Parte III · Documento 90

Chamanismo—curanderos y sacerdotes

90:0.1LA evolución de las observancias religiosas avanzó desde el aplacamiento, la evitación, el exorcismo, la coerción, la conciliación y la propiciación hasta el sacrificio, la expiación y la redención. La técnica del ritual religioso pasó de las formas del culto primitivo, a través de los fetiches, a la magia y los milagros; y a medida que el ritual se hizo más complejo, en respuesta al concepto cada vez más complejo que el hombre tenía de los reinos supermateriales, quedó inevitablemente dominado por curanderos, chamanes y sacerdotes.

90:0.2En los conceptos cada vez más avanzados del hombre primitivo, el tierra de los espíritus llegó a considerarse, con el tiempo, como un mundo que no respondía al mortal común. Solo los seres humanos excepcionales podían lograr que los dioses los escucharan; solo el hombre o la mujer extraordinarios serían oídos por los espíritus. Así, la religión entra en una nueva fase, una etapa en la que poco a poco se vuelve de segunda mano; siempre se interpone un curandero, un chamán o un sacerdote entre el hombre religioso y el objeto de adoración. Y hoy la mayoría de los sistemas de creencia religiosa organizada de Urantia atraviesan este nivel de desarrollo evolutivo.

90:0.3La religión evolutiva nace de un temor sencillo y todopoderoso, el temor que surge en la mente humana cuando se enfrenta a lo desconocido, lo inexplicable y lo incomprensible. Con el tiempo, la religión llega a la comprensión, profundamente sencilla, de un amor todopoderoso, el amor que recorre irresistiblemente el alma humana cuando esta despierta a la idea del afecto ilimitado del Padre Universal por los hijos del universo. Pero entre el comienzo y la consumación de la evolución religiosa se interponen las largas edades de los chamanes, que pretenden situarse entre el hombre y Dios como intermediarios, intérpretes e intercesores.

1. Los primeros chamanes—los curanderos

90:1.1El chamán era el curandero de mayor rango, el hombre fetiche ceremonial y la personalidad central de todas las prácticas de la religión evolutiva. En muchos grupos el chamán tenía un rango superior al del jefe guerrero, lo cual marcó el comienzo del dominio de la iglesia sobre el estado. A veces el chamán actuaba como sacerdote e incluso como sacerdote-rey. Algunas de las tribus posteriores tenían tanto a los antiguos chamanes-curanderos (videntes) como a los chamanes-sacerdotes, que aparecieron más tarde. Y en muchos casos el cargo de chamán se hizo hereditario.

90:1.2Como en tiempos antiguos todo lo anormal se atribuía a la posesión por espíritus, cualquier anormalidad mental o física llamativa bastaba como requisito para ser curandero. Muchos de estos hombres eran epilépticos, muchas de las mujeres histéricas, y estos dos tipos explican buena parte de la inspiración antigua, así como de la posesión por espíritus y de la posesión diabólica. Un buen número de estos primerísimos sacerdotes pertenecían a una clase que desde entonces se ha denominado paranoica.

90:1.3Aunque tal vez practicaran el engaño en asuntos menores, la gran mayoría de los chamanes creían en el hecho de su posesión por espíritus. Las mujeres capaces de entrar en trance o en un ataque cataléptico se convertían en chamanas poderosas; más tarde, esas mujeres llegaron a ser profetisas y médiums espiritistas. Sus trances catalépticos solían incluir supuestas comunicaciones con los fantasmas de los muertos. Muchas chamanas eran también bailarinas profesionales.

90:1.4Pero no todos los chamanes se engañaban a sí mismos; muchos eran embaucadores astutos y hábiles. A medida que la profesión se desarrolló, se exigía al novicio un aprendizaje de diez años de penurias y abnegación para poder ser curandero. Los chamanes crearon una forma profesional de vestir y adoptaron una conducta misteriosa. Con frecuencia usaban drogas para inducir ciertos estados físicos que impresionaran y desconcertaran a los miembros de la tribu. La gente común consideraba sobrenaturales los juegos de manos, y la ventriloquía la usaron por primera vez sacerdotes astutos. Muchos de los antiguos chamanes dieron sin querer con el hipnotismo; otros se inducían la autohipnosis mirándose fijamente el ombligo durante largo tiempo.

90:1.5Aunque muchos recurrían a estos trucos y engaños, su reputación como clase se basaba, después de todo, en logros aparentes. Cuando un chamán fracasaba en sus empresas, si no podía presentar una excusa verosímil, era degradado o muerto. Así, los chamanes honrados perecieron pronto; solo sobrevivieron los actores astutos.

90:1.6Fue el chamanismo lo que quitó la dirección exclusiva de los asuntos tribales de las manos de los viejos y los fuertes y la puso en manos de los astutos, los hábiles y los previsores.

2. Prácticas chamanísticas

90:2.1La invocación de los espíritus era un procedimiento muy preciso y sumamente complicado, comparable a los rituales eclesiásticos de hoy que se celebran en una lengua antigua. La raza humana buscó muy pronto ayuda sobrehumana, revelación; y los hombres creían que el chamán recibía realmente tales revelaciones. Aunque los chamanes utilizaban en su trabajo el gran poder de la sugestión, casi siempre era sugestión negativa; solo en tiempos muy recientes se ha empleado la técnica de la sugestión positiva. En los primeros tiempos de su profesión, los chamanes comenzaron a especializarse en oficios como hacer llover, curar enfermedades y descubrir delitos. Sin embargo, curar enfermedades no era la función principal de un curandero chamánico; era, más bien, conocer y controlar los peligros de la vida.

90:2.2El antiguo arte negro, tanto religioso como profano, se llamaba arte blanco cuando lo practicaban sacerdotes, videntes, chamanes o curanderos. A quienes practicaban el arte negro se les llamaba hechiceros, magos, brujos, brujas, encantadores, nigromantes, conjuradores y adivinos. Con el paso del tiempo, todo ese supuesto contacto con lo sobrenatural se clasificó como brujería o como chamanería.

90:2.3La brujería abarcaba la magia que realizaban espíritus anteriores, irregulares y no reconocidos; la chamanería tenía que ver con los milagros que realizaban los espíritus regulares y los dioses reconocidos de la tribu. En tiempos posteriores la bruja quedó asociada con el diablo, y así se preparó el escenario para las muchas manifestaciones relativamente recientes de intolerancia religiosa. La brujería era una religión en muchas tribus primitivas.

90:2.4Los chamanes creían firmemente en la función del azar como revelador de la voluntad de los espíritus; con frecuencia echaban suertes para tomar decisiones. Supervivencias modernas de esta inclinación a echar suertes se ven no solo en los muchos juegos de azar, sino también en las conocidas rimas «para echar a suertes». Antes, la persona señalada por la rima debía morir; ahora solo es la que la lleva en algún juego infantil. Lo que era un asunto serio para el hombre primitivo ha sobrevivido como diversión del niño moderno.

90:2.5Los curanderos confiaban mucho en señales y presagios, como: «Cuando oigas el sonido de un susurro en las copas de las moreras, entonces te pondrás en marcha». Muy pronto en la historia de la raza los chamanes dirigieron su atención a las estrellas. La astrología primitiva fue una creencia y una práctica mundial; la interpretación de los sueños también se extendió mucho. A todo esto siguió pronto la aparición de aquellas chamanas temperamentales que afirmaban poder comunicarse con los espíritus de los muertos.

90:2.6Aunque de origen antiguo, los hacedores de lluvia, o chamanes del clima, han persistido a lo largo de las edades hasta hoy. Una sequía severa significaba la muerte para los primeros agricultores; el control del clima era el objeto de mucha magia antigua. El hombre civilizado todavía hace del clima el tema común de conversación. Todos los pueblos antiguos creían en el poder del chamán como hacedor de lluvia, pero era costumbre matarlo cuando fracasaba, a menos que pudiera ofrecer una excusa verosímil para explicar el fracaso.

90:2.7Una y otra vez los Césares desterraron a los astrólogos, pero estos siempre volvían debido a la creencia popular en sus poderes. No se les pudo expulsar, e incluso en el siglo dieciséis después de Cristo los dirigentes de la iglesia y del estado de Occidente eran protectores de la astrología. Miles de personas supuestamente inteligentes todavía creen que uno puede nacer bajo el dominio de una estrella afortunada o desafortunada; que la yuxtaposición de los cuerpos celestes determina el resultado de diversas aventuras terrestres. Los crédulos todavía acuden a los adivinos.

90:2.8Los griegos creían en la eficacia del consejo de los oráculos, los chinos usaban la magia como protección contra los demonios, el chamanismo floreció en la India, y todavía persiste abiertamente en Asia central. Es una práctica que solo recientemente se ha abandonado en gran parte del mundo.

90:2.9De tanto en tanto surgían verdaderos profetas y maestros que denunciaban y desenmascaraban el chamanismo. Incluso el hombre rojo, que va desapareciendo, tuvo un profeta así en los últimos cien años, Tenskwatawa el shawnee, que predijo el eclipse de sol de 1806 y denunció los vicios del hombre blanco. Muchos maestros verdaderos han aparecido entre las diversas tribus y razas a lo largo de las largas edades de la historia evolutiva. Y seguirán apareciendo siempre para desafiar a los chamanes o sacerdotes de cualquier época que se opongan a la educación general e intenten frustrar el progreso científico.

90:2.10De muchas maneras y por métodos tortuosos, los antiguos chamanes establecieron su reputación como voces de Dios y custodios de la providencia. Rociaban con agua a los recién nacidos y les daban nombre; circuncidaban a los varones. Presidían todas las ceremonias fúnebres y anunciaban debidamente la llegada segura de los muertos al tierra de los espíritus.

90:2.11Los sacerdotes chamánicos y los curanderos a menudo se hacían muy ricos con la acumulación de sus diversos honorarios, que en apariencia eran ofrendas a los espíritus. No pocas veces un chamán acumulaba prácticamente toda la riqueza material de su tribu. A la muerte de un hombre rico era costumbre dividir sus bienes a partes iguales con el chamán y alguna obra pública o de caridad. Esta práctica todavía se mantiene en algunas partes del Tíbet, donde la mitad de la población masculina pertenece a esta clase de no productores.

90:2.12Los chamanes vestían bien y por lo general tenían varias esposas; fueron la aristocracia original, pues estaban exentos de todas las restricciones tribales. Muy a menudo eran de mente y moral de bajo nivel. Suprimían a sus rivales llamándolos brujos o hechiceros y con mucha frecuencia llegaban a posiciones de tal influencia y poder que podían dominar a los jefes o reyes.

90:2.13El hombre primitivo veía al chamán como un mal necesario; le temía, pero no lo amaba. El hombre de los primeros tiempos respetaba el conocimiento; honraba y recompensaba la sabiduría. El chamán era en gran parte un fraude, pero la veneración por el chamanismo ilustra bien el valor que se daba a la sabiduría en la evolución de la raza.

3. La teoría chamánica de la enfermedad y la muerte

90:3.1Puesto que el hombre antiguo se consideraba a sí mismo y a su entorno material como directamente sujetos a los caprichos de los fantasmas y a los antojos de los espíritus, no es extraño que su religión se ocupara tan exclusivamente de los asuntos materiales. El hombre moderno ataca directamente sus problemas materiales; reconoce que la materia responde a la manipulación inteligente de la mente. El hombre primitivo deseaba igualmente modificar e incluso controlar la vida y las energías de los dominios físicos; y como su limitada comprensión del cosmos lo llevó a creer que los fantasmas, los espíritus y los dioses se ocupaban de manera personal e inmediata del control detallado de la vida y de la materia, dirigió lógicamente sus esfuerzos a ganarse el favor y el apoyo de estos agentes sobrehumanos.

90:3.2Visto desde esta perspectiva, mucho de lo inexplicable e irracional de los cultos antiguos se vuelve comprensible. Las ceremonias del culto eran el intento del hombre primitivo de controlar el mundo material en el que se encontraba. Y muchos de sus esfuerzos se dirigían a prolongar la vida y asegurar la salud. Como todas las enfermedades y la muerte misma se consideraban originalmente fenómenos de los espíritus, era inevitable que los chamanes, mientras actuaban como curanderos y sacerdotes, trabajaran también como médicos y cirujanos.

90:3.3La mente primitiva puede tener la desventaja de la falta de hechos, pero no por eso deja de ser lógica. Cuando los hombres reflexivos observan la enfermedad y la muerte, se ponen a determinar las causas de estos males, y de acuerdo con su entendimiento, los chamanes y los científicos han propuesto las siguientes teorías de la aflicción:

90:3.41. Los fantasmas—influencias directas de los espíritus. La primera hipótesis que se propuso para explicar la enfermedad y la muerte fue que los espíritus causaban la enfermedad al atraer el alma fuera del cuerpo; si esta no regresaba, sobrevenía la muerte. Los antiguos temían tanto la acción malévola de los fantasmas que producían enfermedades que a menudo abandonaban a los enfermos sin siquiera darles comida ni agua. Independientemente de la base errónea de estas creencias, sí lograban aislar a los afectados e impedir la propagación de las enfermedades contagiosas.

90:3.52. La violencia—causas evidentes. Las causas de algunos accidentes y muertes eran tan fáciles de identificar que pronto se sacaron de la categoría de la acción de los fantasmas. Las muertes y heridas que acompañaban a la guerra, a la lucha con animales y a otros agentes fácilmente identificables se consideraban sucesos naturales. Pero durante mucho tiempo se creyó que los espíritus seguían siendo responsables de que una herida tardara en sanar o se infectara, aun cuando su causa fuera «natural». Si no se podía descubrir ningún agente natural observable, se seguía culpando a los espíritus fantasmas de la enfermedad y la muerte.

90:3.6Hoy, en África y en otros lugares, pueden encontrarse pueblos primitivos que matan a alguien cada vez que ocurre una muerte no violenta. Sus curanderos señalan a los culpables. Si una madre muere en el parto, el niño es estrangulado de inmediato—una vida por una vida.

90:3.73. La magia—la influencia de los enemigos. Se creía que muchas enfermedades las causaba el embrujo, la acción del mal de ojo y del arco mágico que apunta. En otro tiempo era realmente peligroso señalar a alguien con el dedo; todavía se considera de mala educación señalar. En casos de enfermedad y muerte de causa oscura, los antiguos celebraban una investigación formal, disecaban el cuerpo y fijaban algún hallazgo como causa de la muerte; de lo contrario, la muerte se atribuía a la brujería, lo que hacía necesaria la ejecución de la bruja responsable. Estas antiguas investigaciones forenses salvaron la vida de muchas supuestas brujas. Entre algunos pueblos se creía que un miembro de la tribu podía morir a causa de su propia brujería, y en ese caso no se acusaba a nadie.

90:3.84. El pecado—castigo por violar un tabú. En tiempos relativamente recientes se ha creído que la enfermedad es un castigo por el pecado, personal o racial. Entre los pueblos que atraviesan este nivel de evolución, la teoría dominante es que nadie puede sufrir una aflicción a menos que haya violado un tabú. Considerar la enfermedad y el sufrimiento como «flechas del Todopoderoso dentro de ellos» es típico de tales creencias. Los chinos y los mesopotámicos consideraron durante mucho tiempo la enfermedad como resultado de la acción de demonios malignos, aunque los caldeos también veían en las estrellas la causa del sufrimiento. Esta teoría de la enfermedad como consecuencia de la ira divina todavía prevalece en muchos grupos de urantianos considerados civilizados.

90:3.95. La causalidad natural. La humanidad ha sido muy lenta en aprender los secretos materiales de la interrelación entre causa y efecto en los dominios físicos de la energía, la materia y la vida. Los antiguos griegos, que habían conservado las tradiciones de las enseñanzas de Adamson, fueron de los primeros en reconocer que toda enfermedad es resultado de causas naturales. Lenta y seguramente, el despliegue de una era científica está destruyendo las teorías milenarias del hombre sobre la enfermedad y la muerte. La fiebre fue uno de los primeros males humanos que se sacaron de la categoría de los trastornos sobrenaturales, y la era de la ciencia ha roto progresivamente los grilletes de la ignorancia que durante tanto tiempo aprisionaron la mente humana. La comprensión de la vejez y del contagio está borrando gradualmente el miedo del hombre a los fantasmas, los espíritus y los dioses como autores personales de la miseria humana y del sufrimiento mortal.

90:3.10La evolución alcanza su fin sin error: infunde en el hombre ese temor supersticioso a lo desconocido y ese pavor a lo invisible que es el andamiaje del concepto de Dios. Y después de presenciar el nacimiento de una comprensión avanzada de la Deidad, mediante la acción coordinada de la revelación, esta misma técnica de la evolución pone entonces en marcha sin error aquellas fuerzas del pensamiento que, inexorablemente, borrarán el andamiaje, que ya ha cumplido su propósito.

4. La medicina bajo los chamanes

90:4.1Toda la vida de los hombres antiguos era profiláctica; su religión era, en no pequeña medida, una técnica para prevenir las enfermedades. Y a pesar del error de sus teorías, las ponían en práctica de todo corazón; tenían una fe ilimitada en sus métodos de tratamiento, y eso, en sí mismo, es un remedio poderoso.

90:4.2La fe necesaria para sanar bajo los necios cuidados de uno de estos antiguos chamanes no era, después de todo, sustancialmente distinta de la que se necesita para experimentar la curación a manos de algunos de sus sucesores de días posteriores que se dedican al tratamiento no científico de la enfermedad.

90:4.3Las tribus más primitivas temían mucho a los enfermos, y durante largas edades se les evitó con cuidado y se les descuidó de forma vergonzosa. Fue un gran avance en humanitarismo cuando la evolución de la chamanería produjo sacerdotes y curanderos que consintieron en tratar la enfermedad. Entonces se hizo costumbre que todo el clan se apiñara en la habitación del enfermo para ayudar al chamán a ahuyentar con aullidos a los fantasmas de la enfermedad. No era raro que una mujer fuera la chamana que diagnosticaba, mientras que un hombre administraba el tratamiento. El método habitual para diagnosticar la enfermedad era examinar las entrañas de un animal.

90:4.4La enfermedad se trataba con cantos, aullidos, imposición de manos, el soplo sobre el paciente y muchas otras técnicas. En tiempos posteriores se generalizó el recurso al sueño en el templo, durante el cual supuestamente se producía la curación. Con el tiempo, los curanderos intentaron la cirugía propiamente dicha en relación con el sueño en el templo; entre las primeras operaciones estuvo la trepanación del cráneo para dejar escapar a un espíritu del dolor de cabeza. Los chamanes aprendieron a tratar fracturas y luxaciones, a abrir forúnculos y abscesos; las chamanas se hicieron expertas en la partería.

90:4.5Un método común de tratamiento era frotar algo mágico sobre una parte infectada o con una mancha del cuerpo, tirar el amuleto y, supuestamente, experimentar una curación. Se creía que si alguien llegaba a recoger el amuleto desechado, contraería de inmediato la infección o la mancha. Pasó mucho tiempo antes de que se introdujeran las hierbas y otros verdaderos medicamentos. El masaje se desarrolló junto con el encantamiento, para sacar al espíritu del cuerpo frotando, y lo precedieron los esfuerzos por hacer penetrar la medicina frotando, tal como los modernos intentan hacer penetrar los linimentos. Se creía que las ventosas y la succión de las partes afectadas, junto con la sangría, servían para librarse de un espíritu que producía enfermedad.

90:4.6Puesto que el agua era un fetiche poderoso, se utilizaba en el tratamiento de muchas dolencias. Durante mucho tiempo se creyó que el espíritu causante de la enfermedad podía eliminarse con el sudor. Los baños de vapor se tenían en gran estima; las fuentes termales naturales pronto florecieron como balnearios primitivos. El hombre primitivo descubrió que el calor aliviaba el dolor; usaba la luz del sol, órganos frescos de animales, arcilla caliente y piedras calientes, y muchos de estos métodos todavía se emplean. Se practicaba el ritmo en un esfuerzo por influir en los espíritus; los tantanes eran universales.

90:4.7Entre algunos pueblos se creía que la enfermedad la causaba una conspiración perversa entre espíritus y animales. Esto dio origen a la creencia de que existía un remedio vegetal benéfico para cada enfermedad causada por animales. Los hombres rojos eran especialmente devotos de la teoría vegetal de los remedios universales; siempre ponían una gota de sangre en el hoyo que dejaba la raíz cuando se arrancaba la planta.

90:4.8El ayuno, la dieta y los contrairritantes se usaban a menudo como medidas curativas. Las secreciones humanas, por ser decididamente mágicas, se tenían en gran estima; así, la sangre y la orina estuvieron entre las primeras medicinas, y pronto se les añadieron raíces y diversas sales. Los chamanes creían que los espíritus de la enfermedad podían ser expulsados del cuerpo con medicinas malolientes y de mal sabor. La purga se convirtió muy pronto en un tratamiento rutinario, y los valores del cacao crudo y de la quinina estuvieron entre los primeros descubrimientos farmacéuticos.

90:4.9Los griegos fueron los primeros en desarrollar métodos verdaderamente racionales de tratar a los enfermos. Tanto los griegos como los egipcios recibieron sus conocimientos médicos del valle del Éufrates. El aceite y el vino fueron una medicina muy temprana para tratar las heridas; los sumerios usaban el aceite de ricino y el opio. Muchos de estos remedios secretos, antiguos y eficaces, perdieron su poder cuando se dieron a conocer; el secreto siempre ha sido esencial para la práctica exitosa del fraude y la superstición. Solo los hechos y la verdad buscan la plena luz de la comprensión y se regocijan en la iluminación y el esclarecimiento de la investigación científica.

5. Los sacerdotes y los rituales

90:5.1La esencia del ritual es la perfección de su ejecución; entre los salvajes debe practicarse con exacta precisión. Solo cuando el ritual se ha llevado a cabo correctamente posee la ceremonia un poder obligatorio sobre los espíritus. Si el ritual es defectuoso, solo despierta la ira y el resentimiento de los dioses. Por eso, como la mente del hombre, que evolucionaba lentamente, concibió que la técnica del ritual era el factor decisivo de su eficacia, era inevitable que los primeros chamanes evolucionaran tarde o temprano hasta formar un sacerdocio preparado para dirigir la práctica meticulosa del ritual. Y así, durante decenas de miles de años, rituales interminables han obstaculizado la sociedad y han sido una maldición para la civilización, una carga intolerable para cada acto de la vida, para cada empresa racial.

90:5.2El ritual es la técnica de santificar la costumbre; el ritual crea y perpetúa mitos, además de contribuir a la conservación de las costumbres sociales y religiosas. Por otra parte, el ritual mismo ha sido engendrado por los mitos. Los rituales a menudo son al principio sociales, después se vuelven económicos y finalmente adquieren la santidad y la dignidad de la ceremonia religiosa. El ritual puede ser de práctica personal o de grupo —o ambas cosas—, como lo ilustran la oración, la danza y el drama.

90:5.3Las palabras llegan a formar parte del ritual, como en el uso de términos como amén y selah. El hábito de maldecir, el lenguaje profano, representa una prostitución de la antigua repetición ritual de nombres sagrados. La peregrinación a santuarios sagrados es un ritual muy antiguo. Después, el ritual se transformó en complejas ceremonias de purificación, limpieza y santificación. Las ceremonias de iniciación de las sociedades secretas tribales primitivas eran en realidad un rito religioso tosco. La técnica de adoración de los antiguos cultos de misterio no era más que una larga ejecución de ritual religioso acumulado. Finalmente, el ritual se desarrolló hasta llegar a los tipos modernos de ceremonias sociales y de adoración religiosa, servicios que incluyen oración, canto, lectura responsorial y otras devociones espirituales individuales y de grupo.

90:5.4Los sacerdotes evolucionaron a partir de los chamanes, pasando por oráculos, adivinos, cantores, danzantes, hacedores del clima, guardianes de reliquias religiosas, custodios de templos y pronosticadores de acontecimientos, hasta llegar a la condición de verdaderos directores de la adoración religiosa. Con el tiempo, el cargo se hizo hereditario; surgió una casta sacerdotal continua.

90:5.5A medida que la religión evolucionaba, los sacerdotes comenzaron a especializarse según sus talentos innatos o sus predilecciones particulares. Algunos se hicieron cantores, otros orantes y otros más sacrificadores; más tarde vinieron los oradores—predicadores. Y cuando la religión se institucionalizó, estos sacerdotes afirmaron «tener las llaves del cielo».

90:5.6Los sacerdotes siempre han procurado impresionar e intimidar a la gente común celebrando el ritual religioso en una lengua antigua y con diversos pases mágicos, a fin de desconcertar a los adoradores de tal modo que se acrecentara su propia piedad y autoridad. El gran peligro de todo esto es que el ritual tiende a convertirse en un sustituto de la religión.

90:5.7Los sacerdocios han hecho mucho por retrasar el desarrollo científico y obstaculizar el progreso espiritual, pero han contribuido a la estabilización de la civilización y al realce de ciertas clases de cultura. Pero muchos sacerdotes modernos han dejado de actuar como directores del ritual de la adoración de Dios, pues han dirigido su atención a la teología—el intento de definir a Dios.

90:5.8No se niega que los sacerdotes han sido una piedra de molino atada al cuello de las razas, pero los verdaderos líderes religiosos han sido inestimables al señalar el camino hacia realidades más elevadas y mejores.

90:5.9[Presentado por un Melquisedec de Nebadon.]

Documento 90

Chamanismo—curanderos y sacerdotes