerrado en sí mismo; debe otorgarse de manera desinteresada.
156:5.12Los creyentes del reino deben poseer una fe implícita, una creencia de toda el alma, en el triunfo cierto de la rectitud. Los constructores del reino no deben dudar de la verdad del evangelio de la salvación eterna. Los creyentes deben aprender cada vez más a apartarse del ajetreo de la vida —a escapar de los acosos de la existencia material— mientras refrescan el alma, inspiran la mente y renuevan el espíritu mediante la comunión de adoración.
156:5.13Las personas que conocen a Dios no se desaniman por la desgracia ni se abaten por la decepción. Los creyentes son inmunes a la depresión que resulta de los trastornos puramente materiales; los que viven en el espíritu no se perturban por los episodios del mundo material. Los candidatos a la vida eterna practican una técnica vigorizante y constructiva para hacer frente a todas las vicisitudes y los acosos de la vida mortal. Cada día que vive un verdadero creyente, le resulta más fácil hacer lo correcto.
156:5.14La vida espiritual aumenta poderosamente el verdadero respeto por uno mismo. Pero el respeto por uno mismo no es admiración de uno mismo. El respeto por uno mismo siempre está coordinado con el amor y el servicio a los semejantes. No es posible respetarse a sí mismo más de lo que se ama al prójimo; lo uno es la medida de la capacidad para lo otro.
156:5.15A medida que pasan los días, todo verdadero creyente se vuelve más hábil para atraer a sus semejantes al amor de la verdad eterna. ¿Tienen hoy más recursos para revelar la bondad a la humanidad que ayer? ¿Son este año mejores recomendadores de la rectitud que el año pasado? ¿Se están volviendo cada vez más artistas en su técnica de llevar a las almas hambrientas al reino espiritual?
156:5.16¿Son sus ideales lo bastante elevados para asegurar su salvación eterna, mientras sus ideas son tan prácticas que los hacen ciudadanos útiles para actuar en la tierra en asociación con sus semejantes mortales? En el espíritu, su ciudadanía está en el cielo; en la carne, todavía son ciudadanos de los reinos de la tierra. Den a los césares las cosas que son materiales, y a Dios las que son espirituales.
156:5.17La medida de la capacidad espiritual del alma en evolución es su fe en la verdad y su amor por el hombre, pero la medida de su fuerza humana de carácter es su habilidad para resistirse a guardar rencores y su capacidad para no caer en cavilaciones sombrías ante una pena profunda. La derrota es el verdadero espejo en el que pueden mirar honestamente su yo real.
156:5.18A medida que envejecen en años y adquieren más experiencia en los asuntos del reino, ¿están adquiriendo más tacto en el trato con mortales problemáticos y más tolerancia en la convivencia con asociados obstinados? El tacto es el punto de apoyo de la palanca social, y la tolerancia es la marca distintiva de un alma grande. Si poseen estos dones raros y encantadores, a medida que pasen los días se volverán más atentos y expertos en sus dignos esfuerzos por evitar todos los malentendidos sociales innecesarios. Tales almas sabias son capaces de evitar gran parte de los problemas que con certeza serán la suerte de todos los que sufren de falta de ajuste emocional, de los que se niegan a madurar y de los que se niegan a envejecer con gracia.
156:5.19Eviten la deshonestidad y la falta de equidad en todos sus esfuerzos por predicar la verdad y proclamar el evangelio. No busquen un reconocimiento no ganado ni ansíen una compasión inmerecida. El amor, recíbanlo libremente de fuentes tanto divinas como humanas, sin importar sus méritos, y amen libremente a cambio. Pero en todas las demás cosas relacionadas con el honor y la adulación, busquen solo lo que honestamente les pertenece.
156:5.20El mortal consciente de Dios está seguro de la salvación; no tiene miedo de la vida; es honesto y coherente. Sabe soportar con valentía el sufrimiento inevitable; no se queja cuando se enfrenta a dificultades ineludibles.
156:5.21El verdadero creyente no se cansa de hacer el bien solo porque se vea frustrado. La dificultad aviva el ardor del amante de la verdad, mientras que los obstáculos solo desafían los esfuerzos del intrépido constructor del reino.
156:5.22Y muchas otras cosas les enseñó Jesús antes de que se prepararan para partir de Tiro.
156:5.23El día antes de que Jesús saliera de Tiro para regresar a la región del mar de Galilea, reunió a sus asociados y ordenó a los doce evangelistas que regresaran por una ruta diferente de la que él y los doce apóstoles iban a tomar. Y después de que los evangelistas dejaron aquí a Jesús, nunca más estuvieron tan íntimamente asociados con él.
6. El regreso de Fenicia
156:6.1Hacia el mediodía del domingo 24 de julio, Jesús y los doce salieron de la casa de José, al sur de Tiro, y bajaron por la costa hasta Tolemaida. Allí se quedaron un día, dirigiendo palabras de consuelo al grupo de creyentes que residía allí. Pedro les predicó la noche del 25 de julio.
156:6.2El martes salieron de Tolemaida, yendo hacia el este, tierra adentro, hasta cerca de Jotapata por el camino de Tiberíades. El miércoles se detuvieron en Jotapata e instruyeron más a los creyentes en las cosas del reino. El jueves salieron de Jotapata, yendo hacia el norte por el sendero de Nazaret-monte Líbano hasta la aldea de Zabulón, pasando por Ramá. Celebraron reuniones en Ramá el viernes y se quedaron allí durante el sábado. Llegaron a Zabulón el domingo 31, celebraron una reunión esa noche y partieron a la mañana siguiente.
156:6.3Al salir de Zabulón, viajaron hasta el cruce con el camino de Magdala-Sidón cerca de Giscala, y de allí se dirigieron a Genesaret, en la orilla occidental del lago de Galilea, al sur de Cafarnaúm, donde habían acordado reunirse con David Zebedeo, y donde tenían la intención de deliberar sobre el siguiente paso que se debía dar en la obra de predicar el evangelio del reino.
156:6.4Durante una breve conferencia con David se enteraron de que muchos dirigentes estaban entonces reunidos en el lado opuesto del lago, cerca de Kheresa, y por ello, esa misma noche una barca los llevó a la otra orilla. Durante un día descansaron tranquilamente en las colinas, y al día siguiente siguieron hasta el parque cercano donde el Maestro había alimentado una vez a los cinco mil. Allí descansaron tres días y celebraron conferencias diarias, a las que asistieron unos cincuenta hombres y mujeres, los restos del grupo antes numeroso de creyentes que residían en Cafarnaúm y sus alrededores.
156:6.5Mientras Jesús estuvo ausente de Cafarnaúm y Galilea, durante el período de la estancia en Fenicia, sus enemigos calcularon que todo el movimiento se había desintegrado y concluyeron que la prisa de Jesús por retirarse indicaba que estaba tan completamente asustado que probablemente nunca volvería a molestarlos. Toda la oposición activa a sus enseñanzas casi había cesado. Los creyentes empezaban a celebrar reuniones públicas otra vez, y se estaba produciendo una consolidación gradual pero eficaz de los supervivientes probados y fieles de la gran criba por la que los creyentes del evangelio acababan de pasar.
156:6.6Filipo, el hermano de Herodes, se había convertido en un creyente a medias en Jesús y mandó decir que el Maestro era libre de vivir y trabajar en sus dominios.
156:6.7El mandato de cerrar las sinagogas de todo el mundo judío a las enseñanzas de Jesús y de todos sus seguidores había obrado en contra de los escribas y los fariseos. En cuanto Jesús se retiró como objeto de controversia, se produjo una reacción en todo el pueblo judío; hubo un resentimiento general contra los fariseos y los dirigentes del Sanedrín en Jerusalén. Muchos de los jefes de las sinagogas comenzaron a abrir a escondidas sus sinagogas a Abner y a sus asociados, alegando que estos maestros eran seguidores de Juan y no discípulos de Jesús.
156:6.8Incluso Herodes Antipas cambió de parecer y, al enterarse de que Jesús residía al otro lado del lago, en el territorio de su hermano Filipo, le mandó decir que, aunque había firmado órdenes para su arresto en Galilea, no había autorizado de igual modo su captura en Perea, indicando así que Jesús no sería molestado si permanecía fuera de Galilea; y comunicó esta misma decisión a los judíos de Jerusalén.
156:6.9Y esa era la situación hacia el primero de agosto del año 29 d. C., cuando el Maestro regresó de la misión fenicia y comenzó la reorganización de sus fuerzas dispersas, probadas y mermadas para este último año, lleno de acontecimientos, de su misión en la tierra.
156:6.10Los términos de la batalla quedan claramente definidos mientras el Maestro y sus asociados se preparan para comenzar la proclamación de una nueva religión, la religión del espíritu del Dios vivo que mora en las mentes de los hombres.