Parte IV · Documento 138
Formación de los mensajeros del reino
138:0.1DESPUÉS de predicar el sermón sobre «El reino», Jesús reunió a los seis apóstoles esa tarde y comenzó a revelarles sus planes para visitar las ciudades de los alrededores del mar de Galilea. Sus hermanos Santiago y Judas se sintieron muy heridos porque no fueron llamados a esta reunión. Hasta ese momento se habían considerado parte del círculo íntimo de los asociados de Jesús. Pero Jesús se proponía que ningún pariente cercano fuera miembro de este cuerpo de directores apostólicos del reino. Esta omisión de Santiago y Judas entre los pocos elegidos, junto con su aparente distanciamiento de su madre desde la experiencia de Caná, fue el punto de partida de un abismo cada vez más ancho entre Jesús y su familia. Esta situación continuó durante todo su ministerio público —estuvieron muy cerca de rechazarlo—, y estas diferencias no se eliminaron por completo sino hasta después de su muerte y resurrección. Su madre vaciló constantemente entre actitudes de fe y esperanza fluctuantes y emociones crecientes de decepción, humillación y desesperación. Solo Rut, la menor, permaneció inquebrantablemente leal a su padre-hermano.
138:0.2Hasta después de la resurrección, toda la familia de Jesús tuvo muy poco que ver con su ministerio. Si un profeta no carece de honra sino en su propia tierra, tampoco carece de una apreciación comprensiva sino en su propia familia.
1. Instrucciones finales
138:1.1Al día siguiente, domingo 23 de junio del año 26 d. C., Jesús impartió sus instrucciones finales a los seis. Les indicó que salieran, de dos en dos, a enseñar la buena nueva del reino. Les prohibió bautizar y les aconsejó no predicar en público. Pasó a explicarles que más adelante les permitiría predicar en público, pero que por un tiempo, y por muchas razones, deseaba que adquirieran experiencia práctica en el trato personal con sus semejantes. Jesús se propuso que su primera gira fuera enteramente de trabajo personal. Aunque este anuncio fue en cierta medida una decepción para los apóstoles, vieron, al menos en parte, la razón de Jesús para comenzar así la proclamación del reino, y partieron con buen ánimo y con un entusiasmo confiado. Los envió de dos en dos: Santiago y Juan fueron a Kheresa, Andrés y Pedro a Cafarnaúm, mientras que Felipe y Natanael fueron a Tariquea.
138:1.2Antes de que comenzaran estas dos primeras semanas de servicio, Jesús les anunció que deseaba ordenar doce apóstoles para continuar la obra del reino después de su partida, y autorizó a cada uno de ellos a escoger a un hombre de entre sus primeros conversos para que formara parte del cuerpo de apóstoles proyectado. Juan tomó la palabra y preguntó: «Pero, Maestro, ¿vendrán estos seis hombres a estar entre nosotros y compartirán todas las cosas por igual con nosotros, que hemos estado contigo desde el Jordán y hemos oído toda tu enseñanza en preparación para esta, nuestra primera labor por el reino?». Y Jesús respondió: «Sí, Juan, los hombres que ustedes escojan llegarán a ser uno con nosotros, y ustedes les enseñarán todo lo que concierne al reino, así como yo les he enseñado a ustedes». Después de hablar así, Jesús los dejó.
138:1.3Los seis no se separaron para ir a su trabajo hasta que intercambiaron muchas palabras en la discusión de la instrucción de Jesús de que cada uno de ellos escogiera a un nuevo apóstol. Finalmente prevaleció el consejo de Andrés, y salieron a sus labores. En sustancia, Andrés dijo: «El Maestro tiene razón; somos demasiado pocos para abarcar esta obra. Hacen falta más maestros, y el Maestro nos ha manifestado una gran confianza al encomendarnos la elección de estos seis nuevos apóstoles». Esa mañana, al separarse para ir a su trabajo, había en cada corazón un poco de abatimiento oculto. Sabían que iban a echar de menos a Jesús, y además de su temor y su timidez, no era así como se habían imaginado la inauguración del reino de los cielos.
138:1.4Se había acordado que los seis trabajarían durante dos semanas, después de lo cual regresarían a la casa de Zebedeo para una reunión. Mientras tanto, Jesús fue a Nazaret a visitar a José, a Simón y a otros miembros de su familia que vivían en esa zona. Jesús hizo todo lo humanamente posible, en armonía con su consagración a hacer la voluntad de su Padre, para conservar la confianza y el afecto de su familia. En este asunto cumplió plenamente con su deber, y aún más.
138:1.5Mientras los apóstoles estaban fuera en esta misión, Jesús pensó mucho en Juan, que ahora estaba en la cárcel. Era una gran tentación usar sus poderes potenciales para liberarlo, pero una vez más se resignó a «esperar la voluntad del Padre».
2. La elección de los seis
138:2.1Esta primera gira misionera de los seis tuvo un éxito sobresaliente. Todos descubrieron el gran valor del contacto directo y personal con los hombres. Volvieron a Jesús más plenamente conscientes de que, después de todo, la religión es pura y totalmente una cuestión de experiencia personal. Empezaron a percibir cuánta hambre tenía la gente común de oír palabras de consuelo religioso y de buen ánimo espiritual. Cuando se reunieron en torno a Jesús, todos querían hablar a la vez, pero Andrés tomó el mando, y a medida que los llamaba uno por uno, presentaron sus informes formales al Maestro y propusieron a sus candidatos para los seis nuevos apóstoles.
138:2.2Después de que cada hombre presentó su elección para los nuevos puestos de apóstol, Jesús pidió a todos los demás que votaran sobre la propuesta; así, los seis nuevos apóstoles fueron aceptados formalmente por todos los seis más antiguos. Entonces Jesús anunció que todos irían a visitar a estos candidatos y les darían la llamada al servicio.
138:2.3Los apóstoles recién elegidos fueron:
138:2.41. Mateo Leví, quien cobraba los derechos de aduana en Cafarnaúm y tenía su despacho inmediatamente al este de la ciudad, cerca de los confines de Batanea. Andrés fue quien lo eligió.
138:2.52. Tomás Dídimo, pescador de Tariquea y antiguo carpintero y cantero de Gadara. Lo eligió Felipe.
138:2.63. Santiago Alfeo, pescador y agricultor de Kheresa, fue elegido por Santiago Zebedeo.
138:2.74. Judas Alfeo, el hermano gemelo de Santiago Alfeo, también pescador, fue elegido por Juan Zebedeo.
138:2.85. Simón Zelotes era un alto oficial de la organización patriótica de los zelotes, cargo al que renunció para unirse a los apóstoles de Jesús. Antes de unirse a los zelotes, Simón había sido comerciante. Lo eligió Pedro.
138:2.96. Judas Iscariote era hijo único de padres judíos acaudalados que vivían en Jericó. Se había vinculado a Juan el Bautista, y sus padres saduceos lo habían repudiado. Buscaba empleo en estas regiones cuando los apóstoles de Jesús lo encontraron, y principalmente por su experiencia en finanzas, Natanael lo invitó a unirse a sus filas. Judas Iscariote era el único judeo entre los doce apóstoles.
138:2.10Jesús dedicó un día completo a los seis, contestó sus preguntas y escuchó los pormenores de sus informes, porque tenían muchas experiencias interesantes y provechosas que contar. Ahora veían la sabiduría del plan del Maestro, que los había enviado a trabajar de un modo discreto y personal antes de emprender sus esfuerzos públicos más ambiciosos.
3. La llamada de Mateo y Simón
138:3.1Al día siguiente, Jesús y los seis fueron a visitar a Mateo, el recaudador de aduanas. Mateo los esperaba, después de haber hecho el balance de sus libros y de haberse preparado para entregar los asuntos de su oficina a su hermano. Al acercarse a la casa de peaje, Andrés se adelantó con Jesús, quien, mirando a Mateo a la cara, dijo: «Sígueme». Y él se levantó y fue a su casa con Jesús y los apóstoles.
138:3.2Mateo le habló a Jesús del banquete que había preparado para esa noche, o al menos de que deseaba dar una cena así a su familia y a sus amigos si Jesús lo aprobaba y consentía en ser el invitado de honor. Y Jesús asintió con la cabeza. Entonces Pedro llevó aparte a Mateo y le explicó que había invitado a un tal Simón a unirse a los apóstoles, y obtuvo su consentimiento para que Simón también fuera invitado a esta fiesta.
138:3.3Después de un almuerzo de mediodía en casa de Mateo, todos fueron con Pedro a visitar a Simón el zelote, a quien encontraron en su antiguo lugar de negocios, que ahora dirigía su sobrino. Cuando Pedro condujo a Jesús hasta Simón, el Maestro saludó al ardiente patriota y solo dijo: «Sígueme».
138:3.4Todos volvieron a casa de Mateo, donde hablaron mucho de política y de religión hasta la hora de la cena. La familia Leví se había dedicado durante mucho tiempo a los negocios y a la recaudación de impuestos; por eso, muchos de los invitados que Mateo había convidado a este banquete habrían sido calificados de «publicanos y pecadores» por los fariseos.
138:3.5En aquellos días, cuando se ofrecía un banquete de recepción de este tipo a una persona destacada, era costumbre que todas las personas interesadas se quedaran por la sala del banquete para observar a los invitados a la mesa y escuchar la conversación y los discursos de los hombres de honor. Por consiguiente, la mayoría de los fariseos de Cafarnaúm estaban presentes en esta ocasión para observar la conducta de Jesús en esta reunión social poco común.
138:3.6A medida que avanzaba la cena, la alegría de los comensales subió a grandes alturas de buen ánimo, y todos lo pasaban tan espléndidamente que los fariseos que miraban comenzaron, en su corazón, a criticar a Jesús por participar en un acontecimiento tan alegre y despreocupado. Más tarde, ya entrada la noche, cuando se pronunciaban discursos, uno de los fariseos más malintencionados llegó al extremo de criticar ante Pedro la conducta de Jesús, diciendo: «¿Cómo te atreves a enseñar que este hombre es justo, cuando come con publicanos y pecadores y presta así su presencia a semejantes escenas de diversión despreocupada?». Pedro le susurró esta crítica a Jesús antes de que se pronunciara la bendición de despedida sobre los reunidos. Cuando Jesús comenzó a hablar, dijo: «Al venir aquí esta noche para acoger a Mateo y a Simón en nuestro compañerismo, me alegra presenciar su alegría y su buen ánimo social, pero deberían regocijarse aún más porque muchos de ustedes encontrarán la entrada al reino venidero del espíritu, donde disfrutarán más abundantemente de las cosas buenas del reino de los cielos. Y a ustedes, que están por aquí criticándome en su corazón porque he venido aquí a festejar con estos amigos, permítanme decirles que he venido a proclamar alegría a los socialmente oprimidos y libertad espiritual a los cautivos morales. ¿Necesito recordarles que no son los sanos los que necesitan médico, sino más bien los enfermos? No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».
138:3.7Y verdaderamente era un espectáculo extraño en todo el mundo judío: ver a un hombre de carácter justo y de sentimientos nobles mezclarse libre y alegremente con la gente común, incluso con una multitud irreligiosa y amante de los placeres, de publicanos y de tenidos por pecadores. Simón Zelotes deseaba pronunciar un discurso en esta reunión en casa de Mateo, pero Andrés, que sabía que Jesús no quería que el reino venidero se confundiera con el movimiento de los zelotes, lo convenció de que se abstuviera de hacer comentarios en público.
138:3.8Jesús y los apóstoles se quedaron esa noche en casa de Mateo, y mientras la gente volvía a sus hogares, hablaban de una sola cosa: la bondad y la amabilidad de Jesús.
4. La llamada de los gemelos
138:4.1Al día siguiente, los nueve fueron en barca a Kheresa para llevar a cabo la llamada formal de los dos apóstoles siguientes, Santiago y Judas, los hijos gemelos de Alfeo, los candidatos de Santiago y Juan Zebedeo. Los gemelos pescadores esperaban a Jesús y a sus apóstoles, y por eso los aguardaban en la orilla. Santiago Zebedeo presentó al Maestro a los pescadores de Kheresa, y Jesús, mirándolos fijamente, asintió con la cabeza y dijo: «Síganme».
138:4.2Esa tarde, que pasaron juntos, Jesús los instruyó plenamente sobre la asistencia a reuniones festivas, y concluyó sus palabras diciendo: «Todos los hombres son mis hermanos. Mi Padre que está en el cielo no desprecia a ninguna criatura de nuestra hechura. El reino de los cielos está abierto a todos los hombres y mujeres. Ningún hombre puede cerrar la puerta de la misericordia en la cara de un alma hambrienta que busque la manera de entrar. Nos sentaremos a la mesa con todos los que deseen oír hablar del reino. Tal como nuestro Padre que está en el cielo mira a los hombres, todos son iguales. No se nieguen, pues, a partir el pan con fariseo o pecador, saduceo o publicano, romano o judío, rico o pobre, libre o esclavo. La puerta del reino está abierta de par en par para todos los que desean conocer la verdad y encontrar a Dios».
138:4.3Esa noche, en una cena sencilla en casa de Alfeo, los hermanos gemelos fueron recibidos en la familia apostólica. Más tarde, esa misma noche, Jesús dio a sus apóstoles su primera lección sobre el origen, la naturaleza y el destino de los espíritus impuros, pero no pudieron comprender el alcance de lo que les dijo. Les resultaba muy fácil amar y admirar a Jesús, pero muy difícil entender muchas de sus enseñanzas.
138:4.4Después de una noche de descanso, todo el grupo, que ahora sumaba once, fue en barca a Tariquea.
5. La llamada de Tomás y Judas
138:5.1Tomás el pescador y Judas el errante se encontraron con Jesús y los apóstoles en el embarcadero de las barcas de pesca de Tariquea, y Tomás llevó al grupo a su casa, que estaba cerca. Felipe presentó entonces a Tomás como su candidato al apostolado, y Natanael presentó a Judas Iscariote, el judeo, para los mismos honores. Jesús miró a Tomás y dijo: «Tomás, te falta fe; no obstante, te recibo. Sígueme». A Judas Iscariote el Maestro le dijo: «Judas, todos somos de una misma carne, y al recibirte entre nosotros, ruego que siempre seas leal a tus hermanos galileos. Sígueme».
138:5.2Cuando se repusieron, Jesús apartó a los doce por un tiempo para orar con ellos e instruirlos sobre la naturaleza y la obra del Espíritu Santo, pero de nuevo en gran parte no lograron comprender el significado de aquellas verdades maravillosas que él se esforzaba por enseñarles. Uno captaba un punto y otro comprendía otro, pero ninguno de ellos podía abarcar la totalidad de su enseñanza. Siempre cometían el error de intentar encajar el nuevo evangelio de Jesús en sus viejas formas de creencia religiosa. No podían captar la idea de que Jesús había venido a proclamar un nuevo evangelio de salvación y a establecer un nuevo camino para encontrar a Dios; no percibían que él era una nueva revelación del Padre que está en el cielo.
138:5.3Al día siguiente, Jesús dejó completamente solos a sus doce apóstoles; quería que se conocieran entre sí y deseaba que estuvieran solos para conversar sobre lo que les había enseñado. El Maestro regresó para la cena, y durante las horas de la sobremesa les habló del ministerio de los serafines, y algunos de los apóstoles comprendieron su enseñanza. Descansaron una noche y al día siguiente partieron en barca hacia Cafarnaúm.
138:5.4Zebedeo y Salomé se habían ido a vivir con su hijo David para que su gran casa pudiera quedar a disposición de Jesús y de sus doce apóstoles. Aquí pasó Jesús un sábado tranquilo con sus mensajeros escogidos; trazó cuidadosamente los planes para proclamar el reino y explicó plenamente la importancia de evitar todo choque con las autoridades civiles, diciendo: «Si hay que reprender a los gobernantes civiles, déjenme esa tarea a mí. Procuren no hacer ninguna denuncia contra el César ni contra sus servidores». Fue esa misma noche cuando Judas Iscariote llevó aparte a Jesús para preguntarle por qué no se hacía nada para sacar a Juan de la cárcel. Y Judas no quedó del todo satisfecho con la actitud de Jesús.
6. La semana de formación intensiva
138:6.1La semana siguiente se dedicó a un programa de formación intensa. Cada día, los seis nuevos apóstoles quedaban en manos de sus respectivos proponentes para un repaso a fondo de todo lo que habían aprendido y vivido en preparación para la obra del reino. Los apóstoles más antiguos repasaron cuidadosamente, en beneficio de los seis más jóvenes, las enseñanzas de Jesús hasta ese momento. Por las noches, todos se reunían en el jardín de Zebedeo para recibir la instrucción de Jesús.
138:6.2Fue en esta época cuando Jesús estableció el día libre de mitad de semana para el descanso y el esparcimiento. Y siguieron este plan de descanso un día cada semana durante el resto de su vida material. Por regla general, nunca llevaban a cabo sus actividades habituales el miércoles. En este día libre semanal, Jesús solía apartarse de ellos, diciendo: «Hijos míos, vayan a pasar un día de juego. Descansen de las arduas labores del reino y disfruten del alivio que viene de volver a sus antiguos oficios o de descubrir nuevas clases de actividad recreativa». Aunque Jesús, en este período de su vida en la tierra, no necesitaba realmente este día de descanso, se ajustó a este plan porque sabía que era lo mejor para sus asociados humanos. Jesús era el maestro —el Maestro—; sus asociados eran sus alumnos —discípulos.
138:6.3Jesús se esforzó por hacer comprender a sus apóstoles la diferencia entre sus enseñanzas y su vida entre ellos y las enseñanzas que más tarde podrían surgir acerca de él. Dijo Jesús: «Mi reino y el evangelio relacionado con él serán el tema central de su mensaje. No se desvíen hacia la predicación acerca de mí y acerca de mis enseñanzas. Proclamen el evangelio del reino y presenten mi revelación del Padre que está en el cielo, pero no se dejen extraviar por los senderos laterales de crear leyendas y de construir un culto que tenga que ver con creencias y enseñanzas acerca de mis creencias y enseñanzas». Pero de nuevo no entendieron por qué hablaba así, y nadie se atrevió a preguntarle por qué les enseñaba de ese modo.
138:6.4En estas primeras enseñanzas, Jesús procuró evitar las controversias con sus apóstoles en la medida de lo posible, excepto las que tenían que ver con conceptos equivocados de su Padre que está en el cielo. En todos esos asuntos nunca vaciló en corregir las creencias erróneas. Había un único motivo en la vida de Jesús en Urantia después de su bautismo, y era una revelación mejor y más verdadera de su Padre del Paraíso; él fue el pionero del camino nuevo y mejor hacia Dios, el camino de la fe y el amor. Su exhortación constante a los apóstoles era: «Vayan a buscar a los pecadores; encuentren a los abatidos y consuelen a los angustiados».
138:6.5Jesús tenía un dominio perfecto de la situación; poseía un poder ilimitado, que podría haber utilizado para el avance de su misión, pero estaba plenamente satisfecho con medios y personalidades que la mayoría de la gente habría considerado inadecuados y habría tenido por insignificantes. Estaba entregado a una misión de enormes posibilidades dramáticas, pero insistió en ocuparse de los asuntos de su Padre de la manera más tranquila y menos dramática; evitó cuidadosamente toda exhibición de poder. Y ahora planeaba trabajar tranquilamente, al menos durante varios meses, con sus doce apóstoles en los alrededores del mar de Galilea.
7. Otra decepción
138:7.1Jesús había planeado una campaña misionera tranquila de cinco meses de trabajo personal. No dijo a los apóstoles cuánto duraría; trabajaban de semana en semana. Y temprano, en este primer día de la semana, justo cuando estaba a punto de anunciarlo a sus doce apóstoles, Simón Pedro, Santiago Zebedeo y Judas Iscariote vinieron a hablar con él en privado. Llevando aparte a Jesús, Pedro se atrevió a decir: «Maestro, venimos a petición de nuestros asociados para preguntar si no ha llegado ya el momento de entrar en el reino. ¿Y proclamarás el reino en Cafarnaúm, o hemos de trasladarnos a Jerusalén? ¿Y cuándo sabremos, cada uno de nosotros, los puestos que vamos a ocupar contigo en el establecimiento del reino—», y Pedro habría seguido haciendo más preguntas, pero Jesús levantó una mano de advertencia y lo detuvo. Y haciendo una seña a los otros apóstoles que estaban cerca para que se unieran a ellos, Jesús dijo: «Hijitos míos, ¡hasta cuándo tendré que soportarlos! ¿No les he dejado claro que mi reino no es de este mundo? Les he dicho muchas veces que no he venido a sentarme en el trono de David, ¿y cómo es que ahora preguntan qué lugar ocupará cada uno de ustedes en el reino del Padre? ¿No pueden percibir que los he llamado como embajadores de un reino espiritual? ¿No entienden que pronto, muy pronto, me representarán en el mundo y en la proclamación del reino, así como yo represento ahora a mi Padre que está en el cielo? ¿Es posible que los haya escogido e instruido como mensajeros del reino, y que aun así no comprendan la naturaleza y el significado de este reino venidero de preeminencia divina en el corazón de los hombres? Amigos míos, escúchenme una vez más. Destierren de su mente esa idea de que mi reino es un gobierno de poder o un reinado de gloria. En verdad, todo poder en el cielo y en la tierra será puesto pronto en mis manos, pero no es la voluntad del Padre que usemos esta dotación divina para glorificarnos durante esta era. En otra era ustedes se sentarán en verdad conmigo en poder y gloria, pero ahora nos corresponde someternos a la voluntad del Padre y salir con humilde obediencia a cumplir su mandato en la tierra».
138:7.2Una vez más, sus asociados quedaron conmocionados, aturdidos. Jesús los envió de dos en dos a orar, y les pidió que volvieran a él al mediodía. En esa mañana decisiva, cada uno procuró encontrar a Dios, y cada uno se esforzó por animar y fortalecer al otro, y volvieron a Jesús como él les había mandado.
138:7.3Jesús les relató entonces la venida de Juan, el bautismo en el Jordán, la fiesta de bodas de Caná, la reciente elección de los seis y el alejamiento de sus propios hermanos en la carne, que se habían apartado de ellos, y les advirtió que el enemigo del reino trataría también de apartarlos a ellos. Después de esta charla breve pero ferviente, todos los apóstoles se levantaron, bajo la dirección de Pedro, para declarar su devoción imperecedera a su Maestro y prometer su lealtad inquebrantable al reino, como lo expresó Tomás: «A este reino venidero, sea lo que sea, y aunque yo no lo entienda del todo». Todos ellos verdaderamente creían en Jesús, aunque no comprendían plenamente su enseñanza.
138:7.4Jesús les preguntó entonces cuánto dinero tenían entre todos; también se informó de qué provisión se había hecho para sus familias. Cuando resultó que apenas tenían fondos suficientes para mantenerse durante dos semanas, dijo: «No es la voluntad de mi Padre que comencemos nuestra obra de esta manera. Nos quedaremos aquí junto al mar dos semanas y pescaremos o haremos lo que nuestras manos encuentren para hacer; y mientras tanto, bajo la guía de Andrés, el primer apóstol elegido, ustedes se organizarán de modo que provean todo lo necesario para su obra futura, tanto para el actual ministerio personal como para cuando más adelante los ordene para predicar el evangelio e instruir a los creyentes». Todos se animaron mucho con estas palabras; era el primer indicio claro y positivo de que Jesús se proponía más adelante emprender esfuerzos públicos más enérgicos y ambiciosos.
138:7.5Los apóstoles pasaron el resto del día perfeccionando su organización y completando los preparativos de barcas y redes para salir a pescar a la mañana siguiente, ya que todos habían decidido dedicarse a la pesca; la mayoría de ellos habían sido pescadores, e incluso Jesús era un barquero y pescador experimentado. Muchas de las barcas que usaron en los pocos años siguientes habían sido construidas por las propias manos de Jesús. Y eran barcas buenas y fiables.
138:7.6Jesús les mandó que se dedicaran a la pesca durante dos semanas, y añadió: «Y después saldrán para hacerse pescadores de hombres». Pescaban en tres grupos, y Jesús salía con un grupo distinto cada noche. ¡Y cuánto disfrutaban todos de Jesús! Era un buen pescador, un compañero alegre y un amigo que inspiraba; cuanto más trabajaban con él, más lo amaban. Dijo Mateo un día: «Cuanto más entiende uno a algunas personas, menos las admira, pero a este hombre, aun cuanto menos lo comprendo, más lo amo».
138:7.7Este plan de pescar dos semanas y salir a hacer trabajo personal en favor del reino otras dos semanas se siguió durante más de cinco meses, hasta el final de este año 26 d. C., hasta después del cese de aquellas persecuciones especiales que se habían dirigido contra los discípulos de Juan después de su encarcelamiento.
8. Primer trabajo de los doce
138:8.1Después de dar salida a las capturas de dos semanas, Judas Iscariote, el elegido para actuar como tesorero de los doce, dividió los fondos apostólicos en seis partes iguales, una vez provistos ya los fondos para el cuidado de las familias dependientes. Y luego, hacia mediados de agosto del año 26 d. C., salieron de dos en dos a los campos de trabajo asignados por Andrés. Las dos primeras semanas Jesús salió con Andrés y Pedro, las dos siguientes con Santiago y Juan, y así con las demás parejas en el orden de su elección. De esta manera pudo salir al menos una vez con cada pareja antes de reunirlos para el comienzo de su ministerio público.
138:8.2Jesús les enseñó a predicar el perdón del pecado mediante la fe en Dios, sin penitencia ni sacrificio, y que el Padre que está en el cielo ama a todos sus hijos con el mismo amor eterno. Encargó a sus apóstoles que se abstuvieran de hablar sobre:
138:8.31. La obra y el encarcelamiento de Juan el Bautista.
138:8.42. La voz en el bautismo. Dijo Jesús: «Solo los que oyeron la voz pueden referirse a ella. Hablen solo de lo que me han oído a mí; no hablen de oídas».
138:8.53. La conversión del agua en vino en Caná. Jesús les ordenó seriamente, diciendo: «No le cuenten a nadie lo del agua y el vino».
138:8.6Pasaron tiempos maravillosos durante estos cinco o seis meses, en los que trabajaban como pescadores cada dos semanas alternas, y ganaban así suficiente dinero para mantenerse en el campo durante cada período siguiente de dos semanas de trabajo misionero por el reino.
138:8.7La gente común se maravillaba de la enseñanza y del ministerio de Jesús y sus apóstoles. Los rabinos habían enseñado desde hacía mucho a los judíos que los ignorantes no podían ser piadosos ni justos. Pero los apóstoles de Jesús eran a la vez piadosos y justos; y sin embargo ignoraban alegremente gran parte del saber de los rabinos y de la sabiduría del mundo.
138:8.8Jesús dejó claro a sus apóstoles la diferencia entre el arrepentimiento de las llamadas buenas obras, tal como lo enseñaban los judíos, y el cambio de mente por la fe —el nuevo nacimiento— que él exigía como precio de admisión en el reino. Enseñó a sus apóstoles que la fe era el único requisito para entrar en el reino del Padre. Juan les había enseñado «el arrepentimiento: huir de la ira venidera». Jesús enseñaba: «La fe es la puerta abierta para entrar en el amor presente, perfecto y eterno de Dios». Jesús no hablaba como un profeta, uno que viene a declarar la palabra de Dios. Parecía hablar por sí mismo, como quien tiene autoridad. Jesús procuró desviar su mente de la búsqueda de milagros hacia el hallazgo de una experiencia real y personal en la satisfacción y la seguridad de la morada interior del espíritu de amor y gracia salvadora de Dios.
138:8.9Los discípulos aprendieron pronto que el Maestro tenía un profundo respeto y una consideración compasiva por todo ser humano con quien se encontraba, y les impresionó enormemente esta consideración uniforme e invariable que él daba con tanta constancia a toda clase de hombres, mujeres y niños. Se detenía en medio de un discurso profundo para salir al camino a dirigir palabras de ánimo a una mujer que pasaba cargada con su peso de cuerpo y alma. Interrumpía una conferencia seria con sus apóstoles para confraternizar con un niño que se acercaba sin ser llamado. Nada parecía nunca tan importante para Jesús como el ser humano individual que por casualidad estaba en su presencia inmediata. Era maestro e instructor, pero era más: era también un amigo y un prójimo, un camarada comprensivo.
138:8.10Aunque la enseñanza pública de Jesús consistía principalmente en parábolas y discursos breves, a sus apóstoles los enseñaba invariablemente mediante preguntas y respuestas. Siempre se detenía a responder preguntas sinceras durante sus discursos públicos posteriores.
138:8.11Al principio, el trato que Jesús daba a las mujeres escandalizó a los apóstoles, pero pronto se acostumbraron a él; les dejó muy claro que en el reino se debían conceder a las mujeres los mismos derechos que a los hombres.
9. Cinco meses de prueba
138:9.1Este período algo monótono de pesca y trabajo personal alternos resultó ser una experiencia agotadora para los doce apóstoles, pero soportaron la prueba. Con todas sus quejas, dudas e insatisfacciones pasajeras, permanecieron fieles a sus votos de devoción y lealtad al Maestro. Fue su asociación personal con Jesús durante estos meses de prueba lo que lo hizo tan querido para ellos que todos (excepto Judas Iscariote) le permanecieron leales y fieles incluso en las horas oscuras del juicio y la crucifixión. Unos hombres de verdad sencillamente no podían abandonar en realidad a un maestro venerado que había vivido tan cerca de ellos y se había dedicado tanto a ellos como lo había hecho Jesús. Durante las horas oscuras de la muerte del Maestro, en el corazón de estos apóstoles toda razón, juicio y lógica quedaron a un lado en deferencia a una sola emoción humana extraordinaria: el sentimiento supremo de amistad-lealtad. Estos cinco meses de trabajo con Jesús llevaron a estos apóstoles, a cada uno de ellos, a considerarlo el mejor amigo que tenía en todo el mundo. Y fue este sentimiento humano, y no sus magníficas enseñanzas ni sus maravillosas obras, lo que los mantuvo unidos hasta después de la resurrección y de la renovación de la proclamación del evangelio del reino.
138:9.2No solo fueron estos meses de trabajo tranquilo una gran prueba para los apóstoles, una prueba que superaron, sino que este período de inactividad pública fue un duro trance para la familia de Jesús. Para cuando Jesús estuvo preparado para lanzarse a su obra pública, toda su familia (excepto Rut) prácticamente lo había abandonado. Solo en unas pocas ocasiones intentaron después ponerse en contacto con él, y entonces fue para convencerlo de que volviera a casa con ellos, porque llegaron casi a creer que estaba fuera de sí. Sencillamente no podían sondear su filosofía ni captar su enseñanza; todo era demasiado para los de su propia carne y sangre.
138:9.3Los apóstoles llevaron a cabo su trabajo personal en Cafarnaúm, Betsaida-Julias, Corazín, Gerasa, Hipos, Magdala, Caná, Belén de Galilea, Jotapata, Ramá, Safed, Giscala, Gadara y Abila. Además de estas ciudades, trabajaron en muchas aldeas y también en el campo. Al final de este período, los doce habían elaborado planes bastante satisfactorios para el cuidado de sus respectivas familias. La mayoría de los apóstoles estaban casados, algunos tenían varios hijos, pero habían hecho tales arreglos para el sustento de los suyos que, con una pequeña ayuda de los fondos apostólicos, podían dedicar todas sus energías a la obra del Maestro sin tener que preocuparse por el bienestar económico de sus familias.
10. Organización de los doce
138:10.1Los apóstoles se organizaron pronto de la siguiente manera:
138:10.21. Andrés, el primer apóstol elegido, fue designado presidente y director general de los doce.
138:10.32. Pedro, Santiago y Juan fueron nombrados compañeros personales de Jesús. Debían atenderlo día y noche, ocuparse de sus necesidades físicas y de otras diversas, y acompañarlo en aquellas vigilias nocturnas de oración y de comunión misteriosa con el Padre que está en el cielo.
138:10.43. Felipe fue nombrado mayordomo del grupo. Su deber era proveer la comida y procurar que los visitantes, e incluso a veces la multitud de oyentes, tuvieran algo que comer.
138:10.54. Natanael velaba por las necesidades de las familias de los doce. Recibía informes regulares sobre lo que requería la familia de cada apóstol y, mediante solicitudes a Judas, el tesorero, enviaba fondos cada semana a los necesitados.
138:10.65. Mateo era el agente fiscal del cuerpo apostólico. Su deber era procurar que el presupuesto estuviera equilibrado y la tesorería repuesta. Si los fondos para el sostén mutuo no llegaban, si no se recibían donativos suficientes para mantener al grupo, Mateo tenía autoridad para enviar a los doce de vuelta a sus redes por un tiempo. Pero esto nunca fue necesario después de que comenzaron su obra pública; siempre tenía fondos suficientes en manos del tesorero para financiar sus actividades.
138:10.76. Tomás era el encargado del itinerario. Le correspondía conseguir alojamiento y, de un modo general, escoger los lugares para enseñar y predicar, para asegurar así un programa de viaje fluido y rápido.
138:10.87. Santiago y Judas, los hijos gemelos de Alfeo, fueron asignados al manejo de las multitudes. Su tarea era designar un número suficiente de ujieres auxiliares que les permitiera mantener el orden entre la muchedumbre durante la predicación.
138:10.98. Simón Zelotes quedó a cargo del esparcimiento y el juego. Dirigía los programas de los miércoles y procuraba también proporcionar unas pocas horas de descanso y distracción cada día.
138:10.109. Judas Iscariote fue nombrado tesorero. Llevaba la bolsa. Pagaba todos los gastos y llevaba las cuentas. Hacía estimaciones presupuestarias para Mateo de semana en semana y también presentaba informes semanales a Andrés. Judas desembolsaba fondos con la autorización de Andrés.
138:10.11De esta manera funcionaron los doce desde su primera organización hasta la reorganización que hizo necesaria la deserción de Judas, el traidor. El Maestro y sus discípulos-apóstoles continuaron de esta forma sencilla hasta el domingo 12 de enero del año 27 d. C., cuando los reunió y los ordenó formalmente como embajadores del reino y predicadores de su buena nueva. Y poco después se prepararon para partir hacia Jerusalén y Judea en su primera gira de predicación pública.