Parte IV · Documento 128

La primera edad adulta de Jesús

128:0.1CUANDO JESÚS de Nazaret entró en los primeros años de su vida adulta, había vivido, y seguía viviendo, una vida humana normal y corriente en la tierra. Jesús vino a este mundo tal como vienen los demás niños; no tuvo nada que ver con la elección de sus padres. Sí eligió este mundo en particular como el planeta en el que llevar a cabo su séptimo y último otorgamiento, su encarnación a semejanza de la carne mortal, pero por lo demás entró en el mundo de manera natural, creciendo como un niño del reino y luchando con las vicisitudes de su entorno tal como lo hacen los demás mortales en este mundo y en otros mundos semejantes.

128:0.2Tengan siempre presente el doble propósito del otorgamiento de Miguel en Urantia:

128:0.31. El dominio de la experiencia de vivir la vida plena de una criatura humana en la carne mortal, la culminación de su soberanía en Nebadon.

128:0.42. La revelación del Padre Universal a los mortales que habitan en los mundos del tiempo y del espacio, y una guía más eficaz de estos mismos mortales hacia una mejor comprensión del Padre Universal.

128:0.5Todos los demás beneficios para las criaturas y todas las demás ventajas para el universo fueron incidentales y secundarios respecto de estos propósitos principales del otorgamiento mortal.

1. El vigésimo primer año (15 d. C.)

128:1.1Al llegar a la edad adulta, Jesús comenzó en serio, y con plena conciencia de sí, la tarea de completar la experiencia de dominar el conocimiento de la vida de su forma más baja de criaturas inteligentes, y ganó así, final y plenamente, el derecho al gobierno incondicional de su universo creado por él mismo. Emprendió esta tarea inmensa con plena conciencia de su doble naturaleza. Pero ya había combinado eficazmente estas dos naturalezas en una sola: Jesús de Nazaret.

128:1.2Josué ben José sabía muy bien que era un hombre, un hombre mortal, nacido de mujer. Esto se muestra en la elección de su primer título, el de Hijo del Hombre. Fue verdaderamente partícipe de la carne y de la sangre, e incluso ahora, mientras preside con autoridad soberana los destinos de un universo, todavía lleva, entre sus numerosos títulos bien ganados, el de Hijo del Hombre. Es literalmente cierto que la Palabra creadora —el Hijo Creador— del Padre Universal «se hizo carne y habitó como un hombre del reino en Urantia». Trabajó, se cansó, descansó y durmió. Tuvo hambre y satisfizo esas necesidades con comida; tuvo sed y la apagó con agua. Experimentó toda la gama de los sentimientos y las emociones humanas; fue «probado en todas las cosas, igual que ustedes», y sufrió y murió.

128:1.3Obtuvo conocimiento, adquirió experiencia y los combinó en sabiduría, tal como lo hacen los demás mortales del reino. Hasta después de su bautismo no se valió de ningún poder sobrenatural. No empleó ningún medio que no formara parte de su dotación humana como hijo de José y María.

128:1.4En cuanto a los atributos de su existencia prehumana, se despojó de sí mismo. Antes del comienzo de su obra pública, su conocimiento de los hombres y de los acontecimientos estaba totalmente limitado por él mismo. Fue un verdadero hombre entre los hombres.

128:1.5Es eterna y gloriosamente cierto: «Tenemos un alto gobernante que puede compadecerse de nuestras debilidades. Tenemos un Soberano que fue probado y tentado en todo igual que nosotros, pero sin pecado». Y puesto que él mismo sufrió, al ser examinado y probado, puede con creces comprender a los que están confundidos y afligidos, y ministrarles.

128:1.6El carpintero de Nazaret comprendía ahora plenamente la obra que tenía por delante, pero eligió vivir su vida humana por el cauce de su curso natural. Y en algunas de estas cuestiones es en verdad un ejemplo para sus criaturas mortales, tal como está escrito: «Haya en ustedes esta mente que hubo también en Cristo Jesús, quien, siendo de la naturaleza de Dios, no consideró extraño ser igual a Dios. Pero se hizo de poca importancia y, tomando sobre sí la forma de una criatura, nació a semejanza de la humanidad. Y estando así formado como hombre, se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, incluso la muerte de la cruz».

128:1.7Vivió su vida mortal tal como todos los demás miembros de la familia humana pueden vivir la suya, «quien en los días de la carne ofreció con tanta frecuencia oraciones y súplicas, incluso con fuertes sentimientos y lágrimas, a Aquel que puede salvar de todo mal, y sus oraciones eran eficaces porque creía». Por lo cual le era necesario ser hecho semejante a sus hermanos en todos los aspectos, para llegar a ser sobre ellos un soberano gobernante misericordioso y comprensivo.

128:1.8De su naturaleza humana nunca dudó; era evidente por sí misma y estaba siempre presente en su conciencia. Pero sobre su naturaleza divina siempre hubo lugar para la duda y la conjetura; al menos así fue hasta el mismo acontecimiento de su bautismo. La toma de conciencia de su divinidad fue una revelación lenta y, desde el punto de vista humano, natural y evolutiva. Esta revelación y toma de conciencia de su divinidad comenzó en Jerusalén, cuando aún no tenía trece años, con el primer suceso sobrenatural de su existencia humana; y esta experiencia de llevar a cabo la toma de conciencia de su naturaleza divina se completó en el momento de su segunda experiencia sobrenatural mientras estaba en la carne, el episodio que acompañó a su bautismo por Juan en el Jordán, acontecimiento que marcó el comienzo de su carrera pública de ministerio y de enseñanza.

128:1.9Entre estas dos visitas celestiales, una en su decimotercer año y la otra en su bautismo, no ocurrió nada sobrenatural ni sobrehumano en la vida de este Hijo Creador encarnado. A pesar de esto, el bebé de Belén, el muchacho, el joven y el hombre de Nazaret, era en realidad el Creador encarnado de un universo; pero nunca usó nada de este poder, ni se sirvió de la guía de personalidades celestiales, aparte de la de sus serafines guardianes, para vivir su vida humana hasta el día de su bautismo por Juan. Y nosotros, que así lo atestiguamos, sabemos de lo que hablamos.

128:1.10Y, sin embargo, durante todos estos años de su vida en la carne fue verdaderamente divino. Era realmente un Hijo Creador del Padre del Paraíso. Una vez que hubo abrazado su carrera pública, después de la compleción técnica de su experiencia puramente mortal de adquisición de la soberanía, no dudó en admitir públicamente que era el Hijo de Dios. No dudó en declarar: «Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último». No protestó en años posteriores cuando lo llamaron Señor de Gloria, Gobernante de un Universo, el Señor Dios de toda la creación, el Santo de Israel, el Señor de todos, nuestro Señor y nuestro Dios, Dios con nosotros, el que tiene un nombre por encima de todo nombre y en todos los mundos, la Omnipotencia de un universo, la Mente del Universo de esta creación, Aquel en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, la plenitud de Aquel que lo llena todo, la Palabra eterna del Dios eterno, Aquel que existía antes de todas las cosas y en quien todas las cosas subsisten, el Creador de los cielos y de la tierra, el Sostenedor de un universo, el Juez de toda la tierra, el Dador de la vida eterna, el Verdadero Pastor, el Libertador de los mundos y el Capitán de nuestra salvación.

128:1.11Nunca objetó ninguno de estos títulos cuando se le aplicaron después de haber salido de su vida puramente humana para entrar en los años posteriores de su conciencia de sí del ministerio de la divinidad en la humanidad, y para la humanidad, y a la humanidad, en este mundo y para todos los demás mundos. Jesús objetó un solo título aplicado a él: cuando una vez lo llamaron Emanuel, se limitó a responder: «Yo no, ese es mi hermano mayor».

128:1.12Siempre, incluso después de haber salido a la vida más amplia en la tierra, Jesús estuvo sumisamente sujeto a la voluntad del Padre que está en el cielo.

128:1.13Después de su bautismo no vio nada extraño en permitir que sus creyentes sinceros y sus seguidores agradecidos lo adoraran. Incluso mientras luchaba con la pobreza y trabajaba con sus manos para proveer a su familia de lo necesario para la vida, crecía en él la conciencia de que era un Hijo de Dios; sabía que era el hacedor de los cielos y de esta misma tierra en la que ahora vivía su existencia humana. Y las huestes de seres celestiales de todo el grande y expectante universo sabían igualmente que este hombre de Nazaret era su amado Soberano y padre-Creador. Una profunda expectación invadió el universo de Nebadon durante estos años; todos los ojos celestiales estaban continuamente fijos en Urantia, en Palestina.

128:1.14Este año Jesús subió a Jerusalén con José para celebrar la Pascua. Como había llevado a Santiago al templo para su consagración, consideró que era su deber llevar a José. Jesús nunca mostró ningún grado de parcialidad en el trato con su familia. Fue con José a Jerusalén por la ruta habitual del valle del Jordán, pero regresó a Nazaret por el camino del este del Jordán, que pasaba por Amatus. Mientras bajaban por el Jordán, Jesús le narró a José la historia judía, y en el viaje de regreso le habló de las experiencias de las supuestas tribus de Rubén, Gad y Galaad, que según la tradición habían habitado en estas regiones al este del río.

128:1.15José le hizo a Jesús muchas preguntas intencionadas sobre la misión de su vida, pero a la mayoría de estas preguntas Jesús solo respondía: «Mi hora aún no ha llegado». Sin embargo, en estas conversaciones íntimas se dejaron caer muchas palabras que José recordó durante los emocionantes acontecimientos de los años siguientes. Jesús, con José, pasó esta Pascua con sus tres amigos de Betania, como era su costumbre cuando estaba en Jerusalén para asistir a estas conmemoraciones festivas.

2. El vigésimo segundo año (16 d. C.)

128:2.1Este fue uno de varios años durante los cuales los hermanos y hermanas de Jesús afrontaban las pruebas y tribulaciones propias de los problemas y reajustes de la adolescencia. Jesús tenía ahora hermanos y hermanas de edades comprendidas entre los siete y los dieciocho años, y estaba ocupado en ayudarlos a adaptarse a los nuevos despertares de su vida intelectual y emocional. Así tuvo que enfrentarse a los problemas de la adolescencia tal como se manifestaban en la vida de sus hermanos y hermanas menores.

128:2.2Este año Simón terminó la escuela y comenzó a trabajar con el viejo compañero de juegos de la infancia de Jesús y su defensor siempre dispuesto, Jacob el cantero. Como resultado de varias reuniones familiares, se decidió que no era prudente que todos los muchachos se dedicaran a la carpintería. Se pensó que, al diversificar sus oficios, estarían preparados para aceptar contratos para levantar edificios enteros. Además, no todos se habían mantenido ocupados desde que tres de ellos trabajaban como carpinteros a tiempo completo.

128:2.3Jesús continuó este año con los acabados de casas y la ebanistería, pero pasó la mayor parte de su tiempo en el taller de reparación de caravanas. Santiago comenzaba a alternarse con él en la atención del taller. En la última parte de este año, cuando escaseaba el trabajo de carpintería en Nazaret y sus alrededores, Jesús dejó a Santiago a cargo del taller de reparaciones y a José en el banco de trabajo de la casa, mientras él fue a Séforis a trabajar con un herrero. Trabajó seis meses con metales y adquirió una considerable habilidad en el yunque.

128:2.4Antes de emprender su nuevo empleo en Séforis, Jesús celebró una de sus reuniones familiares periódicas e instaló solemnemente a Santiago, que acababa de cumplir dieciocho años, como cabeza de familia interino. Prometió a su hermano un apoyo sincero y plena cooperación, y exigió a cada miembro de la familia promesas formales de obediencia a Santiago. Desde ese día Santiago asumió toda la responsabilidad económica de la familia, y Jesús le hacía a su hermano sus pagos semanales. Nunca más volvió Jesús a tomar las riendas de las manos de Santiago. Mientras trabajaba en Séforis, podría haber vuelto a pie a casa cada noche si hubiera sido necesario, pero se quedó lejos a propósito, y alegaba el mal tiempo y otras razones, pero su verdadero motivo era preparar a Santiago y a José para llevar la responsabilidad familiar. Había comenzado el lento proceso de destetar a su familia. Cada sábado Jesús regresaba a Nazaret, y a veces durante la semana cuando la ocasión lo requería, para observar el funcionamiento del nuevo plan, dar consejos y ofrecer sugerencias útiles.

128:2.5Vivir gran parte del tiempo en Séforis durante seis meses le dio a Jesús una nueva oportunidad de conocer mejor el punto de vista gentil sobre la vida. Trabajó con gentiles, vivió con gentiles y, de todas las maneras posibles, hizo un estudio cercano y minucioso de sus costumbres de vida y de la mente gentil.

128:2.6Las normas morales de esta ciudad de residencia de Herodes Antipas estaban tan por debajo incluso de las de la ciudad caravanera de Nazaret que, después de seis meses de estancia en Séforis, Jesús no se mostraba contrario a encontrar una excusa para regresar a Nazaret. El grupo para el que trabajaba iba a ocuparse de obras públicas tanto en Séforis como en la nueva ciudad de Tiberíades, y Jesús no tenía ningún deseo de tener nada que ver con ningún tipo de empleo bajo la supervisión de Herodes Antipas. Y había todavía otras razones que, en opinión de Jesús, hacían prudente que regresara a Nazaret. Cuando volvió al taller de reparaciones, no volvió a asumir la dirección personal de los asuntos familiares. Trabajó junto con Santiago en el taller y, en la medida de lo posible, le permitió continuar con la supervisión del hogar. La gestión de Santiago de los gastos familiares y su administración del presupuesto del hogar no sufrieron ninguna alteración.

128:2.7Fue mediante una planificación así de sabia y reflexiva como Jesús preparó el camino para su retirada final de la participación activa en los asuntos de su familia. Cuando Santiago tuvo dos años de experiencia como cabeza de familia interino —y dos años completos antes de que él (Santiago) fuera a casarse—, José quedó a cargo de los fondos de la casa y se le confió la gestión general del hogar.

3. El vigésimo tercer año (17 d. C.)

128:3.1Como ahora eran cuatro los que trabajaban, ese año la presión económica cedió un poco. Con lo que vendía de leche y mantequilla, Miriam obtenía una suma considerable, y Marta era ya una tejedora experta. Del precio de compra del taller de reparaciones se había pagado más de un tercio. Las cosas estaban de tal modo que Jesús pudo dejar el trabajo durante tres semanas a fin de llevar a Simón a Jerusalén para la Pascua, y desde la muerte de su padre nunca se había permitido un alejamiento tan largo de la faena diaria.

128:3.2Viajaron a Jerusalén por la Decápolis y pasaron por Pella, Gerasa, Filadelfia, Hesbón y Jericó. Regresaron a Nazaret por la ruta de la costa, pasando por Lida, Jope y Cesarea, y de allí rodeando el monte Carmelo hasta Tolemaida y Nazaret. Este viaje familiarizó bastante bien a Jesús con toda la Palestina al norte del distrito de Jerusalén.

128:3.3En Filadelfia, Jesús y Simón conocieron a un mercader de Damasco que les tomó tanto aprecio a los dos de Nazaret que insistió en que se alojaran con él en su sede de Jerusalén. Mientras Simón asistía al templo, Jesús pasó gran parte de su tiempo conversando con este hombre de mundo, culto y muy viajado. Este mercader poseía más de cuatro mil camellos de caravana; tenía intereses en todo el mundo romano y ahora iba de camino a Roma. Le propuso a Jesús que fuera a Damasco para entrar en su negocio de importación de Oriente, pero Jesús le explicó que no se sentía justificado para irse tan lejos de su familia en ese momento. Pero en el camino de regreso a casa pensó mucho en estas ciudades lejanas y en los países todavía más remotos del Lejano Occidente y del Lejano Oriente, países de los que tan a menudo había oído hablar a los pasajeros y a los conductores de las caravanas.

128:3.4Para Simón, la visita a Jerusalén fue motivo de gran alegría. En la consagración pascual de los nuevos hijos del mandamiento, se le recibió formalmente en la comunidad de Israel. Jesús, por su parte, se mezclaba con las multitudes de visitantes mientras Simón asistía a las ceremonias de la Pascua, y sostuvo con numerosos prosélitos gentiles muchas conversaciones personales de interés.

128:3.5Quizá el más notable de todos estos contactos fue el que tuvo con un joven helenista llamado Esteban. Este joven estaba en su primera visita a Jerusalén y por casualidad se encontró con Jesús el jueves por la tarde de la semana de Pascua. Mientras ambos paseaban y contemplaban el palacio asmoneo, Jesús inició la conversación casual que hizo que se interesaran el uno por el otro, y que condujo a una discusión de cuatro horas sobre el camino de la vida, el Dios verdadero y su adoración. Esteban quedó tremendamente impresionado por lo que Jesús dijo; nunca olvidó sus palabras.

128:3.6Y este era el mismo Esteban que más tarde llegó a ser creyente en las enseñanzas de Jesús, y cuya audacia al predicar este evangelio temprano tuvo como resultado que unos judíos airados lo mataran a pedradas. Parte de la extraordinaria audacia de Esteban al proclamar su visión del nuevo evangelio fue resultado directo de esta entrevista anterior con Jesús. Pero Esteban nunca sospechó, ni siquiera vagamente, que el galileo con quien había hablado unos quince años antes era la misma persona a quien más tarde proclamó Salvador del mundo, y por quien tan pronto iba a morir, para convertirse así en el primer mártir de la fe cristiana, que entonces comenzaba a evolucionar. Cuando Esteban entregó su vida como precio de su ataque contra el templo judío y sus prácticas tradicionales, estaba presente uno llamado Saulo, ciudadano de Tarso. Y cuando Saulo vio cómo este griego podía morir por su fe, se despertaron en su corazón aquellas emociones que finalmente lo llevaron a abrazar la causa por la que Esteban murió; más tarde se convirtió en el agresivo e indomable Pablo, el filósofo, si no el único fundador, de la religión cristiana.

128:3.7El domingo siguiente a la semana de Pascua, Simón y Jesús emprendieron el camino de regreso a Nazaret. Simón nunca olvidó lo que Jesús le enseñó en este viaje. Siempre había querido a Jesús, pero ahora sentía que había comenzado a conocer a su padre-hermano. Tuvieron muchas conversaciones francas e íntimas mientras viajaban por el campo y preparaban sus comidas a la orilla del camino. Llegaron a casa el jueves al mediodía, y Simón mantuvo a la familia despierta hasta tarde esa noche con el relato de sus experiencias.

128:3.8María se inquietó mucho por el informe de Simón de que Jesús pasó la mayor parte del tiempo en Jerusalén «conversando con los extranjeros, en especial con los de países lejanos». La familia de Jesús nunca pudo comprender su gran interés por la gente, su impulso de conversar con ellos, de aprender sobre su modo de vivir y de averiguar en qué pensaban.

128:3.9La familia de Nazaret se fue absorbiendo cada vez más en sus problemas inmediatos y humanos; no se mencionaba a menudo la futura misión de Jesús, y muy rara vez hablaba él mismo de su carrera futura. Su madre rara vez pensaba en que él era un hijo de la promesa. Poco a poco iba abandonando la idea de que Jesús hubiera de cumplir alguna misión divina en la tierra; sin embargo, a veces su fe revivía cuando se detenía a recordar la visita de Gabriel antes de que naciera el niño.

4. El episodio de Damasco

128:4.1Jesús pasó los últimos cuatro meses de este año en Damasco como huésped del mercader a quien había conocido en Filadelfia cuando iba de camino a Jerusalén. Un representante de este mercader había buscado a Jesús al pasar por Nazaret y lo acompañó a Damasco. Este mercader, en parte judío, se proponía dedicar una suma de dinero extraordinaria a fundar una escuela de filosofía religiosa en Damasco. Planeaba crear un centro de enseñanza que superara a Alejandría. Y propuso que Jesús comenzara de inmediato una larga gira por los centros educativos del mundo como preparación para llegar a ser el director de este nuevo proyecto. Esta fue una de las mayores tentaciones que Jesús enfrentó jamás en el curso de su carrera puramente humana.

128:4.2Al poco tiempo, este mercader presentó a Jesús un grupo de doce mercaderes y banqueros que acordaron apoyar esta escuela recién proyectada. Jesús manifestó un profundo interés por la escuela propuesta, les ayudó a planificar su organización, pero siempre expresó el temor de que sus otras obligaciones, no declaradas pero anteriores, le impidieran aceptar la dirección de una empresa tan ambiciosa. Su aspirante a benefactor fue persistente, y le dio a Jesús un empleo remunerado en su casa haciendo algunas traducciones, mientras él, su esposa y sus hijos e hijas trataban de convencer a Jesús de que aceptara el honor ofrecido. Pero él no quiso consentir. Sabía bien que su misión en la tierra no debía estar sostenida por instituciones de enseñanza; sabía que no debía comprometerse en lo más mínimo a ser dirigido por los «consejos de los hombres», por bien intencionados que fueran.

128:4.3Aquel que fue rechazado por los líderes religiosos de Jerusalén, aun después de haber demostrado su liderazgo, fue reconocido y aclamado como un maestro eminente por los hombres de negocios y los banqueros de Damasco, y todo esto cuando era un carpintero oscuro y desconocido de Nazaret.

128:4.4Nunca habló de esta oferta a su familia, y el final de este año lo encontró de nuevo en Nazaret, ocupado en sus deberes diarios como si nunca hubiera sido tentado por las halagadoras propuestas de sus amigos de Damasco. Tampoco estos hombres de Damasco relacionaron nunca al posterior ciudadano de Cafarnaúm que trastornó a todo el mundo judío con el antiguo carpintero de Nazaret que se había atrevido a rechazar el honor que su riqueza combinada podría haberle procurado.

128:4.5Jesús, con mucha habilidad e intención, se las arregló para separar diversos episodios de su vida de modo que nunca llegaran a asociarse, a los ojos del mundo, como los hechos de un solo individuo. Muchas veces, en los años siguientes, escuchó el relato de esta misma historia del extraño galileo que rechazó la oportunidad de fundar una escuela en Damasco para competir con Alejandría.

128:4.6Uno de los propósitos que Jesús tenía en mente, cuando procuró separar ciertos aspectos de su experiencia terrenal, era evitar que se formara una carrera tan versátil y espectacular que hiciera que las generaciones posteriores veneraran al maestro en lugar de obedecer la verdad que él había vivido y enseñado. Jesús no quería formar un historial humano de logros tal que desviara la atención de su enseñanza. Muy pronto reconoció que sus seguidores se verían tentados a formular una religión acerca de él que podría llegar a competir con el evangelio del reino que él se proponía proclamar al mundo. Por consiguiente, procuró constantemente suprimir, durante su carrera llena de acontecimientos, todo lo que pensaba que podría utilizarse para servir a esta tendencia humana natural de exaltar al maestro en lugar de proclamar sus enseñanzas.

128:4.7Este mismo motivo explica también por qué se permitió ser conocido con distintos títulos durante diversas épocas de su variada vida en la tierra. Además, no quería ejercer sobre su familia ni sobre otros ninguna influencia indebida que los llevara a creer en él en contra de sus convicciones sinceras. Siempre se negó a sacar una ventaja indebida o injusta de la mente humana. No quería que los hombres creyeran en él a menos que sus corazones respondieran a las realidades espirituales reveladas en sus enseñanzas.

128:4.8Hacia el final de este año, el hogar de Nazaret funcionaba con bastante tranquilidad. Los niños iban creciendo, y María se estaba acostumbrando a que Jesús estuviera fuera de casa. Él siguió entregando sus ganancias a Santiago para el sostenimiento de la familia, y se quedaba solo con una pequeña parte para sus gastos personales inmediatos.

128:4.9Con el paso de los años, se hizo más difícil darse cuenta de que este hombre era un Hijo de Dios en la tierra. Parecía llegar a ser del todo como un individuo del reino, solo un hombre más entre los hombres. Y el Padre que está en el cielo dispuso que el otorgamiento se desarrollara precisamente de esta manera.

5. El vigésimo cuarto año (18 d. C.)

128:5.1Este fue el primer año de relativa libertad de Jesús respecto de la responsabilidad familiar. Santiago tuvo mucho éxito en la administración del hogar con la ayuda de Jesús en consejos y en finanzas.

128:5.2La semana siguiente a la Pascua de este año, un joven de Alejandría vino a Nazaret para concertar un encuentro, más adelante en el año, entre Jesús y un grupo de judíos alejandrinos en algún punto de la costa palestina. Esta reunión se fijó para mediados de junio, y Jesús fue a Cesarea a reunirse con cinco judíos prominentes de Alejandría, quienes le rogaron que se estableciera en su ciudad como maestro religioso, y le ofrecieron como incentivo, para empezar, el puesto de asistente del jazán en su sinagoga principal.

128:5.3Los portavoces de esta comisión explicaron a Jesús que Alejandría estaba destinada a convertirse en la sede de la cultura judía para el mundo entero; que la tendencia helenística de los asuntos judíos prácticamente había dejado atrás a la escuela de pensamiento babilónica. Le recordaron a Jesús los amenazadores rumores de rebelión en Jerusalén y en toda Palestina, y le aseguraron que cualquier levantamiento de los judíos palestinos equivaldría a un suicidio nacional, que la mano de hierro de Roma aplastaría la rebelión en tres meses, y que Jerusalén sería destruida y el templo demolido, que no quedaría una piedra sobre otra.

128:5.4Jesús escuchó todo lo que tenían que decir, les agradeció su confianza y, al declinar ir a Alejandría, dijo en sustancia: «Mi hora aún no ha llegado». Quedaron desconcertados por su aparente indiferencia ante el honor que habían querido conferirle. Antes de despedirse de Jesús, le entregaron una bolsa con dinero en señal de la estima de sus amigos alejandrinos y como compensación por el tiempo y los gastos de ir a Cesarea a conferenciar con ellos. Pero él rechazó también el dinero, y dijo: «La casa de José nunca ha recibido limosnas, y no podemos comer el pan de otro mientras yo tenga brazos fuertes y mis hermanos puedan trabajar».

128:5.5Sus amigos de Egipto zarparon de regreso a su tierra, y en los años siguientes, cuando oyeron rumores del constructor de barcas de Cafarnaúm que estaba causando tanto revuelo en Palestina, pocos de ellos sospecharon que era el bebé de Belén ya crecido y el mismo galileo de extraño comportamiento que tan sin ceremonias había declinado la invitación de llegar a ser un gran maestro en Alejandría.

128:5.6Jesús regresó a Nazaret. El resto de este año fueron los seis meses más tranquilos de toda su carrera. Disfrutó de este respiro temporal del programa habitual de problemas que resolver y de dificultades que superar. Comulgó mucho con su Padre que está en el cielo e hizo enormes progresos en el dominio de su mente humana.

128:5.7Pero los asuntos humanos en los mundos del tiempo y del espacio no marchan sin tropiezos por mucho tiempo. En diciembre, Santiago tuvo una conversación privada con Jesús, y le explicó que estaba muy enamorado de Esta, una joven de Nazaret, y que algún día les gustaría casarse si se podía arreglar. Llamó la atención sobre el hecho de que José pronto cumpliría dieciocho años, y de que sería una buena experiencia para él tener la oportunidad de servir como cabeza de familia interino. Jesús dio su consentimiento para el matrimonio de Santiago dos años después, con la condición de que, durante el tiempo intermedio, hubiera preparado debidamente a José para asumir la dirección del hogar.

128:5.8Y ahora las cosas comenzaron a suceder: se respiraba un ambiente de bodas. El éxito de Santiago al obtener el consentimiento de Jesús para su matrimonio animó a Miriam a acudir a su hermano-padre con sus planes. Jacob, el cantero más joven, en otro tiempo defensor autoproclamado de Jesús y ahora asociado de Santiago y de José en los negocios, llevaba mucho tiempo tratando de obtener la mano de Miriam en matrimonio. Después de que Miriam expuso sus planes a Jesús, él indicó que Jacob viniera a verlo para pedirla formalmente, y prometió su bendición para el matrimonio en cuanto ella sintiera que Marta era competente para asumir sus deberes como hija mayor.

128:5.9Cuando estaba en casa, continuaba enseñando en la escuela nocturna tres veces por semana, leía a menudo las Escrituras en la sinagoga el sábado, pasaba tiempo con su madre, enseñaba a los niños y, en general, se comportaba como un ciudadano digno y respetado de Nazaret en la comunidad de Israel.

6. El vigésimo quinto año (19 d. C.)

128:6.1Este año comenzó con toda la familia de Nazaret con buena salud, y vio terminar la escolaridad regular de todos los hijos, con excepción de cierto trabajo que Marta debía hacer para Rut.

128:6.2Jesús fue uno de los ejemplares de hombría más robustos y refinados que han aparecido en la tierra desde los días de Adán. Su desarrollo físico era magnífico. Su mente era activa, aguda y penetrante —comparada con la mentalidad media de sus contemporáneos, había alcanzado proporciones gigantescas—, y su espíritu era en verdad humanamente divino.

128:6.3Las finanzas de la familia estaban en la mejor situación desde la desaparición de los bienes de José. Se habían hecho los últimos pagos del taller de reparación de caravanas; no debían nada a nadie y, por primera vez en años, tenían algunos fondos de reserva. Como esto era así, y puesto que había llevado a sus otros hermanos a Jerusalén para sus primeras ceremonias de Pascua, Jesús decidió acompañar a Judas (que acababa de terminar la escuela de la sinagoga) en su primera visita al templo.

128:6.4Subieron a Jerusalén y regresaron por la misma ruta, el valle del Jordán, porque Jesús temía problemas si llevaba a su joven hermano por Samaria. Ya en Nazaret Judas se había metido en pequeños problemas varias veces a causa de su carácter impulsivo, unido a sus fuertes sentimientos patrióticos.

128:6.5Llegaron a Jerusalén a su debido tiempo e iban de camino a una primera visita al templo, cuya sola vista había conmovido y emocionado a Judas hasta lo más profundo de su alma, cuando se encontraron por casualidad con Lázaro de Betania. Mientras Jesús hablaba con Lázaro y trataba de organizar la celebración conjunta de la Pascua, Judas les provocó a todos un verdadero problema. Muy cerca estaba un guardia romano que hizo algunos comentarios impropios acerca de una muchacha judía que pasaba. Judas enrojeció de ardiente indignación y no tardó en expresar su resentimiento por semejante falta de decoro, directamente al soldado y donde él podía oírlo. Ahora bien, los legionarios romanos eran muy sensibles a todo lo que rozara la falta de respeto de los judíos; así que el guardia puso de inmediato a Judas bajo arresto. Esto fue demasiado para el joven patriota, y antes de que Jesús pudiera advertirle con una mirada de aviso, ya había soltado una locuaz denuncia de sus contenidos sentimientos antirromanos, todo lo cual solo empeoró las cosas. Judas, con Jesús a su lado, fue llevado de inmediato a la prisión militar.

128:6.6Jesús procuró obtener una audiencia inmediata para Judas o bien su liberación a tiempo para la celebración de la Pascua de aquella noche, pero fracasó en estos intentos. Como el día siguiente era una «santa convocación» en Jerusalén, ni siquiera los romanos se atreverían a oír cargos contra un judío. Por consiguiente, Judas permaneció detenido hasta la mañana del segundo día después de su arresto, y Jesús se quedó con él en la prisión. No estuvieron presentes en el templo en la ceremonia de recepción de los hijos de la ley en la plena ciudadanía de Israel. Judas no pasó por esta ceremonia formal hasta varios años después, cuando volvió a estar en Jerusalén en una Pascua y en relación con su labor de propaganda a favor de los zelotes, la organización patriótica a la que pertenecía y en la que era muy activo.

128:6.7La mañana siguiente a su segundo día en prisión, Jesús compareció ante el magistrado militar en nombre de Judas. Con sus disculpas por la juventud de su hermano y con una declaración adicional, explicativa pero juiciosa, acerca de la naturaleza provocadora del episodio que había conducido al arresto de su hermano, Jesús manejó el caso de tal modo que el magistrado expresó la opinión de que el joven judío podía haber tenido alguna posible excusa para su violento arrebato. Después de advertir a Judas que no se permitiera volver a ser culpable de semejante imprudencia, dijo a Jesús al despedirlos: «Más vale que vigiles al muchacho; puede causarles muchos problemas a todos ustedes». Y el juez romano dijo la verdad. Judas sí causó considerables problemas a Jesús, y siempre fueron problemas de esta misma naturaleza: choques con las autoridades civiles a causa de sus irreflexivos e imprudentes arrebatos patrióticos.

128:6.8Jesús y Judas fueron a pie a Betania para pasar la noche, explicaron por qué no habían podido acudir a su cita para la cena de Pascua, y partieron hacia Nazaret al día siguiente. Jesús no le contó a la familia el arresto de su joven hermano en Jerusalén, pero tuvo una larga conversación con Judas sobre este episodio unas tres semanas después de su regreso. Después de esta conversación con Jesús, Judas mismo se lo contó a la familia. Nunca olvidó la paciencia y la tolerancia que su hermano-padre mostró durante toda esta penosa experiencia.

128:6.9Esta fue la última Pascua a la que Jesús asistió con algún miembro de su propia familia. El Hijo del Hombre iba a separarse cada vez más de la estrecha relación con los de su propia carne y sangre.

128:6.10Este año sus períodos de profunda meditación fueron a menudo interrumpidos por Rut y sus compañeros de juego. Y Jesús estaba siempre dispuesto a posponer la contemplación de su obra futura para el mundo y el universo a fin de compartir la alegría infantil y el gozo juvenil de estos pequeños, que nunca se cansaban de escuchar a Jesús relatar las experiencias de sus diversos viajes a Jerusalén. También disfrutaban mucho de sus historias sobre los animales y la naturaleza.

128:6.11Los niños siempre eran bienvenidos en el taller de reparaciones. Jesús puso arena, bloques y piedras al lado del taller, y grupos de pequeños acudían allí para divertirse. Cuando se cansaban de jugar, los más atrevidos se asomaban al taller y, si su encargado no estaba ocupado, se atrevían a entrar y decir: «Tío Josué, sal y cuéntanos una gran historia». Entonces lo sacaban tirándole de las manos hasta que se sentaba en la roca favorita junto a la esquina del taller, con los niños en el suelo en semicírculo delante de él. ¡Y cómo disfrutaban los pequeños de su Tío Josué! Aprendían a reír, y a reír de buena gana. Era costumbre que uno o dos de los niños más pequeños se subieran a sus rodillas y se sentaran allí, mirando con asombro sus rasgos expresivos mientras contaba sus historias. Los niños amaban a Jesús, y Jesús amaba a los niños.

128:6.12A sus amigos les resultaba difícil comprender el alcance de sus actividades intelectuales, cómo podía pasar tan de repente y tan por completo de la discusión profunda de la política, la filosofía o la religión al juego alegre y despreocupado con estos pequeños de cinco a diez años de edad. A medida que sus propios hermanos y hermanas crecían, a medida que él tenía más tiempo libre, y antes de que llegaran los nietos, prestó mucha atención a estos pequeños. Pero no vivió en la tierra lo bastante para disfrutar mucho de los nietos.

7. El vigésimo sexto año (20 d. C.)

128:7.1Al comenzar este año, Jesús de Nazaret se hizo muy consciente de que poseía una amplia gama de poder potencial. Pero estaba igualmente convencido de que este poder no debía ser empleado por su personalidad como Hijo del Hombre, al menos no hasta que llegara su hora.

128:7.2En esta época pensaba mucho, pero decía poco, sobre la relación entre él y su Padre que está en el cielo. Y la conclusión de toda esta reflexión se expresó una vez en su oración en la cima de la colina, cuando dijo: «Sin importar quién soy ni qué poder pueda o no pueda ejercer, siempre he estado, y siempre estaré, sujeto a la voluntad de mi Padre del Paraíso». Y, sin embargo, mientras este hombre andaba por Nazaret de ida y vuelta a su trabajo, era literalmente cierto —en lo que concernía a un vasto universo— que «en él estaban escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento».

128:7.3Durante todo este año los asuntos de la familia marcharon bien, excepto por Judas. Durante años Santiago tuvo problemas con su hermano menor, que no tenía inclinación a asentarse en un trabajo ni era posible contar con él para su parte de los gastos de la casa. Aunque vivía en casa, no era concienzudo en ganar su parte del sostenimiento familiar.

128:7.4Jesús era un hombre de paz, y una y otra vez se veía avergonzado por las hazañas belicosas de Judas y sus numerosos arrebatos patrióticos. Santiago y José eran partidarios de echarlo, pero Jesús no quiso consentirlo. Cuando su paciencia se ponía a dura prueba, Jesús solo aconsejaba: «Sean pacientes. Sean sabios en sus consejos y elocuentes en sus vidas, para que su hermano menor conozca primero el mejor camino y luego se sienta impulsado a seguirlos en él». El consejo sabio y amoroso de Jesús evitó una ruptura en la familia; siguieron juntos. Pero Judas nunca entró en razón hasta después de su matrimonio.

128:7.5María rara vez hablaba de la misión futura de Jesús. Siempre que se aludía a este tema, Jesús solo respondía: «Mi hora aún no ha llegado». Jesús casi había completado la difícil tarea de destetar a su familia de la dependencia de la presencia inmediata de su personalidad. Se preparaba rápidamente para el día en que pudiera, de manera coherente, dejar este hogar de Nazaret para comenzar el preludio más activo de su verdadero ministerio para los hombres.

128:7.6Nunca pierdan de vista el hecho de que la misión principal de Jesús en su séptimo otorgamiento era la adquisición de la experiencia de criatura, la consecución de la soberanía de Nebadon. Y al reunir esta misma experiencia hizo la revelación suprema del Padre del Paraíso a Urantia y a todo su universo local. De modo incidental a estos propósitos, también emprendió la tarea de desenredar los complicados asuntos de este planeta en cuanto se relacionaban con la rebelión de Lucifer.

128:7.7Este año Jesús disfrutó de más tiempo libre que de costumbre, y dedicó mucho tiempo a preparar a Santiago en la administración del taller de reparaciones y a José en la dirección de los asuntos del hogar. María percibía que él se estaba preparando para dejarlos. ¿Dejarlos para ir adónde? ¿Para hacer qué? Ella casi había abandonado la idea de que Jesús era el Mesías. No podía entenderlo; simplemente no lograba comprender a fondo a su hijo primogénito.

128:7.8Jesús pasó mucho tiempo este año con cada uno de los miembros de su familia. Los llevaba a dar largos y frecuentes paseos colina arriba y por el campo. Antes de la cosecha llevó a Judas a casa del tío granjero, al sur de Nazaret, pero Judas no se quedó mucho tiempo después de la cosecha. Se escapó, y Simón lo encontró más tarde con los pescadores del lago. Cuando Simón lo trajo de vuelta a casa, Jesús habló de todo con el muchacho fugitivo y, como este quería ser pescador, fue con él a Magdala y lo dejó al cuidado de un pariente, un pescador; y desde entonces hasta su matrimonio Judas trabajó bastante bien y con regularidad, y continuó como pescador después de su matrimonio.

128:7.9Por fin había llegado el día en que todos los hermanos de Jesús habían elegido la obra de su vida y se habían establecido en ella. Se estaba preparando el escenario para la partida de Jesús del hogar.

128:7.10En noviembre hubo una boda doble. Santiago y Esta, y Miriam y Jacob, se casaron. Fue en verdad una ocasión alegre. Incluso María volvió a ser feliz, salvo de vez en cuando, cuando se daba cuenta de que Jesús se preparaba para marcharse. Sufría bajo el peso de una gran incertidumbre: si Jesús tan solo se sentara a hablarlo todo libremente con ella, como lo había hecho cuando era un muchacho; pero él se mantenía constantemente reservado; guardaba un profundo silencio sobre el futuro.

128:7.11Santiago y su esposa, Esta, se mudaron a una pequeña y bonita casa en el lado oeste del pueblo, regalo del padre de ella. Aunque Santiago continuó contribuyendo al sostenimiento de la casa de su madre, su cuota se redujo a la mitad a causa de su matrimonio, y Jesús instaló formalmente a José como cabeza de familia. Judas enviaba ahora muy fielmente su parte de los fondos a casa cada mes. Las bodas de Santiago y de Miriam tuvieron una influencia muy beneficiosa sobre Judas, y cuando partió hacia las zonas de pesca, el día después de la boda doble, le aseguró a José que podía contar con él «para cumplir todo mi deber, y más si hace falta». Y cumplió su promesa.

128:7.12Miriam vivía al lado de María, en la casa de Jacob, pues Jacob el mayor había sido sepultado con sus antepasados. Marta ocupó el lugar de Miriam en el hogar, y la nueva organización funcionaba sin tropiezos antes de que terminara el año.

128:7.13El día siguiente a esta boda doble, Jesús tuvo una reunión importante con Santiago. Le dijo a Santiago, de forma confidencial, que se estaba preparando para dejar el hogar. Entregó a Santiago la plena propiedad del taller de reparaciones, abdicó formal y solemnemente como cabeza de la casa de José y, de la manera más conmovedora, estableció a su hermano Santiago como «cabeza y protector de la casa de mi padre». Redactó un acuerdo secreto, que ambos firmaron, en el que se estipulaba que, a cambio del regalo del taller de reparaciones, Santiago asumiría en adelante toda la responsabilidad económica de la familia, lo que liberaba a Jesús de toda obligación adicional en estos asuntos. Después de firmado el contrato, después de que el presupuesto quedó dispuesto de modo que los gastos reales de la familia se cubrieran sin ninguna contribución de Jesús, Jesús le dijo a Santiago: «Pero, hijo mío, seguiré enviándote algo cada mes hasta que haya llegado mi hora, y lo que te envíe lo usarás según lo exija la ocasión. Destina mis fondos a las necesidades o a los placeres de la familia como te parezca conveniente. Úsalos en caso de enfermedad o aplícalos para atender las emergencias inesperadas que puedan sobrevenir a cualquier miembro de la familia».

128:7.14Y así se preparó Jesús para entrar en la segunda fase de su vida adulta, la fase separada del hogar, antes de su entrada pública en los asuntos de su Padre.

Documento 128

La primera edad adulta de Jesús