Parte III · Documento 101

La verdadera naturaleza de la religión

101:0.1LA RELIGIÓN, como experiencia humana, abarca desde la esclavitud del miedo del salvaje en evolución hasta la sublime y magnífica libertad de la fe de aquellos mortales civilizados que tienen una conciencia espléndida de su filiación con el Dios eterno.

101:0.2La religión es el antepasado de la ética y la moral avanzadas de la evolución social progresiva. Pero la religión, como tal, no es simplemente un movimiento moral, aunque las manifestaciones externas y sociales de la religión reciben una poderosa influencia del impulso ético y moral de la sociedad humana. La religión es siempre la inspiración de la naturaleza evolutiva del hombre, pero no es el secreto de esa evolución.

101:0.3La religión, la fe-convicción de la personalidad, siempre puede triunfar sobre la lógica de la desesperación, superficialmente contradictoria, que nace en la mente material incrédula. Existe realmente una voz interior verdadera y genuina, esa «luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene al mundo». Y esta guía del espíritu es distinta del impulso ético de la conciencia humana. El sentimiento de seguridad religiosa es más que un sentimiento emocional. La seguridad de la religión trasciende la razón de la mente, e incluso la lógica de la filosofía. La religión es fe, confianza y seguridad.

1. La religión verdadera

101:1.1La religión verdadera no es un sistema de creencias filosóficas que pueda razonarse y demostrarse con pruebas naturales, ni es tampoco una experiencia fantástica y mística de sentimientos de éxtasis indescriptibles que solo pueden disfrutar los devotos románticos del misticismo. La religión no es el producto de la razón, pero, vista desde dentro, es totalmente razonable. La religión no se deriva de la lógica de la filosofía humana, pero, como experiencia mortal, es totalmente lógica. La religión es la vivencia de la divinidad en la conciencia de un ser moral de origen evolutivo; representa una verdadera experiencia con las realidades eternas en el tiempo, la realización de satisfacciones espirituales mientras se está todavía en la carne.

101:1.2El Ajustador del Pensamiento no tiene ningún mecanismo especial por el cual lograr expresarse; no hay ninguna facultad religiosa mística para recibir o expresar las emociones religiosas. Estas experiencias se hacen accesibles por medio del mecanismo de la mente mortal, ordenado de forma natural. Y en ello reside una explicación de la dificultad que tiene el Ajustador para entablar una comunicación directa con la mente material en la que mora constantemente.

101:1.3El espíritu divino entra en contacto con el hombre mortal, no mediante los sentimientos o las emociones, sino en el ámbito del pensamiento más elevado y más espiritualizado. Son sus pensamientos, y no sus sentimientos, los que los conducen hacia Dios. La naturaleza divina solo puede percibirse con los ojos de la mente. Pero la mente que realmente discierne a Dios, que oye al Ajustador que mora en ella, es la mente pura. «Sin santidad ningún hombre puede ver al Señor». Toda esa comunión interior y espiritual se denomina discernimiento espiritual. Tales experiencias religiosas resultan de la impresión que producen en la mente del hombre las operaciones combinadas del Ajustador y del Espíritu de la Verdad, a medida que actúan en medio de las ideas, los ideales, los discernimientos y los esfuerzos espirituales de los hijos de Dios en evolución, y sobre ellos.

101:1.4La religión vive y prospera, pues, no por la vista y el sentimiento, sino más bien por la fe y el discernimiento. No consiste en descubrir hechos nuevos ni en hallar una experiencia única, sino más bien en descubrir significados nuevos y espirituales en hechos ya bien conocidos por la humanidad. La experiencia religiosa más elevada no depende de actos previos de creencia, de la tradición ni de la autoridad; tampoco es la religión el fruto de sentimientos sublimes y de emociones puramente místicas. Es, más bien, una experiencia profundamente honda y real de comunión espiritual con las influencias espirituales que residen en la mente humana, y en la medida en que tal experiencia puede definirse en términos de psicología, es simplemente la experiencia de experimentar la realidad de creer en Dios como la realidad de una experiencia puramente personal de ese tipo.

101:1.5Aunque la religión no es el producto de las especulaciones racionalistas de una cosmología material, es, no obstante, la creación de un discernimiento totalmente racional que se origina en la experiencia mental del hombre. La religión no nace de meditaciones místicas ni de contemplaciones aisladas, aunque siempre es más o menos misteriosa y siempre indefinible e inexplicable en términos de razón puramente intelectual y de lógica filosófica. Los gérmenes de la religión verdadera se originan en el dominio de la conciencia moral del hombre, y se revelan en el crecimiento del discernimiento espiritual del hombre, esa facultad de la personalidad humana que se adquiere como consecuencia de la presencia del Ajustador del Pensamiento, que revela a Dios, en la mente mortal hambrienta de Dios.

101:1.6La fe une el discernimiento moral con las distinciones concienzudas de los valores, y el sentido preexistente y evolutivo del deber completa la ascendencia de la religión verdadera. La experiencia de la religión da como resultado, con el tiempo, la conciencia cierta de Dios y la seguridad indudable de la supervivencia de la personalidad creyente.

101:1.7Así puede verse que los anhelos religiosos y los impulsos espirituales no son de tal naturaleza que simplemente lleven a los hombres a querer creer en Dios, sino que son de tal naturaleza y poder que los hombres quedan profundamente impresionados por la convicción de que deben creer en Dios. El sentido del deber evolutivo y las obligaciones que se siguen de la iluminación de la revelación producen una impresión tan profunda en la naturaleza moral del hombre que este alcanza finalmente esa posición de la mente y esa actitud del alma en las que concluye que no tiene derecho a no creer en Dios. La sabiduría más elevada y superfilosófica de tales individuos iluminados y disciplinados les enseña en último término que dudar de Dios o desconfiar de su bondad sería mostrarse infiel a lo más real y lo más profundo que hay dentro de la mente y el alma humanas—el Ajustador divino.

2. El hecho de la religión

101:2.1El hecho de la religión consiste enteramente en la experiencia religiosa de los seres humanos racionales y corrientes. Y este es el único sentido en el que la religión puede considerarse alguna vez científica, o incluso psicológica. La prueba de que la revelación es revelación es este mismo hecho de la experiencia humana: el hecho de que la revelación sí sintetiza las ciencias de la naturaleza, aparentemente divergentes, y la teología de la religión en una filosofía del universo coherente y lógica, una explicación coordinada e ininterrumpida tanto de la ciencia como de la religión, y crea así una armonía de la mente y una satisfacción del espíritu que responden, en la experiencia humana, a aquellos interrogantes de la mente mortal que anhela saber cómo el Infinito lleva a cabo su voluntad y sus planes en la materia, con las mentes y en el espíritu.

101:2.2La razón es el método de la ciencia; la fe es el método de la religión; la lógica es la técnica que intenta la filosofía. La revelación compensa la ausencia del punto de vista morontial al proporcionar una técnica para lograr la unidad en la comprensión de la realidad y de las relaciones de la materia y el espíritu por mediación de la mente. Y la verdadera revelación nunca hace que la ciencia sea antinatural, la religión irrazonable ni la filosofía ilógica.

101:2.3La razón, mediante el estudio de la ciencia, puede conducir de vuelta, a través de la naturaleza, hasta una Primera Causa, pero se necesita la fe religiosa para transformar la Primera Causa de la ciencia en un Dios de salvación; y se requiere además la revelación para validar esa fe, ese discernimiento espiritual.

101:2.4Hay dos razones básicas para creer en un Dios que fomenta la supervivencia humana:

101:2.51. La experiencia humana, la seguridad personal, la esperanza y la confianza registradas de algún modo, iniciadas por el Ajustador del Pensamiento que mora en el interior.

101:2.62. La revelación de la verdad, ya sea por el ministerio personal directo del Espíritu de la Verdad, por el otorgamiento de Hijos divinos en el mundo, o por medio de las revelaciones de la palabra escrita.

101:2.7La ciencia termina su búsqueda racional en la hipótesis de una Primera Causa. La religión no se detiene en su vuelo de fe hasta que está segura de un Dios de salvación. El estudio perspicaz de la ciencia sugiere lógicamente la realidad y la existencia de un Absoluto. La religión cree sin reservas en la existencia y la realidad de un Dios que fomenta la supervivencia de la personalidad. Lo que la metafísica no logra hacer en absoluto, y lo que incluso la filosofía no logra hacer sino en parte, lo hace la revelación; es decir, afirma que esta Primera Causa de la ciencia y el Dios de salvación de la religión son una sola y la misma Deidad.

101:2.8La ciencia se prueba por la razón, la religión por la fe y la filosofía por la lógica, pero la revelación halla su validación únicamente en la experiencia humana. De la ciencia resulta el conocimiento; de la religión, la felicidad; de la filosofía, la unidad; y la revelación confirma la armonía experiencial de este acercamiento trino a la realidad universal.

101:2.9La contemplación de la naturaleza solo puede revelar un Dios de la naturaleza, un Dios del movimiento. La naturaleza solo muestra materia, movimiento y animación: la vida. La materia más la energía, bajo ciertas condiciones, se manifiesta en formas vivientes, pero, aunque la vida natural es así relativamente continua como fenómeno, es totalmente transitoria en cuanto a las individualidades. La naturaleza no ofrece fundamento para una creencia lógica en la supervivencia de la personalidad humana. El hombre religioso que encuentra a Dios en la naturaleza ya ha encontrado antes, y en primer lugar, a este mismo Dios personal en su propia alma.

101:2.10La fe revela a Dios en el alma. La revelación, el sustituto del discernimiento morontial en un mundo evolutivo, permite al hombre ver en la naturaleza al mismo Dios que la fe muestra en su alma. Así es como la revelación tiende con éxito un puente sobre el abismo entre lo material y lo espiritual, e incluso entre la criatura y el Creador, entre el hombre y Dios.

101:2.11La contemplación de la naturaleza sí apunta lógicamente en la dirección de una guía inteligente, e incluso de una supervisión viviente, pero no revela de ninguna manera satisfactoria a un Dios personal. Por otra parte, la naturaleza no descubre nada que impida considerar el universo como la obra de las manos del Dios de la religión. No se puede encontrar a Dios solo por medio de la naturaleza, pero, una vez que el hombre lo ha encontrado por otros medios, el estudio de la naturaleza se vuelve totalmente coherente con una interpretación más elevada y más espiritual del universo.

101:2.12La revelación como fenómeno epocal es periódica; como experiencia humana personal es continua. La divinidad actúa en la personalidad mortal como el don del Ajustador del Padre, como el Espíritu de la Verdad del Hijo y como el Espíritu Santo del Espíritu del Universo, mientras que estas tres dotaciones supermortales se unifican en la evolución experiencial humana como el ministerio del Supremo.

101:2.13La religión verdadera es un discernimiento de la realidad, la hija de fe de la conciencia moral, y no un mero asentimiento intelectual a un cuerpo cualquiera de doctrinas dogmáticas. La religión verdadera consiste en la experiencia de que «el Espíritu mismo da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos los hijos de Dios». La religión no consiste en proposiciones teológicas, sino en el discernimiento espiritual y en la sublimidad de la confianza del alma.

101:2.14Su naturaleza más profunda —el Ajustador divino— crea dentro de ustedes un hambre y una sed de rectitud, un cierto anhelo de perfección divina. La religión es el acto de fe de reconocer este impulso interior hacia el logro divino; y así se produce esa confianza y esa seguridad del alma de las que ustedes toman conciencia como el camino de la salvación, la técnica de la supervivencia de la personalidad y de todos aquellos valores que han llegado a considerar verdaderos y buenos.

101:2.15La realización de la religión nunca ha dependido, ni dependerá nunca, de un gran saber ni de una lógica ingeniosa. Es discernimiento espiritual, y esa es precisamente la razón por la que algunos de los más grandes maestros religiosos del mundo, incluso los profetas, han poseído a veces tan poca sabiduría del mundo. La fe religiosa está al alcance por igual de los instruidos y de los no instruidos.

101:2.16La religión debe ser siempre su propio crítico y juez; nunca puede ser observada, y mucho menos comprendida, desde fuera. La única seguridad que ustedes tienen de un Dios personal consiste en su propio discernimiento en cuanto a su creencia en las cosas espirituales y a su experiencia con ellas. Para todos sus semejantes que han tenido una experiencia similar, no hace falta ningún argumento sobre la personalidad o la realidad de Dios, mientras que para todos los demás hombres que no están así seguros de Dios ningún argumento posible podría ser nunca verdaderamente convincente.

101:2.17La psicología puede, en efecto, intentar estudiar los fenómenos de las reacciones religiosas ante el entorno social, pero nunca puede esperar penetrar en los motivos reales e íntimos ni en el funcionamiento de la religión. Solo la teología, el campo de la fe y la técnica de la revelación, puede ofrecer algún tipo de explicación inteligente de la naturaleza y del contenido de la experiencia religiosa.

3. Las características de la religión

101:3.1La religión es tan vital que persiste en ausencia del saber. Vive a pesar de estar contaminada con cosmologías erróneas y filosofías falsas; sobrevive incluso a la confusión de la metafísica. En todas las vicisitudes históricas de la religión, y a través de ellas, persiste siempre aquello que es indispensable para el progreso y la supervivencia humanos: la conciencia ética y la conciencia moral.

101:3.2El discernimiento de fe, o intuición espiritual, es una dote que procede de la mente cósmica en asociación con el Ajustador del Pensamiento, el cual es el don del Padre al hombre. El Espíritu Santo, que es el don del Espíritu Creativo al hombre, aporta como dote la razón espiritual, esa inteligencia del alma. La filosofía espiritual, sabiduría de las realidades del espíritu, llega como dote del Espíritu de la Verdad, el don conjunto que los Hijos de otorgamiento hacen a los hijos de los hombres. Y es la coordinación e interasociación de estas dotes del espíritu lo que constituye al hombre en una personalidad de espíritu en cuanto a su destino potencial.

101:3.3Es esta misma personalidad espiritual, en forma primitiva y embrionaria, cuya posesión por el Ajustador sobrevive a la muerte natural en la carne. Esta entidad compuesta de origen espiritual, en asociación con la experiencia humana, es capacitada, por medio del camino vivo provisto por los Hijos divinos, para sobrevivir (bajo la custodia del Ajustador) a la disolución del yo material de mente y materia cuando esa asociación transitoria de lo material y lo espiritual queda separada por el cese del movimiento vital.

101:3.4Por medio de la fe religiosa, el alma del hombre se revela a sí misma y demuestra la divinidad potencial de su naturaleza emergente por la manera característica en que induce a la personalidad mortal a reaccionar ante ciertas situaciones intelectuales difíciles y ciertas situaciones sociales de prueba. La fe espiritual genuina (la verdadera conciencia moral) se revela en que:

101:3.51. Hace progresar la ética y la moral a pesar de las tendencias animales inherentes y adversas.

101:3.62. Produce una confianza sublime en la bondad de Dios incluso ante una amarga decepción y una derrota aplastante.

101:3.73. Genera un valor y una confianza profundos a pesar de la adversidad natural y de la calamidad física.

101:3.84. Muestra un equilibrio inexplicable y una tranquilidad que sostiene, a pesar de enfermedades desconcertantes e incluso de un agudo sufrimiento físico.

101:3.95. Mantiene un equilibrio y una compostura misteriosos de la personalidad ante el maltrato y la injusticia más flagrante.

101:3.106. Pese a las crueldades de un hado en apariencia ciego y a la aparente indiferencia total de las fuerzas naturales ante el bienestar humano, conserva una confianza divina en la victoria final.

101:3.117. Por muchas demostraciones lógicas que haya en contra, persiste en una creencia en Dios que no vacila, y resiste con éxito todos los demás sofismas intelectuales.

101:3.128. Sigue mostrando una fe impávida en la supervivencia del alma, sin importar las enseñanzas engañosas de la falsa ciencia ni los espejismos persuasivos de una filosofía equivocada.

101:3.139. Vive y triunfa sin importar la sobrecarga aplastante de las civilizaciones complejas y parciales de los tiempos modernos.

101:3.1410. Frente al egoísmo humano, los antagonismos sociales, las codicias industriales y los desajustes políticos, contribuye a que el altruismo siga sobreviviendo.

101:3.1511. Se adhiere con firmeza a una creencia sublime en la unidad del universo y en la guía divina, a pesar de la presencia desconcertante del mal y del pecado.

101:3.1612. Sigue adorando a Dios a pesar de todo y de cualquier cosa. Se atreve a declarar: «Aunque él me quite la vida, aun así lo serviré».

101:3.17Sabemos, pues, por tres fenómenos, que el hombre tiene un espíritu o espíritus divinos que moran dentro de él: primero, por la experiencia personal —la fe religiosa—; segundo, por la revelación —personal y racial—; y tercero, por la asombrosa manifestación de reacciones tan extraordinarias y antinaturales ante su entorno material como las que ilustra la enumeración anterior de doce actuaciones semejantes a las del espíritu ante las situaciones efectivas y difíciles de la existencia humana real. Y todavía hay otras.

101:3.18Y es precisamente esa actuación vital y vigorosa de la fe en el dominio de la religión la que da derecho al hombre mortal a afirmar la posesión personal y la realidad espiritual de esa dotación culminante de la naturaleza humana: la experiencia religiosa.

4. Las limitaciones de la revelación

101:4.1Debido a que su mundo ignora en general los orígenes, incluso los orígenes físicos, de vez en cuando ha parecido prudente proporcionar instrucción en cosmología. Y esto siempre ha causado problemas para el futuro. Las leyes de la revelación nos limitan mucho al prohibir la comunicación de conocimientos no ganados o prematuros. Toda cosmología presentada como parte de una religión revelada está destinada a quedar superada en muy poco tiempo. En consecuencia, los futuros estudiosos de tal revelación sienten la tentación de desechar cualquier elemento de verdad religiosa genuina que pueda contener, porque descubren errores evidentes en las cosmologías asociadas que en ella se presentan.

101:4.2La humanidad debe comprender que nosotros, los que participamos en la revelación de la verdad, estamos muy rigurosamente limitados por las instrucciones de nuestros superiores. No tenemos libertad para anticipar los descubrimientos científicos de mil años. Los reveladores deben actuar de acuerdo con las instrucciones que forman parte del mandato de revelación. No vemos ninguna forma de superar esta dificultad, ni ahora ni en ningún momento futuro. Sabemos muy bien que, aunque los hechos históricos y las verdades religiosas de esta serie de presentaciones revelatorias permanecerán en los registros de las eras venideras, dentro de pocos años muchas de nuestras afirmaciones sobre las ciencias físicas necesitarán una revisión como consecuencia de nuevos avances científicos y de nuevos descubrimientos. Estos nuevos avances los prevemos ya desde ahora, pero se nos prohíbe incluir en los registros revelatorios tales hechos que los humanos no han descubierto. Que quede claro que las revelaciones no son necesariamente inspiradas. La cosmología de estas revelaciones no es inspirada. Está limitada por nuestro permiso para coordinar y clasificar el conocimiento de hoy. Aunque el discernimiento divino o espiritual es un don, la sabiduría humana debe evolucionar.

101:4.3La verdad es siempre una revelación: autorrevelación cuando surge como resultado de la obra del Ajustador que mora en el interior; revelación epocal cuando se presenta por la función de algún otro agente, grupo o personalidad celestial.

101:4.4En último análisis, la religión ha de ser juzgada por sus frutos, según la manera y la medida en que muestra su propia excelencia inherente y divina.

101:4.5La verdad puede ser solo relativamente inspirada, aunque la revelación sea invariablemente un fenómeno espiritual. Aunque las afirmaciones referentes a la cosmología nunca son inspiradas, tales revelaciones tienen un valor inmenso, ya que al menos aclaran transitoriamente el conocimiento mediante:

101:4.61. La reducción de la confusión por la eliminación autorizada del error.

101:4.72. La coordinación de hechos y observaciones conocidos o a punto de conocerse.

101:4.83. La restauración de importantes fragmentos de conocimiento perdido referentes a acontecimientos epocales del pasado lejano.

101:4.94. El suministro de información que llenará vacíos vitales en un conocimiento que, por lo demás, ha sido ganado.

101:4.105. La presentación de datos cósmicos de tal manera que iluminen las enseñanzas espirituales contenidas en la revelación que los acompaña.

5. La religión ampliada por la revelación

101:5.1La revelación es una técnica mediante la cual se ahorran eras y eras de tiempo en la necesaria labor de clasificar y cribar los errores de la evolución separándolos de las verdades de la adquisición espiritual.

101:5.2La ciencia trata de hechos; la religión se ocupa solo de valores. Mediante una filosofía iluminada, la mente se esfuerza por unir los significados tanto de los hechos como de los valores, y llega así a un concepto de realidad completa. Recuerden que la ciencia es el dominio del conocimiento, la filosofía el reino de la sabiduría y la religión la esfera de la experiencia de la fe. Pero la religión, no obstante, presenta dos fases de manifestación:

101:5.31. La religión evolutiva. La experiencia de la adoración primitiva, la religión que es un derivado de la mente.

101:5.42. La religión revelada. La actitud universal que es un derivado del espíritu; la seguridad y la creencia en la conservación de las realidades eternas, en la supervivencia de la personalidad y en la consecución final de la Deidad cósmica, cuyo propósito ha hecho posible todo esto. Forma parte del plan del universo que, tarde o temprano, la religión evolutiva esté destinada a recibir la expansión espiritual de la revelación.

101:5.5Tanto la ciencia como la religión parten del supuesto de ciertas bases generalmente aceptadas para las deducciones lógicas. Así también la filosofía debe iniciar su andadura partiendo del supuesto de la realidad de tres cosas:

101:5.61. El cuerpo material.

101:5.72. La fase supermaterial del ser humano, el alma o incluso el espíritu que mora en el interior.

101:5.83. La mente humana: el mecanismo por el cual el espíritu y la materia, lo material y lo espiritual, se intercomunican y se interasocian.

101:5.9Los científicos reúnen hechos, los filósofos coordinan ideas, mientras que los profetas exaltan ideales. El sentimiento y la emoción son acompañantes invariables de la religión, pero no son la religión. La religión puede ser el sentimiento de la experiencia, pero difícilmente es la experiencia del sentimiento. Ni la lógica (la racionalización) ni la emoción (el sentimiento) forman parte esencial de la experiencia religiosa, aunque ambas pueden asociarse de diversas maneras con el ejercicio de la fe para promover el discernimiento espiritual de la realidad, todo ello según el estado y la tendencia temperamental de la mente individual.

101:5.10La religión evolutiva es el resultado de la dotación del ayudante de la mente del universo local encargado de crear y fomentar el rasgo de la adoración en el hombre en evolución. Tales religiones primitivas se ocupan directamente de la ética y la moral, del sentido del deber humano. Tales religiones se basan en la seguridad de la conciencia y dan como resultado la estabilización de civilizaciones relativamente éticas.

101:5.11Las religiones reveladas personalmente están patrocinadas por los espíritus de otorgamiento que representan a las tres personas de la Trinidad del Paraíso, y se ocupan especialmente de la expansión de la verdad. La religión evolutiva inculca en el individuo la idea del deber personal; la religión revelada pone un énfasis creciente en amar, la regla de oro.

101:5.12La religión evolucionada se basa enteramente en la fe. La revelación tiene la seguridad adicional de su presentación ampliada de las verdades de la divinidad y de la realidad, y el testimonio aún más valioso de la experiencia real que se acumula como consecuencia de la unión práctica y operativa de la fe de la evolución y la verdad de la revelación. Tal unión operativa de la fe humana y la verdad divina constituye la posesión de un carácter que va bien encaminado hacia la adquisición efectiva de una personalidad morontial.

101:5.13La religión evolutiva solo proporciona la seguridad de la fe y la confirmación de la conciencia; la religión reveladora proporciona la seguridad de la fe más la verdad de una experiencia viva en las realidades de la revelación. El tercer paso de la religión, o la tercera fase de la experiencia de la religión, tiene que ver con el estado morontial, la captación más firme de la mota. Durante la progresión morontial, las verdades de la religión revelada se amplían cada vez más; ustedes conocerán cada vez más la verdad de los valores supremos, las bondades divinas, las relaciones universales, las realidades eternas y los destinos últimos.

101:5.14A lo largo de la progresión morontial, la seguridad de la verdad reemplaza cada vez más a la seguridad de la fe. Cuando finalmente sean incorporados al mundo espiritual real, entonces las seguridades del puro discernimiento espiritual actuarán en lugar de la fe y de la verdad o, más bien, en unión con estas técnicas anteriores de seguridad de la personalidad y superpuestas a ellas.

6. La experiencia religiosa progresiva

101:6.1La fase morontial de la religión revelada tiene que ver con la experiencia de la supervivencia, y su gran impulso es la consecución de la perfección espiritual. También está presente el impulso superior de la adoración, asociado a una llamada apremiante a un mayor servicio ético. El discernimiento morontial implica una conciencia cada vez más amplia del Séptuple, del Supremo e incluso del Último.

101:6.2A lo largo de toda la experiencia religiosa, desde su más temprano comienzo en el nivel material hasta el momento en que se alcanza el pleno estado espiritual, el Ajustador es el secreto de la toma de conciencia personal de la realidad de la existencia del Supremo; y este mismo Ajustador guarda también los secretos de su fe en la consecución trascendental del Último. La personalidad experiencial del hombre en evolución, unida a la esencia-Ajustador del Dios existencial, constituye la terminación potencial de la existencia suprema y es de manera inherente la base de la eventuación superfinita de la personalidad trascendental.

101:6.3La voluntad moral abarca decisiones basadas en el conocimiento razonado, acrecentadas por la sabiduría y sancionadas por la fe religiosa. Tales elecciones son actos de naturaleza moral y evidencian la existencia de una personalidad moral, precursora de la personalidad morontial y, finalmente, del verdadero estado espiritual.

101:6.4El tipo evolutivo de conocimiento no es más que la acumulación de material de memoria protoplásmica; esta es la forma más primitiva de conciencia de la criatura. La sabiduría abarca las ideas formuladas a partir de la memoria protoplásmica en proceso de asociación y recombinación, y tales fenómenos diferencian a la mente humana de la mera mente animal. Los animales tienen conocimiento, pero solo el hombre posee capacidad de sabiduría. La verdad se hace accesible al individuo dotado de sabiduría mediante el otorgamiento a esa mente de los espíritus del Padre y de los Hijos, el Ajustador del Pensamiento y el Espíritu de la Verdad.

101:6.5Cristo Miguel, cuando se otorgó en Urantia, vivió bajo el régimen de la religión evolutiva hasta el momento de su bautismo. Desde ese momento hasta el suceso de su crucifixión inclusive, llevó adelante su obra mediante la guía combinada de la religión evolutiva y de la revelada. Desde la mañana de su resurrección hasta su ascensión, recorrió las múltiples fases de la vida morontial de la transición mortal del mundo de la materia al del espíritu. Después de su ascensión, Miguel llegó a ser dueño de la experiencia de la Supremacía, la toma de conciencia del Supremo; y, como era la única persona de Nebadon que poseía una capacidad ilimitada para experimentar la realidad del Supremo, alcanzó de inmediato el estado de la soberanía de supremacía en su universo local y respecto de él.

101:6.6En el caso del hombre, la fusión final con el Ajustador que mora en él y la unidad resultante —la síntesis de personalidad del hombre y la esencia de Dios— lo constituyen, en potencia, en una parte viviente del Supremo y le aseguran a ese ser que una vez fue mortal el derecho eterno de nacimiento de la búsqueda sin fin de la finalidad del servicio en el universo para el Supremo y con él.

101:6.7La revelación enseña al hombre mortal que, para comenzar una aventura tan magnífica y fascinante a través del espacio por medio de la progresión del tiempo, debe empezar por organizar el conocimiento en ideas-decisiones; luego, ordenar a la sabiduría que trabaje sin descanso en su noble tarea de transformar las ideas que posee el yo en ideales cada vez más prácticos, pero no por ello menos excelsos, incluso aquellos conceptos que son tan razonables como ideas y tan lógicos como ideales que el Ajustador se atreve a combinarlos y espiritizarlos de tal manera que queden disponibles para una asociación tal en la mente finita que los constituya en el complemento humano real, preparado así para la acción del Espíritu de la Verdad de los Hijos, las manifestaciones en el tiempo y el espacio de la verdad del Paraíso: la verdad universal. La coordinación de las ideas-decisiones, los ideales lógicos y la verdad divina constituye la posesión de un carácter recto, requisito previo para la admisión de los mortales en las realidades siempre crecientes y cada vez más espirituales de los mundos morontiales.

101:6.8Las enseñanzas de Jesús constituyeron la primera religión urantiana que abarcó tan plenamente una coordinación armoniosa del conocimiento, la sabiduría, la fe, la verdad y el amor como para proporcionar de manera completa y simultánea tranquilidad temporal, certeza intelectual, iluminación moral, estabilidad filosófica, sensibilidad ética, conciencia de Dios y la seguridad positiva de la supervivencia personal. La fe de Jesús señaló el camino hacia la finalidad de la salvación humana, hacia lo último de la consecución mortal en el universo, ya que proporcionaba:

101:6.91. La salvación de las cadenas materiales en la toma de conciencia personal de la filiación con Dios, que es espíritu.

101:6.102. La salvación de la servidumbre intelectual: el hombre conocerá la verdad, y la verdad lo hará libre.

101:6.113. La salvación de la ceguera espiritual, la toma de conciencia humana de la hermandad de los seres mortales y la conciencia morontiana de la fraternidad de todas las criaturas del universo; el descubrimiento de la realidad espiritual por medio del servicio y la revelación de la bondad de los valores espirituales por medio del ministerio.

101:6.124. La salvación de lo incompleto del yo mediante la consecución de los niveles espirituales del universo y mediante la toma de conciencia final de la armonía de Havona y la perfección del Paraíso.

101:6.135. La salvación del yo, la liberación de las limitaciones de la conciencia de sí mediante la consecución de los niveles cósmicos de la Mente Suprema y mediante la coordinación con los logros de todos los demás seres conscientes de sí.

101:6.146. La salvación respecto del tiempo, es decir, llegar a una vida eterna de progresión sin término en el reconocimiento de Dios y en el servicio a Dios.

101:6.157. La salvación de lo finito, la unidad perfeccionada con la Deidad en el Supremo y por medio de él, mediante la cual la criatura intenta el descubrimiento trascendental del Último en los niveles posfinalitarios de lo absonito.

101:6.16Tal salvación séptuple equivale a la plenitud y la perfección de la toma de conciencia de la experiencia última del Padre Universal. Y todo esto, en potencia, está contenido en la realidad de la fe de la experiencia humana de la religión. Y puede estar contenido así porque la fe de Jesús se nutría de realidades incluso más allá de lo último, y las revelaba; la fe de Jesús se aproximó al estado de un absoluto del universo en la medida en que tal cosa puede manifestarse en el cosmos evolutivo del tiempo y del espacio.

101:6.17Mediante la apropiación de la fe de Jesús, el hombre mortal puede saborear de antemano en el tiempo las realidades de la eternidad. Jesús hizo el descubrimiento, en la experiencia humana, del Padre Final, y sus hermanos en la carne de la vida mortal pueden seguirlo en esta misma experiencia del descubrimiento del Padre. Pueden incluso alcanzar, tal como son, la misma satisfacción en esta experiencia con el Padre que alcanzó Jesús tal como era. Nuevos potenciales se realizaron en acto en el universo de Nebadon como consecuencia del otorgamiento terminal de Miguel, y uno de ellos fue la nueva iluminación del sendero de la eternidad que conduce al Padre de todos, y que pueden recorrer incluso los mortales de carne y sangre materiales en la vida inicial en los planetas del espacio. Jesús fue y es el camino nuevo y vivo por el cual el hombre puede entrar en la herencia divina que el Padre ha decretado que será suya con solo pedirla. En Jesús se demuestran abundantemente tanto los comienzos como los finales de la experiencia de fe de la humanidad, incluso de la humanidad divina.

7. Una filosofía personal de la religión

101:7.1Una idea es solo un plan teórico para la acción, mientras que una decisión positiva es un plan de acción validado. Un estereotipo es un plan de acción aceptado sin validación. Los materiales con los que construir una filosofía personal de la religión se derivan tanto de la experiencia interior como de la experiencia del entorno del individuo. La posición social, las condiciones económicas, las oportunidades educativas, las tendencias morales, las influencias institucionales, los acontecimientos políticos, las tendencias raciales y las enseñanzas religiosas del tiempo y del lugar de cada cual se convierten en factores en la formulación de una filosofía personal de la religión. Incluso el temperamento inherente y la inclinación intelectual determinan notablemente el patrón de la filosofía religiosa. La vocación, el matrimonio y los parientes influyen en la evolución de las normas personales de vida de cada uno.

101:7.2Una filosofía de la religión evoluciona a partir de un crecimiento básico de ideas más una vida experimental, a medida que ambos se modifican por la tendencia a imitar a los compañeros. La solidez de las conclusiones filosóficas depende de un pensamiento agudo, honesto y perspicaz, unido a la sensibilidad hacia los significados y a la exactitud en la evaluación. Los cobardes morales nunca alcanzan planos elevados de pensamiento filosófico; se requiere valor para invadir nuevos niveles de experiencia y para intentar la exploración de ámbitos desconocidos de la vida intelectual.

101:7.3Al poco tiempo surgen nuevos sistemas de valores; se logran nuevas formulaciones de principios y de normas; los hábitos y los ideales se remodelan; se alcanza alguna idea de un Dios personal, seguida de conceptos cada vez más amplios de la relación con él.

101:7.4La gran diferencia entre una filosofía de vida religiosa y una no religiosa consiste en la naturaleza y el nivel de los valores reconocidos y en el objeto de las lealtades. Hay cuatro fases en la evolución de la filosofía religiosa: Tal experiencia puede llegar a ser simplemente conformista, resignada a someterse a la tradición y a la autoridad. O puede quedar satisfecha con logros pequeños, apenas suficientes para estabilizar la vida diaria, y por eso se detiene pronto en ese nivel accidental. Tales mortales creen en dejar las cosas como están mientras vayan bastante bien. Un tercer grupo progresa hasta el nivel de la intelectualidad lógica, pero allí se estanca como consecuencia de la esclavitud cultural. Es en verdad lamentable contemplar a intelectos gigantes sujetos con tanta firmeza en la cruel garra de la servidumbre cultural. Es igualmente patético observar a aquellos que cambian su servidumbre cultural por las cadenas materialistas de una ciencia falsamente llamada así. El cuarto nivel de la filosofía alcanza la libertad de todas las trabas convencionales y tradicionales, y se atreve a pensar, actuar y vivir con honestidad, lealtad, valentía y veracidad.

101:7.5La prueba decisiva de cualquier filosofía religiosa consiste en si distingue o no entre las realidades del mundo material y las del mundo espiritual, y al mismo tiempo reconoce su unificación en el esfuerzo intelectual y en el servicio social. Una filosofía religiosa sólida no confunde las cosas de Dios con las cosas del César. Tampoco reconoce el culto estético del puro asombro como sustituto de la religión.

101:7.6La filosofía toma aquella religión primitiva, que en buena parte era un cuento de hadas de la conciencia, y la convierte en una experiencia viva en los valores ascendentes de la realidad cósmica.

8. La fe y la creencia

101:8.1La creencia ha alcanzado el nivel de la fe cuando motiva la vida y da forma al modo de vivir. Aceptar una enseñanza como verdadera no es fe; eso es mera creencia. Tampoco la certeza ni la convicción son fe. Un estado mental alcanza los niveles de la fe solo cuando domina realmente el modo de vivir. La fe es un atributo vivo de la experiencia religiosa personal genuina. Uno cree la verdad, admira la belleza y reverencia la bondad, pero no las adora; esa actitud de fe salvadora está centrada solo en Dios, que es todas estas cosas personificadas e infinitamente más.

101:8.2La creencia siempre limita y ata; la fe expande y desata. La creencia fija, la fe libera. Pero la fe religiosa viva es más que la asociación de creencias nobles; es más que un sistema elevado de filosofía; es una experiencia viva que tiene que ver con los significados espirituales, los ideales divinos y los valores supremos; es conocer a Dios y servir al hombre. Las creencias pueden llegar a ser posesiones de grupo, pero la fe debe ser personal. Las creencias teológicas pueden sugerirse a un grupo, pero la fe solo puede surgir en el corazón del hombre religioso individual.

101:8.3La fe ha falseado su confianza cuando pretende negar realidades y conferir a sus devotos un conocimiento supuesto. La fe es traidora cuando fomenta la traición a la integridad intelectual y menosprecia la lealtad a los valores supremos y a los ideales divinos. La fe nunca rehúye el deber de resolver los problemas de la vida mortal. La fe viva no fomenta el fanatismo, la persecución ni la intolerancia.

101:8.4La fe no encadena la imaginación creativa, ni mantiene un prejuicio irrazonable hacia los descubrimientos de la investigación científica. La fe vitaliza la religión y obliga al hombre religioso a vivir heroicamente la regla de oro. El celo de la fe es conforme al conocimiento, y sus esfuerzos son los preludios de una paz sublime.

9. La religión y la moralidad

101:9.1Ninguna revelación de religión que se presente como tal podría considerarse auténtica si no reconociera las exigencias de deber de la obligación ética que había creado y fomentado la religión evolutiva precedente. La revelación amplía indefectiblemente el horizonte ético de la religión evolucionada, al tiempo que expande, de manera simultánea e indefectible, las obligaciones morales de todas las revelaciones anteriores.

101:9.2Cuando ustedes pretendan erigirse en jueces críticos de la religión primitiva del hombre (o de la religión del hombre primitivo), deben recordar juzgar a esos salvajes y evaluar su experiencia religiosa de acuerdo con su iluminación y su estado de conciencia. No cometan el error de juzgar la religión de otro según sus propias normas de conocimiento y de verdad.

101:9.3La religión verdadera es esa convicción sublime y profunda dentro del alma que advierte al hombre de manera apremiante que estaría mal que no creyera en aquellas realidades morontiales que constituyen sus conceptos éticos y morales más elevados, su interpretación más elevada de los mayores valores de la vida y de las realidades más profundas del universo. Y tal religión es simplemente la experiencia de rendir lealtad intelectual a los dictados más elevados de la conciencia espiritual.

101:9.4La búsqueda de la belleza forma parte de la religión solo en la medida en que es ética y en la medida en que enriquece el concepto de lo moral. El arte solo es religioso cuando llega a estar impregnado de un propósito que se ha derivado de una elevada motivación espiritual.

101:9.5La conciencia espiritual iluminada del hombre civilizado no se ocupa tanto de alguna creencia intelectual específica o de algún modo particular de vivir como de descubrir la verdad del vivir, la técnica buena y recta de reaccionar ante las situaciones siempre recurrentes de la existencia mortal. La conciencia moral es solo un nombre que se aplica al reconocimiento y a la percepción humanos de aquellos valores éticos y morontiales emergentes que el deber exige que el hombre respete en el control y la guía cotidianos de la conducta.

101:9.6Aunque se reconozca que la religión es imperfecta, hay por lo menos dos manifestaciones prácticas de su naturaleza y función:

101:9.71. El impulso espiritual y la presión filosófica de la religión tienden a llevar al hombre a proyectar directamente hacia fuera, sobre los asuntos de sus semejantes, su estimación de los valores morales—la reacción ética de la religión.

101:9.82. La religión crea para la mente humana una conciencia espiritualizada de la realidad divina, basada en conceptos anteriores de valores morales y derivada de ellos por la fe, y coordinada con conceptos superpuestos de valores espirituales. La religión se convierte así en un censor de los asuntos mortales, una forma de confianza y seguridad moral glorificada en la realidad, en las realidades acrecentadas del tiempo y en las realidades más duraderas de la eternidad.

101:9.9La fe se convierte en el vínculo entre la conciencia moral y el concepto espiritual de la realidad duradera. La religión se convierte en la vía por la que el hombre escapa de las limitaciones materiales del mundo temporal y natural hacia las realidades excelsas del mundo eterno y espiritual, por medio de la técnica de la salvación, la transformación morontial progresiva.

10. La religión como liberadora del hombre

101:10.1El hombre inteligente sabe que es un hijo de la naturaleza, una parte del universo material; asimismo, no discierne ninguna supervivencia de la personalidad individual en los movimientos y las tensiones del nivel matemático del universo de la energía. Tampoco puede el hombre discernir nunca la realidad espiritual mediante el examen de las causas y los efectos físicos.

101:10.2Un ser humano es también consciente de que forma parte del cosmos ideacional, pero, aunque el concepto puede perdurar más allá de la duración de una vida mortal, no hay nada inherente en el concepto que indique la supervivencia personal de la personalidad que concibe. Tampoco el agotamiento de las posibilidades de la lógica y de la razón revelará nunca al lógico ni al razonador la verdad eterna de la supervivencia de la personalidad.

101:10.3El nivel material de la ley proporciona la continuidad de la causalidad, la respuesta incesante del efecto a la acción precedente; el nivel de la mente sugiere la perpetuación de la continuidad ideacional, el flujo incesante de potencialidad conceptual a partir de concepciones preexistentes. Pero ninguno de estos niveles del universo descubre al mortal que indaga una vía de escape de la parcialidad del estado y de la incertidumbre intolerable de ser una realidad transitoria en el universo, una personalidad temporal condenada a extinguirse al agotarse las energías vitales limitadas.

101:10.4Solo por la vía morontial que conduce al discernimiento espiritual puede el hombre romper alguna vez las cadenas inherentes a su estado mortal en el universo. La energía y la mente conducen, en efecto, de vuelta al Paraíso y a la Deidad, pero ni la dotación de energía ni la dotación de mente del hombre proceden directamente de esa Deidad del Paraíso. Solo en el sentido espiritual es el hombre un hijo de Dios. Y esto es cierto porque solo en el sentido espiritual está el hombre, en el presente, dotado por el Padre del Paraíso y habitado por él. La humanidad nunca puede descubrir la divinidad salvo por la vía de la experiencia religiosa y por el ejercicio de la verdadera fe. La aceptación por la fe de la verdad de Dios permite al hombre escapar de los confines circunscritos de las limitaciones materiales y le ofrece una esperanza racional de lograr un salvoconducto desde el reino material, en el que está la muerte, hasta el reino espiritual, en el que está la vida eterna.

101:10.5El propósito de la religión no es satisfacer la curiosidad acerca de Dios, sino más bien proporcionar constancia intelectual y seguridad filosófica, estabilizar y enriquecer la vida humana mezclando lo mortal con lo divino, lo parcial con lo perfecto, al hombre y a Dios. Es por medio de la experiencia religiosa como los conceptos de idealidad del hombre son dotados de realidad.

101:10.6Nunca puede haber pruebas científicas ni lógicas de la divinidad. La razón sola nunca puede validar los valores y las bondades de la experiencia religiosa. Pero siempre seguirá siendo cierto: Todo aquel que quiera hacer la voluntad de Dios comprenderá la validez de los valores espirituales. Esta es la aproximación más cercana que puede hacerse en el nivel mortal a ofrecer pruebas de la realidad de la experiencia religiosa. Tal fe ofrece la única escapatoria de la garra mecánica del mundo material y de la distorsión por error de lo incompleto del mundo intelectual; es la única solución descubierta al callejón sin salida del pensamiento mortal en cuanto a la supervivencia continuada de la personalidad individual. Es el único pasaporte hacia la plenitud de la realidad y hacia la eternidad de la vida en una creación universal de amor, ley, unidad y consecución progresiva de la Deidad.

101:10.7La religión cura eficazmente el sentimiento de aislamiento idealista o de soledad espiritual del hombre; concede al creyente la condición de hijo de Dios, de ciudadano de un universo nuevo y lleno de significado. La religión asegura al hombre que, al seguir el destello de rectitud discernible en su alma, se está identificando con ello con el plan del Infinito y el propósito del Eterno. Tal alma liberada empieza de inmediato a sentirse como en casa en este nuevo universo, su universo.

101:10.8Cuando ustedes experimentan tal transformación de fe, ya no son una parte servil del cosmos matemático, sino más bien hijos volitivos y liberados del Padre Universal. Ya no lucha solo ese hijo liberado contra la condena inexorable de la terminación de la existencia temporal; ya no combate contra toda la naturaleza, con todas las probabilidades desesperadamente en su contra; ya no lo hace tambalearse el miedo paralizante de haber puesto, quizá, su confianza en una quimera sin esperanza o de haber prendido su fe a un error fantasioso.

101:10.9Ahora, más bien, los hijos de Dios están alistados juntos para librar la batalla del triunfo de la realidad sobre las sombras parciales de la existencia. Por fin todas las criaturas toman conciencia del hecho de que Dios y todas las huestes divinas de un universo casi ilimitado están de su lado en la lucha excelsa por alcanzar la eternidad de vida y la divinidad de estado. Tales hijos liberados por la fe se han alistado ciertamente en las luchas del tiempo del lado de las fuerzas supremas y de las personalidades divinas de la eternidad; incluso las estrellas en sus trayectorias combaten ahora por ellos; por fin contemplan el universo desde dentro, desde el punto de vista de Dios, y todo se transforma, de las incertidumbres del aislamiento material en las certezas de la progresión espiritual eterna. Incluso el tiempo mismo llega a ser solo la sombra de la eternidad proyectada por las realidades del Paraíso sobre la panoplia en movimiento del espacio.

101:10.10[Presentado por un Melquisedec de Nebadon.]

Documento 101

La verdadera naturaleza de la religión