Parte III · Documento 111

El Ajustador y el alma

111:0.1LA presencia del Ajustador divino en la mente humana hace que sea para siempre imposible que la ciencia o la filosofía lleguen a una comprensión satisfactoria del alma en evolución de la personalidad humana. El alma morontial es hija del universo y solo se puede conocer realmente mediante el discernimiento cósmico y el descubrimiento espiritual.

111:0.2El concepto de un alma y de un espíritu que mora en el interior no es nuevo en Urantia; ha aparecido con frecuencia en los diversos sistemas de creencias planetarias. Muchas de las religiones orientales, así como algunas de las occidentales, han percibido que el hombre es divino por su legado, además de humano por su herencia. El sentimiento de la presencia interior, además de la omnipresencia externa de la Deidad, forma parte desde hace mucho de muchas religiones urantianas. Desde hace mucho, los hombres creen que hay algo que crece dentro de la naturaleza humana, algo vital que está destinado a perdurar más allá del breve lapso de la vida temporal.

111:0.3Antes de que el hombre se diera cuenta de que su alma en evolución tenía por padre a un espíritu divino, se pensaba que residía en diferentes órganos físicos—el ojo, el hígado, el riñón, el corazón y, más tarde, el cerebro. El salvaje asociaba el alma con la sangre, el aliento, las sombras y los reflejos de sí mismo en el agua.

111:0.4En la concepción del atman, los maestros hindúes llegaron realmente a aproximarse a una apreciación de la naturaleza y la presencia del Ajustador, pero no lograron distinguir la copresencia del alma en evolución y potencialmente inmortal. Los chinos, sin embargo, reconocían dos aspectos del ser humano, el yang y el yin, el alma y el espíritu. Los egipcios y muchas tribus africanas también creían en dos factores, el ka y el ba; por lo general no se creía que el alma fuera preexistente, solo el espíritu.

111:0.5Los habitantes del valle del Nilo creían que a cada individuo favorecido se le otorgaba al nacer, o poco después, un espíritu protector al que llamaban el ka. Enseñaban que este espíritu guardián permanecía con el sujeto mortal durante toda la vida y pasaba antes que él al estado futuro. En los muros de un templo de Luxor, donde se representa el nacimiento de Amenhotep III, el pequeño príncipe aparece en el brazo del dios del Nilo, y cerca de él hay otro niño, de aspecto idéntico al del príncipe, que es un símbolo de aquella entidad que los egipcios llamaban el ka. Esta escultura se terminó en el siglo XV antes de Cristo.

111:0.6Se pensaba que el ka era un genio espiritual superior que deseaba guiar al alma mortal asociada por los mejores caminos de la vida temporal, pero más especialmente influir en la suerte del sujeto humano en el más allá. Cuando moría un egipcio de esta época, se esperaba que su ka lo estuviera aguardando al otro lado del Gran Río. Al principio, se suponía que solo los reyes tenían kas, pero pronto se creyó que todos los hombres justos los poseían. Un gobernante egipcio, al hablar del ka que había en su corazón, dijo: «No desatendí su palabra; temí transgredir su guía. Por ello prosperé en gran manera; así tuve éxito gracias a lo que me hizo hacer; me distinguí por su guía». Muchos creían que el ka era «un oráculo de Dios en cada persona». Muchos creían que habían de «pasar la eternidad con alegría de corazón en el favor del Dios que está en ti».

111:0.7Toda raza de mortales urantianos en evolución tiene una palabra equivalente al concepto de alma. Muchos pueblos primitivos creían que el alma miraba el mundo a través de los ojos humanos; por eso temían con tanta cobardía la malevolencia del mal de ojo. Desde hace mucho creen que «el espíritu del hombre es la lámpara del Señor». El Rig-Veda dice: «Mi mente habla a mi corazón».

1. La mente, escenario de la elección

111:1.1Aunque la obra de los Ajustadores es de naturaleza espiritual, estos deben, por fuerza, hacer toda su obra sobre una base intelectual. La mente es el suelo humano del que el Monitor espiritual debe hacer evolucionar el alma morontial con la cooperación de la personalidad en la que mora.

111:1.2Hay una unidad cósmica en los diversos niveles de mente del universo de universos. Los yoes intelectuales tienen su origen en la mente cósmica de un modo muy parecido a como las nebulosas se originan en las energías cósmicas del espacio del universo. En el nivel humano (y, por tanto, personal) de los yoes intelectuales, el potencial de evolución espiritual se vuelve dominante, con el asentimiento de la mente mortal, debido a los dones espirituales de la personalidad humana junto con la presencia creativa de un punto-entidad de valor absoluto en esos yoes humanos. Pero ese dominio espiritual de la mente material está condicionado a dos experiencias: esta mente debe haber evolucionado hacia arriba mediante el ministerio de los siete espíritus ayudantes de la mente, y el yo material (personal) debe elegir cooperar con el Ajustador que mora en él para crear y fomentar el yo morontial, el alma evolutiva y potencialmente inmortal.

111:1.3La mente material es el escenario en el que las personalidades humanas viven, tienen conciencia de sí, toman decisiones, eligen a Dios o lo abandonan, se eternizan o se destruyen.

111:1.4La evolución material les ha proporcionado una máquina de vida, su cuerpo; el Padre mismo los ha dotado de la realidad espiritual más pura que se conoce en el universo, su Ajustador del Pensamiento. Pero en sus manos, sujeta a sus propias decisiones, se ha puesto la mente, y es por la mente que ustedes viven o mueren. Es dentro de esta mente y con esta mente como toman aquellas decisiones morales que les permiten alcanzar la semejanza con el Ajustador, y eso es la semejanza con Dios.

111:1.5La mente mortal es un sistema intelectual temporal que se presta a los seres humanos para que lo usen durante una vida material, y a medida que usan esta mente, aceptan o rechazan el potencial de la existencia eterna. La mente es casi todo lo que ustedes tienen de la realidad del universo que está sujeto a su voluntad, y el alma —el yo morontial— reflejará fielmente la cosecha de las decisiones temporales que el yo mortal va tomando. La conciencia humana descansa suavemente sobre el mecanismo electroquímico de abajo y toca con delicadeza el sistema de energía espíritu-morontial de arriba. El ser humano nunca es plenamente consciente de ninguno de estos dos sistemas en su vida mortal; por eso debe trabajar en la mente, de la que sí es consciente. Y no es tanto lo que la mente comprende como lo que la mente desea comprender lo que asegura la supervivencia; no es tanto a qué se parece la mente como a qué se esfuerza la mente por parecerse lo que constituye la identificación espiritual. No es tanto que el hombre sea consciente de Dios como que el hombre anhele a Dios lo que da como resultado la ascensión en el universo. Lo que ustedes son hoy no es tan importante como lo que van llegando a ser día a día y en la eternidad.

111:1.6La mente es el instrumento cósmico en el que la voluntad humana puede tocar las disonancias de la destrucción, o en el que esta misma voluntad humana puede hacer surgir las exquisitas melodías de la identificación con Dios y la consiguiente supervivencia eterna. El Ajustador otorgado al hombre es, en último análisis, impermeable al mal e incapaz de pecado, pero la mente mortal puede en efecto ser retorcida, distorsionada y vuelta mala y fea por las maquinaciones pecaminosas de una voluntad humana perversa y egoísta. Del mismo modo, esta mente puede volverse noble, bella, verdadera y buena —realmente grande— de acuerdo con la voluntad iluminada por el espíritu de un ser humano que conoce a Dios.

111:1.7La mente evolutiva solo es plenamente estable y confiable cuando se manifiesta en los dos extremos de la intelectualidad cósmica—lo totalmente mecanizado y lo enteramente espiritualizado. Entre los extremos intelectuales del control mecánico puro y la verdadera naturaleza espiritual se interpone ese enorme grupo de mentes en evolución y en ascenso cuya estabilidad y tranquilidad dependen de la elección de la personalidad y de la identificación espiritual.

111:1.8Pero el hombre no entrega su voluntad al Ajustador de forma pasiva y servil. Más bien elige de forma activa, positiva y cooperativa seguir la guía del Ajustador cuando y en la medida en que esa guía difiere conscientemente de los deseos e impulsos de la mente mortal natural. Los Ajustadores manipulan, pero nunca dominan la mente del hombre contra su voluntad; para los Ajustadores, la voluntad humana es suprema. Y así la consideran y la respetan mientras se esfuerzan por alcanzar las metas espirituales del ajuste del pensamiento y de la transformación del carácter en el escenario casi ilimitado del intelecto humano en evolución.

111:1.9La mente es su barco, el Ajustador es su piloto, la voluntad humana es el capitán. El dueño de la nave mortal debería tener la sabiduría de confiar en el piloto divino para que guíe al alma ascendente hacia los puertos morontiales de la supervivencia eterna. Solo por el egoísmo, la pereza y el pecado puede la voluntad del hombre rechazar la guía de un piloto tan amoroso y, con el tiempo, hacer naufragar la carrera mortal en los bajíos malignos de la misericordia rechazada y en las rocas del pecado abrazado. Con el consentimiento de ustedes, este piloto fiel los llevará con seguridad a través de las barreras del tiempo y los obstáculos del espacio hasta la fuente misma de la mente divina y más allá, hasta el Padre del Paraíso de los Ajustadores.

2. Naturaleza del alma

111:2.1En todas las funciones mentales de la inteligencia cósmica, la totalidad de la mente predomina sobre las partes de la función intelectual. La mente, en su esencia, es unidad funcional; por eso la mente nunca deja de manifestar esta unidad constitutiva, aun cuando la estorben y la obstaculicen las acciones y elecciones imprudentes de un yo mal orientado. Y esta unidad de la mente busca invariablemente la coordinación espiritual en todos los niveles de su asociación con yoes que tienen la dignidad de la voluntad y las prerrogativas de la ascensión.

111:2.2La mente material del hombre mortal es el telar cósmico que lleva los tejidos morontiales sobre los que el Ajustador del Pensamiento que mora en él teje los patrones espirituales de un carácter universal de valores perdurables y significados divinos—un alma superviviente de destino último y carrera sin fin, un finalitario en potencia.

111:2.3La personalidad humana se identifica con la mente y el espíritu, mantenidos juntos en una relación funcional por la vida en un cuerpo material. Esta relación funcional de esa mente y ese espíritu no da como resultado una combinación de las cualidades o atributos de la mente y del espíritu, sino más bien un valor universal enteramente nuevo, original y único, de duración potencialmente eterna, el alma.

111:2.4Hay tres factores, y no dos, en la creación evolutiva de esa alma inmortal. Estos tres antecedentes del alma humana morontial son:

111:2.51. La mente humana y todas las influencias cósmicas que la anteceden y que inciden sobre ella.

111:2.62. El espíritu divino que mora en esta mente humana, con todos los potenciales que son inherentes a un fragmento así de espiritualidad absoluta, más todas las influencias y todos los factores espirituales asociados que hay en la vida humana.

111:2.73. La relación entre la mente material y el espíritu divino, que connota un valor y lleva un significado que no se encuentran en ninguno de los factores que contribuyen a esa asociación. La realidad de esta relación única no es material ni espiritual, sino morontial. Es el alma.

111:2.8Las criaturas intermedias llaman desde hace mucho a esta alma en evolución del hombre la mente intermedia, en contraposición con la mente inferior o material y la mente superior o cósmica. Esta mente intermedia es en realidad un fenómeno morontial, ya que existe en el ámbito que está entre lo material y lo espiritual. El potencial de tal evolución morontial es inherente a los dos impulsos universales de la mente: el impulso de la mente finita de la criatura a conocer a Dios y alcanzar la divinidad del Creador, y el impulso de la mente infinita del Creador a conocer al hombre y alcanzar la experiencia de la criatura.

111:2.9Esta excelsa operación de hacer evolucionar el alma inmortal es posible porque la mente mortal es, en primer lugar, personal y, en segundo lugar, está en contacto con realidades superiores a lo animal; posee un don supermaterial de ministerio cósmico que asegura la evolución de una naturaleza moral capaz de tomar decisiones morales, con lo cual establece un contacto creativo auténtico con los ministerios espirituales asociados y con el Ajustador del Pensamiento que mora en ella.

111:2.10Cuando la mente humana se espiritualiza así por contacto, el resultado inevitable es que nazca poco a poco un alma, vástago conjunto de una mente ayudante dominada por una voluntad humana que anhela conocer a Dios, la cual obra en enlace con las fuerzas espirituales del universo que están bajo el supercontrol de un fragmento en acto del mismo Dios de toda la creación: el Monitor de Misterio. De este modo la realidad material y mortal del yo trasciende las limitaciones temporales de la máquina de la vida física y alcanza, en el vehículo en evolución que da continuidad a la mismidad —el alma morontial e inmortal—, una expresión nueva y una nueva identificación.

3. El alma en evolución

111:3.1Las equivocaciones de la mente mortal y los errores de la conducta humana pueden retrasar notablemente la evolución del alma, aunque no pueden impedir ese fenómeno morontial una vez que lo ha iniciado el Ajustador que mora en el interior con el consentimiento de la voluntad de la criatura. Pero en cualquier momento antes de la muerte mortal, esta misma voluntad material y humana está facultada para anular esa elección y rechazar la supervivencia. Incluso después de la supervivencia, el mortal ascendente conserva aún esta prerrogativa de elegir rechazar la vida eterna; en cualquier momento antes de la fusión con el Ajustador, la criatura en evolución y en ascenso puede elegir abandonar la voluntad del Padre del Paraíso. La fusión con el Ajustador señala el hecho de que el mortal ascendente ha elegido de forma eterna y sin reservas hacer la voluntad del Padre.

111:3.2Durante la vida en la carne, el alma en evolución está capacitada para reforzar las decisiones supermateriales de la mente mortal. El alma, al ser supermaterial, no funciona por sí misma en el nivel material de la experiencia humana. Tampoco puede esta alma subespiritual, sin la colaboración de algún espíritu de la Deidad, como el Ajustador, funcionar por encima del nivel morontial. Tampoco toma el alma decisiones finales hasta que la muerte o la traslación la separan de la asociación material con la mente mortal, excepto cuando y en la medida en que esta mente material delega esa autoridad libre y voluntariamente en esa alma morontial de función asociada. Durante la vida, la voluntad mortal, el poder de la personalidad para decidir y elegir, reside en los circuitos de la mente material; a medida que avanza el crecimiento mortal terrestre, este yo, con sus inestimables poderes de elección, se identifica cada vez más con la entidad emergente del alma morontial; después de la muerte y tras la resurrección en el mundo morada, la personalidad humana se identifica por completo con el yo morontial. El alma es así el embrión del futuro vehículo morontial de la identidad de la personalidad.

111:3.3Esta alma inmortal es al principio de naturaleza enteramente morontial, pero posee tal capacidad de desarrollo que asciende invariablemente a los verdaderos niveles espirituales de valor de fusión con los espíritus de la Deidad, por lo general con el mismo espíritu del Padre Universal que inició ese fenómeno creativo en la mente de la criatura.

111:3.4Tanto la mente humana como el Ajustador divino son conscientes de la presencia y de la naturaleza diferencial del alma en evolución—el Ajustador plenamente, la mente en parte. El alma se vuelve cada vez más consciente tanto de la mente como del Ajustador como identidades asociadas, en proporción a su propio crecimiento evolutivo. El alma participa de las cualidades tanto de la mente humana como del espíritu divino, pero evoluciona con persistencia hacia el aumento del control del espíritu y del dominio divino mediante el fomento de una función mental cuyos significados buscan coordinarse con el verdadero valor espiritual.

111:3.5Más que un período de prueba, la carrera mortal —la evolución del alma— es una educación. En el centro de la religión está la fe en la supervivencia de los valores supremos; la experiencia religiosa auténtica consiste en que los valores supremos y los significados cósmicos se unan como una toma de conciencia de la realidad universal.

111:3.6La mente conoce la cantidad, la realidad, los significados. Pero la cualidad —los valores— se siente. Lo que siente es la creación mutua de la mente, que conoce, y del espíritu asociado, que hace real.

111:3.7En la medida en que el alma morontial en evolución del hombre se impregna de verdad, belleza y bondad como la realización del valor de la conciencia de Dios, el ser resultante se vuelve indestructible. Si no hay supervivencia de los valores eternos en el alma en evolución del hombre, entonces la existencia mortal carece de significado, y la vida misma es una ilusión trágica. Pero es para siempre verdad: lo que ustedes comienzan en el tiempo, sin duda lo terminarán en la eternidad—si vale la pena terminarlo.

4. La vida interior

111:4.1El reconocimiento es el proceso intelectual por el cual las impresiones sensoriales que se reciben del mundo exterior se encajan en los patrones de memoria del individuo. La comprensión implica que estas impresiones sensoriales ya reconocidas, junto con los patrones de memoria que se asocian a ellas, han quedado integradas u organizadas en una red dinámica de principios.

111:4.2Del reconocimiento y la comprensión, combinados, se derivan los significados. En un mundo puramente sensorial o material, los significados no existen. Solo en las esferas interiores o supermateriales de la experiencia humana se perciben los significados y los valores.

111:4.3Todos los avances de la verdadera civilización nacen en este mundo interior de la humanidad. Solo la vida interior es verdaderamente creativa. Difícilmente puede progresar la civilización cuando la mayoría de la juventud de cualquier generación dedica sus intereses y energías a las búsquedas materialistas del mundo sensorial o exterior.

111:4.4El mundo interior y el exterior tienen un conjunto diferente de valores. Toda civilización corre riesgo cuando tres cuartas partes de su juventud entran en profesiones materialistas y se dedican a buscar las actividades sensoriales del mundo exterior. La civilización está en peligro cuando la juventud descuida interesarse por la ética, la sociología, la eugenesia, la filosofía, las bellas artes, la religión y la cosmología.

111:4.5Solo en los niveles más elevados de la mente superconsciente, allí donde incide sobre el ámbito espiritual de la experiencia humana, pueden ustedes encontrar esos conceptos más elevados en asociación con patrones maestros eficaces que contribuirán a construir una civilización mejor y más duradera. La personalidad es inherentemente creativa, pero solo funciona así en la vida interior del individuo.

111:4.6Los cristales de nieve tienen siempre forma hexagonal, pero nunca hay dos iguales. Los niños se ajustan a tipos, pero no hay dos exactamente iguales, ni siquiera en el caso de los gemelos. La personalidad sigue tipos, pero es siempre única.

111:4.7La felicidad y la alegría se originan en la vida interior. Nadie puede experimentar una alegría real completamente solo. Una vida solitaria es fatal para la felicidad. Incluso las familias y las naciones disfrutarán más de la vida si la comparten con otros.

111:4.8Ustedes no pueden controlar por completo el mundo externo—el entorno. Es la creatividad del mundo interior la que está más sujeta a su dirección, porque allí su personalidad está en tan gran medida liberada de las cadenas de las leyes de la causalidad antecedente. Con la personalidad está asociada una soberanía limitada de la voluntad.

111:4.9Puesto que esta vida interior del hombre es verdaderamente creativa, sobre cada persona recae la responsabilidad de elegir si esta creatividad será espontánea y enteramente al azar, o controlada, dirigida y constructiva. ¿Cómo puede una imaginación creativa producir hijos dignos cuando el escenario en el que actúa ya está ocupado por los prejuicios, el odio, los miedos, los resentimientos, la venganza y las intolerancias?

111:4.10Las ideas pueden originarse en los estímulos del mundo exterior, pero los ideales nacen solo en los ámbitos creativos del mundo interior. Hoy las naciones del mundo están dirigidas por hombres que tienen una superabundancia de ideas, pero que son pobrísimos en ideales. Esa es la explicación de la pobreza, el divorcio, la guerra y los odios raciales.

111:4.11Este es el problema: si el hombre de libre albedrío está dotado de los poderes de la creatividad en el hombre interior, entonces debemos reconocer que la creatividad del libre albedrío abarca el potencial de la destructividad del libre albedrío. Y cuando la creatividad se vuelve destructividad, ustedes se encuentran cara a cara con la devastación del mal y del pecado —la opresión, la guerra y la destrucción. El mal es una parcialidad de la creatividad que tiende hacia la desintegración y la destrucción final. Todo conflicto es malo en cuanto inhibe la función creativa de la vida interior— es una especie de guerra civil en la personalidad.

111:4.12La creatividad interior contribuye al ennoblecimiento del carácter mediante la integración de la personalidad y la unificación de la mismidad. Es para siempre verdad: el pasado es inmutable; solo el futuro puede cambiarse mediante el ministerio de la creatividad presente del yo interior.

5. La consagración de la elección

111:5.1Hacer la voluntad de Dios no es ni más ni menos que una muestra de la disposición de la criatura a compartir la vida interior con Dios —con el Dios mismo que ha hecho posible una vida de criatura con tal significado-valor interior. Compartir es semejante a Dios— divino. Dios lo comparte todo con el Hijo Eterno y el Espíritu Infinito, mientras que ellos, a su vez, comparten todas las cosas con los Hijos divinos y las Hijas Espíritu de los universos.

111:5.2La clave de la perfección está en imitar a Dios; el secreto de la supervivencia, y de la perfección en la supervivencia, está en hacer su voluntad.

111:5.3Los mortales viven en Dios, y así Dios ha querido vivir en los mortales. Así como los hombres se confían a él, así él —y primero— confió una parte de sí mismo para que estuviera con los hombres; consintió en vivir en los hombres y en morar en los hombres sujeto a la voluntad humana.

111:5.4Paz en esta vida, supervivencia en la muerte, perfección en la vida que sigue, servicio en la eternidad: todo ello se logra (en espíritu) ahora, en el momento en que la personalidad de la criatura consiente —elige— someter la voluntad de la criatura a la del Padre. Y ya el Padre ha elegido hacer que un fragmento de sí mismo quede sujeto a la voluntad de la personalidad de la criatura.

111:5.5Tal elección de la criatura no es una entrega de la voluntad. Es una consagración de la voluntad, una expansión de la voluntad, una glorificación de la voluntad, un perfeccionamiento de la voluntad; y ese elegir eleva la voluntad de la criatura desde el nivel de significación temporal hasta ese estado superior en el que la personalidad del hijo criatura comulga con la personalidad del Padre espíritu.

111:5.6Esta elección de la voluntad del Padre es el hallazgo espiritual del Padre espíritu por parte del hombre mortal, aunque deba pasar una era antes de que el hijo criatura pueda estar realmente en la presencia fáctica de Dios en el Paraíso. Esta elección no consiste tanto en la negación de la voluntad de la criatura—«No se haga mi voluntad, sino la tuya»—como en la afirmación positiva de la criatura: «Es mi voluntad que se haga tu voluntad». Y si se hace esta elección, tarde o temprano el hijo que elige a Dios encontrará la unión interior (fusión) con el fragmento de Dios que mora en él, mientras que este mismo hijo en perfeccionamiento hallará la satisfacción suprema de la personalidad en la comunión de adoración de la personalidad del hombre y la personalidad de su Hacedor, dos personalidades cuyos atributos creativos se han unido eternamente en una mutualidad de expresión elegida por su propia voluntad—el nacimiento de otra asociación eterna de la voluntad del hombre y la voluntad de Dios.

6. La paradoja humana

111:6.1Muchos de los problemas temporales del hombre mortal surgen de su doble relación con el cosmos. El hombre es una parte de la naturaleza —existe en la naturaleza— y, sin embargo, es capaz de trascender la naturaleza. El hombre es finito, pero en él mora una chispa de infinitud. Tal situación dual no solo proporciona el potencial para el mal, sino que también genera muchas situaciones sociales y morales cargadas de mucha incertidumbre y de no poca ansiedad.

111:6.2El coraje necesario para llevar a cabo la conquista de la naturaleza y para trascenderse a sí mismo es un coraje que podría sucumbir a las tentaciones del orgullo propio. El mortal que puede trascender el yo podría ceder a la tentación de deificar su propia conciencia de sí. El dilema mortal consiste en el doble hecho de que el hombre está sometido a la naturaleza mientras que, al mismo tiempo, posee una libertad única—la libertad de elección y de acción espirituales. En los niveles materiales, el hombre se encuentra subordinado a la naturaleza, mientras que en los niveles espirituales triunfa sobre la naturaleza y sobre todas las cosas temporales y finitas. Tal paradoja es inseparable de la tentación, del mal potencial, de los errores de decisión, y cuando el yo se vuelve orgulloso y arrogante, puede evolucionar el pecado.

111:6.3El problema del pecado no existe por sí mismo en el mundo finito. El hecho de la finitud no es malo ni pecaminoso. El mundo finito fue hecho por un Creador infinito —es la obra de sus Hijos divinos— y por tanto debe ser bueno. Es el mal uso, la distorsión y la perversión de lo finito lo que da origen al mal y al pecado.

111:6.4El espíritu puede dominar a la mente; así, la mente puede controlar la energía. Sin embargo, la mente solo puede controlar la energía si manipula por sí misma, con inteligencia, los potenciales metamórficos que son inherentes al nivel matemático de las causas y los efectos de los dominios físicos. La mente de la criatura no controla la energía de por sí; esa es una prerrogativa de la Deidad. Pero la mente de la criatura sí puede manipular la energía, y lo hace, en la exacta medida en que se ha adueñado de los secretos energéticos del universo físico.

111:6.5Cuando el hombre desea modificar la realidad física, sea él mismo o su entorno, tiene éxito en la medida en que ha descubierto los modos y medios de controlar la materia y dirigir la energía. La mente sin ayuda es impotente para influir en nada material salvo en su propio mecanismo físico, al que está ineludiblemente unida. Pero mediante el uso inteligente del mecanismo del cuerpo, la mente puede crear otros mecanismos, incluso relaciones de energía y relaciones vivientes, por cuya utilización esta mente puede controlar cada vez más, y hasta dominar, su nivel físico en el universo.

111:6.6La ciencia es la fuente de los hechos, y la mente no puede operar sin hechos. Son los bloques de construcción de la sabiduría, que la experiencia de la vida cementa entre sí. El hombre puede encontrar el amor de Dios sin hechos, y el hombre puede descubrir las leyes de Dios sin amor, pero el hombre nunca puede empezar siquiera a apreciar la simetría infinita, la armonía excelsa, la exquisita plenitud de la naturaleza que todo lo abarca de la Primera Fuente y Centro hasta que haya encontrado la ley divina y el amor divino y los haya unificado experiencialmente en su propia filosofía cósmica en evolución.

111:6.7Al crecer el conocimiento material, se hace posible una mayor apreciación intelectual de los significados de las ideas y de los valores de los ideales. El ser humano puede hallar la verdad en su experiencia interior, pero para aplicar su descubrimiento personal de la verdad a las exigencias implacablemente prácticas de la vida diaria necesita un conocimiento claro de los hechos.

111:6.8Es muy natural que el hombre mortal se vea acosado por sentimientos de inseguridad cuando se contempla ligado de forma inextricable a la naturaleza, mientras posee poderes espirituales que trascienden por completo todo lo temporal y finito. En medio de problemas tan difíciles y desconcertantes, solo la confianza religiosa —la fe viva— puede sostener al hombre.

111:6.9De todos los peligros que acechan a la naturaleza mortal del hombre y ponen en riesgo su integridad espiritual, el orgullo es el mayor. El coraje es valeroso, pero el egotismo es vanaglorioso y suicida. Una confianza razonable en sí mismo no es de lamentar. La capacidad del hombre para trascenderse a sí mismo es lo único que lo distingue del reino animal.

111:6.10El orgullo es engañoso, embriagador y engendrador de pecado, ya se encuentre en un individuo, un grupo, una raza o una nación. Es literalmente verdad, «El orgullo va antes de la caída».

7. El problema del Ajustador

111:7.1La incertidumbre con seguridad es la esencia de la aventura del Paraíso—incertidumbre en el tiempo y en la mente, incertidumbre en cuanto a los acontecimientos del ascenso al Paraíso que se va desplegando; seguridad en el espíritu y en la eternidad, seguridad en la confianza incondicional del hijo criatura en la compasión divina y el amor infinito del Padre Universal; incertidumbre como ciudadano inexperto del universo; seguridad como hijo ascendente en las moradas del universo de un Padre todopoderoso, omnisapiente y que todo lo ama.

111:7.2¿Puedo exhortarlos a que presten atención al eco lejano de la llamada fiel del Ajustador a su alma? El Ajustador que mora en ustedes no puede detener ni siquiera alterar materialmente la lucha de su carrera en el tiempo; el Ajustador no puede aliviar las penalidades de la vida mientras ustedes viajan por este mundo de trabajo arduo. El morador divino solo puede tener paciencia mientras ustedes libran la batalla de la vida tal como se vive en su planeta; pero ustedes podrían, si tan solo quisieran —mientras trabajan y se preocupan, mientras luchan y se afanan— permitir que el valiente Ajustador luche con ustedes y por ustedes. Podrían sentirse tan consolados e inspirados, tan cautivados e intrigados, si tan solo permitieran que el Ajustador hiciera surgir constantemente las imágenes del motivo real, del fin último y del propósito eterno de toda esta lucha difícil y cuesta arriba con los problemas comunes de su mundo material presente.

111:7.3¿Por qué no ayudan al Ajustador en la tarea de mostrarles la contraparte espiritual de todos estos agotadores esfuerzos materiales? ¿Por qué no permiten que el Ajustador los fortalezca con las verdades espirituales del poder cósmico mientras luchan con las dificultades temporales de la existencia de criatura? ¿Por qué no animan al ayudante celestial a alegrarlos con la clara visión de la perspectiva eterna de la vida universal mientras contemplan con perplejidad los problemas de la hora que pasa? ¿Por qué se niegan a ser iluminados e inspirados por el punto de vista del universo mientras se afanan en medio de los obstáculos del tiempo y se debaten en el laberinto de incertidumbres que acechan el viaje de su vida mortal? ¿Por qué no permitir que el Ajustador espiritualice su pensamiento, aunque sus pies deban pisar los senderos materiales del esfuerzo terrenal?

111:7.4Las razas humanas superiores de Urantia están mezcladas de forma compleja; son una mezcla de muchas razas y linajes de origen diferente. Esta naturaleza compuesta hace sumamente difícil que los Monitores trabajen con eficacia durante la vida y aumenta claramente los problemas tanto del Ajustador como de los serafines guardianes después de la muerte. No hace mucho estuve presente en Salvington y oí a un guardián del destino presentar una declaración formal como atenuante de las dificultades de ministrar a su sujeto mortal. Este serafín dijo:

111:7.5«Gran parte de mi dificultad se debió al conflicto interminable entre las dos naturalezas de mi sujeto: el impulso de la ambición enfrentado a la indolencia animal; los ideales de un pueblo superior atravesados por los instintos de una raza inferior; los altos propósitos de una gran mente contrariados por el impulso de una herencia primitiva; la visión de largo alcance de un Monitor previsor contrarrestada por la miopía de una criatura del tiempo; los planes progresivos de un ser ascendente modificados por los deseos y anhelos de una naturaleza material; los destellos de la inteligencia universal cancelados por los mandatos de energía química de la raza en evolución; el impulso de los ángeles enfrentado a las emociones de un animal; la formación de un intelecto anulada por las tendencias del instinto; la experiencia del individuo enfrentada a las propensiones acumuladas de la raza; las metas de lo mejor ensombrecidas por la deriva de lo peor; el vuelo del genio neutralizado por la gravedad de la mediocridad; el progreso de lo bueno retardado por la inercia de lo malo; el arte de lo bello mancillado por la presencia del mal; la vitalidad de la salud neutralizada por la debilidad de la enfermedad; la fuente de la fe contaminada por los venenos del miedo; el manantial de la alegría amargado por las aguas de la tristeza; el gozo de la expectativa desengañado por la amargura de su cumplimiento; las alegrías de vivir siempre amenazadas por las penas de la muerte. ¡Semejante vida en semejante planeta! Y, sin embargo, gracias a la ayuda y al impulso siempre presentes del Ajustador del Pensamiento, esta alma logró un buen grado de felicidad y de éxito, y ya ha ascendido a las salas de juicio de mansonia».

111:7.6[Presentado por un Mensajero Solitario de Orvonton.]

Documento 111

El Ajustador y el alma