Parte IV · Documento 121
La época del otorgamiento de Miguel
121:0.1ACTUANDO bajo la supervisión de una comisión de doce miembros de la Fraternidad Unida de los Seres Intermedios de Urantia, con el patrocinio conjunto del jefe que preside nuestra orden y del Melquisedec de registro, yo soy el ser intermedio secundario que estuvo una vez adscrito al apóstol Andrés, y tengo autorización para dejar constancia del relato de los hechos de la vida de Jesús de Nazaret tal como los observó mi orden de criaturas terrestres, y tal como los registró después, en parte, el sujeto humano de mi custodia temporal. Como sabía con cuánto escrúpulo había evitado su Maestro dejar escritos tras de sí, Andrés se negó con firmeza a multiplicar las copias de su relato escrito. Una actitud semejante por parte de los demás apóstoles de Jesús retrasó mucho la redacción de los Evangelios.
1. El Occidente del siglo primero después de Cristo
121:1.1Jesús no vino a este mundo durante una era de decadencia espiritual; en el momento de su nacimiento, Urantia vivía un renacimiento del pensamiento espiritual y de la vida religiosa como no lo había conocido en toda su historia postadánica anterior ni lo ha vivido en ninguna época desde entonces. Cuando Miguel se encarnó en Urantia, el mundo presentaba la condición más favorable para el otorgamiento del Hijo Creador que jamás había existido antes o que se ha dado después. En los siglos inmediatamente anteriores a esa época, la cultura griega y la lengua griega se habían extendido por Occidente y por el Cercano Oriente, y los judíos, por ser una raza levantina, en parte occidental y en parte oriental por naturaleza, estaban sumamente capacitados para aprovechar ese entorno cultural y lingüístico para la difusión eficaz de una nueva religión tanto hacia Oriente como hacia Occidente. Estas circunstancias tan favorables se vieron aún más reforzadas por el tolerante gobierno político que los romanos ejercían sobre el mundo mediterráneo.
121:1.2Toda esta combinación de influencias mundiales queda bien ilustrada por las actividades de Pablo, quien, siendo por su cultura religiosa un hebreo de hebreos, proclamó el evangelio de un Mesías judío en lengua griega, mientras él mismo era ciudadano romano.
121:1.3Nada semejante a la civilización de los tiempos de Jesús se ha visto en Occidente ni antes ni después de aquellos días. La civilización europea estaba unificada y coordinada bajo una extraordinaria triple influencia:
121:1.41. Los sistemas políticos y sociales romanos.
121:1.52. La lengua y la cultura griegas —y, hasta cierto punto, la filosofía.
121:1.63. La influencia, en rápida expansión, de las enseñanzas religiosas y morales judías.
121:1.7Cuando Jesús nació, todo el mundo mediterráneo era un imperio unificado. Buenas carreteras, por primera vez en la historia del mundo, comunicaban entre sí muchos centros importantes. Los mares estaban limpios de piratas, y una gran era de comercio y de viajes avanzaba con rapidez. Europa no volvió a gozar de otro período semejante de viajes y de comercio hasta el siglo XIX después de Cristo.
121:1.8A pesar de la paz interna y de la prosperidad superficial del mundo grecorromano, la mayoría de los habitantes del imperio languidecía en la sordidez y la pobreza. La pequeña clase alta era rica; una clase baja miserable y empobrecida abarcaba a la gran masa de la humanidad. En aquellos días no existía una clase media feliz y próspera; apenas había comenzado a aparecer en la sociedad romana.
121:1.9Las primeras luchas entre los Estados romano y parto, ambos en expansión, habían concluido en un pasado entonces reciente, y habían dejado Siria en manos de los romanos. En tiempos de Jesús, Palestina y Siria gozaban de un período de prosperidad, de relativa paz y de un amplio intercambio comercial con las tierras tanto de Oriente como de Occidente.
2. El pueblo judío
121:2.1Los judíos eran parte de la antigua raza semita, que incluía también a los babilonios, a los fenicios y a los enemigos más recientes de Roma, los cartagineses. Durante la primera parte del siglo primero después de Cristo, los judíos eran el grupo más influyente de los pueblos semitas, y se daba el caso de que ocupaban una posición geográfica singularmente estratégica en el mundo tal como estaba entonces gobernado y organizado para el comercio.
121:2.2Muchas de las grandes rutas que unían a las naciones de la antigüedad pasaban por Palestina, que se convirtió así en el lugar de encuentro, o encrucijada, de tres continentes. Los viajes, el comercio y los ejércitos de Babilonia, Asiria, Egipto, Siria, Grecia, Partia y Roma se extendieron sucesivamente sobre Palestina. Desde tiempos inmemoriales, muchas rutas de caravanas procedentes de Oriente atravesaban alguna parte de esta región hasta los pocos buenos puertos marítimos del extremo oriental del Mediterráneo, desde donde los barcos llevaban sus cargamentos a todo el Occidente marítimo. Y más de la mitad de este tráfico de caravanas pasaba por la pequeña ciudad de Nazaret, en Galilea, o cerca de ella.
121:2.3Aunque Palestina era el hogar de la cultura religiosa judía y la cuna del cristianismo, los judíos se encontraban por todo el mundo, vivían en muchas naciones y comerciaban en todas las provincias de los Estados romano y parto.
121:2.4Grecia aportó una lengua y una cultura, Roma construyó las carreteras y unificó un imperio, pero la dispersión de los judíos, con sus más de doscientas sinagogas y sus comunidades religiosas bien organizadas, esparcidas aquí y allá por todo el mundo romano, proporcionó los centros culturales en los que el nuevo evangelio del reino de los cielos tuvo su primera acogida, y desde los cuales se extendió después hasta los últimos confines del mundo.
121:2.5Cada sinagoga judía toleraba a su alrededor una franja de creyentes gentiles, hombres «piadosos» o «temerosos de Dios», y fue entre esta franja de prosélitos donde Pablo hizo la mayor parte de sus primeros conversos al cristianismo. Incluso el templo de Jerusalén tenía su ornamentado atrio de los gentiles. Había una conexión muy estrecha entre la cultura, el comercio y la adoración de Jerusalén y de Antioquía. En Antioquía, los discípulos de Pablo fueron llamados «cristianos» por primera vez.
121:2.6La centralización de la adoración del templo judío en Jerusalén constituyó a la vez el secreto de la supervivencia de su monoteísmo y la promesa de que se alimentaría y se enviaría al mundo un concepto nuevo y ampliado de aquel Dios único de todas las naciones y Padre de todos los mortales. El servicio del templo en Jerusalén representaba la supervivencia de un concepto cultural religioso frente a la caída de una sucesión de soberanos nacionales gentiles y de perseguidores raciales.
121:2.7El pueblo judío de esta época, aunque estaba bajo la soberanía romana, gozaba de un grado considerable de autogobierno y, como recordaba las proezas heroicas de liberación, entonces muy recientes, que habían realizado Judas Macabeo y sus sucesores inmediatos, vibraba con la expectativa de la aparición inmediata de un libertador aún mayor, el Mesías tan largamente esperado.
121:2.8El secreto de la supervivencia de Palestina, el reino de los judíos, como Estado semiindependiente estaba ligado a la política exterior del gobierno romano, que deseaba mantener el control de la ruta palestina de viaje entre Siria y Egipto, así como de las terminales occidentales de las rutas de caravanas entre Oriente y Occidente. Roma no deseaba que surgiera en el Levante ningún poder que pudiera frenar su futura expansión en estas regiones. La política de intriga, que tenía por objeto enfrentar entre sí a la Siria seléucida y al Egipto ptolemaico, exigía favorecer a Palestina como Estado separado e independiente. La política romana, la degeneración de Egipto y el debilitamiento progresivo de los seléucidas ante el poder creciente de Partia explican por qué durante varias generaciones un grupo pequeño y sin poder de judíos pudo mantener su independencia frente a los seléucidas al norte y a los Ptolomeos al sur. Esta libertad e independencia fortuitas respecto del dominio político de pueblos vecinos y más poderosos, los judíos las atribuían al hecho de ser el «pueblo elegido», a la intervención directa de Yahvé. Tal actitud de superioridad racial les hizo aún más difícil soportar la soberanía romana cuando esta cayó finalmente sobre su tierra. Pero incluso en aquella hora triste, los judíos se negaron a aprender que su misión en el mundo era espiritual, no política.
121:2.9Los judíos se mostraban inusualmente aprensivos y desconfiados en los tiempos de Jesús porque entonces los gobernaba un extranjero, Herodes el idumeo, que se había apoderado del dominio de Judea congraciándose hábilmente con los gobernantes romanos. Y aunque Herodes profesaba lealtad a las observancias ceremoniales hebreas, se dedicó a construir templos para muchos dioses extraños.
121:2.10Las relaciones amistosas de Herodes con los gobernantes romanos hicieron que el mundo fuera seguro para los viajes de los judíos y abrieron así el camino a una mayor penetración judía, incluso en partes lejanas del Imperio romano y en naciones extranjeras aliadas por tratados, con el nuevo evangelio del reino de los cielos. El reinado de Herodes contribuyó también mucho a una mezcla aún mayor de las filosofías hebrea y helenística.
121:2.11Herodes construyó el puerto de Cesarea, lo que contribuyó aún más a hacer de Palestina la encrucijada del mundo civilizado. Murió en el año 4 a. C., y su hijo Herodes Antipas gobernó Galilea y Perea durante la juventud y el ministerio de Jesús, hasta el año 39 d. C. Antipas, como su padre, fue un gran constructor. Reconstruyó muchas de las ciudades de Galilea, entre ellas el importante centro comercial de Séforis.
121:2.12Los galileos no gozaban del pleno favor de los dirigentes religiosos y de los maestros rabínicos de Jerusalén. Galilea era más gentil que judía cuando nació Jesús.
3. Entre los gentiles
121:3.1Aunque la condición social y económica del Estado romano no era de primer orden, la extensa paz interior y la prosperidad fueron propicias para el otorgamiento de Miguel. En el siglo primero después de Cristo, la sociedad del mundo mediterráneo estaba formada por cinco estratos bien definidos:
121:3.21. La aristocracia. Las clases altas con dinero y poder oficial, los grupos privilegiados y gobernantes.
121:3.32. Los grupos de negocios. Los príncipes del comercio y los banqueros, los comerciantes —los grandes importadores y exportadores—, los mercaderes internacionales.
121:3.43. La pequeña clase media. Aunque este grupo era ciertamente pequeño, era muy influyente y proporcionó la columna vertebral moral de la iglesia cristiana primitiva, que animaba a estos grupos a continuar en sus diversos oficios y negocios. Entre los judíos, muchos de los fariseos pertenecían a esta clase de comerciantes.
121:3.54. El proletariado libre. Este grupo tenía poca o ninguna posición social. Aunque estaban orgullosos de su libertad, se hallaban en gran desventaja porque se veían obligados a competir con el trabajo de los esclavos. Las clases altas los miraban con desdén, y admitían que no servían para nada salvo «para fines de cría».
121:3.65. Los esclavos. La mitad de la población del Estado romano eran esclavos; muchos eran individuos superiores y se abrían camino rápidamente entre el proletariado libre e incluso entre los comerciantes. La mayoría eran mediocres o muy inferiores.
121:3.7La esclavitud, incluso de pueblos superiores, era un rasgo de la conquista militar romana. El poder del amo sobre su esclavo era ilimitado. La iglesia cristiana primitiva estaba compuesta en gran parte por las clases bajas y por estos esclavos.
121:3.8Los esclavos superiores recibían a menudo un salario y, ahorrando sus ganancias, podían comprar su libertad. Muchos de estos esclavos emancipados llegaron a altos cargos en el Estado, en la iglesia y en el mundo de los negocios. Y fueron precisamente esas posibilidades las que hicieron que la iglesia cristiana primitiva fuera tan tolerante con esta forma modificada de esclavitud.
121:3.9No existía un problema social generalizado en el Imperio romano en el siglo primero después de Cristo. La mayor parte de la población se consideraba perteneciente al grupo en el que le había tocado nacer. Siempre existía la puerta abierta por la que los individuos de talento y capacidad podían ascender de los estratos inferiores a los superiores de la sociedad romana, pero la gente estaba por lo general contenta con su rango social. No tenían conciencia de clase, ni consideraban que estas distinciones de clase fueran injustas o malas. El cristianismo no fue en ningún sentido un movimiento económico que tuviera por objeto aliviar las miserias de las clases oprimidas.
121:3.10Aunque la mujer gozaba de más libertad en todo el Imperio romano que en su posición restringida en Palestina, la devoción familiar y el afecto natural de los judíos superaban con mucho a los del mundo gentil.
4. La filosofía gentil
121:4.1Los gentiles eran, desde el punto de vista moral, algo inferiores a los judíos, pero en el corazón de los gentiles más nobles había un abundante suelo de bondad natural y de afecto humano potencial, en el que era posible que la semilla del cristianismo brotara y diera una abundante cosecha de carácter moral y de logro espiritual. El mundo gentil estaba entonces dominado por cuatro grandes filosofías, todas derivadas más o menos del platonismo anterior de los griegos. Estas escuelas de filosofía eran:
121:4.21. La epicúrea. Esta escuela de pensamiento se dedicaba a la búsqueda de la felicidad. Los mejores epicúreos no se entregaban a los excesos sensuales. Al menos esta doctrina ayudó a librar a los romanos de una forma más mortífera de fatalismo; enseñaba que los hombres podían hacer algo para mejorar su condición terrenal. Combatió con eficacia la superstición ignorante.
121:4.32. La estoica. El estoicismo era la filosofía superior de las mejores clases. Los estoicos creían que una Razón-Hado controladora dominaba toda la naturaleza. Enseñaban que el alma del hombre era divina; que estaba aprisionada en el cuerpo malo de la naturaleza física. El alma del hombre alcanzaba la libertad viviendo en armonía con la naturaleza, con Dios; así, la virtud llegó a ser su propia recompensa. El estoicismo se elevó a una moralidad sublime, a unos ideales que ningún sistema de filosofía puramente humano ha superado jamás desde entonces. Aunque los estoicos profesaban ser «linaje de Dios», no llegaron a conocerlo y por eso no llegaron a encontrarlo. El estoicismo siguió siendo una filosofía; nunca llegó a ser una religión. Sus seguidores procuraban poner su mente en sintonía con la armonía de la Mente Universal, pero no llegaron a verse a sí mismos como hijos de un Padre amoroso. Pablo se inclinó mucho hacia el estoicismo cuando escribió: «He aprendido a contentarme con cualquier situación en que me encuentre».
121:4.43. La cínica. Aunque los cínicos remontaban su filosofía a Diógenes de Atenas, derivaron gran parte de su doctrina de los restos de las enseñanzas de Machiventa Melquisedec. El cinismo había sido antes más una religión que una filosofía. Al menos los cínicos hicieron democrática su filosofía religiosa. En los campos y en las plazas del mercado predicaban continuamente su doctrina de que «el hombre podía salvarse a sí mismo si quería». Predicaban la sencillez y la virtud, y exhortaban a los hombres a afrontar la muerte sin temor. Estos predicadores cínicos errantes hicieron mucho por preparar a la población, espiritualmente hambrienta, para los posteriores misioneros cristianos. Su plan de predicación popular seguía en gran medida el patrón y el estilo de las Epístolas de Pablo.
121:4.54. La escéptica. El escepticismo afirmaba que el conocimiento era engañoso, y que la convicción y la seguridad eran imposibles. Era una actitud puramente negativa y nunca llegó a difundirse mucho.
121:4.6Estas filosofías eran semirreligiosas; a menudo eran vigorizantes, éticas y ennoblecedoras, pero por lo general estaban por encima de la gente común. Con la posible excepción del cinismo, eran filosofías para los fuertes y los sabios, no religiones de salvación aun para los pobres y los débiles.
5. Las religiones gentiles
121:5.1A lo largo de las épocas anteriores, la religión había sido sobre todo un asunto de la tribu o de la nación; no había sido a menudo una cuestión que interesara al individuo. Los dioses eran tribales o nacionales, no personales. Tales sistemas religiosos ofrecían poca satisfacción a los anhelos espirituales individuales de la persona común.
121:5.2En los tiempos de Jesús, las religiones de Occidente incluían:
121:5.31. Los cultos paganos. Eran una combinación de mitología helénica y latina, de patriotismo y de tradición.
121:5.42. La adoración del emperador. Esta deificación del hombre como símbolo del Estado provocó un resentimiento muy serio en los judíos y en los primeros cristianos, y condujo directamente a las amargas persecuciones de ambas iglesias por parte del gobierno romano.
121:5.53. La astrología. Esta seudociencia de Babilonia se convirtió en una religión en todo el Imperio grecorromano. Incluso en el siglo XX, el hombre no se ha librado por completo de esta creencia supersticiosa.
121:5.64. Las religiones mistéricas. Sobre un mundo tan espiritualmente hambriento había irrumpido una avalancha de cultos mistéricos, religiones nuevas y extrañas procedentes del Levante, que habían cautivado a la gente común y le habían prometido la salvación individual. Estas religiones se convirtieron rápidamente en la creencia aceptada de las clases bajas del mundo grecorromano. Y contribuyeron mucho a preparar el camino para la rápida difusión de las enseñanzas cristianas, muy superiores, que presentaban un concepto majestuoso de la Deidad, asociado a una teología fascinante para los inteligentes y a un profundo ofrecimiento de salvación para todos, incluido el hombre medio de aquellos días, ignorante pero espiritualmente hambriento.
121:5.7Las religiones mistéricas marcaron el fin de las creencias nacionales y dieron lugar al nacimiento de los numerosos cultos personales. Los misterios eran muchos, pero todos se caracterizaban por:
121:5.81. Alguna leyenda mítica, un misterio, de ahí su nombre. Por regla general, este misterio se refería a la historia de la vida, la muerte y el regreso a la vida de algún dios, como lo ilustran las enseñanzas del mitraísmo, que durante un tiempo fueron contemporáneas y competidoras del naciente culto del cristianismo de Pablo.
121:5.92. Los misterios no eran nacionales y eran interraciales. Eran personales y fraternales, y dieron origen a fraternidades religiosas y a numerosas sociedades sectarias.
121:5.103. En sus servicios se distinguían por unas ceremonias de iniciación muy elaboradas y por unos sacramentos de adoración que causaban gran impresión. A veces sus ritos y rituales secretos resultaban espantosos y repugnantes.
121:5.114. Pero, fuera cual fuera la naturaleza de sus ceremonias o el grado de sus excesos, estos misterios prometían siempre a sus fieles la salvación, «la liberación del mal, la supervivencia después de la muerte y una vida duradera en regiones dichosas, más allá de este mundo de dolor y esclavitud».
121:5.12Pero no cometan el error de confundir las enseñanzas de Jesús con los misterios. La popularidad de los misterios revela la búsqueda de la supervivencia por parte del hombre, y muestra así un hambre y una sed verdaderas de religión personal y de rectitud individual. Aunque los misterios no lograron satisfacer adecuadamente este anhelo, sí prepararon el camino para la posterior aparición de Jesús, que verdaderamente trajo a este mundo el pan de la vida y el agua de la vida.
121:5.13Pablo, en un esfuerzo por aprovechar la amplia adhesión a los mejores tipos de religiones mistéricas, hizo ciertas adaptaciones de las enseñanzas de Jesús para hacerlas más aceptables a un mayor número de posibles conversos. Pero incluso la versión de compromiso que Pablo hizo de las enseñanzas de Jesús (el cristianismo) era superior a lo mejor de los misterios en que:
121:5.141. Lo que Pablo enseñó fue una redención moral, una salvación ética. El cristianismo apuntaba hacia una vida nueva y proclamaba un ideal nuevo. Pablo dejó de lado los ritos mágicos y los hechizos ceremoniales.
121:5.152. El cristianismo presentaba una religión que se enfrentaba a las soluciones finales del problema humano, pues no solo ofrecía la salvación del dolor e incluso de la muerte, sino que también prometía la liberación del pecado, seguida de la dotación de un carácter recto con cualidades de supervivencia eterna.
121:5.163. Los misterios se basaban en mitos. El cristianismo, tal como Pablo lo predicaba, se fundaba en un hecho histórico: el otorgamiento de Miguel, el Hijo de Dios, a la humanidad.
121:5.17La moralidad entre los gentiles no estaba necesariamente relacionada con la filosofía ni con la religión. Fuera de Palestina, no siempre se le ocurría a la gente que un sacerdote de la religión debiera llevar una vida moral. La religión judía, y posteriormente las enseñanzas de Jesús, y más tarde el cristianismo de Pablo en evolución, fueron las primeras religiones europeas que pusieron una mano sobre la moral y la otra sobre la ética, e insistieron en que los hombres religiosos prestaran alguna atención a ambas.
121:5.18En una generación de hombres como esta, dominada por sistemas de filosofía tan incompletos y desconcertada por cultos religiosos tan complejos, nació Jesús en Palestina. Y a esta misma generación le dio después su evangelio de la religión personal: la filiación con Dios.
6. La religión hebrea
121:6.1Hacia el final del siglo primero antes de Cristo, el pensamiento religioso de Jerusalén había recibido una enorme influencia de las enseñanzas culturales griegas, e incluso de la filosofía griega, que lo habían modificado en cierta medida. En la larga contienda entre los puntos de vista de las escuelas oriental y occidental del pensamiento hebreo, Jerusalén y el resto de Occidente y del Levante en general adoptaron el punto de vista judío occidental, o helenístico modificado.
121:6.2En los días de Jesús prevalecían tres lenguas en Palestina: la gente común hablaba algún dialecto del arameo; los sacerdotes y los rabinos hablaban hebreo; las clases cultas y los mejores estratos de los judíos en general hablaban griego. La temprana traducción de las escrituras hebreas al griego, en Alejandría, fue en gran medida responsable del posterior predominio del ala griega de la cultura y la teología judías. Y los escritos de los maestros cristianos pronto aparecerían en esa misma lengua. El renacimiento del judaísmo data de la traducción griega de las escrituras hebreas. Esta fue una influencia vital que más tarde determinó que el culto cristiano de Pablo se orientara hacia Occidente en lugar de hacia Oriente.
121:6.3Aunque las creencias judías helenizadas recibieron muy poca influencia de las enseñanzas de los epicúreos, se vieron afectadas de un modo muy sustancial por la filosofía de Platón y por las doctrinas estoicas de la abnegación. La gran incursión del estoicismo se ve ejemplificada en el Cuarto Libro de los Macabeos; la penetración tanto de la filosofía platónica como de las doctrinas estoicas se muestra en la Sabiduría de Salomón. Los judíos helenizados aplicaron a las escrituras hebreas una interpretación tan alegórica que no tuvieron dificultad en conformar la teología hebrea con su venerada filosofía aristotélica. Pero todo esto condujo a una confusión desastrosa hasta que Filón de Alejandría tomó en sus manos estos problemas y se dedicó a armonizar y sistematizar la filosofía griega y la teología hebrea en un sistema compacto y bastante coherente de creencia y práctica religiosas. Y fue esta enseñanza posterior, que combinaba la filosofía griega y la teología hebrea, la que prevalecía en Palestina cuando Jesús vivió y enseñó, y la que Pablo utilizó como fundamento sobre el cual edificar su culto del cristianismo, más avanzado e iluminador.
121:6.4Filón fue un gran maestro; desde Moisés no había vivido un hombre que ejerciera una influencia tan profunda en el pensamiento ético y religioso del mundo occidental. En cuanto a la combinación de los mejores elementos de los sistemas contemporáneos de enseñanzas éticas y religiosas, ha habido siete maestros humanos destacados: Sethard, Moisés, Zoroastro, Lao-Tse, Buda, Filón y Pablo.
121:6.5Pablo reconoció muchas, aunque no todas, de las incoherencias de Filón que resultaban de un esfuerzo por combinar la filosofía mística griega y las doctrinas estoicas romanas con la teología legalista de los hebreos, y las eliminó sabiamente de su teología básica precristiana. Filón abrió el camino para que Pablo restableciera más plenamente el concepto de la Trinidad del Paraíso, que había estado latente durante mucho tiempo en la teología judía. Solo en un asunto Pablo no logró mantenerse a la altura de Filón ni superar las enseñanzas de este judío rico y culto de Alejandría, y fue en la doctrina de la expiación; Filón enseñó la liberación de la doctrina del perdón solo mediante el derramamiento de sangre. Posiblemente también vislumbró la realidad y la presencia de los Ajustadores del Pensamiento con más claridad que Pablo. Pero la teoría de Pablo sobre el pecado original, las doctrinas de la culpa hereditaria y del mal innato y de la redención de ellos, era en parte de origen mitraico, y tenía poco en común con la teología hebrea, la filosofía de Filón o las enseñanzas de Jesús. Algunas fases de las enseñanzas de Pablo sobre el pecado original y la expiación eran originales suyas.
121:6.6El Evangelio de Juan, el último de los relatos de la vida terrenal de Jesús, iba dirigido a los pueblos occidentales y presenta su historia en gran medida a la luz del punto de vista de los cristianos alejandrinos posteriores, que eran también discípulos de las enseñanzas de Filón.
121:6.7Hacia la época de Cristo se produjo en Alejandría un extraño vuelco del sentimiento hacia los judíos, y desde este antiguo baluarte judío partió una virulenta ola de persecución que se extendió incluso hasta Roma, de donde fueron desterrados muchos miles. Pero tal campaña de tergiversación duró poco; muy pronto el gobierno imperial restableció plenamente las libertades recortadas de los judíos en todo el imperio.
121:6.8Por todo el ancho mundo, sin importar dónde se encontraran dispersos los judíos por el comercio o por la opresión, todos a una mantenían su corazón centrado en el santo templo de Jerusalén. La teología judía sobrevivió tal como se interpretaba y practicaba en Jerusalén, a pesar de que varias veces la salvó del olvido la oportuna intervención de ciertos maestros babilonios.
121:6.9Hasta dos millones y medio de estos judíos dispersos solían venir a Jerusalén para la celebración de sus fiestas religiosas nacionales. Y cualesquiera que fueran las diferencias teológicas o filosóficas entre los judíos orientales (babilonios) y los occidentales (helénicos), todos estaban de acuerdo en que Jerusalén era el centro de su adoración y en esperar siempre la venida del Mesías.
7. Judíos y gentiles
121:7.1En los tiempos de Jesús, los judíos habían llegado a un concepto establecido de su origen, su historia y su destino. Habían levantado un rígido muro de separación entre ellos y el mundo gentil; miraban todas las costumbres gentiles con absoluto desprecio. Adoraban la letra de la ley y se permitían una forma de rectitud propia basada en el falso orgullo de su linaje. Se habían formado ideas preconcebidas sobre el Mesías prometido, y la mayoría de estas expectativas imaginaban un Mesías que vendría como parte de su historia nacional y racial. Para los hebreos de aquellos días, la teología judía estaba irrevocablemente establecida, fijada para siempre.
121:7.2Las enseñanzas y las prácticas de Jesús sobre la tolerancia y la amabilidad iban en contra de la antigua actitud de los judíos hacia los demás pueblos, a los que consideraban paganos. Durante generaciones, los judíos habían alimentado una actitud hacia el mundo exterior que les hacía imposible aceptar las enseñanzas del Maestro sobre la fraternidad espiritual de los hombres. No estaban dispuestos a compartir a Yahvé en igualdad de condiciones con los gentiles, y tampoco estaban dispuestos a aceptar como Hijo de Dios a uno que enseñaba doctrinas tan nuevas y extrañas.
121:7.3Los escribas, los fariseos y el sacerdocio mantenían a los judíos en una terrible servidumbre de ritualismo y legalismo, una servidumbre mucho más real que la del dominio político romano. Los judíos de la época de Jesús no solo estaban sometidos a la ley, sino que estaban igualmente atados por las exigencias serviles de las tradiciones, que envolvían e invadían todos los ámbitos de la vida personal y social. Estas minuciosas normas de conducta perseguían y dominaban a todo judío leal, y no es extraño que rechazaran sin demora a uno de los suyos que se tomaba la libertad de ignorar sus sagradas tradiciones, y que osaba burlarse de sus normas de conducta social, honradas desde hacía tanto tiempo. Difícilmente podían mirar con favor las enseñanzas de uno que no vacilaba en chocar con dogmas que ellos consideraban ordenados por el mismo padre Abraham. Moisés les había dado su ley y no estaban dispuestos a transigir.
121:7.4En el siglo primero después de Cristo, la interpretación oral de la ley por parte de los maestros reconocidos, los escribas, se había convertido en una autoridad más alta que la propia ley escrita. Y todo esto facilitó a ciertos dirigentes religiosos de los judíos poner al pueblo en contra de la aceptación de un nuevo evangelio.
121:7.5Estas circunstancias hicieron imposible que los judíos cumplieran su destino divino como mensajeros del nuevo evangelio de la libertad religiosa y de la libertad espiritual. No pudieron romper las cadenas de la tradición. Jeremías había hablado de la «ley que se escribiría en el corazón de los hombres», Ezequiel había hablado de un «espíritu nuevo que viviría en el alma del hombre», y el salmista había orado para que Dios «creara un corazón limpio en el interior y renovara un espíritu recto». Pero cuando la religión judía de las buenas obras y de la esclavitud a la ley cayó víctima del estancamiento de la inercia tradicionalista, el movimiento de la evolución religiosa pasó hacia el oeste, a los pueblos europeos.
121:7.6Así fue como se recurrió a un pueblo distinto para llevar al mundo una teología en progreso, un sistema de enseñanza que encarnaba la filosofía de los griegos, la ley de los romanos, la moralidad de los hebreos y el evangelio de la santidad de la personalidad y de la libertad espiritual, que Pablo formuló sobre la base de las enseñanzas de Jesús.
121:7.7El culto del cristianismo de Pablo mostraba su moralidad como una marca de nacimiento judía. Los judíos veían la historia como la providencia de Dios: Yahvé en acción. Los griegos aportaron a la nueva enseñanza conceptos más claros de la vida eterna. Las doctrinas de Pablo recibieron influencia en teología y en filosofía no solo de las enseñanzas de Jesús, sino también de Platón y de Filón. En ética se inspiró no solo en Cristo, sino también en los estoicos.
121:7.8El evangelio de Jesús, tal como quedó incorporado en el culto de Pablo del cristianismo de Antioquía, se mezcló con las siguientes enseñanzas:
121:7.91. El razonamiento filosófico de los prosélitos griegos del judaísmo, incluidos algunos de sus conceptos de la vida eterna.
121:7.102. Las atractivas enseñanzas de los cultos mistéricos predominantes, en especial las doctrinas mitraicas de la redención, la expiación y la salvación por el sacrificio que hizo algún dios.
121:7.113. La firme moralidad de la religión judía establecida.
121:7.12El Imperio romano mediterráneo, el reino parto y los pueblos vecinos de la época de Jesús tenían todos ideas burdas y primitivas sobre la geografía del mundo, la astronomía, la salud y la enfermedad; y naturalmente se asombraban de las nuevas y sorprendentes declaraciones del carpintero de Nazaret. Las ideas de posesión por espíritus, buenos y malos, no se aplicaban solo a los seres humanos, sino que muchos consideraban que toda roca y todo árbol estaban poseídos por espíritus. Esta era una época encantada, y todo el mundo creía en los milagros como sucesos corrientes.
8. Registros escritos anteriores
121:8.1En la medida de lo posible, de acuerdo con nuestro mandato, nos hemos esforzado por utilizar y, hasta cierto punto, coordinar los registros existentes que tienen que ver con la vida de Jesús en Urantia. Aunque hemos tenido acceso al registro perdido del apóstol Andrés y nos hemos beneficiado de la colaboración de una inmensa multitud de seres celestiales que estuvieron en la tierra durante los tiempos del otorgamiento de Miguel (en particular de su Ajustador, ahora Personalizado), también ha sido nuestro propósito hacer uso de los llamados Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
121:8.2Estos registros del Nuevo Testamento tuvieron su origen en las siguientes circunstancias:
121:8.31. El Evangelio de Marcos. Juan Marcos escribió el registro más antiguo (exceptuando las notas de Andrés), más breve y más sencillo de la vida de Jesús. Presentó al Maestro como un ministro, como hombre entre los hombres. Aunque Marcos era un muchacho que rondaba por muchas de las escenas que describe, su registro es en realidad el Evangelio según Simón Pedro. Estuvo asociado desde temprano con Pedro; más tarde, con Pablo. Marcos escribió este registro por instigación de Pedro y a petición insistente de la iglesia de Roma. Como sabía con cuánta constancia el Maestro se había negado a poner por escrito sus enseñanzas cuando estaba en la tierra y en la carne, Marcos, al igual que los apóstoles y otros discípulos destacados, dudaba en ponerlas por escrito. Pero Pedro sentía que la iglesia de Roma necesitaba la ayuda de un relato escrito así, y Marcos consintió en emprender su preparación. Tomó muchas notas antes de que Pedro muriera en el año 67 d. C., y de acuerdo con el esquema que Pedro había aprobado y para la iglesia de Roma, comenzó a escribir poco después de la muerte de Pedro. El Evangelio quedó terminado cerca del final del año 68 d. C. Marcos escribió enteramente a partir de su propia memoria y de la memoria de Pedro. El registro ha sido desde entonces considerablemente modificado: se han quitado numerosos pasajes y se ha añadido al final algún material posterior para sustituir la última quinta parte del Evangelio original, que se perdió del primer manuscrito antes de que llegara a copiarse. Este registro de Marcos, junto con las notas de Andrés y de Mateo, fue la base escrita de todos los relatos evangélicos posteriores que intentaron describir la vida y las enseñanzas de Jesús.
121:8.42. El Evangelio de Mateo. El llamado Evangelio según Mateo es el registro de la vida del Maestro que se escribió para la edificación de los cristianos judíos. El autor de este registro trata constantemente de mostrar en la vida de Jesús que mucho de lo que hizo fue para que «se cumpliera lo que había dicho el profeta». El Evangelio de Mateo presenta a Jesús como un hijo de David, y lo describe como alguien que mostraba un gran respeto por la ley y los profetas.
121:8.5El apóstol Mateo no escribió este Evangelio. Lo escribió Isador, uno de sus discípulos, que tuvo como ayuda en su trabajo no solo el recuerdo personal de Mateo sobre estos acontecimientos, sino también cierto registro que este último había hecho de los dichos de Jesús inmediatamente después de la crucifixión. Este registro de Mateo estaba escrito en arameo; Isador escribió en griego. No hubo intención de engañar al atribuir la obra a Mateo. Era costumbre en aquellos días que los discípulos honraran así a sus maestros.
121:8.6El registro original de Mateo fue revisado y ampliado en el año 40 d. C., justo antes de que él dejara Jerusalén para dedicarse a la predicación evangelística. Era un registro privado, y la última copia fue destruida en el incendio de un monasterio sirio en el año 416 d. C.
121:8.7Isador escapó de Jerusalén en el año 70 d. C., después del asedio de la ciudad por los ejércitos de Tito, y llevó consigo a Pella una copia de las notas de Mateo. En el año 71, mientras vivía en Pella, Isador escribió el Evangelio según Mateo. También tenía consigo las primeras cuatro quintas partes del relato de Marcos.
121:8.83. El Evangelio de Lucas. Lucas, el médico de Antioquía de Pisidia, era un converso gentil de Pablo, y escribió una historia muy diferente de la vida del Maestro. Comenzó a seguir a Pablo y a conocer la vida y las enseñanzas de Jesús en el año 47 d. C. Lucas conserva en su registro mucho de la «gracia del Señor Jesucristo», tal como recogió estos hechos de Pablo y de otros. Lucas presenta al Maestro como «el amigo de publicanos y pecadores». No dio forma de Evangelio a sus muchas notas hasta después de la muerte de Pablo. Lucas escribió en el año 82 en Acaya. Planeó tres libros que trataban de la historia de Cristo y del cristianismo, pero murió en el año 90 d. C., justo antes de terminar la segunda de estas obras, los «Hechos de los Apóstoles».
121:8.9Como material para la compilación de su Evangelio, Lucas se basó primero en la historia de la vida de Jesús tal como Pablo se la había relatado. El Evangelio de Lucas es, por tanto, en algunos aspectos, el Evangelio según Pablo. Pero Lucas tenía otras fuentes de información. No solo entrevistó a decenas de testigos presenciales de los numerosos episodios de la vida de Jesús que registra, sino que también tenía consigo una copia del Evangelio de Marcos, es decir, las primeras cuatro quintas partes, el relato de Isador y un breve registro hecho en el año 78 d. C. en Antioquía por un creyente llamado Cedes. Lucas tenía también una copia mutilada y muy revisada de ciertas notas que supuestamente había hecho el apóstol Andrés.
121:8.104. El Evangelio de Juan. El Evangelio según Juan relata gran parte de la obra de Jesús en Judea y en los alrededores de Jerusalén que no se encuentra en los otros registros. Este es el llamado Evangelio según Juan, el hijo de Zebedeo, y aunque Juan no lo escribió, sí lo inspiró. Desde que se escribió por primera vez, ha sido revisado varias veces para que pareciera escrito por el mismo Juan. Cuando se hizo este registro, Juan tenía los otros Evangelios, y vio que se había omitido mucho; por consiguiente, en el año 101 d. C. animó a su asociado, Natán, un judío griego de Cesarea, a comenzar la redacción. Juan aportó su material de memoria y consultando los tres registros que ya existían. No tenía registros escritos propios. La Epístola conocida como «Primera de Juan» la escribió el mismo Juan como carta de presentación de la obra que Natán realizó bajo su dirección.
121:8.11Todos estos escritores presentaron imágenes honestas de Jesús tal como lo vieron, lo recordaron o habían sabido de él, y tal como sus conceptos de estos acontecimientos lejanos quedaron afectados por su adhesión posterior a la teología del cristianismo de Pablo. Y estos registros, imperfectos como son, han bastado para cambiar el curso de la historia de Urantia durante casi dos mil años.
121:8.12[Reconocimiento: Al cumplir mi comisión de reformular las enseñanzas y volver a contar los hechos de Jesús de Nazaret, he recurrido libremente a todas las fuentes de registro y de información planetaria. Mi motivo principal ha sido preparar un registro que no solo ilumine a la generación de hombres que vive ahora, sino que también pueda ser útil a todas las generaciones futuras. Del vasto acervo de información que se puso a mi disposición, he elegido lo que mejor se adapta al cumplimiento de este propósito. En la medida de lo posible, he obtenido mi información de fuentes puramente humanas. Solo cuando esas fuentes fallaron, he recurrido a los registros que son sobrehumanos. Cuando las ideas y los conceptos de la vida y las enseñanzas de Jesús han sido expresados de modo aceptable por una mente humana, di invariablemente preferencia a esos patrones de pensamiento aparentemente humanos. Aunque he procurado ajustar la expresión verbal para que se conforme mejor a nuestro concepto del significado real y del verdadero alcance de la vida y las enseñanzas del Maestro, en la medida de lo posible me he atenido al concepto humano efectivo y al patrón de pensamiento humano en todas mis narraciones. Sé bien que los conceptos que han tenido su origen en la mente humana resultarán más aceptables y útiles para todas las demás mentes humanas. Cuando no he podido encontrar los conceptos necesarios en los registros humanos o en las expresiones humanas, he recurrido a continuación a los recursos de memoria de mi propia orden de criaturas terrestres, los seres intermedios. Y cuando esa fuente secundaria de información resultó insuficiente, he recurrido sin vacilar a las fuentes de información superplanetarias.
121:8.13Los memorandos que he reunido, y a partir de los cuales he preparado este relato de la vida y las enseñanzas de Jesús —aparte del recuerdo del registro del apóstol Andrés—, abarcan joyas de pensamiento y conceptos superiores de las enseñanzas de Jesús reunidos de más de dos mil seres humanos que han vivido en la tierra desde los días de Jesús hasta el momento de la redacción de estas revelaciones, o más exactamente, reformulaciones. El permiso revelatorio se ha utilizado solo cuando el registro humano y los conceptos humanos no lograron proporcionar un patrón de pensamiento adecuado. Mi comisión reveladora me prohibía recurrir a fuentes extrahumanas, ya fuera de información o de expresión, hasta el momento en que pudiera atestiguar que había fracasado en mis esfuerzos por encontrar la expresión conceptual requerida en fuentes puramente humanas.
121:8.14Aunque yo, con la colaboración de mis once compañeros, seres intermedios asociados, y bajo la supervisión del Melquisedec de registro, he presentado este relato según mi concepto de su ordenación eficaz y en respuesta a mi elección de expresión inmediata, no obstante, la mayoría de las ideas e incluso algunas de las expresiones eficaces que he utilizado así tuvieron su origen en la mente de los hombres de muchas razas que han vivido en la tierra durante las generaciones transcurridas desde entonces, hasta llegar a los que aún viven en el momento de esta empresa. En muchos sentidos he servido más como recopilador y editor que como narrador original. Me he apropiado sin vacilar de las ideas y los conceptos, preferentemente humanos, que me permitieran crear el retrato más eficaz de la vida de Jesús, y que me capacitaran para reformular sus incomparables enseñanzas con la fraseología más sorprendentemente útil y universalmente elevadora. En nombre de la Fraternidad de los Seres Intermedios Unidos de Urantia, reconozco con la mayor gratitud nuestra deuda con todas las fuentes de registro y de concepto que se utilizan en lo sucesivo en la elaboración ulterior de nuestra reformulación de la vida de Jesús en la tierra.]