Parte III · Documento 118

Supremo y Último—Tiempo y espacio

118:0.1EN CUANTO a las diversas naturalezas de la Deidad, puede decirse:

118:0.21. El Padre es yo autoexistente.

118:0.32. El Hijo es yo coexistente.

118:0.43. El Espíritu es yo de existencia conjunta.

118:0.54. El Supremo es yo evolutivo-experiencial.

118:0.65. El Séptuple es divinidad autodistributiva.

118:0.76. El Último es yo trascendental-experiencial.

118:0.87. El Absoluto es yo existencial-experiencial.

118:0.9Aunque Dios el Séptuple es indispensable para el logro evolutivo del Supremo, el Supremo es también indispensable para la emergencia final del Último. Y la doble presencia del Supremo y del Último constituye la asociación básica de la Deidad subabsoluta y derivada, pues son complementarios de manera interdependiente en el logro del destino. Juntos constituyen el puente experiencial que une los comienzos y las culminaciones de todo crecimiento creativo en el universo maestro.

118:0.10El crecimiento creativo es incesante pero siempre satisfactorio, sin fin en su extensión pero siempre marcado por esos momentos de logro transitorio de metas que satisfacen a la personalidad y que sirven con tanta eficacia como preludios de movilización para nuevas aventuras de crecimiento cósmico, de exploración del universo y de logro de la Deidad.

118:0.11Aunque el dominio de las matemáticas está cercado de limitaciones cualitativas, sí proporciona a la mente finita una base conceptual para contemplar la infinitud. No hay limitación cuantitativa para los números, ni siquiera en la comprensión de la mente finita. Por grande que sea el número que se conciba, siempre se puede imaginar que se le añade uno más. Y también se puede comprender que eso no llega a la infinitud, pues no importa cuántas veces se repita esta suma al número, siempre se puede añadir uno más.

118:0.12Al mismo tiempo, la serie infinita puede sumarse en cualquier punto dado, y este total (más propiamente, un subtotal) proporciona la plenitud de la dulzura del logro de la meta para una persona dada en un momento y en un estado dados. Pero tarde o temprano, esta misma persona empieza a sentir hambre y anhelo de metas nuevas y mayores, y tales aventuras de crecimiento no dejarán nunca de presentarse en la plenitud del tiempo y en los ciclos de la eternidad.

118:0.13Cada era universal sucesiva es la antecámara de la era siguiente de crecimiento cósmico, y cada época universal proporciona el destino inmediato de todas las etapas precedentes. Havona, en sí misma y por sí misma, es una creación perfecta, pero limitada por la perfección; la perfección de Havona, al expandirse hacia los superuniversos evolutivos, encuentra no solo un destino cósmico sino también la liberación de las limitaciones de la existencia preevolutiva.

1. Tiempo y eternidad

118:1.1Ayuda a la orientación cósmica del hombre alcanzar toda la comprensión posible de la relación de la Deidad con el cosmos. Aunque la Deidad absoluta es eterna por naturaleza, los Dioses se relacionan con el tiempo como una experiencia en la eternidad. En los universos evolutivos la eternidad es perpetuidad temporal—el sempiterno ahora.

118:1.2La personalidad de la criatura mortal puede eternizarse mediante la autoidentificación con el espíritu que mora en ella, por la técnica de elegir hacer la voluntad del Padre. Tal consagración de la voluntad equivale a alcanzar la realidad de eternidad del propósito. Esto significa que el propósito de la criatura ha quedado fijo con respecto a la sucesión de los momentos; dicho de otro modo, que la sucesión de los momentos no presenciará ningún cambio en el propósito de la criatura. Un millón o mil millones de momentos no hacen ninguna diferencia. El número ha dejado de tener significado con respecto al propósito de la criatura. Así, la elección de la criatura más la elección de Dios eventúan en las realidades eternas de la unión sin fin del espíritu de Dios y la naturaleza del hombre en el servicio sempiterno de los hijos de Dios y de su Padre del Paraíso.

118:1.3Existe una relación directa entre la madurez y la unidad de conciencia del tiempo propia de cada intelecto. Esa unidad temporal puede ser un día, un año o un período más largo, pero es inevitablemente el criterio con el que el yo consciente valora las circunstancias de la vida, y con el que el intelecto que concibe mide y valora los hechos de la existencia temporal.

118:1.4La experiencia, la sabiduría y el juicio son los concomitantes del alargamiento de la unidad de tiempo en la experiencia mortal. Cuando la mente humana calcula hacia atrás en el pasado, evalúa la experiencia pasada con el fin de aplicarla a una situación presente. Cuando la mente se extiende hacia el futuro, intenta evaluar el significado futuro de una acción posible. Y después de haber tenido así en cuenta tanto la experiencia como la sabiduría, la voluntad humana ejerce el juicio-decisión en el presente, y el plan de acción así nacido del pasado y del futuro llega a existir.

118:1.5En la madurez del yo que se desarrolla, el pasado y el futuro se unen para iluminar el verdadero significado del presente. A medida que el yo madura, se remonta cada vez más lejos en el pasado en busca de experiencia, mientras que sus previsiones de sabiduría procuran penetrar cada vez más hondo en el futuro desconocido. Y a medida que el yo que concibe extiende este alcance cada vez más lejos tanto en el pasado como en el futuro, el juicio se vuelve cada vez menos dependiente del presente momentáneo. De este modo la decisión-acción empieza a escapar de las cadenas del presente en movimiento, a la vez que empieza a adquirir los aspectos de un significado pasado-futuro.

118:1.6La paciencia la ejercen aquellos mortales cuyas unidades de tiempo son cortas; la verdadera madurez trasciende la paciencia mediante una tolerancia nacida de la comprensión real.

118:1.7Llegar a la madurez es vivir más intensamente en el presente y escapar al mismo tiempo de las limitaciones del presente. Los planes de la madurez, fundados en la experiencia pasada, llegan a existir en el presente de tal manera que realzan los valores del futuro.

118:1.8La unidad de tiempo de la inmadurez concentra el significado-valor en el momento presente de tal modo que separa el presente de su verdadera relación con lo no presente—el pasado-futuro. La unidad de tiempo de la madurez está proporcionada de manera que revela la relación coordinada del pasado-presente-futuro, de modo que el yo empieza a adquirir discernimiento de la totalidad de los acontecimientos, empieza a ver el paisaje del tiempo desde la perspectiva panorámica de horizontes ampliados, empieza quizá a sospechar el continuo eterno sin principio y sin fin, cuyos fragmentos se llaman tiempo.

118:1.9En los niveles de lo infinito y lo absoluto, el momento presente encierra todo el pasado y también todo el futuro. YO SOY quiere decir asimismo YO ERA y YO SERÉ. Y en esto se halla el mejor concepto que tenemos de la eternidad y de lo eterno.

118:1.10En el nivel absoluto y eterno, la realidad potencial tiene tanto significado como la realidad en acto. Solo en el nivel finito y para las criaturas sujetas al tiempo parece existir una diferencia tan grande. Para Dios, en cuanto absoluto, un mortal ascendente que ha tomado la decisión eterna ya es un finalitario del Paraíso. Pero el Padre Universal, por medio del Ajustador del Pensamiento que mora dentro, no está así limitado en su conocimiento, sino que puede también conocer cada lucha temporal con los problemas del ascenso de la criatura desde los niveles de existencia animales hasta los semejantes a Dios, y participar en ella.

2. Omnipresencia y ubicuidad

118:2.1La ubicuidad de la Deidad no debe confundirse con la ultimidad de la omnipresencia divina. Es voluntad del Padre Universal que el Supremo, el Último y el Absoluto compensen, coordinen y unifiquen su ubicuidad en el tiempo-espacio y su omnipresencia trascendida del tiempo-espacio con su presencia universal y absoluta, sin tiempo y sin espacio. Y ustedes deben recordar que, aunque la ubicuidad de la Deidad esté tan a menudo asociada al espacio, no está necesariamente condicionada por el tiempo.

118:2.2Como ascendentes mortales y morontiales, ustedes disciernen a Dios progresivamente mediante el ministerio de Dios el Séptuple. A través de Havona descubren a Dios el Supremo. En el Paraíso lo encuentran como persona, y luego, como finalitarios, intentarán a su debido tiempo conocerlo como Último. Siendo finalitarios, parecería haber un solo camino que seguir después de haber alcanzado al Último, y sería comenzar la búsqueda del Absoluto. Ningún finalitario se sentirá perturbado por las incertidumbres del logro del Absoluto de la Deidad, puesto que al final de las ascensiones suprema y última encontró a Dios el Padre. Tales finalitarios creerán sin duda que, aun si lograran encontrar a Dios el Absoluto, solo estarían descubriendo al mismo Dios, el Padre del Paraíso que se manifiesta en niveles más cercanos a lo infinito y a lo universal. Indudablemente, alcanzar a Dios en lo absoluto revelaría al Antepasado Primordial de los universos así como al Padre Final de las personalidades.

118:2.3Dios el Supremo puede no ser una demostración de la omnipresencia de la Deidad en el tiempo-espacio, pero es literalmente una manifestación de la ubicuidad divina. Entre la presencia espiritual del Creador y las manifestaciones materiales de la creación existe un vasto dominio del ubicuo devenir—la emergencia universal de la Deidad evolutiva.

118:2.4Si Dios el Supremo asume alguna vez el control directo de los universos del tiempo y del espacio, estamos seguros de que tal administración de la Deidad funcionará bajo el supercontrol del Último. En tal caso, Dios el Último empezaría a manifestarse a los universos del tiempo como el Todopoderoso trascendental (el Omnipotente), que ejerce el supercontrol del supratiempo y del espacio trascendido en lo que respecta a las funciones administrativas del Supremo Todopoderoso.

118:2.5La mente mortal puede preguntar, tal como lo hacemos nosotros: si la evolución de Dios el Supremo hacia la autoridad administrativa en el gran universo va acompañada de manifestaciones aumentadas de Dios el Último, ¿irá acompañada una emergencia correspondiente de Dios el Último en los universos postulados del espacio exterior de revelaciones semejantes y mayores de Dios el Absoluto? Pero en realidad no lo sabemos.

3. Relaciones de tiempo-espacio

118:3.1Solo mediante la ubicuidad podría la Deidad unificar las manifestaciones del tiempo-espacio para la concepción finita, pues el tiempo es una sucesión de instantes, mientras que el espacio es un sistema de puntos asociados. Después de todo, ustedes perciben el tiempo por análisis y el espacio por síntesis. Coordinan y asocian estas dos concepciones disímiles mediante el discernimiento integrador de la personalidad. De todo el mundo animal, solo el hombre posee esta perceptibilidad del tiempo-espacio. Para un animal, el movimiento tiene un significado, pero el movimiento muestra valor solo para una criatura con estado de personalidad.

118:3.2Las cosas están condicionadas por el tiempo, pero la verdad es intemporal. Cuanta más verdad conocen, más verdad son, más del pasado pueden entender y más del futuro pueden comprender.

118:3.3La verdad es inconmovible —siempre exenta de todas las vicisitudes pasajeras, aunque nunca muerta ni formal, siempre vibrante y adaptable— radiantemente viva. Pero cuando la verdad se une al hecho, entonces tanto el tiempo como el espacio condicionan sus significados y correlacionan sus valores. Tales realidades de la verdad desposadas con el hecho se convierten en conceptos y quedan relegadas, en consecuencia, al dominio de las realidades cósmicas relativas.

118:3.4La unión de la verdad absoluta y eterna del Creador con la experiencia fáctica de la criatura finita y temporal eventúa un valor nuevo y emergente del Supremo. El concepto del Supremo es esencial para la coordinación del mundo superior divino e inmutable con el mundo inferior finito y siempre cambiante.

118:3.5El espacio es, de todas las cosas no absolutas, la que más se acerca a ser absoluta. El espacio es, al parecer, absolutamente último. La verdadera dificultad que tenemos para entender el espacio en el nivel material se debe al hecho de que, aunque los cuerpos materiales existen en el espacio, el espacio también existe en esos mismos cuerpos materiales. Aunque hay mucho en el espacio que es absoluto, eso no significa que el espacio sea absoluto.

118:3.6Puede ayudar a comprender las relaciones espaciales que ustedes conjeturen que, relativamente hablando, el espacio es después de todo una propiedad de todos los cuerpos materiales. Por tanto, cuando un cuerpo se mueve por el espacio, lleva también consigo todas sus propiedades, incluso el espacio que está en ese cuerpo en movimiento y le pertenece.

118:3.7Todos los patrones de la realidad ocupan espacio en los niveles materiales, pero los patrones del espíritu solo existen en relación con el espacio; no ocupan ni desplazan espacio, ni tampoco lo contienen. Pero para nosotros el enigma maestro del espacio se refiere al patrón de una idea. Cuando entramos en el dominio de la mente, encontramos muchas incógnitas. ¿Ocupa espacio el patrón —la realidad— de una idea? En realidad no lo sabemos, aunque estamos seguros de que el patrón de una idea no contiene espacio. Pero difícilmente sería seguro postular que lo inmaterial es siempre no espacial.

4. Causación primaria y secundaria

118:4.1Muchas de las dificultades teológicas y de los dilemas metafísicos del hombre mortal se deben a que el hombre ubica mal la personalidad de la Deidad y, en consecuencia, asigna atributos infinitos y absolutos a la Divinidad subordinada y a la Deidad evolutiva. No deben olvidar que, aunque existe en efecto una verdadera Primera Causa, existe también una multitud de causas coordinadas y subordinadas, tanto causas asociadas como secundarias.

118:4.2La distinción vital entre las causas primeras y las causas segundas es que las causas primeras producen efectos originales que están libres de la herencia de cualquier factor derivado de alguna causación anterior. Las causas secundarias producen efectos que muestran invariablemente herencia de otra causación precedente.

118:4.3Los potenciales puramente estáticos inherentes al Absoluto Incondicionado reaccionan ante aquellas causaciones del Absoluto de la Deidad que producen las acciones de la Trinidad del Paraíso. En presencia del Absoluto Universal, estos potenciales estáticos impregnados de causación se vuelven de inmediato activos y sensibles a la influencia de ciertos agentes trascendentales cuyas acciones dan como resultado la transmutación de estos potenciales activados al estado de verdaderas posibilidades universales de desarrollo, capacidades de crecimiento realizadas en acto. Es sobre tales potenciales madurados donde los creadores y controladores del gran universo representan el drama sin fin de la evolución cósmica.

118:4.4La causación, dejando aparte los existenciales, es triple en su constitución básica. Tal como opera en esta era universal y en lo que respecta al nivel finito de los siete superuniversos, puede concebirse de la siguiente manera:

118:4.51. Activación de los potenciales estáticos. El establecimiento del destino en el Absoluto Universal por las acciones del Absoluto de la Deidad, que opera en el Absoluto Incondicionado y sobre él, como consecuencia de los mandatos volitivos de la Trinidad del Paraíso.

118:4.62. Eventuación de las capacidades universales. Esto implica la transformación de potenciales indiferenciados en planes separados y definidos. Este es el acto de la Ultimidad de la Deidad y de los múltiples agentes del nivel trascendental. Tales actos se anticipan perfectamente a las necesidades futuras de todo el universo maestro. Es en relación con la separación de los potenciales donde los Arquitectos del Universo Maestro existen como verdaderas personificaciones del concepto de Deidad de los universos. Sus planes parecen estar, en último término, limitados espacialmente en su extensión por la periferia conceptual del universo maestro, pero como planes no están condicionados de otro modo por el tiempo ni por el espacio.

118:4.73. Creación y evolución de las realidades universales en acto. Es sobre un cosmos impregnado por la presencia productora de capacidad de la Ultimidad de la Deidad donde operan los Creadores Supremos para efectuar las transmutaciones temporales de los potenciales madurados en realidades experienciales en acto. Dentro del universo maestro, toda realización en acto de la realidad potencial está limitada por la capacidad última de desarrollo y está condicionada por el tiempo-espacio en las etapas finales de su emergencia. Los Hijos Creadores que salen del Paraíso son, en realidad, creadores transformadores en el sentido cósmico. Pero esto no invalida en modo alguno el concepto que el hombre tiene de ellos como creadores; desde el punto de vista finito, ciertamente pueden crear y crean.

5. Omnipotencia y composibilidad

118:5.1La omnipotencia de la Deidad no implica el poder de hacer lo que no se puede hacer. Dentro del marco del tiempo-espacio y desde el punto de referencia intelectual de la comprensión mortal, ni siquiera el Dios infinito puede crear círculos cuadrados ni producir un mal que sea inherentemente bueno. Dios no puede hacer lo impropio de Dios. Tal contradicción de términos filosóficos equivale a la no entidad e implica que nada se crea de ese modo. Un rasgo de la personalidad no puede ser al mismo tiempo propio de Dios e impropio de Dios. La composibilidad es innata en el poder divino. Y todo esto se deriva del hecho de que la omnipotencia no solo crea cosas con una naturaleza, sino que también da origen a la naturaleza de todas las cosas y de todos los seres.

118:5.2Al principio el Padre lo hace todo, pero a medida que el panorama de la eternidad se despliega en respuesta a la voluntad y a los mandatos del Infinito, se hace cada vez más evidente que las criaturas, incluso los hombres, han de llegar a ser asociados de Dios en la consecución de la finalidad del destino. Y esto es cierto incluso en la vida en la carne; cuando el hombre y Dios se asocian, no se puede poner ningún límite a las posibilidades futuras de tal asociación. Cuando el hombre se da cuenta de que el Padre Universal es su asociado en la progresión eterna, cuando se fusiona con la presencia del Padre que mora en él, ha roto, en espíritu, las cadenas del tiempo y ha entrado ya en las progresiones de la eternidad en la búsqueda del Padre Universal.

118:5.3La conciencia mortal procede del hecho al significado, y luego al valor. La conciencia del Creador procede del valor-pensamiento, a través del significado-palabra, al hecho de la acción. Siempre debe Dios actuar para romper el punto muerto de la unidad incondicionada inherente a la infinitud existencial. Siempre debe la Deidad proporcionar el universo patrón, las personalidades perfectas, la verdad, la belleza y la bondad originales por las que se esfuerzan todas las creaciones de subdeidad. Siempre debe Dios encontrar primero al hombre para que el hombre pueda encontrar después a Dios. Siempre debe haber un Padre Universal antes de que pueda haber jamás una filiación universal y la consiguiente fraternidad universal.

6. Omnipotencia y omnificencia

118:6.1Dios es verdaderamente omnipotente, pero no es omnífico—no hace personalmente todo lo que se hace. La omnipotencia abarca el potencial de poder del Supremo Todopoderoso y del Ser Supremo, pero los actos volitivos de Dios el Supremo no son los actos personales de Dios el Infinito.

118:6.2Defender la omnificencia de la Deidad primordial equivaldría a despojar de sus derechos a casi un millón de Hijos Creadores del Paraíso, por no mencionar las innumerables huestes de otras diversas órdenes de asistentes creativos que concurren con ellos. Solo hay una Causa incausada en todo el universo. Todas las demás causas son derivadas de esta única Primera Gran Fuente y Centro. Y nada de esta filosofía hace violencia alguna al libre albedrío de las miríadas de hijos de la Deidad dispersos por un vasto universo.

118:6.3Dentro de un marco local, la volición puede parecer funcionar como una causa incausada, pero muestra indefectiblemente factores de herencia que establecen una relación con las Primeras Causas únicas, originales y absolutas.

118:6.4Toda volición es relativa. Solo el Padre-YO SOY posee, en el sentido originador, la finalidad de la volición; en sentido absoluto, únicamente el Padre, el Hijo y el Espíritu muestran las prerrogativas de una volición que el tiempo no condiciona y que el espacio no limita. El hombre mortal está dotado de libre albedrío, es decir, del poder de elegir, y aunque esa elección no es absoluta, sí resulta relativamente definitiva en el nivel finito y en lo que atañe al destino de la personalidad que elige.

118:6.5La volición, en cualquier nivel inferior al absoluto, encuentra limitaciones que son constitutivas de la misma personalidad que ejerce el poder de elección. El hombre no puede elegir más allá del alcance de lo que es elegible. No puede, por ejemplo, elegir ser otra cosa que un ser humano, salvo que puede elegir llegar a ser más que un hombre; puede elegir emprender el viaje de la ascensión universal, pero esto se debe a que la elección humana y la voluntad divina coinciden en este punto. Y lo que un hijo desea y el Padre quiere, ciertamente sucederá.

118:6.6En la vida mortal, los caminos de conducta diferencial se abren y se cierran continuamente, y durante los tiempos en que la elección es posible, la personalidad humana decide constantemente entre estos numerosos cursos de acción. La volición temporal está ligada al tiempo, y debe esperar el paso del tiempo para encontrar oportunidad de expresarse. La volición espiritual ha empezado a saborear la liberación de las cadenas del tiempo, pues ha logrado escapar en parte de la secuencia temporal, y eso se debe a que la volición espiritual se identifica a sí misma con la voluntad de Dios.

118:6.7La volición, el acto de elegir, debe funcionar dentro del marco universal que se ha realizado en acto en respuesta a una elección superior y anterior. Todo el alcance de la voluntad humana está estrictamente limitado a lo finito excepto en un punto: cuando el hombre elige encontrar a Dios y ser como él, tal elección es superfinita; solo la eternidad puede revelar si esta elección es también superabsonita.

118:6.8Reconocer la omnipotencia de la Deidad es disfrutar de seguridad en su experiencia de ciudadanía cósmica, poseer la certeza de estar a salvo en el largo viaje al Paraíso. Pero aceptar la falacia de la omnificencia es abrazar el error colosal del panteísmo.

7. Omnisciencia y predestinación

118:7.1La función de la voluntad del Creador y de la voluntad de la criatura, en el gran universo, opera dentro de los límites, y de acuerdo con las posibilidades, establecidos por los Arquitectos Maestros. Esta preordenación de estos límites máximos no restringe, sin embargo, en lo más mínimo la soberanía de la voluntad de la criatura dentro de esas fronteras. Tampoco la presciencia última —la plena consideración de toda elección finita— constituye una abrogación de la volición finita. Un ser humano maduro y previsor podría ser capaz de pronosticar con gran exactitud la decisión de algún asociado más joven, pero esta presciencia no quita nada a la libertad y a la autenticidad de la decisión misma. Los Dioses han limitado sabiamente el alcance de la acción de la voluntad inmadura, pero es verdadera voluntad, no obstante, dentro de esos límites definidos.

118:7.2Ni siquiera la correlación suprema de toda elección pasada, presente y futura invalida la autenticidad de tales elecciones. Más bien indica la tendencia preordenada del cosmos y sugiere la presciencia de aquellos seres volitivos que pueden, o no, elegir convertirse en partes contribuyentes de la realización experiencial en acto de toda la realidad.

118:7.3El error en la elección finita está ligado al tiempo y limitado por el tiempo. Solo puede existir en el tiempo y dentro de la presencia evolutiva del Ser Supremo. Tal elección errada es posible en el tiempo e indica (además del carácter incompleto del Supremo) ese cierto margen de elección del que deben estar dotadas las criaturas inmaduras para poder disfrutar de la progresión universal estableciendo un contacto de libre albedrío con la realidad.

118:7.4El pecado, en el espacio condicionado por el tiempo, prueba con claridad la libertad temporal —incluso el libertinaje— de la voluntad finita. El pecado retrata una inmadurez que, deslumbrada por la libertad de la voluntad relativamente soberana de la personalidad, no llega a percibir los supremos deberes y obligaciones de la ciudadanía cósmica.

118:7.5La iniquidad en los dominios finitos revela la realidad transitoria de toda mismidad no identificada con Dios. Solo cuando una criatura llega a identificarse con Dios, llega a ser verdaderamente real en los universos. La personalidad finita no es autocreada, pero en la arena de elección del superuniverso sí autodetermina su destino.

118:7.6El otorgamiento de la vida hace a los sistemas de materia-energía capaces de autoperpetuación, autopropagación y autoadaptación. El otorgamiento de la personalidad imparte a los organismos vivos las prerrogativas adicionales de autodeterminación, autoevolución y autoidentificación con un espíritu de fusión de la Deidad.

118:7.7Las cosas vivas subpersonales indican una mente que activa la energía-materia, primero como controladores físicos y luego como espíritus ayudantes de la mente. La dotación de personalidad procede del Padre e imparte prerrogativas únicas de elección al sistema vivo. Pero si la personalidad tiene la prerrogativa de ejercer la elección volitiva de identificación con la realidad, y si esta es una elección verdadera y libre, entonces la personalidad en evolución debe tener también la posible elección de llegar a autoconfundirse, autodesorganizarse y autodestruirse. La posibilidad de la autodestrucción cósmica no puede evitarse si la personalidad en evolución ha de ser verdaderamente libre en el ejercicio de la voluntad finita.

118:7.8Por eso hay mayor seguridad en estrechar los límites de la elección de la personalidad a lo largo de los niveles inferiores de la existencia. La elección se libera cada vez más a medida que se ascienden los universos; la elección se aproxima finalmente a la libertad divina cuando la personalidad ascendente alcanza la divinidad de estado, la supremacía de consagración a los propósitos del universo, la plenitud del logro de la sabiduría cósmica y la finalidad de la identificación de la criatura con la voluntad y el camino de Dios.

8. Control y supercontrol

118:8.1En las creaciones del tiempo-espacio, el libre albedrío está rodeado de restricciones, de limitaciones. La evolución de la vida material es primero mecánica, luego activada por la mente y (después del otorgamiento de la personalidad) puede llegar a ser dirigida por el espíritu. La evolución orgánica en los mundos habitados está limitada físicamente por los potenciales de las implantaciones originales de vida física de los Portadores de Vida.

118:8.2El hombre mortal es una máquina, un mecanismo vivo; sus raíces están verdaderamente en el mundo físico de la energía. Muchas reacciones humanas son de naturaleza mecánica; gran parte de la vida es semejante a una máquina. Pero el hombre, un mecanismo, es mucho más que una máquina; está dotado de mente y habitado por el espíritu; y aunque nunca puede, a lo largo de su vida material, escapar de la mecánica química y eléctrica de su existencia, puede aprender cada vez más a subordinar esta máquina de vida física a la sabiduría directiva de la experiencia mediante el proceso de consagrar la mente humana a la ejecución de los impulsos espirituales del Ajustador del Pensamiento que mora en él.

118:8.3El espíritu libera la función de la voluntad, y el mecanismo la limita. Una elección imperfecta, que el mecanismo no controla y que no se identifica con el espíritu, resulta peligrosa e inestable. El predominio mecánico asegura la estabilidad a costa del progreso; la alianza con el espíritu libera la elección del nivel físico y, a la vez, garantiza la estabilidad divina que nace de un discernimiento universal acrecentado y de un entendimiento cósmico más amplio.

118:8.4El gran peligro que acecha a la criatura es que, al lograr liberarse de las cadenas del mecanismo de la vida, no compense esta pérdida de estabilidad estableciendo un enlace armonioso de trabajo con el espíritu. La elección de la criatura, cuando está relativamente liberada de la estabilidad mecánica, puede intentar una autoliberación mayor independiente de una mayor identificación con el espíritu.

118:8.5Todo el principio de la evolución biológica hace imposible que el hombre primitivo aparezca en los mundos habitados con una gran dotación de autorrestricción. Por eso, el mismo designio creativo que dispuso la evolución proporciona igualmente esas restricciones externas de tiempo y espacio, de hambre y miedo, que circunscriben eficazmente el radio de elección subespiritual de tales criaturas incultas. A medida que la mente del hombre supera con éxito barreras cada vez más difíciles, este mismo designio creativo ha dispuesto también la lenta acumulación de la herencia racial de la sabiduría experiencial reunida con dolor—en otras palabras, el mantenimiento de un equilibrio entre las restricciones externas que disminuyen y las restricciones internas que aumentan.

118:8.6La lentitud de la evolución, del progreso cultural humano, atestigua la eficacia de ese freno —la inercia material— que opera con tanta eficiencia para retardar las velocidades peligrosas del progreso. Así, el tiempo mismo amortigua y distribuye los resultados, de otro modo letales, de un escape prematuro de las barreras que rodean inmediatamente la acción humana. Porque cuando la cultura avanza demasiado deprisa, cuando el logro material se adelanta a la evolución de la sabiduría de la adoración, entonces la civilización contiene en sí misma las semillas de la regresión; y a menos que se apoye en el rápido aumento de la sabiduría experiencial, tales sociedades humanas retrocederán desde niveles de logro elevados pero prematuros, y las «edades oscuras» del interregno de la sabiduría darán testimonio del inexorable restablecimiento del desequilibrio entre la libertad de sí y el dominio de sí.

118:8.7La iniquidad de Caligastia consistió en eludir el regulador temporal de la liberación humana progresiva—la destrucción gratuita de las barreras restrictivas, barreras que las mentes mortales de aquellos tiempos no habían superado por experiencia.

118:8.8Aquella mente que puede efectuar una abreviación parcial del tiempo y del espacio demuestra, por este mismo acto, que posee las semillas de la sabiduría que pueden servir eficazmente en lugar de la barrera de restricción trascendida.

118:8.9Lucifer trató igualmente de desbaratar el regulador temporal que operaba para restringir el logro prematuro de ciertas libertades en el sistema local. Un sistema local establecido en luz y vida ha alcanzado por experiencia aquellos puntos de vista y discernimientos que hacen viable el empleo de muchas técnicas que serían perturbadoras y destructivas en las eras en que ese mismo dominio aún no estaba establecido.

118:8.10A medida que el hombre se sacude los grilletes del miedo, a medida que une continentes y océanos con sus máquinas, y generaciones y siglos con sus registros, debe sustituir cada restricción trascendida por una restricción nueva y asumida voluntariamente, de acuerdo con los dictados morales de la sabiduría humana en expansión. Estas restricciones autoimpuestas son a la vez los más poderosos y los más tenues de todos los factores de la civilización humana—los conceptos de justicia y los ideales de fraternidad. El hombre incluso se capacita para las vestiduras restrictivas de la misericordia cuando se atreve a amar a sus semejantes, mientras que alcanza los comienzos de la fraternidad espiritual cuando elige dispensarles el trato que él mismo querría recibir, incluso el trato que concibe que Dios les daría.

118:8.11Una reacción automática del universo es estable y, en alguna forma, continua en el cosmos. Una personalidad que conoce a Dios y desea hacer su voluntad, que tiene discernimiento espiritual, es divinamente estable y eternamente existente. La gran aventura universal del hombre consiste en el tránsito de su mente mortal desde la estabilidad de la estática mecánica hasta la divinidad de la dinámica espiritual, y logra esta transformación por la fuerza y la constancia de las decisiones de su propia personalidad, declarando en cada una de las situaciones de la vida: «Es mi voluntad que se haga tu voluntad».

9. Mecanismos del universo

118:9.1El tiempo y el espacio son un mecanismo conjunto del universo maestro. Son los medios por los que las criaturas finitas pueden coexistir en el cosmos con el Infinito. Las criaturas finitas están eficazmente aisladas de los niveles absolutos por el tiempo y el espacio. Pero estos medios aislantes, sin los cuales ningún mortal podría existir, operan directamente para limitar el alcance de la acción finita. Sin ellos ninguna criatura podría actuar, pero por ellos los actos de toda criatura están definidamente limitados.

118:9.2Los mecanismos producidos por mentes superiores funcionan para liberar sus fuentes creativas, pero en cierta medida limitan invariablemente la acción de todas las inteligencias subordinadas. Para las criaturas de los universos, esta limitación se hace evidente como el mecanismo de los universos. El hombre no tiene un libre albedrío sin trabas; hay límites para su alcance de elección, pero dentro del radio de esta elección su voluntad es relativamente soberana.

118:9.3El mecanismo de vida de la personalidad mortal, el cuerpo humano, es producto de un designio creativo supermortal; por eso nunca puede ser controlado perfectamente por el hombre mismo. Solo cuando el hombre ascendente, en enlace con el Ajustador fusionado, autocree el mecanismo para la expresión de la personalidad, alcanzará un control perfeccionado de él.

118:9.4El gran universo es mecanismo así como organismo, mecánico y vivo—un mecanismo vivo activado por una Mente Suprema, que se coordina con un Espíritu Supremo y encuentra expresión en los niveles máximos de unificación de poder y personalidad como el Ser Supremo. Pero negar el mecanismo de la creación finita es negar el hecho y desatender la realidad.

118:9.5Los mecanismos son productos de la mente, de la mente creativa que actúa sobre los potenciales cósmicos y en ellos. Los mecanismos son las cristalizaciones fijas del pensamiento del Creador, y funcionan siempre fieles al concepto volitivo que les dio origen. Pero la intencionalidad de cualquier mecanismo está en su origen, no en su función.

118:9.6No debe pensarse que estos mecanismos limitan la acción de la Deidad; más bien es cierto que en estas mismas mecánicas la Deidad ha logrado una fase de expresión eterna. Los mecanismos básicos del universo han llegado a existir en respuesta a la voluntad absoluta de la Primera Fuente y Centro, y por eso funcionarán eternamente en perfecta armonía con el plan del Infinito; son, en efecto, los patrones no volitivos de ese mismo plan.

118:9.7Entendemos algo de cómo el mecanismo del Paraíso se correlaciona con la personalidad del Hijo Eterno; esta es la función del Actor Conjunto. Y tenemos teorías acerca de las operaciones del Absoluto Universal con respecto a los mecanismos teóricos del Incondicionado y a la persona potencial del Absoluto de la Deidad. Pero en las Deidades en evolución del Supremo y del Último observamos que ciertas fases impersonales se están uniendo realmente con sus contrapartes volitivas, y que así está evolucionando una nueva relación entre patrón y persona.

118:9.8En la eternidad del pasado, el Padre y el Hijo encontraron la unión en la unidad de la expresión del Espíritu Infinito. Si, en la eternidad del futuro, los Hijos Creadores y los Espíritus Creativos de los universos locales del tiempo y del espacio llegaran a alcanzar la unión creativa en los dominios del espacio exterior, ¿qué crearía su unidad como expresión combinada de sus naturalezas divinas? Bien puede ser que hayamos de presenciar una manifestación hasta ahora no revelada de la Deidad Última, un nuevo tipo de superadministrador. Tales seres abarcarían prerrogativas únicas de personalidad, al ser la unión del Creador personal, del Espíritu Creativo impersonal, de la experiencia de la criatura mortal y de la personalización progresiva de la Ministra Divina. Tales seres podrían ser últimos en el sentido de que abarcarían la realidad personal e impersonal, a la vez que combinarían las experiencias del Creador y de la criatura. Cualesquiera que sean los atributos de tales terceras personas de estas trinidades funcionales postuladas de las creaciones del espacio exterior, mantendrán con sus Padres Creadores y sus Madres Creativas algo de la misma relación que mantiene el Espíritu Infinito con el Padre Universal y el Hijo Eterno.

118:9.9Dios el Supremo es la personalización de toda la experiencia del universo, la focalización de toda la evolución finita, la maximización de toda la realidad de las criaturas, la consumación de la sabiduría cósmica, la personificación de las bellezas armoniosas de las galaxias del tiempo, la verdad de los significados mentales cósmicos y la bondad de los valores espirituales supremos. Y Dios el Supremo, en el futuro eterno, sintetizará estas múltiples diversidades finitas en un todo experiencialmente significativo, tal como ahora están unidas existencialmente en los niveles absolutos en la Trinidad del Paraíso.

10. Funciones de la providencia

118:10.1La providencia no significa que Dios lo haya decidido todo por nosotros y de antemano. Dios nos ama demasiado para hacer eso, pues eso no sería nada menos que una tiranía cósmica. El hombre sí tiene poderes relativos de elección. Tampoco es el amor divino ese afecto miope que mimaría y malcriaría a los hijos de los hombres.

118:10.2El Padre, el Hijo y el Espíritu —como Trinidad— no son el Supremo Todopoderoso, pero la supremacía del Todopoderoso nunca puede manifestarse sin ellos. El crecimiento del Todopoderoso está centrado en los Absolutos del acto y se basa en los Absolutos de la potencia. Pero las funciones del Supremo Todopoderoso están relacionadas con las funciones de la Trinidad del Paraíso.

118:10.3Parecería que, en el Ser Supremo, todas las fases de la actividad del universo están siendo parcialmente reunidas por la personalidad de esta Deidad experiencial. Por lo tanto, cuando deseamos ver la Trinidad como un solo Dios, y si limitamos este concepto al gran universo actualmente conocido y organizado, descubrimos que el Ser Supremo en evolución es el retrato parcial de la Trinidad del Paraíso. Y encontramos además que esta Deidad Suprema evoluciona como la síntesis de personalidad de la materia, la mente y el espíritu finitos en el gran universo.

118:10.4Los Dioses tienen atributos, pero la Trinidad tiene funciones, y, como la Trinidad, la providencia es una función, el compuesto del supercontrol no personal del universo de universos, que se extiende desde los niveles evolutivos del Séptuple, que se sintetizan en el poder del Todopoderoso, hacia arriba a través de los dominios trascendentales de la Ultimidad de la Deidad.

118:10.5Dios ama a cada criatura como a un hijo, y ese amor envuelve a cada criatura a lo largo de todo el tiempo y la eternidad. La providencia funciona con respecto al total y trata la función de cualquier criatura en cuanto esa función se relaciona con el total. La intervención providencial con respecto a cualquier ser indica la importancia de la función de ese ser en lo que respecta al crecimiento evolutivo de algún total; tal total puede ser la raza total, la nación total, el planeta total o incluso un total superior. Es la importancia de la función de la criatura lo que ocasiona la intervención providencial, no la importancia de la criatura como persona.

118:10.6No obstante, el Padre, como persona, puede en cualquier momento interponer una mano paternal en la corriente de los acontecimientos cósmicos, todo ello de acuerdo con la voluntad de Dios, en consonancia con la sabiduría de Dios y motivado por el amor de Dios.

118:10.7Pero lo que el hombre llama providencia es con demasiada frecuencia el producto de su propia imaginación, la yuxtaposición fortuita de las circunstancias del azar. Hay, sin embargo, una providencia real y emergente en el dominio finito de la existencia universal, una correlación verdadera y en vías de realización en acto de las energías del espacio, los movimientos del tiempo, los pensamientos del intelecto, los ideales del carácter, los deseos de las naturalezas espirituales y los actos volitivos intencionados de las personalidades en evolución. Las circunstancias de los dominios materiales encuentran su integración finita final en las presencias entrelazadas del Supremo y del Último.

118:10.8A medida que los mecanismos del gran universo se perfeccionan hasta un punto de precisión final mediante el supercontrol de la mente, y a medida que la mente de la criatura asciende a la perfección del logro de la divinidad mediante una integración perfeccionada con el espíritu, y a medida que el Supremo emerge en consecuencia como unificador en acto de todos estos fenómenos del universo, la providencia se vuelve cada vez más discernible.

118:10.9Algunas de las condiciones asombrosamente fortuitas que prevalecen en ocasiones en los mundos evolutivos pueden deberse a la presencia gradualmente emergente del Supremo, al anticipo de sus futuras actividades universales. La mayor parte de lo que un mortal llamaría providencial no lo es; su juicio sobre tales asuntos está muy limitado por la falta de una visión previsora de los verdaderos significados de las circunstancias de la vida. Mucho de lo que un mortal llamaría buena suerte podría ser en realidad mala suerte; la sonrisa de la fortuna que otorga ocio no ganado y riqueza no merecida puede ser la mayor de las aflicciones humanas; la aparente crueldad de un hado perverso que amontona tribulaciones sobre algún mortal que sufre puede ser en realidad el fuego templador que está transmutando el hierro blando de la personalidad inmadura en el acero templado del carácter real.

118:10.10Hay una providencia en los universos en evolución, y las criaturas pueden descubrirla exactamente en la medida en que han alcanzado la capacidad de percibir el propósito de los universos en evolución. La capacidad completa de discernir los propósitos del universo equivale a la culminación evolutiva de la criatura, y puede expresarse de otro modo como el logro del Supremo dentro de los límites del estado presente de los universos incompletos.

118:10.11El amor del Padre opera directamente en el corazón del individuo, independientemente de las acciones o reacciones de todos los demás individuos; la relación es personal—el hombre y Dios. La presencia impersonal de la Deidad (Supremo Todopoderoso y Trinidad del Paraíso) manifiesta consideración por el todo, no por la parte. La providencia del supercontrol de la Supremacía se hace cada vez más evidente a medida que las partes sucesivas del universo progresan en el logro de destinos finitos. A medida que los sistemas, las constelaciones, los universos y los superuniversos se establecen en luz y vida, el Supremo emerge cada vez más como el correlacionador significativo de todo lo que sucede, mientras que el Último emerge gradualmente como el unificador trascendental de todas las cosas.

118:10.12En los comienzos de un mundo evolutivo, los sucesos naturales del orden material y los deseos personales de los seres humanos parecen a menudo antagónicos. Mucho de lo que ocurre en un mundo en evolución es bastante difícil de entender para el hombre mortal—la ley natural es tan a menudo, en apariencia, cruel, despiadada e indiferente a todo lo que es verdadero, bello y bueno en la comprensión humana. Pero a medida que la humanidad progresa en el desarrollo planetario, observamos que este punto de vista se modifica por los siguientes factores:

118:10.131. La visión creciente del hombre—su mayor comprensión del mundo en que vive; su capacidad cada vez mayor para comprender los hechos materiales del tiempo, las ideas significativas del pensamiento y los ideales valiosos del discernimiento espiritual. Mientras los hombres midan solo con la vara de medir de las cosas de naturaleza física, nunca podrán esperar encontrar la unidad en el tiempo y el espacio.

118:10.142. El control creciente del hombre—la acumulación gradual del conocimiento de las leyes del mundo material, de los propósitos de la existencia espiritual y de las posibilidades de la coordinación filosófica de estas dos realidades. El hombre, el salvaje, estaba indefenso ante las embestidas de las fuerzas naturales, era esclavo ante el cruel dominio de sus propios miedos interiores. El hombre semicivilizado empieza a abrir el almacén de los secretos de los dominios naturales, y su ciencia destruye lenta pero eficazmente sus supersticiones, al tiempo que proporciona una base fáctica nueva y ampliada para comprender los significados de la filosofía y los valores de la verdadera experiencia espiritual. El hombre, el civilizado, alcanzará algún día un dominio relativo de las fuerzas físicas de su planeta; el amor de Dios en su corazón se derramará eficazmente como amor por sus semejantes, mientras que los valores de la existencia humana se estarán acercando a los límites de la capacidad mortal.

118:10.153. La integración del hombre en el universo—el aumento del discernimiento humano más el aumento del logro experiencial humano lo lleva a una armonía más estrecha con las presencias unificadoras de la Supremacía—la Trinidad del Paraíso y el Ser Supremo. Y esto es lo que establece la soberanía del Supremo en los mundos establecidos desde hace mucho en luz y vida. Tales planetas avanzados son en verdad poemas de armonía, cuadros de la belleza de la bondad lograda, alcanzada mediante la búsqueda de la verdad cósmica. Y si tales cosas pueden suceder a un planeta, entonces cosas aún mayores pueden suceder a un sistema y a las unidades mayores del gran universo cuando también ellos alcancen un establecimiento que indique el agotamiento de los potenciales de crecimiento finito.

118:10.16En un planeta de este orden avanzado, la providencia se ha convertido en una realidad en acto, las circunstancias de la vida están correlacionadas, pero esto no se debe solo a que el hombre ha llegado a dominar los problemas materiales de su mundo; se debe también a que ha empezado a vivir de acuerdo con la tendencia de los universos; está siguiendo el camino de la Supremacía hacia el logro del Padre Universal.

118:10.17El reino de Dios está en el corazón de los hombres, y cuando este reino se hace efectivo en el corazón de cada individuo de un mundo, entonces el gobierno de Dios se ha hecho efectivo en ese planeta; y esta es la soberanía lograda del Ser Supremo.

118:10.18Para hacer realidad la providencia en el tiempo, el hombre debe cumplir la tarea de alcanzar la perfección. Pero el hombre puede ya ahora anticipar esta providencia en sus significados de eternidad cuando reflexiona sobre el hecho universal de que todas las cosas, sean buenas o malas, cooperan para el adelanto de los mortales que conocen a Dios en su búsqueda del Padre de todos.

118:10.19La providencia se vuelve cada vez más discernible a medida que los hombres se elevan de lo material a lo espiritual. El logro de un discernimiento espiritual completo permite a la personalidad ascendente detectar armonía en lo que hasta entonces era caos. Incluso la mota morontial representa un avance real en esta dirección.

118:10.20La providencia es, en parte, el supercontrol del Supremo incompleto que se manifiesta en los universos incompletos, por lo que siempre ha de ser:

118:10.211. Parcial—debido a lo incompleto de la realización en acto del Ser Supremo, y

118:10.222. Imprevisible—debido a las fluctuaciones de la actitud de la criatura, que varía siempre de nivel en nivel, lo que causa así una respuesta recíproca aparentemente variable en el Supremo.

118:10.23Cuando los hombres oran pidiendo una intervención providencial en las circunstancias de la vida, muchas veces la respuesta a su oración son sus propias actitudes cambiadas hacia la vida. Pero la providencia no es caprichosa, ni tampoco es fantástica ni mágica. Es la emergencia lenta y segura del poderoso soberano de los universos finitos, cuya majestuosa presencia detectan ocasionalmente las criaturas en evolución en sus progresiones universales. La providencia es la marcha segura y cierta de las galaxias del espacio y de las personalidades del tiempo hacia las metas de la eternidad, primero en el Supremo, luego en el Último y quizá en el Absoluto. Y en la infinitud creemos que existe la misma providencia, y esta es la voluntad, las acciones, el propósito de la Trinidad del Paraíso que motivan así el panorama cósmico de universos sobre universos.

118:10.24[Patrocinado por un Mensajero Poderoso que reside temporalmente en Urantia.]

Documento 118

Supremo y Último—Tiempo y espacio