Parte III · Documento 66
El Príncipe Planetario de Urantia
66:0.1CUANDO un Hijo Lanonandek llega a un mundo típico, eso significa que la voluntad —la capacidad de escoger el camino de la supervivencia eterna— ya se ha desarrollado en la mente del hombre primitivo. Pero en Urantia transcurrió casi medio millón de años desde la aparición de la voluntad humana hasta la llegada del Príncipe Planetario.
66:0.2Hace unos quinientos mil años, y al mismo tiempo que aparecían las seis razas de color o sangiks, Caligastia, el Príncipe Planetario, llegó a Urantia. Había casi quinientos millones de seres humanos primitivos en la tierra en el momento de la llegada del Príncipe, y estaban bien dispersos por Europa, Asia y África. La sede del Príncipe, establecida en Mesopotamia, se encontraba aproximadamente en el centro de la población mundial.
1. El Príncipe Caligastia
66:1.1Caligastia era un Hijo Lanonandek, el número 9344 del orden secundario. Tenía experiencia en la administración de los asuntos del universo local en general y, durante las eras posteriores, en la dirección del sistema local de Satania en particular.
66:1.2Antes del reinado de Lucifer en Satania, Caligastia había estado adscrito al consejo de los consejeros Portadores de Vida en Jerusem. Lucifer elevó a Caligastia a un puesto en su personal propio, y él desempeñó de manera satisfactoria cinco cargos sucesivos de honor y de confianza.
66:1.3Caligastia buscó muy pronto una comisión como Príncipe Planetario, pero repetidas veces, cuando su solicitud se presentaba para su aprobación en los consejos de la constelación, no lograba obtener el asentimiento de los Padres de las Constelaciones. Caligastia parecía especialmente deseoso de ser enviado como gobernante planetario a un mundo decimal o de modificación de la vida. Su petición había sido rechazada varias veces antes de que finalmente se le asignara a Urantia.
66:1.4Caligastia partió de Jerusem hacia su cargo de dominio mundial con un historial envidiable de lealtad y de devoción al bienestar del universo de su origen y de su estancia, a pesar de cierta inquietud característica, unida a una tendencia a discrepar del orden establecido en ciertas cuestiones menores.
66:1.5Yo estaba presente en Jerusem cuando el brillante Caligastia partió de la capital del sistema. Ningún príncipe de los planetas emprendió jamás una carrera de gobierno mundial con una experiencia preparatoria más rica ni con mejores perspectivas que Caligastia en aquel día memorable de hace medio millón de años. Una cosa es segura: mientras cumplía mi tarea de poner el relato de aquel acontecimiento en las difusiones del universo local, nunca, ni por un momento, abrigué en lo más mínimo la idea de que este noble Lanonandek traicionaría tan pronto su sagrado cargo de custodia planetaria y mancharía de forma tan horrible el buen nombre de su elevado orden de filiación universal. Yo consideraba de verdad que Urantia estaba entre los cinco o seis planetas más afortunados de toda Satania, porque iba a tener una mente tan experimentada, brillante y original al timón de los asuntos del mundo. Entonces no comprendí que Caligastia se enamoraba insidiosamente de sí mismo; entonces no entendía tan plenamente las sutilezas del orgullo de la personalidad.
2. El personal del Príncipe
66:2.1El Príncipe Planetario de Urantia no fue enviado solo a su misión, sino que lo acompañaba el cuerpo habitual de asistentes y ayudantes administrativos.
66:2.2A la cabeza de este grupo estaba Daligastia, el asociado-asistente del Príncipe Planetario. Daligastia era también un Hijo Lanonandek secundario, el número 319 407 de ese orden. Tenía el rango de asistente en el momento de su asignación como asociado de Caligastia.
66:2.3El personal planetario incluía un gran número de colaboradores angélicos y una multitud de otros seres celestiales asignados a hacer avanzar los intereses y promover el bienestar de las razas humanas. Pero desde el punto de vista de ustedes, el grupo más interesante de todos eran los miembros corpóreos del personal del Príncipe, a los que a veces se llama los cien de Caligastia.
66:2.4Estos cien miembros rematerializados del personal del Príncipe fueron elegidos por Caligastia entre más de 785 000 ciudadanos ascendentes de Jerusem que se ofrecieron como voluntarios para embarcarse en la aventura de Urantia. Cada uno de los cien elegidos procedía de un planeta diferente, y ninguno de ellos era de Urantia.
66:2.5Estos voluntarios jerusemitas fueron traídos por transporte seráfico directamente desde la capital del sistema hasta Urantia y, a su llegada, se les mantuvo enserafinados hasta que se les pudo proporcionar formas de personalidad de la naturaleza dual propia del servicio planetario especial, cuerpos literales de carne y hueso, pero también sintonizados con los circuitos de vida del sistema.
66:2.6Algún tiempo antes de la llegada de estos cien ciudadanos de Jerusem, los dos Portadores de Vida supervisores que residían en Urantia, después de perfeccionar sus planes, pidieron a Jerusem y a Edentia permiso para trasplantar el plasma de vida de cien supervivientes seleccionados del linaje de Andon y Fonta a los cuerpos materiales que se iban a proyectar para los miembros corpóreos del personal del Príncipe. La solicitud se concedió en Jerusem y se aprobó en Edentia.
66:2.7En consecuencia, los Portadores de Vida eligieron a cincuenta varones y cincuenta mujeres de la descendencia de Andon y Fonta, que representaban la supervivencia de las mejores cepas de esa raza única. Con una o dos excepciones, estos contribuyentes Andonitas al avance de la raza eran desconocidos entre sí. Se los reunió desde lugares muy separados mediante la dirección coordinada de los Ajustadores del Pensamiento y la guía seráfica en el umbral de la sede planetaria del Príncipe. Aquí los cien sujetos humanos fueron puestos en manos de la comisión voluntaria de Avalon, de gran pericia, que dirigió la extracción material de una parte del plasma de vida de estos descendientes de Andon. Este material vivo se transfirió después a los cuerpos materiales construidos para el uso de los cien miembros jerusemitas del personal del Príncipe. Mientras tanto, estos ciudadanos recién llegados de la capital del sistema se mantenían en el sueño del transporte seráfico.
66:2.8De estas operaciones, y de la creación literal de cuerpos especiales para los cien de Caligastia, nacieron numerosas leyendas; con el tiempo, muchas de ellas se confundieron con las tradiciones posteriores acerca de la instalación de Adán y Eva en el planeta.
66:2.9Toda la operación de repersonalización, desde el momento de la llegada de los transportes seráficos que traían a los cien voluntarios de Jerusem hasta que se convirtieron en seres conscientes y triples del mundo, duró exactamente diez días.
3. Dalamatia—la ciudad del Príncipe
66:3.1La sede del Príncipe Planetario se encontraba en la región del golfo Pérsico de aquellos tiempos, en el distrito que corresponde a la posterior Mesopotamia.
66:3.2El clima y el paisaje de la Mesopotamia de aquellos tiempos eran favorables en todos los sentidos a las empresas del personal del Príncipe y de sus asistentes, muy diferentes de las condiciones que a veces han predominado desde entonces. Era necesario contar con un clima tan favorable como parte del entorno natural destinado a inducir a los urantianos primitivos a hacer ciertos avances iniciales en la cultura y la civilización. La única gran tarea de aquellas eras era transformar al hombre de cazador en pastor, con la esperanza de que más adelante evolucionara hasta ser un agricultor amante de la paz y apegado al hogar.
66:3.3La sede del Príncipe Planetario en Urantia era típica de tales estaciones en una esfera joven y en desarrollo. El núcleo del asentamiento del Príncipe era una ciudad muy sencilla pero hermosa, rodeada por una muralla de cuarenta pies de altura. Este centro mundial de cultura recibió el nombre de Dalamatia en honor de Daligastia.
66:3.4La ciudad estaba trazada en diez subdivisiones, con las mansiones sede de los diez consejos del personal corpóreo situadas en los centros de estas subdivisiones. En el punto más central de la ciudad estaba el templo del Padre invisible. La sede administrativa del Príncipe y de sus asociados se disponía en doce cámaras agrupadas inmediatamente alrededor del propio templo.
66:3.5Los edificios de Dalamatia eran todos de una planta, excepto las sedes de los consejos, que tenían dos plantas, y el templo central del Padre de todos, que era pequeño pero de tres plantas de altura.
66:3.6La ciudad representaba las mejores prácticas de aquellos primeros tiempos en cuanto a material de construcción—el ladrillo. Se usaba muy poca piedra o madera. La construcción de viviendas y la arquitectura de las aldeas entre los pueblos de alrededor mejoraron mucho gracias al ejemplo dalamatiano.
66:3.7Cerca de la sede del Príncipe vivían seres humanos de todos los colores y estratos. Y de estas tribus cercanas se reclutaron los primeros estudiantes de las escuelas del Príncipe. Aunque estas primeras escuelas de Dalamatia eran rudimentarias, ofrecían todo lo que se podía hacer por los hombres y mujeres de aquella era primitiva.
66:3.8El personal corpóreo del Príncipe reunía continuamente a su alrededor a los individuos superiores de las tribus circundantes y, después de formar e inspirar a estos estudiantes, los enviaba de vuelta como maestros y dirigentes de sus pueblos respectivos.
4. Los primeros días de los cien
66:4.1La llegada del personal del Príncipe causó una profunda impresión. Aunque la noticia tardó casi mil años en difundirse, las tribus cercanas a la sede mesopotámica recibieron una influencia enorme de las enseñanzas y la conducta de los cien nuevos residentes de Urantia. Y gran parte de la mitología posterior de ustedes nació de las leyendas deformadas de aquellos primeros tiempos, cuando estos miembros del personal del Príncipe fueron repersonalizados en Urantia como superhombres.
66:4.2La tendencia de los mortales a ver como dioses a tales maestros extraplanetarios constituye el serio obstáculo para que estos ejerzan una buena influencia; sin embargo, aparte de la técnica de su aparición en la tierra, los cien de Caligastia —cincuenta hombres y cincuenta mujeres— no acudieron a métodos sobrenaturales ni a manipulaciones sobrehumanas.
66:4.3Pero el personal corpóreo era, sin embargo, sobrehumano. Comenzaron su misión en Urantia como extraordinarios seres triples:
66:4.41. Eran corpóreos y relativamente humanos, porque incorporaban el plasma de vida real de una de las razas humanas, el plasma de vida Andónico de Urantia.
66:4.5Estos cien miembros del personal del Príncipe se dividían por partes iguales en cuanto al sexo y de acuerdo con su condición mortal anterior. Cada persona de este grupo era capaz de llegar a ser copadre de algún nuevo orden de ser físico, pero se les había instruido con cuidado para que recurrieran a la paternidad solo en ciertas condiciones. Es costumbre que el personal corpóreo de un Príncipe Planetario procree a sus sucesores algún tiempo antes de retirarse del servicio planetario especial. Por lo general, esto ocurre en el momento de la llegada del Adán y la Eva Planetarios, o poco después.
66:4.6Por tanto, estos seres especiales tenían poca o ninguna idea del tipo de criatura material que produciría su unión sexual. Y nunca llegaron a saberlo; antes del momento de dar tal paso en la ejecución de su obra mundial, todo el régimen fue trastornado por la rebelión, y los que más tarde ejercieron la función de padres habían quedado aislados de las corrientes de vida del sistema.
66:4.7En el color de la piel y en el idioma, estos miembros materializados del personal de Caligastia siguieron a la raza Andónica. Tomaban alimento como los mortales del mundo, con esta diferencia: los cuerpos recreados de este grupo quedaban plenamente satisfechos con una dieta sin carne. Esta fue una de las consideraciones que determinaron su residencia en una región cálida, abundante en frutas y nueces. La práctica de subsistir con una dieta sin carne data de los tiempos de los cien de Caligastia, porque esta costumbre se extendió cerca y lejos e influyó en los hábitos alimentarios de muchas tribus vecinas, grupos que tenían su origen en las razas evolutivas, antes exclusivamente carnívoras.
66:4.82. Los cien eran seres materiales pero sobrehumanos, pues habían sido reconstituidos en Urantia como hombres y mujeres únicos de un orden elevado y especial.
66:4.9Este grupo, aunque gozaba de ciudadanía provisional en Jerusem, aún no se había fusionado con sus Ajustadores del Pensamiento; y cuando se ofrecieron como voluntarios y fueron aceptados para el servicio planetario en enlace con los órdenes descendentes de filiación, sus Ajustadores fueron separados de ellos. Pero estos jerusemitas eran seres sobrehumanos—poseían almas de crecimiento ascendente. Durante la vida mortal en la carne, el alma se encuentra en estado embrionario; nace (resucita) en la vida morontial y crece a través de los sucesivos mundos morontiales. Y las almas de los cien de Caligastia se habían expandido así, a través de las experiencias progresivas de los siete mundos morada, hasta la condición de ciudadanos de Jerusem.
66:4.10De acuerdo con sus instrucciones, el personal no practicó la reproducción sexual, pero estudiaron con esmero su constitución personal y exploraron con cuidado todas las fases imaginables del enlace intelectual (de la mente) y morontial (del alma). Y fue durante el trigésimo tercer año de su estancia en Dalamatia, mucho antes de que se terminara la muralla, cuando el número dos y el número siete del grupo danita descubrieron por accidente un fenómeno que acompañaba al enlace de sus yoes morontiales (que se suponían no sexuales y no materiales); y el resultado de esta aventura resultó ser la primera de las criaturas intermedias primarias. Este nuevo ser era del todo visible para el personal planetario y para sus asociados celestiales, pero no era visible para los hombres y mujeres de las diversas tribus humanas. Con la autorización del Príncipe Planetario, todo el personal corpóreo emprendió la producción de seres semejantes, y todos tuvieron éxito, al seguir las instrucciones de la pareja danita pionera. Así fue como el personal del Príncipe llegó con el tiempo a dar existencia al cuerpo original de 50 000 seres intermedios primarios.
66:4.11Estas criaturas de tipo intermedio prestaron un gran servicio en la conducción de los asuntos de la sede del mundo. Eran invisibles para los seres humanos, pero a los residentes primitivos de Dalamatia se les enseñó acerca de estos semiespíritus invisibles, y durante eras ellos constituyeron la suma total del mundo espiritual para estos mortales en evolución.
66:4.123. Los cien de Caligastia eran personalmente inmortales, es decir, no morían. Por sus formas materiales circulaban los complementos antídotos de las corrientes de vida del sistema; y si no hubieran perdido el contacto con los circuitos de vida por la rebelión, habrían seguido viviendo de forma indefinida hasta la llegada de un Hijo de Dios posterior, o hasta que, en algún momento más tarde, se les liberara para reanudar el viaje interrumpido hacia Havona y el Paraíso.
66:4.13Estos complementos antídotos de las corrientes de vida de Satania procedían del fruto del árbol de la vida, un arbusto de Edentia que los Altísimos de Norlatiadek enviaron a Urantia en el momento de la llegada de Caligastia. En los días de Dalamatia, este árbol crecía en el patio central del templo del Padre invisible, y era el fruto del árbol de la vida lo que permitía a los seres materiales, y por lo demás mortales, del personal del Príncipe vivir de forma indefinida mientras tuvieran acceso a él.
66:4.14Este supersustento no servía de nada a las razas evolutivas, pero era del todo suficiente para otorgar una vida continua a los cien de Caligastia y también a los cien Andonitas modificados que se asociaban con ellos.
66:4.15Hay que explicar a este respecto que, en el momento en que los cien Andonitas aportaron su plasma germinal humano a los miembros del personal del Príncipe, los Portadores de Vida introdujeron en sus cuerpos mortales el complemento de los circuitos del sistema; y así se les hizo capaces de seguir viviendo al mismo tiempo que el personal, siglo tras siglo, desafiando la muerte física.
66:4.16Con el tiempo, a los cien Andonitas se les dio a conocer su contribución a las nuevas formas de sus superiores, y estos mismos cien hijos de las tribus de Andon se quedaron en la sede como ayudantes personales del personal corpóreo del Príncipe.
5. La organización de los cien
66:5.1Los cien se organizaron para el servicio en diez consejos autónomos de diez miembros cada uno. Cuando dos o más de estos diez consejos se reunían en sesión conjunta, Daligastia presidía esas reuniones de enlace. Estos diez grupos estaban constituidos de la manera siguiente:
66:5.21. El consejo de alimentación y bienestar material. Este grupo lo presidía Ang. Este cuerpo competente fomentó la alimentación, el agua, el vestido y el avance material de la especie humana. Enseñaron a cavar pozos, a controlar los manantiales y a regar. Enseñaron a los que venían de las altitudes mayores y del norte métodos mejorados para tratar las pieles y usarlas como vestido, y más tarde los maestros de arte y ciencia introdujeron el tejido.
66:5.3Se hicieron grandes avances en los métodos de almacenar los alimentos. Los alimentos se conservaban por cocción, secado y ahumado; así se convirtieron en la propiedad más antigua. Se enseñó al hombre a prevenirse contra los peligros del hambre, que periódicamente diezmaba el mundo.
66:5.42. La junta de domesticación y utilización de animales. Este consejo se dedicaba a la tarea de seleccionar y criar los animales mejor adaptados para ayudar a los seres humanos a llevar cargas y a transportarse, para proporcionar alimento y, más adelante, para servir en el cultivo de la tierra. Este cuerpo competente lo dirigía Bon.
66:5.5Se domaron varios tipos de animales útiles, hoy extintos, junto con algunos que han continuado como animales domésticos hasta el día de hoy. El hombre vivía desde hacía mucho tiempo con el perro, y el hombre azul ya había logrado domar al elefante. La vaca se mejoró tanto mediante una cría cuidadosa que llegó a ser una valiosa fuente de alimento; la mantequilla y el queso se convirtieron en artículos comunes de la dieta humana. Se enseñó a los hombres a usar los bueyes para llevar cargas, pero el caballo no se domesticó hasta una fecha posterior. Los miembros de este cuerpo fueron los primeros en enseñar a los hombres a usar la rueda para facilitar la tracción.
66:5.6Fue en aquellos días cuando se usaron por primera vez las palomas mensajeras, que se llevaban en viajes largos con el fin de enviar mensajes o pedidos de ayuda. El grupo de Bon logró adiestrar a los grandes fandors como aves de pasajeros, pero estas se extinguieron hace más de treinta mil años.
66:5.73. Los consejeros sobre la conquista de los animales depredadores. No bastaba con que el hombre primitivo intentara domesticar ciertos animales, sino que también debía aprender a protegerse de la destrucción por el resto del mundo animal hostil. Este grupo lo capitaneaba Dan.
66:5.8La finalidad de una antigua muralla de ciudad era proteger contra las fieras así como impedir los ataques por sorpresa de humanos hostiles. Los que vivían fuera de las murallas y en el bosque dependían de viviendas en los árboles, chozas de piedra y el mantenimiento de fuegos nocturnos. Por tanto, era muy natural que estos maestros dedicaran mucho tiempo a instruir a sus alumnos en la mejora de las viviendas humanas. Mediante técnicas mejoradas y el uso de trampas, se hicieron grandes progresos en el sometimiento de los animales.
66:5.94. La facultad de difusión y conservación del conocimiento. Este grupo organizó y dirigió los esfuerzos puramente educativos de aquellas primeras eras. Lo presidía Fad. Los métodos educativos de Fad consistían en supervisar el trabajo, acompañado de instrucción en métodos de trabajo mejorados. Fad formuló el primer alfabeto e introdujo un sistema de escritura. Este alfabeto contenía veinticinco caracteres. Como material de escritura, estos pueblos primitivos utilizaban cortezas de árbol, tablillas de arcilla, losas de piedra, una forma de pergamino hecha de pieles martilladas y una forma tosca de material parecido al papel hecho de nidos de avispas. La biblioteca de Dalamatia, destruida poco después de la deslealtad de Caligastia, comprendía más de dos millones de registros distintos y se la conocía como la «casa de Fad».
66:5.10El hombre azul tenía preferencia por la escritura alfabética e hizo los mayores progresos en ese sentido. El hombre rojo prefería la escritura pictográfica, mientras que las razas amarillas derivaron hacia el uso de símbolos para palabras e ideas, muy semejantes a los que emplean hoy. Pero el alfabeto, y mucho más, se perdió después para el mundo durante la confusión que acompañó a la rebelión. La defección de Caligastia destruyó la esperanza del mundo de tener una lengua universal, al menos durante eras incontables.
66:5.115. La comisión de industria y comercio. Este consejo se ocupaba de fomentar la industria dentro de las tribus y de promover el comercio entre los diversos grupos de paz. Su jefe era Nod. Este cuerpo alentó toda forma de manufactura primitiva. Contribuyeron directamente a elevar el nivel de vida al proporcionar muchos productos nuevos que atrajeran el gusto de los hombres primitivos. Ampliaron mucho el comercio de la sal mejorada que producía el consejo de ciencia y arte.
66:5.12Fue entre estos grupos ilustrados, educados en las escuelas de Dalamatia, donde se practicó el primer crédito comercial. De una central de intercambio de créditos obtenían fichas que se aceptaban en lugar de los objetos reales del trueque. El mundo no mejoró estos métodos comerciales durante cientos de miles de años.
66:5.136. El colegio de religión revelada. Este cuerpo tardó en funcionar. La civilización de Urantia se forjó, literalmente, entre el yunque de la necesidad y los martillos del miedo. Pero este grupo había hecho un progreso considerable en su intento de sustituir el temor a la criatura (el culto a los fantasmas) por el temor al Creador antes de que sus trabajos se interrumpieran por la confusión posterior que acompañó a la convulsión de la secesión. El jefe de este consejo era Hap.
66:5.14Ninguno del personal del Príncipe quería presentar la revelación para complicar la evolución; presentaban la revelación solo como la culminación de su agotamiento de las fuerzas de la evolución. Pero Hap sí cedió al deseo de los habitantes de la ciudad de establecer una forma de servicio religioso. Su grupo dio a los dalamatianos los siete cantos de adoración, y también les dio la frase diaria de alabanza y, con el tiempo, les enseñó «la oración del Padre», que era así:
66:5.15«Padre de todos, cuyo Hijo honramos, míranos con favor. Líbranos del temor a todo excepto a ti. Haz que seamos un agrado para nuestros maestros divinos y pon para siempre la verdad en nuestros labios. Líbranos de la violencia y de la ira; danos respeto por nuestros mayores y por lo que pertenece a nuestros vecinos. Danos en esta estación pastos verdes y rebaños fecundos que alegren nuestro corazón. Oramos para que se apresure la venida del elevador prometido, y queremos hacer tu voluntad en este mundo como otros la hacen en mundos de más allá».
66:5.16Aunque el personal del Príncipe se limitaba a los medios naturales y a los métodos ordinarios de mejora de la raza, ofrecían la promesa del don adánico de una nueva raza como meta del crecimiento evolutivo posterior, cuando se alcanzara la cumbre del desarrollo biológico.
66:5.177. Los guardianes de la salud y de la vida. Este consejo se ocupaba de introducir la sanidad y de promover la higiene primitiva, y lo dirigía Lut.
66:5.18Sus miembros enseñaron mucho de lo que se perdió durante la confusión de las eras posteriores, para no redescubrirse hasta el siglo veinte. Enseñaron a la humanidad que la cocción, hervir y asar, era un medio de evitar las enfermedades; también que tal cocción reducía mucho la mortalidad infantil y facilitaba un destete temprano.
66:5.19Muchas de las primeras enseñanzas de los guardianes de la salud de Lut persistieron entre las tribus de la tierra hasta los días de Moisés, aunque quedaron muy deformadas y cambiaron mucho.
66:5.20El gran obstáculo para promover la higiene entre estos pueblos ignorantes consistía en el hecho de que las causas reales de muchas enfermedades eran demasiado pequeñas para verse a simple vista, y también en que todos tenían por el fuego una consideración supersticiosa. Hicieron falta miles de años para persuadirlos de quemar los desechos. Mientras tanto, se les instaba a enterrar su basura en descomposición. El gran avance sanitario de esta época vino de la difusión del conocimiento sobre las propiedades de la luz solar que dan salud y destruyen las enfermedades.
66:5.21Antes de la llegada del Príncipe, el baño había sido exclusivamente un ceremonial religioso. Era en verdad difícil persuadir a los hombres primitivos de lavarse el cuerpo como práctica de salud. Lut indujo finalmente a los maestros religiosos a incluir la limpieza con agua como parte de las ceremonias de purificación que se practicaban junto con las devociones del mediodía, una vez por semana, en la adoración del Padre de todos.
66:5.22Estos guardianes de la salud también intentaron introducir el apretón de manos en sustitución del intercambio de saliva o de beber sangre como sello de amistad personal y como señal de lealtad al grupo. Pero cuando se libraban de la presión apremiante de las enseñanzas de sus dirigentes superiores, estos pueblos primitivos no tardaban en volver a sus anteriores prácticas de ignorancia y superstición, que destruían la salud y engendraban enfermedades.
66:5.238. El consejo planetario de arte y ciencia. Este cuerpo hizo mucho por mejorar la técnica industrial del hombre primitivo y por elevar sus conceptos de la belleza. Su jefe era Mek.
66:5.24El arte y la ciencia estaban en un nivel bajo en todo el mundo, pero se enseñaron a los dalamatianos los rudimentos de la física y la química. La alfarería avanzó, todas las artes decorativas mejoraron y los ideales de la belleza humana se elevaron mucho. Pero la música hizo poco progreso hasta después de la llegada de la raza violeta.
66:5.25Estos hombres primitivos no consintieron en experimentar con la fuerza del vapor, a pesar de los repetidos estímulos de sus maestros; nunca pudieron vencer su gran miedo al poder explosivo del vapor encerrado. Sin embargo, finalmente se les persuadió de trabajar con los metales y el fuego, aunque un trozo de metal al rojo vivo era un objeto aterrador para el hombre primitivo.
66:5.26Mek hizo muchísimo por hacer avanzar la cultura de los Andonitas y por mejorar el arte del hombre azul. Una mezcla del hombre azul con el linaje de Andon produjo un tipo con dotes artísticas, y muchos de ellos llegaron a ser maestros escultores. No trabajaban la piedra ni el mármol, pero sus obras de arcilla, endurecidas por cocción, adornaban los jardines de Dalamatia.
66:5.27Se hicieron grandes progresos en las artes domésticas, la mayoría de las cuales se perdieron en las largas y oscuras eras de la rebelión, para no redescubrirse hasta los tiempos modernos.
66:5.289. Los gobernadores de las relaciones tribales avanzadas. Este era el grupo al que se confió la tarea de elevar la sociedad humana hasta el nivel de Estado. Su jefe era Tut.
66:5.29Estos dirigentes contribuyeron mucho a propiciar los matrimonios entre tribus. Fomentaron el noviazgo y el matrimonio después de la debida reflexión y de una plena oportunidad de conocerse. Las danzas de guerra puramente militares se refinaron y se pusieron al servicio de valiosos fines sociales. Se introdujeron muchos juegos de competición, pero esta gente antigua era un pueblo serio; poco humor adornaba a estas primeras tribus. Pocas de estas prácticas sobrevivieron a la desintegración posterior de la insurrección planetaria.
66:5.30Tut y sus asociados trabajaron para promover asociaciones de grupos de carácter pacífico, para regular y humanizar la guerra, para coordinar las relaciones entre tribus y para mejorar los gobiernos tribales. En las cercanías de Dalamatia se desarrolló una cultura más avanzada, y estas relaciones sociales mejoradas ayudaron mucho a influir en tribus más lejanas. Pero el patrón de civilización que predominaba en la sede del Príncipe era muy diferente de la sociedad bárbara que evolucionaba en otros lugares, así como la sociedad del siglo veinte de Ciudad del Cabo, en África del Sur, es totalmente distinta de la cultura tosca de los diminutos bosquimanos del norte.
66:5.3110. El tribunal supremo de coordinación tribal y cooperación racial. Este consejo supremo lo dirigía Van y era el tribunal de apelación de todas las otras nueve comisiones especiales encargadas de la supervisión de los asuntos humanos. Este consejo tenía una función amplia, pues se le confiaban todos los asuntos de interés terrenal que no estaban asignados de forma específica a los otros grupos. Este cuerpo selecto había sido aprobado por los Padres de las Constelaciones de Edentia antes de que se les autorizara a asumir las funciones del tribunal supremo de Urantia.
6. El reinado del Príncipe
66:6.1El grado de cultura de un mundo se mide por la herencia social de sus seres nativos, y el ritmo de la expansión cultural lo determina por completo la capacidad de sus habitantes para comprender ideas nuevas y avanzadas.
66:6.2La esclavitud a la tradición produce estabilidad y cooperación al unir sentimentalmente el pasado con el presente, pero también ahoga la iniciativa y esclaviza los poderes creativos de la personalidad. Todo el mundo estaba atrapado en el estancamiento de unos mores atados a la tradición cuando llegaron los cien de Caligastia y comenzaron la proclamación del nuevo evangelio de la iniciativa individual dentro de los grupos sociales de aquel tiempo. Pero este gobierno benéfico se interrumpió tan pronto que las razas nunca se han liberado del todo de la esclavitud de la costumbre; la moda todavía domina indebidamente en Urantia.
66:6.3Los cien de Caligastia —graduados de los mundos morada de Satania— conocían bien las artes y la cultura de Jerusem, pero tal conocimiento casi no tiene valor en un planeta bárbaro poblado por humanos primitivos. Estos seres sabios sabían que no debían emprender la transformación repentina, o la elevación en masa, de las razas primitivas de aquel tiempo. Comprendían bien la lenta evolución de la especie humana, y con sabiduría se abstuvieron de todo intento radical de modificar el modo de vida del hombre en la tierra.
66:6.4Cada una de las diez comisiones planetarias se dispuso a hacer avanzar lentamente y de forma natural los intereses que se le habían confiado. Su plan consistía en atraer a las mejores mentes de las tribus circundantes y, después de formarlas, enviarlas de vuelta a su pueblo como emisarios de la elevación social.
66:6.5Nunca se enviaban emisarios extranjeros a una raza excepto a petición expresa de ese pueblo. Los que trabajaban por la elevación y el avance de una tribu o raza dada eran siempre nativos de esa tribu o raza. Los cien no intentaban imponer los hábitos y los mores ni siquiera de una raza superior a otra tribu. Siempre trabajaban con paciencia para elevar y hacer avanzar los mores de cada raza, probados por el tiempo. La gente sencilla de Urantia traía sus costumbres sociales a Dalamatia, no para cambiarlas por prácticas nuevas y mejores, sino para que se elevaran mediante el contacto con una cultura más alta y mediante la asociación con mentes superiores. El proceso era lento pero muy eficaz.
66:6.6Los maestros de Dalamatia intentaron añadir una selección social consciente a la selección puramente natural de la evolución biológica. No trastornaron la sociedad humana, pero sí aceleraron notablemente su evolución normal y natural. Su motivo era el progreso por evolución y no la revolución por revelación. La raza humana había pasado eras en adquirir la poca religión y moral que tenía, y estos superhombres sabían que no debían privar a la humanidad de estos pocos avances con la confusión y la consternación que siempre resultan cuando seres ilustrados y superiores emprenden la elevación de las razas atrasadas mediante un exceso de enseñanza y de iluminación.
66:6.7Cuando los misioneros cristianos van al corazón de África, donde se supone que los hijos y las hijas deben permanecer bajo el control y la dirección de sus padres durante toda la vida de los padres, solo provocan confusión y la ruptura de toda autoridad cuando intentan, en una sola generación, sustituir esta práctica con la enseñanza de que estos hijos deben quedar libres de toda restricción paterna después de cumplir los veintiún años.
7. La vida en Dalamatia
66:7.1La sede del Príncipe, aunque era de una belleza exquisita y estaba concebida para impresionar a los hombres primitivos de aquella era, era del todo modesta. Los edificios no eran especialmente grandes, porque el motivo de estos maestros importados era alentar el desarrollo final de la agricultura mediante la introducción de la cría de animales. La provisión de tierra dentro de las murallas de la ciudad bastaba para dar pastos y huertos para el sustento de una población de unos veinte mil habitantes.
66:7.2Los interiores del templo central de adoración y de las diez mansiones de los consejos de los grupos supervisores de superhombres eran en verdad hermosas obras de arte. Y aunque los edificios residenciales eran modelos de orden y limpieza, todo era muy sencillo y del todo primitivo en comparación con los desarrollos de épocas posteriores. En esta sede de la cultura no se empleó ningún método que no perteneciera de forma natural a Urantia.
66:7.3El personal corpóreo del Príncipe presidía viviendas sencillas y ejemplares que mantenían como hogares destinados a inspirar e impresionar favorablemente a los estudiantes observadores que residían en el centro social y la sede educativa del mundo.
66:7.4El orden definido de la vida familiar y la convivencia de una familia en una sola residencia de ubicación relativamente fija datan de estos tiempos de Dalamatia y se debieron principalmente al ejemplo y a las enseñanzas de los cien y de sus alumnos. El hogar como unidad social nunca llegó a tener éxito hasta que los superhombres y las supermujeres de Dalamatia llevaron a la humanidad a amar a sus nietos y a los hijos de sus nietos y a hacer planes para ellos. El hombre salvaje ama a su hijo, pero el hombre civilizado ama también a su nieto.
66:7.5El personal del Príncipe vivía en pareja como padres y madres. Es verdad que no tenían hijos propios, pero los cincuenta hogares modelo de Dalamatia nunca albergaron menos de quinientos pequeños adoptados, reunidos de las familias superiores de las razas Andónica y sangik; muchos de estos niños eran huérfanos. Recibían el favor de la disciplina y la formación de estos superpadres; y después, tras tres años en las escuelas del Príncipe (ingresaban entre los trece y los quince años), podían casarse y estaban preparados para recibir sus comisiones como emisarios del Príncipe ante las tribus necesitadas de sus razas respectivas.
66:7.6Fad patrocinó el plan de enseñanza de Dalamatia, que se llevaba a cabo como una escuela industrial en la que los alumnos aprendían haciendo, y en la que se costeaban sus estudios mediante el desempeño diario de tareas útiles. Este plan de educación no descuidaba el pensamiento ni el sentimiento en el desarrollo del carácter; pero daba el primer lugar a la formación manual. La instrucción era individual y colectiva. A los alumnos les enseñaban tanto hombres como mujeres, y los dos actuando juntos. Una mitad de esta instrucción en grupo era separada por sexos; la otra mitad era mixta. A los estudiantes se les enseñaba destreza manual como individuos y se les socializaba en grupos o clases. Se les formaba para fraternizar con grupos más jóvenes, con grupos mayores y con adultos, así como para trabajar en equipo con los de su propia edad. También se les familiarizaba con asociaciones como los grupos familiares, los equipos de juego y las clases escolares.
66:7.7Entre los estudiantes posteriores formados en Mesopotamia para trabajar con sus razas respectivas había Andonitas de las tierras altas del oeste de la India, junto con representantes de los hombres rojos y de los hombres azules; todavía más tarde se recibió también a un pequeño número de la raza amarilla.
66:7.8Hap presentó a las primeras razas una ley moral. Este código se conocía como «El Camino del Padre» y consistía en los siete mandamientos siguientes:
66:7.91. No temerás ni servirás a ningún Dios sino al Padre de todos.
66:7.102. No desobedecerás al Hijo del Padre, el gobernante del mundo, ni faltarás al respeto a sus asociados sobrehumanos.
66:7.113. No dirás mentira cuando te llamen ante los jueces del pueblo.
66:7.124. No matarás a hombres, mujeres ni niños.
66:7.135. No robarás los bienes ni el ganado de tu prójimo.
66:7.146. No tocarás a la mujer de tu amigo.
66:7.157. No faltarás al respeto a tus padres ni a los ancianos de la tribu.
66:7.16Esta fue la ley de Dalamatia durante casi trescientos mil años. Y muchas de las piedras en las que se inscribió esta ley yacen hoy bajo las aguas frente a las costas de Mesopotamia y Persia. Se hizo costumbre tener presente uno de estos mandamientos cada día de la semana, y usarlo en los saludos y en la acción de gracias de las comidas.
66:7.17La medida del tiempo en aquellos días era el mes lunar, período que se calculaba en veintiocho días. Esa era, con la excepción del día y la noche, la única cuenta del tiempo que conocían los pueblos primitivos. La semana de siete días la introdujeron los maestros de Dalamatia y surgió del hecho de que siete era la cuarta parte de veintiocho. La importancia del número siete en el superuniverso les dio sin duda la oportunidad de introducir un recordatorio espiritual en la cuenta común del tiempo. Pero no hay un origen natural para el período semanal.
66:7.18La región alrededor de la ciudad estaba bastante bien poblada en un radio de cien millas. En los alrededores inmediatos de la ciudad, cientos de graduados de las escuelas del Príncipe se dedicaban a la cría de animales y ponían en práctica de otras maneras la instrucción que habían recibido de su personal y de sus numerosos ayudantes humanos. Unos pocos se dedicaban a la agricultura y la horticultura.
66:7.19La humanidad no fue condenada al trabajo agrícola como castigo de un supuesto pecado. «Con el sudor de tu rostro comerás el fruto de los campos» no fue una sentencia de castigo pronunciada por la participación del hombre en las locuras de la rebelión de Lucifer bajo la dirección del traidor Caligastia. El cultivo de la tierra es inherente al establecimiento de una civilización en progreso en los mundos evolutivos, y este mandato fue el centro de toda la enseñanza del Príncipe Planetario y de su personal durante los trescientos mil años que transcurrieron entre su llegada a Urantia y aquellos días trágicos en que Caligastia unió su suerte a la del rebelde Lucifer. El trabajo de la tierra no es una maldición; es más bien la bendición más alta para todos los que tienen así el permiso de disfrutar de la más humana de todas las actividades humanas.
66:7.20Al estallar la rebelión, Dalamatia tenía una población residente de casi seis mil personas. Esta cifra incluye a los estudiantes regulares, pero no abarca a los visitantes y observadores, que siempre fueron más de mil. Pero ustedes pueden tener poco o ningún concepto del maravilloso progreso de aquellos tiempos lejanos; prácticamente todos los maravillosos logros humanos de aquellos días quedaron borrados por la horrible confusión y la abyecta oscuridad espiritual que siguieron a la catástrofe de engaño y sedición de Caligastia.
8. Las desventuras de Caligastia
66:8.1Al repasar la larga carrera de Caligastia, solo encontramos un rasgo destacado de su conducta que podría haber llamado la atención: era ultraindividualista. Tendía a ponerse del lado de casi todos los partidos de protesta, y solía simpatizar con los que expresaban de forma moderada una crítica implícita. Detectamos la temprana aparición de esta tendencia a sentirse inquieto bajo la autoridad, a resentir de forma moderada toda forma de supervisión. Aunque algo resentido ante el consejo de sus mayores y un tanto impaciente bajo la autoridad superior, sin embargo, cada vez que había llegado una prueba, siempre había demostrado ser leal a los gobernantes del universo y obediente a los mandatos de los Padres de las Constelaciones. Nunca se encontró en él ninguna falta real hasta el momento de su vergonzosa traición a Urantia.
66:8.2Hay que señalar que tanto a Lucifer como a Caligastia se les había instruido con paciencia y advertido con amor respecto a sus tendencias críticas y al sutil desarrollo de su orgullo de sí mismos y de la exageración del sentimiento de su propia importancia que lo acompañaba. Pero todos estos intentos de ayuda se habían malinterpretado como una crítica sin fundamento y como una injerencia injustificada en las libertades personales. Tanto Caligastia como Lucifer juzgaron que sus consejeros amigos actuaban movidos por los mismos motivos, muy censurables, que comenzaban a dominar su propio pensamiento distorsionado y sus planes equivocados. Juzgaron a sus consejeros desinteresados por su propio egoísmo en desarrollo.
66:8.3Desde la llegada del Príncipe Caligastia, la civilización planetaria progresó de una manera bastante normal durante casi trescientos mil años. Aparte de ser una esfera de modificación de la vida y, por tanto, estar sujeta a numerosas irregularidades y a episodios poco comunes de fluctuación evolutiva, Urantia progresó de forma muy satisfactoria en su carrera planetaria hasta los tiempos de la rebelión de Lucifer y de la traición simultánea de Caligastia. Toda la historia posterior ha quedado modificada de forma definida por este error catastrófico, así como por el fracaso posterior de Adán y Eva en cumplir su misión planetaria.
66:8.4El Príncipe de Urantia entró en las tinieblas en el momento de la rebelión de Lucifer, y precipitó así la larga confusión del planeta. Después fue privado de la autoridad soberana por la acción coordinada de los gobernantes de la constelación y de otras autoridades del universo. Compartió las inevitables vicisitudes de la Urantia aislada hasta el tiempo de la estancia de Adán en el planeta, y contribuyó en algo al fracaso del plan de elevar a las razas mortales mediante la infusión de la sangre vital de la nueva raza violeta—los descendientes de Adán y Eva.
66:8.5El poder del Príncipe caído para perturbar los asuntos humanos quedó enormemente reducido por la encarnación mortal de Machiventa Melquisedec en los días de Abraham; y después, durante la vida de Miguel en la carne, a este Príncipe traidor se le despojó por fin de toda autoridad en Urantia.
66:8.6La doctrina de un diablo personal en Urantia, aunque tenía algún fundamento en la presencia planetaria del traidor e inicuo Caligastia, era sin embargo del todo ficticia en sus enseñanzas de que tal «diablo» podía influir en la mente humana normal en contra de su elección libre y natural. Incluso antes del otorgamiento de Miguel en Urantia, ni Caligastia ni Daligastia pudieron nunca oprimir a los mortales ni coaccionar a ningún individuo normal para que hiciera algo contra la voluntad humana. El libre albedrío del hombre es supremo en los asuntos morales; incluso el Ajustador del Pensamiento que mora en él se niega a obligar al hombre a pensar un solo pensamiento o a realizar un solo acto contra la elección de su propia voluntad.
66:8.7Y ahora este rebelde del mundo, despojado de todo poder para dañar a sus antiguos súbditos, espera el juicio final, por parte de los Ancianos de Días de Uversa, de todos los que participaron en la rebelión de Lucifer.
66:8.8[Presentado por un Melquisedec de Nebadon.]