Parte IV · Documento 149
La segunda gira de predicación
149:0.1LA segunda gira pública de predicación por Galilea comenzó el domingo 3 de octubre del año 28 d. C., y continuó durante casi tres meses, hasta terminar el 30 de diciembre. Participaron en este esfuerzo Jesús y sus doce apóstoles, con la ayuda del cuerpo recién reclutado de 117 evangelistas y de muchas otras personas interesadas. En esta gira visitaron Gadara, Tolemaida, Jafía, Dabaritta, Meguido, Jezreel, Escitópolis, Tariquea, Hipos, Gamala, Betsaida-Julias y muchas otras ciudades y aldeas.
149:0.2Antes de la partida, en la mañana de este domingo, Andrés y Pedro pidieron a Jesús que diera el encargo final a los nuevos evangelistas, pero el Maestro se negó, y dijo que no le correspondía hacer aquellas cosas que otros podían realizar de manera aceptable. Después de la debida deliberación, se decidió que Santiago Zebedeo diera el encargo. Al término de las palabras de Santiago, Jesús dijo a los evangelistas: «Vayan ahora a hacer la obra tal como se les ha encargado, y más adelante, cuando hayan demostrado que son competentes y fieles, los ordenaré para predicar el evangelio del reino».
149:0.3En esta gira solo Santiago y Juan viajaron con Jesús. Pedro y los demás apóstoles llevaron cada uno consigo a unos doce evangelistas y mantuvieron un estrecho contacto con ellos mientras realizaban su obra de predicar y enseñar. A medida que los creyentes estaban listos para entrar en el reino, los apóstoles les administraban el bautismo. Jesús y sus dos compañeros viajaron mucho durante estos tres meses, y a menudo visitaban dos ciudades en un día para observar la obra de los evangelistas y animarlos en sus esfuerzos por establecer el reino. Toda esta segunda gira de predicación fue principalmente un esfuerzo por proporcionar experiencia práctica a este cuerpo de 117 evangelistas recién formados.
149:0.4Durante todo este período y después, hasta el momento de la partida final de Jesús y los doce hacia Jerusalén, David Zebedeo mantuvo un cuartel general permanente para la obra del reino en la casa de su padre en Betsaida. Este fue el centro de intercambio de la obra de Jesús en la tierra y la estación de relevo del servicio de mensajeros que David mantenía entre los trabajadores de diversas partes de Palestina y de las regiones vecinas. Hizo todo esto por iniciativa propia, pero con la aprobación de Andrés. David empleó de cuarenta a cincuenta mensajeros en esta división de información de la obra del reino, que se ampliaba y se extendía con rapidez. Mientras estaba así ocupado, se mantuvo en parte a sí mismo con el tiempo que dedicaba a su antiguo oficio de pescador.
1. La amplia fama de Jesús
149:1.1Para cuando se levantó el campamento de Betsaida, la fama de Jesús, en particular como sanador, se había extendido a todas partes de Palestina y por toda Siria y los países vecinos. Durante semanas después de que salieron de Betsaida, los enfermos siguieron llegando, y cuando no encontraban al Maestro, al saber por David dónde estaba, iban en su busca. En esta gira Jesús no realizó deliberadamente ninguno de los llamados milagros de curación. No obstante, decenas de afligidos recobraron la salud y la felicidad como resultado del poder reconstructivo de la intensa fe que los impulsaba a buscar la curación.
149:1.2Hacia el tiempo de esta misión comenzó a aparecer —y continuó durante el resto de la vida de Jesús en la tierra— una serie peculiar e inexplicada de fenómenos de curación. En el curso de esta gira de tres meses, más de cien hombres, mujeres y niños de Judea, Idumea, Galilea, Siria, Tiro y Sidón, y del otro lado del Jordán, fueron beneficiarios de esta curación inconsciente por parte de Jesús y, al volver a sus hogares, contribuyeron a aumentar la fama de Jesús. Y lo hicieron a pesar de que Jesús, cada vez que observaba uno de estos casos de curación espontánea, encargaba directamente al beneficiario: «No se lo digas a nadie».
149:1.3Nunca se nos reveló qué ocurría exactamente en estos casos de curación espontánea o inconsciente. El Maestro nunca explicó a sus apóstoles cómo se efectuaban estas curaciones, salvo que en varias ocasiones dijo simplemente: «Percibo que ha salido poder de mí». En una ocasión, cuando lo tocó un niño enfermo, comentó: «Percibo que ha salido vida de mí».
149:1.4A falta de una palabra directa del Maestro sobre la naturaleza de estos casos de curación espontánea, sería presuntuoso de nuestra parte emprender la explicación de cómo se realizaron, pero será permisible dejar constancia de nuestra opinión sobre todos esos fenómenos de curación. Creemos que muchos de estos aparentes milagros de curación, tal como ocurrieron en el curso del ministerio terrenal de Jesús, fueron el resultado de la coexistencia de las tres influencias poderosas, potentes y asociadas que siguen:
149:1.51. La presencia de una fe fuerte, dominante y viva en el corazón del ser humano que buscaba con persistencia la curación, junto con el hecho de que esa curación se deseaba por sus beneficios espirituales más que por una restauración puramente física.
149:1.62. La existencia, concomitante con esa fe humana, de la gran empatía y compasión del Hijo Creador de Dios, encarnado y dominado por la misericordia, que poseía realmente en su persona poderes y prerrogativas creativos de curación casi ilimitados e intemporales.
149:1.73. Junto con la fe de la criatura y la vida del Creador, conviene notar también que este Dios-hombre era la expresión personificada de la voluntad del Padre. Si, en el contacto de la necesidad humana con el poder divino para satisfacerla, el Padre no disponía otra cosa, los dos se hacían uno, y la curación ocurría sin que el Jesús humano fuera consciente de ella, pero su naturaleza divina la reconocía de inmediato. La explicación, pues, de muchos de estos casos de curación debe buscarse en una gran ley que conocemos desde hace mucho tiempo, a saber: Lo que el Hijo Creador desea y el Padre eterno quiere, ES.
149:1.8Es, pues, nuestra opinión que, en la presencia personal de Jesús, ciertas formas de profunda fe humana eran literal y verdaderamente apremiantes en la manifestación de la curación por parte de ciertas fuerzas y personalidades creativas del universo que en ese tiempo estaban tan íntimamente asociadas con el Hijo del Hombre. Por lo tanto, es un hecho registrado que Jesús a menudo permitía que los hombres se curaran a sí mismos en su presencia por medio de su fe poderosa y personal.
149:1.9Muchos otros buscaban la curación con fines del todo egoístas. Una viuda rica de Tiro, con su séquito, vino a buscar la curación de sus dolencias, que eran muchas; y mientras seguía a Jesús por toda Galilea, ofrecía cada vez más dinero, como si el poder de Dios fuera algo que pudiera comprar el mejor postor. Pero nunca llegó a interesarse por el evangelio del reino; lo único que buscaba era la curación de sus males físicos.
2. La actitud del pueblo
149:2.1Jesús comprendía la mente de los hombres. Sabía lo que había en el corazón del hombre, y si sus enseñanzas se hubieran dejado tal como él las presentó, con la interpretación inspirada que ofrecía su vida terrenal como único comentario, todas las naciones y todas las religiones del mundo habrían abrazado pronto el evangelio del reino. Los esfuerzos bienintencionados de los primeros seguidores de Jesús por reformular sus enseñanzas a fin de hacerlas más aceptables para ciertas naciones, razas y religiones solo lograron que esas enseñanzas fueran menos aceptables para todas las demás naciones, razas y religiones.
149:2.2El apóstol Pablo, en sus esfuerzos por llevar las enseñanzas de Jesús a la atención favorable de ciertos grupos de su época, escribió muchas cartas de instrucción y de amonestación. Otros maestros del evangelio de Jesús hicieron lo mismo, pero ninguno de ellos se dio cuenta de que algunos de estos escritos serían reunidos después por quienes los presentarían como la expresión fiel de las enseñanzas de Jesús. Y así, aunque el llamado cristianismo contiene más del evangelio del Maestro que cualquier otra religión, también contiene mucho que Jesús no enseñó. Aparte de la incorporación al cristianismo primitivo de muchas enseñanzas de los misterios persas y de gran parte de la filosofía griega, se cometieron dos grandes errores:
149:2.31. El esfuerzo por conectar la enseñanza del evangelio directamente con la teología judía, como lo ilustran las doctrinas cristianas de la expiación: la enseñanza de que Jesús era el Hijo sacrificado que satisfaría la severa justicia del Padre y aplacaría la ira divina. Estas enseñanzas se originaron en un esfuerzo loable por hacer el evangelio del reino más aceptable para los judíos incrédulos. Aunque estos esfuerzos fracasaron en cuanto a ganar a los judíos, no dejaron de confundir y alejar a muchas almas honestas en todas las generaciones posteriores.
149:2.42. El segundo gran desacierto de los primeros seguidores del Maestro, y uno que todas las generaciones posteriores han persistido en perpetuar, fue organizar la enseñanza cristiana de manera tan completa en torno a la persona de Jesús. Este énfasis excesivo en la personalidad de Jesús en la teología del cristianismo ha servido para oscurecer sus enseñanzas, y todo esto ha hecho cada vez más difícil que los judíos, los mahometanos, los hindúes y otros religiosos orientales acepten las enseñanzas de Jesús. No quisiéramos menospreciar el lugar de la persona de Jesús en una religión que pudiera llevar su nombre, pero no permitiríamos que esa consideración eclipsara su vida inspirada ni suplantara su mensaje salvador: la paternidad de Dios y la fraternidad de los hombres.
149:2.5Los maestros de la religión de Jesús deberían acercarse a las otras religiones con el reconocimiento de las verdades que tienen en común (muchas de las cuales provienen directa o indirectamente del mensaje de Jesús), mientras se abstienen de poner tanto énfasis en las diferencias.
149:2.6Aunque en ese momento particular la fama de Jesús descansaba principalmente en su reputación de sanador, no se sigue que continuara descansando así. Con el paso del tiempo, lo buscaban cada vez más para obtener ayuda espiritual. Pero eran las curaciones físicas las que más directa e inmediatamente atraían a la gente común. Jesús era buscado cada vez más por las víctimas de la esclavitud moral y de los tormentos mentales, y él invariablemente les enseñaba el camino de la liberación. Los padres buscaban su consejo sobre la conducción de sus hijos, y las madres venían en busca de ayuda para guiar a sus hijas. Los que estaban sentados en tinieblas acudían a él, y él les revelaba la luz de la vida. Su oído estaba siempre abierto a las penas de la humanidad, y siempre ayudaba a quienes buscaban su ministerio.
149:2.7Cuando el Creador mismo estaba en la tierra, encarnado en semejanza de carne mortal, era inevitable que sucedieran algunas cosas extraordinarias. Pero nunca deberían acercarse a Jesús a través de estos sucesos llamados milagrosos. Aprendan a acercarse al milagro a través de Jesús, pero no cometan el error de acercarse a Jesús a través del milagro. Y esta advertencia está justificada, a pesar de que Jesús de Nazaret es el único fundador de una religión que realizó actos supermateriales en la tierra.
149:2.8La característica más asombrosa y más revolucionaria de la misión de Miguel en la tierra fue su actitud hacia las mujeres. En una época y una generación en que se suponía que un hombre no debía saludar ni siquiera a su propia esposa en un lugar público, Jesús se atrevió a llevar consigo a mujeres como maestras del evangelio en relación con su tercera gira por Galilea. Y tuvo el valor consumado de hacerlo frente a la enseñanza rabínica que declaraba que era «mejor que las palabras de la ley fueran quemadas que entregadas a las mujeres».
149:2.9En una sola generación Jesús sacó a las mujeres del olvido irrespetuoso y del trabajo servil y penoso de las edades. Y lo único vergonzoso de la religión que se arrogó el nombre de Jesús es que le faltó el valor moral para seguir este noble ejemplo en su actitud posterior hacia las mujeres.
149:2.10Cuando Jesús se mezclaba con la gente, lo encontraban del todo libre de las supersticiones de aquel tiempo. Estaba libre de prejuicios religiosos; nunca era intolerante. No había en su corazón nada que se pareciera al antagonismo social. Aunque cumplía con lo bueno de la religión de sus padres, no dudaba en desatender las tradiciones de superstición y servidumbre hechas por el hombre. Se atrevió a enseñar que las catástrofes de la naturaleza, los accidentes del tiempo y otros sucesos calamitosos no son manifestaciones de juicios divinos ni disposiciones misteriosas de la Providencia. Denunció la devoción servil a ceremoniales sin sentido y puso al descubierto la falacia de la adoración materialista. Proclamó con audacia la libertad espiritual del hombre y se atrevió a enseñar que los mortales de carne son de hecho y en verdad hijos del Dios vivo.
149:2.11Jesús trascendió todas las enseñanzas de sus antepasados cuando con audacia puso los corazones limpios en lugar de las manos limpias como señal de la verdadera religión. Puso la realidad en el lugar de la tradición y barrió todas las pretensiones de la vanidad y la hipocresía. Y, sin embargo, este intrépido hombre de Dios no dio rienda suelta a la crítica destructiva ni manifestó un completo desprecio por los usos religiosos, sociales, económicos y políticos de su tiempo. No era un revolucionario militante; era un evolucionista progresista. Se ocupaba de destruir lo que era solo cuando al mismo tiempo ofrecía a sus semejantes lo superior que debería ser.
149:2.12Jesús recibía la obediencia de sus seguidores sin exigirla. Solo tres hombres que recibieron su llamado personal se negaron a aceptar la invitación al discipulado. Ejercía un peculiar poder de atracción sobre los hombres, pero no era dictatorial. Inspiraba confianza, y nadie se ofendió nunca porque él diera una orden. Asumió una autoridad absoluta sobre sus discípulos, pero nadie se opuso nunca. Permitía que sus seguidores lo llamaran Maestro.
149:2.13El Maestro era admirado por todos los que lo conocían, excepto por quienes albergaban prejuicios religiosos arraigados o quienes creían discernir peligros políticos en sus enseñanzas. Los hombres se asombraban de la originalidad y la autoridad de su enseñanza. Se maravillaban de su paciencia al tratar con interrogadores torpes y molestos. Inspiraba esperanza y confianza en el corazón de todos los que recibían su ministerio. Solo lo temían quienes no lo habían conocido, y solo lo odiaban quienes lo consideraban el campeón de aquella verdad que estaba destinada a derribar el mal y el error que ellos habían decidido mantener en su corazón a toda costa.
149:2.14Sobre amigos y enemigos ejercía una influencia fuerte y singularmente fascinante. Las multitudes lo seguían durante semanas, solo para oír sus palabras llenas de gracia y contemplar su vida sencilla. Hombres y mujeres devotos amaban a Jesús con un afecto casi sobrehumano. Y cuanto mejor lo conocían, más lo amaban. Y todo esto sigue siendo cierto; aun hoy y en todas las edades futuras, cuanto más llegue el hombre a conocer a este Dios-hombre, más lo amará y lo seguirá.
3. La hostilidad de los líderes religiosos
149:3.1A pesar de la acogida favorable que la gente común dio a Jesús y a sus enseñanzas, los líderes religiosos de Jerusalén se alarmaron y se volvieron hostiles cada vez más. Los fariseos habían formulado una teología sistemática y dogmática. Jesús era un maestro que enseñaba según se presentaba la ocasión; no era un maestro sistemático. Jesús enseñaba no tanto a partir de la ley como a partir de la vida, por medio de parábolas. (Y cuando empleaba una parábola para ilustrar su mensaje, se proponía utilizar con ese fin un solo rasgo de la historia. Muchas ideas equivocadas sobre las enseñanzas de Jesús pueden obtenerse si se intenta hacer alegorías de sus parábolas.)
149:3.2Los líderes religiosos de Jerusalén estaban casi frenéticos como consecuencia de la reciente conversión del joven Abraham y de la deserción de los tres espías que habían sido bautizados por Pedro y que ahora estaban con los evangelistas en esta segunda gira de predicación por Galilea. Los líderes judíos estaban cada vez más cegados por el miedo y el prejuicio, mientras su corazón se endurecía por el continuo rechazo de las verdades atrayentes del evangelio del reino. Cuando los hombres cierran el paso al llamado del espíritu que mora en ellos, poco se puede hacer para modificar su actitud.
149:3.3Cuando Jesús se reunió por primera vez con los evangelistas en el campamento de Betsaida, al concluir su discurso, dijo: «Deben recordar que en el cuerpo y en la mente —emocionalmente— los hombres reaccionan de manera individual. Lo único uniforme en los hombres es el espíritu que mora en ellos. Aunque los espíritus divinos pueden variar algo en la naturaleza y la extensión de su experiencia, reaccionan de manera uniforme a todos los llamados espirituales. Solo a través de este espíritu, y apelando a él, puede la humanidad alcanzar alguna vez la unidad y la fraternidad». Pero muchos de los líderes de los judíos habían cerrado las puertas de su corazón al llamado espiritual del evangelio. Desde ese día no dejaron de planear y tramar la destrucción del Maestro. Estaban convencidos de que Jesús debía ser apresado, condenado y ejecutado como delincuente religioso, como violador de las enseñanzas fundamentales de la ley sagrada judía.
4. El progreso de la gira de predicación
149:4.1Jesús hizo muy poca obra pública en esta gira de predicación, pero dirigió muchas clases nocturnas con los creyentes en la mayoría de las ciudades y aldeas donde le tocó detenerse con Santiago y Juan. En una de estas sesiones nocturnas, uno de los evangelistas más jóvenes hizo a Jesús una pregunta sobre la ira, y el Maestro, entre otras cosas, dijo en respuesta:
149:4.2«La ira es una manifestación material que representa, de modo general, la medida del fracaso de la naturaleza espiritual en lograr el control de las naturalezas intelectual y física combinadas. La ira indica su falta de amor fraternal tolerante, además de su falta de respeto propio y de dominio propio. La ira mina la salud, degrada la mente y pone trabas al maestro espiritual del alma del hombre. ¿No han leído en las Escrituras que “la ira mata al necio” y que el hombre “se despedaza en su enojo”? ¿Que “el que es lento para la ira es de gran entendimiento”, mientras que “el que tiene genio pronto exalta la necedad”? Todos ustedes saben que “la respuesta suave aparta la ira” y que “las palabras hirientes suscitan el enojo”. “La discreción aplaza la ira”, mientras que “el que no tiene dominio sobre sí mismo es como una ciudad indefensa y sin murallas”. “La ira es cruel y el enojo es desmedido”. “Los hombres iracundos suscitan contiendas, mientras que los furiosos multiplican sus transgresiones”. “No te apresures en tu espíritu, porque la ira reposa en el seno de los necios”». Antes de terminar de hablar, Jesús dijo además: «Dejen que su corazón esté tan dominado por el amor que su guía espiritual tenga poca dificultad para librarlos de la tendencia a dar rienda suelta a esos arrebatos de ira animal que son incompatibles con la condición de la filiación divina».
149:4.3En esta misma ocasión, el Maestro habló al grupo sobre la conveniencia de poseer un carácter bien equilibrado. Reconoció que era necesario que la mayoría de los hombres se dedicara a dominar alguna profesión, pero deploró toda tendencia a la especialización excesiva, a volverse estrecho de miras y limitado en las actividades de la vida. Llamó la atención sobre el hecho de que cualquier virtud, si se lleva al extremo, puede convertirse en un vicio. Jesús siempre predicó la templanza y enseñó la coherencia: el ajuste proporcionado de los problemas de la vida. Señaló que el exceso de empatía y de lástima puede degenerar en una grave inestabilidad emocional; que el entusiasmo puede desbocarse en fanatismo. Habló de uno de sus antiguos asociados cuya imaginación lo había llevado a empresas visionarias y poco prácticas. Al mismo tiempo, les advirtió contra los peligros del embotamiento de una mediocridad excesivamente conservadora.
149:4.4Y luego Jesús disertó sobre los peligros del valor y de la fe, sobre cómo a veces llevan a las almas irreflexivas a la temeridad y la presunción. También mostró cómo la prudencia y la discreción, cuando se llevan demasiado lejos, conducen a la cobardía y al fracaso. Exhortó a sus oyentes a esforzarse por la originalidad, mientras evitaban toda tendencia a la excentricidad. Abogó por la empatía sin sentimentalismo, la piedad sin santurronería. Enseñó una reverencia libre de temor y de superstición.
149:4.5Lo que impresionaba a sus asociados no era tanto lo que Jesús enseñaba sobre el carácter equilibrado como el hecho de que su propia vida era una ilustración tan elocuente de su enseñanza. Vivía en medio de la tensión y la tormenta, pero nunca vacilaba. Sus enemigos le tendían trampas continuamente, pero nunca lo atraparon. Los sabios y los eruditos se esforzaban por hacerlo tropezar, pero él no tropezaba. Intentaban enredarlo en debates, pero sus respuestas eran siempre esclarecedoras, dignas y definitivas. Cuando lo interrumpían en sus discursos con numerosísimas preguntas, sus respuestas eran siempre significativas y concluyentes. Nunca recurrió a tácticas innobles para hacer frente a la presión continua de sus enemigos, que no dudaban en emplear contra él toda clase de modos de ataque falsos, desleales e injustos.
149:4.6Si bien es cierto que muchos hombres y mujeres deben aplicarse con asiduidad a alguna ocupación definida como oficio para ganarse la vida, es sin embargo del todo deseable que los seres humanos cultiven una amplia familiaridad cultural con la vida tal como se vive en la tierra. Las personas verdaderamente educadas no se conforman con permanecer en la ignorancia de las vidas y los quehaceres de sus semejantes.
5. Lección sobre el contentamiento
149:5.1Cuando Jesús visitaba al grupo de evangelistas que trabajaba bajo la supervisión de Simón Zelotes, durante su conferencia nocturna Simón preguntó al Maestro: «¿Por qué algunas personas son mucho más felices y están mucho más contentas que otras? ¿Es el contentamiento una cuestión de experiencia religiosa?». Entre otras cosas, Jesús dijo en respuesta a la pregunta de Simón:
149:5.2«Simón, algunas personas son por naturaleza más felices que otras. Mucho, muchísimo, depende de la disposición del hombre a dejarse guiar y dirigir por el espíritu del Padre que vive en él. ¿No has leído en las Escrituras las palabras del sabio: “El espíritu del hombre es la candela del Señor, que escudriña todas las partes interiores”? Y también que esos mortales guiados por el espíritu dicen: “Los linderos me tocaron en lugares placenteros; sí, tengo una herencia hermosa”. “Lo poco que tiene un hombre justo es mejor que las riquezas de muchos malvados”, porque “el hombre bueno quedará satisfecho desde su interior”. “Un corazón alegre da un semblante jovial y es un banquete continuo. Mejor es poco con la reverencia del Señor que un gran tesoro y con él inquietud. Mejor es una comida de hierbas donde hay amor que un buey cebado y con él odio. Mejor es poco con rectitud que grandes ingresos sin integridad”. “Un corazón alegre hace bien como una medicina”. “Mejor es un puñado con serenidad que una superabundancia con tristeza y aflicción de espíritu”.
149:5.3«Gran parte de la tristeza del hombre nace de la decepción de sus ambiciones y de las heridas de su orgullo. Aunque los hombres tienen para consigo mismos el deber de sacar el mejor provecho de su vida en la tierra, después de haberse esforzado así con sinceridad, deberían aceptar con alegría su suerte y usar su ingenio para aprovechar al máximo lo que ha llegado a sus manos. Demasiados problemas del hombre tienen su origen en el suelo del temor de su propio corazón natural. “El malvado huye cuando nadie lo persigue”. “Los malvados son como el mar agitado, que no puede estar en reposo, sino que sus aguas arrojan cieno y lodo; no hay paz, dice Dios, para los malvados”.
149:5.4«Por lo tanto, no busques una paz falsa ni una alegría pasajera, sino más bien la seguridad de la fe y las garantías de la filiación divina, que producen serenidad, contentamiento y una alegría suprema en el espíritu».
149:5.5Jesús difícilmente consideraba este mundo un «valle de lágrimas». Más bien lo veía como la esfera de nacimiento de los espíritus eternos e inmortales de la ascensión al Paraíso, el «valle donde se forman las almas».
6. El «temor del Señor»
149:6.1Fue en Gamala, durante la conferencia nocturna, cuando Felipe dijo a Jesús: «Maestro, ¿por qué las Escrituras nos instruyen a “temer al Señor”, mientras que tú quieres que miremos al Padre que está en el cielo sin temor? ¿Cómo hemos de armonizar estas enseñanzas?». Y Jesús respondió a Felipe, diciendo:
149:6.2«Hijos míos, no me sorprende que hagan estas preguntas. Al principio, el hombre solo podía aprender la reverencia por medio del temor, pero yo he venido a revelar el amor del Padre para que se sientan atraídos a la adoración del Eterno por la atracción del reconocimiento afectuoso de un hijo y de su respuesta al amor profundo y perfecto del Padre. Quisiera librarlos de la esclavitud de empujarse a sí mismos, por un temor servil, al servicio fastidioso de un Dios-Rey celoso e iracundo. Quisiera instruirlos en la relación Padre-hijo entre Dios y el hombre, para que puedan ser guiados con alegría a esa sublime y celestial adoración libre de un Dios-Padre amoroso, justo y misericordioso.
149:6.3«El “temor del Señor” ha tenido diferentes significados en las edades sucesivas, y ha ascendido desde el temor, pasando por la angustia y el pavor, hasta el sobrecogimiento y la reverencia. Y ahora, desde la reverencia, quisiera llevarlos más arriba, a través del reconocimiento, la toma de conciencia y la apreciación, hasta el amor. Cuando el hombre reconoce solo las obras de Dios, se ve llevado a temer al Supremo; pero cuando el hombre empieza a comprender y a experimentar la personalidad y el carácter del Dios vivo, se ve llevado cada vez más a amar a un Padre tan bueno y perfecto, universal y eterno. Y es justamente este cambio en la relación del hombre con Dios lo que constituye la misión del Hijo del Hombre en la tierra.
149:6.4«Los hijos inteligentes no temen a su padre para recibir buenos regalos de su mano; sino que, habiendo recibido ya la abundancia de cosas buenas otorgadas por los dictados del afecto del padre hacia sus hijos e hijas, estos hijos muy amados se ven llevados a amar a su padre en un reconocimiento y una apreciación que responden a tan generosa beneficencia. La bondad de Dios lleva al arrepentimiento; la beneficencia de Dios lleva al servicio; la misericordia de Dios lleva a la salvación; mientras que el amor de Dios lleva a una adoración inteligente y de corazón libre.
149:6.5«Sus antepasados temían a Dios porque era poderoso y misterioso. Ustedes lo adorarán porque es magnífico en amor, abundante en misericordia y glorioso en verdad. El poder de Dios engendra temor en el corazón del hombre, pero la nobleza y la rectitud de su personalidad suscitan reverencia, amor y una adoración voluntaria. Un hijo respetuoso y afectuoso no teme ni siente pavor ni siquiera ante un padre poderoso y noble. He venido al mundo para poner el amor en el lugar del temor, la alegría en el lugar de la tristeza, la confianza en el lugar del pavor, el servicio amoroso y la adoración agradecida en el lugar de la servidumbre esclava y las ceremonias sin sentido. Pero sigue siendo cierto, para los que están sentados en tinieblas, que “el temor del Señor es el principio de la sabiduría”. Pero cuando la luz ha llegado más plenamente, los hijos de Dios se ven llevados a alabar al Infinito por lo que él es más que a temerlo por lo que hace.
149:6.6«Cuando los hijos son pequeños e irreflexivos, es necesario amonestarlos para que honren a sus padres; pero cuando crecen y llegan a apreciar algo más los beneficios del ministerio y la protección de los padres, se ven llevados, a través de un respeto comprensivo y de un afecto creciente, a ese nivel de experiencia en el que realmente aman a sus padres por lo que son más que por lo que han hecho. El padre ama naturalmente a su hijo, pero el hijo debe desarrollar su amor por el padre desde el temor de lo que el padre puede hacer, a través del sobrecogimiento, el pavor, la dependencia y la reverencia, hasta la consideración agradecida y afectuosa del amor.
149:6.7«Se les ha enseñado que deben “temer a Dios y guardar sus mandamientos, porque ese es todo el deber del hombre”. Pero yo he venido a darles un mandamiento nuevo y más elevado. Quisiera enseñarles a “amar a Dios y aprender a hacer su voluntad, porque ese es el más alto privilegio de los hijos liberados de Dios”. A sus padres se les enseñó a “temer a Dios, el Rey Todopoderoso”. Yo les enseño: “Amen a Dios, el Padre todo misericordioso”.
149:6.8«En el reino de los cielos, que he venido a proclamar, no hay un rey alto y poderoso; este reino es una familia divina. El centro y cabeza, universalmente reconocido y adorado sin reservas, de esta vasta fraternidad de seres inteligentes es mi Padre y el Padre de ustedes. Yo soy su Hijo, y ustedes también son sus hijos. Por lo tanto, es eternamente cierto que ustedes y yo somos hermanos en el estado celestial, y tanto más cuanto que nos hemos hecho hermanos en la carne de la vida terrenal. Dejen, pues, de temer a Dios como a un rey o de servirlo como a un amo; aprendan a reverenciarlo como el Creador; hónrenlo como el Padre de su juventud espiritual; ámenlo como un defensor misericordioso; y finalmente adórenlo como el Padre amoroso y omnisapiente de su comprensión y apreciación espirituales más maduras.
149:6.9«De sus conceptos equivocados del Padre que está en el cielo nacen sus falsas ideas de la humildad y brota gran parte de su hipocresía. El hombre puede ser un gusano del polvo por naturaleza y por origen, pero cuando el espíritu de mi Padre llega a morar en él, ese hombre se vuelve divino en su destino. El espíritu de otorgamiento de mi Padre volverá sin duda a la fuente divina y al nivel de origen en el universo, y el alma humana del hombre mortal que haya llegado a ser el hijo renacido de este espíritu que mora en él ascenderá ciertamente con el espíritu divino hasta la presencia misma del Padre eterno.
149:6.10«La humildad, en verdad, es propia del hombre mortal que recibe todos estos dones del Padre que está en el cielo, aunque hay una dignidad divina unida a todos esos candidatos por la fe al ascenso eterno del reino celestial. Las prácticas sin sentido y serviles de una humildad ostentosa y falsa son incompatibles con la apreciación de la fuente de su salvación y con el reconocimiento del destino de sus almas nacidas del espíritu. La humildad ante Dios es del todo apropiada en lo profundo de su corazón; la mansedumbre ante los hombres es encomiable; pero la hipocresía de una humildad pendiente de sí misma y ávida de atención es infantil e indigna de los hijos iluminados del reino.
149:6.11«Hacen bien en ser mansos ante Dios y dueños de sí mismos ante los hombres, pero que su mansedumbre sea de origen espiritual y no el alarde, que se engaña a sí mismo, de un sentimiento de superioridad por la propia rectitud, pendiente de sí mismo. El profeta habló con acierto cuando dijo: “Anda humildemente con Dios”, porque, aunque el Padre que está en el cielo es el Infinito y el Eterno, también mora “con el que es de mente contrita y de espíritu humilde”. Mi Padre desdeña el orgullo, aborrece la hipocresía y abomina la iniquidad. Y fue para destacar el valor de la sinceridad y de la confianza perfecta en el apoyo amoroso y la guía fiel del Padre celestial por lo que me he referido tantas veces al niño pequeño como ilustración de la actitud de la mente y de la respuesta del espíritu que son tan esenciales para la entrada del hombre mortal en las realidades espirituales del reino de los cielos.
149:6.12«Bien describió el profeta Jeremías a muchos mortales cuando dijo: “Están cerca de Dios en la boca, pero lejos de él en el corazón”. ¿Y no han leído también aquella terrible advertencia del profeta que dijo: “Sus sacerdotes enseñan por paga, y sus profetas adivinan por dinero. Al mismo tiempo profesan piedad y proclaman que el Señor está con ellos”? ¿No se les ha advertido bien contra los que “hablan de paz a sus prójimos cuando hay maldad en su corazón”, los que “halagan con los labios mientras el corazón se entrega al doble trato”? De todas las penas de un hombre confiado, ninguna es tan terrible como ser “herido en la casa de un amigo de confianza”».
7. El regreso a Betsaida
149:7.1Andrés, en consulta con Simón Pedro y con la aprobación de Jesús, había dado instrucciones a David en Betsaida para que enviara mensajeros a los diversos grupos de predicación con la orden de terminar la gira y regresar a Betsaida en algún momento del jueves 30 de diciembre. Para la hora de la cena de aquel día lluvioso, todo el grupo apostólico y los evangelistas que enseñaban habían llegado a la casa de los Zebedeo.
149:7.2El grupo permaneció reunido durante el sábado, alojado en las casas de Betsaida y de la cercana Cafarnaúm, después de lo cual se concedió a todo el grupo un descanso de dos semanas para ir a casa con sus familias, visitar a sus amigos o ir a pescar. Los dos o tres días que estuvieron juntos en Betsaida fueron, en verdad, estimulantes e inspiradores; incluso los maestros de más edad se sintieron edificados por los jóvenes predicadores cuando estos narraban sus experiencias.
149:7.3De los 117 evangelistas que participaron en esta segunda gira de predicación por Galilea, solo unos setenta y cinco superaron la prueba de la experiencia real y estaban presentes para ser asignados al servicio al final del descanso de dos semanas. Jesús, con Andrés, Pedro, Santiago y Juan, se quedó en la casa de los Zebedeo y pasó mucho tiempo en conferencia sobre el bienestar y la extensión del reino.