Parte III · Documento 117
Dios el Supremo
117:0.1EN LA medida en que hagamos la voluntad de Dios en cualquier puesto del universo en que tengamos nuestra existencia, en esa misma medida el potencial todopoderoso del Supremo se actualiza un paso más. La voluntad de Dios es el propósito de la Primera Fuente y Centro tal como se potencializa en los tres Absolutos, se personaliza en el Hijo Eterno, se conjunta para la acción universal en el Espíritu Infinito y se eterniza en los patrones perpetuos del Paraíso. Y Dios el Supremo está llegando a ser la manifestación finita más alta de la voluntad total de Dios.
117:0.2Si todos los habitantes del gran universo llegaran alguna vez a vivir de forma relativamente plena la voluntad de Dios, entonces las creaciones del tiempo-espacio quedarían establecidas en luz y vida, y entonces el Todopoderoso, el potencial de deidad de la Supremacía, se haría un hecho en la aparición de la personalidad divina de Dios el Supremo.
117:0.3Cuando una mente en evolución se sintoniza con los circuitos de la mente cósmica, cuando un universo en evolución se estabiliza según el patrón del universo central, cuando un espíritu que avanza entra en contacto con el ministerio unido de los Espíritus Maestros, cuando una personalidad mortal ascendente se sintoniza finalmente con la guía divina del Ajustador que mora en ella, entonces la realidad en acto del Supremo se ha hecho real en un grado más en los universos; entonces la divinidad de la Supremacía ha avanzado un paso más hacia su realización cósmica.
117:0.4Las partes y los individuos del gran universo, en su evolución, reflejan la evolución total del Supremo, mientras que el Supremo constituye a su vez la suma total, sintética y acumulativa, de toda la evolución del gran universo. Desde la perspectiva de los mortales, uno y otro son recíprocos en lo evolutivo y en lo experiencial.
1. Naturaleza del Ser Supremo
117:1.1El Supremo es la belleza propia de la armonía física, la verdad propia del significado intelectual y la bondad propia del valor espiritual. Él es la dulzura del verdadero éxito y la alegría de un logro que dura para siempre. Es la superalma del gran universo, la conciencia del cosmos finito, la culminación de la realidad finita y la experiencia Creador-criatura personificada. Dios el Supremo dará voz, por toda la eternidad venidera, a la realidad de la experiencia volitiva en las relaciones trinitarias de la Deidad.
117:1.2En las personas de los Creadores Supremos, los Dioses han descendido del Paraíso a los dominios del tiempo y del espacio, para crear y hacer evolucionar allí criaturas con capacidad para alcanzar el Paraíso, que pueden ascender hasta él en busca del Padre. Esta procesión universal de Creadores que descienden y revelan a Dios y de criaturas que ascienden y buscan a Dios revela la evolución de Deidad del Supremo, en quien tanto los que descienden como los que ascienden logran la comprensión mutua, el descubrimiento de la fraternidad eterna y universal. Así, el Ser Supremo llega a ser la síntesis finita de la experiencia de la causa del Creador perfecto y de la respuesta de la criatura en perfeccionamiento.
117:1.3El gran universo contiene la posibilidad de una unificación completa y la busca siempre, y esto surge del hecho de que esta existencia cósmica es una consecuencia de los actos creadores y de los mandatos de poder de la Trinidad del Paraíso, que es unidad incondicionada. Esta misma unidad trinitaria se expresa en el cosmos finito en el Supremo, cuya realidad se hace cada vez más evidente a medida que los universos alcanzan el nivel máximo de identificación con la Trinidad.
117:1.4La voluntad del Creador y la voluntad de la criatura son cualitativamente diferentes, pero también tienen un parentesco experiencial, porque la criatura y el Creador pueden colaborar en el logro de la perfección del universo. El hombre puede trabajar en enlace con Dios y así cocrear un finalitario eterno. Dios puede trabajar incluso como humanidad en las encarnaciones de sus Hijos, que así logran la supremacía de la experiencia de criatura.
117:1.5En el Ser Supremo, el Creador y la criatura están unidos en una sola Deidad cuya voluntad expresa una sola personalidad divina. Y esta voluntad del Supremo es algo más que la voluntad de la criatura o la del Creador, así como la voluntad soberana del Hijo Maestro de Nebadon es ahora algo más que una combinación de la voluntad de la divinidad y de la humanidad. La unión de la perfección del Paraíso y de la experiencia del tiempo-espacio produce un nuevo significado-valor en los niveles de deidad de la realidad.
117:1.6La naturaleza divina en evolución del Supremo está llegando a ser un fiel retrato de la experiencia incomparable de todas las criaturas y de todos los Creadores en el gran universo. En el Supremo, la condición de creador y la condición de criatura son una sola; están unidas para siempre por esa experiencia que nació de las vicisitudes que acompañan la solución de los múltiples problemas que asedian a toda la creación finita mientras sigue el camino eterno en busca de la perfección y de la liberación de las cadenas de lo incompleto.
117:1.7La verdad, la belleza y la bondad están correlacionadas en el ministerio del Espíritu, la grandeza del Paraíso, la misericordia del Hijo y la experiencia del Supremo. Dios el Supremo es verdad, belleza y bondad, porque estos conceptos de divinidad representan máximos finitos de la experiencia ideativa. Las fuentes eternas de estas cualidades trinas de la divinidad están en niveles superfinitos, pero una criatura solo podría concebir tales fuentes como superverdad, superbelleza y superbondad.
117:1.8Miguel, un creador, reveló el amor divino del Padre Creador por sus hijos terrestres. Y, tras descubrir y recibir este afecto divino, los hombres pueden aspirar a revelar este amor a sus hermanos en la carne. Tal afecto de criatura es un verdadero reflejo del amor del Supremo.
117:1.9El Supremo es simétricamente inclusivo. La Primera Fuente y Centro está en potencia en los tres grandes Absolutos y está en acto en el Paraíso, en el Hijo y en el Espíritu; pero el Supremo está a la vez en acto y en potencia, es un ser de supremacía personal y de poder todopoderoso, que responde por igual al esfuerzo de la criatura y al propósito del Creador; que actúa por sí mismo sobre el universo y reacciona por sí mismo a la suma total del universo; y que es, a un mismo tiempo, el creador supremo y la criatura suprema. Así, la Deidad de la Supremacía expresa la suma total de todo lo finito.
2. La fuente del crecimiento evolutivo
117:2.1El Supremo es Dios-en-el-tiempo; suyo es el secreto del crecimiento de las criaturas en el tiempo; suya es también la conquista del presente incompleto y la consumación del futuro en perfeccionamiento. Y los frutos finales de todo crecimiento finito son: poder controlado mediante la mente por el espíritu, en virtud de la presencia unificadora y creadora de la personalidad. La consecuencia culminante de todo este crecimiento es el Ser Supremo.
117:2.2Para el hombre mortal, la existencia equivale al crecimiento. Y así parecería ser en efecto, incluso en el sentido universal más amplio, porque la existencia guiada por el espíritu sí parece dar como resultado un crecimiento experiencial—un aumento de estado. Sin embargo, sostenemos desde hace mucho que el crecimiento presente que caracteriza la existencia de las criaturas en la presente era universal es una función del Supremo. Sostenemos igualmente que esta clase de crecimiento es propia de la era del crecimiento del Supremo, y que terminará con la compleción del crecimiento del Supremo.
117:2.3Consideren el estado de los hijos trinitizados por criaturas: nacen y viven en la presente era universal; tienen personalidades, junto con dotes de mente y de espíritu. Tienen experiencias y el recuerdo de ellas, pero no crecen como crecen los ascendentes. Creemos y entendemos que estos hijos trinitizados por criaturas, aunque están en la presente era universal, son en realidad de la próxima era universal—la era que seguirá a la compleción del crecimiento del Supremo. Por eso no están en el Supremo en cuanto a su estado presente de incompleción y del consiguiente crecimiento. Así, no participan en el crecimiento experiencial de la presente era universal, pues se los mantiene en reserva para la próxima era universal.
117:2.4Mi propia orden, la de los Mensajeros Poderosos, por haber sido abrazada por la Trinidad, no participa en el crecimiento de la presente era universal. En cierto sentido tenemos el estado de la era universal precedente, como de hecho lo tienen los Hijos Estacionarios de la Trinidad. Una cosa es cierta: nuestro estado queda fijado por el abrazo de la Trinidad, y la experiencia ya no eventúa en crecimiento.
117:2.5Esto no es así en el caso de los finalitarios ni de ninguna otra de las órdenes evolutivas y experienciales que participan en el proceso de crecimiento del Supremo. Ustedes, los mortales que viven ahora en Urantia y que pueden aspirar a alcanzar el Paraíso y el estado de finalitario, deben comprender que tal destino solo es realizable porque ustedes están en el Supremo y son del Supremo, y por eso participan en el ciclo del crecimiento del Supremo.
117:2.6Algún día llegará el fin del crecimiento del Supremo; su estado alcanzará la compleción (en el sentido de energía-espíritu). Esta terminación de la evolución del Supremo presenciará también el fin de la evolución de las criaturas como parte de la Supremacía. No sabemos qué clase de crecimiento podrá caracterizar a los universos del espacio exterior. Pero estamos muy seguros de que será algo muy diferente de todo lo que se ha visto en la era presente de la evolución de los siete superuniversos. Sin duda será función de los ciudadanos evolutivos del gran universo compensar a los seres del espacio exterior por esta privación del crecimiento de la Supremacía.
117:2.7Tal como existirá al consumarse la presente era universal, el Ser Supremo funcionará como un soberano experiencial en el gran universo. Los seres del espacio exterior —ciudadanos de la próxima era universal— tendrán un potencial de crecimiento possuperuniversal, una capacidad de logro evolutivo que presupone la soberanía del Supremo Todopoderoso y que, por eso, excluye la participación de las criaturas en la síntesis de poder-personalidad de la presente era universal.
117:2.8Así, puede considerarse la incompleción del Supremo como una virtud, ya que hace posible el crecimiento evolutivo de la creación de criaturas de los universos presentes. El vacío tiene en verdad su virtud, porque puede llegar a llenarse experiencialmente.
117:2.9Una de las preguntas más intrigantes de la filosofía finita es esta: ¿se actualiza el Ser Supremo en respuesta a la evolución del gran universo, o evoluciona progresivamente este cosmos finito en respuesta a la actualización gradual del Supremo? ¿O es posible que sean mutuamente interdependientes en su desarrollo? ¿que sean recíprocos evolutivos, y que cada uno inicie el crecimiento del otro? De esto estamos seguros: las criaturas y los universos, altos y bajos, evolucionan dentro del Supremo, y a medida que evolucionan, aparece la suma unificada de toda la actividad finita de esta era universal. Y esta es la aparición del Ser Supremo, para todas las personalidades la evolución del poder todopoderoso de Dios el Supremo.
3. Importancia del Supremo para las criaturas del universo
117:3.1La realidad cósmica designada de diversas maneras como el Ser Supremo, Dios el Supremo y el Supremo Todopoderoso es la síntesis compleja y universal de las fases emergentes de todas las realidades finitas. La vasta diversificación de la energía eterna, del espíritu divino y de la mente universal alcanza su culminación finita en la evolución del Supremo, que es la suma total de todo el crecimiento finito, autorrealizado en niveles de deidad de compleción máxima finita.
117:3.2El Supremo es el canal divino por el que fluye la infinitud creadora de las triodidades que se cristaliza en el panorama galáctico del espacio, sobre cuyo fondo tiene lugar el magnífico drama de personalidad del tiempo: la conquista espiritual de la energía-materia por la mediación de la mente.
117:3.3Dijo Jesús: «Yo soy el camino vivo», y así él es el camino vivo desde el nivel material de la conciencia de sí hasta el nivel espiritual de la conciencia de Dios. Y así como él es este camino vivo de ascensión desde el yo hasta Dios, así el Supremo es el camino vivo desde la conciencia finita hasta la trascendencia de la conciencia, incluso hasta la comprensión profunda de la absonidad.
117:3.4El Hijo Creador de ustedes puede ser realmente tal canal vivo desde la humanidad hasta la divinidad, ya que ha experimentado personalmente la plenitud del recorrido de este camino universal de progresión, desde la verdadera humanidad de Josué ben José, el Hijo del Hombre, hasta la divinidad paradisíaca de Miguel de Nebadon, el Hijo del Dios infinito. De manera semejante, el Ser Supremo puede funcionar como el acceso universal a la trascendencia de las limitaciones finitas, porque él es la encarnación real y el compendio personal de toda la evolución, la progresión y la espiritualización de las criaturas. Incluso las experiencias en el gran universo de las personalidades que descienden del Paraíso son aquella parte de su experiencia que complementa su suma de las experiencias ascendentes de los peregrinos del tiempo.
117:3.5El hombre mortal está hecho a imagen de Dios en un sentido más que figurado. Desde un punto de vista físico, esta afirmación apenas es verdadera, pero con respecto a ciertas potencialidades del universo es un hecho real. En la raza humana se despliega algo del mismo drama de logro evolutivo que tiene lugar, a una escala muchísimo mayor, en el universo de universos. El hombre, una personalidad volitiva, se vuelve creador en enlace con un Ajustador, una entidad impersonal, en presencia de las potencialidades finitas del Supremo, y el resultado es el florecimiento de un alma inmortal. En los universos, las personalidades Creadoras del tiempo y del espacio funcionan en enlace con el espíritu impersonal de la Trinidad del Paraíso y llegan así a ser creadoras de un nuevo potencial de poder de la realidad de la Deidad.
117:3.6El hombre mortal, por ser una criatura, no es exactamente como el Ser Supremo, que es deidad, pero la evolución del hombre se parece de algunas maneras al crecimiento del Supremo. El hombre crece conscientemente desde lo material hacia lo espiritual por la fuerza, el poder y la persistencia de sus propias decisiones; crece también a medida que su Ajustador del Pensamiento desarrolla nuevas técnicas para descender desde lo espiritual hasta los niveles morontiales del alma; y, una vez que el alma llega a existir, empieza a crecer en sí misma y por sí misma.
117:3.7Esto se parece en cierto modo a la manera en que se expande el Ser Supremo. Su soberanía crece en los actos y logros de las Personalidades Creadoras Supremas y a partir de ellos; esa es la evolución de la majestad de su poder como gobernante del gran universo. Su naturaleza de deidad depende igualmente de la unidad preexistente de la Trinidad del Paraíso. Pero hay todavía otro aspecto en la evolución de Dios el Supremo: él no solo ha evolucionado por los Creadores y deriva de la Trinidad; también ha evolucionado por sí mismo y deriva de sí mismo. Dios el Supremo es él mismo un participante volitivo y creador en su propia actualización de deidad. El alma morontial humana es igualmente una asociada volitiva y cocreadora en su propia inmortalización.
117:3.8El Padre colabora con el Actor Conjunto en manipular las energías del Paraíso y en hacer que respondan al Supremo. El Padre colabora con el Hijo Eterno en la producción de personalidades Creadoras cuyos actos culminarán algún día en la soberanía del Supremo. El Padre colabora con el Hijo y con el Espíritu en la creación de personalidades de la Trinidad que funcionen como gobernantes del gran universo hasta el momento en que la evolución completada del Supremo lo capacite para asumir esa soberanía. El Padre coopera con sus coordinados de Deidad y de no Deidad de estas y de muchas otras maneras para promover la evolución de la Supremacía, pero también funciona solo en estos asuntos. Y su función solitaria se revela probablemente mejor en el ministerio de los Ajustadores del Pensamiento y de las entidades asociadas con ellos.
117:3.9La Deidad es unidad, una unidad que es existencial en la Trinidad y experiencial en el Supremo, y que en los mortales la criatura realiza mediante la fusión con el Ajustador. La presencia de los Ajustadores del Pensamiento en el hombre mortal revela la unidad esencial del universo, porque el hombre —el tipo más bajo posible de personalidad del universo— lleva dentro de sí un fragmento en acto de la realidad más elevada y eterna, esto es, del Padre original de todas las personalidades.
117:3.10El Ser Supremo evoluciona en virtud de su enlace con la Trinidad del Paraíso y como consecuencia de los éxitos de divinidad de los hijos creadores y administradores de esa Trinidad. El alma inmortal del hombre hace evolucionar su propio destino eterno por su asociación con la presencia divina del Padre del Paraíso y de acuerdo con las decisiones de personalidad de la mente humana. Lo que la Trinidad es para Dios el Supremo, el Ajustador lo es para el hombre en evolución.
117:3.11Durante la presente era universal, el Ser Supremo es aparentemente incapaz de funcionar directamente como creador, salvo en aquellos casos en que los agentes creadores del tiempo y del espacio han agotado las posibilidades finitas de acción. Hasta ahora, en la historia del universo, esto ha sucedido solo una vez; cuando se agotaron las posibilidades de acción finita en materia de reflectividad universal, entonces el Supremo funcionó como el culminador creador de todas las acciones creadoras anteriores. Y creemos que volverá a funcionar como culminador en eras futuras siempre que la condición de creador anterior haya completado un ciclo adecuado de actividad creadora.
117:3.12El Ser Supremo no creó al hombre, pero el hombre fue creado literalmente a partir de la potencialidad del Supremo, y su vida misma derivó de ella. Tampoco hace él evolucionar al hombre; y sin embargo el Supremo mismo es la esencia misma de la evolución. Desde el punto de vista finito, en realidad vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser dentro de la inmanencia del Supremo.
117:3.13Aparentemente, el Supremo no puede iniciar una causación original, pero parece ser el catalizador de todo el crecimiento del universo, y al parecer está destinado a proporcionar la culminación de la totalidad en lo que respecta al destino de todos los seres experienciales-evolutivos. El Padre origina el concepto de un cosmos finito; los Hijos Creadores factualizan esta idea en el tiempo y en el espacio con el consentimiento y la cooperación de los Espíritus Creativos; el Supremo culmina el total finito y establece su relación con el destino de lo absonito.
4. El Dios finito
117:4.1Cuando contemplamos las luchas incesantes de la creación de criaturas por la perfección de estado y la divinidad de ser, no podemos menos que creer que estos esfuerzos sin fin revelan la lucha incesante del Supremo por su autorrealización divina. Dios el Supremo es la Deidad finita, y debe hacer frente a los problemas de lo finito en el sentido total de esa palabra. Nuestras luchas con las vicisitudes del tiempo en las evoluciones del espacio son reflejos de sus esfuerzos por lograr la realidad de sí mismo y la compleción de la soberanía dentro de la esfera de acción que su naturaleza en evolución está expandiendo hasta los límites más extremos de lo posible.
117:4.2En todo el gran universo, el Supremo lucha por expresarse. Su evolución divina se basa en cierta medida en la acción sabia de cada personalidad existente. Cuando un ser humano elige la supervivencia eterna, está cocreando destino; y en la vida de este mortal ascendente, el Dios finito encuentra una medida mayor de autorrealización de la personalidad y una ampliación de la soberanía experiencial. Pero si una criatura rechaza la carrera eterna, aquella parte del Supremo que dependía de la elección de esta criatura sufre un retraso inevitable, una privación que debe compensarse con una experiencia sustitutiva o colateral; en cuanto a la personalidad del no superviviente, es absorbida en la superalma de la creación y llega a ser parte de la Deidad del Supremo.
117:4.3Dios confía tanto y ama tanto que entrega una porción de su naturaleza divina en las manos incluso de los seres humanos, para su custodia y su autorrealización. La naturaleza del Padre, la presencia del Ajustador, es indestructible sea cual sea la elección del ser mortal. El hijo del Supremo, el yo en evolución, puede ser destruido, a pesar de que la personalidad potencialmente unificadora de tal yo descarriado persistirá como un factor de la Deidad de la Supremacía.
117:4.4La personalidad humana puede verdaderamente destruir la individualidad de la condición de criatura, y aunque todo lo que valía la pena en la vida de tal suicida cósmico persistirá, estas cualidades no persistirán como una criatura individual. El Supremo volverá a encontrar expresión en las criaturas de los universos, pero nunca más como esa persona en particular; la personalidad única de un no ascendente vuelve al Supremo como una gota de agua vuelve al mar.
117:4.5Cualquier acción aislada de las partes personales de lo finito es relativamente irrelevante para la aparición final del Todo Supremo, pero el todo depende, no obstante, de los actos totales de las múltiples partes. La personalidad del mortal individual es insignificante frente al total de la Supremacía, pero la personalidad de cada ser humano representa un significado-valor insustituible en lo finito; la personalidad, una vez expresada, nunca vuelve a encontrar una expresión idéntica salvo en la existencia continuada de esa personalidad viva.
117:4.6Y así, mientras nos esforzamos por expresarnos a nosotros mismos, el Supremo se esfuerza en nosotros, y con nosotros, por la expresión de deidad. Así como nosotros encontramos al Padre, así el Supremo ha vuelto a encontrar al Creador del Paraíso de todas las cosas. Así como dominamos los problemas de la autorrealización, así el Dios de la experiencia está logrando la supremacía todopoderosa en los universos del tiempo y del espacio.
117:4.7La humanidad no asciende sin esfuerzo en el universo, ni el Supremo evoluciona sin una acción intencionada e inteligente. Las criaturas no alcanzan la perfección por mera pasividad, ni puede el espíritu de la Supremacía factualizar el poder del Todopoderoso sin un ministerio de servicio incesante a la creación finita.
117:4.8La relación temporal del hombre con el Supremo es el fundamento de la moralidad cósmica, la sensibilidad y la aceptación universales del deber. Esta es una moralidad que trasciende el sentido temporal del bien y del mal relativos; es una moralidad basada directamente en la apreciación, por parte de la criatura consciente de sí, de la obligación experiencial para con la Deidad experiencial. El hombre mortal y todas las demás criaturas finitas son creados a partir del potencial vivo de energía, mente y espíritu que existe en el Supremo. Es al Supremo a quien recurre el ascendente Ajustador-mortal para la creación del carácter inmortal y divino de un finalitario. Es a partir de la realidad misma del Supremo como el Ajustador, con el consentimiento de la voluntad humana, teje los patrones de la naturaleza eterna de un hijo ascendente de Dios.
117:4.9La evolución del progreso del Ajustador en la espiritualización y eternización de una personalidad humana produce directamente una ampliación de la soberanía del Supremo. Tales logros de la evolución humana son al mismo tiempo logros de la actualización evolutiva del Supremo. Si bien es cierto que las criaturas no podrían evolucionar sin el Supremo, probablemente también es cierto que la evolución del Supremo nunca podrá lograrse plenamente con independencia de la evolución completada de todas las criaturas. Aquí reside la gran responsabilidad cósmica de las personalidades conscientes de sí: que la Deidad Suprema depende en cierto sentido de la elección de la voluntad mortal. Y la progresión mutua de la evolución de las criaturas y de la evolución Suprema se indica fiel y plenamente a los Ancianos de Días mediante los mecanismos inescrutables de la reflectividad universal.
117:4.10El gran desafío que se ha dado al hombre mortal es este: ¿decidirán ustedes personalizar los significados de valor experienciables del cosmos en su propia mismidad en evolución? ¿o, al rechazar la supervivencia, permitirán que estos secretos de la Supremacía permanezcan latentes, en espera de la acción de otra criatura en algún otro tiempo que intentará a su manera una contribución de criatura a la evolución del Dios finito? Pero esa será la contribución de aquella criatura al Supremo, no la de ustedes.
117:4.11La gran lucha de esta era universal se da entre el potencial y el acto—la búsqueda de actualización por parte de todo lo que aún no se ha expresado. Si el hombre mortal emprende la aventura del Paraíso, sigue los movimientos del tiempo, que fluyen como corrientes dentro del caudal de la eternidad; si el hombre mortal rechaza la carrera eterna, se mueve en contra del caudal de los acontecimientos en los universos finitos. La creación mecánica avanza inexorablemente de acuerdo con el propósito que despliega el Padre del Paraíso, pero la creación volitiva tiene la opción de aceptar o de rechazar el papel de participación de la personalidad en la aventura de la eternidad. El hombre mortal no puede destruir los valores supremos de la existencia humana, pero sí puede impedir muy definitivamente la evolución de estos valores en su propia experiencia personal. En la medida en que el yo humano se niega así a tomar parte en el ascenso al Paraíso, en esa misma medida se retrasa el Supremo en lograr la expresión de la divinidad en el gran universo.
117:4.12A la custodia del hombre mortal se ha confiado no solo la presencia del Ajustador del Padre del Paraíso, sino también el control sobre el destino de una fracción infinitesimal del futuro del Supremo. Porque, así como el hombre alcanza el destino humano, así el Supremo logra el destino en los niveles de deidad.
117:4.13Y así, la decisión espera a cada uno de ustedes como una vez nos esperó a cada uno de nosotros: ¿le fallarán al Dios del tiempo, que tanto depende de las decisiones de la mente finita? ¿le fallarán a la personalidad Suprema de los universos por la pereza de la regresión animal? ¿le fallarán al gran hermano de todas las criaturas, que tanto depende de cada criatura? ¿pueden permitirse pasar al reino de lo no realizado cuando ante ustedes se extiende la visión encantadora de la carrera universal—el descubrimiento divino del Padre del Paraíso y la participación divina en la búsqueda y la evolución del Dios de la Supremacía?
117:4.14Los dones de Dios —su otorgamiento de realidad— no son separaciones de sí mismo; él no aleja de sí la creación, pero ha establecido tensiones en las creaciones que circundan el Paraíso. Dios ama primero al hombre y le confiere el potencial de la inmortalidad —la realidad eterna. Y a medida que el hombre ama a Dios, el hombre se hace eterno en acto. Y aquí hay un misterio: cuanto más se acerca el hombre a Dios por medio del amor, mayor es la realidad— la realidad en acto —de ese hombre. Cuanto más se aparta el hombre de Dios, más se acerca a la irrealidad— el cese de la existencia. Cuando el hombre consagra su voluntad a hacer la voluntad del Padre, cuando el hombre le da a Dios todo lo que tiene, entonces Dios hace a ese hombre más de lo que es.
5. La superalma de la creación
117:5.1El gran Supremo es la superalma cósmica del gran universo. En él, las cualidades y cantidades del cosmos encuentran en verdad su reflejo de deidad; su naturaleza de deidad es el compuesto en mosaico de la vastedad total de toda la naturaleza criatura-Creador en todos los universos en evolución. Y el Supremo es también una Deidad que se actualiza y que encarna una voluntad creadora que abarca un propósito universal en evolución.
117:5.2Los yoes intelectuales, potencialmente personales, de lo finito surgen de la Tercera Fuente y Centro y logran en el Supremo la síntesis finita de Deidad del tiempo-espacio. Cuando la criatura se somete a la voluntad del Creador, no sumerge ni entrega su personalidad; las personalidades individuales que participan en la actualización del Dios finito no pierden su mismidad volitiva al funcionar así. Más bien, tales personalidades se acrecientan progresivamente al participar en esta gran aventura de la Deidad; mediante tal unión con la divinidad, el hombre exalta, enriquece, espiritualiza y unifica su yo en evolución hasta el umbral mismo de la supremacía.
117:5.3El alma inmortal en evolución del hombre, creación conjunta de la mente material y del Ajustador, asciende como tal al Paraíso y después, cuando es incorporada al Cuerpo de los Finalitarios, queda aliada de una manera nueva con el circuito de gravedad espiritual del Hijo Eterno mediante una técnica de experiencia conocida como trascendación de los finalitarios. Así, tales finalitarios se convierten en candidatos aceptables para el reconocimiento experiencial como personalidades de Dios el Supremo. Y cuando estos intelectos mortales, en las misiones futuras no reveladas del Cuerpo de los Finalitarios, alcancen la séptima etapa de existencia espiritual, tales mentes duales llegarán a ser trinas. Estas dos mentes sintonizadas, la humana y la divina, serán glorificadas en unión con la mente experiencial del Ser Supremo, entonces actualizado.
117:5.4En el futuro eterno, Dios el Supremo será actualizado —expresado creativamente y retratado espiritualmente— en la mente espiritualizada, el alma inmortal, del hombre ascendente, así como el Padre Universal fue revelado de este modo en la vida terrenal de Jesús.
117:5.5El hombre no se une con el Supremo sumergiendo su identidad personal, pero las repercusiones universales de la experiencia de todos los hombres forman así parte de la experiencia divina del Supremo. «El acto es nuestro; las consecuencias, de Dios».
117:5.6La personalidad que progresa deja un rastro de realidad actualizada a medida que pasa por los niveles ascendentes de los universos. Sean mente, espíritu o energía, las creaciones crecientes del tiempo y del espacio se modifican por la progresión de la personalidad a través de sus dominios. Cuando el hombre actúa, el Supremo reacciona, y esta transacción constituye el hecho de la progresión.
117:5.7Los grandes circuitos de energía, mente y espíritu nunca son posesiones permanentes de la personalidad ascendente; estos ministerios siguen siendo para siempre parte de la Supremacía. En la experiencia mortal, el intelecto humano reside en las pulsaciones rítmicas de los espíritus ayudantes de la mente y efectúa sus decisiones dentro del ámbito que produce la inclusión en el circuito de este ministerio. Con la muerte mortal, el yo humano queda separado para siempre del circuito ayudante. Aunque estos ayudantes nunca parecen transmitir experiencia de una personalidad a otra, pueden transmitir, y de hecho transmiten, las repercusiones impersonales de la acción-decisión a través de Dios el Séptuple hasta Dios el Supremo. (Al menos esto es cierto de los ayudantes de adoración y de sabiduría.)
117:5.8Y así sucede con los circuitos espirituales: el hombre los utiliza en su ascenso a través de los universos, pero nunca los posee como parte de su personalidad eterna. Pero estos circuitos de ministerio espiritual, ya sea el Espíritu de la Verdad, el Espíritu Santo o las presencias espirituales del superuniverso, son receptivos y reactivos a los valores que surgen en la personalidad ascendente, y estos valores se transmiten fielmente a través del Séptuple hasta el Supremo.
117:5.9Aunque influencias espirituales como el Espíritu Santo y el Espíritu de la Verdad son ministerios del universo local, su guía no se limita del todo a las limitaciones geográficas de una creación local dada. Cuando el mortal ascendente pasa más allá de las fronteras de su universo local de origen, no queda del todo privado del ministerio del Espíritu de la Verdad, que tan constantemente lo ha enseñado y guiado a través de los laberintos filosóficos de los mundos materiales y morontiales, dirigiendo infaliblemente al peregrino del Paraíso en cada crisis de la ascensión y diciendo siempre: «Este es el camino». Cuando ustedes dejen los dominios del universo local, mediante el ministerio del espíritu del Ser Supremo emergente y mediante las provisiones de la reflectividad del superuniverso, seguirán siendo guiados en su ascenso al Paraíso por el espíritu director y consolador de los Hijos de Dios de otorgamiento del Paraíso.
117:5.10¿Cómo registran estos múltiples circuitos de ministerio cósmico en el Supremo los significados, los valores y los hechos de la experiencia evolutiva? No estamos del todo seguros, pero creemos que este registro se realiza a través de las personas de los Creadores Supremos de origen paradisíaco, que son los otorgadores inmediatos de estos circuitos del tiempo y del espacio. Las acumulaciones de experiencia mental de los siete espíritus ayudantes de la mente, en su ministerio al nivel físico del intelecto, forman parte de la experiencia de la Ministra Divina en el universo local, y a través de este Espíritu Creativo probablemente quedan registradas en la mente de la Supremacía. Igualmente, las experiencias mortales con el Espíritu de la Verdad y con el Espíritu Santo probablemente se registran mediante técnicas similares en la persona de la Supremacía.
117:5.11Incluso la experiencia del hombre y del Ajustador debe encontrar eco en la divinidad de Dios el Supremo, porque, al experimentar, los Ajustadores son como el Supremo, y el alma en evolución del hombre mortal se crea a partir de la posibilidad preexistente de tal experiencia dentro del Supremo.
117:5.12De esta manera, las múltiples experiencias de toda la creación llegan a formar parte de la evolución de la Supremacía. Las criaturas simplemente utilizan las cualidades y cantidades de lo finito al ascender hacia el Padre; las consecuencias impersonales de tal utilización siguen siendo para siempre parte del cosmos vivo, la persona Suprema.
117:5.13Lo que el hombre mismo lleva consigo como posesión de personalidad son las consecuencias de carácter de la experiencia de haber utilizado los circuitos de mente y de espíritu del gran universo en su ascenso al Paraíso. Cuando el hombre decide, y cuando consuma esta decisión en la acción, el hombre experimenta, y los significados y los valores de esta experiencia son para siempre parte de su carácter eterno en todos los niveles, desde lo finito hasta lo final. El carácter cósmicamente moral y divinamente espiritual representa la acumulación de capital de la criatura en decisiones personales que han sido iluminadas por la adoración sincera, glorificadas por el amor inteligente y consumadas en el servicio fraternal.
117:5.14El Supremo en evolución compensará con el tiempo a las criaturas finitas por su incapacidad de lograr jamás más que un contacto experiencial limitado con el universo de universos. Las criaturas pueden alcanzar al Padre del Paraíso, pero sus mentes evolutivas, por ser finitas, son incapaces de comprender realmente al Padre infinito y absoluto. Pero, como toda la experiencia de las criaturas se registra en el Supremo y forma parte de él, cuando todas las criaturas alcancen el nivel final de la existencia finita, y después de que el desarrollo universal total haga posible que alcancen a Dios el Supremo como una presencia de divinidad en acto, entonces, inherente al hecho de tal contacto, está el contacto con la experiencia total. Lo finito del tiempo contiene en sí las semillas de la eternidad; y se nos enseña que, cuando la plenitud de la evolución presencie el agotamiento de la capacidad de crecimiento cósmico, el total finito emprenderá las fases absonitas de la carrera eterna en busca del Padre como Último.
6. La búsqueda del Supremo
117:6.1Buscamos al Supremo en los universos, pero no lo encontramos. «Él es el dentro y el fuera de todas las cosas y de todos los seres, en movimiento y en reposo. Irreconocible en su misterio, aunque lejano, está sin embargo cerca». El Supremo Todopoderoso es «la forma de lo aún no formado, el patrón de lo aún no creado». El Supremo es el hogar universal de ustedes, y cuando lo encuentren, será como volver a casa. Él es su progenitor experiencial, y así como sucede en la experiencia de los seres humanos, él ha crecido en la experiencia de ser progenitor divino. Él los conoce porque es semejante a la criatura además de semejante al creador.
117:6.2Si ustedes desean de verdad encontrar a Dios, no pueden evitar que nazca en sus mentes la conciencia del Supremo. Así como Dios es su Padre divino, así el Supremo es su Madre divina, en quien ustedes son nutridos a lo largo de sus vidas como criaturas del universo. «¡Cuán universal es el Supremo—está en todas partes! Las cosas ilimitadas de la creación dependen de su presencia para vivir, y a ninguna se le niega».
117:6.3Lo que Miguel es para Nebadon, el Supremo lo es para el cosmos finito; su Deidad es la gran avenida por la que el amor del Padre fluye hacia fuera, hacia toda la creación, y él es la gran avenida por la que las criaturas finitas pasan hacia dentro en su búsqueda del Padre, que es amor. Incluso los Ajustadores del Pensamiento están relacionados con él; en su naturaleza original y en su divinidad son como el Padre, pero cuando experimentan las transacciones del tiempo en los universos del espacio, se vuelven como el Supremo.
117:6.4El acto de la criatura que elige hacer la voluntad del Creador es un valor cósmico y tiene un significado universal al que reacciona de inmediato cierta fuerza de coordinación no revelada pero ubicua, probablemente el funcionamiento de la acción siempre creciente del Ser Supremo.
117:6.5El alma morontial de un mortal en evolución es en realidad hijo de la acción del Ajustador del Padre Universal e hijo de la reacción cósmica del Ser Supremo, la Madre Universal. La influencia materna domina la personalidad humana durante toda la infancia del alma en crecimiento en el universo local. La influencia de los progenitores de Deidad se vuelve más equilibrada después de la fusión con el Ajustador y durante la carrera en el superuniverso, pero cuando las criaturas del tiempo empiezan a recorrer el universo central de la eternidad, la naturaleza del Padre se manifiesta cada vez más, y alcanza su punto más alto de manifestación finita con el reconocimiento del Padre Universal y la admisión en el Cuerpo de los Finalitarios.
117:6.6En la experiencia de alcanzar el estado de finalitario, y a través de ella, las cualidades maternas experienciales del yo ascendente quedan tremendamente afectadas por el contacto y la infusión con la presencia espiritual del Hijo Eterno y la presencia mental del Espíritu Infinito. Entonces, en todos los ámbitos de la actividad finalitaria en el gran universo, aparece un nuevo despertar del potencial materno latente del Supremo, una nueva realización de los significados experienciales y una nueva síntesis de los valores experienciales de toda la carrera de ascensión. Parece que esta realización del yo continuará en las carreras universales de los finalitarios de la sexta etapa hasta que la herencia materna del Supremo alcance una sincronía finita con la herencia de Ajustador del Padre. Este período intrigante de función en el gran universo representa la carrera adulta continuada del mortal ascendente y perfeccionado.
117:6.7Al completarse la sexta etapa de existencia y al entrar en la séptima y última etapa del estado espiritual, sobrevendrán probablemente las eras progresivas de experiencia enriquecedora, sabiduría que madura y realización de la divinidad. En la naturaleza del finalitario, esto equivaldrá probablemente al logro completo de la lucha de la mente por la autorrealización espiritual, la compleción de la coordinación de la naturaleza humana ascendente con la naturaleza divina del Ajustador dentro de los límites de las posibilidades finitas. Un yo universal tan magnífico llega a ser así el hijo finalitario eterno del Padre del Paraíso, así como el hijo universal eterno de la Madre Suprema, un yo universal capacitado para representar tanto al Padre como a la Madre de los universos y de las personalidades en cualquier actividad o empresa relativa a la administración finita de las cosas y los seres creados, creadores o en evolución.
117:6.8Todos los humanos que hacen evolucionar un alma son literalmente los hijos evolutivos de Dios el Padre y de Dios la Madre, el Ser Supremo. Pero, hasta que el hombre mortal tome conciencia, en el alma, de su herencia divina, esta seguridad del parentesco con la Deidad debe realizarse por la fe. La experiencia de la vida humana es el capullo cósmico en el que las dotes universales del Ser Supremo y la presencia universal del Padre Universal (ninguna de las cuales es personalidad) hacen evolucionar el alma morontial del tiempo y el carácter finalitario humano-divino del destino universal y del servicio eterno.
117:6.9Los hombres olvidan con demasiada frecuencia que Dios es la mayor experiencia de la existencia humana. Las demás experiencias son limitadas en su naturaleza y contenido, pero la experiencia de Dios no tiene más límites que los de la capacidad de comprensión de la criatura, y esta misma experiencia amplía en sí misma la capacidad. Cuando los hombres buscan a Dios, buscan todo. Cuando encuentran a Dios, han encontrado todo. La búsqueda de Dios es el otorgamiento sin reservas de amor, acompañado de descubrimientos asombrosos de un amor nuevo y mayor que otorgar.
117:6.10Todo amor verdadero viene de Dios, y el hombre recibe el afecto divino a medida que él mismo otorga este amor a sus semejantes. El amor es dinámico. Nunca puede ser capturado; está vivo, es libre, emocionante y siempre se mueve. El hombre nunca puede tomar el amor del Padre y encerrarlo en su corazón. El amor del Padre solo puede hacerse real para el hombre mortal al pasar a través de la personalidad de ese hombre cuando él, a su vez, otorga este amor a sus semejantes. El gran circuito del amor va del Padre, a través de los hijos, a los hermanos, y de ahí al Supremo. El amor del Padre aparece en la personalidad mortal por el ministerio del Ajustador que mora en ella. Tal hijo que conoce a Dios revela este amor a sus hermanos del universo, y este afecto fraternal es la esencia del amor del Supremo.
117:6.11No hay acceso al Supremo sino por la experiencia, y en las épocas actuales de la creación hay solo tres vías por las que las criaturas pueden acercarse a la Supremacía:
117:6.121. Los Ciudadanos del Paraíso descienden desde la Isla eterna a través de Havona, donde adquieren capacidad para comprender la Supremacía mediante la observación de la diferencia de realidad entre el Paraíso y Havona y mediante el descubrimiento exploratorio de las múltiples actividades de las Personalidades Creadoras Supremas, desde los Espíritus Maestros hasta los Hijos Creadores.
117:6.132. Los ascendentes del tiempo-espacio que suben desde los universos evolutivos de los Creadores Supremos se acercan mucho al Supremo al recorrer Havona, como paso preliminar a la apreciación creciente de la unidad de la Trinidad del Paraíso.
117:6.143. Los nativos de Havona adquieren una comprensión del Supremo mediante los contactos con los peregrinos que descienden del Paraíso y con los peregrinos que ascienden desde los siete superuniversos. Los nativos de Havona están por naturaleza en posición de armonizar los puntos de vista esencialmente diferentes de los ciudadanos de la Isla eterna y de los ciudadanos de los universos evolutivos.
117:6.15Para las criaturas evolutivas hay siete grandes vías de acceso al Padre Universal, y cada una de estas ascensiones al Paraíso pasa a través de la divinidad de uno de los Siete Espíritus Maestros; y cada uno de estos accesos se hace posible por una ampliación de la receptividad a la experiencia, que resulta de que la criatura haya servido en el superuniverso que refleja la naturaleza de ese Espíritu Maestro. La suma total de estas siete experiencias constituye los límites conocidos en el presente de la conciencia que una criatura tiene de la realidad y de la realidad en acto de Dios el Supremo.
117:6.16No son solo las propias limitaciones del hombre las que le impiden encontrar al Dios finito; es también la incompleción del universo; incluso la incompleción de todas las criaturas —pasadas, presentes y futuras— hace inaccesible al Supremo. Dios el Padre puede ser encontrado por cualquier individuo que haya alcanzado el nivel divino de semejanza con Dios, pero Dios el Supremo nunca será descubierto personalmente por una sola criatura hasta ese tiempo lejanísimo en que, mediante el logro universal de la perfección, todas las criaturas lo encontrarán simultáneamente.
117:6.17Aunque ustedes no pueden, en esta era universal, encontrarlo personalmente como pueden encontrar, y encontrarán, al Padre, al Hijo y al Espíritu, sin embargo, el ascenso al Paraíso y la carrera universal posterior irán creando gradualmente en su conciencia el reconocimiento de la presencia universal y de la acción cósmica del Dios de toda experiencia. Los frutos del espíritu son la sustancia del Supremo tal como puede realizarse en la experiencia humana.
117:6.18El logro que el hombre hará algún día del Supremo es consecuencia de su fusión con el espíritu de la Deidad del Paraíso. En el caso de los urantianos, este espíritu es la presencia del Ajustador del Padre Universal; y aunque el Monitor de Misterio procede del Padre y es como el Padre, dudamos que incluso un don divino como este pueda llevar a cabo la tarea imposible de revelar la naturaleza del Dios infinito a una criatura finita. Sospechamos que lo que los Ajustadores revelarán a los futuros finalitarios de la séptima etapa será la divinidad y la naturaleza de Dios el Supremo. Y esta revelación será para una criatura finita lo que la revelación del Infinito sería para un ser absoluto.
117:6.19El Supremo no es infinito, pero probablemente abarca todo lo de la infinitud que una criatura finita puede jamás comprender realmente. ¡Comprender más que el Supremo es ser más que finito!
117:6.20Todas las creaciones experienciales son interdependientes en la realización de su destino. Solo la realidad existencial es autosuficiente y autoexistente. Havona y los siete superuniversos se necesitan mutuamente para lograr el máximo de consecución finita; del mismo modo, algún día dependerán de los futuros universos del espacio exterior para la trascendencia finita.
117:6.21Un ascendente humano puede encontrar al Padre; Dios es existencial y, por lo tanto, real, independientemente del estado de la experiencia en el universo total. Pero ningún ascendente individual encontrará jamás al Supremo hasta que todos los ascendentes hayan alcanzado esa madurez universal máxima que los capacite para participar simultáneamente en este descubrimiento.
117:6.22El Padre no hace distinción de personas; a cada uno de sus hijos ascendentes lo trata como un individuo cósmico. Tampoco el Supremo hace distinción de personas; a sus hijos experienciales los trata como un único total cósmico.
117:6.23El hombre puede descubrir al Padre en su corazón, pero tendrá que buscar al Supremo en los corazones de todos los demás hombres; y cuando todas las criaturas revelen perfectamente el amor del Supremo, entonces él llegará a ser una realidad universal en acto para todas las criaturas. Y esa es solo otra manera de decir que los universos quedarán establecidos en luz y vida.
117:6.24El logro de la autorrealización perfeccionada por todas las personalidades, más el logro del equilibrio perfeccionado en todos los universos, equivale al logro del Supremo y presencia la liberación de toda realidad finita de las limitaciones de la existencia incompleta. Tal agotamiento de todos los potenciales finitos produce el logro completado del Supremo y puede definirse también como la actualización evolutiva completada del Ser Supremo mismo.
117:6.25Los hombres no encuentran al Supremo de forma repentina y espectacular, como un terremoto abre grietas en las rocas, sino que lo encuentran lenta y pacientemente, como un río desgasta en silencio el suelo que tiene debajo.
117:6.26Cuando encuentren al Padre, encontrarán la gran causa de su ascenso espiritual en los universos; cuando encuentren al Supremo, descubrirán el gran resultado de su carrera de progresión hacia el Paraíso.
117:6.27Pero ningún mortal que conoce a Dios puede estar jamás solo en su viaje a través del cosmos, porque sabe que el Padre camina a su lado en cada paso del camino, mientras que el camino mismo que recorre es la presencia del Supremo.
7. El futuro del Supremo
117:7.1La realización completada de todos los potenciales finitos equivale a la compleción de la realización de toda la experiencia evolutiva. Esto sugiere la aparición final del Supremo como una presencia de Deidad todopoderosa en los universos. Creemos que el Supremo, en esta etapa de desarrollo, estará tan diferenciadamente personalizado como lo está el Hijo Eterno, tan concretamente dotado de poder como lo está la Isla del Paraíso, tan completamente unificado como lo está el Actor Conjunto, y todo esto dentro de las limitaciones de las posibilidades finitas de la Supremacía en la culminación de la presente era universal.
117:7.2Aunque este es un concepto del todo correcto del futuro del Supremo, quisiéramos llamar la atención sobre ciertos problemas inherentes a este concepto:
117:7.31. Difícilmente podrían ser deitizados los Supervisores Incondicionados del Supremo en ninguna etapa anterior a su evolución completada, y sin embargo estos mismos supervisores ejercen ya ahora, de manera condicionada, la soberanía de la supremacía en lo que respecta a los universos establecidos en luz y vida.
117:7.42. Difícilmente podría el Supremo funcionar en la Trinidad Última hasta haber alcanzado la completa realidad en acto del estado universal, y sin embargo la Trinidad Última es ya ahora una realidad condicionada, y a ustedes se les ha informado de la existencia de los Vicegerentes Condicionados del Último.
117:7.53. El Supremo no es completamente real para las criaturas del universo, pero hay muchas razones para deducir que es bastante real para la Deidad Séptuple, que se extiende desde el Padre Universal en el Paraíso hasta los Hijos Creadores y los Espíritus Creativos de los universos locales.
117:7.6Puede ser que en los límites superiores de lo finito, donde el tiempo se une al tiempo trascendido, haya cierta clase de difuminación y mezcla de la secuencia. Puede ser que el Supremo sea capaz de proyectar su presencia universal sobre estos niveles de supertiempo y luego, en un grado limitado, anticipar la evolución futura reflejando esta proyección del futuro de vuelta a los niveles creados como la Inmanencia de lo Incompleto Proyectado. Tales fenómenos pueden observarse dondequiera que lo finito entra en contacto con lo superfinito, como en las experiencias de los seres humanos en quienes moran Ajustadores del Pensamiento que son verdaderas predicciones de los logros universales futuros del hombre a lo largo de toda la eternidad.
117:7.7Cuando los mortales ascendentes son admitidos en el cuerpo de finalitarios del Paraíso, prestan un juramento a la Trinidad del Paraíso, y al prestar este juramento de lealtad, se comprometen por ello a una fidelidad eterna a Dios el Supremo, que es la Trinidad tal como la comprenden todas las personalidades de criaturas finitas. Más tarde, a medida que las compañías de finalitarios funcionan en los universos en evolución, responden únicamente a los mandatos de origen paradisíaco hasta los tiempos memorables del establecimiento de los universos locales en luz y vida. Cuando las nuevas organizaciones de gobierno de estas creaciones perfeccionadas empiezan a reflejar la soberanía emergente del Supremo, observamos que las compañías de finalitarios más alejadas reconocen entonces la autoridad jurisdiccional de esos nuevos gobiernos. Parece que Dios el Supremo está evolucionando como el unificador del evolutivo Cuerpo de los Finalitarios, pero es muy probable que el destino eterno de estos siete cuerpos sea dirigido por el Supremo como miembro de la Trinidad Última.
117:7.8El Ser Supremo contiene tres posibilidades superfinitas de manifestación universal:
117:7.91. Colaboración absonita en la primera Trinidad experiencial.
117:7.102. Relación coabsoluta en la segunda Trinidad experiencial.
117:7.113. Participación coinfinita en la Trinidad de Trinidades, pero no tenemos un concepto satisfactorio de lo que esto significa realmente.
117:7.12Esta es una de las hipótesis generalmente aceptadas sobre el futuro del Supremo, pero hay también muchas especulaciones acerca de sus relaciones con el gran universo presente después de que este alcance el estado de luz y vida.
117:7.13La meta presente de los superuniversos es llegar a ser perfectos, tal como son y dentro de sus potenciales, así como lo es Havona. Esta perfección se refiere al logro físico y espiritual, e incluso al desarrollo administrativo, gubernamental y fraternal. Se cree que, en las eras venideras, las posibilidades de desarmonía, desajuste y mala adaptación se agotarán finalmente en los superuniversos. Los circuitos de energía estarán en perfecto equilibrio y en completa sujeción a la mente, mientras que el espíritu, en presencia de la personalidad, habrá logrado el dominio de la mente.
117:7.14Se conjetura que en ese tiempo lejanísimo la persona espiritual del Supremo y el poder alcanzado del Todopoderoso habrán logrado un desarrollo coordinado, y que ambos, unificados en la Mente Suprema y por ella, se factualizarán como el Ser Supremo, una realidad completada en acto en los universos—una realidad en acto que podrán observar todas las inteligencias de criaturas, a la que reaccionarán todas las energías creadas, que estará coordinada en todas las entidades espirituales y que experimentarán todas las personalidades del universo.
117:7.15Este concepto implica la soberanía en acto del Supremo en el gran universo. Es del todo probable que los actuales administradores de la Trinidad continúen como sus vicegerentes, pero creemos que las demarcaciones presentes entre los siete superuniversos desaparecerán gradualmente y que todo el gran universo funcionará como un todo perfeccionado.
117:7.16Es posible que el Supremo resida entonces personalmente en Uversa, la sede central de Orvonton, desde donde dirigirá la administración de las creaciones del tiempo, pero esto es en realidad solo una conjetura. Con todo, es seguro que con la personalidad del Ser Supremo se podrá entrar en contacto de forma definida en algún lugar específico, aunque la ubicuidad de su presencia de Deidad probablemente seguirá impregnando el universo de universos. No sabemos cuál será la relación de los ciudadanos de los superuniversos de esa era con el Supremo, pero puede ser algo parecido a la relación presente entre los nativos de Havona y la Trinidad del Paraíso.
117:7.17El gran universo perfeccionado de aquellos días futuros será enormemente diferente de lo que es ahora. Habrán desaparecido las emocionantes aventuras de la organización de las galaxias del espacio, de la siembra de la vida en los mundos inciertos del tiempo y de la evolución de la armonía a partir del caos, de la belleza a partir de los potenciales, de la verdad a partir de los significados y de la bondad a partir de los valores. ¡Los universos del tiempo habrán alcanzado el cumplimiento del destino finito! Y quizá durante un tiempo haya descanso, un reposo de la lucha de edades por la perfección evolutiva. ¡Pero no por mucho tiempo! Con certeza, con seguridad e inexorablemente, el enigma de la Deidad emergente de Dios el Último desafiará a estos ciudadanos perfeccionados de los universos establecidos, así como sus antepasados evolutivos, en plena lucha, fueron desafiados una vez por la búsqueda de Dios el Supremo. El telón del destino cósmico se descorrerá para revelar la grandeza trascendente de la atrayente búsqueda absonita del logro del Padre Universal en esos niveles nuevos y más altos revelados en el grado último de la experiencia de las criaturas.
117:7.18[Patrocinado por un Mensajero Poderoso que reside temporalmente en Urantia.]